Nota: Ninguno de los personajes me pertenece, tampoco me pertenece nada de la canción presente aquí, estos son de Cressida Cowell, DreamWords y Simple Plan correspondientemente.

.

Capítulo 08: Perfect.

Sinopsis: Aquella navidad fue la primera que Hiccup pasó fuera de casa y no sería la última.

Sigue una frecuencia de edad variada, cada drabble es una edad diferente sin orden cronológico / AU Modern de la misma línea de tiempo que el capitulo uno: ¡Corte!

A petición y en dedicatoria especial a KatnissSakura. Inspirado en la canción Perfect de Simple Plan.

Recomiendo que escuchen la canción antes o durante a la lectura de este capítulo. El link de dicha canción ya esta disponible en mi pagina de facebook :-)

.

Septiembre de 2014.

–¿Qué no ves que tengo cosas más importantes en que pensar?– resonó dentro del auto la estruendosa voz del gran hombre.

Hiccup mantenía la mirada gacha, el flequillo largo cubriendo sus ojos y labios fruncidos a mitad de una mueca.

La gran camioneta Chevrolet de cuatro puertas de pronto pareció pequeña en demasía.

–No tengo tiempo de atender asuntos...– por un segundo, en el que le dedicó una mirada severa a su hijo a través del espejo delantero, detuvo sus palabras –¡Asuntos de mi hijo metiéndose en problemas, Hiccup!

El muchacho soltó la respiración retenida, tan lentamente que no inmutó el calor retenido dentro del pequeño lugar gracias a la calefacción, y dejó caer un poco más los hombros.

Tal vez...

–Lo siento, papá.

Tal vez su padre podría preguntar por el otro sujeto o la razón de su ojo hinchado.

–No es excusa tu disculpa, Hiccup.

No obstante, el castaño sabía -más que cualquier otra persona- que no preguntaría. Stoick jamás se molestaba en indagar.

Bajó del auto en cuanto este estacionó y se encerró, nuevamente, en su habitación.

El gran y pelirrojo hombre estuvo de pie en la puerta, después de eso, por veinte, quizá dieciocho, minutos consecutivos.

Ya no sabía que hacer con su hijo.

Enero del 2030

"¡Papá!" gritó el pequeño castaño mientras corría de un lado a otro por la orilla de agua salada.

La marea tranquila golpeando la arena, junto al bello atardecer tiñendo cinceladamente el fondo, era el ambiente perfecto para unas vacaciones familiares.

El hombre rió, verdaderamente feliz, ante los saltitos consecutivos de su hijo.

"¿Qué pasa Hiccup?"

El niño volvió hasta su padre apresurado con algo envuelto entre sus pequeñas y regordetas manos.

"¡Mira lo que encontré!" señala mostrando una caracola de mar, los colores pasteles del blanco y azul mezclándose casi mágicamente sobre el delicado cascarón.

Stoick sonrió, aún con el peso de su tupida barba, y tomó a su hijo hasta sentarlo en sus piernas.

Hiccup era tan pequeño y frágil. Como si una hoja pudiese romperlo.

"Dicen que puedes escuchar el mar con esas caracoles" pronunció después de una larga mirada.

Con ojos asombrados y expresión adorable el castaño preguntó: "¿En serio?

El pelirrojo asintió "Llévala contigo y, quizá, podrás escuchar el sonido de las olas siempre".

Hiccup miró la caracola aún tranquilamente posada en su cómoda. El recuerdo aflorando en su mente.

Aquel momento lo perseguía en noches nubladas de insomnio, cuando parecía demasiado lejano. Como una imagen a la que anhelaba volver, pero que ni siquiera podía tocar ya.

Tomó el curioso objeto, con un hormigueo en las manos, y lo llevó hasta a su oído.

"Podrás escuchar el sonido de las olas siempre" sonó como un eco de la voz de su padre en su memoria.

Además de aquella reminiscencia nada más se escuchó.

–Mentiste– musitó al aire vacía del lugar. Su padre ya no lo oída. Nunca más podría hacerlo, de hecho –No se escucha el mar.

Una lágrima traicionera, de esas que derrama cuando nada más que su propia sombra lo acompaña, rodó por su mejilla hasta dejar un rastro de sal.

Se preguntó, mientras miraba el techo de su habitación como si fuese la cosa más interesante del mundo, si su padre -cuando vivía, claramente- sospechó que él lo veía como su más grande héroe.

A sus seis años de edad, al menos.

Ahora todo parecía tan lejos... tan perdido.

¿Qué fue lo que pasó? ¿por qué la grieta se abrió tanto?

Agosto del 2019.

Hiccup llegó a casa con el agua destilando de su ropa y una sonrisa amplia en los labios.

Stoick alzó una gruesa ceja, analizando los pasos frescos y alegres de su hijo.

Parecía flotar.

Entrecerró los ojos, en sospecha, antes de carraspear –¿Hiccup?

El chico se sobresaltó. No había notado la presencia de su padre en el recibidor y casi pudo patearse a sí mismo por su torpeza, es decir, el hombre es un mastodonte, ¿cómo, entonces, fue posible no verlo?

–¡P-papá!– exclamó.

Ahora lucía nervioso, pero, aún así, su semblante no dejaba de irradiar aquella extraña y poco común felicidad.

–¿Cómo te ha ido en las grabaciones del Really Show?

–Muy bien...– el chico pareció debatirse en que decir por un momento –T-tengo la calificación extra que tanto necesitaba.

Stoick le lanzó una astuta mirada –¿Ah, sí?

Hiccup dejó caer la cabeza dramáticamente, asintiendo –¡Por fin!

–El Sr. Hendrick se quejó de tu comportamiento con la chica Hofferson.

El muchacho pudo atragantarse con el jugo de pera que estaba bebiendo al escuchar aquellas palabras.

Stoick lo notó. Era eso. La razón de su repentina alegría.

Una chica.

–Ah, b-bueno...– dudó –Yo...

–Debes saber que aunque seas mi hijo yo soy el decano y es mi obligación dar el ejemplo– interrumpió, luego se colocó en pie ante la nerviosa mirada de su hijo –Ambos estarán castigados.

Hiccup asintió levemente. Le parecía justo, después de todo el co-productor había dicho la palabra corte al menos dos veces para que finalmente el mundo volviera a ser mundo para él... y para Astrid, de hecho.

–Y...– volvió Stoick su cuerpo a él –¿Hijo?

El castaño lo miró esperanzado –¿Si?

Quizá, sólo quizá, su padre podría tener una charla real con él de algo.

Cuando Stoick endureció su mirada y su voz fluyó dura, áspera y retumbante –No admitiré ningún tipo de arrebato, Hiccup. Ninguno– él supo que su padre jamás querría charlar.

–Claro, papá– respondió con los hombros bajos y en un murmullo.

El color café de las paredes de pronto se sintió aún más obscuro.

El hombre abandonó la sala con el semblante serio.

Hiccup miró fijamente hacia las escaleras por donde se había perdido su padre y resopló.

"Y, ¿es una buena muchacha hijo?" dijo a nada más que el aire, pecho inflado y tono rasposo en un intento de imitar a su padre.

"Oh, sí, papá y, ¿sabes? tu hijo geek incompleto ha logrado conseguir una cita" continuó su monólogo.

Su pecho decalló antes de susurrar de nuevo "Eso es genial, Hiccup".

Miró largamente la puerta, desde ese ángulo viéndose pequeña, pálida y tan sólo la mitad de ella, por donde sabía estaba la habitación de Stoick.

Si tan sólo aquel imaginario y solitario -deprimente- guión fuese cierto...

En ocasiones como esas Hiccup se pregunta, entre los breves segundos que se permite divagar, si hay algo que pueda hacer para satisfacer a su padre.

¿Él realmente era el hijo que Stoick quería?

Probablemente no.

Febrero del 2020.

–¡No, no, Hiccup!– negó Stoick por décima vez.

El castaño cerró los ojos por un segundo y bajó la caña de pescar entre sus manos con desanimo.

–¿Qué no puedes hacerlo bien?– la reprimenda sonó dura –¡Dijiste que querías aprender a pescar, hijo!

No. Hiccup no quería aprender a pescar. Él anhelaba, aún con dieciocho años de edad y a un paso de la universidad, que su padre se sintiera orgulloso.

Compartir algo, lo que sea -casi al borde de la desesperación- que hiciera a su padre sonreír complacido. Que les diera de que hablar y hacerlo sentir orgulloso.

El castaño descubre con decaído semblante que su plan fracasó olímpicamente.

–Lo siento, papá– murmuró, como ya era costumbre.

Stoick frunció un poco más el ceño –No lo sientas, presta atención y hazlo bien.

'Lo intento'

Porque sí, él realmente lo intentaba.

Dolía. Dolía aguda y asfixiantemente los constantes desapruebos de su padre, como dagas afiladas con veneno enterradas hondo en el mismo lugar.

Un círculo vicioso donde Hiccup era nada más que la víctima en el centro.

¿Es que acaso él jamás será suficiente?

Cuando Stoick tomó la caña y comenzó a empacar para volver a casa el castaño supo que la respuesta a su pregunta era un no.

Un rotundo no.

Junio del 2022.

El sonido de un vidrio rompiéndose fue lo que alertó a Stoick aquel sábado a la una de la madrugada.

Él no se molestó en colocarse las botas o la chamarra antes de salir presuroso de la habitación hacia la sala. Demasiado preocupado como para sólo caminar, muy afanado como para completar su vestimenta.

Baja las escaleras con firmeza, un trote constante que suena como estruendo en la frágil madera, y abre la puerta que lo separa del recibidor.

Ahí esta su hijo, con un extraño control remoto en las manos, la ventana rota tras de sí y vistiendo un pijama envejecido.

'Pero, ¿qué demon...?'

–¡Hiccup!

El joven, aún de espaldas contemplando la ventana, volvió su cuerpo hacia su padre. Una sonrisita bobalicona instalada en sus labios, pero también lucía un poco apenado. Sus pecas resaltando más, incluso con la tenue luz de la luna en el lugar.

–¿Qué fue lo que...?

–¡No vas a creerlo, papá!– interrumpió, emocionado –Lo logré.

El entusiasta hablar del chico confundió más al hombre.

¿Qué había logrado? ¿romper la ventana?

Él ya podía escuchar las quejas del vecindario, de nuevo.

Hiccup pareció leer la pregunta en su rostro –Logré hacer un prototipo de robot volador que funciona a control remoto y...– él seguía parloteando y parloteando sin control alguno, pero Stoick sólo podía oír un eco mezclado con gastos futuros y un vecindario enojado.

¿Un robot? ¿eso era todo el alboroto?

Frunció el ceño, apretando los labios y arrugando todo el esplendor de su frente pequeña, mientras volvía su atención a las resonantes -y emocionadas- palabras de su hijo.

–El proyecto universitario será un éxito después de...

Toothless, su perro galgo, ladrando tan emocionado como su dueño a las altas horas que eran tampoco fue de gran ayuda.

–¡Ya basta!– gritó.

Tanto el joven como el perro detuvieron el alarido.

–Pero papá, esto va a gustarte– insistió Hiccup, tomando nuevamente el control entre sus dedos –¡Deja que te muestre lo que...!

–No, Hiccup, ¿acaso no haz visto la hora que es?– señaló el reloj en la mesa –Y tú, ¡haciendo tonterías! ¡rompiendo ventanas!

Stoick llevó una de sus grandes manos hasta el puente de su nariz y bufó, frustrado.

Hiccup, hasta entonces, pareció notar el problema. Miró el cristal a sus espaldas –¡Ah!– murmuró, antes de hacer un gesto con su mano izquierda, restándole importancia –Repararé la ventana.

–Oh, pero ¡por supuesto que la repararás!

–Si, yo no hablab...

–¡Nada!– dictaminó Stoick, aproximándose a su hijo y tomando bruscamente el control que este cargaba entre las manos –Ya no eres un niño y yo ya no tengo que recoger los desastres que haces cada que decides dar un paso, hijo.

–Lo sé y no quiero...

–Si tan siquiera invirtieras tu tiempo en otras cosas– se quejó el hombre, meditabundo –¡Sólo mira a ese muchacho Jorgenson, se le esta dando muy bien eso del boxeo!

Hiccup caviló lentamente las palabras en su cabeza.

–Ese...– continuó Stoick sin notar si quiera la mirada desolada ahora plantada en el rostro del joven –Es un oficio real.

Ahí esta. En el clavo.

Cuando Stoick volvió su atención al chico -en lugar de la rota ventana- Hiccup desvió la vista hacia su inmóvil perro.

Observó de soslayo a su padre retirarse -murmurando algo sobre que él nunca le dio verdaderos problemas a su progenitor y preguntándose porque su hijo sí se los daba.

El castaño, una vez solo, dejó caer pesadamente su cuerpo en el sofá.

Ahora tenía una ventana que reparar y una nueva decepción que ignorar.

Stoick no aceptaba la ciencia como algo digno, eso quedó claro.

Toothless se acercó lentamente a su dueño y lamió su brazo antes de recostar la cabeza sobre el respaldo del sofá.

Tal vez él podría estudiar algo que su padre apruebe y...

Acarició distraídamente a su amado perro y mejor amigo, negando a su vez con la cabeza.

No encontraría algo que le agradara a su padre. Él jamás aprobaba nada.

Con pesadez dejó que su rostro se hundiera entre sus rodillas y soltó una larga respiración.

Su padre creía que perdía el tiempo. Perdía el tiempo en lo que le apasionaba.

El picor en sus ojos se intensificó, pero no iba a llorar. Hiccup no lloraría por ser la débil decepción de Stoick... de nuevo.

No importa que el corazón le martillee dolorosamente.

La mañana después de aquella madrugada Stoick Haddock tenía una ventana reparada y una sala vacía.

Y, al otro lado de la ciudad, Astrid Hofferson a un chico durmiendo en su hombro.

Ella no preguntó que pasaba cuando su novio tocó la puerta de su departamento, la expresión contenida y ojos rojizos que él cargaba fue suficiente explicación.

Hiccup, esa misma mañana a las seis -después de no haber dormido en toda la noche- había llorado entre sueños. Turbios, molestos y tormentosos sueños que no estaban demasiado lejos de su realidad diaria.

Diciembre del 2023.

La luz tenue de una linterna y el eco del vacío era todo lo que llenaba aquella noche la sala de la casa Haddock.

Navidad siempre había sido una época hermosa e Hiccup disfrutaba cada segundo de ella. En el pasado él recuerda haber buscado bajo el árbol regalos y a su padre sonriendo cuando por fin los hallaba.

¿Qué había pasado? Ahora, con una maleta en su mano izquierda y la añorancia plantada en su mirada, todo parece tan lejos.

Stoick se mantiene sereno y sin dirigirle ni un vistazo incluso cuando el castaño toma el picaporte de la puerta para marchar.

Aún así Hiccup trató de sonreír –Feliz navidad, papá.

Su voz sonó rota, vacía y nostálgica. Tanto que el corazón del gran hombre sentado en el sofá dejó de latir por un segundo.

1

2

3

–Feliz navidad, Hiccup.

No obstante el muchacho ya se había marchado y la habitación ahora se sentía unos grados más helada.

Stoick pudo, después de eso, tocar la puerta de la casa Hofferson -donde sabía que su hijo cenaría- y decirle lo que su garganta desesperamente quería soltar en un grito.

Un grito ahogado por su propio orgullo y algo de temor.

Esa ocasión fue la primera vez que su hijo pasó fuera de casa en navidad, a los diecinueve años de edad, y Stoick presentía que no sería la última.

Mayo del 2024.

Hiccup bajó los escalones dando brinquitos, su cabello rebelde despeinado y una expresión alegre en su pequeño rostro.

Traía una hoja de papel en su mano, un crayón y mordía su labio ansiosamente. Su corazón acelerándose incluso antes de tocar la cocina.

Entonces vio a su enorme y, a sus ojos, extraordinario padre con un delantal muy masculino, el cabello recogido y mezclando algo demasiado parecido a una masa.

Se acercó silenciosamente.

Hay que saber que el niño no tenía ninguna intención de ocasionar un infarto a su adorado padre -él sólo quería mostrarle su obra de arte recién terminada- esto, sin embargo, no fue impedimento para que Stoick se sobresaltara, derramara la harina para hacer galletas y quemara uno de sus dedos de la mano diestra.

"¡Ay, hijo de...!" detuvo sus, posiblemente, obscenas palabras al ver los grandes y curiosos ojos verdes de su hijo mirarle.

Respiró profundo para armarse de paciencia -y para que el dolor cesara.

"¿Qué sucede Hiccup?" preguntó lo más calmo que su carácter le permitió.

El niño sonrió inocentemente y tendió un pedazo de papel pequeño, al notarlo Stoick también sonrió.

La quemadura había valido la pena.

Stoick tomó el portaretratos celosamente guardado de su cómoda y miró una vez más aquel dibujo. Lucía desgastado, la hoja pálida, colores distorsionados y orillas envejecidas.

Aún así, la figurilla clara de un padre, una casa y un niño era perceptible. Tan perceptible como es posible en un dibujo de más de diez años.

Alternó su atención entre la ventana de su solitaria sala -recordando la ruptura que un día Hiccup le hizo- y la puerta.

Su hijo nunca más entraría por esa puerta. Ahora era un hombre casado, con una profesión y una linda casa muy lejos de él.

¿Por qué no le había dicho?

¿Por qué no le dijo?

Stoick volvió su vista hasta el dibujo, las palabras "te quiero" tan infantilmente escritas estaban ya borradas, pero él podía recordarlas como si Hiccup las hubiese escrito el día anterior con su pequeña mano zurda y lechas volteadas.

¿Por qué no le dijo?

Ahora era una tortura. Con sus ojos fijos en el retrato de su pequeño -porque él siempre sería su pequeño- Stoick tomó una hoja en blanco de su buró.

Quizá aún pueda decirlo. O, tan siquiera escribirlo.

Quizá no sea demasiado tarde.

Con una pluma tinta negra en su mano diestra y visión distorsionada por las lágrimas él comenzó a escribir.

Letra tras letra el dolor se hacía más agudo, al borde una tortura.

¿Por qué no le dijo? Se seguía preguntando.

Quizá no sea demasiado tarde. Continuaba repitiendo.

Stoick no supo jamás que, en realidad, sí fue demasiado tarde. Y él no lo supo porque aquella noche, bajo la luz incipiente de la luna, el hombre sufrió un silencioso infarto.

Fue sólo un picor en su corazón que terminó arrebatando su vida, por siempre.

Stoick Haddock dio su último aliento a la nada sin ninguna compañía humana, vacío y con un sólo pensamiento en la cabeza: "Lo siento".

El papel en el buró con las palabras "estoy orgulloso de ti" jamás fue visto por su hijo.

Tampoco la carta donde se aclaraba lo mucho que lo amaba y que, tal como cuando era un niño, siempre sería su pequeño que cazaba troll's imaginarios.

Al final el mantra quizá no sea demasiado tarde no aplicó, porque sí lo fue.

Fue demasiado tarde.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

Nota: ¿Lloraron? ¿No? Ah, yo sí :c

Esto fue una perspectiva de que habría pasado si Hiccup y Stoick nunca hubiesen arreglado su relación padre e hijo como, a la larga, lo hicieron en el canon.

KatnissSakura espero que hayas llorado, ¡masoquista! Ok,no xD

Sé que no fue exactamente un Hiccstrid, pero petición es petición (u.u')/

¿Comentarios? Hace unos días que no recibo comentarios de mis lectores habituales, ¿ya me abandonaron? :c saben que lo único que me alienta a seguir son ustedes así que por favor tómense un segundo para comentar ¡es gratis! :D

Sin mucho que decir, respuesta a los comentarios:

LadyAira: Tus palabras me hicieron reír y empatizar por igual :3 y sí, soy cruel, peeero lo bueno es que creo que ese será el único final abierto que haré (he dicho "creo" xD) igual me halagas mucho, ¿adictivo? Jeje me sonrojé con eso. Muchas gracias nena. PD: recuerda que tu prom's tiene potencial para más ;)

InyulyMei: ¿Recientemente estás leyendo esto? Es primera vez que te leo por aquí y me hizo feliz :D lamentablemente desde un principio estaba fijado en mi mente el final del capitulo anterior, pero ¡hey! no te desanimes, tienes la opción de hacerme una petición para compensar (que no sea una continuación del anterior, por favor, no tendrá) o imaginarte el final que a ti te haga más feliz :3 gracias por leer.

.

Nos leemos en el siguiente :3

Los quiere FanNeurtex.