Nota: Ninguno de los personajes me pertenece, la historia sí.

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Capítulo 05: Hallazgo.

Sinopsis: Zephyr ahora lo entiende... y ella muere de ansias por contarle a su pequeño hermano sobre su hallazgo.

31 años de edad, los niños tienen 08 y 06 respectivamente / Canon.

A petición de Jan Valkyrie, les traigo un nuevo Canon, situado después del cortometraje Homecoming (Regreso a casa, en español) y antes -también durante- al "reencuentro" con los dragones en la última escena de HTTYD 3.

Espero les guste ;- ). Recuerden que acepto peticiones, ideas, sugerencias, promp's. ¡De todo!

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Otro día en Nuevo Berk. El Sol asomándose muy a penas por el horizonte y aún hay rastros de nieve en las calles. Los Terribles Terrores hace mucho tiempo que no cantan en las ventanas y, aunque muchos los echamos de menos, supongo que está bien. Al menos el pueblo tiene muchas otras cosas en que entretenerse.

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El sonido familiar de una pisada y choque de metal con tierra al unísono se deja escuchar.

Esto, sin embargo, no es suficiente para detener el bullicio que forman los niños cerca de la moderadamente pequeña estatua de "Stoick The Vast".

Hiccup, ahora cerca del escándalo, no puede evitar hacer un gesto de burla hacia su viejo amigo y antiguo mentor, Gobber, quien se encuentra con una expresión cansada en el rostro tratando inútilmente de controlar lo que es un verdadero huracán vikingo en miniatura.

El castaño piensa, con firmeza, que no podrá hacerlo.

Preguntas como:

"¿Y por qué Stoick se acercó a un dragón, para empezar?"

"Ah, bueno... eso es por..."

"¿Y por qué un Furia Nocturna? ¿No pudo ser de otra especie?"

"Niña así fue como pasó la his..."

"¿Cuántos años tenía Stoick cuando entrenó a su dragón? ¡Debió ser un anciano!"

"Oye, más respeto con mi amigo, él..."

"¿Cómo soportó un dragón tan pequeño un peso tan grande? Mamá dice que Stoick estaba muy gordo"

"Niño, tu mamá no sabe nada..."

Y otras interrogantes más que se formaban como gritos estridentes, desordenados y poco entendibles entre la multitud infantil.

Hiccup estuvo sonriendo divertido todo el camino hasta el Gran Salón, donde le esperaba su propia multitud, diez veces peor que la que enfrentaba Gobber, sólo para quejarse.

Ya estaba acostumbrado, de cualquier modo, pero al cabo de dos horas rodeado de fieros vikingos preocupados por las cosechas y presentando quejas y protestas básicamente por todo, Hiccup realmente comenzaba a envidiar a su antiguo mentor.

No obstante, cuando iba de regreso a casa para comer y vio aún a Gobber ahí plantado, ahora relatando un cuento de trolls y lobos, mientras los niños seguían gritoneando (de emoción, pero grito al fin) él supo que prefería su labor de jefe.

"Cuando el pequeño Troll's asomó su cabeza desde el gran árbol..."

"¿El árbol... de qué cosecha es?"

Escuchar aquello lo hizo confirmar su pensamiento. Las quejas eran mejor.

"¡¿Eso qué importa?!"

Si. Las quejas eran mejor.

Toda su diversión voló cuando estuvo frente a la fachada de su hogar. Tragó pesado y antes de hacer cualquier movimiento observó atentamente el suelo.

Miró casi con temor inundando sus acciones hacia los lados.

Luego al frente, en la puerta pacíficamente cerrada.

A pesar de que no se veía nada -tampoco alcanzó a escuchar algo- él tanteó el aire con nerviosismo y duda.

Ya habían sido demasiados golpes en la cabeza, costilla, estómago, cabeza... ¿eso ya lo pensó?

Ay, dioses. Empezaba a enloquecer.

Sus hijos iban a hacer que un día su padre perdiera la cordura. No. Zephyr iba a hacer que un día su padre perdiera la cordura.

Después de las festividades, y a pesar de ahora estar en su propia simpatía con los dragones, ella continuaba con sus elaboradas trampas -con la excusa de las muchas amenazas que podrían estar rodeándolos constantemente- en las que él era el cebo.

Hiccup se pregunta muy a menudo antes de dormir si su familia siente verdadero aprecio por él más allá de ser el probador perfecto para trampas.

Oh, bueno... no. Eso sería demasiado dramático hasta para alguien como él, que lleva exactamente seis minutos probando el aire sin atreverse a dar un paso en falso.

Cuando finalmente se anima a hacerlo, mucho menos enérgico que en otras ocasiones, una cuerda rodea su prótesis e Hiccup salta cuando de la nada sale una red que termina cayendo con inocencia al suelo.

Coloca los ojos en blanco ante su propia ola de pensamientos.

¡Já!

Inocencia.

No tenía nada de inocente esa peligrosa trampa mortal.

Por Thor, un día estuvo de cabeza hasta que su piel se volvió anormalmente pálida y él estuvo muy seguro de que Astrid tenía una gemela perdida que vestía, calzaba y peinaba igual a ella cuando "ambas" lo desataron.

Si, fue un día terrible.

Dio al menos dos pasos más cuando una abrazadera de cuerdas con rocas atadas en los extremos, que no vio venir, se enredó en su pecho, impactándolo con suficiente fuerza para expulsarlo de la casa.

Esta vez, no hubo nieve suficiente en donde aterrizar. El duro y frío suelo lo recibió cruelmente, en cambio.

Se colocó en pie resoplando y sacudiendo la poca, casi inexistente, tierra de sus ropas.

Habiendo recibido el doloroso golpe ya no tendría nada que temer, al menos.

Aun así, abrió la puerta cautelosamente.

–¡Papá!– saltó a recibirlo su hijo más pequeño, a quien sin dudar ni un poco cargó entre sus brazos para acunar.

–¡Hey! ¿No creen que es momento de dejar las trampas ya?– pregunta.

Muy en su interior tenía un destello de esperanza.

–¿Y estar en riesgo de alguna invasión animal o algo así?– preguntó de vuelta Zephyr, sentada en la mesa, con una pequeña libreta y un palito para dibujar en su mano –Ni hablar, papá.

Hiccup bajó de sus brazos a Nuffink, dejando que este brincara locamente alrededor de la mesa con su hermana.

–Sí, papá ¡atraparemos un gran oso un día!– secundó con emoción el pequeño rubio, agitando sus brazos por encima de su cabeza.

El jefe ya lo veía. Los moretones jamás se irían. Con un largo suspiro en los labios se acercó hasta su hija mayor y depositó un beso en su cabeza, haciendo que esta sonriera ligeramente.

Luego, notó que su esposa no estaba allí, al menos no cerca. Frunció el ceño en confusión.

–¿Dónde está su madre, niños?

–En la cocina– dijeron ambos al unísono, el niño señalando el lugar con entusiasmo como si el castaño realmente no supiera en donde está.

–Ah, bueno... en la cocina.

Sin prestar demasiada atención va a dirigirse a la alcoba para ponerse alguna ropa más cómoda y...

Esperen.

–¿Dijeron cocina?– lentamente cayendo en la cuenta del peso de aquellas palabras, su voz estrangulada y ojos mostrando terror.

–¡Si!

Oh, Odín.

No lo imaginó.

Realmente habían dicho que Astrid está en la cocina.

Cocinando.

Porque... ¿qué otra cosa podría estar haciendo allá? a menos de que realmente este abrasando el fuego.

Para hacer más fácil su trabajo de preparar la comida, claro.

Bueno... las esperanzas se pierden en la última oportunidad, ¿verdad?

¡¿Verdad?!

Con paso temeroso, y más ruidoso de lo normal, se acercó al pequeño salón destinado como cocina -él estaba muy orgulloso de ser el primer vikingo en tener una casa con divisiones reales, cabe decir.

Y ahí se encontró con lo que temía.

Astrid, con ropas ligeras que muy pocas veces utilizaba, tarareaba una canción demasiado bajo como para ser escuchada con claridad.

Raras las ocasiones en las que había escuchado a su esposa cantar, hermoso ha de presumir, y ese no era exactamente el verdadero problema.

La leche en un tarro y la miel en el otro mientras ella batía algo entre sus manos era el verdadero problema.

Tragó pesado para pasar el nudo en su garganta y caminó lo más firmemente que pudo hasta la rubia.

–¿Astrid?– dudó.

Ella de inmediato volvió su figura a él y sonrió con dulzura.

Cuando los labios femeninos impactaron en su mejilla -él aún se pregunta si a Astrid realmente no le da comezón su barba- no puede evitar observar una masa demasiado amarilla entre las manos de su esposa, sobre un tazón de barro demasiado grande.

Mucho. Demasiado. Grande.

–¡Hey, Hiccup!– saluda con un entusiasmo poco común, incluso sospechoso.

Genial, ahora Hiccup se está haciendo paranoico.

Respiró profundo y una sonrisa nerviosa se apoderó de sus labios.

–¿Qué tienes ahí, eh, cariño?

Se recriminó a si mismo que aún después de tantos años siguiese balbuceando cuando algo lo ponía nervioso.

O cuando la rubia se apoderaba de la cocina.

Ambas cosas eran igual de traumatizantes.

–Estoy intentando algo nuevo.

Ay, dioses.

–¿Ah, sí?

Tal vez...

–Sí, es un dulce para los niños... y para ti también, claro.

Tal vez no sea demasiado tarde para correr.

–Q-que bien, Astrid ¡Astrid! eso es genial... si, si– balbuceó.

Casi pudo darse una palmada en la frente ante lo patético que se escuchó.

Por la sonrisa sosegada y el encogimiento de hombros que la rubia le dirigió, supuso que no lo notó.

O no lo quiso notar.

De cualquier modo, salió lentamente de la cocina y a paso silencioso se encaminó hasta el centro de la casa, sudando frío y con las manos apretadas en puños.

Observó a sus hijos inocentemente dibujando algo. Bueno... Zephyr estaba dibujando y Nuffink la estaba viendo tímidamente en ello.

Se preguntó entonces, ¿sus hijos merecían morir de intoxicación?

Claramente la respuesta es un no.

De ninguna manera.

Así que inflando su pecho con fingida tranquilidad se acercó a la mesa. No se fijó demasiado en lo que la niña trazaba con tanto esmero, su cerebro estaba muy ocupado ideando que haría para que los niños escaparan.

Carraspeó y la atención de ambos pequeños estuvo sobre él casi de inmediato.

–Niños, G-Gobber...

–¿Qué pasa con Gobber?– los grandes ojos verdes del varón lo miraron con curiosidad.

Tuvo que volver a carraspear.

–Gobber está... bueno, él...

–¿Está hablando sobre Toothless?– preguntó ahora Zephyr, su expresión extrañamente feliz.

Aun así -pensó inevitablemente el jefe- si eso podía mantenerlos lejos de su madre. No. Lejos del peligroso "dulce" que está preparando su madre. Entones...

–Eh ¡sí! si seguro... ¿por qué no le hacen una visita para que comprueben?

–¿Ahora?– preguntó el rubio, haciendo una mal disimulada mueca.

Hiccup instó a ambos niños a emprender la caminata hacia la puerta, inquietamente Zephyr intentó volver demasiado preocupada por los trazos en la hoja aún sobre la mesa de madera, algo inútil cuando su padre prácticamente la empujaba afuera.

–Pero, papá...

–¡Si no se dan prisa, Gobber podría terminar su historia!

Eso pareció ser suficiente para la niña quien, con una expresión de verdadero sobresalto, tomó la mano de su hermano y dando brinquitos apresurados salió de la casa.

El hombre al fin pudo respirar con tranquilidad. Ahora sólo debía desaparecer el seguramente tóxico y explosivo dulce que su esposa se había empeñado en preparar, sin que ella lo notase, por supuesto.

Un almuerzo ahumado, sazonado por él, sería un reemplazo perfecto para alimentar a su familia antes de volver a la aldea a supervisar las siembras.

Y todo terminaría bien.

Casi pudo suspirar de puro alivio, saboreando la victoria, cuando escuchó los firmes pasos de Astrid y la tensión volvió a su cuerpo.

–¡Niños!– la emoción en la voz de su esposa lo pudo haber hecho sentir culpable... de no ser porque le salvó la vida a sus hijos, obviamente.

Intentó desviar sus acciones -porque se vería muy extraño que el hombre estuviese solo, en el centro de la casa, simplemente haciendo nada- pero fue demasiado tarde. Para cuando Astrid, muy animadamente, había asomado a la sala él tenía un brazo alzado y una pierna en marcha, con una mueca nerviosa en el rostro.

–¿Cariño?– ahora ella estaba confundida, observando a su esposo girar con quizá demasiada fuerza su propio cuerpo para encararla y no habiendo rastro alguno de los niños. De ninguno.

–Estaba... estaba, no estaba haciendo nada– se excusó patéticamente.

–Ya veo– respondió la rubia, sus ojos estrechados en sospecha hacia la extraña actitud de él.

Astrid sabía cuándo algo le preocupaba, cuando exageraba, cuando se emocionaba demasiado, cuando estaba molesto o cuando los nervios lo apoderaban, haciéndolo actuar y pensar dramáticamente.

Como ahora.

No obstante, ella se encuentra en ese momento de un humor tan colorido que no presta demasiada atención cuando toma un palito de madera ovalado y lo hunde en el tazón entre sus manos.

Hiccup pudo sentir sus papilas gustativas sufrir aún a una distancia considerable.

Él ama a su esposa, pero eso no significa que le guste la tortura culinaria a la que ella algunas veces le sometía.

–Pues... ¡ten!– con la fuerza excesiva que le caracteriza, y un entusiasmo poco común, sin preguntar o dar tiempo a réplica prácticamente le irrumpió la boca con aquel... ¿dulce?

Hiccup evitó hacer una mueca.

Sabía a leche de yak. A... ¡¿vello de yak?! Había maíz molido allí, suponía que era la masa que masticaba con mucho esfuerzo, y, y, y... estaba demasiado cocido, ¡incluso pudo sentir restos de carbón!

¡El carbón que de-be estar en el fuego, fuera de la asadera!

Y... ¡por todos los dioses! ¿Dónde estaba la miel que le vio preparar?

–¿Y?– preguntó ella, impaciente de sólo verlo retener la comida en su boca, masticando demasiado lento –¿Cómo está?

Una sonrisa fingida adornó forzadamente las regordetas mejillas del castaño. Asintiendo.

–¿Ah, sí?– Astrid cruzó los brazos sobre su pecho –¿Por qué no me lo dices por ti mismo? quisiera escucharte.

Ella pudo observar la protesta manifestarse a través de sus ojos, luego un color verde muy leve bañando su rostro mientras que, con esfuerzo demasiado obvio, tragaba el contenido en su boca.

Un carraspeo y una sonrisa nerviosa después.

Astrid reconocería esa expresión aun estando sobre un dragón, a un codo de altura.

–Eso fue... e-estuvo.

–¡No puedo creerlo! ¡No te gustó mi dulce de miel!

Hiccup frunció los labios en un intento de contener alguna protesta. ¿Dulce de miel? ¡Tortura de yak le quedaría mejor!

–Bueno, yo...

La puerta se abrió, interrumpiendo la potencialmente peligrosa discusión que se aproximaba.

Ambos adultos miraron el algo perezoso caminar de Nuffink hacia ellos, con una expresión tranquila y... lo más inquietante, sin su hermana.

–¿Dónde está Zephyr?– preguntó el castaño de inmediato, casi demasiado precipitado.

–¡Ahh!– protestó el pequeño, llegando hasta sus padres un poco más de prisa –Ella está buscando a Gobber, quiere que él le explique la verdadera historia del Furia Nocturna, porque aún no se termina de creer la obra de teatro– explicó con rapidez, producto de la energía, entonces cruzó los brazos sobre el pecho e hizo un adorable puchero con los labios –Pero yo tengo hambre.

Astrid sonrió con emoción ante esas últimas palabras dichas e Hiccup hizo una mueca.

–¿Si?– la rubia se inclinó para estar a la altura del niño y, con mucha más delicadeza y cariño que anteriormente, le tendió el dulce –Mamá preparó algo especial.

El jefe estuvo seguro de que el tono tan dulce que utilizaba Astrid no impediría la futura ruptura de estómago que tendría el niño. Estaba listo para buscar un curandero, de cualquier modo.

–¡Genial!– exclamó alegre e inocentemente su hijo, los ojos azules de la madre se iluminaron cuando el pequeño se aventuró a probar lo ofrecido.

Hiccup tragó pesadamente, sin poder intervenir ya.

Estaba seguro que su hijo escupiría todo cuando...

–¡Esta delicioso, mamá! ¡Gracias!

Y, tomando el tazón con ambas manos, se sentó en la mesa de centro a embullarse de comida.

La sonrisa orgullosa y maternal en los labios de ella no se hizo esperar. La sorpresa en el rostro de él tampoco.

Luego, un puño femenino se clavó con demasiada fuerza sobre el pecho del hombre, muy cerca de su brazo.

–¡Auch!– se quejó, masajeando el área y frunciendo el ceño.

–Sabes porque fue eso– respondió ella, sin siquiera escuchar la pregunta no formulada.

Él asintió resignado, aún sin poder creer la fortaleza en las papilas de su hijo.

Se preguntó si con la niña sería igual.

Mientras Astrid se aventuraba a buscar a su hija y él se preparaba para cocinar un almuerzo decente miró, finalmente, con atención la hoja sobre la mesa, al lado de Nuffink.

Un hermoso trazo, tan claro como un riachuelo, de un Furia Nocturna había allí.

De Toothless, específicamente.

Sintió el corazón acelerarse en su pecho e inevitablemente sonrió. Una idea con lentitud abriéndose paso en su mente.

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–Pero... a ver, si los dragones y vikingos eran enemigos, ¿cómo se le ocurrió a Stoick hacer las paces así, sin más?

Gobber, sentado cómodamente en una silla sin respaldo, resopló.

Desde la obra de teatro durante el Snoggletog, los niños no habían parado de preguntar y preguntar una cosa y la otra... él podía soportarlo, una pequeña interrogante de algún chiquillo molesto o una reunión de chiquillos molestos llenan de interrogantes.

Pero nada como los hijos de Hiccup quienes, ambos de hecho, parecieron heredar la curiosidad de su padre.

Especialmente Zephyr, la que lo había seguido desde el gran comedor hasta la pequeña biblioteca con que Nuevo Berk contaba, indagando cada cosa extraña que cualquier otro niño simplemente pasaría por alto.

–Simplemente así pasó niña– respondió escuetamente, la irritación colándose en su voz.

–Pero... ¿cómo?– volvió a insistir –Alguna vez leí que Stoick fue un gran asesino de dragones.

Gobber casi pudo ahogarse con su propia saliva, de no ser porque era técnicamente imposible debido a lo resecos que estaban sus labios.

Él esperaba que esos libros hubiesen sido quemados hace mucho.

–¿Dónde lo leíste?

La niña frunció levemente el ceño –Eso no importa. Quiero saber toooda la historia– exigió en una postura tan parecida a la de Astrid que incluso con su pequeña edad y estatura intimidó un poco al rubio.

No lo admitiría en voz alta, por supuesto. Eso sería penoso.

Carraspeó con nerviosismo y Zephyr comenzaba a perder la paciencia, tamboreando su pie en el suelo con insistencia.

–Gobber...

–Stoick era un hombre muy inteligente, niña. Él supo que hacía mal y... cambió de opinión– una verdad a medias.

La castañita no dudaba aquello, dudaba las circunstancias. Ella es lista, intuye que hay algo desigual en la historia y su curiosidad, desde hace un par de días especialmente, la llama a investigar al respecto.

No obstante, su padre -desde la obra- no habla del tema, su madre parece más preocupada por entrenar a la nueva generación de guerreros que por cuentos matutinos y el resto del pueblo parecían perdidos en sus propios mundos, demasiado alejados como para responder preguntas.

–¿Qué lo hizo cambiar de opinión?

El rubio abrió los ojos desigualmente y rascó su bigote con algo de nerviosismo.

No pasó eso por alto para Zephyr.

–Es sólo que él...

–¿Y cómo convenció a los demás?

–Ah, eso...

–¿Cómo papá perdió la pierna?

–Es que Hicc...

–¿Tiene algo que ver con Stoick y la guerra con los dragones?

–¡Ya basta!– gritó furioso, con frustración se colocó de pie en una postura que habría sido intimidante... hasta que un calambre le dobló la columna y tuvo que sujetarse de la mesa más próxima.

Respirando para calmar un poco su falta de paciencia volvió su mirada a la niña, que no se inmutó en absoluto –Si no dejas de hacer preguntas, ¿cómo las contestaré?

–No has contestado a ninguna de mis preguntas– dijo ella audazmente –Además, si supieras la historia, ¿por qué dudas?

Gobber volvió a su postura recta con lentitud y chasqueó la lengua. Luego, en un gran esfuerzo intencional de huir del interrogatorio, comenzó a salir del lugar.

La niña pudo escuchar claramente las quejas del hombre acerca de la "muy mala educación que el pescado parlanchín estaba dándole a su hija" e hizo una mueca ante ello.

¿Pescado parlanchín? ¿Se refería a su padre?

Se encogió de hombros después de un segundo de meditación, no tenía tanta importancia.

Viendo que Gobber no respondió a sus dudas (y seguramente no lo haría nunca) decidió ojear la biblioteca, con la esperanza de encontrar algo.

Ella nunca ha sido una verdadera aficionada a la lectura, pero si a saciar su curiosidad. Así que estiró su pequeño brazo por encima de la cabeza y tomó sin dificultad alguna al menos unos cinco libros.

Le tomó apenas diez minutos en notar algo extraño en uno de los escritos.

Nuevo Berk no contaba con demasiados libros, pero los pocos que había eran registros del Jefe Hiccup acerca de la isla en sí y algunos tantos de flora y vegetación diversa escrita por el anterior líder, Gobber o Astrid.

No obstante, el que ella tenía entre sus manos ahora no era exactamente un registro. Parecía un simple diario y se sorprendió al notar la estilizada y cuidadosa letra de su padre en él.

No había mucho contenido, tampoco. Trazos de distintos dragones con paisajes hermosos de fondo y una variedad de fauna dibujada en carboncillo.

Encontró un dibujo de su madre y sonrió con ternura ante ello. Era un boceto muy leve, apenas cincelado, pero claro como el agua. Decidió que podía quedarse con ese especialmente y lo guardó con extremo cuidado entre sus ropas.

Continuó con su exploración, y cuando estuvo cerca de dejarlo de lado, vio algo que llamó su atención poderosamente.

"Hoy ha sido la despedida de los dragones, después de Grimmel y su amenaza contra ellos al fin he notado lo que Astrid ha querido decirme todo este tiempo, incluso Gobber había querido hacerme entrar en razón... supongo que soy muy distraído para notar esas cosas.

Despedirme de mi mejor amigo es una de las cosas más dolorosas que he podido hacer... después de resignarme a la muerte de mi padre, por supuesto, pero comprendo que era necesario. Ya no podía seguir siendo egoísta y retener a mi amigo conmigo, sólo por mis necesidades. Y estaré feliz mientras él lo este.

Toothless ahora tiene a su bella Furia Luminosa y está loco de amor por ella, así que sé que estará bien. Sólo espero verlo, al menos una vez más, algún día para cerciorarme de ello.

Algo tengo por seguro, siempre será mi mejor amigo y hermano.

Él, junto a los demás dragones, serán por siempre recordados en Berk como el mejor regalo que pudimos tener alguna vez.

Hiccup H. Haddock III."

Con una expresión de asombro leyó nuevamente aquel escrito. Al final del mismo había un trazo más.

Un majestuoso Furia Nocturna surcando los cielos, imponiéndose en las nubes, probando libertad. Plasmado a la perfección en todo su esplendor.

Zephyr sonrió ampliamente, sintiéndose tan curiosa como maravillada.

Tantas preguntas pasaron por su mente en un segundo.

Ella tuvo que esperar al menos unas tres semanas para, con sus propios ojos, confirmar los cabos que se habían hilado en su cabeza.

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Cuando ella subió al barco con su padre, madre y hermano menor no tenía idea de para qué era. Ambos adultos lucían ansiosos, en especial el hombre, y Nuffink sólo parecía emocionado y un poco temeroso de hacer aquel viaje con sus padres.

Zephyr lo había tranquilizado diciendo que tal vez papá y mamá sólo querían darles una sorpresa, eso no había disminuido la timidez en el niño, sin embargo.

Ella lo había dicho por el simple hecho de mantener a su hermano sosegado. Un instinto más que otra cosa, realmente la castaña no podía saber que de verdad se llevarían una sorpresa.

Cuando vio aquella gigantesca bestia, que había agitado el barco entero con un movimiento sin esfuerzo, sintió miedo y, casi en un acto reflejo, se refugió en su madre.

Recordaba al dragón negro de enigmáticos ojos verdes que vio el día de la obra, sabía que era muy probable que fuera el mismo, pero verlo allí, en una postura amenazante, gruñendo aterradoramente e inflando su pecho con un resoplido feroz, la hizo temer.

La hizo temer hasta que su padre tendió su propia mano y la de su hermanito hacia el Furia Nocturna, -después de que este fuera lamido con quizá demasiada energía, tal vez mucha saliva- prometiendo con voz suave y cariñosa que no les haría daño.

Y así fue.

Tan sólo unos minutos más tarde, entusiastamente, Hiccup había convencido a toda la familia de montar, no obstante, esta vez no dudó.

Subió junto a su madre al dócil dragón color azul que ella había dicho era su amiga y observó asombrada a su padre, junto a Nuffink, montar en la majestuosa criatura tan negra como la noche.

Observó entonces a su papá, tan delgado y pequeño comparado con otros vikingos, montar ese enorme y fascinante dragón. Parecía un experto.

Ella, en su propio mundo entre las nubes, se sintió increíble también. El viento, la velocidad, altura, los pequeños mimos de mamá en su rostro... se sintió increíble.

Cuando Hiccup colocó con cuidado a Nuffink en el Nadder Mortífero que montaba Astrid y la tomó a ella en su lugar para que también experimentara con el Furia Nocturna, Zephyr no podía sentirse más especial... ni aunque se lo propusiera.

Escuchó a papá gritar de júbilo, imitándolo inmediatamente, y sintió sus brazos protectores alrededor de su costado cuando Toothless dio una gran voltereta por el aire, haciendo trucos que sólo dos mentes demasiado sincronizadas podrían lograr.

Y sintió un nuevo palpitar abrirse paso en su pecho. Un latido, luego dos.

Observó a su madre por encima del hombro, sacando la cabeza del dragón, quien abrazaba con cariño y seguridad a su hermanito, y vio en ella lo mismo que ahora sentía.

Admiración.

Las palabras leídas en el viejo escrito volviendo a su mente.

"Siempre será mi mejor amigo y hermano".

Sintió aún más amor.

Sonriendo pese a notar que sus padres, y probablemente el resto del pueblo, habían mentido con respecto a quien montó el primer dragón.

Un nuevo grito de júbilo se escuchó y esta vez también oyó a su mamá reír.

Se sintió maravillada.

Ella no necesita que le expliquen -aunque si exigirá una verdadera y larga explicación después de esto- para comprender la situación.

Zephyr ahora lo entiende con claridad... y ella muere de ansias por contarle a su pequeño hermano sobre su gran hallazgo.

Su papá era todo un héroe. Y se preguntó en ese instante, ¿cómo es que no lo había notado antes?

Siempre se había sentido orgullosa del jefe tanto como de su madre -aunque admitirlo en voz alta era algo casi remoto- pero ahora... ahora los ojos de Zephyr brillan como nunca antes lo habían hecho.

–¡Eres increíble, papá!– no pudo evitar gesticular, con los brazos alzados y la emoción del momento demasiado evidente.

Él la miró con una amplia sonrisa, llena de felicidad, en su rostro. Luego se inclinó y los labios de su padre contactaron con su frente, por encima del flequillo.

Sentía orgullo. Tanto orgullo.

Y ella sabía, de alguna manera, que ese sentir era mutuo.

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Cuenta la leyenda que cuando el suelo tiembla o la tierra escupe lava son los dragones, haciéndonos saber que siguen aquí, esperando a que aprendamos a convivir con ellos. Sí, el mundo cree que los dragones se han ido ¡si es que alguna vez existieron! pero los Berkianos sabemos la verdad... y guardaremos este secreto hasta que llegue el momento en el que los dragones puedan regresar en paz.

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Nota: ¿Qué les puedo decir sobre esto?

¡Nuffink tiene papilas de acero! xD ok, no.

¡Estoy muy satisfecha con el resultado! -aunque está mal que yo lo diga- entre todas las peticiones que han podido pasar por mi mente no me imaginé una manera, ahora ustedes se preguntan, una así ... ¿cómo? pues mi querida Jan Valkyrie me solicitó que aclarara la situación en la que se dejó "Regreso a casa" donde la nueva generación cree que Estoico entró al primer dragón o que hiciese un AU Modern súper divertido en donde Hiccup tuviese que salvar a los niños de una intoxicación por parte de una comida hecha por Astrid xD me parecieron tan buenas ideas ambas que decidí mezclarlas.

No tuve corazón para hacer algún personaje por sí mismo le dijera a los niños que la obra fue una mentira y que en verdad había sido Hiccup el primer jinete en Berk, ni pensé necesario aún que todos se enterasen de ello (supongo que con saberlo los herederos, por ahora, basta) por lo que coloqué el descubrimiento como crédito de Zephyr y su gran tenacidad.

Espero haber captado la esencia de la película y sus personajes originalmente lo más posible. De verdad que sí, porque traté de que así fuera de todo el tiempo.

Espero que les haya gustado mis queridos lectores; -) y sin más.

Respuesta a los comentarios:

Soy Lady Aira: Ok, soy psíquica xD ok, no. No puedo creer que hayas pensado justo en eso y ¡bom! a mí se me ocurre esa misma idea ¡me encantó nuestra comunicación mental accidental! XD me halagas con tus lindas palabras cariño uu ¡espero que hayas disfrutado este también! ; -).

Jan Valkyrie: Me hacen tan felices con sus palabras todos mis lectores que responden a los comentarios para mí es un placer; -) así que siempre será así. Ok, tus palabras me halagan, sí yo igual pienso que el final del capítulo anterior fue ideal y si ... aunque no lo creas me costó un montón idear una trama para esa continuidad xD gracias por hacerme saber que aun así la redacción quedó natural , estaba preocupada de que fuera forzada. Puesss, no había visto el corto, en cuanto leí tu comentario me fui a YouTube y lo vi completito y ¡me encantó! pero entendí tu punto de inmediato, te queda un vacío después de saber que la nueva generación piensa que es estoico el héroe y todo eso, así que me dije a mi misma: "Mi misma, debes tratar de aclarar la situación" pero tu propuesta de Hiccup salvando a los niños de intoxicación LOL me reí tanto, tanto que no lo pude evitar y lo incluido aquí también xD. Espero que te haya gustado tanto como a mí me gustó escribirlo. La muerte de Estoico la tengo planeada como tema de otro One-Shot; -).

Nina: ¡Me alegro muchísimo que haya sido de tu agrado! espero que este también

Maylu-liya: ¡Gracias por leer y por tus palabras! espero que este también lo hayas disfrutado; -).

Veritux: ¡Bienvenida por aquí! me alegro que hayas disfrutado de mis escritos, espero que este te haya gustado también y espero seguir leyéndote por aquí: - 3.

No sé si quiero dormir: ¡Es un honor saber que mi fic te ha hecho regresar al fandom! en serio, muchas gracias: - D ¡espero que este también te haya gustado y espero seguir leyéndote por aquí!

MyCandy06: ¡Oh, oh! ¿En serio te gusta más el Hiccstrid desde que leíste mi fic? ¡Me hace tan feliz esas palabras! : - 3 espero seguir teniéndote por aquí.

A todos ¡muchas gracias por leer! y, por favor, quédense en casa ... Dios pronto nos ayudará con esto que estamos viviendo y todo mejorará en bendiciones; ¡Fe!

Otra cosa: ¡He creado una página en Facebook para contactarme con ustedes! Así que estaré subiendo el contenido, actualizaciones, spoilers y podré aceptar ideas, comentarios, opiniones, aportaciones por allá también. O simplemente si quieren chatear conmigo: - 3 Esta el link en mi perfil.

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