Disclaimer: Los personajes y la trama original son propiedad de JKR.
La historia le pertenece a Lovesbitca8 y yo sólo la traduzco con su permiso.
¡Disfrútenla!
Todos los días, una pequeña muerte
"Every Day, a Little Death"
De Lovesbitca8
Beteado por mi increíble Emily Charls
Para el martes por la noche, Draco se había preparado para la posibilidad muy real de tener sexo increíblemente brillante con Hermione Granger.
Ahora, si solo su pene pudiera prepararse, estaría listo.
Draco se había masturbado tres veces ese día: en la mañana antes de clases, durante la clase doble de pociones con los Gryffindor (se había excusado para ir al baño cuando la humedad de la habitación aumentó y Granger se había retirado el pelo del cuello), y justo antes de cenar en lo que rápidamente se estaba convirtiendo su armario de escobas favorito.
Y aun así, al verla sentarse a la mesa, sonriéndole a la chica Weasley, su miembro rogaba atención.
Decidió no frotársela una cuarta vez. Estaría con ella dentro de una hora y no quería arruinar sus probabilidades de ponerse duro.
Ella metió el dedo en su budín y se lo chupó en la boca, asintiendo con la cabeza a lo que decía la pelirroja.
Sí, él necesitaba hacerse una paja.
—¿A dónde vas, amigo?
Draco se giró, era Montana o como se llamara.
—Tengo planes después de la cena. Tengo que correr —Agarró su mochila con todos sus libros de investigación.
—¿Te encontrarás con la Ravenclaw de nuevo?
Draco se encontró con los ojos de Blaise al otro lado de la mesa. Blaise deslizó el tenedor entre sus labios y masticó.
—Quizá —dijo Draco, encogiéndose de hombros—. Si tiene suerte.
Montenegro rio. El chico estaba sacando de sus casillas a Draco.
Draco se dirigió al Vestíbulo. Se subió la mochila al hombro y se pasó la mano por el pelo, dirigiéndose al mismo armario de escobas de antes de la cena. Merlín, eso fue hace treinta minutos ...
—Malfoy.
Se volvió y Granger estaba allí. Ella lo había seguido afuera. Tomó un respiro profundo. Blaise sería insufrible esta noche en la sala común.
—¿Aún estamos... todavía reunidos esta noche? —preguntó. Su rostro y su voz eran tranquilos, pero todavía tartamudeaba sobre sus palabras.
—Sí, por supuesto —La miró fijamente.
—Oh —dijo ella. Pensó que tal vez vio su rostro aliviarse—. Dijiste que me contactarías para una ubicación... Así que no estaba segura... —se calló. Sus ojos estaban muy abiertos.
—Oh, lo siento —Se pasó la mano por el pelo distraídamente—. Sí, la Sala de los Menesteres.
Ella asintió.
—¿Te diriges allí ahora?
No, en realidad, me dirijo al armario de escobas para imaginar que me vengo en tus tetas para poder durar más de cinco minutos dentro de ti.
—Eh, sí.
Ella asintió y se le unió. Excelente.
Caminaron en silencio por un pasillo repleto.
Draco trató de recuperar el control de la situación. Sólo porque ella lo buscó mientras él estaba duro por sus tetas no significaba que no tuviera un plan.
—¿Has pensado en más cosas para agregar a la lista? —Tomó el pergamino con las notas del desayuno de ayer—. Solo tienes sexo en público y sexo en la ducha aquí. ¿Hay algo más que te guste?, ¿o quieras probar?
Ella tuvo la decencia de mirar de un lado a otro del pasillo antes de quitarle el pergamino. Él observó sus ojos revolotear hasta las palabras quiero verte venir antes de sonreír.
—Realmente no lo sé. Supongo que a veces me gustan las cosas inesperadas. Sexo sorpresa, supongo que lo llaman. Hum... —Dejó de lado esa frase y observó la lista—. El sexo matutino estaría genial. Despertar siendo estimulada.
Buscó una pluma en su mochila y se la entregó. Ella la tomó y redujo su ritmo para agregar sexo sorpresa y sexo matutino.
—¿Qué pasa con los lugares?, como la ducha, dijiste —Draco la observó escribir—. Hicimos la biblioteca, pero podríamos hacerlo de nuevo —Ella asintió con la cabeza al pergamino, con las mejillas sonrojadas—. ¿Otros lugares alrededor del castillo?
—Yo... hum. ¿Te gustan las aulas y los pasillos?
Los giró hacia las escaleras.
—Bueno, a ver, si fuera mi lista, tendría "Campo de Quidditch al atardecer" o "Sala común de Slytherin" —dijo—. Sé que no te importa para nada el Quidditch, entonces, ¿hay un lugar para ti, (similar a la biblioteca), en el que hayas pensado "Sí, me encantaría ser follada aquí mismo"?
Ella dejó escapar un pequeño suspiro que se convirtió en una pequeña risa. Disminuyó la velocidad de su ascenso en los escalones y se volvió hacia el muro de piedra para apoyarse mientras escribía algunas cosas en el pergamino. Él sonrió al verla morder su labio inferior entre sus dientes.
Dio unos pasos y miró por encima de su hombro antes de que ella retirara el pergamino. Pudo distinguir El baño de prefectos y El aula de Trelawney.
—¿El aula de Trelawney? —Él intentó tomar el pergamino y ella lo apartó, moviéndose para escribir algo más fuera de su vista—. ¿Por qué?
Ella terminó sus palabras y se volvió hacia él.
—Porque ella realmente tuvo que haberlo visto venir.
Él parpadeó hacia ella, dejando que su broma se asentara contra su piel. Comenzó a subir los escalones nuevamente y él no pudo evitar la amplia sonrisa que se extendía por su rostro.
—Eres un pajarito descarado.
Ella sonrió a su lado cuando llegaron al final de las escaleras.
—Entonces, ¿qué libertinaje ha planeado Draco Malfoy para esta noche? —Jadeaba por los siete tramos de escaleras, él lo sabía, pero el sonido aún le hacía cosas maravillosas a su estómago.
Tomó un respiro tranquilizador, recordando que ella era la que necesitaba excitarse.
—Estaba pensando en pasar aproximadamente una hora en juegos previos y luego probar una o dos de tus posiciones —lo dijo sobre su hombro, como si hablara del clima.
Llegaron al tapiz, y Draco caminó frente a la pared opuesta tres veces, pensando en necesitar sofás cómodos y una cama. La puerta apareció y él la mantuvo abierta para ella. Él notó que sus manos se retorcían a su alrededor cuando ella pasó junto a él. Miró alrededor de la habitación y él le quitó el pergamino de las manos para volver a guardarlo en su mochila. Rápidamente echó un vistazo a su nueva lista de ubicaciones, y debajo del baño de los prefectos y el aula de Trelawney, ella había escrito la sala común de Slytherin.
Realmente necesitaba esa paja.
Metió el pergamino en su mochila y se volvió para encontrarla parada entre los dos sofás. Bueno. Se recordó a sí mismo que esta noche se trataba de descubrir más de lo que le gustaba, y para hacer eso, tendría que estar a cargo hasta que ella llegara.
—¿Debo desnudarte?, ¿o te gustaría hacerlo tú misma? —Él arqueó una ceja hacia ella, manteniendo su voz baja.
Ella se volvió para mirarlo, con los ojos muy abiertos y la boca abierta. Sabía que estaba a punto de acobardarse y desvestirse ella misma, por lo que dijo:
—¿Qué te excitaría más?
Ella parpadeó, cerró la boca y tragó.
—Eh, sí, puedes hacerlo.
Se acercó a ella y, cuando la alcanzó, desabrochó su túnica, la abrió y la dejó sobre el brazo de uno de los sofás. Ella lo observó todo el tiempo, con la lengua asomando para humedecer sus labios.
Esto no iba a funcionar.
Draco tomó una decisión espontánea y la rodeó, de espaldas a ella. Ella quería darse la vuelta para seguirlo, pero sostuvo sus caderas quietas, manteniéndola hacia adelante. Tomó un mechón de cabello de un lado de su cuello y tiró hacia atrás, exponiendo su cuello hacia él. Se inclinó hacia adelante y besó su piel, deslizando sus manos desde sus caderas, hacia su estómago. Sacó su camisa de donde estaba metida.
Ella dejó escapar un pequeño suspiro. Draco le pasó los dientes por el cuello y la mordisqueó ligeramente. Comenzó a desabotonar su camisa desde abajo. Sus manos jalaron de su corbata, aflojándola y luego finalmente tirando sobre su cabeza para arrojarla cerca de su túnica. Se volvió a unir a su cuello, besándola justo debajo de la oreja. Sus manos estaban a mitad de camino sobre su estómago, y él tanteó a través de su camisa abierta para frotar su vientre.
Ella gimió. Mordió su cuello. Jadeó.
Draco dejó que una mano frotara círculos alrededor de su ombligo, y la otra continuó desabrochándole los botones. Sus brazos colgaban inútiles a sus costados, pero de vez en cuando alcanzaba detrás de ellos y agarraba sus caderas, tirando de él contra su trasero.
Terminó de abrir su camisa con las dos manos y se la quitó de los hombros. Ella se encogió de hombros, y él miró hacia abajo por su cuerpo, encontrando que su sostén era blanco nuevamente, pero había encaje en la parte superior. Y si su conocimiento limitado de sostenes era correcto, parecía ser una especie de sostén push-up.
Él le pasó las manos por el estómago, jugando con sus costillas, y entonces finalmente levantó sus senos en sus manos.
—Sí —susurró. Él chupó su hombro, manteniendo sus ojos en sus tetas. Sus tetas cubiertas de encaje.
Pasó las manos en círculos alrededor de ellos, dejando que algunos dedos recorrieran sus picos apuntando a través del sujetador. Ella gimió y se arqueó hacia adelante, estrujando sus manos y presionando su trasero contra su entrepierna. Se aferró a sus caderas detrás de ella, empujando contra él a través de su falda.
Ella movió sus manos, agarrando repentinamente la parte posterior de su cabeza, empujándolo a una posición gloriosa, que tenía la erección de Draco saltando en sus pantalones. Él gimió contra su cuello y ella suspiró. Besó su mandíbula, y ella volvió a moverse contra sus caderas. Él empujó hacia adelante, frotándose contra ella, perdiendo el equilibrio y dando unos pasos hacia adelante.
Ella rio. Finalmente le apretó los pezones. Gimió.
Arrastró sus manos hasta la cintura de su falda, buscando el botón y la cremallera. La abrió y la deslizó por sus caderas e inmediatamente sumergió su mano en sus bragas. Se deslizó a través de ella cuando jadeó, hizo girar la protuberancia que acababa salir a jugar y luego se sumergió para empujar un dedo dentro de ella.
Ella dejó escapar un delicioso ronroneo, sus dedos aún enroscados en su cabello, su culo todavía frotándose contra él. Sin embargo, había algo fuera de lugar. Con las manos en sus bragas. No pudo ubicarlo hasta que volvió a mirar su cuerpo.
Sus bragas. No eran de algodón. Encaje blanco.
Sabía que iban a… Y ella…
Draco dejó caer la cabeza sobre su hombro y le quitó la mano. Sostuvo sus caderas contra él y respiró en su espalda. Necesitaba recordar el plan de la noche.
—¿Malfoy?
Tragó saliva y levantó la cabeza para susurrarle al oído.
—¿Mantienes tus bragas cuando te tocas, amor?
Los músculos debajo de sus manos se tensaron.
—A veces.
—¿Y tú sostén?, ¿lo mantienes puesto?
—A veces —su voz temblaba.
—¿Me mostrarás? —la sintió tragar—. Quiero saber qué te gusta.
Trazó patrones arriba y debajo de su estómago mientras su mente zumbaba. La besó en la mandíbula. Y cuando ella dudó, se apartó, el calor de sus pechos y caderas ya le hacían falta, la giró.
Se estaba mordiendo el labio, mirando a cualquier parte menos a él. El sujetador push-up era casi obsceno, la forma en que juntaba sus tetas, en lo alto de su pecho. El encaje transparente se sumergía justo en la parte superior de sus pezones. Las bragas de encaje combinaban perfectamente, delgadas y apenas allí. La empujó suavemente para sentarse en el sofá detrás de ella.
Rebotó y sus tetas hicieron cosas hermosas sin que ella lo supiera. Se arrodilló frente a ella y le acarició los muslos, de las rodillas hasta las caderas.
—Quiero ver tocarte, Granger.
Sus ojos se fijaron en los de él y los vio hervir.
—Ya sabes cómo tocarme, Malfoy —gruñó ella.
Sonrió y sus párpados revolotearon.
—Entonces enséñame algo nuevo. Ahora, abre bien —Empujó sus rodillas, abriéndolas. Ella apretó los labios. Arqueó una ceja—. ¿O te gustan las piernas cerradas?
Lo miró con el ceño fruncido.
—Me gusta en la oscuridad, sin nadie mirando.
—Bueno, desafortunadamente, eso no está en el menú esta noche —Le sonrió. Frotó sus rodillas, manteniéndolas abiertas y sus ojos se dirigieron hacia su centro cubierto de encaje. Él la observó—. Túmbate —Hizo un puchero y luego se apoyó contra el respaldo del sofá, moviéndose hasta que estuvo cómoda—. ¿Por dónde empiezas cuando estás sola?
Ella lo miró al rostro, sus ojos se posaron en su boca por un instante y Draco resistió el impulso de lamerse los labios. Cerró los ojos.
Levantó una mano de donde estaba apretada contra su muslo y se tocó el cuello. Se frotó lentamente la clavícula hasta el pecho, respiró hondo y se movió hacia el otro lado. Su otra mano se unió a ella y Draco comenzó a mover círculos sobre sus rodillas. Abrió más las piernas y Draco observó cómo el encaje le atravesaba la piel y casi le revelaba sus bonitos labios. Miró hacia arriba y ella se pasó las manos por el pecho, bajando lentamente para rodear sus senos, con los ojos aún cerrados.
Movió círculos alrededor de sus senos, como él acababa de hacer y se alegró de saber que había hecho algo que ya le gustaba.
Ella deslizó sus manos por su estómago, y él observó cómo sus dedos se deslizaban sobre la tela, presionándose contra la humedad y acercando el encaje a su clítoris. Frotó círculos contra sí misma. Hizo movimientos hacia arriba con un dedo, lentamente, luego se movió en círculos rápidos.
Sus ojos la miraban atentamente. La habitación ya empezaba a oler a sexo.
Sus dedos comenzaron a hundirse en la parte superior de sus bragas de encaje, se detuvo.
—¿Realmente vas a sentarte allí mientras hago esto?, ¿tan cerca?
Él levantó la vista y sus ojos todavía estaban cerrados, cerrados. Él respondió besando el interior de su muslo.
—¿No quieres enseñarme, profesora Granger? —Lo intentó y ella apretó los labios para no sonreír.
Se inclinó hacia delante y le dio un beso abierto en su clítoris. Ella se sacudió y aferró su cabello. Le chupó el encaje, sacando la lengua para presionar más fuerte contra el lugar con el que ella jugó hacía un segundo.
—¡Ah! —Presionó sus caderas contra su rostro, cerrando sus piernas sobre él, y él se apartó, abriendo suavemente sus piernas nuevamente.
—Muéstrame cómo te gusta.
Ella gruñó.
—Sabes cómo me gusta —Lo estaba mirando de nuevo—. No puedo hacer esto si te vas a sentar allí.
—¿Dónde quieres que me siente? —Sonrió
—En Brasil.
Se rio de ella. Él se levantó del suelo, mirándola, abierta, goteando y cubierta de encaje.
—Me sentaré en el otro sofá y miraré —dijo—, si me dices lo que estás haciendo.
Parpadeó hacia él, como si eso fuera peor.
Se movió hacia el sofá, a unos cuatro pasos de distancia y se sentó frente a ella, inclinándose hacia adelante con los codos sobre las rodillas.
Ella suspiró. Y cerró los ojos. Comenzó de nuevo en su cuello, moviendo sus manos lentamente por su estómago.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó.
Frunció el ceño.
—Tocándome el estómago.
Pasó los dedos por los pliegues de nuevo, sobre el encaje. Se arremolinó sobre su clítoris.
—Qué estás haciendo ahora.
—¡Estoy tocando mi clítoris! —le gritó.
Rio y cambió su táctica.
—¿En qué estás pensando?
—Cuánto desearía que alguien me estuviera comiendo en lugar de verme masturbarme —siseó. Él sonrió cuando ella comenzó a mover un dedo hacia arriba y hacia abajo nuevamente.
—¿Sí?, ¿quién es él? —Observó mientras ella presionaba más fuerte. Su pecho se movió lentamente mientras respiraba profundamente, y sus caderas comenzaron a rodar para encontrarse con sus dedos.
—Tiene el cabello oscuro y rizado. No lo conoces —Sonrió, con los ojos aún cerrados.
Metió la mano en sus bragas y él observó a través del encaje mientras ella se abría con dos dedos mientras un tercero se movía contra su clítoris.
—¿Cómo te hace sentir?
Ella suspiró—Bien —Su boca se había abierto y su respiración se estaba acelerando. Draco observó sus caderas rodar y no tenía idea de por qué esta chica no podía terminar. Ya estaba a la mitad del camino y habían pasado menos de cinco minutos.
—¿Lo quieres más fuerte? —preguntó.
Su cara se contrajo.
—Ajá —gimió. Vio cómo el dedo contra su clítoris comenzó a presionar más.
—¿Te gusta eso?
—Sí —siseó ella—. Por favor…
—¿Qué hay de más rápido?
Sus dedos se movieron más rápido. Su otra mano se levantó para agarrar sus tetas.
—Dios, sí.
—¿Te gusta eso, cariño?
—Justo así. Sí.
Observó su rostro comenzar a abrirse. Su mandíbula cayó, respirando hondo y sus ojos se cerraron.
—¿Qué le estás haciendo a tu clítoris, amor?
—Estoy… Estoy moviéndolo hacia arriba y abajo.
—¿Eso es todo?
Observó cómo saltaban sus caderas y de repente movió su dedo de manera diferente.
—¿Qué estás haciendo ahora?
—Fig… Figura de ochos.
—¿Cómo se siente?
Su cuello estirado.
—Muy bien. Quiero que seas tú.
Draco tragó saliva. Ya estaba duro y eso lo hizo palmearse los pantalones.
—¿Qué quieres que haga?
—Tócame. Tócame así.
—¿Figuras en ochos? —preguntó—. ¿Te gusta así?
—Sí —jadeó—. Malfoy, sí.
Cerró los ojos y respiró hondo. Cuando los abrió, ella se movía rápidamente, empujando sus caderas contra su mano.
—Más duro —ordenó.
—Sí —siseó ella—. Sí, así. Sí.
Observó sus muslos apretarse y su cabeza echarse hacia atrás. ¿Era esto?, ¿ella iba a ...?
—¿Quieres venir, bebé? —preguntó.
—Ajá. ¡Ajá!
Se puso de pie y se movió para mirarla.
—¿Puedes ir más rápido?
—¡Sí! Sí, puedo —Lo hizo. Se apretó el labio entre los dientes y gimió.
—Soy yo tocándote, amor —dijo. Ella jadeó—. Estoy presionando contra tu clítoris, estás montando mi mano, y eres hermosa.
Sus caderas se sacudieron contra el sofá, y él oyó los muebles arañar el suelo.
—No pares, Granger.
Ella lloró, su cara estrujada.
—No te atrevas a detenerte. Quiero que presiones más. Es mi lengua contra ti ahora.
—¡Oh, dios! ¡Oh, dios! —Movió su pie hasta el borde del sofá, abriéndose más.
—¿Te gusta eso?, ¿te gusta mi lengua?
—Sí. Oh, sí.
Estaba haciendo pequeños gemidos desde el fondo de su garganta, y Draco se dio cuenta de que se estaba acariciando sobre los pantalones.
Él la observó mientras ella cambiaba de dirección dentro de sus bragas. Sus caderas se desaceleraron, y luego volvió a acelerar. Ella tarareó.
Sus caderas comenzaron a moverse rápidamente, bombeando por algo. Su cara se cerró.
Y ella disminuyó la velocidad. Abrió los ojos, frunció el ceño y suspiró.
Él la miró fijamente.
—¿Qué pasó?
—La primera ola no tomó, eso fue lo que sucedió —Retiró la mano de sus bragas.
—¡Qué!, ¿eso es todo?, ¡estabas tan cerca!
—Siempre estoy cerca —se quejó. Comenzó a sentarse.
—No, no —dijo—. Acuéstate. Tómate tu tiempo, Granger —Se arrodilló frente a ella nuevamente, reajustándose—. Todo ocurrió rápidamente. ¡Ahora, date un poco de espacio para crecer! —Le sonrió brillantemente.
Le frunció el ceño.
—¡Malfoy, ve a tu sofá!
Él frunció el ceño. Se puso de pie para caminar de regreso.
—Y quítate la camisa.
Se giró para mirarla.
—¿Mi camisa? —Pero cuando arqueó la ceja, ella se estaba estirando para desabrocharse el sujetador. Sus pechos rebotaron libremente mientras arrojaba el sostén a través de la habitación.
—Sí, a menos que arruine tu "plan maestro" para la noche —Ella le sonrió. Se puso de pie y rápidamente se quitó las bragas, de repente, estaba desnuda. Todavía no había estado completamente desnuda frente a él.
—¿Tu camisa? —incitó y volvió a sentarse en su sofá.
Él apartó los ojos de su cuerpo.
—¿La quieres fuera? —preguntó.
—Claro. Eres "alto y ancho", ¿recuerdas? —Ella le sonrió como si tuviera su propio plan maestro.
Draco se quitó la corbata y comenzó a desabotonarse la camisa. Sintió sus ojos sobre él cuando reveló su piel y se encontró mirando a otro lado.
Estaba en los últimos dos botones sobre su estómago cuando la escuchó decir.
—Más despacio, Malfoy. Dale a la gente lo que quiere.
La miró con el ceño fruncido y ella sonreía ampliamente, recostándose contra el sofá nuevamente, pero con las piernas cruzadas y las manos levantando el cabello de su cuello en un moño desordenado. Sus brazos sobre su cabeza estiraron su cuerpo en una posición gloriosa, irguiendo sus tetas hacia él y separando sus costillas de sus caderas. Se veía perfectamente relajada.
Draco sintió que había pequeños theastrals tratando de escapar de su estómago. Se quitó la camisa de los hombros y se entretuvo doblando muy bien y colocándola sobre el respaldo de su sofá. Se volvió hacia ella y se pasó los dedos por el pelo con nerviosismo. Ella estaba mirando su cuerpo, tocando su cuello.
—Quiero que te vuelvas a tocar —dijo.
Arqueó una ceja y lo miró a los ojos.
—Quiero que te quedes en tu sofá.
Draco supo en ese momento que definitivamente mencionaría juegos de dominación/sumisión para agregar a su lista.
Se sentó y observó cómo ella cruzaba las piernas y movía su cuerpo para que estuviera recostada sobre su sofá. Deseó que se hubiera dejado el cabello suelto, para poder verlo caer sobre los cojines. Dejó caer las piernas y giró la cabeza para mirarlo.
—¿Qué quieres que haga? —preguntó a la ligera. Inocentemente.
Oh, jódete Granger.
Tomó un profundo respiro.
—Comienza en tu cuello.
Se llevó las manos al cuello y los hombros, tocando con suavidad y moviendo círculos alrededor de sus clavículas.
—¿Así?
Tragó. Ella estaba jugando con él.
—Sí. Ahora frota tus manos por tu pecho, entre tus senos.
Ella siguió sus instrucciones, y él la observó mover sus manos en continuas cascadas por su esternón, deteniéndose ante su ombligo y volviendo a su garganta.
—Quiero que corras círculos alrededor de tus tetas, Granger. No toques tus pezones.
Obedientemente, hizo círculos ligeros alrededor de sus senos, y Draco vio como la piel sensible se estiraba y se elevaba hacia el techo. Su pecho se arqueó por un momento, como si estuviera tratando de ponerse cómoda, y Draco levantó la vista para encontrar sus ojos en él.
Sintió el sudor bajar por su cuello.
—¿Qué sigue? —preguntó, sin aliento.
—Oh, no, cariño. Te quedarás allí hasta que estés preparada —Le sonrió y movió sus caderas un poco.
Ella lo atrapó.
—Quítate los pantalones —dijo.
Él parpadeó mientras ella movía sus manos sobre sus tetas, siguiendo sus instrucciones.
—Por favor —dijo ella.
Sus manos se retorcieron donde descansaban sobre sus rodillas.
—Porque no te dejo tocarte los pezones.
—No, por favor —Ella movió sus caderas en el sofá—. Quiero verte —Sus manos se movieron más rápido sobre sus senos, círculos más pequeños—. Quiero mirarte.
Quiero verte venir.
No, esa era mala idea. Sus pantalones y los calzoncillos eran necesarios para mantenerse firme hasta que se mudaran a la cama. La idea de cambiarse a la cama hizo que la sangre corriera hacia el sur, y él la miró y vio que sus ojos se deslizaban desde su rostro, bajando por su torso, hacia la tienda de campaña en sus pantalones, y de regreso.
—Me temo que los pantalones se quedan —dijo. Ella volteó la cara hacia el techo y dejó caer las manos de los senos—. ¿Qué estás haciendo?
—No estoy inspirada —suspiró, una sonrisa tirando de la comisura de sus labios.
Apretó los labios.
—Eres una santurrona, ¿lo sabes, Granger? —Carecía de su desdén habitual.
—Sigue hablando sucio conmigo, Malfoy —le dijo de vuelta, volviendo la cabeza para sonreír.
Frunció el ceño y se puso de pie, las manos yendo a su cinturón. Granger se sentó y acurrucó una pierna debajo de ella.
—Quédate en tu sofá, Granger —siseó, mientras se quitaba los zapatos. Ella sonrió y mantuvo sus ojos en la hebilla de su cinturón. Nunca se había sentido más molesto al quitarse los pantalones.
Sus dedos se movieron rápidamente, haciendo estallar agresivamente sus botones, luego bajando sus pantalones y pateándolos, dejándolo en calzoncillos.
—Los quiero fuera —dijo.
—Los quiero puestos.
Lo fulminó con la mirada, arrastró los ojos por su cuerpo y luego se arrodilló en el sofá, frente a él. Se recostó sobre los talones, las caderas contra el respaldo del sofá.
Se paró frente a ella, con las manos en las caderas, apenas cubierto y la erección temblando al verla.
—Comienza de nuevo, Granger. Manos en tu cuello.
—Está bien, Malfoy. Puedo tomarlo desde aquí —Y sus manos se deslizaron entre sus muslos abiertos.
Él observó cómo sus dedos recogían la humedad de su núcleo y la arrastraba hacia su clítoris, comenzando nuevamente con sus malditas figuras en ocho.
Ella gimió suavemente, y él apartó la mirada de sus manos y la miró a la cara para encontrarla mirando su entrepierna. Lo miró y sonrió. Él la fulminó con la mirada.
—Un día te ataré, te vendaré los ojos y te amordazaré —siseó. No era seductor, era un hecho.
—Divertido —dijo, deslizando un dedo dentro de sí misma—. Estaba pensando lo mismo de ti.
Se concentró en respirar. Y exhalar. Seguía parado frente a ella, con las manos en las caderas. Casi tenía miedo de moverse. La observó meter otro dedo dentro de sí misma.
—¿Te gusta verme masturbándome? —exhaló.
Regresó al día de ayer, cuando ella respondió "No sé" cuando le preguntó si le gustaba hablar sucio. Aparentemente lo hacía.
—Sí —Mantuvo su respuesta simple. Ella sonrió y luego apretó el labio entre los dientes.
—¿Te prende? —preguntó.
—Sí.
Ella asintió, sus ojos brillaban mientras comenzaba a frotar más rápido su clítoris.
—Es por eso que quiero que te quites los calzoncillos y te hagas una paja —suspiró—. Creo que me excitará.
Él tragó saliva y la miró, los dedos mojados desaparecieron en su dulce sexo.
—Parece que ya estás excitado —racionalizó.
Levantó una ceja y se sacó los dedos, apartó sus manos del clítoris y las piernas abiertas. Ella apartó la vista y lanzó un suspiro teatral.
—Pensé que estábamos intentando cosas nuevas. Ver qué funciona y qué no —Se mordió el interior de la mejilla y miró con nostalgia a un lado. Tan melodramática.
—Oh, por el amor de dios, Granger.
Puso los ojos en blanco, dejó caer sus calzoncillos y volvió a sentarse en el sofá, con el miembro erguido. La fulminó con la mirada, se recostó y lo envolvió en su mano.
Sus labios se separaron, y también sus muslos. Ella deslizó sus manos sobre sus piernas, de vuelta a su núcleo, y él cerró los ojos. Se concentró en trazos ligeros y lentos.
La escuchó gemir. Comenzó a contar el número de ventanas en el ala Este de la mansión de memoria.
Llegó a las diecisiete antes de escuchar—Oh, dios.
Comenzó con su ensayo de Transformación que debía entregarse mañana. Terminó con su primer párrafo antes de que ella dijera.
—Por favor, más rápido.
Draco apretó los ojos y se mordió la lengua. Se concentró con todo lo que tenía en mantener un ritmo lento. Él llegaría a esa cama con ella. Él lo haría.
—Malfoy, por favor. ¿Puedes mirarme?
—No, Granger —dijo con voz áspera.
—Pero eso quiero.
—Lo sé, pequeña tóxica... —murmuró varios insultos, ella se rio y el sonido rápidamente se convirtió en un gemido.
La escuchó moverse en el sofá.
—Por favor, ve más rápido, Malfoy. Por favor —rogó.
—Deja de hablar, Granger. Solo tócate —Si solo pudiera volver a acercarla a otra de sus "olas" de nuevo…
—Mm, Sí —jadeó ella—. ¿Quieres saber lo que estoy haciendo ahora?
—No.
—¿Quieres saber cuántos dedos tengo dentro de mí?
Su mano apretó su miembro y respiró hondo. Él sabía que ella se había dado cuenta.
—Granger, si sigues hablando, me vendré, y si me vengo, no podremos probar ninguna de tus posiciones de la lista…
—No me importa, Malfoy, solo quiero que vayas más rápido —Su voz era baja y entrecortada.
Draco se pasó la mano libre por la cara, resistiendo el impulso de chasquear las caderas hacia adelante.
La escuchó moverse nuevamente en el sofá y comenzó a contar la cantidad de libros que tenía que comprar para este año escolar.
Algo le tocó las rodillas y abrió los ojos para encontrar a Hermione Granger arrodillada frente a él, desnuda y lamiéndose los labios.
—¿Qué estás haciendo? ¡VUELVE A TU SOFÁ! —Se sentó hacia adelante, quitando las manos de sus rodillas e ignorando su erección rebotando ante la vista.
—Shh —dijo—. Yo quiero esto —Le pasó las manos por los muslos y sonrió cuando se lo permitió.
Draco se estaba sofocando. Miró brevemente a la cama. La cama donde él quería golpearla desde atrás, o envolver sus piernas alrededor de su cintura y rodar sus caderas contra ella. Regresó sus ojos a Granger, su cabello cayendo de su moño y los dedos envolviendo su erección.
Se lamió los labios y dijo:
—No tienes que hacer esto, Granger. Yo…Yo… —tomó un respiro profundo—. Yo te la chuparé. Acuéstate en la cama y nosotros…
—Querías que dejara de hablar, ¿verdad? —ella sonrió. Y se lo metió a la boca.
Draco pudo sentir a su versión de trece años gritando. La que había aprendido qué era una mamada e inmediatamente pensó lo agradable que sería callar a Hermione Granger así.
Pudo sentir su lengua deslizándose por su longitud. Ella apartó su boca y besó la punta. Besó un costado. Recorrió su lengua por los costados de él. Y su miembro desapareció dentro de su boca, de nuevo.
—Mierda.
Rio y el sonido lo estremeció. Sus manos temblaron, rogando por agarrarla.
Chupó. Él gimió. Ella tomó más antes de metérselo a la boca y chupar de nuevo. Una mano acarició su base.
—Está bien —suspiró—. No tienes que hacer nada más…
Su otra mano acarició sus bolas y él echó la cabeza hacia atrás, contra el sofá. Aparentemente, fue su señal para que se moviera más rápido.
Se pasó las manos por la cara y mantuvo los ojos cerrados.
Ella era ... Ella era bastante buena. Había tenido mamadas antes. De diferentes chicas. Algunas fueron buenas, otras estaban bien. Hermione Granger era absolutamente buena.
Y sabía que, si la observaba, vería que ella era fantástica. Entonces, mantuvo los ojos firmemente cerrados.
Ella lo soltó con un smack*.
—Malfoy.
—Oh, vete a la mierda, Granger —soltó.
Ella lo lamió de arriba abajo otra vez.
—Malfoy.
—No me hagas esto. Merlín...
—Malfoy, quiero que me veas.
—Sé que lo haces, maldita descarada.
Ella rio. Y lo tomó en su boca nuevamente, chupándolo y comenzando a sacudir su cabeza sobre él. Él sintió su lengua debajo de él, y sus mejillas succionándolo.
Era hora de detenerla. Detenla y muévete a la cama. Él podría comérsela por un rato para calmarse, y luego le llevaría las rodillas a los hombros y terminaría dentro de ella.
—Granger —dijo.
Ella tarareó alrededor de su miembro y él bombeó sus caderas hacia arriba, empujando su miembro dentro de su garganta.
Sus ojos se abrieron de golpe.
—Lo siento mucho —jadeó. Ella se apartó de él. Él alcanzó sus hombros para disculparse.
Respiró hondo y se lo volvió a meter, con los ojos en su rostro. La boca de Draco se abrió y no salió ningún sonido. Ella rebotó arriba y abajo sobre él, sus labios delgados alrededor de él, y él notó que sus tetas rebotaban con cada movimiento. Ella lo chupó más fuerte.
—Oh, maldición. Oh, maldición —Agarró su cabeza. Ella movió su mano sobre sus bolas nuevamente, y él sintió la presión acumulándose en ellas.
Ella continuó. Y él la miró. Y su mano se enroscó en su cabello, apenas dejándola moverse hacia atrás para seguir rebotando sobre él.
—Está bien, está bien —susurró—. Vamos... Vamos…
Ella se echó hacia atrás y mantuvo su mano moviéndose rápidamente sobre él, acariciándolo con fuerza y girando a la perfección.
—¿Dónde quieres venirte?
Sus palabras eran extrañas para él.
Luego hizo click.
—Tenemos que parar, Granger.
Su mano se movió más rápido.
—¿En mi boca?
No podía hacer que sus caderas dejaran de bombear con ella.
—¿Mis pechos?
Su mente se movía rápidamente a través de cada lugar de su cuerpo en el que quería dispararlo. Sus tetas y su culo eran sus favoritos actualmente.
—¿En dónde quieres venirte, Malfoy? —Ella disminuyó la velocidad, una mirada traviesa en sus ojos.
Dejó escapar el aire.
—Quiero terminar dentro de ti, zorra estúpida. Entonces, tenemos que parar ahora.
Él la observó mientras ella se mordía el labio, soltaba su erección y se levantaba.
Gracias, Merlín.
Luego colocó las rodillas a cada lado de él y lo agarró por los hombros.
—¿Qué estás haciendo? —Él jadeó.
—¿Dentro de mí? —Sonrió, respirando con dificultad en su rostro.
—Granger, por favor —No podía apartar los ojos de sus tetas, justo frente su cara—. Así no.
—Esto es lo que quiero. ¿Por favor?
Ella lo agarró, lo alineó con su entrada y de repente el calor más hermoso lo presionó, rodeándolo, consumiéndolo.
Estaba jadeando por aire, los sonidos de asfixia salían de su garganta.
Ella suspiró y sus ojos se cerraron.
Sus manos estaban en sus caderas de alguna manera, y ella rodó hacia adelante, tomándolo por completo.
—No voy a durar —dijo, presionando su frente contra su hombro.
—No quiero que lo hagas.
Y ella comenzó a moverse. Sus manos apretaron sus caderas, y sus ojos se cerraron.
Ella movió las caderas, abriendo más los muslos y presionándose más cerca de él. Podía sentir su pecho contra el suyo.
Sus labios contra su cuello, besándolo, lamiendo y chupando como lo acababa de hacer con su miembro. Su miembro que estaba dentro de ella.
—Oh, carajo —gimió y sus caderas saltaron hacia ella.
Ella jadeó. Mordió su cuello. Él bombeó contra ella otra vez.
—Por favor, Draco —le susurró al oído—. Quiero que lo hagas.
Él estrelló sus caderas contra las suyas, presionando para encontrarse con ella. Se movió rápidamente contra ella, presionando hematomas contra los huesos de su cadera. Ella echó la cara hacia atrás para mirarlo. Y finalmente él miró hacia abajo, donde su calor lo estaba absorbiendo mientras golpeaba dentro de ella.
Él se separó con un gemido, bombeando pequeños empujones contra ella, moviendo su cuerpo contra ella. Sus uñas rasguñaron su hombro.
Cerró los ojos. Y contuvo el aliento.
Y se sintió asqueroso.
Se preguntó cuántas veces había visto a alguien terminar antes que ella. Cuántas veces pudo ver a alguien acabar y sonreírle por quitárselo de encima.
Apretó los labios y odió que ella se lo permitiera...
Un beso contra la comisura de su boca, suave.
—Gracias —dijo ella.
Abrió los ojos y la miró. Ella le sonrió. Y besó la otra esquina de su boca, presionando hacia adelante, conectando sus pechos nuevamente para que pudiera sentir sus suaves curvas derritiéndose contra él. De repente se dio cuenta de que todavía estaba dentro de ella, suavizándose, cuando sus paredes lo apretaron.
—Me encantó.
Él parpadeó hacia ella.
—¿Tú...? —Ella no podría haberlo hecho, ¿verdad?
Negó con la cabeza. Y aun así le sonreía.
—Simplemente me gustó verte. Estar contigo.
Y ella presionó sus labios contra los suyos.
Vocabulario y otras anotaciones
*Smack: Lo interpreté como el sonido que se hace al soltar un beso. ¡Smack!
¡Hola! ¡Sorpresa! Sé que les dije que actualizaría el 8, pero ¡sorpresa! es un buen regalo para un domingo...
¿¡Qué tal, qué les pareció!? Hace calor, ¿no?
No olviden darle Follow, porque como hoy, puede que actualice algún día antes del pactado... sólo digo...
Gracias a todas las que han comenzado a seguir la historia y por todo el amor que me dan, ya ven, eso me inspiró a actualizar con mayor rapidez.
*Actualización capítulo 4 de 11: miércoles 8 de julio* -Sí, les dije que actualizaría mínimo una vez por semana, quizá dos si son tan hermosas como hasta ahora-
Besos,
Paola
