Disclaimer: Los personajes y la trama original son propiedad de JKR.

La historia le pertenece a Lovesbitca8 y yo sólo la traduzco con su permiso.

¡Disfrútenla!


N/A: ADVERTENCIA DE CONTENIDO: No voy a fingir que comprendo completamente las diferentes formas en que las personas pueden desencadenarse al leer cosas, pero quiero respetar a esas personas. No hay No-Consensuado en esta historia, pero este capítulo puede contener algunas cosas que pienso son divertidas y juguetonas, pero para otros pueden ser provocaciones. Desplázate hacia el final para ver las notas del autor si deseas saber a qué me refiero antes de leer.


Todos los días, una pequeña muerte

"Every Day, a Little Death"

De Lovesbitca8

Beteado por mi increíble Emily Charls


Un polvo por compasión, eso es lo que ella le había dado.

Gracias, dijo ella.

Gracias por comérmela todas estas veces. Gracias por dedearme en la mesa del desayuno. Gracias por intentarlo.

Un polvo por compasión y una mamada por lástima.

Draco removió sus huevos alrededor de su plato, con la cabeza en la mano.

Quizás todo había terminado entre ellos.

El chico cuyo nombre no podía molestarse en recordar estaba hablando animadamente con Blaise. Se giró hacia Draco.

—¿Qué tema elegiste para tu ensayo de Transformación, Malfoy?

Había elegido el odio a sí mismo.

No lo escribió. Había pasado la noche despierto en su cama, mirando al techo.

—¿Malfoy?

—¡Vete a la mierda, Myers!

Todo el Gran Comedor se quedó en silencio. Recogió sus libros y salió, ignorando las risas de Blaise y sus ojos.

El nuevo profesor de Transformación lo reprendió después de clase, tanto por no completar su tarea como por su lenguaje inapropiado durante el desayuno. Esto fue después de una clase doble con los Gryffindor. Con la mirada de Granger comprobándolo en varias ocasiones.

Puso mala cara en el aula mientras el profesor salía volando, rumbo al almuerzo. Agarró su mochila, se la echó al hombro y salió de la habitación. No tenía más clases durante el resto del día, pero era casi la hora del almuerzo. Ni siquiera tenía hambre…

—Malfoy.

Se giró. Granger estaba de pie junto a la puerta, con los ojos muy abiertos.

—Qué —espetó.

Ella abrió la boca y su expresión se cerró.

—Solo quería ver si necesitabas ayuda con el ensayo de Transformación —dijo, un poco más ágil que antes.

Él se burló de ella.

—No eres mi tutora, Granger. No necesito tu ayuda.

Ella examinó su rostro. Se pasó la mano por el cabello y trató de empujarla. Realmente no podía tratar con ella en este momento.

—Estás enojado —dijo ella.

—No estoy enojado —disparó sobre su hombro, con la intención de salir corriendo hacia los dormitorios y perderse en un libro por la tarde.

—¿Se trata del beso?

Sus pies se detuvieron y se giró para verla, con los brazos cruzados y mordiéndose el labio. Él parpadeó y ella continuó.

—Lo siento. No debería haberte besado —dijo, y se pasó la mano por el cabello, dejándolo despeinado—. Sé que esto es una cuestión de sexo, y aunque nunca hicimos ningún tipo de contrato o límite, no debería haberte besado.

Ella miró hacia otro lado, esperando que él hablara. Parpadeó hacia ella.

—¿El beso?

De todas las cosas que sucedieron anoche, el beso fue la menor de sus preocupaciones.

Lo miró fijamente. Sus ojos se agrandaron, y de repente su mandíbula se cerró.

—Sí. Te besé anoche. ¿Recuerdas? —siseó, entrecerrando sus cálidos ojos—. Lo siento si fue tan insignificante para ti. No volverá a suceder.

Giró sobre sus talones, temblando de ira, y se movió para pasar junto a él en el pasillo. Él la agarró del codo justo antes de que se escapara. La arrastró los dos escalones de la esquina, de vuelta al aula vacía, y la empujó contra la pared de piedra.

—¿Llamas a eso un beso? —Arqueó una ceja hacia ella.

Y luego la besó. Moviendo su boca, agarrando su cintura, animándola a devolverle el beso.

Ella chilló. Y sus manos se aferraron a sus brazos.

Podía hacer esto. Si no podía hacerla llegar, él podría mostrarle lo bueno que era en esto.

Inclinó su cabeza y empujó más allá de sus labios, presionando su lengua con la suya y arrastrando su cuerpo contra él. Sus manos se deslizaron por su cabello, y él gimió en su boca mientras sus dedos trazaban patrones en su cuero cabelludo.

Por supuesto que ella era una besucona malditamente excelente.

La besó hasta que olvidó por qué estaba tan frustrado. Incluso olvidó su polvo por compasión y su mamada por lástima, y lo incompetente que era para mantener su pene para sí mismo.

Ella mordisqueó su labio inferior con sus dientes, y sus manos se movieron por su cintura y redondearon su trasero, acercándola. Sonrió contra sus labios. Él agarró el borde de su falda y la arrastró hasta que sus bragas quedaron expuestas, entonces llenó la palma de su mano con sus perfectas nalgas.

Ella jadeó.

Deslizó su boca desde su mandíbula hasta su cuello. Se estaban formando moretones, ocultos por el maquillaje. Sonrió y puso la boca para hacer más.

La escuchó mientras ella hacía pequeños sonidos entrecortados, su garganta queriendo chasquear los sonidos que él quería hacer. Tiró de su cabello y arrastró su rostro hacia ella, atacando su boca. Le rodeó los hombros con los brazos, los cerró y presionó su pecho contra el de él. Él siguió masajeando su trasero, frotando más y más hasta que estuvo lo suficientemente cerca como para apartar sus bragas y sumergirse en sus pliegues.

Ella estaba ondulando su cuerpo contra el suyo, rodando pequeñas olas desde sus caderas hasta sus hombros.

Deberían parar. Ellos deberían…

Ella mordió su labio de nuevo, más fuerte.

Sí, deberían parar. Era casi la hora del almuerzo. La puerta estaba abierta. Sus compañeros se dirigían al Gran Comedor.

Él deslizó sus manos desde su trasero, dejando que su falda volviera a su lugar. Recuperó su lengua de su boca y mordisqueó sus labios, tirando su cabeza hacia atrás.

—Oh, ese beso. Ahora lo recuerdo —dijo.

Ella le dirigió una mirada que se suponía era fulminante, pero falló con su respiración pesada y sus ojos vidriosos.

Mantuvo sus manos en sus caderas y pensó que podría ser demasiado íntimo, demasiado personal. Y no le importaba.

Deslizó sus manos hacia abajo desde donde estaban envueltas a lo largo de sus hombros, hasta sus codos.

—Entonces, ¿no estás enojado conmigo?, ¿acerca de ayer? —Sus pestañas revolotearon cuando lo miró.

¿Seguía con lo mismo?

—No estoy enojado por el beso —contestó.

—Pero las otras cosas —dijo—. Parece que no te gusta cuando soy asertiva.

Parpadeó.

—¿Qué?

—Cuando busco en tus pantalones sin permiso, o me arrodillo sin que me lo pidas, o incluso que sea yo quien se acerque a ti primero, siguiéndote fuera del Gran Comedor como ayer —explicó—. Te molesta. Te gusta estar a cargo, ¿no?

Esperó con los ojos muy abiertos.

—Yo... Me gusta tener el control. No de ti, de mí.

—Me gusta verte fuera de control —exhaló. Sonrió y volvió a deslizar sus manos sobre sus hombros.

—Sí, lo capté —Draco llevó sus ojos al techo, rogándole a Merlín por paz de esta bruja. La miró a la cara, las mejillas sonrojadas aún, el cabello un poco fuera de lugar—. Me sorprende cuando eres... Asertiva. Es todo.

—¿Esperabas que me acostara boca arriba mientras te abalanzabas sobre mí? —bromeó ella, arqueando una ceja hacia él.

—No, no. Por supuesto que no —contestó—. Yo solo... —Tenía que apartar la mirada—. Me excita. Cuando eres asertivo —Podía sentir el calor subiendo por sus mejillas—. Y luego no puedo concentrarme en ti. Y eso es lo que me frustra.

Pasó un tiempo mirando únicamente a la pared encima de su hombro antes que ella lo acercara por la barbilla.

—Es un maratón, no una carrera, ¿recuerdas? —bromeó.

Él resopló.

La vio mirar por encima del hombro al aula vacía, luego mirarlo de vuelta, con los ojos muy abiertos.

—¿Necesitas ayuda con tu ensayo de Transformación?

La miró fijamente. Entonces se echó a reír. Deja que Granger siempre esté pensando en la tarea.

—No, simplemente no lo escribí.

Se lamió los labios, luego se alisó la ropa y se abrió paso alrededor de él, asegurándose de rozar sus caderas con las de él. Caminó al centro del aula.

Se volvió para mirarla, a punto de hacer algo estúpido, como pedirle acompañarla al Gran Comedor, donde, por supuesto, se separarían para almorzar.

Ella movió su varita y la puerta del aula se cerró.

Sus ojos viajaron de la puerta a ella. Ella se irguió y juntó las manos en la espalda.

—¿Cree que su educación es una broma, Señor Malfoy?

Él parpadeó. Ella arqueó una ceja y alzó la barbilla, mirándolo. Su garganta se secó.

—¿No?

Inclinó la cabeza hacia él y caminó al frente del aula, balanceando las caderas.

—Solía ser un estudiante ejemplar, Señor Malfoy —Se detuvo en el escritorio del profesor y se volvió para mirarlo—. Enérgico, motivado... —Se apretó para sentarse en el borde y cruzó las piernas—. Apasionado.

Se quedó congelado cerca de la puerta. Ese era el escritorio del profesor. Ese solía ser el escritorio de McGonagall.

—Tome asiento, Señor Malfoy —Hizo un gesto hacia el pupitre de la primer fila.

Sintió que sus piernas se movían, y lentamente se dirigió al frente del aula, con los ojos de ella todo el tiempo. Dejó caer su mochila cerca del pupitre y se deslizó sobre la silla.

—Me disculpo... Profesora —la miró con los párpados bajos y observó cómo ella se lamía los labios—. Ha sido un año duro —Se inclinó en su silla, empujando sus caderas hacia ella—. Muy duro.

Ella apretó los labios, y vio la sonrisa con la que estaba luchando.

—Si se niega a completar sus tareas, Señor Malfoy, no tendré más remedio que marcarlo con un "Terrible", "Pobre" en el mejor de los casos.

—No puedo reprobar Transformación, Profesora Granger —Se sentó derecho, sonriéndole—. Seguramente mi desempeño merece un "Aceptable" —suplicó, sintiendo que la sangre bajaba cada vez más mientras jugaban.

—Sabes que no ofrezco crédito extra, Señor Malfoy —Lo miró con fingida lástima, se levantó del escritorio, se movió alrededor y fingió ordenarlo.

—Debe haber algo que pueda hacer —dijo.

Ella sonrió entonces, antes de sacudir rápidamente la cabeza.

—Puede irse, Señor Malfoy —Lo miró—. Tenía tanto potencial.

Él sonrió al escritorio cuando ella miró hacia otro lado, haciendo una mueca. Lo iba a hacer esforzarse para eso, ¿verdad?

Se levantó del escritorio del frente y se acercó al escritorio del profesor.

—Por favor, déjeme entregar el ensayo, Profesora. Por favor, deme una oportunidad —Se lamió los labios, mientras ella lo miraba—. Es la mejor maestra que Hogwarts tiene para ofrecer. Es brillante. Y hermosa...

—Eso es muy inapropiado, Señor Malfoy —Volvió a limpiar el papelerío.

¡Por las bolas de Merlín, Granger! Rodó los ojos, tratando de buscar una forma de aproximarse.

—Pero es la verdad —se quejó—. La mitad de la razón por la que no puedo concentrarme en clase es por usted —Se oyó acercarse a la verdad más de lo que le gustaría—. No puedo dormir. Me quedo despierto por la noche pensando en sus tetas, pensando en sus piernas —Se acercó al escritorio y dejó que sus dedos recorrieran su mano—. Pensando en probarla. Pensando en cogerla sobre este escritorio.

Ella apartó su mano de él, ruborizada en sus mejillas.

—Señor Malfoy. Aunque agradezco su ... apreciación —dijo, parpadeando—. Es sumamente inapropiado…

Maldita sea, era como si no tuviera idea de cómo funcionan estas fantasías. La próxima vez, él sería el profesor. Déjala ser la estudiante entusiasta. Castígala por dar una respuesta incorrecta.

La vio reprenderlo, hablando sobre la ética escolar y el comportamiento de los estudiantes. Cuando terminó, él dijo:

—¿Entonces no hay nada que pueda hacer para mejorar mi calificación?

—No, Señor Malfoy, lo siento —Sacudió la cabeza hacia él.

—¡Maldición, Granger! ¡¿Qué mierda te pasa?!

Ella jadeó.

—¡Profesora Granger para ti!

Puso los ojos en blanco y agarró la parte posterior de su cabeza, arrastrando sus labios hacia los de él. Le chupó el labio inferior, y ella empujó su pecho.

—¡Señor Malfoy! ¿Qué está haciendo?

—Mi trabajo de crédito extra —Le sonrió de lado.

Tenía una mirada de falsa indignación en su rostro.

—¡No ofrezco crédito extra!

—Sí, sí, lo escuché.

Ahuecó sus mejillas y atrajo sus labios a los suyos nuevamente, presionándole besos calientes con la boca abierta. Alcanzó sus caderas, arrastrando su cuerpo alrededor de la esquina del escritorio del profesor, para pararse frente a ella.

Ella apartó su boca de la de él.

—Esto es absurdo. ¡Podría hacer que te expulsen por esto!

Él movió su boca por su mandíbula hasta su oreja.

—No haga eso, Profesora. Puedo ser mejor. Por favor, enséñeme —Mordió su oreja y dejó que su lengua se deslizara sobre ella.

Ella apretó sus hombros y un gemido bajo retumbó en su garganta.

Draco la agarró por la cintura, la levantó y sentó en el borde del escritorio. Él separó sus rodillas y se interpuso entre ellas. Comenzó a desabrochar los botones de su blusa.

—Señor Malfoy…

—Por favor, Profesora Granger. Déjeme mostrarle lo buen estudiante que puedo ser.

—Las calificaciones son finales, Señor Malfoy…

Hizo caso omiso de su tarea de quitarle la camisa y se dejó caer de rodillas. Frotó sus manos en ambos muslos y la miró.

—¿Quiere ver lo que he aprendido hasta ahora? —Le sonrió de lado. Ella se mordió el labio entre los dientes de una manera muy ajena a la Profesora Granger, y Draco le levantó la falda y presionó la boca contra sus bragas.

—¡Oh! —Sus manos se enrollaron en su cabello.

La lamió, chupando la tela de sus bragas. No era algodón.

Él agarró el elástico y tiró, sorprendido cuando ella levantó las caderas para ayudarlo a quitárselas. Lamió, chupó y la besó durante diez minutos. Estaba montando su rostro hacia el final, y ella gimió cuando él se apartó y se puso de pie.

Estaba recostada sobre una mano. Su sujetador se asomó a través de su camisa desde donde lo había abandonado al desabrochárselo, y su rostro estaba sonrojado.

—Profesora, ¿tiene alguna nota? —preguntó, sonriéndole.

Ella le envió una mirada exasperada antes de envolver sus brazos alrededor de su cuello y besarlo.

Se congeló, saboreándola todavía en su boca cuando su lengua lo barrió. A ella no parecía importarle. Él se acercó, moviendo las manos hacia su espalda, y ella envolvió sus piernas alrededor de sus caderas.

Todo el cuerpo de Draco se sentía como si hubiera estado en llamas. Decidió empujar más lejos.

Apartó la boca de ella y la miró a los ojos mientras buscaba la hebilla del cinturón. Sus pupilas estaban completamente abiertas, y ella respiró aire caliente en su rostro.

Él dejó caer sus pantalones, mirando para ver si ella tenía una opinión al respecto. Ella mordió el labio entre sus dientes y sonrió.

Draco tragó saliva. Se arrastró fuera de sus calzoncillos y la rodeó, limpiando el espacio en el escritorio detrás de ella. Ella besó su cuello una vez.

Puso sus manos sobre sus costillas y la guio para que se recostara. Mantuvo sus ojos en él.

La agarró por las caderas y las levantó hasta que estuvieron al borde del escritorio. Ella apretó sus muslos alrededor de él.

La miró desde donde estaba, listo para entrar en ella.

—Quiero ese "Sobresaliente", Profesora.

—Tendrás que ganarlo.

Sus ojos se clavaron en los suyos. Se colocó contra ella y la observó retorcerse. Empujó dentro y encontró ese calor dulce y ardiente de la noche anterior. Ella tarareó.

Él gimió y se apartó para volver a entrar en ella. Sintió sus talones clavándose en su espalda baja, donde estaban envueltos. Comenzando un ritmo lento entre ellos, agarró sus caderas, sosteniendo su cuerpo inmóvil aun cuando ella apretó sus piernas alrededor de él.

Hipnotizado al observar la forma en que se deslizaba dentro de ella, finalmente apartó sus ojos cuando sus manos se movieron desde el borde del escritorio hasta sus muñecas, clavando sus uñas en su piel.

—Más duro.

Él la miró, su cabello extendido sobre el escritorio y su pecho agitado.

—Sí, Profesora —dijo. Ella sonrió. Él tiró de sus caderas, golpeándola contra él y su sonrisa se convirtió en una boca abierta, buscando aire.

Hizo todo lo posible para mantener su ritmo lento y uniforme, pero sacudió sus caderas para encontrarse con las suyas, golpeando su piel.

Cuando se dio cuenta de que estaba esperando sus próximas instrucciones, lo miró furiosa.

—Más rápido, Señor Malfoy.

—Sí, Profesora.

Él alcanzó debajo de ella, levantando su espalda del escritorio con ambas manos, y arrastró sus caderas contra las de él, apretando su pelvis contra la de él a un ritmo más rápido.

Ella gemía a cada empuje. Sus manos se cerraron de golpe para agarrar los bordes del escritorio.

Estaba paralizado mirando su rostro. Ella tenía la cabeza inclinada hacia atrás, la mandíbula hacia el techo, cerraba los ojos y respiraba hondo. Ella abría los ojos y lo miraba. Giraba la cabeza hacia un lado y gritaba palabras alentadoras como "Sí" y "Tan rico".

Entendió cómo muchachos como Theo pensaban que ella se había venido. Era increíblemente receptiva.

Su ritmo trastabilló y sus caderas se deslizaron por sus manos cuando un pensamiento como un cuchillo dentado se deslizó en su mente.

¿Estaba haciendo un espectáculo para él? ¿Ahora mismo?

Mientras la recolocaba, ella se pasó los dedos por el cabello, la cabeza colgando hacia un lado, los ojos cerrados y susurrando:

—Mm, sí.

No lo haría. Parpadeó cuando ella abrió los ojos y encontró los suyos, esperando que comenzara de nuevo. Su pecho estaba agitado y su rostro rosado.

Draco volvió a colocar sus caderas sobre el escritorio y movió su brazo izquierdo, girándolo debajo de su muslo, forzando su rodilla sobre su codo. Sus ojos brillaban cuando él se hundió en ella, moviéndose para inclinarse hacia adelante sobre el escritorio, las manos al lado de sus costillas.

El ángulo sacó gemidos de los dos.

—¿Cómo está eso, Profesora? —preguntó.

—Sí, Señor Malfoy. Por favor.

—"Por favor", ¿qué?

Desde esta posición, él se cernía sobre ella, mirando su sujetador apretarse sobre sus tetas.

Ella gruñó y rodó las caderas, no queriendo decirlo. Para su crédito, logró no meterse en ella.

—¿Cuál es mi tarea, Profesora? —Le sonrió.

Ella lo miró y dijo:

—Me debe un ensayo de Transformación, Señor Malfoy. Y diría que me debe líneas sobre la importancia de entregar sus tareas a tiempo…

Alcanzó la pierna que no estaba actualmente en su hombro, y la levantó, presionando a su lado.

Ella suspiró.

—¿Nada más que pueda hacer, Profesora? ¿En este momento en particular?

Ella resopló y volvió sus ojos al techo, y con aire despreocupado:

—Supongo que podrías golpearme en mi escritorio durante la próxima media hora más o menos.

Su rostro se dividió en una sonrisa deliciosa y se echó a reír.

—Cualquier cosa por mis notas, Profesora.

Él comenzó un ritmo duro contra ella, y sus manos agarraron sus bíceps, cerrando los ojos y abriendo la boca.

Estaba decidido a asegurarse de que ella no pudiera fingir nada de lo que estaba sintiendo.

Sacudió el escritorio con cada empuje, agradecido por su piel suave en los huesos de sus caderas mientras sus muslos golpeaban el costado del escritorio.

Fue una buena idea dejar la mayor parte de su ropa puesta. Incluso mientras veía sus tetas rebotar debajo de su camisa, sabía que, si se las mostraba, perdería muy pronto.

Como impulsada por sus pensamientos, sus manos dejaron su lugar en sus brazos para deslizarse por su estómago y amasar sus senos. Draco cerró los ojos e inclinó la cabeza hacia abajo para poder ver dónde estaban unidos, con la falda levantada sobre su estómago. Fuera de la esquina de su visión, vio que sus dedos terminaban los botones de su camisa y comenzaban a arrastrar sus pulgares sobre su sostén.

Un pequeño suspiro. Él desaceleró el paso y movió el brazo que no estaba enganchado debajo de su rodilla para alcanzar donde se deslizó dentro de ella. Encontró su clítoris y comenzó un ritmo que coincidía con sus empujes. Ella echó la cabeza hacia atrás y gimió, arqueando el pecho hacia el techo.

—Oh, Draco.

Se movió más rápido, sintiendo su piel pincharse de todas las maneras correctas. Había comenzado a mirar su rostro y su pecho nuevamente, así que cerró los ojos, manteniendo su ritmo por ella.

—Sí —jadeó.

La sintió moverse debajo de él, desplazándose, y luego una mano sobre su cuello. Abrió los ojos para encontrarla apoyada sobre un codo, alcanzándolo con el otro brazo. Ella arrastró su rostro hacia el de ella y lo besó. Curvó su columna vertebral y envió escalofríos por sus brazos.

Ella respiró pesadamente en su boca, y él presionó más fuerte su clítoris. Empujó su lengua contra la de él y gimió.

Ella no estaba fingiendo esto. Estaba seguro.

Ella estaba chupando su labio y moviendo su boca contra la de él, levantando su pelvis para encontrarse con él.

Él chasqueó las caderas, empujando más rápido, y ella gritó en su boca. Envolvió ambos brazos alrededor de sus hombros y... ¿cómo era ella tan flexible?, acercó sus pechos y sus bocas más calientes y sus dedos se movieron por su cabello.

Esto era…

Él estaba…

Casi allí.

Frotó frenéticamente su clítoris, sin delicadeza, sin habilidad. Ella gemía en cada empuje y él se tragaba los sonidos.

Esto fue un error. Se iba a venir. Ella estaba gimiendo, bombeando y besándolo como si fuera a hacerlo también, pero no pronto. Apartó su rostro del de ella y vio que sus ojos lo seguían. Completamente en el momento. Todavía sin perderse.

Ella sonrió y se inclinó para besarlo nuevamente.

Ese fue el problema. Su jodida boca deliciosa y sus tetas rebotando y sus manos en su cabello…

Él se apartó de su clítoris, con la mano yendo a su cadera, y se esforzó para quitarle el brazo por debajo de la rodilla. Sus labios dejaron los de él cuando se apartó de ella, dejando caer sus piernas. La levantó del escritorio sobre sus pies desequilibrados y le dio la vuelta.

Le levantó la falda y le abrió las piernas. Cayó hacia adelante y se detuvo con las manos sobre el escritorio. Ella rio.

Se guio dentro de ella desde esta posición, su calor húmedo tomó cada centímetro mientras se ajustaban. Ella dejó escapar un suspiro tembloroso.

Su camisa todavía estaba puesta desde este ángulo. Su rostro no estaba enrojecido y sudando desde este ángulo. Sus labios no estaban frente a él desde este ángulo.

Comenzó de nuevo con su ritmo.

Podía mirar su culo desde este ángulo y verse desaparecer por dentro.

Amaba este ángulo.

Y ella también.

Él agarró sus caderas y tiró de ella hacia atrás para encontrarse con él en cada empuje, y deben haber encontrado un gran ángulo para su punto G porque ella boqueaba cada vez que la llenaba.

Esto fue mucho mejor para él. Sin manos inquietas ni labios suaves ni senos perfectos.

Ella se inclinó hacia delante, dejando que su peso descansara sobre sus codos. Se echó el pelo por encima del hombro y se volvió para mirarlo a los ojos.

Bueno, a la mierda.

Él parpadeó, tragando saliva. Y sus caderas se estrellaron contra ella, una y otra vez. Observó sus ojos rodar hacia atrás, su labio apretado entre sus dientes, su boca gimiendo. Y mantuvo la cara vuelta hacia él, mirándolo cuando sus ojos no estaban cerrados.

Él extendió la mano y la agarró del pelo, retorciendo la mano en sus rizos, guiándole el rostro hacia adelante y la sostuvo allí. Arqueando su pecho hacia el escritorio, ella gimió:

—Oh, maldición.

Algo cambió en sus caderas. Comenzó a moverse contra él sin la ayuda de su mano sobre sus caderas. Cada empuje, pequeños sonidos salían de su garganta, como burbujas.

Mientras su mano apretaba su cabello y sus caderas golpeaban contra sí, él usó su mano libre para alcanzar y encontrar su clítoris nuevamente.

—¡Sí! —Ella jadeó—. ¡Sí, gracias!

Era difícil mantener un ritmo mientras sus caderas empujaban hacia atrás, así que él presionó sus dedos contra ella, dejándolos deslizarse mientras ella se movía.

—Por favor, oh dios —tartamudeó pequeños gemidos en staccato*—. Más rápido, Draco.

Todavía no podía superar cómo sonaba su nombre en sus labios, dándole la energía para ir más rápido, empujar más fuerte.

Se sentía acumularse de nuevo, su puño se apretó alrededor de su cabello.

—No pares. No pares —gimió.

Necesitaba reducir la velocidad. Encontrar otro ángulo. Tocar su clítoris por un tiempo.

—No te detengas.

Resopló el aire en sus pulmones, y bombeó dentro de ella, perdiendo su ritmo, pero asegurándose de golpear el mismo lugar cada vez.

Se iba a venir.

—Sí, por favor. No te detengas.

Un sonido estrangulado abandonó su garganta y él soltó su cabello, moviendo ambas manos hacia sus caderas. Lo estaba perdiendo. La abofeteó de nuevo contra él, golpeando y jadeando, y viéndose a sí mismo embestirla.

Él alcanzó su punto máximo, y se inclinó hacia adelante, con las manos sobre las de ella en el escritorio, el pecho contra su espalda, terminando y empujando y gimiendo en su cabello hasta que su última gota estuvo dentro.

Cuando él levantó la cabeza, ella estaba temblando debajo de él.

—¡Mierda! —Dejó caer la cabeza sobre su hombro otra vez.

—Eso fue increíble —dijo ella.

Él gimió en su cabello, presionando su rostro contra sus rizos, queriendo dormir contra ellos.

Se estaba ablandando dentro de ella, y no se había venido.

Los puso de pie sobre sus piernas inestables, envolvió ambos brazos alrededor de su cintura y se dio la vuelta, aún dentro de ella. Se recostó en el escritorio, sentándola en su regazo. La sostuvo contra su pecho, mientras su mano derecha alcanzaba su clítoris.

Sus caderas se sacudieron.

Sus piernas se tensaron, tratando de empujarla nuevamente, la sangre dejando su erección. Ella jadeó. Él frotó su clítoris, ochos, círculos pequeños. El brazo que sostenía su torso contra él se deslizó hacia arriba, presionando su mano contra su pecho.

Ella gimió y echó la cabeza hacia atrás sobre su hombro. Pegó los labios a su cuello y rodó la pelvis contra ella, tratando de darle algo con lo que trabajar.

Ella giró la cabeza y lo besó. Él dejó que su lengua se deslizara contra ella mientras sus dedos frotaban y arrancaban diferentes partes de ella. Ella se movió en su regazo, deslizando su miembro dentro, buscando la longitud y la fuerza que él no podía darle.

Ella tiró de su labio entre los dientes mientras se apoyaba contra sus caderas, apretándolo. Él hizo una mueca.

—Duele —dijo, mirando su rostro. Un hecho, no una pregunta.

Él negó con la cabeza y la besó con firmeza, frotando más rápido su clítoris y agarrando con fuerza su pecho, presionando sus caderas contra ella. Él cerró los ojos y se concentró en su respiración mientras intentaba bombear lo que le quedaba.

—Draco, no…

La besó de nuevo, cambiando a su otro pecho.

—Está bien —murmuró contra sus labios—. Solo tócame.

Él se apartó de ella y la besó, frotando círculos en su cuerpo. Le llevó unos minutos darse cuenta de que su ritmo era lento y lánguido, y que ella había dejado de retorcerse.

Se apartó y ella le dirigió una sonrisa borrosa.

—Todo esto estará en el examen final —dijo.


Se retiró a los dormitorios de Slytherin para tomar una ducha y una larga siesta. Ella pasó a toda velocidad por el Gran Comedor por un bocado rápido antes de dirigirse a sus clases de la tarde. Cada vez que recordaba que ella estaba caminando por los pasillos o sentada en sus clases con su corrida dentro, se estremecía, con una sonrisa en los labios.

Le había preguntado sobre protección, asegurándose de que ella estuviera tomando una poción o algo así. Ella le aseguró que estaba tomando medicinas Muggles y mágicas.

Terminó su ensayo de Transformación justo antes de la cena, encontrándose mucho más "inspirado". Lo llevó a la oficina del profesor y se dirigió al Gran Comedor.

La vio en la cena, sonriendo con sus amigos. Intentó no darse cuenta de los tipos que hablaban con ella, o la hacían reír.

Pero sí planeaba borrar esa sonrisa presumida de la estúpida cara de Seamus Finnigan.

—Estás de mejor humor esta noche, Draco —Blaise se acercó a él—. ¿Verás a la Ravenclaw pronto?

Vio a Granger levantarse de la mesa, moviendo todos sus libros en su mochila.

—No, en realidad —dijo—. Me he estado cogiendo a Hermione Granger —Miró a Blaise cuando a Mumbledon se le salió la sopa por la nariz—. Y tienes razón. Es un polvo fantástico.

Los ojos de Blaise brillaron cuando Draco se levantó de la mesa y la siguió al pasillo.

Se volvió cuando oyó que la puerta se abría de nuevo. Ella levantó las cejas.

—No puedes simplemente ... seguirme fuera del Gran Comedor. ¿Qué pensará la gente? —Ella reprimió una sonrisa.

—Le acabo de decir a Blaise que estamos cogiendo —Las palabras salieron de su boca. No sabía lo que quería que ella dijera.

Tampoco ella.

—Ah, vale —Parpadeó hacia él—. Hum, me dirigía a la biblioteca, pero... —Dejó que su frase se perdiera, rogándole que terminara por ella.

Su corazón latía rápido, con ganas de decirle a Blaise que era un "momento" o algo así.

—¿Notaste que la pobre de Trelawney ha estado enferma? —dijo. Ella le frunció el ceño—. Escuché que estuvo escondida en su dormitorio todo el día. Las clases canceladas.

Lo miró hasta que sus cejas se alzaron y su boca se abrió.

La acompañó hasta el séptimo piso de la Torre Norte, subieron por la trampilla y entraron al aula de Adivinación.

Ella se sentó en la silla de Trelawney mientras él se la comía, y luego se la cogió encima de los cojines utilizados para la clase. La almohada de felpa que usualmente sostenía el respaldo en la silla de Trelawney era el levantamiento perfecto para sus caderas mientras se recostaba sobre su espalda con él arrodillado ante ella, embistiéndola.


N/A: ADVERTENCIA de contenido: Este capítulo contiene juegos de rol sexual para una relación estudiante-maestra. La lucha de poder no es abierta (en mi opinión) y la escena es juguetona. No pretende implicar a un estudiante menor de edad con un maestro adulto.


Vocabulario y otras anotaciones

*Staccato: En notación musical es un signo de articulación que indica que la nota se acorta respecto de su valor original y va separada de la nota que viene a continuación por un silencio. /Así que se entiende como pequeños jadeos sonoros.


¿¡Qué tal, qué les pareció!? Hace calor, ¿no?

Gracias a todas ustedes que le han dado tanto amor a la traducción, les envío un gran abrazo. Así como recordarles que sus reviews los leo y los contesto por inbox. Y cada fav y follow son una lucecita en mi corazón.

Especialmente gracias a Kaary Alex Maslow por tus comentarios, los tomé mucho en cuenta.

Próxima actualización: 15 de julio (No olvides darle en "Seguir" para ser la primera en leerlo).

Besos,

Paola