Disclaimer: Los personajes y la trama original son propiedad de JKR.

La historia le pertenece a Lovesbitca8 y yo sólo la traduzco con su permiso.

¡Disfrútenla!


Todos los días, una pequeña muerte

"Every Day, a Little Death"

De Lovesbitca8

Beteado por mi increíble Emily Charls y mi tan paciente y curioso Miguel


—¿Qué es un anillo para el pene?, ¿y deberíamos usar uno?

Granger escupió su té en todo el desayuno, con los ojos muy abiertos y llorosos.

—¿Q-qué? —Se giró hacia él, tosiendo.

—¿Un anillo para el pene? —aportó Draco —. ¿Has escuchado de ellos?

—Sí, he oído hablar de ellos —siseó entre dientes, mirando hacia un lado y otro en la mesa del desayuno. Era martes por la mañana, y los ansiosos de primer año ya se dirigían a clase—. Es... Es un... —El tono rosado que floreció en sus pómulos hizo que la sangre de Draco latiera con fuerza—. Creo que se usa alrededor de la base del pene, inhibiendo el flujo sanguíneo.

—¿Alguna vez has usado uno?

—¿Alguna vez he usado uno?

—Eh, ¿la persona con la que estuviste?

—No, no que yo sepa —Comenzó a limpiar el desastre que había hecho cuando brincó, dando golpecitos al charco de té y mermelada. ¿Por qué se molestaba? Las mesas se limpiaban solas—. ¿Por qué preguntas?

—Pedí uno. Estoy invirtiendo en algunos juguetes, muggles y mágicos, que con suerte ayudarán en nuestros experimentos —dijo, tapando su bote de tinta y ayudándola a guardar.

—Esos... eh, anillos para pene, quiero decir —Se sonrojó de nuevo—, están destinados a ayudar a los hombres. No hay estimulación adicional para la mujer... excepto quizás el diseño raro... —Le miró mientras sus manos cerraban sus libros y guardaban sus pergaminos—. Quiero decir, siéntete libre de probar algo nuevo, pero no veo cómo ayudarían en nuestros... experimentos.

Se levantó y él recogió sus libros de la mesa mientras ella se enderezaba el uniforme.

—Pero uno de nuestros principales problemas es encontrar una manera de durar más —Metió los libros bajo el brazo y balanceó las piernas sobre el banco—. Un anillo para pene podría ser justo lo que necesitamos.

Su ojo tembló mientras pasaban unos chicos de cuarto año. Se volvió hacia él.

—¿"Problemas mayores"? No llamaría a eso uno de nuestros principales problemas —se burló.

Draco se congeló, tensando la piel. ¿Había estado tan insatisfecha?

—¿Qué problemas crees que tenemos?

Ella levantó la vista de donde él tenía sus libros debajo de su brazo, dándole una mirada incrédula.

—El principal problema es que soy incapaz de tener un orgasmo —dijo con impaciencia, y extendió la mano para buscar sus libros.

De las muchas, muchas cosas que le preocupaba que ella dijera, como insatisfacción por su tamaño o forma, o que simplemente no era Ron Weasley después de todas estas semanas, se evaporaron con un suspiro.

—¿Incapaz? —Agitó la mano al aire y se giró para salir del Gran Comedor—. Ese no es el problema en absoluto.

El sonido de sus pies lo siguió por detrás.

—¿No lo es? —Ella se rio entre dientes—. Debo haber perdido todo el punto de estos experimentos.

—Solo necesito encontrar una manera de durar más, llevarte a través de la ola —Se giró para caminar hacia atrás, frente a ella—. Has estado tan cerca. Tal vez solo necesitemos tomarnos un poco más de tiempo. Entonces, cuando estés lista para comenzar de nuevo…

—Estoy lista.

Casi tropezó en las escaleras, enderezándose en el último segundo.

—¿Lo estás?

—Yo... Sí, he terminado con... Sí.

Lo miró mientras su mente repasaba todas las cosas que había estado ansioso por hacerle desde el viernes. Ese sonrojo se extendió por su mandíbula...

—Ahora tengo clase —murmuró ella.

Brincó.

—Sí, por supuesto —Se giró para llevarla escaleras arriba, hacia su clase—. ¿Esta noche?, ¿tal vez?

—Le prometí a Ginny que pasaríamos un tiempo juntas esta noche... —Ella pestañeó mientras él subía. Las escaleras estaban vacías. Iba a llegar tarde a Pociones si la acompañaba hasta el tercer piso, pero no le importaba.

—Está bien —dijo—. Mañana, entonces. Haré un plan. Debería tener algunos suministros para entonces.

Esperaba un paquete mañana en el desayuno.

—¿Suministros? —Sus ojos se entrecerraron.

—Sí, solo algunas cosas que pedí el fin de semana —Sus ojos fijos en las piedras frente a sus pies. Se preguntó qué tan pronto podría la tienda muggle entregar ese anillo para pene. Tendría que coordinarse con Borgin.

Doblaron una esquina y los rezagados de su clase pasaron corriendo.

—Bien —dijo—. Aquí está tu poema —Sacó una carta de su túnica—. No pude llevarla a la lechucería antes del desayuno.

—Oh, gracias —Ella batió sus pestañas y se la quitó, buscando espías sobre su hombro, como si la carta contuviera información secreta. Sus dedos jugaron con el sello de cera, y él tuvo una idea.

Desterrando los nervios, miró por encima de su hombro y encontró el pasillo vacío. Se volvió hacia ella y se acercó. Los libros todavía estaban metidos debajo de un brazo, su otra mano presionada contra la pared cerca de su cabeza. Ella lo miró con los ojos muy abiertos, confundida.

—Quiero que leas ese poema en clase, Granger —dijo en voz baja. Ella parpadeó—. Quiero que despegues ese sello, y mientras Flitwick está hablando de Encantamientos Estimulantes o alguna tontería, quiero que pienses en mí. Imagina mis manos en tus muslos.

Respiró temblorosa.

—Imagina si no fuera a clase ahora mismo, y si aquí mismo, en el pasillo, te levanto la falda y me sumerjo en tus bragas. Si te acaricio hasta que te retuerzas por mí.

Ella se mordió el labio y miró hacia otro lado, hacia su salón de clases.

—Piensa en mí esta mañana, escribiendo a mano este poema para ti, con mi mano izquierda envuelta alrededor de mi polla, pensando en tu boca otra vez. Quiero que busques en el pergamino, ve si puedes encontrar los lugares donde tuve que limpiar mi venida antes de sellarlo y salir corriendo a desayunar.

Con la cabeza apoyada en la pared y los ojos cerrados, él casi la besó. Ahí en público, sin nadie mirando.

Se apartó de la pared, ya extrañando su calor, y le sonrió cuando abrió los ojos. Sosteniendo sus libros, él dijo:

—Que tengas un buen día, Granger.

Ella tomó los libros con dedos temblorosos.

—Gracias —Su voz se quebró. Se aclaró la garganta—. ¿Dónde es tu clase?

Aclaró su mente.

—Uh, Pociones. Mazmorras.

Sus labios se separaron. Estaba a punto de decir algo sobre él llegando tarde a clase. Sobre él tomándose el tiempo para excitarla fuera del salón de Encantamientos, y llevar sus libros y escribirle un poema.

—Te veré mañana —dijo rápidamente—. O, eh... En el almuerzo de hoy —Frunció el ceño—. Y la cena... —Apartó la mirada de ella, sintiendo sus mejillas ardiendo—. Sí, adiós.

Comenzó a bajar las escaleras, preguntándose si podría correr sin parecer que estaba huyendo.


Terminó sus clases de la mañana, terminó el almuerzo, terminó las clases de la tarde. Todo sin detenerse para aliviar algo de su tensión en su armario de escobas. Cuando ella entró al Gran Comedor para cenar, sus ojos se encontraron y se sonrojó, tomó un rollo de pan y regresó a los dormitorios.

Se dio una ducha fría, tratando de cumplir su promesa de tocarse solo una vez ese día. Cuando se secó y regresó a su cama, un pequeño sobre descansaba en su almohada.

Draco

Miró alrededor del dormitorio, tratando de localizar al remitente. Le dio la vuelta, rasgó la abertura y sacó una pequeña tarjeta.

Corredor oeste de las mazmorras

Tercer aula a la derecha

6:45 p.m.

Su garabato limpio no estaba firmado. Draco revisó su reloj: 6:39 PM.

Se quitó la toalla, se puso los pantalones y se colocó un suéter antes de salir corriendo, con el pelo todavía mojado. Varios Slytherin acababan de regresar de la cena, y él los pasó apresuradamente.

El tercer salón de clases a la derecha era un salón sin usar que los Slytherin usaban absolutamente para citas. Se preguntó si ella lo sabía.

Pero también había dicho que estaba ocupada esta noche. Su trote se ralentizó. ¿Qué pasa si algo estaba mal?

Se detuvo al final del corredor oeste.

¿Qué pasa si hay un problema?, ¿y si ella pudiera ver a través de él? Los poemas, llegar tarde a clase, llevando sus libros sin darse cuenta...

Draco respiró hondo. 6:44 PM.

Abrió la puerta lentamente, asomando la cabeza por la esquina. Ella estaba parada en medio de la habitación, saltando cuando la puerta chirrió. Sus dedos jugaban con los extremos de su bufanda, y sus ojos parpadearon por la habitación.

—Lo siento —dijo ella—. Cuando te fuiste a mitad de la cena supuse que estabas libre, pero tal vez te dirigías a algún lado... —se calló.

—No, no —Cerró la puerta detrás de sí—. Acabo de ducharme —Sus ojos se desviaron hacia su cabello mojado, y él se sintió un poco cohibido al respecto. Pasó los dedos por él, revolviéndoselo, preguntándose qué clase de rata ahogada parecía—. ¿Está todo...? ¿Cuál es el problema?

—¿Problema? —preguntó. Parpadeó un par de veces—. No pasa nada. Hum...

Él se relajó.

—Pensé que ibas a pasar tiempo con la pelirroja después de la cena.

—Lo haré. Le dije a las 7:30. Dije que tenía que ir a la biblioteca.

Su sangre se calentó.

—¿Estás...? ¿Te gustaría...?

—Eh, sí, si eso es... Quiero decir, no tenemos que…

—No, no. Solo si tienes tiempo. Odiaría...

—Tiempo. Sí. ¿Si no estás ocupado?

—Estoy libre.

Ella asintió. Él la miró fijamente.

No tenía un plan. No tenía juguetes, ni un escenario, ni una mesa de masaje.

Se mordió el interior de la mejilla. Se pasó la mano por el pelo otra vez. Sus ojos se clavaron en los hilos mojados.

Él dio un paso hacia ella.

—¿Hay algo específico que quieras probar?

—Eh... No. Nada se me viene a la mente —Lo miró mientras él caminaba hacia ella—. ¿Tú?

Se detuvo, parpadeando.

—¿Yo?

—Sí, ¿algo que quieras probar?

En los dos segundos de pausa, las más obscenas secuencias de imágenes atravesaron su mente. Tragó.

—Nop.

Ella asintió y miró a su alrededor. Sin cama, sin sofás. pupitres en una esquina. Se movió lentamente hacia el otro lado de la habitación hasta la pared polvorienta. Él la siguió, lanzando un hechizo de bloqueo en la puerta.

Esperó a que conjurara algo. Una cama, una silla cómoda, incluso un caballito de madera. Ella se volvió y lo miró, recostándose en la pared.

—¿Donde estábamos? —dijo en voz baja, con una pequeña sonrisa.

De esa mañana. Contra la pared exterior de Encantamientos. Dio un paso hacia ella.

—¿Leíste el poema?

—Sí —exhaló.

—¿Durante la clase? —Puso su mano en la pared al lado de su cabeza.

—Sí. Tal como lo indicaste —Su ceja se arqueó. Y rápidamente se dio cuenta de que sí, había algo específico que quería hacer esta noche. Pero no tenía ninguno de los artículos que había comprado, y no habían hablado de límites, y ni siquiera había decidido si quería que lo llamaran "Señor" o "Papi".

Puso su otra mano sobre su cadera y se inclinó, pasando sus labios por su mandíbula.

—¿Y te gustó?, ¿te excitó, Granger?

Sintió que su pecho se expandía contra él.

—Sí.

Él sonrió en su cuello. Recordó que ella solo tenía cuarenta y cinco minutos más o menos antes de que necesitara volver arriba con Ginny Weasley, así que deslizó su mano debajo de su falda como lo prometió y comenzó un patrón lento sobre el encaje de sus bragas.

—¿Realmente te masturbas mientras lo escribes? —exhaló en su oído.

—Sí. Imaginándote leyéndolo.

Ella suspiró contra él.

—Imaginándote moviendo las caderas en medio de la clase o en la mesa del desayuno —continuó.

Sus caderas se movieron, probablemente por accidente. Sus dedos se sumergieron debajo, corriendo a través de ella, ignorando su clítoris y moviéndose dentro. Había extrañado su calor.

—¿Tienes favoritos, Granger? —susurró—. ¿Algún escritor o poeta que te estimule?

Mantuvo sus dedos deslizándose superficialmente, disfrutando de su tensión. Las manos de ella subieron hasta sus codos.

—Yo... En realidad, no —dijo ella—. Supongo que hay algunos versos... No lo sé.

Él se apartó para mirarla sonrojarse.

—Oh, dilo —bromeó.

—No es nada. Ni siquiera recuerdo las líneas —Ella sacudió la cabeza y se recostó contra la pared, inclinando la cabeza hacia atrás.

Él sacó sus dedos y ella resopló.

—Granger.

Puso los ojos en blanco.

—Bien. El primer poema que me enviaste. Me recordó un poco a un soneto de Shakespeare, eso es todo. Es uno que me gusta.

—Shakespeare —repitió.

Ella lo miró.

—Sí. Era un poeta y dramaturgo muggle…

—Sé quién era Shakespeare, Granger —Su turno para poner los ojos en blanco—. Y él no era muggle.

Ella lo fulminó con la mirada.

—Esos son solo rumores, Draco. No borres la historia muggle solo porque los de sangre pura no pueden aceptar que él fuera tan genial como lo fue sin magia.

Sus ojos estaban en llamas. Él volvió a meter los dedos dentro de ella. Sus labios temblaron, pero ella continuó mirándolo.

—Entonces, te gusta el squib de Shakespeare, ¿verdad?

—Él no era un squib —siseó ella. Presionó más adentro.

—Era un squib o un muggle publicado por él. Esas firmas, Granger…

—No hay nada que pruebe ese argumento. Los muggles tienen sus propias teorías sobre quién era realmente. No tiene que ser mágico.

Levantó el pulgar para mover su clítoris.

—Él tampoco tiene que ser muggle —respondió. Ella le apretó los brazos—. ¿Qué soneto?

—No importa —gruñó—. Olvida que dije algo sobre el mejor escritor muggle que jamás haya existido.

—Entonces, eres una gran fanática de Shakespeare —Le sonrió. Ella cerró los ojos.

—Solo cállate y tócame.

Él se rio y se inclinó hacia su oído.

—¿Qué soneto, Granger? —La piel cerca de su oreja se estremeció.

Escuchó su respiración entrecortada.

—Pero no es... Quiero decir, realmente no es un poema sexy. Es solo uno que pensé que era... No lo sé.

Él detuvo el ritmo en su clítoris. Ella gimió.

—¿"He de compararte a un día de verano"? *—Draco le sonrió.

—No ese —suspiró ella—. No te rías de mí, o nunca te lo diré.

Él tiró de sus bragas hacia abajo, desabrochó sus pantalones y enganchó sus manos debajo de sus brazos. Ella jadeó y se movió para aferrarse a sus hombros, sus piernas se envolvieron alrededor de su cintura. La presionó contra la pared, encontrando sus labios y envolviendo un brazo alrededor de su espalda. Gimió en su boca mientras él empujaba sus caderas contra las de ella.

—¿Qué pasa con "El amor no es amor cuando... se altera" o algo así? —le susurró.

—"Que se altera cuando alteración halla" —lo corrigió ella, arañándole la espalda.

—¿Es ese? —Él acercó su mano hacia ella nuevamente, girando círculos alrededor de su clítoris, escuchando los ruidos que salían de su boca, sintiéndola tragar su aliento.

—No, ese no es —Ella le pasó las manos por el pelo.

—¿Cuál es, Granger? —Empujó sus dedos dentro de ella nuevamente, dos de ellos abriéndola, arrastrándola a lo largo de sus lados—. Dime qué te excita.

—Draco —tarareó en su boca—. Ahora, por favor.

—Mmm... ¿Qué pasa con "Cuando mi amor me dice que me ama..." Eh... "La creo, aunque sé que me engaña".

Reemplazó sus dedos con su miembro, posicionándose y esperando.

—Dios, conoces mucho a Shakespeare —siseó entre dientes, rodando las caderas para tentarlo a empujar.

—Por supuesto —se rio entre dientes—. Es mi poeta mestizo favorito.

—Cállate —Acercó su rostro al de ella y lo besó en silencio.

Olvidando su pequeño juego todo junto, él la empujó. Ella gimió y él contuvo el aliento. Merlín, no sabía cuánto extrañaba esto. No había estado dentro de ella desde el viernes. Apenas cuatro días y él iba a estallar.

—Draco. Muévete. Por favor.

Ahora no, zorra.

Agarró su cadera y rodó su cuerpo contra ella. Ella inhaló en su boca, luego comenzó a succionar su piel. Su mandíbula sobre su cuello.

—Más rápido —En su oído. Presionó sus ojos cerrados. Necesitaba ese anillo para pene. Y posiblemente una gran cantidad de pociones.

No podía ir más rápido. Apenas podía moverse. Sus músculos lo exprimieron en la lucha por mantenerse en pie. Ondeando a su alrededor.

—Draco.

Presionó su boca contra su hombro y se concentró en lo frío que estaba el aula. El sabor del polvo en su boca. Él la empujó, las caderas golpeándose contra ella. Sin ritmo Solo una profundidad que le gustaba.

—¡Oh, dios! —Tiró de su cabeza y lo atrajo hacia su boca nuevamente.

Eso fue horrible Odiaba eso. Odiaba el sexo con ella. Su piel estaba demasiado tensa. Su cabello olía demasiado floral. Sus brazos demasiado cerca de él. Su aliento era demasiado caliente en su boca. Su lengua era demasiado suave.

Él estaba frío. Le dolían los muslos.

—Sí, por favor —Presionó en su boca.

Eso fue horrible Sus huesos de la cadera crujieron contra los de él y sus dedos se estremecieron contra sus caderas.

—¡Draco, más!

Se detuvo, sintiendo la presión baja en sus caderas. Respiró hondo.

—¿Qué?, ¿qué pasa? —se quejó ella.

—Eres demasiado perfecta —gimió, apretando los ojos cerrados. Una risa hueca junto a su oído.

—¿Qué?

Él se apartó y ella gimió. Le quitó las piernas y la dejó caer al suelo. Sus dedos se sumergieron dentro de ella, comenzando un movimiento rápido. Ella jadeó. Abrió los ojos y observó cómo se le tensaba la cara, sus ojos rodaron. Le devolvió el ritmo que ella quería, rápido, duro y más.

Él empujó su lengua dentro de su boca, tragándola. El talón de su mano palmoteó su clítoris mientras la martilleaba.

—Oh, dios mío —gimió contra sus labios—. ¡Por favor!

Su mano se alargó y se apoderó de su miembro.

—¡No! Merlín, Granger —Ella apretó sus dedos y sacudió la muñeca.

—Por favor, Draco, regresa.

Dejó caer la cabeza sobre su hombro, tratando de mover sus dedos dentro de ella nuevamente. Ella encontró un ritmo rápido en su miembro que lo hizo detenerse.

—Me voy a venir —se quejó—. Por favor, para.

Ella retiró la mano y saltó hasta que estuvo de nuevo en posición con sus piernas envueltas alrededor de él. Tomó algunas respiraciones profundas mientras ella lo guiaba hacia adentro.

—Pensé en ti hoy en la clase de Encantamientos —susurró, rodando las caderas—. Sobre tus manos en mis muslos como dijiste.

Eso fue todo lo que hizo falta. Agarró sus caderas con ambas manos, los dedos se envolvieron debajo para sostenerla y la penetró contra la pared.

Ella rio y gimió y se envolvió a su alrededor y él la cogió hasta que se vino.

Se sacudió mientras se movía fuera de él. Y lo besó profundamente.

Contuvo el aliento y le devolvió el beso.

Ella se apartó.

—Tengo que irme.

Él abrió los ojos y ella estaba sonrojada y sudando.

—Bien.

—¿Mañana por la noche? —Se puso las bragas de nuevo.

—Sí —Sintió que no podía moverse.

—¿Qué has planeado? —Le sonrió, sus dedos aun temblando.

—Yo... —Se aclaró la garganta, viéndola usar su varita para desaparecer su venida deslizándose por sus muslos—. Realmente me preguntaba cómo te sentirías sobre el dominio y la sumisión.

Lo miró, con una pequeña chispa en sus ojos. Ella tragó saliva.

—Sí, vale.

—¿Sí? —Pensó en comenzar ahora. Diciéndole que no podía tocarse sin su presencia. Diciéndole que no usara bragas mañana.

Pestañeó, alejando las ideas.

—Deberíamos... Deberíamos tener reglas o límites, supongo.

—Eh... ¿Tal vez podríamos comenzar despacio? —propuso ella—. ¿Trabajar hasta límites duros y esas cosas? —Se recogió el cabello en una cola de caballo—. ¿Tienes...? ¿Has hecho mucho BDSM?

—He... —Consideró mentir descaradamente, pero aterrizó a decir la verdad—. He hecho un poquito, pero me interesaría escuchar tus preferencias.

—Por qué no lo mantenemos básico mañana, y luego pensamos en nuestros límites esta semana —Ella se encogió de hombros, sonriendo—. Entonces probemos algo más este fin de semana.

Todavía le temblaban las manos. Él apartó sus ojos de ellas.

—Sí. Bien. Mejor —balbuceó—. ¿"Básico" quiere decir...?

—¿Bondage ligero? ¿Quizá con los ojos vendados? —Enderezó los botones de su blusa. Merlín, habían sido rápidos. Ni siquiera se la había quitado—. Entonces, ¿Sala de los Menesteres mañana por la noche?, ¿después de la cena?

—Sí. Eh, sí —Tropezó un poco—. Puede que mañana me entreguen algunos artículos que podamos... explorar.

—¿Artículos? ¿Son estos tus "suministros"? —Sus ojos eran muy profundos. Y le sorprendió que todavía estuviera increíblemente excitada.

—Sí —dijo—. Solo unas pocas cosas. Eh, ¿a qué hora vas a reunirte con la chica Weasley?

Ella giró su muñeca y revisó su reloj.

—Hace cinco minutos —Se encogió de hombros.

—Entonces, ya estás atrasada.

Dio un paso hacia ella y guio sus caderas hacia un pupitre roto. Sus ojos se abrieron cuando él se arrodilló y arrastró sus bragas por sus muslos.


Cuando se separaron, se dirigió a la biblioteca, con la intención de encontrar una colección de sonetos de Shakespeare. Y si se topaba con algunos textos que detallaban la prueba de la sangre mágica de Shakespeare, podría tener que escribir un pequeño reporte para ella.

Alrededor de las tres de la mañana, lo redujo a tres sonetos, y tuvo un excelente presentimiento sobre uno de ellos.

El miércoles por la mañana, justo cuando llegó su pedido de "suministros", una pequeña lechuza oscura se abalanzó hacia la mesa de Gryffindor y dejó caer un sobre frente a ella. Parpadeó y luego lo miró.

Él arqueó una ceja. Ella rasgó el sello de cera, y la observó leer las ocho palabras que había garabateado en las primeras horas de esa mañana.

Los ojos de mi señora no se parecen en nada al sol.

Sus labios se separaron, y su pecho saltó. Sus ojos se volvieron hacia él. Él brindó hacia ella con su té matutino, y luego llevó su caja de juguetes a las mazmorras antes de unirse al resto de sus compañeros de clase en Transformación.

Después del almuerzo, tuvo toda la tarde para prepararse. Se probó el anillo para pene y lo dimensionó adecuadamente. Escondió los juguetes y remedios más intensos en el fondo de su baúl para usarlos en el futuro, y agarró el anillo para pene, las esposas y el vibrador, dirigiéndose a la Sala de los Menesteres unas horas antes.

Blaise lo detuvo al salir y Draco escondió sus tesoros.

—No te he visto mucho, Draco —Levantó la vista de su silla en la sala común—. ¿Has estado ocupado?

Su tono era una clara insinuación. Draco frunció el ceño.

—Mucho —Intentó seguir adelante.

—Debes saber que Finnigan hará un movimiento con Granger.

Draco se detuvo. Blaise pasó una página.

—¿Finnigan? —Él sabía que ese maldito idiota irlandés estaba tramando algo.

—Mm-Ajá. Oh, espera —Blaise levantó la vista de su libro, una expresión serenamente inocente en sus rasgos—. Ustedes dos todavía no son exclusivos, ¿verdad? —Blaise miró hacia otro lado—. Mi error. Supongo que eso significa que realmente no te importa de una forma u otra.

Parpadeó hacia Blaise. Ya había vuelto a su libro, despidiéndolo.

—No tenemos que estar saliendo para querer mantener mi pluma fuera del mismo pozo que el duende.

—Un insulto a los duendes por doquier—Blaise tarareó cuando Draco pisoteó fuera.

Llegó a la Sala de los Menesteres y solicitó que le proporcionara una cama con dosel y la iluminación precisa. Extendió sus nuevos suministros en una mesa auxiliar. Pensó que podrían improvisar con algunas cosas si querían ir más allá. Pero realmente le encantaría usar esa barra separadora que estaba en el fondo de su baúl eventualmente...

Lo llevó a la cama, sintiendo un hormigueo en la piel con la anticipación de verla tendida, con los brazos sobre su cabeza. Tal vez la amordazaría con sus bragas para no tener que escuchar "¡Dios, Draco!, ¡más, por favor!"

Pasó la siguiente media hora experimentando con el anillo para pene. Le llevó quince minutos terminar, y al final la cabeza le daba vueltas. Si ayudó a su situación o no, claramente hizo la elección correcta.

Se saltó la cena, prefiriendo aferrarse a la Sala de los Menesteres y su configuración. Cuando ella llegó un poco antes de que terminara la cena, él saltó del sofá.

—¿Como adivinaste?

Se resistió al impulso de besarla para saludar.

—¿Adivinar?

—El poema.

—Oh —dijo, agitando la mano—. Lo reduje. Encontré el que no era realmente sexy, pero que podría ser un poco excitante.

Ella asintió, sus mejillas rosadas, y él la vio mirar a la cama y luego a la mesa donde había tendido las esposas.

—¿Te sientes cómoda? —preguntó.

Lo miró.

—Mm-Ajá —Ella se quitó la capa superior de ropa—. ¿Y tú?

Él asintió y se acercó a ella.

—Si alguno de nosotros quiere parar…

—Rojo y amarillo funcionan bastante bien —sugirió, dándole la impresión nuevamente de que tenía mucha más experiencia en esto que él. Ladeó la cabeza hacia la mesa lateral con las esposas, el anillo para el pene y el vibrador—. ¿Qué tienes ahí?

Él se acercó, sintiendo el calor de su cuerpo a través de su ropa.

—Nada de lo que preocuparse todavía —Besó su sien, abarrotando su espacio personal con su pecho. Se inclinó hacia su oreja y susurró—. Desnúdate y súbete a la cama.

Su primer comando sobre ella. Sintió que iba directo a su erección. Se alejó de ella, tratando de decidir si quería usar el vibrador antes o después de las esposas…

—Uh... —dijo ella—. ¿Por qué no te desnudas y te subes a la cama?

Draco hizo una pausa. Se giró desde donde estaba parado cerca de la mesa. Parpadeó hacia ella.

—¿Qué?

Ella entrecerró los ojos.

—Sabes que soy el Dom**, ¿verdad?


Nota de la autora: LOL. También este capítulo está dedicado al difunto y gran Alan Rickman y su grabación de My Mistress 'Eyes. Solo googléalo. Un despertar sexual te espera.


Vocabulario y otras anotaciones

* Sonetos de Shakespeare, según orden de aparición #18, #116, #138, #130

** Dom: También conocido como "dominante" en una relación BDSM.


Todas merecemos un Draco en nuestras vidas, definitivamente. #PonUnDracoEnTuVida

Gracias de nuevo por darle tanto amor a la traducción, por sus comentarios inefables, sus preciosos favs y follows, estoy muy agradecida con ustedes por acoger esta traducción. Y como no me canso de decirles, gracias a esto, traduzco más rápido. Son unas hermosas personas.

La próxima actualización (8 de 11) espero que esté lista para el jueves 30 de julio. (No olvides darle en "Seguir" para ser la primera en leerlo).

Besos,

Paola