Disclaimer: Los personajes y la trama original son propiedad de JKR.

La historia le pertenece a Lovesbitca8 y yo sólo la traduzco con su permiso.

¡Disfrútenla!


Todos los días, una pequeña muerte

"Every Day, a Little Death"

De Lovesbitca8

Beteado por mi increíble Emily Charls


—Uf, sí. ¡Draco, por favor!

Tenía una relación de amor-odio con la forma en que ella decía "Draco, por favor".

Por un lado, escucharla llamándolo (rogándole), enviaba toques de electricidad que lo recorrían. Le enorgullecía saber que estaba pensando en él. Su cerebro no estaba vagando hacia su hombre de fantasía.

La agarró por el hombro, haciendo palanca con su otra mano sobre su cadera, y tiró de ella hacia su erección con más fuerza de la que ella podía frotar contra él.

—Oh, mierda. ¡Sí! —gimió. Los huesos de su cadera golpearon su trasero.

Por otro lado, el "por favor" implicaba que había algo que solo él podía darle. Que él podía hacerla venir, y ella solo le estaba pidiendo cortésmente que lo hiciera.

Lo cual no había sido el caso hasta ahora.

—Oh, dios…

Estaban en la Sala de los Menesteres el jueves por la noche, después de la cena. Ella estaba apoyada sobre sus manos y rodillas en la cama king size, y él estaba arrodillado detrás de ella, eliminando "De perrito" de su lista.

—Draco, por favor…

Ahí estaba de nuevo. Casi rodó los ojos.

Él soltó su hombro y le empujó los codos para que se doblaran. Ella apoyó su peso sobre sus antebrazos, levantando su trasero. Se inclinó sobre ella, con las manos en la cama cerca de la suyas, y comenzó a penetrarla.

Lanzó un grito ahogado e intentó retroceder contra él.

Besó su omóplato y levantó una de sus manos del colchón para poder tocar sus pechos.

Merlín, estaban llenas. Amaba sus tetas.

Extendió la mano sobre su pecho para buscar el otro, y ella soltó una risa entrecortada.

—¿Te gusta eso? —preguntó, tratando de dominarla.

Ella giró la cabeza, con el pelo cayendo en cascada por todas partes, y lo miró.

—Me gusta que te guste.

Draco tragó saliva. Él la empujó hacia atrás, sobre ambas rodillas. Sus labios en su oreja. Sus manos se apresuraron a agarrarle las caderas, temiendo caerse hacia adelante, pero él la mantuvo equilibrada con una mano en su cadera y la otra en el centro de su pecho.

Era difícil encontrar un ritmo desde aquí, pero ella echó la cabeza hacia atrás para recostarse sobre su hombro, con la boca abierta y los ojos cerrados.

Él deslizó su mano desde su cadera, hasta su cintura, sintiendo sus músculos tensarse para mantenerla erguida. Acercó ambas manos a sus pechos y comenzó a amasarlos.

Ella tarareó y la vio sonreír. Besó su mandíbula, succionando la piel allí.

Sus caderas mantuvieron un ritmo superficial, usando su agarre sobre sus tetas para atraerla hacia él.

—Por favor…

Sus dientes arañaron su mandíbula y le pellizcó los pezones. Ella gritó.

Ella giró la cabeza y encontró su boca. Él apretó sus senos mientras ella follaba su boca con su lengua. Apenas podía seguir el ritmo, tratando de concentrarse en sus caderas y su equilibrio. Empujó sus pechos hacia sus manos, inclinando sus caderas hacia él y se aferró a su cuello.

Sus cuerpos encajaban perfectamente. Se preguntó si había algo en la frase "hechos el uno para el otro". Era suave donde él era duro; ella lo encontraba en más de la mitad de todo, cada empuje, cada beso; ella le dijo lo que quería exactamente y él trataba de dárselo.

—Más —dijo ella—. Por favor.

Desenredó sus brazos de su cuello y la acercó a sus codos nuevamente. Sus alegres nalgas se levantaron hacia él.

Nunca había sentido esto con Pansy. Y no con ninguna de las otras chicas. No es que hubiese habido muchas. Quizá cuatro.

La miró mientras ella se quitaba el cabello de la cara y se giraba para mirarlo. Los otros tipos con los que había estado, ¿la habían hecho sentir así?, había estado con una parte justa, ¿no?, ¿todos tuvieron tantas oportunidades?, ¿podría alguno de ellos acercarla tanto?

Agarró sus caderas y se estrelló contra ella. Sostuvo sus ojos mientras ella luchaba contra la necesidad de cerrarlos, rodarlos hacia su cabeza.

—Oh, sí. Más.

Intentó ignorar ese orgullo que siempre se interponía en su camino. Esa astilla de esperanza que apareció, preguntándose si se vendría esta vez. Nunca habían hecho esta posición...

Draco siguió su pedido, continuando tirándola contra él, más fuerte de lo que podía hacerlo ella misma.

Un gemido agudo.

¿Cuántos otros tipos habían escuchado ese gemido?, ¿ninguno?, ¿todos ellos?

Su mano derecha se estiró, encontrando su clítoris.

—¡Oh, dios!, ¡oh, dios! —Su cabeza se retorció en la almohada. Podía sentir sus paredes apretándolo.

No es este, se dijo. Solo es parte del proceso.

Lo había sentido antes. Y ella no se había venido.

Desafortunadamente, entonces y ahora, la sensación de su sexo revoloteando a su alrededor, la vista de sus uñas clavándose en el colchón, los ruidos jadeantes silenciados por las almohadas, todo lo hizo empujar las caderas más rápido, casi hasta el borde.

Respiró hondo e intentó reducir la velocidad, manteniendo la presión rápida y firme sobre su clítoris.

—No te detengas —gimió—. Oh, Draco, por favor.

Draco, por favor.

Presionó moretones sobre su cadera, dedos acalambrados en su clítoris, las caderas chocando contra su trasero, tan profundo como pudo.

Él se vino, brillante como la luz del sol, maldiciendo y jadeando.

Se inclinó sobre ella, una mano apoyándolo, y pequeñas ondas de choque recorriendo su sangre.

—Lo siento —jadeó. La besó en el hombro—. Lo siento, lo siento…

La mano entre sus piernas le apretaba el muslo. Él volvió a su centro.

—Déjame seguir —susurró.

Se giró debajo de él para estar boca arriba.

—Shh —dijo ella—. Está bien.

—No está bien… —comenzó.

—La ola se fue —Le sonrió perezosamente.

Él hizo un puchero y rodó fuera de ella, sobre su espalda.

—¿A qué te refieres cuando hablas de las olas? —preguntó, mirando el techo de la cama con el ceño fruncido.

—No te enfades.

—¡No estoy enfadado! —resopló. Inspiró profundamente—. No estoy enojado —dijo de nuevo—. Simplemente no entiendo por qué me detienes.

Estaba callada. Mantuvo sus ojos en el dosel.

—Es como las olas en el océano.

La miró. Ella arrugó la nariz.

—Bueno, eso suena tonto, pero es lo mejor que tengo —dijo suspirando—. Es como cuanto más se acercan a la orilla, más grandes y más agresivas se vuelven. Y puedo sentir que todo mi cuerpo se tensa y tiembla, y justo cuando se supone que se estrella, justo cuando lo que busco está casi allí...

Levantó los brazos al techo, con los dedos extendidos.

—Nada —dijo—. Es como una pared. Como una... presa... para la metáfora del agua —Dejó caer los brazos—. Entonces, cada vez que digo que puedes parar, es porque ya no pasa nada en mí. Una pared.

Draco parpadeó hacia ella. Entonces, resopló.

Ella giró la cabeza para mirarlo. Su mandíbula se abrió.

—¿Te estás riendo de mí?

Él se rio.

—No —dijo, riendo—. Es solo que ... ¿Tu Patronus no es un castor? ¿y ahora tienes problemas con tu presa?

Se echó a reír con la cabeza hacia atrás.

No es un castor —dijo entre dientes—. ¡Es una nutria!

Esto solo lo hizo reír más fuerte.

—¡La misma cosa!

—¡No lo es! —refunfuñó y se incorporó—. ¡No veo qué es tan gracioso!

—¡Tu problema es tu Patronus, Granger! ¡Tú animal espiritual está bloqueando tu apetito sexual!

—¡Eso es ridículo! —Ella le dio una palmada en el pecho.

—¡Ay!

—¡Además!, ¡estás mezclando tus ecosistemas! Dije océano

—Y luego trajiste la presa que tu castor ha estado construyendo…

—¡Para!

Le torció su pezón.

—¡Auch! ¡Por la barba de Merlín!

Ella se movió para agarrar su otro pezón y él atrapó sus dos muñecas.

—¡Esto no es gracioso! —gruñó mientras luchaba contra él.

Él sujetó sus muñecas a la cama y se subió encima de ella, sonriendo.

—Solo me estoy riendo de la ironía de que tu castor

—¡Nutria!

—Ya no estoy hablando de tu Patronus —Le guiñó un ojo. Ella puso los ojos en blanco—. Tu castor* está teniendo problemas con una presa.

Lo fulminó con la mirada.

—¿Ya terminaste?

Él sonrió, observando su cuerpo debajo del suyo, sus muñecas clavadas en el colchón al lado de sus hombros.

—Muy bien, te escuché, Granger. Las olas se han ido —Movió sus caderas, encontrando una posición más cómoda encima de ella. Bajó la cabeza hacia su cuello. Susurró—. ¿Y no te gusta cuando intento crear mis propias olas?

Besó su cuello, simplemente rozando sus labios sobre la piel. Sus manos se deslizaron desde donde presionaron sus muñecas contra la cama, y encontraron sus palmas, entrelazando sus dedos. Ella respiró hondo y profundo, y él casi podía sentir sus senos rozar su pecho.

—No —dijo ella—. Puedes crear tus propias olas —La escuchó sonreír a través de sus palabras. Chupó su mandíbula—. Justo después... Justo cuando golpeé la pared, se siente extraño. Casi sin sentido.

Sus hombros se movieron, como si hubiera olvidado que él la tenía inmovilizada. Ella curvó sus dedos contra sus nudillos. Lamió y besó hasta su clavícula. Su piel estaba salada de la última media hora.

Justo cuando estaba haciendo un camino hacia su pecho, listo para tomar su pezón en su boca y torturarlo, ella preguntó:

—¿Cuál es tu Patronus?

Él la miró. Sus ojos estaban en el techo.

—Lo sabremos en junio en los ÉXTASIS, supongo.

Sus ojos se posaron en él, y casi se rio por la forma en que su cuello se arrugó en este ángulo.

—¿No has lanzado un Patronus?

Negó con la cabeza, un pequeño movimiento. Ella parpadeó hacia él.

—Oh —fue todo lo que dijo. Volvió la vista hacia el techo, su mente trabajando.

Antes de que ella pudiera pensar demasiado en su incapacidad para conjurar un recuerdo lo suficientemente feliz, besó el área entre sus senos y dijo:

—Quién sabe, Granger. Ahora que tengo la imagen de tus tetas en mi mente...

Atrajo un pezón hacia su boca.

Ella se burló.

—¿Crees que puedes lanzar un Patronus mientras piensas en mis tetas?

La soltó con un pop.

—Me hacen muy feliz —ronroneó.

Ella puso los ojos en blanco hacia el techo, y él presionó su boca contra su otro pecho. Bajando hasta los codos, le soltó las manos y de inmediato se deslizaron por su cabello. Él gimió con su pezón contra su lengua y vio escalofríos recorrerla. Se tomó su tiempo, girando la lengua, chupando, cerrando los labios alrededor de ella, mordiendo la piel intacta debajo de su pecho. Sus dedos trazaron patrones en su cuero cabelludo.

—Son solo senos —dijo, de repente—. Todas las chicas los tienen.

La miró. Todavía miraba el techo, pero un ceño fruncido se afianzaba en sus rasgos, su mente demasiada inquieta.

Se rio ligeramente.

—No como estos —Se movió para que sus manos pudieran llenarse de ellas—. Merlín, ¿has visto estas tetas, Granger?

Ella resopló y dejó caer las manos sobre sus hombros.

—Por supuesto que sí —dijo con tono engreído.

—¿Pero realmente las has visto?

—Los veo todos los días en el espejo, Malfoy —contestó inexpresivamente.

Él sostuvo sus ojos mientras acercaba sus labios a su pezón.

—Chica con suerte —murmuró, luego succionó.

Ella respiró hondo, pero algo en su lenguaje corporal le dijo que habían terminado de hablar sobre sus tetas.

Rodó fuera de ella, recostándose de lado para mirarla y dejando que su brazo izquierdo descansara sobre su estómago. Sus ojos recorrieron su cuerpo y sintió que su miembro volvía a la vida. Sus dedos trazaron patrones en su estómago, girando pequeños círculos alrededor de su ombligo, deslizándose alrededor de sus costillas y sumergiéndose sobre sus senos, todavía picos afilados.

Su cuerpo se relajaba y zumbaba de una vez. Ella cerró los ojos y estiró los brazos pasando la cabeza. No pudo evitar notar que sus piernas se abrían para él, y cada camino que sus dedos trazaban sobre su piel lo acercaban a su núcleo.

Se oyó hacer la pregunta en la que había estado pensando todo el día.

—¿Alguna vez lo has fingido?

Ella sonrió, pero mantuvo los ojos cerrados.

—Con mucha gente. Especialmente si están demasiado entusiasmados por sacarme primero —Le rozó el pecho otra vez, y ella se arqueó ligeramente cuando sus dedos pasaron sin tocarla donde ella quería—. No fue hasta que le conté a Blaise sobre mi... situación... que dejé de preocuparme por eso.

Sus dedos trastabillaron sobre sus costillas. Cambió de dirección.

—¿Por qué le dijiste a Blaise?

Ella suspiró cuando él rodeó su hueso de la cadera.

—Se dio cuenta. Lo fingí con él un par de veces y me descubrió.

Un par de veces.

—¿Cuántas veces se reunieron Blaise y tú? —preguntó.

—No lo sé. Media docena, más o menos.

Draco sintió rechinar los dientes, por lo que relajó la mandíbula.

—Pero nunca has fingido nada conmigo —dijo, casi una pregunta.

Ella abrió los ojos y lo miró.

—¿Te he dado la impresión de que me he venido?

—No, quiero decir, los momentos intermedios —dijo. Pasó los dedos por su vientre—. Los gemidos, los jadeos. ¿Lo has fingido?

—No. No que yo sepa —Ella estaba confundida, y él se sintió tonto por siquiera preguntar—. A veces es bueno "fingir hasta que lo consigues". Un poco de ánimo y un pequeño espectáculo podrían ayudar a excitarme —Arqueó una ceja hacia él—. Pero no he fingido nada contigo para tu beneficio.

Él asintió y miró hacia abajo, hacia donde sus caderas se movían, pequeños movimientos. Pensó en Theo y su afirmación de que ella había "gritado como una banshee".

—¿Fingiste con Theo Nott?

—Estoy segura de que lo hice.

Draco sonrió. Theo estaba tan seguro de que ella se vino.

Le acercó los dedos por el costado, subió por las costillas y le hizo cosquillas por debajo del brazo.

—¿Puedo ver? —preguntó.

—¿Ver qué? —Estaba sin aliento, con los ojos cerrados.

—Verte fingir.

Sus ojos se abrieron de golpe.

—¿Qué?, ¿por qué? —Se incorporó sobre los codos.

Él le sonrió, moviendo su mano para ahuecar su pecho.

—Solo como punto de referencia. Granger, quiero mirar hacia atrás en este momento cuando finalmente te hago venir y decir, "sí, lo real es mucho mejor".

—¿Qué, quieres que lo haga aquí? —ella extendió su brazo, como si hubiera millones de espectadores—. ¿Como "Cuando Harry conoció a Sally"?

Se burló.

—¿Vas a traer a Potter a esto?

Ella rio.

—No, no. Es una película. Ella finge... no importa —Sonrió y dejó que sus pensamientos se desviaran.

—Siempre podría darte algo de inspiración —dijo. Rodó sobre ella, con la rodilla entre sus piernas, sosteniéndose encima.

—¿Estas listo? —preguntó, con los ojos muy abiertos.

—Podría ser —Se encogió de hombros. Una cosa difícil de hacer mientras se sostiene—. La idea de que te retorcieras y grites mi nombre me ha puesto duro de nuevo.

—¿Cómo sabes que soy gritona?, ¿O que diré tu nombre?

—¡Porque lo estás fingiendo conmigo y eso es lo que se supone que debes hacer! —La miró como si estuviera loca—. ¿Qué vas a hacer, gritar "¡Krum!"?

Ella se rio y él la besó. Envolvió sus brazos alrededor de su cuello y lo atrajo hacia sí. Él deslizó su mano por su costado y la besó en el cuello. Ella giró la boca hacia su oído y le susurró:

—Oh, Harry.

—¡Maldición, no! —Draco se apartó y ella se rio—. Esa mierda no es graciosa.

Lo miró al rostro y volvió a reír.

Le frunció el ceño y se movió para poder presionar directamente contra su entrada. Entró en ella rápidamente.

Ella jadeó. Sorprendida, más que nada, porque todavía estaba tan húmeda como había estado quince minutos atrás.

Él gimió sintiéndola a su alrededor otra vez. Ella lo agarró por los brazos y le acercó una pierna a la cadera. Comenzó despacio, sosteniéndose sobre ella, usando sus caderas para marcar el ritmo. Ella lo miró con los labios abiertos y los ojos entrecerrados.

Llevando sus labios a su mandíbula, la besó y succionó, hasta que ella giró la cabeza para besar su boca. Le rodeó los hombros con los brazos y él bajó hasta los codos. Sus uñas arañaron su cabello cuando su lengua invadió su boca. Sus piernas se cerraron detrás de su cintura.

Él se apartó de ella, respirando, tratando de recordar lo que estaban haciendo. Besó su cuello, succionando su oreja. Su aliento era caliente contra su rostro.

—Oh, Viktor. Oooh, sí.

—¿Alguna vez has intentado la asfixia, Granger? Porque estamos a punto de hacerlo si no paras.

Se rio melodiosamente. La puntuó con sus embestidas. Ella jadeó, agarrándolo. Él la observó mientras todo su cuerpo se movía con sus caderas.

Lo miró a los ojos.

—¿Quieres que termine contigo? —preguntó.

Sus caderas se rompieron con fuerza contra las de ella.

—Mierda…

Deseó que esto no fuera falso. Deseaba sentirla a su alrededor y saber que se la había ganado.

—Sí —Se las arregló para dejar salir entre dientes—. Justo antes. Quiero verte.

Él se levantó, sosteniéndose sobre ella con una mano y la otra con la cintura para guiarle las caderas. Observó dónde se conectaban sus cuerpos.

—Mm, oh, dios.

Él levantó la vista. Tenía los ojos cerrados y los labios apretados. ¿Era este el comienzo?

Sus manos subieron y bajaron por sus brazos, sus uñas presionaron ligeramente en el camino hacia abajo. Respiraciones pesadas dejando su pecho.

—Mm, sí —Estiró el cuello e inclinó la cara hacia un lado. Se movió para besarla allí. Ella suspiró cuando él presionó besos calientes con la boca abierta contra ella. Sus piernas cayeron de su cintura, sus pies presionados en el colchón cuando comenzó a empujar hacia atrás.

Cada vez que la llenaba, un gemido salía de sus labios. Mordió su cuello, y ella gimió, agarrando sus caderas.

Draco deslizó aún más las rodillas, y alcanzó debajo de una de sus piernas, llevando la rodilla a sus costillas. Él se meció en ella y juntó sus pechos, sintiendo sus senos sudorosos deslizarse contra él.

Sus manos volvieron a su cabello.

—Draco, por favor...

No se sintió tan condenador esta vez. Ambos sabían que ella iba a fingirlo. Ambos sabían que quería que ella gimiera por él, gritara por él.

Intentó concentrarse en la ilusión. Movió sus labios sobre los de ella. Balanceó sus caderas hacia adelante, un ritmo rápido.

Ella lo besó con fuerza, arrastrando su cabeza hacia la de ella, sin dejar que respiraran. Cuando respiró hondo, fue para murmurar "¡Maldición, sí!" contra su boca.

Él gimió contra ella.

Sus músculos lo apretaron. Casi estalló. Comenzó a tocar cada parte de ella que podía alcanzar, conduciéndola sin ritmo.

—¡Sí, Draco!, ¡sí, allí mismo! —Echó la cabeza hacia atrás con los ojos cerrados.

Se concentró en ella, mirando su rostro. Sus labios entreabiertos y respirando con dificultad. Sus pestañas revoloteando. Lo apretó de nuevo.

—Joder —le siseó. Ella abrió los ojos y se clavaron en los suyos.

—Draco —Movió sus manos hacia sus hombros, clavando sus uñas—. Oh, Draco.

Sabía que su rostro era amplio y abierto, codicioso por ella. Su boca estaba abierta, respirando pesadamente en su rostro. Sus ojos la estaban absorbiendo. Y podía olvidar que no era real.

Se mordió el labio, y pequeños sonidos arrancaron de su garganta en cada empuje. Él dejó caer su pecho sobre el de ella por completo. Él bajó la cabeza y besó su mejilla.

—¡Sí!, ¡sí! —gimió. Le clavó las uñas por la espalda y luego se las metió en el pelo. Sus paredes revolotearon sobre él, y sus piernas lo apretaron—. ¡Draco, sí!

Observó cómo su rostro se retorcía y luego sonrió, respirando profundamente. Ella clavó sus ojos en él.

Él aplastó sus bocas juntas. Golpeó sus caderas contra ella, empujando su lengua dentro de su boca al mismo ritmo. Ella gimió. Ella lo agarró por el culo. Ella se mordió el labio.

—¡Oh, maldición! —susurró. Él terminó dentro de ella, sintiendo cómo lo apretaba. Se bombeó a su calor todo el tiempo que pudo, disminuyendo la velocidad, sacándolo. Ella lo besó.

Cuando terminó, simplemente recostándose sobre ella, disfrutando de su boca, ella se echó hacia atrás.

—Bueno, ¿fue convincente?

Tenía los ojos vidriosos. Le tomó varios segundos a que regresara rápidamente esa culpa familiar.

Se estaban vistiendo cuando finalmente volvió a hablar.

—Ya sabes —comenzó—, en este momento soy casi un experto en orgasmos.

—Oh, de verdad —bromeó ella.

—Sí, he leído muchos libros sobre eso ahora.

Ella sonrió.

—Y algo que dice —dijo—, es que puede sentirse diferente para cada mujer —Se abrochó la hebilla del cinturón—. Puede que no sean todas las explosiones y saltos de acantilados que sienten algunas mujeres —La miró. Ella se estaba abrochando el sujetador—. Puede ser menos.

Se volvió hacia él, buscando su camisa. Hizo una pausa cuando se dio cuenta de que eso era todo lo que él iba a decir.

—Está bien... ¿Qué estás tratando de decir?

—Estoy tratando de decir... —dudó—. ¿Estás segura de que no los tienes? —Hizo un gesto con la mano entre los dos—. ¿Qué pasa con las olas y todo eso?

Ella se sonrojó y miró hacia otro lado.

—Dios, espero que no sea todo lo que tengo que esperar.

—Solo quise decir…

—Sé lo que quisiste decir —dijo, empujando sus brazos a través de su camisa—. Estoy bastante segura de que no estoy teniendo orgasmos, Draco. No hay relajación, ni pico de placer, ni nada de eso. Solo una pared —Forzó a los botones de su camisa a cooperar—. Sin embargo, gracias por afirmar que conoces mi cuerpo mejor que yo.

Él suspiró.

—No lo hice... —La observó hurgando con su falda ahora, varios botones de su blusa todavía sin abrochar, claramente tratando de irse lo más rápido posible—. Solo estoy tratando de…

—Sabes, Ron y yo tuvimos exactamente la misma conversación —dijo, haciendo una mueca mientras se ponía los zapatos—. Divertido.

Un escalofrío le recorrió los brazos. Eso no le gustó en absoluto. Él se acercó, y ella lo miró cuando él extendió la mano y terminó sus botones para ella. Tomó un respiro profundo.

—Lo siento. Nunca he tenido un orgasmo femenino —dijo, sonriendo—, así que no debería asumir que lo sé —Observó cómo se relajaban sus hombros—. Pero las cosas que hace tu cuerpo cuando estás cerca. Es...

Luchó por ponerlo en palabras mientras ella lo miraba. Ella le envió una pequeña sonrisa.

—¿Te convencí demasiado bien?

Parpadeó hacia ella, terminando sus botones y fingiendo suavizar su camisa, solo para poder sostener su cintura.

—Es confuso para mí, eso es todo —dijo.

—También es confuso para mí —Su voz era tranquila.

Levantó los ojos de donde inevitablemente se quedaron atrapados en su pecho, en su cara.

—No debería haberte obligado a hacer eso —dijo—. El fingir. Lo siento.

—No me hiciste hacer nada —Sonrió. Sus manos subieron por sus brazos y lo agarraron por los hombros—. Me gustó.

Ella se puso de puntillas y lo besó. Draco sintió que se derretía contra ella. La empujó contra el poste de la cama e hizo todo lo posible para no deshacer todo el trabajo de vestirla.

—¿Te gustó?, ¿qué fingiera? —susurró en su boca.

—Demasiado.

Ella le sonrió y se presionó contra su cuerpo, besando su mandíbula.

—Me gusta que te guste.

Draco pensó en la forma en que ella se arrodilló frente a él hace dos noches, incluso cuando le rogó que no lo hiciera. La forma en que le gustaba verlo venir, incluso cuando él se contenía.

Ella lo volvería a hacer por él. Fingir, por él. Él se apartó y la miró a los ojos.

—Nunca finjas por mí —dijo. Observó su ceño fruncido.

—…Bueno.

—Solo porque me guste, no significa que quiera que lo finjas —Apartó su cabello desordenado de su rostro—. Me gustará más cuando sea real.

Ella se mordió el labio.

—Si alguna vez es real.

—Lo será —La besó en el cuello—. Apenas estoy empezando contigo, Granger.

Ella se estremeció.

Él le sonrió y se apartó.

—Ya sé lo que haremos mañana por la noche —Fue a recoger el resto de su ropa.

—Mañana es viernes —dijo.

Se volvió hacia ella, un peso cayendo en su estómago.

—¿Tienes planes?

¿Cuándo era su "cita" con Theo?

Ella arqueó las cejas.

—Uh, no ... Pero supuse que tú tenías planes —Se sonrojó—. Es viernes.

Ella claramente pensó que él tenía una vida más emocionante de lo que era en realidad. Bueno, eso estaba muy bien, ya que él pensaba que ella era cursi, una virginal come libros apenas hacía una semana.

—He limpiado mi calendario a favor de tu orgasmo —Se inclinó dramáticamente.

Ella se burló.

—Qué amable de tu parte.

—Nos vemos en el baño de los prefectos a las nueve —dijo.

Sus ojos se volvieron hacia él, y él sonrió cuando se fue.

Blaise todavía estaba despierto cuando regresó a la sala común.

—¿Cómo está la señorita Granger? —preguntó con una sonrisa inclinando sus labios mientras miraba su tarea de Encantamientos.

—Fantástica—contestó Draco, afilado y al grano.

Blaise sonrió. Draco continuó hacia las escaleras.

—Oh —dijo Blaise, deteniéndolo—. No sabía si querías mantener privado este asunto, así que no se lo he dicho a Theo.

Draco frunció el ceño y se volvió hacia él.

—¿Theo?

—Sí, pensé que te dejaría hablar con él —dijo Blaise, escribiendo una nota.

—¿Acerca de qué?

—Todavía tiene la impresión de que tendrá una pequeña cita con ella el sábado.

Sábado. Draco se había quedado sin tiempo. Pero la probabilidad de que Theo le diera lo que quería era tan baja...

Había estado en silencio por mucho tiempo.

—Todavía no veo lo que necesito discutir con él —contestó Draco.

La pluma de Blaise se detuvo. Lo miró y arqueó una ceja.

—Estamos acostándonos, no comprometidos —agregó Draco.

Blaise se burló y dirigió una mirada condescendiente hacia él.

—Draco —lo reprendió.

A Draco no le gustó la mirada que Blaise le dirigió. Como si supiera algo que Draco no sabía. Volvió a las escaleras.

—Buenas noches, Blaise.

—Entonces, ¿no son exclusivos? —llamó después de él. Draco hizo una pausa—. Estás cogiendo a otras chicas y ella es libre de coger con otros tipos.

Draco lo miró de nuevo. Blaise tomó su taza de té y dio un sorbo largo y prolongado.

—Por supuesto —contestó Draco—. Solo estamos experimentando con algunas cosas. Tratando de ver si se vendrá —Su voz era segura y fuerte.

Blaise inclinó la cabeza.

—Ajám —Asintió, apretando los labios—. ¿Entonces no te importará si le doy otra oportunidad? —Tomó otro sorbo de su té, mirando a Draco por encima del borde. Tragó—. O eso arruinará tus... experimentos.

Draco sintió que le picaban las costillas con hielo. Se mordió la lengua para no hablar por un momento.

Theo era una broma. Apenas capaz en el dormitorio, y no es un rival intelectual para ella en absoluto. Pero Blaise...

—En absoluto —Se las arregló. Él arqueó las cejas—. Si ella puede hacer tiempo para ti. La mantendré muy ocupada.

Le sonrió a Blaise.

Blaise le devolvió la sonrisa.

—Estoy seguro que sí.

Draco se giró y voló escaleras arriba hacia los dormitorios.

Draco la observó en el desayuno del viernes, preguntándose si estaría viendo a alguien más.

El imbécil de Finnigan estaba coqueteando con ella, otra vez. Ella se rio cuando él recreó un momento estúpido de principios de semana.

Fue imposible. Había aprovechado cada momento libre que tenía esta semana.

Lo sorprendió mirándolo varias veces, y se sonrojó y sonrió rápidamente antes de apartar la mirada.

—¿Qué vas a hacer con Granger mañana, Theo?

La pregunta de Blaise desvió su atención de ella. Se quedó mirando su desayuno con los oídos atentos.

—Voy a encontrarme con ella en Hogsmeade. Caminaremos de regreso al castillo y encontraré un lugar para perder el tiempo.

Draco tragó saliva. Su té sabía a barro.

—Draco podría conocer algunos puntos —dijo Blaise. Draco levantó la cabeza para mirarlo al otro lado de la mesa—. La ha tenido varias veces —Blaise le guiñó un ojo.

Theo se atragantó con la tostada. Miró a Draco, sentado a su lado, y Draco casi podía ver a Theo alejándose de él.

—¿Estás acostándote con Granger? —preguntó Theo.

Draco fulminó con la mirada a Blaise.

—Solo una o dos veces —contestó. Blaise sonrió.

Theo tomó un sorbo de jugo y dijo:

—Supongo, eh... Puedo cancelar.

Draco lo miró fijamente.

—¿Por qué cancelarías por mí?

Theo abrió la boca y no salió ningún sonido. Blaise tomó un alegre sorbo de té. Los ojos de Mollywaddle se dispararon de un lado a otro entre ellos, como si viera una quaffle.

—Ella es libre de follar a quien quiera —continuó Draco—. No estamos... juntos ni nada de eso.

Theo miró a Blaise, impotente. Blaise puso los ojos en blanco.

—Están siendo ridículos.

Draco se levantó de la mesa y buscó sus pertenencias. Pisoteó y se dirigió a su largo día de clases.

Llegó al baño de los prefectos cinco minutos antes, justo cuando él estaba llenando la bañera. La dejó elegir sus aromas favoritos y elegir el color de las burbujas.

La hizo sentarse en el borde de la bañera, con él en el agua, con las piernas sobre los hombros mientras la devoraba. Cuando finalmente apartó la cabeza de ella, sonriendo y diciendo: "9.5", la levantó en la bañera y la presionó contra el costado. Ella giró sus piernas alrededor de él bajo el agua y él se deslizó dentro de ella con tanta facilidad. Ella le arañó la espalda y tiró de su cabello hasta que la besó, sin preocuparse por saborearse en sus labios. Tuvo que sujetar el costado de la bañera con torpeza para encontrar una manera de empujarla, pero la visión de las burbujas flotando que cubrían sus senos le dio fuerzas.

Todo su plan había sido perder el tiempo un poco en la bañera y luego llevarla a las duchas para su fantasía sexual. Pero se había puesto un poco... distraído.

Él disminuyó la velocidad y salió de ella, incluso con ella diciendo:

—No, no te detengas. No, no, no.

Pero realmente necesitaba dejar de escucharla cuando estaba en este punto. Continuar nunca los había ayudado, especialmente cuando siempre se venía poco después de que se pronunciaban estas palabras.

Los hizo flotar hasta el extremo poco profundo donde había algunos asientos bajo el agua tallados en la bañera. Ella nunca dejó de tocarlo, dejando que sus manos vagaran más y más bajo el agua hasta que tuvo que quitarlas.

La guio hasta el asiento de piedra, alcanzando detrás de ella y encontrando el chorro que sabía que estaba allí. Ella besó su oreja.

Él la colocó de modo que el agua que bombeaba golpeara su espalda baja, y ella ronroneó. Draco se apartó para mirarla. La mitad inferior de su cabello estaba húmeda y jabonosa, mientras que su cuero cabelludo estaba relativamente seco. El asiento bajo el agua la llevó a la altura perfecta para que él se deslizara dentro de ella, lo que ella debe haber asumido que era el plan. Ella extendió sus piernas y jaló las caderas de él hacía sí, envolviendo sus dedos alrededor de su erección. Ella lo bombeó varias veces antes de que él pudiera detenerla, y él gimió cuando su brazo en el borde de la bañera lo sostuvo, inclinándose hacia adelante. Ella besó su pecho, pasando su lengua sobre él, girando su puño a la perfección.

—Espera, espera —susurró. Su puño se movió más rápido—. Oh, carajo.

Ella lo presionó y lo besó, envolviendo su brazo libre alrededor de sus hombros, presionando su resbaladizo pecho contra el de él. Él gimió en su boca.

Su pulgar se movió sobre su cabeza, y él empujó sus caderas hacia adelante.

No, no, no.

—Está bien —dijo, alejando su boca de ella—. Bien, bien —Le apartó la mano de él y ella hizo un mohín—. Date la vuelta.

Abrió mucho los ojos y se lamió los labios. La ayudó a arrodillarse en el asiento y la colocó hasta que el chorro la golpeó justo entre las piernas.

—¡Oh! —Ella agarró la repisa de la bañera.

—¿Cómo se siente? —preguntó.

—Es... Es bueno —Inclinó la cabeza hacia atrás sobre su hombro. Él le pasó las manos por los costados hasta que ahuecaron sus senos. La sacudió varias veces, tirando y girando hasta que ella canturreó.

Se movió hacia su cabello, tratando de humedecer las partes secas. Ella dejó que la inclinara hacia atrás hasta que su cuero cabelludo estaba mojado. Cogió uno de los grifos cercanos y el champú le llenó la mano. Se lo frotó en el pelo, levantando los extremos pesados y masajeando la poción en la parte posterior de su cabeza. Ella gimió, y él trató de ignorar la forma en que su miembro presionó contra su trasero cuando ella comenzó a mover sus caderas.

Él la inclinó hacia atrás otra vez, trabajando para quitarle la espuma del pelo. Aprovechó la oportunidad para abrir más las piernas y acercarse al chorro de agua.

—Oh, dios.

Cogió un grifo de jabón y comenzó a elaborar burbujas contra sus hombros y brazos. Estaba girando lentamente contra la corriente en chorro, y de alguna manera había encontrado la manera perfecta de mover su culo contra su erección. Él enjabonó su pecho, disfrutando la forma en que sus tetas goteaban. Pasó mucho tiempo con ellas, frotando el jabón, haciendo espuma sobre su pecho que la hizo reír y gemir.

Él movió sus manos más abajo, sobre su estómago y ella siseó.

—Sí —Incluso antes de tocarla. Sintió dónde estaba trabajando el chorro contra su clítoris, y agregó sus dedos.

—Oh, dios. Oh, Draco, por favor —Ella dejó caer la cabeza hacia adelante, sus brazos sosteniéndola contra el costado de la bañera.

Él usó ambas manos para frotar grandes círculos entre sus piernas, y de repente se dio cuenta de que la estaba presionando contra él, frotándose contra su trasero.

—Por favor, adentro —dijo ella, leyendo su mente. Él dejó caer un beso en su hombro.

—No aquí. Voy a llevarte a las duchas después.

—No, no —ella sacudió las caderas cuando sus dedos presionaron con fuerza su clítoris—. No puedo esperar. Te quiero adentro.

Deslizó los dedos hacia abajo, pasó el chorro y deslizó dos dentro de ella.

—¿Te gusta esto?

Ella gimió, pero negó con la cabeza. Soltó la pared y se acercó por detrás suyo, agarrando su miembro y moviéndose contra él. Estaba medio adentro antes de poder detenerla.

—Oh, Granger, no —gimió en su hombro.

Ella se rio y comenzó a moverse de arriba abajo. Ella jadeaba cada vez que la corriente en chorro la golpeaba donde quería.

Se quedó allí, impotente mientras ella saltaba sobre él. Su cabello mojado se aferraba a sus hombros, retorciéndole por la espalda y haciéndole cosquillas en el pecho. Agarró el costado de la bañera frente a ellos y le puso la otra mano en las caderas. Sus caderas tenían una mente propia y se movían tan rápido que no creía que ningún empuje suyo pudiera seguir el ritmo.

—¡Si! —gimió. Ella echó la cabeza hacia atrás sobre su hombro—. ¡Sí, por favor!

Él vio su pecho rebotar, su cuerpo girando y sus dedos rascando su brazo mientras ella se montaba sobre él.

Él podía hacer esto. Se quedó muy quieto, dándole el ángulo exacto que ella quería, y cerró los ojos, pensando en otra cosa en lugar de la forma en que sus tetas todavía estaban jabonosas y su cabello olía a lavanda y sexo, y el calor de su boca mientras respiraba. en su mejilla

Podía hacer esto.

No tenía que acabar. Podía sobrevivir a ella. Ella golpearía su pared pronto de todos modos.

Sus músculos lo apretaron cuando jadeos agudos salieron de su garganta.

—Tócame.

Bueno, gracias, Granger.

Sus muslos se tensaron. Él apretó los labios, y la mano en su cadera se deslizó hacia abajo para trabajar su clítoris.

—¡Sí! —jadeó. Ella se inclinó hacia adelante, empujando su espalda hacia él más. Ella no podía trabajar sus caderas tan rápido desde este ángulo—. Draco, necesito... necesito...

Podía hacer esto.

Se inclinó hacia adelante, presionando su pecho contra su espalda, agarró la pared y comenzó a marcar un ritmo rápido contra ella, moviendo los dedos con la misma rapidez sobre su clítoris.

Ella gimió y lo apretó, y si Draco no lo sabía mejor, él diría que eso era todo. Ese fue su orgasmo. Pero él lo sabía mejor.

El agua se movía en rápidos a su alrededor. Él la golpeó, presionándola cada vez más cerca del chorro en la pared que, con suerte, todavía le daba algo de estímulo. Su respiración era irregular y pequeños sonidos la asfixiaban.

Podía hacer esto.

Quería correrse dentro de ella en la ducha.

Entonces, podía hacer esto.

Se le cortó la respiración y sus paredes revolotearon a su alrededor.

Le tomó unos empujes más rápidos darse cuenta de que estaba recuperando el aliento, las caderas lo encontraron a un ritmo menor.

—¿Golpeaste la pared?

Ella asintió.

Él disminuyó la velocidad y se alejó de ella.

—¿Qué estás haciendo? —gimió ella.

La besó en la mandíbula.

—Te dije que después te llevaría a la ducha.

Ella sonrió y dejó que la condujera fuera de la bañera. La metió en las duchas, con burbujas rosadas flotando por todas partes, y después de pasar un tiempo asegurándose de que las olas volvieran a moverse, la empujó, su miembro casi demasiado listo. El agua cayó sobre ellos cuando su piel húmeda golpeó la de ella, levantando su pierna y presionándola contra las baldosas de piedra. Ella retorció sus dedos en su cabello, y nunca dejó que su boca dejara la de ella. Vino con un grito, mucho mejor para aguantar más. Cuando él abrió los ojos, ella lo estaba mirando con los labios abiertos y los ojos brillantes.

Les encontró un par de toallas mullidas y batas mientras ella se limpiaba. Ella dejó la cortina abierta para que él pudiera verla enjabonarse otra vez, esta vez mostrando su trasero mientras el jabón goteaba, redondeando sus mejillas. Se sorprendió mirándolo y se dio cuenta de que ella se estaba deslizando la espuma por la espalda a propósito, mirándolo por encima del hombro.

Una vez que su cabello estuvo envuelto en la parte superior de su cabeza, él preguntó:

—¿Qué crees que se interpuso en la bañera?, ¿había algo en lo que estabas pensando?

Ella tragó saliva.

—Sinceramente, sentí que estaba a punto de suceder —miró hacia otro lado—. Comencé a pensar demasiado, posiblemente. Y una vez que me pregunté cómo sería, fue cuando golpeé la pared.

Ella frunció el ceño ante los azulejos.

—¿Mejor que un "9.5"? —Le sonrió de lado.

Ella frunció el ceño hacia él.

—No seas demasiado engreído. Diría que la mayor parte de esa puntuación pertenece al chorro de agua.

Él rio.

—Creo que necesitamos sacarte de tu cabeza. Tengo algunas ideas —Se quitó la bata y comenzó a buscar entre el montón de ropa.

—Hum… —comenzó—. No podemos encontrarnos mañana, en realidad.

Frunció el ceño ante sus calzoncillos y apretó la mandíbula. Theo, por supuesto.

—Está bien —dijo, poniéndose los calzoncillos y luego los pantalones—. Tengo algo de investigación que hacer por nosotros. Y supongo que tengo algunas tareas que hacer antes de las vacaciones...

—Y, eh... No puedo encontrarme en los próximos días, en realidad.

Sus ojos se posaron en ella. Se estaba poniendo el sujetador, hurgando con el broche.

—¿Por qué? —preguntó antes de poder detenerse. ¿Tenía varias citas en fila? ¿Finnigan? ¿Blaise se coló en su calendario?

—Yo, hum... —Cogió su blusa y luchó por encontrar la parte delantera. Su estómago se apretó, viéndola incómoda con sus citas, los otros tipos que estaba follando, y pensó que podría necesitar encontrarse algunas chicas mientras tanto—. Tengo mi comienzo menstrual mañana, eso es todo.

Él parpadeó hacia ella. Ella se sonrojó.

—Oh —dijo. Se mordió el labio y asintió. Él la miró ceñudo—. ¿Qué hay de Theo?

Ella lo miró fijamente.

—¿Nott?, ¿qué hay de él?

—Te reunirás con él mañana, ¿verdad? —dijo, casi una acusación.

Sus ojos se agrandaron.

—Uh, sí —Se puso la falda—. No sabía que a todos los chicos de Slytherin les gustaba hablar tanto... — Ella apretó los labios—. Se reunirá conmigo en Hogsmeade mañana por la tarde…

—Y entonces tendrán un acostón, lo sé —dijo Draco, más hosco de lo que quiso decir—. Entonces, ¿cómo funciona eso con tu menstruación?

Ella se llevó las manos a las caderas.

—¿Quién dice que estamos teniendo un acostón? —Ella lo fulminó con la mirada.

Él le dirigió una mirada condescendiente.

—Theo.

Observó mientras ella parpadeaba hacia él. Luego sus cejas se relajaron, y respiró hondo, mirando hacia otro lado.

—Oh, ya veo —Se mordió el labio, y él sintió como si le hubieran dado un puñetazo en el estómago—. Supongo que tendré que hacerle saber...

Ella se alejó y tomó su camisa.

—Granger.

—Él solo dijo que me vería en Hogsmeade —dijo, sacudiendo la cabeza—. Pero debería haber asumido…

Se abrochó la camisa mientras pateaba sus zapatos.

—Tal vez me equivoco —dijo Draco—. Tal vez eso no es lo que él…

—No, estoy segura de que tienes toda la razón —Ella se saltó algunos botones—. Fue una tontería de mi parte pensar...

Ella apretó los labios y sacudió la cabeza.

Se quedó quieto y la miró.

—¿Tú quieres tener a una cita con Theo? —Podía sentir su corazón golpearse contra sus costillas.

Ella se encogió de hombros, terminando con su ropa.

—No —dijo a la ligera—. Yo solo... pensé que me lo había preguntado —Agarró sus cosas—. Te avisaré cuando podamos vernos de nuevo —Ella le sonrió, pero tenía los ojos apretados.

Se deslizó por la puerta antes de que él pudiera detenerla.


Vocabulario y otras anotaciones

*Castor/ (Beaver): forma coloquial para referirse a la vagina.


¿¡Qué tal, qué les pareció!? Hace calor, ¿no?. ¿No se les derrite cada vez un poco más el corazón con este hermoso Draco?

Antes que nada, lamento haberme atrasado, pero la vida real y el trabajo real me consumió más tiempo del planeado. Gracias por esperarme, eres increíble.

Gracias a todas ustedes que le han dado tanto amor a la traducción, les envío un gran abrazo. Así como recordarles que sus reviews los leo y los contesto por inbox. Y cada fav y follow son una lucecita en mi corazón.

Próxima actualización 6 de 11: 22 de julio (No olvides darle en "Seguir" para ser la primera en leerlo).

Besos,

Paola