Disclaimer: Los personajes y la trama original son propiedad de JKR.

La historia le pertenece a Lovesbitca8 y yo sólo la traduzco con su permiso.

¡Disfrútenla! #PonUnDracoEnTuVida


Todos los días, una pequeña muerte

"Every Day, a Little Death"

De Lovesbitca8

Beteado por mi increíble Emily Charls y mi tan paciente y curioso Miguel


Nota de la Autora: ¡Grandes respuestas del último capítulo! El siguiente... Bueno, es lo más sucio que he escrito. Supongo que ya sabes en lo que te estás metiendo, ¿no?


—Sabes que soy el Dom, ¿verdad?

Esperó a que ella se riera, y le dijera que estaba bromeando, y comenzara a quitarse la ropa.

No sucedió.

—No... Yo soy el Dom —intentó.

Ahora, ella se echó a reír.

—¿Qué te hace pensar que eres el Dom? —Sus alegres ojos recorrieron su cuerpo—. Eres un Switch*, en el mejor de los casos.

No sabía lo que eso significaba, pero no sonaba bien.

—No entiendo —Él apartó la vista de ella y dio un paso atrás—. Entonces, cuando te pregunté ayer si querías hacer algo de Dominio y Sumisión, ¿realmente creías que yo era el sumiso?

—No —sonrió—. Realmente creía que era un nuevo terreno para desarrollar, y que tendríamos una conversación saludable al respecto. No en que exigirías que me desnudara y me subiera a la cama.

—Eso no es... Quiero decir, me estaba metiendo en el papel…

—Entonces, ¿me pedirías que me sometiera a ti, alguien que claramente nunca ha hecho BDSM antes, pero tú no te someterías a mí, alguien que sí lo hizo? —Ella cruzó los brazos frente a su pecho. Y le sonrió.

Sintió el calor extenderse a su cuello. Ella vio a través de él.

—Yo... Quiero decir…

—Está bien —dijo ella. Dio un paso hacia él—. ¿Querías hablar de límites? ¿Qué yo sea el Dom está completamente fuera de discusión para ti?

Una imagen de ella en cuero negro y encaje apareció frente a sus ojos. El tragó.

—No. Supongo que no. Simplemente no lo planeé así.

Ella le sonrió, dando un paso adelante nuevamente y haciéndole retroceder.

—Siempre planeando. Tan controlado, Draco.

Su espalda golpeó el poste de la cama.

—Sí, por eso pensé que lo haría mejor en el papel de Dominante —Sus manos se desplazaron hasta su pecho y recorrieron un patrón por su estómago—. En realidad, es por eso que podrías necesitar la sumisión —Sus dedos encontraron la hebilla de su cinturón y comenzaron a tirar—. Puedo darte lo que necesitas, Draco —Su lengua se movió para humedecer sus labios.

Sabía que su mandíbula estaba abierta, pero no pudo encontrar la función cerebral para cerrarla. Su mano rozó su miembro a través de sus pantalones, y él brincó.

—Pero... pero —suplicó—. ¡Se supone que debo darte lo que necesitas!

—Tal vez esto es lo que necesito —susurró en su cuello. Ella lamió un camino desde su oreja hasta su clavícula mientras sus dedos terminaban con el último de sus botones.

—Eso no... Esto… Esto —tartamudeó. Ella se sumergió en sus pantalones y se lo sacó, recorriendo su pulgar por la cabeza—. ¡Oye! —La empujó alejándola de él, dando un paso a un lado y fuera de su alcance—. ¿Dónde está nuestra conversación saludable? —le gritó de regreso sus palabras.

Ella cubrió su sonrisa con su mano.

—Está bien —dijo ella—. ¿De qué quieres hablar?

Se acomodó en sus calzoncillos y se pasó una mano por el pelo. Se dio la vuelta y contuvo el aliento, luego se volvió hacia ella. La señaló con el dedo.

necesitas un orgasmo. ¡No yo!

—No veo cómo esas dos cosas son mutuamente excluyentes —Se encogió de hombros, y él pudo sentir la superioridad brotando de ella. Solo porque había atado con éxito a alguien antes. Bueno, Que-te-jodan. **

—Necesitamos sacarte de tu cabeza, Granger —Se tronó el cuello—. Pensé que la sumisión, y permitirte tener la oportunidad de perder el control por un momento podría ser una buena táctica.

—Sí —contestó ella—. Estoy de acuerdo con eso.

—¿Lo estás? —Entrecerró sus ojos. Ella estaba poniendo a girar su cabeza hoy.

—Pero eso no significa que harías un buen Dom, Draco —lo dijo suavemente. Como si pudiera lastimarlo. Bueno, al carajo con eso.

—¿Qué te hace pensar que sería un buen sumiso? —Levantó sus manos de par en par.

—Ya haces todo lo que te digo en la cama —respondió ella simplemente.

Él la miró fijamente.

—¿¡Qué!?

Dio un paso hacia él y bajó la voz a un tono familiar y sin aliento.

Draco, por favor. Más. Más rápido, Draco.

Él la miró ceñudo.

—Bueno... Eso es ser educado.

Ella volvió a pararse frente a él, y se dio cuenta de que sus pantalones aún estaban abiertos.

—Los conceptos básicos de Dominancia y Sumisión no se tratan de control. Se trata sobre placer —Ella presionó su cuerpo contra el suyo, sus senos empujando contra su pecho y sus manos descansando sobre los huesos de sus caderas—. Me complacería dominarte, Draco.

Él se estremeció.

Tenía los ojos oscuros cuando se alejó y dijo:

—Pero si te sientes incómodo con eso, podemos intentar otra cosa.

Se mordió el labio y miró su pequeño surtido de juguetes para la noche.

—¿Me dejarás ser el Dom algún día? —Hizo un puchero.

—Sí —contestó—. Pero solo si eres muy bueno.

Sus ojos se volvieron hacia ella, y ella le estaba sonriendo. Una sacudida de anticipación cayó por sus venas.

—¿Qué debo hacer? —No le gustó eso. No le gustaba no saber lo que vendría después.

Dio un paso hacia él, se puso de puntillas y lo besó suavemente en la boca. Luego, contra su mejilla, susurró:

—Desnúdate y métete en la cama.

Tragó. Tiró de su camisa escolar, tropezando con los botones. Y de repente un recuerdo…

La apuntó con el dedo.

—¡Nada de Strap-Ons!

Ella parpadeó, su respiración ahogándose en una risa.

—¿Qué?

—Dijiste que lo habías hecho antes. Ese será un límite difícil para mí.

Sus labios se curvaron en una sonrisa.

—Estaba pensando que mantendríamos algunas restricciones ligeras esta noche.

—Está bien, pero solo... Mantente alejada de mi trasero.

Ella apretó los labios, sus ojos riéndose de él.

—Entendido.

Una vez que juzgó que ella lo había escuchado, se sacó la camisa y se quitó los pantalones de las caderas. Los calcetines y los calzoncillos al final, y luego se sentó al borde de la cama. Sabía que sus mejillas estaban de un rojo brillante.

—Todo el camino de vuelta —instruyó.

Retrocedió, desesperado por no darse la vuelta y arrastrarse después de esa conversación sobre su trasero. Se recostó y se concentró en mirar al techo. La escuchó moverse hacia los juguetes.

—Oh —dijo—, mi anillo está allí.

—Sí, lo veo —Una sonrisa en su voz.

Lo que quiso decir fue, oye arrójame ese anillo para pene antes de que me ponga duro. Pero aparentemente, eso no es lo que ella escuchó. Puso los ojos en blanco y miró al techo hasta que escuchó un zumbido.

Levantó la vista y ella había encendido el vibrador.

—Este es bueno —dijo—. ¿Dónde lo obtuviste?

—Me coordiné con una tienda de sexo muggle y se la envié a Borgin&Burkes. Hoy lo tenía todo.

Ella tarareó, apagándolo y agarrando las esposas. Se giró hacia él.

—Manos sobre la cabeza.

Bueno, esto fue todo. El momento más humillante de su vida. Respiró hondo y estiró los brazos hacia arriba. Granger se subió a la cama, le pasó la pierna por la cintura para sentarse a horcajadas sobre él, y comenzó a enganchar una esposa alrededor de su brazo izquierdo, luego deslizó la cadena a través de una clavija en la cabecera y levantó su otra muñeca. Una vez que el click metálico hizo eco, cerró los ojos y esperó a que comenzara.

Sus suaves labios.

En la mejilla, la barbilla, la boca.

Abrió los ojos cuando ella presionó su lengua contra su boca. El metal en sus muñecas lo pinchó. Quería tocarla.

Presionó besos húmedos contra su mandíbula, su cuello, hasta su pecho. Pasó la lengua por su pezón y él se arqueó, las esposas tintinearon. Cerró los ojos y ella repitió con el otro.

Usó sus dientes en sus costillas, patinando más y más abajo, y era demasiado tarde cuando su mente se dio cuenta de lo que estaba haciendo.

—Granger, espera —jadeó—. El anillo para pene. Antes de que me ponga duro.

Levantó la vista desde donde estaba chupando un moretón contra el hueso de su cadera.

—Solo recuéstate, Draco. Sé bueno para mí.

Él la miró fijamente. Echó la cabeza hacia atrás sobre el colchón y resopló al techo. ¿Cuál era el punto de comprar juguetes nuevos para jugar si ella no lo dejaba probar nada? Si realmente iba a chuparlo primero, él se vendría demasiado rápido.

Ella se deslizó por su cuerpo, arrodillándose entre sus piernas, pasando sus manos por sus muslos. Cerró los ojos y trató de no estar enojado con ella.

Oyó el golpeteo de sus zapatos cayendo el suelo al lado de la cama, seguido por el movimiento de la ropa. Echando un vistazo, Draco descubrió que llevaba un sujetador rojo de seda y bragas a juego. Y medias negras que llegaban hasta la mitad del muslo. No los había notado antes. Pero por supuesto. Ella se había preparado para ser la Dom.

Ella deslizó sus dedos alrededor de su miembro mientras la miraba desde la cama, girando su muñeca mientras lo bombeaba. La observó mientras ella se balanceaba en la cama, volteando su cabello sobre un hombro y descendió sobre su erección.

Eso... Fue horrible. Jadeó cuando su lengua caliente lo lamió. Sus caderas tartamudearon y su pecho contuvo el aliento. Pero no podía agarrarla. No podía apartar su cabello ni retorcerle los dedos.

Iba a tener marcas en las muñecas por las esposas, a pesar del hechizo amortiguador que había sido tan amable de colocar en el metal cuando pensó que ella sería la que las llevaría.

Ella bajó la cabeza y volvió a metérselo en la boca, y él se vio desaparecer centímetro a centímetro. Lo succionó, su lengua se arremolinó alrededor de la punta antes de sumergirse nuevamente. Ella lo miró a través de sus pestañas.

—Maldición —gruñó.

Sus dedos se extendieron sobre la parte superior de sus muslos, empujando ligeramente para evitar que sus caderas saltaran contra ella, y una mano se deslizó hacia abajo y rozó sus bolas, masajeándolas. Tiró de su labio entre los dientes y se concentró en el techo. Enfocado en sentirla.

Lamiéndolo, chupándolo, besándolo. Se tomó su tiempo. Tragó cuando ella lo empujó profundamente en su boca. Se atragantó cuando empujó su lengua contra su hendidura. Él gimió cuando ella extendió sus manos sobre su estómago.

—Estás siendo tan bueno, Draco —dijo con voz rasposa contra su erección. Abrió los ojos de golpe y la miró. Ella tenía su mano empuñándolo, moviéndose rápidamente, hábil con su saliva. Empujando su cabello, se sentó y lo miró—. Debería recompensarte.

—Sí —resbaló entre sus dientes antes de que pudiera censurarlo. Tiró de las esposas.

—Tienes que decir gracias —Ella se mordió el labio y volvió a sumergirse para tragárselo.

—Uhh, gracias —gimió, echando la cabeza hacia atrás.

Lo chupó y supo que estaba cerca. Ella tarareó a su alrededor, y sus muslos se apretaron. Empujó sus manos contra sus caderas mientras él intentaba penetrarla.

—Granger, estoy cerca. Detente ahora.

Ella movió su cabeza más rápido, su lengua se torció deliciosamente contra él.

Sus manos cerradas en puños, queriendo tirar de ella.

—Tienes que detenerte o no lo haré… —Un rápido pellizco contra su muslo—. ¡AUCH!

La miró y ella apartó la boca de él para decirle:

—¿Quién está a cargo, Draco?

—¡Si hubieras usado el maldito anillo para pene, entonces quizá…!

Ella se levantó y conectó su mano contra su mejilla en una suave bofetada. La miró con los ojos muy abiertos cuando le agarró la mandíbula con firmeza.

—A menos que sea una situación amarilla o roja, te aconsejo que cierres la boca.

Su erección brincó en su mano. Una lenta sonrisa se extendió por su rostro. Su corazón rebotó en su pecho cuando ella se inclinó para susurrarle al oído:

—No quieres que te castigue, ¿verdad, Draco? Estabas siendo un buen chico —Lo bombeó con su puño—. ¿Puedes ser bueno para mí?

—Sí, gracias —siseó.

Ella tiró de su oreja entre los dientes y succionó, dejando que su mano se moviera perezosamente sobre su miembro y presionando su pecho contra el suyo. Sintió que las suaves copas de su sostén se deslizaban sobre él mientras ella retorcía su cuerpo. Se movió hasta que quedar centrada sobre él, sus caderas se deslizaron contra su miembro y la seda de sus bragas rozándolo por encima. Tirando sus dientes desde el lóbulo de la oreja, ella pegó su boca a su cuello, pasando las manos por sus brazos estirados, llegando a sus codos y sobre las esposas para finalmente entrelazar los dedos con los suyos.

Sus caderas se hundieron más sobre él, presionando la seda entre ellos y abrazando su erección con el calor que podía sentir emanar de ella.

—Gracias —se le escapó. Él apretó sus dedos entre los suyos y ella rodó las caderas en tales movimientos pecaminosos, que podía sentir todo de ella.

—Eres tan bueno, Draco —tarareó en su hombro, girando su cabeza hacia su brazo y dejando que sus rizos cayeran sobre su rostro—. Tan bueno para mí.

Moviendo sus caderas más rápido, sin desconectar nunca la seda de su miembro, mordió sus bíceps ligeramente.

Aspiró aire y encontró el suave aroma de su cabello a su alrededor, asfixiándolo. Echó la culpa de la falta de aire de su cerebro por las siguientes palabras que salieron de su boca.

—Quiero ser bueno para ti. Gracias.

Ella retiró las manos de las de él y él se estiró para perseguirla. Ella unió sus bocas, sosteniendo su rostro entre sus manos y moviendo sus caderas salvajemente contra las suyas.

Maldición, ni siquiera estaba todavía dentro de ella e iba a...

Gimió obscenidades en su boca y ella se las tragó. Sus caderas se estiraron, ansiando hundirse en ella, y la suave seda húmeda lo retuvo.

Su lengua imitó sus caderas, excavando en su boca hasta que él disparó en su estómago con un gemido.

Ella lo dejó arrastrar necesitadas respiraciones, moviéndose hacia su cuello mientras continuaba sus caderas contra él, buscándose a sí misma. Siseó después de un minuto, sintiendo el dolor de la sensibilidad, pero deseando que ella lo persiguiera, para encontrar una manera de dárselo. Lo escuchó y alejó su boca de su cuello, levantando sus caderas de él.

Él la miró con ojos vidriosos mientras su cabello caía alrededor de su rostro, y quería sus brazos, necesitaba alejar sus rizos.

Y todo chocó contra él, a través del resplandor. Se había venido demasiado pronto. De nuevo. Y ella lo dejaría. ¿Qué tipo de plan era este? ¿Cómo se suponía que esto ayudaría?

—¿Qué dices, Draco? —Él le sonrió, mirándola.

Vete al diablo, quiso decir. ¿Lo cronometraste esta vez?

—Gracias —murmuró, mirando hacia un lado—. La llave está sobre la mesa, también.

—¿Dije que habíamos terminado?

La miró y frunció el ceño.

—¿Qué?

—Tengo que limpiarte —contestó, sonriéndole. Se enderezó, a horcajadas sobre su agotado miembro, su largo torso se extendía hasta sus milagrosas tetas escondidas detrás de la seda roja. Su cabello era una monstruosidad, pero también se veía absolutamente perfecto. Ella empujó sus rizos detrás de su hombro y él deseó que ella lo hubiera montado así. Esta iluminación, esta cama. Todo fue perfecto.

De hecho, ¿alguna vez lo había montado?

Estaba atormentando su cerebro por un recuerdo cuando ella deslizó una pierna sobre él, desmontando.

Respiró hondo, preparándose para que ella conjurara un paño mojado y tuviera que quedarse quieto mientras ella lo limpiaba como a un niño sucio.

Se preguntó qué era un Switch. Pensó que eso le gustaría más.

Ella se arrodilló a su lado, levantó su cabello en un moño endeble y descendió sobre su pecho, su lengua se movió para lamer una gota de su eyaculación. Sus ojos la miraron mientras ella besaba su pezón, una sonrisa apareció en su dirección.

Ella no iba a... ¿Verdad?

Se movió más abajo, encontrando la próxima gota. Besó cada punto que limpiaba, a veces succionando la piel dentro de su boca y arrastrando sus dientes sobre ella. Estaba a mitad de camino sobre su estómago, tragando hasta la última gota de él, atrayendo su carne hacia su boca.

El camino había hecho que su cuerpo se alejara de él, pero sus caderas y rodillas aún estaban a la altura de su pecho. Observó las bragas rojas que desaparecían entre sus mejillas perfectas, los lugares oscuros donde ella se había frotado contra él. Una de sus medias negras se había resbalado hasta la rodilla, y él deseaba tanto arreglársela.

Su lengua se hundió en su ombligo y sus manos saltaron sobre las esposas, apretando fuertemente el poste de la cama. La escuchó reír sombríamente.

—Casi limpio, Draco —dijo ella, su voz gruesa. Ella se giró para mirarlo, y él la vio empujar sus caderas un poco más—. ¿Tienes algo que decir?

—Gracias —Sin dudarlo. Respiró hondo.

Ella le sonrió y extendió la mano hacia el fondo de la cama, sacando el anillo.

¿Cuándo ella...?

—Los niños buenos consiguen juguetes —susurró. Y sintió que la sangre volvía a su ingle—. ¿Todavía quieres ser bueno para mí, Draco?

Levantó el anillo, la silicona brillaba a la luz de la lámpara.

—Sí —dijo.

Ella le sonrió, llevándose el anillo a los labios, dejando que su lengua saliera.

—Sí, ¿qué?

—Sí, quiero ser bueno para ti.

Ella sonrió.

Esto era una locura. ¿De dónde venían estas palabras suyas? ¿Cómo sabía qué decirle?

Estiró la boca abierta y empujó el anillo entre sus labios, manteniéndolo bien abierto. Ella le guiñó el ojo, (¡Le guiñó el ojo!) y se inclinó hacia adelante, agarrando la base de su miembro y deslizando su mano hacia arriba y hacia abajo varias veces antes de empujar su boca sobre él, llevando el anillo sobre la punta, y luego deslizando su boca hacia abajo, abajo, abajo.

—Oh, maldición —susurró al aire, echando la cabeza hacia atrás, mientras ella ajustaba el anillo sobre él.

—¿Se siente bien?

—Sí. Sí, gracias.

Ella lamió su costado, hundiendo su lengua contra la hendidura en la parte superior. Comenzó de nuevo desde abajo, lamiendo el otro lado.

Limpiándolo.

—Tan bueno para mí, Draco —tarareó contra sus bolas mientras deslizaba su lengua entre ellas. Podía sentir sus sedosas tetas contra el hueso de su cadera—. ¿Qué tan bueno puedes ser?

—Tan bueno. Muy bueno —murmuró, apenas sabiendo lo que estaba diciendo.

—¿Muy bueno?

—Sí. Puedo ser muy bueno.

—No sé si puedes... —Ella deslizó su miembro medio duro entre sus labios y chupó.

—¡Sí! Por favor, déjame mostrarte.

Ella apartó la boca de él, le lanzó una mirada descarada y se giró para lanzar su pierna sobre él, deslizándose hacia atrás para presentarle su calor vestido de seda roja.

Se puso a trabajar de inmediato. El metal golpeó contra la cabecera de madera cuando sus brazos se apretaron para envolverla. Él gimió contra sus bragas cuando ella bajó las caderas hacia él. Besó la seda. Lamió la piel disponible para él. Se concentró en el lugar húmedo y movió la boca debajo de ella.

La sintió apretar su erección, lamiendo un lado.

Oh, eso fue el cielo.

La maldijo y finalmente movió sus bragas a un lado con un trabajo muy hábil de su lengua y dientes. Ella gimió cuando la probó. Trabajó movimientos rápidos en la carne disponible para él, empujándola, lamiendo su humedad, y ella se detuvo en su erección. Podía sentir su aliento pesado sobre el hueso de su cadera.

—Oh, dios —gimió ella.

Sus caderas saltaron y sus manos tiraron al mismo tiempo, y una de esas cosas la hizo volver a la acción. Ella lo llevó profundamente en su boca, su lengua presionando fuertemente sobre él. Sus manos se movieron sobre sus caderas, frotando círculos y alisando la piel allí hasta que deslizó sus bolas en su palma y pasó el pulgar sobre ellas.

Él jadeó contra ella y empujó su lengua dentro lo más profundo que pudo. Ella gimió y rodó sus caderas sobre él.

—Sí, eres tan bueno. Oh, dios, Draco.

No le importaba que apenas podía respirar. No le importaba que sus muñecas estuvieran agrietadas y probablemente pronto sangraran por la forma en que tiraba. Simplemente no quería que ella se detuviera.

Ella lo bombeó con el puño, rápido y firme. Podía oírla jadear, su otra mano apretando sus uñas en su muslo.

—Oh, maldición —gimió, extendiendo la palabra sobre él.

Su lengua presionó movimientos rápidos contra ella, pulsándola, y ella empujó su miembro nuevamente dentro de su boca, succionando fuerte, tomándolo profundamente.

Merlín, la imagen de ella atragantándose por él, tomándolo más profundo, apretó los labios.

Podría haber estallado de nuevo, así, con su lengua profundamente dentro de ella, sus caderas rodando para encontrar fricción en su barbilla.

Sintió que su miembro se hinchaba, pero el anillo lo mantuvo estable.

Ella lo soltó con un estallido y un jadeo, tirando hacia arriba y lejos de sus caderas. Apenas podía ver la curva de su columna desde aquí. Ella empujó hacia arriba, presionando los huesos de su cadera, y empujando sus caderas contra su boca.

—Joder, eres tan bueno. Oh, dios, Draco.

Él gimió con la lengua dentro de ella, y ella maldijo. Ella cabalgó por su rostro, su humedad resbalando por su barbilla.

Merlín, ella era maravillosa. Su sabor, su cabello al caer del moño. Él contuvo el aliento necesitado desde su nariz y dejó que ella lo usara. Sus piernas se extendieron alrededor de sus brazos estirados, y pensó que tal vez podría hacerlo de nuevo. Hacer esto todos los días.

Ella empujó hacia abajo, frotándose contra él y chillando, cantando alabanzas y diciéndole lo bueno que era.

—¡Dios mío! ¡Dios mío!

No pares, Granger. No te detengas ahora.

Manchas oscuras aparecieron en su visión, y él jadeó contra ella y se zambulló nuevamente dentro. Ella le apretó la lengua. Podía sentir su sexo revoloteando alrededor de su lengua y sus labios y gimió dentro de ella.

—¡Estoy tan cerca! Dios, Draco, sí. ¡Sí!

La lamió, tragándola, y levantando la barbilla para encontrar su clítoris.

Sus muslos temblaron alrededor de sus hombros. Ella presionó sus uñas en los huesos de su cadera, susurrando oraciones.

Sus caderas rodaron, su aliento tartamudeó y antes de que él pudiera entenderlo, ella se levantó y él boqueó por aire.

Los músculos de su cuello se relajaron, doloridos por el esfuerzo.

—¿Tu pared?

Ella se giró para arrodillarse junto a él.

—Sí —exhaló—. Pero fuiste muy bueno, Draco —Se quitó el cabello del hombro, con el pecho agitado—. Estoy muy contenta contigo.

Ella se inclinó para besarlo, y él sabía que podía saborearse en su lengua. La idea lo hizo gemir. Ella se echó hacia atrás y ahora conjuró un paño mojado, limpiándole la cara, deslizándole patrones ligeros por su cuello hasta su pecho.

—Te mereces una recompensa, ¿no crees? —Ella le sonrió por debajo de sus pestañas.

—Gracias —dijo rápidamente.

Arrojó la tela mojada a un lado y se bajó las bragas por las caderas. Observó mientras ella volvía a poner las medias en su lugar y se quitaba la seda roja de las piernas.

Miró hacia abajo y encontró su miembro erguido, más grueso de lo habitual.

Ella siguió su mirada y lo envolvió, con el puño flojo y provocador. Él gimió y arqueó la cabeza hacia atrás.

—Oh, Merlín, déjame tocarte —Sus brazos se estiraron y sintió que sus hombros doloridos protestaban—. Solo una mano. Déjame jugar con tu clítoris —Ella lo apretó más fuerte—. Maldita sea, quiero comerte todos los días. Usa mis manos sobre ti…

Ella retiró su mano de él.

—Draco, estabas siendo tan bueno. No te detengas ahora —Él miró hacia abajo justo cuando ella se deslizaba sobre él, tirando su pierna sobre sus caderas—. ¿Vas a ser bueno para mí? —Ella sostuvo sus ojos mientras se inclinaba, dejando que su lengua arrastrara su erección.

—Sí, sí —murmuró—. Déjame ser bueno contigo con mis manos —Tiró de las esposas y cerró los ojos con fuerza mientras ella cerraba los labios sobre su punta—. Llena mis palmas con tus tetas perfectas, empújate hacia abajo sobre mi pene y golpéate. Puedo ser bueno contigo —Su boca se alejó de él y la sintió moverse hasta que sus caderas se cernieron sobre su erección—. Por favor, déjame ser bueno contigo. Déjame tener mis manos…

Sus ojos se abrieron de golpe cuando su mano agarró su mandíbula. Ella le sonrió y le dijo:

—Los buenos muchachos dicen gracias.

El tragó.

—Gracias.

—¿Quieres ser bueno para mí, Draco? —Usó su otra mano para guiarlo contra su sexo goteante.

—Sí —gimió.

—Entonces no ruegues hasta que te diga que lo hagas.

La miró, parpadeando. Ella se inclinó y lo besó, y cuando se apartó, empujó sus bragas en su boca.

La tela se tragó su gruñido cuando ella se deslizó sobre él, su miembro la llenó mientras descendía.

Ella tarareó, cerrando los ojos. Se sentó erguida, echándose el cabello hacia atrás y empujó más abajo hasta que estuvo completamente dentro. Puso los ojos en blanco.

—Draco —dijo ella, y él abrió los ojos, respirando con fuerza contra la seda en su boca—. Sacude tu cabeza "no" para amarillo o rojo.

No podía imaginar ninguna razón por la que quisiera que esto se detuviera. Estaba tan apretada alrededor de él, tan caliente y húmeda ya. Asintió y observó mientras ella sonreía y comenzó a levantarse lentamente de él. Puso las manos sobre su pecho, y presionó sus tetas juntas, todavía en su envoltura de seda.

—Oh, dios, Draco. Eres tan bueno —Se hundió en él—. Podría venirme de solo de verte así: extendido, con las manos esposadas y mis bragas en tu boca —Se impulsó más alto y se mordió el labio mientras acercaba sus caderas para encontrarse con las de él nuevamente.

Podía olerla desde sus bragas. Ella lo estaba llenando con su aroma, ordeñando su miembro y colgando sus tetas frente a su cara.

Ella extendió aún más las piernas y se balanceó contra él, tomándolo en empujes superficiales.

—Dios, estás grueso —murmuró al techo—. Tan bueno. Tan perfecto.

Se llevó una mano al pecho y apretó, sacando el montículo de la seda y tirando de su pezón.

Él gimió y levantó las caderas. Ella se recostó, centrando su peso en él, y se llevó las manos a las tetas, girando deliciosos círculos a su alrededor. Cayó sobre él, y sus caderas se encontraron con las de ella. Se levantó y él la siguió, presionando los talones contra la cama y penetrándola.

Ella jadeó y lo miró con desprecio. Observó su rostro mientras sonreía, pero un segundo más tarde presionó sus manos sobre los huesos de su cadera.

—Draco —lo detuvo—. Deja de intentar subir desde abajo.

Él la miró de reojo. Ella extendió la mano y se desabrochó el sostén. Suspiró alrededor de sus bragas, sus bolas apretando mientras sus tetas rebotaban libres.

—Solo recuéstate y disfruta, ¿de acuerdo?

No tenía idea de lo que eso significaba. Pero ella deslizó sus manos sobre su estómago, ahuecando sus senos y pasando sus pulgares sobre sus pezones, y los ojos de Draco se vidriaron y sus brazos se estiraron.

—Muy bien, Draco —siseó ella. Y comenzó a montarlo, despacio al principio, y luego aceleró y él cayó en el ritmo de sus tetas rebotando, sus caderas rodando, su erección moviéndose con ella.

¿Por qué nunca habían hecho esto? Nunca había llegado a verla en la cima.

Ella miró su rostro con ojos hambrientos, moviendo sus caderas hacia adelante, succionándolo y luego saliendo. Se mordió el labio y cambió de dirección, apretando sus muslos y saltando arriba y abajo, una y otra vez, más rápido hasta que todo lo que pudo ver fue que sus senos se movían en un ritmo que podía memorizar.

—Oh, dios —gimió. Y ella se inclinó hacia adelante, con las manos al lado de su cabeza, su cabello una cortina alrededor de ellas, y empujó sus caderas más rápido.

Le tomó todo en él no moverse con ella. Se echó el pelo sobre un hombro y se dejó caer sobre él, resbaladiza por el sudor, y él gimió en la seda de su boca, cerrando los ojos. Ella besó su clavícula mientras sus senos se deslizaban contra él, y su calor envolvía su miembro.

Sintió que iba a desbordarse. Solo se había venido una vez con el anillo para pene puesto, y estaba listo para volcarse.

Ella siseó en su oído:

—Tan bueno. Tan grueso para mí.

Él gimió en su garganta.

—Eres perfecto —gimió, comenzando a chasquear las caderas a un ritmo rápido—. Te quiero así para siempre.

Se atragantó con palabras que no se podían escuchar, y contuvo las caderas.

—Ahora, Draco —rogó—. ¿Por favor? —Sacó la seda de su boca y él boqueó—. Más rápido, Draco.

Comenzó a chasquear las caderas para encontrarse con ella. Ella gimió en su boca, y él la besó bruscamente mientras su erección la empujaba.

Ella agarró su cabello e inclinó su cabeza hacia atrás, besándolo más profundamente, mientras apretaba su miembro, comenzando a revolotear.

—Sí —susurró en su boca—. Sí, así.

Tonterías salieron de su boca. Cosas como "todos los días" y "perfecto" y "tuya". Una de sus manos se estiró y sostuvo la suya, apretando al mismo ritmo que sus paredes apretaban su erección.

—Eres tan bueno, Draco —tarareó en su boca mientras tragaba sus respiraciones desiguales—. Te quiero así.

Se sentía como si se hubiera roto de dentro hacia fuera. Gruñó cuando se vino dentro de ella, sacudiéndose y jadeando, las caderas aun golpeando contra ella, sintiendo sus paredes húmedas y calientes tirando de él. Cuando sintió que el mundo volvía a su cuerpo, se dio cuenta de que ella tenía una mano temblorosa sobre la suya, y la otra presionada entre sus cuerpos, presionando su clítoris febrilmente. Su cabeza en su hombro, su cabello extendido sobre su rostro, y sus caderas aún en celo contra él.

—Sí, sí —gritó contra el colchón—. Oh, dios, sí.

Se quedó allí jadeando, dejándola trabajar sola. Sin atrever a moverse.

—Oh, cógeme. Dios sí —Ella se volvió y lanzó a su oído—. Draco, sí.

Sus ojos se pusieron en blanco. Él no estaba haciendo nada, y ella todavía le rogaba por eso.

Ella se movió contra él, todavía apretándolo dentro.

—Déjame coger el vibrador —susurró contra su cuello. Ella asintió rápidamente, usando magia sin varita para desatar sus manos.

No se frotó las muñecas. No rodó los hombros. Simplemente los giró, saltó de la cama y agarró el artilugio púrpura. Corrió hacia ella para encontrar un brazo sobre su rostro, el otro frotando su clítoris.

Se zambulló entre sus piernas, moviendo su mano y uniendo su boca a su protuberancia. Ella gimió.

Encendió el vibrador y reemplazó su boca con él. Su espalda se inclinó de la cama, agarrando su cabello con la mano. La besó en el muslo y la sintió temblar bajo los labios.

—Uhh, sí —siseó.

Levantó la mano y pasó el pulgar sobre su pecho, mirándola jadear.

Draco cuidadosamente removió el anillo y se deslizó sobre cuerpo, el vibrador entre ellos mientras se recostaba encima de ella. Presionó su rostro en su cuello, y la mano que había estado sobre su rostro se retorció en su cabello.

—Gracias —susurró, presionando el vibrador con más fuerza contra ella. Ella se reanimó—. Gracias por hacerme tan bueno —tarareó en su oído—. Me encantó ser tu chico perfecto.

Ella gimió y se arqueó contra él. Presionó el vibrador en la mano que sostenía su cadera y lo acercó a su núcleo, mientras su mano se sumergía en sus pliegues.

—Gracias —dijo. Y ella se cogió a sí misma con sus dedos, presionando su rostro contra su cabello y besando la piel que pudo encontrar.

—Dime qué hacer para ser bueno —dijo.

—Más rápido.

Él empujó sus dedos dentro de ella, dándole dos dedos gruesos que se movían rápidamente, mojados con su venida. Bombeó más rápido y escuchó el vibrador zumbar a diferentes velocidades.

—Oh Dios —Se arqueó de la cama, presionándose contra él. Añadió un tercer dedo y ella siseó. Él la martilleó, con el brazo dolorido tensándose.

—Para, Draco, para.

El vibrador se cayó y él retiró la mano. Ella giró la cabeza y besó sus labios, presionando su lengua en su boca y profundizando en él. Pasó sus manos arriba y abajo por sus costados, disfrutando la sensación de sus senos debajo de él, sus piernas abiertas y sosteniéndolo entre sus caderas. Sus manos se retorcieron en su cabello, sosteniéndolo contra su boca. Sus dientes lo mordisquearon mientras le pasaba las manos por la espalda y lo estrujaba. Casi podría ponerse duro otra vez, se dio cuenta.

Ella retorció sus lenguas durante otros diez minutos, sus manos recorrieron sus piernas, entre ellos para tirar de sus pechos, y hacia arriba para sostener su rostro hasta que finalmente retiró la boca de él y dijo:

—Quiero volver a hacerlo. Pronto.

Él puso los ojos en blanco y fingió odiar la idea.

A la mañana siguiente, en el desayuno, observó cómo ella separaba su nota, pero antes de que pudiera leer las palabras "El coral es mucho más rojo que el rojo de sus labios" ***, Finnigan se sentó a su lado.

Draco parpadeó.

Le sonrió a Finnigan, guardando la nota. Vio cómo el chico irlandés decía algo gracioso. Ella se echó a reír. Él puso su mano sobre su brazo mientras decía algo más.

Draco miró hacia su desayuno.

—Le dije que podría querer mantenerse alejado de ella —Una voz a su derecha. Draco levantó la vista para ver a Theo mirando a Granger y Finnigan—. Pero claramente no me creyó.

Draco los miró a los dos. Le estaba haciendo una pregunta. Su boca se convirtió en un "oh" y sus cejas se alzaron.

Draco volvió a mirar a Theo. Al otro lado de él, Mulder estaba mordiendo su tocino nerviosamente.

—Quién sabe —escuchó a Blaise decir frente a él—. Todavía no ha estado con Finnigan por lo que he escuchado —Blaise tomó un sorbo de su jugo de calabaza—. Él podría tener un pene mágico por lo que sabemos. Y a Draco no le importa, ¿verdad Draco?

Levantó la vista hacia el chico más oscuro.

—Correcto. No somos exclusivos.

—¿No lo eres? —chilló Mandykins. Draco le frunció el ceño.

—No, no dejes que todos esos chupetones te engañen —dijo Blaise, y Draco se sonrojó, estirándose para cubrir su cuello—. Hermione Granger todavía está en el mercado.

Draco se burló de Blaise. Y miró más allá de él hacia donde Granger estaba asintiendo y sonriendo mientras Finnigan se levantaba de la mesa y le decía adiós, volviendo a donde Dean Thomas estaba sonriéndole a su amigo.

Draco se excusó y se dirigió a clase temprano.


Vocabulario y otras anotaciones

* Switch: Persona que ejerce un rol tanto dominante (Dom), como sumiso dependiendo de la persona con la que se encuentre.

** La-dee-fucking-dah: Es una expresión exclusiva del inglés, así que la traduje como "Que-te-jodan" como lo más cercano al español.

***Soneto 130 de Shakespeare


¿Qué tal, les gustó? LO AMÉ jaja y recuerden: #PonUnDracoEnTuVida

Hagan sus apuestas, ¿lo conseguirán en los próximos y últimos 3 capítulos?

Gracias por todos sus reviews, favs y follows, son una lucecita hermosa en mi vida.

Próxima actualización: Jueves 6 de agosto (lo desfasé un día para que el último capítulo coincida con mi cumpleaños, jeje)

Besos draconianos,

Paola