Disclaimer: Los personajes y la trama original son propiedad de JKR.
La historia le pertenece a Lovesbitca8 y yo sólo la traduzco con su permiso.
¡Disfrútenla
Todos los días, una pequeña muerte
"Every Day, a Little Death"
De Lovesbitca8
Esta traducción fue dedicada a la más increíble beta Emily Charls y a Miguel, por su infinita paciencia
Y a ti, querido/a lector/a, por favor, #PonUnDracoEnTuVida
Nota de la Autora: ¡Este es el capítulo final! Gracias a todos los que han disfrutado de esta historia y han dejado reseñas, incluso a los que no opinan, ¡gracias por leer!
Sé que el último capítulo hizo temblar a mucha gente, y lo tendré en mente para futuas historias e intentaré advertir adecuadamente. Para aquellos de ustedes quienes tuvieron una reacción muy fuerte y se sentirán completamente decepcionados si esto resulta en un final feliz, siéntete libre de dejar de leer aquí. Continúa y regresa al capítulo 9, e inserta a Hermione vino a encontrarse con él en la estación, bla, bla, bla.
Si todavía deseas continuar leyendo y dejar a un personaje asesinado o llamar a esto simplemente una obscenidad sin desarrollo, por supuesto, estás en tu derecho. Pero como que… ve a hacer otra cosa con tu fin de semana.
—Estuve con Ron. Cuando vino para Navidad.
Levantó los dedos de su cuerpo, sintiendo el aire frío entre ellos.
Ella se estremeció.
—Dijiste que no lo harías —susurró distraídamente—. Antes... cuando te pregunté si volverías con él una vez que tú...
Y una puñalada fría le atravesó el pecho.
—¿Te viniste con él? —preguntó, con la voz tensa.
Ella se dio la vuelta, los ojos enrojecidos y brillantes, las lágrimas caían por su rostro.
—No. No, Draco —Ella se sentó, sollozando—. No, no con Ron…
No quería escuchar su nombre. No cuando ella estaba desnuda a su lado.
Él se echó hacia atrás, rodó fuera de la cama, miró hacia otro lado y dijo:
—Ponte la ropa.
—Draco…
—No estés desnuda —dijo, sacudiendo la cabeza—. Creo que hemos terminado... de estar desnudos.
Ella se arrastró fuera de la cama mientras él mantenía los ojos en el suelo. Una vez que hubo arrastrado su vestido, el vestido de cita, de vuelta sobre su torso, se volvió hacia él.
—¿Solo ibas a… qué? —preguntó—. ¿Fingir que nunca sucedió? Continuar cogiéndome. Espero que te vengas, ¿y luego qué?
Ella abrió la boca, sin chirriar nada en respuesta, y él también comenzó a tomar su ropa.
—Draco…
—Pensé —la interrumpió, arrojando su camisa sobre su hombro—, dijimos que no lo haríamos… —Sintió agudos pinchazos en sus ojos—. ¡Me pediste que no me acostara con otras personas! ¿Pero eso no se aplicó a ti?
Ella sostenía su sujetador y bragas, arrugándolos en la mano.
—Cometí un error…
—¡LA MIERDA QUE HICISTE! —se rio él, pasando una mano por su cabello. Comenzó a ponerse los pantalones.
—Lo sé. Lo sé, y fue una estupidez de mi parte…
—Eres Hermione Granger. Nada es estúpido de tu parte…
—¡Bueno, esto lo fue!
—Entonces, ¿qué? —Se giró hacia ella—. Regresaste con Weasley de nuevo y yo… ¿qué? ¿Una nota a pie de página?
—No, no, no —Ella se movió desde el lado de su cama, lanzándose hacia él—. No estamos juntos…
—Oh, por supuesto —siseó Draco—. No pudo hacerte venir, entonces ya terminaste con él.
—Draco, para… —sollozó, con la voz húmeda y cansada.
—Es hora de pasar al siguiente tipo —Cogió sus zapatos y la corbata y salió disparado hacia la puerta.
—¡No! Draco, no. Solo te quiero a ti…
Se detuvo y se giró en el umbral.
—Eso es gracioso. Lo he escuchado antes.
Azotó la puerta en sus ojos llorosos, y arrojó sus zapatos contra una armadura, escuchando el estruendo mientras regresaba a los dormitorios.
Draco yacía en su cama a la mañana siguiente, saltándose el desayuno y revolcándose.
No comprendía bien cómo podía decirle que lo amaba. Tenían algo genial, sí, pero ¿amarlo y todavía querer acostarse con otras personas?
Supuso que había algunas relaciones como esa, Blaise había tenido su parte justa, pero eso no era lo que Draco quería con ella. Y ella lo sabía cuando él se fue para Navidad.
¿No?
Entrecerró los ojos hacia el techo.
Sí, ella lo sabía.
Solo quiero estar contigo.
Malditamente bastante claro.
La había ayudado a redescubrir su deseo sexual y le había roto el corazón. Un trato justo.
Blaise regresó del desayuno y se paró junto al poste de su cama.
—Granger está en la pared de la entrada. Quiere verte.
Draco casi saltó de la cama. Maldita sea, se odiaba a sí mismo.
—No me importa.
Blaise suspiró.
—Dijo que dirías eso. Aunque se ve horrible. Probablemente deberías verla, al menos.
Draco miró fijamente su dosel verde y dijo:
—Se cogió a Ron Weasley en Navidad.
Blaise se quedó callado por un momento. Y Draco esperó a que pusiera los ojos en blanco y le dijera que lo superara.
Pasos, y Blaise se estaba yendo.
Excelente. Quería estar solo.
—¿CUÁL ES TU PUTO PROBLEMA, GRANGER?
Draco sonrió por primera vez en doce horas.
Se saltó el desayuno el lunes por la mañana. Cuando se dirigió a Herbología Avanzada con los Ravenclaw, ella estaba parada fuera de los invernaderos, arrastrándose de un pie al otro.
Lucía terrible.
Genial.
Ella abrió la boca para detenerlo, y pasó a su lado, entrando al invernadero junto con Mayberry y Theo.
Continuó así durante el resto de la semana. Ella lo siguió por los pasillos y él esperaba que entendiera la indirecta.
El viernes, recibió un sobre sin dirección en su plato durante el desayuno. La abrió y encontró unos garabatos pulcros floreciendo en una página gruesa.
El amor, por imberbe, no sabe qué es la conciencia;
¿Quién no sabe, que el amor engendra la conciencia? *
Parpadeó al verlo, sintiendo sus ojos puestos en él a través del Gran Comedor. Estaba a unos momentos de prenderle fuego y marcharse sin mirar en su dirección. Pero esta era su jugada. Las horas buscando el poema. Las mañanas de escribir las palabras en líneas perfectas para ella.
Si ella hubiera roto una de sus cartas, lo habría matado.
Entonces, no hizo nada. Lo dejó sobre su plato y salió, dirigiéndose a clase.
Durante la clase de Pociones de ese día, desbordó su caldero y estropeó la muestra para Slughorn. Todavía estaba limpiándolo cuando la clase terminó, apresurándose a desaparecer el limo mientras sus compañeros de clase salían. Acababa de realizar los encantamientos de limpieza en su caldero cuando la pesada puerta se cerró. Se giró para encontrarla apoyada en ella, luciendo pequeña.
—Tengo que ir a clase —dijo.
—No tienes clase.
—Pues tengo que ir a... aquí no.
Empacó su mochila, devolvió los ingredientes al armario y la miró. Ella no se había movido.
—Solo necesito dos minutos —susurró—. Dos minutos y entonces habré terminado. No tendrás que hablarme nunca más.
—¿Promesa? —siseó, y ella se encogió.
Respiró hondo y dijo:
—Lamento haberte hecho daño. Traicioné tu confianza y lo siento.
Él frunció el ceño.
—¿Es todo?
Ella se sonrojó y miró hacia abajo.
—Yo... yo entendí mal mis sentimientos por ti. Es muy claro para mí ahora que estoy en-enamorada de ti…—tragó saliva—. Y que dormir con otra persona fue…
—Tu ex —la corrigió.
—¿Qué?
—No solo es otra persona —Se encogió de hombros—. Tu ex.
Ella lo miró fijamente y asintió.
—Correcto —Juntó las manos y dijo—. Cometí un error que pensé que era correcto en ese momento. No quiero estar con Ron. No lo hice entonces y no lo hago ahora. Él era un experimento que parecía necesario.
—Un experimento. Como yo. —Draco negó con la cabeza.
—Tú no eras el experimento, Draco. Lo que estábamos haciendo juntos lo era.
Frunció el ceño y miró por encima de su hombro.
—¿Ya pasaron esos dos minutos?
Ella apretó los labios.
—Entonces, solo quería asegurarme de que supieras que sé lo que quiero. Quiero una relación monógama. Y quiero una contigo. Y no espero que quieras eso más. Pero quería ser clara.
Hizo un agujero en la pared detrás de ella, negándose a mirarla.
Ella miró hacia otro lado y se giró para salir.
Y entonces se iría. Tendría que buscarla. Tendría que tragarse su orgullo si alguna vez quería volver a verla. ¿Y quería hacerlo?
Algo desesperado se apoderó de sus costillas y gruñó:
—No sabes cómo ser monógama, Granger.
Se detuvo con la mano en el pomo de la puerta y se volvió hacia él. Él avanzó.
—Has estado durmiendo durante meses, cogiendo con todo lo que camina, chico o chica, solo para orgasmearte.
—¿Todo lo que camina? —estalló—. He tenido arreglos claros y sin ataduras con todos ellos menos contigo —Lo señaló—. El objetivo de esas relaciones no era la monogamia.
—¿Y cuántas parejas has tenido en esta búsqueda de liberación sexual? —siseó.
—¿Cuántas has tenido tú? —replicó ella—. ¿Cuántas ha tenido Blaise? —Se acercó a él y le dijo—. Estoy segura deque nunca te has cogido a alguien "solo para orgasmearte".
—No recientemente, eso es jodidamente seguro —escupió—. El objetivo final de todos nuestros experimentos juntos fue que tú te vinieras…
—Oh, siento tanto haber incomodado tu martirio chupándotela —Cruzó los brazos frente a su pecho, ahora a solo un brazo de distancia—. Estoy segura de que sufriste cada orgasmo…
—Oh, vete a la mierda, Granger…
—Supongo que tendré que hacerlo de ahora en adelante —gruñó.
—Tenlo por seguro. No tocaría ni con un palo a la zorra de Ron Weasley…
¡Plaff!
Su rostro se movió hacia un lado y ella le gruñó, con los dientes brillando, lista para escupirle algo.
La agarró por el rostro y la arrastró hacia él.
Y fue como hundirse de nuevo en un pozo de alquitrán del que había estado intentando salir.
Ella gimió contra sus labios, envolviendo sus brazos alrededor de sus hombros. Arrastró sus caderas hacia él, presionando magulladuras contra su hueso, escuchándola gemir contra sí.
Ella le mordió la lengua y él gruñó, empujando su espalda contra la pared del salón. Agarró su mandíbula, manteniéndola quieta mientras saqueaba su boca, presionando su cabeza con fuerza contra la piedra. Ella arañó sus hombros y alcanzó su cinturón.
Le abrió los pantalones de un tirón y él se apretó contra su mano, su cuerpo recordándola.
Succionando besos calientes por su mandíbula hasta su cuello, mordió y raspó la piel, asegurándose de que ella estaría marcada para mañana.
Ella giró la cabeza y le mordió la oreja. Jadeó por el dolor junto con la sensación de su palma sobre él de nuevo.
—Maldita sea, te odio —gimió contra su cabello. Ella lo soltó, metió la mano debajo de su falda y comenzó a bajarse las bragas.
La hizo girar, sus piernas se retorcieron en el encaje y la presionó contra la piedra, tirando de sus caderas hacia él y levantándole la falda.
La penetró y ella gimió, inclinando la cabeza hacia adelante en la pared. Presionó sus palmas sobre sus manos, pegándola a la pared, y movió las caderas, sintiéndola temblar a su alrededor.
Él la agarró por la cintura, empujando hacia adelante y escuchando cómo su piel golpeaba su trasero, cada embestida puntuada con un pequeño gemido de ella.
Agarrándola del cabello, apretó un puño para girar su cabeza hacia un lado, observando cómo se mordía el labio y cerraba los ojos.
—¿Te gusta, Granger? ¿Te gusta que mi pene te llene?
Ella tarareó alrededor de su labio mordido.
—Voy a cogerte contra esta pared, y luego me voy a venir en tu boca.
Ella gruñó y él apretó los dientes en su cuello, chupando y mordiendo mientras sus manos tiraban de su trasero contra él. Empujó profundo, sintiendo sus paredes resbaladizas abrirse para él. Ella gimió y giró la cabeza hacia la pared.
Ella gimoteó, y sus manos saltaron hasta sus tetas, rasgando su camisa escolar para escarbar dentro. Tiró de sus pezones, rodándolos y apretando la piel.
—Ah —jadeó—, Draco…
Sus paredes apretaron su erección, y tiró de ella hacia atrás, empalándola una y otra vez, chocando contra ella.
Sintió un aleteo, sus músculos lo ordeñaron, y ella jadeó, conteniendo la respiración, cerrando los ojos con fuerza.
Hizo una pausa dentro suyo, sus caderas trastabillando y mirando su rostro con horror, respirando con dificultad en su cuello. Ella lo apretó de nuevo.
—No te atrevas a venirte, Granger —siseó—. Así no.
—¡Dios! Oh, dios —gimió ella, con el cuerpo tenso, y él empujó dentro de ella nuevamente, escuchándola gritar.
—No te atrevas.
Ya había tomado la decisión de cogerla rudo, golpearla rápido y terminar antes de que ella tuviera la oportunidad de arruinar esto... arruinar su primer orgasmo con ella.
Pero luego presionó dentro de nuevo, agarrando sus caderas. Y ella gritó. Arañando la pared, los pulmones ahogándose por aire, y lo mejor de todo, contrayéndose alrededor de su pene con una presión tan deliciosa, que no pudo hacer otra cosa que estremecerse y mirar.
Ella inhaló, la garganta rechinando por la necesidad. Su cuerpo todavía tenso entre sus caderas y la pared.
Mierda.
Mierda. La había cogido contra una pared en lugar de...
Debía haber una cama. Debería haber sido…
Ella se estremeció a su alrededor de nuevo, su sexo se apretó ligeramente mientras suspiraba, con los ojos aún cerrados.
Jadeó contra su cuello, mirando cómo sus dedos se desenrollaban y su boca se relajaba.
Había calor acumulándose entre ellos, derramándose sobre su erección y reuniéndose donde todavía estaban conectados.
Salió de ella, lentamente, y ella gimió. Cuando él no empujó hacia adentro, lo miró por encima del hombro y preguntó:
—¿Tú…?
Ella miró hacia abajo, viéndolo todavía duro y rojo, y tragó, se dio la vuelta y comenzó a arrodillarse.
La agarró por los brazos y tiró de ella, besando su boca.
Se abrió al instante, dócil y dispuesta a que la deseara de nuevo. Le sostuvo la cara en la mano, los dedos en la mandíbula y contuvo el aliento de sus labios.
Metió la mano entre ellos y envolvió su mano alrededor de él, acariciándolo suavemente antes de que la detuviera, y los giró hacia uno de los escritorios al fondo de la habitación. Tomándola por las costillas y dejándola sobre la mesa plana, movió los labios hacia su cuello y se colocó entre sus piernas.
Ella se dio cuenta rápidamente, deslizándose hacia el borde, envolviendo sus piernas alrededor de su cintura y desabotonando la parte superior de su camisa. Se alineó con ella de nuevo y se empujó hacia su calor goteante. Ella gimió.
—Mierda —susurró, hundiéndose completamente, presionando sus labios contra su oído.
Ella apretó las rodillas alrededor suyo y le sacó la camisa de los pantalones, las manos se extendieron por su estómago y envolvieron su espalda.
Resopló contra ella y besó la piel debajo del lóbulo de su oreja mientras sus manos sostenían sus caderas, anclándose sobre ella.
Ella echó la cabeza hacia atrás, dejándolo que la tuviera y le arañó el abdomen. Su miembro se hinchó.
Mientras ella suspiraba, él recorrió las manos por sus caderas, por su falda arrugada y por la parte superior de sus muslos, temblando a su alrededor. Pasó los dedos hacia arriba y hacia abajo, acercándose más a donde estaban unidos, y la sintió temblar.
Extendió las manos, cubriendo la parte superior de sus muslos, y bajó los pulgares para abrirla, deslizando a través de su clítoris, uno a la vez, una y otra vez, rodando como olas.
—Oh —jadeó. Ella tarareó un gemido en su cuello—. No lo sé…
—Shh…
Sus dedos se deslizaron hasta sus hombros, sujetándose mientras él se mecía dentro suyo, barriendo su clítoris. Oyó que su respiración se aceleraba, tartamudeando entrecortadamente sobre su jadeo.
Mantuvo un pulgar en su clítoris y movió la otra mano a su cadera, manteniéndola en su lugar mientras bombeaba más rápido dentro suyo, chasqueando sus caderas contra ella. Se apartó de su cuello y besó su boca suavemente, hundiendo su lengua en ella cuando su mandíbula se aflojó.
Comenzó en forma de ocho en su clítoris, y ella soltó un gemido ahogado en su boca, respirando con dificultad contra sus labios.
—Draco, yo… —Lo besó—. No estoy segura.
—No te preocupes por eso —le susurró.
Ella tarareó contra sus labios, y luego el aleteo comenzó de nuevo. La agarró con más fuerza y contuvo su propio clímax mientras ella se mordía el labio y cerraba los ojos.
Con el pulgar en ella, moviendo, frotando y presionando más fuerte y sus caderas comenzaron a replicarlo, encontrándose con las suyas.
—Oh, mi… Draco…
Movió su mano libre a su mandíbula, sujetándole la cara, y ella abrió los ojos confusos, con la boca abierta.
Ella lo apretó y casi se viene.
La miró a los ojos, jadeando aire caliente en su rostro, y cuando ella le pasó las manos por el cabello, sosteniéndolo frente a sí, abrió los labios…
—Yo te…
—No —la detuvo, presionando su boca caliente contra ella, con los labios abiertos. Gimió, comenzando a terminar.
De repente ella estaba jadeando, chillando, rizando sus dedos en su cabello y abrazándolo con fuerza dentro de sí. Sus muslos se apretaron alrededor de él, y él simplemente lo soltó, empujando profundamente dentro suyo y corriéndose mientras sus paredes aleteaban, apretaban y palpitaban.
Sus piernas temblaron mientras se mantenía quieto dentro suyo, amando cada vez que su sexo revoloteaba, como si le estuviera haciendo espacio para siempre.
Ella se sacudió, en un tembloroso sollozo, y presionó un beso contra su mandíbula.
—No me dejes así, por favor. Solo quédate un momento —susurró.
¿Por qué se iría? ¿Cuándo se sintió así?
Y se estrelló contra él como agua fría. Weasley.
Ella lo agarró por los hombros, jadeando, y él trató de sacudírselo. Intentó simplemente vivir el momento.
—Nuestro primer orgasmo juntos —murmuró—. Me quedaré un poco.
Contuvo el aliento y susurró:
—No es el primero.
Frunció el ceño y le preguntó:
—¿Qué significa eso?
Ella se estremeció, y no de la manera buena.
—No quería decírtelo. Pensé... pensé que no querrías volver a verme si...
—¿De qué estás hablando? —Él apartó la cara de su cuello y la miró.
Ella tragó.
—No estaba sola. Mentí.
—Estás haciendo un hábito de eso —dijo inexpresivamente.
—En la Torre de Astronomía —dijo, cerrando los ojos para no mirarlo—. Yo... fue tan perfecto. Todo estuvo tan bien, y tú estuviste increíble...
Draco la miró parpadeando, su corazón latía con fuerza.
—Y sucedió. Justo antes de que terminaras, yo... yo tuve un orgasmo. Fue pequeño, y no sabía lo que estaba pasando... pero sé que tuve uno —Hizo una pausa y asintió con la cabeza hacia donde sus piernas todavía estaban envueltas alrededor de sus caderas—. Y ahora realmente lo sé —Una pequeña risa.
Dio un paso atrás y le obligó a soltarlo de las piernas. Sus manos se deslizaron de sus hombros.
La miró fijamente, observando su cabello revuelto y su camisa arrugada. Sus piernas todavía colgaban abiertas, sus muslos le rogaban que volviera con ella.
—¿Por qué no me lo dijiste? —Sintió un vacío en sus entrañas, como si acabara de perder la Snitch en el último segundo.
—Estaba confundida. Lo siento. No tenía sentido —Sus ojos comenzaron a lagrimear.
—¿No tenía sentido que pudieras tener un orgasmo conmigo?
—No, no —Lo alcanzó, arrastrándolo por su camisa hacia ella de nuevo—. Solo eso... fue simple. No había juguetes, ni personajes. Solo eras tú —Ella agachó la cabeza y se apoyó en su hombro—. Todo lo que necesitaba era a ti.
Él frunció el ceño ante sus rodillas.
—Entonces, ¿tu primera reacción fue deshacerte de mí y volver corriendo con Weasley?
—Estaba asustada. Y confundida. Sabía en mi corazón lo que era... Sabía que tenía sentimientos por ti. Lo he buscado. Puede ser demisexual. Es este tipo de sexualidad...
—No me enseñes, Granger. No es mi problema.
—Bien, lo siento —Apretó los labios y él notó que sus manos todavía estaban envueltas alrededor de su camisa, como si le suplicara que se quedara—. Lamento no haber aparecido en el andén. Yo... no estaba segura de que me querrías una vez que pudiera tener un orgasmo.
Parpadeó, recordando haber tenido un pensamiento similar.
—No era mi intención acostarme con él —continuó, con los ojos muy abiertos y preguntándole por algo—. No lo planeé. Él comenzó a coquetear y pensé, tal vez estoy curada. Tal vez no sea porque amo a alguien que solo quiere sexo de mí.
Draco dio un paso atrás. Sus dedos lo acompañaron antes de recordar soltar su camisa.
—Yo no… —comenzó—. No fue solo sexo. Lo dije —Se pasó las manos por el pelo—. Dije, "¡Solo quiero estar contigo!"
—¿Hasta cuándo? —sollozó, encogiéndose de hombros—. ¿Hasta que me venga? ¿Hasta la graduación?
—No…
—¿"Estar conmigo" sólo sexualmente?
—Sí y no —Sacudió los hombros—. Eso no es lo que quise decir.
Apretó las rodillas y eso la hizo parecer pequeña.
—Eso tampoco es lo que quise decir. Pero no estaba segura.
Sacudió la cabeza, sin palabras.
—¿Vas a hacer el viaje a Hogsmeade mañana? —ella preguntó.
Se quedó mirando su abrupto cambio de tema.
—No lo he decidido.
—Si lo haces —dijo, deslizándose del escritorio—, y si tienes alguna inclinación a verme, estaré en Las Tres Escobas. Podríamos... hablar un poco más. O no hablar, si eso es lo que quieres. Pero, de cualquier manera, estaré allí con un asiento para ti.
Estar con ella. Ella quiso decir para siempre. Ella se refería a la monogamia. Y él... ya no estaba seguro.
—No puedo prometer nada —dijo, mirando sus pantalones arrugados.
—Esperaré.
Ella no dijo cuándo. Solo dijo que estaría allí. Esperando.
Entonces, cuando llegaron las dos de la tarde, Draco todavía estaba decidiendo si quería ir. Una parte de él quería plantarla, como ella le había hecho en el andén del tren.
Pero su otra parte había pensado las cosas durante toda la noche, y ahora esa parte de él tenía más preguntas.
Se sentó en la sala común, fingiendo leer cuando Blaise bajó por las escaleras para salir. Se detuvo y se dejó caer frente suyo.
—¿Vas a perdonarla?
—No —refunfuñó Draco.
—¿Has terminado con ella?
—…No —Se frotó los ojos, gimiendo en sus manos—. Merlín. Me hiciste esto a propósito, ¿no? Creaste interés, captó mi atención. Y luego me obligaste a confesar mis sentimientos por ella. Todo para torturarme.
—En realidad, sí —respondió Blaise con ligereza.
Draco lo miró.
—Estaba bromeando.
—Yo no lo estaba —Blaise estudió sus uñas y suspiró—. La traje a propósito a tu órbita. Y presioné tus botones cuando pude, porque eres un imbécil testarudo que por lo general no puede ver lo que está justo frente a su cara —Se encogió de hombros—. Pensé que serían buenos el uno para el otro.
—¿Por qué?
Blaise resopló.
—Te gustan los rompecabezas. Y le gustabas.
Draco sintió que se le calentaban las mejillas.
—¿Qué? ¿Cuándo? ¿Ahora, quieres decir?
—No. Antes. Me di cuenta.
Draco lo miró fijamente.
—¿De qué estás hablando?
—Digamos —comenzó Blaise—, no es la mejor sensación del mundo estar charlando con una pollita y ver sus ojos vagando hacia tu mejor amigo —Hizo una mueca—. Le gustabas. Y yo sabía que te gustaba.
Draco miró fijamente el fuego, buscando las palabras adecuadas.
—Entonces... por eso tú y... —¡Cómo se llamaba ese chico!—. ... tu amigo, ¿siempre estaban hablando de ella?
—Para burlarme de ti, sí —Blaise ladeó la cabeza—. ¿Mi amigo? ¿Quién?
—El... chico rudo. Séptimo año.
—¿Mi amigo? ¿Pensé que era tu amigo?
—No. Él siempre está contigo. Nunca puedo recordar su nombre.
—Yo tampoco —dijo Blaise.
—¿En serio?
—Quiero decir, ¿Milwaukee?
Draco chasqueó los dedos.
—Sí, comienza con una "M", ¿no es así?
—Absolutamente.
—¿Mullholland?
—¿Mofle?
—¿Marriott?
—¡Muppet! ¡Es Muppet!
—¿Lo es?
—Hum. Ahora no estoy seguro.
Llegó a Las Tres Escobas justo antes de las 4 de la tarde. Ella estaba sentada en la mesa de la esquina con un gorro y guantes de punto blanco, bebiendo una cerveza de mantequilla. La bebida estaba a medio beber y probablemente no era la primera. Sus dedos jugaron con el borde, recogiendo la espuma sobrante.
Draco pensó que debería irse. Debería desaparecer y no volver a hablar con ella.
Sus pies lo acercaron más, y ella miró el movimiento, el rechazo grabado en su rostro como si esta no fuera la primera vez que estiraba el cuello para buscarlo. Cuando lo vio, parpadeó y rápidamente se quitó el sombrero blanco, rascándose el cuero cabelludo.
—Hola —dijo, a punto de ponerse de pie, pero Draco se sentó antes de que ella pudiera forzarlo a darle un abrazo amistoso.
—Granger —la saludó. Asintió con la cabeza a Rosmerta, pidiendo un whisky de fuego. Ella lo fulminó con la mirada y él frunció el ceño, preguntándose qué haría ahora.
—¿Hiciste alguna compra hoy? —preguntó Granger. Jugueteó con una de las servilletas del bar, rompiéndola en pedazos.
—No, yo…
Vine a Hogsmeade solo por esto.
Se aclaró la garganta.
—Sólo eché un vistazo —Miró más allá de su hombro.
Rosmerta golpeó el whisky de fuego sin dejar de mirarlo y dijo:
—¿Día ocupado, Malfoy?
Granger se sonrojó y negó con la cabeza a la camarera.
Draco se dio cuenta de que parecía que había dejado plantada a Granger durante las últimas horas. Se burló de la camarera y se mordió la lengua.
—Solo priorizando, Rosmerta.
Ella se burló, a punto de gritarle, pero Granger dijo:
—Gracias, Rosmerta —con bastante fuerza. La moza tetona se alejó pisoteando.
Draco tomó un trago ardiente de su whisky de fuego y volvió a mirar a Granger.
—¿Cómo van tus clases? —preguntó ella.
Él suspiró. No quería tener una pequeña charla con ella. No cuando sabía de sus padres y del sueño de su infancia de convertirse en higienista dental. No cuando sabía a qué sabía, lo fuerte que podía apretarlo y cómo sonaba su respiración cuando se venía.
Miró la mesa con el ceño fruncido. Abrió la boca para hacer otra pregunta estúpida, y él la detuvo antes de que pudiera.
—Tuve una conversación muy interesante con Blaise esta mañana.
Cerró la boca lentamente y miró su cerveza de mantequilla.
—¿Y cuál fue?
—Dijo que te gustaba. Antes.
Sus hombros se tensaron y se cruzó de brazos.
—¿Y qué importa?
La miró con los ojos entrecerrados.
—¿"Y qué importa"?
—Sí —dijo ella—. Pensé que eras muy guapo. Aún lo creo. ¿Es eso importante?
Él la miró boquiabierto, y luego cerró la boca y le preguntó:
—Entonces, ¿por qué tuve que buscarte?
Ella arqueó una ceja.
—No tenía ninguna razón para creer que quisieras iniciar una relación sexual conmigo. Por eso me sorprendió tanto que vinieras a verme a la biblioteca —Se pasó el cabello por la oreja y dijo—. ¿Por qué es esto importante para ti?
Sacudió la cabeza, tratando de ordenar sus pensamientos.
—Pero qué hay de Theo y Blaise, ¡e incluso del maldito Mazapán! ¿No tuviste problemas para acercarte a ellos para ayudarte con tu pequeño problema?
—¿Quién? —Ella arrugó la frente.
—No cambies de tema —siseó—. ¿Cómo era diferente? ¿Por qué no me preguntaste a mí si me apetecía un revolcón?
—Oh, por favor, Draco. Porque te habrías reído de mí —Ella puso los ojos en blanco—. Blaise y Theo eran mucho más maleables. Cuando coqueteé con ellos, ellos también coquetearon. Pero tú... —Apartó la mirada de él—. Apenas nos miramos, mucho menos coqueteamos.
—¿Y qué hay de Marsala? ¿Honestamente pensaste que ese pequeño imbécil podría hacerte venir?
—¿Quién?
—¿Manicotti?
—¿Tienes hambre? ¿Tenemos que pedirte algo de comer?
—Ese tipo desaliñado siempre rondando a Blaise. Empieza con una "M".
Arrugó la nariz de una manera particularmente entrañable y dijo:
—¿Te refieres a Davidson?
La miró fijamente.
—... No. Es Marlboro, o algo así.
—¿Cabello arenoso?, ¿séptimo año?, ¿siempre sentado a tu lado en las comidas?
—Davidson no parece correcto…
—Su nombre es David Davidson. ¿No lo recuerdas?
Arqueó una ceja.
—Claramente, él no es de importancia para mí.
Ella sonrió y tomó un sorbo de su bebida. La vio tragar, siguiendo la línea de su garganta, los chupetones de sus dientes esparcidos por su cuello.
Lo sorprendió viéndola y él miró hacia otro lado, contando los taburetes de la barra.
Se quedaron callados por un momento antes de que él preguntara:
—¿Me prometes que no te viniste con Weasley?
—Lo prometo —la escuchó decir suavemente. Asintió.
—¿Lo fingiste?
—No —La miró cuando no dio más detalles. Ella estaba mirando por la ventana. Apretó los labios y dijo—. Fue... muy rápido. Especialmente en comparación con lo que estoy acostumbrada —Sonrió ella—. Me preguntó si había venido, y me reí y le dije: "Por supuesto que no" —Ella se rio entre dientes—. Entonces empezó a molestarme. Dijo que debería ver a un especialista. Dijo que debería obtener la opinión de un profesional sobre por qué no puedo tener un orgasmo. Y yo dije, "Oh, puedo. Pero no contigo".
Una sonrisa se extendió por sus labios. La idea de que Ron Weasley estuviera por ahí en alguna parte, preguntándose quién se había estado tirando a su tonta noviecita, era absolutamente deliciosa.
Ella estaba mirando sus labios y rápidamente desvió la mirada.
—¿Sabía dónde tocarte? —preguntó en voz baja.
Sus ojos se volvieron hacia él y él bajó los párpados, con la mano levantando la cabeza con pereza.
—No.
—¿Conoce el punto detrás de tus rodillas? —canturreó Draco.
Negó con la cabeza y dijo:
—No, no lo hace.
—¿Te probó? ¿En Navidad? ¿Estaba su cabeza entre tus muslos?
—No.
—¿Tocó tus pechos como te gusta? ¿Frotarte los pezones, besarte la suave piel debajo y provocarte en círculos suaves?
—No.
Se encorvó en su silla, se ajustó los pantalones y dijo:
—¿Lo has atado alguna vez? ¿Cabalgado su rostro como una silla de montar?
Sus ojos estaban oscuros cuando dijo:
—No, Draco.
—¿Te dio la vuelta y te presionó contra la cama, deslizándose dentro de ti por detrás? ¿Pudo ver cómo tu vagina se llenaba con él una y otra vez?
—No —suspiró.
—¿Sabe cuánto te gusta que te tomen del cabello? ¿Cómo te gusta besar al final, justo antes de que termine? ¿Cómo te gusta dar órdenes, rogando por más rápido y más duro?
—No.
Observó cómo su pecho subía y bajaba, con los ojos fijos en él, pero moviendo sus caderas muy lentamente.
—Excelente —dijo, sonriéndole.
—Hay un dormitorio arriba —Rosmerta los sorprendió a ambos, apareciendo en su mesa con una jarra—. Por favor, no empiecen a desabotonarse en la mesa.
Granger se ruborizó de un rojo brillante y dijo:
—Lo siento. Gracias. No. —Mantuvo los ojos en la mesa hasta que Rosmerta se alejó.
Draco se rio disimuladamente y luego negó con la cabeza ante lo bonita que se veía Granger.
—No te perdono —dijo. Ella miró hacia arriba con los ojos muy abiertos. Luego asintió, mirando hacia abajo—. Y tampoco lo olvido. No sé si confío en ti cuando dices que quieres ser monógama.
—Entiendo —Se mordió el labio—. Quiero compensarte. Si me dejas. Quiero intentarlo.
Observó sus pestañas revolotear mientras sus ojos vagaban sobre él.
—¿Cómo?
—Como quieras —susurró sombríamente. Y su miembro ya excitado se crispó.
Apretó los labios y miró por encima del hombro de ella, pensando en el dormitorio de arriba.
—Está... hum... oscureciendo —comenzó ella. Casi anochecía. Lo miró bajo las pestañas oscuras, como si supuestamente supiera lo que ella le estaba diciendo—. Tendremos que empezar a regresar pronto, pero creo que el campo de Quidditch está en el camino, ¿no?
La miró parpadeando, pensando en ese día hacía tantas semanas cuando le había contado una de sus fantasías. Campo de Quidditch al anochecer.
—Nosotros... será mejor que nos vayamos —se atragantó.
—¡Oh, dios! ¡Oh, dios mío!
Se sentó a horcajadas sobre él en la hierba, con el vestido y las bragas a un lado, y la parte superior del vestido tirando hacia abajo para dejar al descubierto los pechos al aire fresco, luchando contra el encantamiento cálido que ella había lanzado.
Sus manos sostuvieron su cintura mientras lo montaba.
—Te estaba animando desde las gradas de Gryffindor —gimió en la niebla—. Estaba tan feliz de que hayas atrapado la Snitch, Draco. Te lo mereces.
Casi se rio de su juego de roles, pero luego su miembro se hinchó dentro de ella.
—Volaste tan bien —tarareó, sus caderas saltaron contra las suyas, y él extendió la mano para tocar sus pechos con el pulgar—. Oh, dios. Fue increíble. Esa inmersión que hiciste al final. Estaba tan preocupada por ti, pero sabía que la atraparías —Bajó sus manos a su pecho para apoyarse en él—. Atrapar la Snitch. El mejor buscador que Slytherin haya visto.
Ella se meció contra él, montándolo.
—¿Solo de Slytherin? —gimió.
—El mejor buscador que Hogwarts ha visto —corrigió ella, comenzando a rebotar sobre él—. Cuando esa Bludger casi te golpea, grité —Ella gimió y él la agarró por las caderas, arrastrándola hacia abajo sobre su erección—. Pero eras tan bueno. El mejor volador. Sacaste ese... Giro Ruso de la nada.
—¿De qué demonios estás hablando, Granger?
—No tengo ni idea —le susurró—. ¿Lo estoy haciendo bien?
Él se rio y los giró hasta que su cabello se extendió sobre la hierba, el último rayo de sol rozando sus pechos.
—¡Sí, Slytherin! ¡Sí! —gritó, y la calló con su boca.
Se echó hacia atrás y la miró fijamente, empujando rápido.
—Cuéntame más sobre cómo soy el mejor.
—Tan talentoso, Draco. Ninguno de los equipos profesionales te merece —gimió, y él vio sus pechos rebotar con cada empujón de sus caderas—. El mejor volador en la historia de Hogwarts.
—¿Mejor que Potter? —jadeó contra su sien.
—¡Sí, Sí!
—Dilo.
—Mejor que Harry. Eres mucho mejor. Podrías volar más rápido que él con los ojos cerrados.
Y esa fue la cosa más extraña. Él se vino.
Cayeron en un patrón extraño. Decidiría terminar con ella todos los lunes por la mañana, y el martes se la estaba cogiendo en el armario de escobas, en el baño de prefectos de nuevo, en la sala común de Slytherin a las cuatro de la mañana.
Ella le dio el masaje un fin de semana, conjurando las mismas toallas mullidas y eligiendo el aceite que más le gustaba. No sabía lo que se suponía que debía hacer cuando le hizo darse la vuelta y su miembro ya estaba duro contra su estómago, retorciéndose con cada presión de sus pulgares en sus muslos. Entonces, cerró los ojos y disfrutó de la sensación de sus pechos desnudos deslizándose contra su torso, sus muslos a horcajadas sobre sus caderas, sus manos tirando perezosamente de su pene. Sus pulgares frotaron la cabeza, masajeándolo hasta que estuvo grueso y duro como una roca, goteando. Finalmente tuvo que abrir los ojos y mirarla cuando lo deslizó entre sus labios, su cuerpo desnudo se inclinó sobre él, los dedos frotando sus bolas y sus labios apretados alrededor de él. Se vino tan despacio, como si nunca estuviera vacío, y ella tragó cada gota suya con los ojos puestos en él.
Empezó a pasar tiempo con ella en la biblioteca. Ella leería o tomaría notas y él haría lo mismo. Algunas noches jugaban al Snap Explosivo en la parte de atrás, cerca de la Sección Prohibida.
Rompió con ella justo antes del día de San Valentín.
—Entiendo —dijo ella, con los ojos vacíos, ni siquiera peleó contra él.
No había querido el estrés de definirlos antes de las vacaciones. También había necesitado devolver el collar con el amuleto de nutria que había encontrado para ella. Era estúpido e innecesario y ni siquiera estaban juntos y nunca lo estuvieron.
Y no confiaba en ella de todos modos.
La miró durante el desayuno. La vio empujar sus huevos y sonreír a Ginny Weasley antes de apartar la mirada. Observó su cabeza en Hogsmeade con algunas personas luciendo gris.
En las clases del lunes, Flitwick decidió introducirlos al Encantamiento Patronus. Puso los ojos en blanco y trató de no ver a Granger tener muchas dificultades para formar su nutria un par de veces.
Mientras los demás estaban practicando, Flitwick lo llevó a un lado y le dijo que un recuerdo fuerte y feliz sería suficiente. Se rio y, como prometió, pensó en las tetas de Hermione Granger. Más específicamente, las tetas de Hermione Granger en la cama junto a él, presionando contra su brazo mientras envolvía su cintura.
Una voluta brotó de su varita, sorprendiéndolos a los dos. Flitwick bailó arriba y abajo como si su alumno más difícil finalmente hubiera aprendido Wingardium Leviosa. Draco lo intentó de nuevo, y gimió cuando un espectro salió de su varita luciendo sospechosamente como una nutria, nadando hacia ella.
—Pendejadas.
Ella se sonrojó y miró hacia otro lado, enfocándose en su propio encanto con una sonrisa en sus labios.
La besó sin sentido esa tarde y empezaron de nuevo.
Después de unas semanas, se volvió lo suficientemente valiente como para preguntar si podía intentar ser el Dom. Ella vaciló.
—¿Estás... Quieres castigarme? ¿Es por eso?
Observó cómo su garganta se movía y dio un paso hacia ella.
—Granger, lo único por lo que quiero castigarte es por ser una sabelotodo que me superó en clases durante los últimos ocho años.
Luchó contra la sonrisa que asomó a sus ojos y dijo:
—Lo siento, señor.
Acababa de terminar de vestirse, así que volver a salir de todo eso le llevó un minuto.
Una semana después, la tenía en la cama, con los brazos estirados sobre su cabeza, los tobillos separados y atados a los postes de la cama. Pasó casi una hora con la cabeza entre sus piernas, haciéndola venirse dos veces, gritando y retorciéndose y rogándole que se detuviera, pero ella no había dicho "amarillo" o "rojo" ni una vez.
Estaba a medio camino de su tercer orgasmo cuando finalmente empujó sus dedos dentro suyo. Gimió y movió las caderas hacia él. Amenazó con silenciarla si no podía reprimirlo, pero sabía que nunca lo haría. Los sonidos que hizo. Los jadeos y gruñidos. La forma en que ella le había advertido antes de que se viniera, como si suponía que él se detuviera o se alejara o se limpiara la cara y se fuera.
Presionó los músculos de sus muslos, con la otra mano, relajando los temblores y arrastrando las uñas sobre su piel. Su lengua lamió, rodeando su clítoris y deletreando su nombre en ella, marcándola como suya.
Ella apretó sus dedos y gimió. Se movió lentamente dentro suyo, arrastrándose contra sus paredes en cada golpe. Balbuceó, las palabras salieron de ella sobre cómo él debería detenerse, cómo estaba preparada para él, lo bueno que era esto, lo perfecto que era, cuánto lo deseaba.
Sus caderas temblaron contra su rostro y su espalda se arqueó. La humedad inundó sus dedos y deslizó su lengua hacia abajo para lamerla. Ella se estremeció, jadeó, gimió, suplicó, y él movió los dedos más rápido, escuchándola gemir su nombre y rogándole que se detuviera.
Su cabeza se agitaba y su respiración entrecortada, sus muslos luchando contra las ataduras.
—Solo uno más —tarareó contra su clítoris. Ella gritó—. Uno más y luego tomaremos un descanso —Sus muslos temblaron cuando presionó sus dedos contra el lugar dentro de ella que le gustaba—. Sé una buena chica, Granger.
Su espalda se arqueó fuera de la cama y tartamudeó sílabas sobre ser buena y sí señor y cualquier cosa para usted. Gritó, temblando, y le anunció que se estaba viniendo, como si la sorprendiera. Y chupó su clítoris mientras ella se apretaba alrededor de sus dedos.
Le dio treinta segundos para recuperar el aliento antes de deslizarse por su cuerpo y metiéndose dentro de ella sin soltar sus ataduras. Las comisuras de sus labios se curvaron hacia arriba mientras lo miraba adormilada. Sus muñecas tiraron de las esposas y sus rodillas trataron de abrazarlo, pero solo ahuecaron sus pechos y empujó dentro de ella. Cerró los ojos, sonrió y dejó que la meciera en la cama. Estaba tan abrumadoramente mojada, era como enjabonarse con lubricante.
Comenzó a chuparle los pezones y ella se mordió el labio.
—¿Tienes uno más, Granger?
Sus ojos se abrieron y frunció las cejas.
—¿Qué?
—Una vez más —murmuró contra su pecho, dejando que una mano se sumergiera entre ellos para tocarla.
Sus ojos se abrieron y su boca se quedó sin aliento.
—N-no. No tienes que…
—Uno más, Granger. No pararé hasta que me des uno más.
Rodó los ojos y sus brazos tiraron de las ataduras. Se sentó, se arrodilló frente a ella y tiró de sus caderas sobre sus muslos. Empujes superficiales desde esta posición, pero tenía ambas manos para tocarla.
Observó su piel erizada, su pecho agitado por aire.
Era notablemente más fácil aguantar y no venirse demasiado rápido ahora. Quizás fue la familiaridad con ella. Quizás fue la ausencia de ansiedad de que ella no podría venir. Quizás era que lo único que quería en todo el universo era verla desmoronarse debajo de él por el resto de su vida.
—No p… No puedo, Draco. Por favor…
A veces hacía esto: intentaba decirle que no era capaz de venirse, intentaba decirle que debería terminar sin ella.
Ya no la dejaba salirse con la suya.
Draco se inclinó hacia atrás, acercando su pecho al de ella nuevamente, y se inclinó para tragar sus jadeos mientras sus caderas golpeaban contra sí, sacudiendo la cama.
Sus labios se abrieron para él y él deslizó su lengua dentro, un ritmo lento en contraste con sus caderas. Pasó una mano por su costado, acariciando su piel y pellizcando su pecho, frotando su pulgar sobre su pezón en lentos círculos parejos. Ella gimió en su boca.
Comenzó a negar con la cabeza.
—Draco... no puedo... Por favor.
Él sostuvo su rostro con una mano, la otra pellizcando su duro pezón, sus caderas bombeando rápidamente mientras sus bolas se apretaban, rogándole que disparara dentro de ella.
La obligó a mirarlo y respiró contra sus labios:
—Te amo.
Ella se congeló, tragó y solo comenzó a respirar de nuevo una vez que su boca estuvo sobre la suya. Le devolvió el beso y sintió que sus caderas saltaban para encontrarse con las suyas. Lo apretó una vez, y casi lo perdió. Su lengua se sumergió en ella, luchando contra la suya, y su mano apretó su pecho cada vez que sus paredes revoloteaban. Ella apartó la boca y cerró los ojos, pero él le agarró la cara y presionó sus frentes.
Lo miró a los ojos mientras la presión a su alrededor aumentaba y separó los labios en silencio. Apretándolo durante horas, haciendo olas a su alrededor, como si nunca lo dejara ir. No podía empujar más, así que presionó profundamente y dejó que ella lo golpeara. Se vino así, solo enterrado en ella, los labios flotando sobre los suyos y su cuerpo sosteniéndolo dentro.
Cuando recuperaron el aliento y él le soltó los brazos y las piernas, ella trató de darle una salida.
—Sé que solo lo dijiste en el momento. Así que no te sientas incómodo —Tiró su cabello hacia arriba de espaldas a él—. Podemos olvidar que lo dijiste.
Se subió la cremallera del vestido, otro vestido, y sonrió antes de dejar la Sala de los Menesteres antes que él.
Se quedó mirando el fuego hasta que se redujo a brasas.
Seguía diciéndoselo.
Siempre cuando ella estaba al borde, y algunas veces cuando su boca estaba chupando su erección.
Ella lo miraba desde su lugar entre sus rodillas, los ojos parpadeando hacia él, y luego lo lamía lentamente desde la base hasta la punta.
O lo diría cuando ella se agitaba debajo de él, con la cara apretada mientras torturaba su clítoris. Sólo un susurro que apenas escuchó, pero de repente sus piernas se apretaron y gritaría su nombre.
Una vez, ella se sentó a horcajadas sobre él, meciéndose lentamente encima suyo, sentándose erguida y tocándose los pechos con los ojos cerrados. Él lo dijo y sus ojos se abrieron, y se tragó una respuesta, se inclinó para besarlo y movió las caderas.
Se acercaba el primer aniversario de la Batalla Final. Cualquiera que luchara en el bando ganador era invitado a asistir a una fiesta en Hogwarts, y podía sentir que la fecha se acercaba como un fuerte recordatorio de sus pecados.
Además… Potter y Weasley.
—Estaba pensando —dijo ella, mientras caminaban por el pasillo el fin de semana anterior, dejando que sus nudillos se rozaran—, que les diré a Harry y Ron que estoy saliendo con alguien.
Sus dedos se crisparon.
—De Verdad.
—Sí. De esa manera no habrá ningún malentendido con Ron mientras esté aquí.
—¿Y si preguntan con quién?
—No es de su incumbencia —Ella se echó el pelo por encima del hombro y se volvió hacia él, deteniéndose—. A menos que pienses que debería ser así. Podría decirles. Sobre ti.
Se detuvo y la miró.
—¿Quieres decirles a Potter y Weasley que has estado durmiendo conmigo durante los últimos seis meses? Se supone que debemos recordar la guerra, no comenzar otra.
Ella sonrió a sus zapatos y dijo:
—¿Qué quieres que haga?
—¿Qué es lo que tú quieres?
—Lo que quiero no ha cambiado —dijo.
Una relación monógama. Con él. ¿No es eso lo que ya tenían?
—Mi madre estará aquí este fin de semana —dijo, arrastrando los pies.
Ella parpadeó.
—Oh, probablemente no sea un buen momento para... drama. No mencionaré nada. Simplemente rechazaré a Ron si intenta comenzar algo…
—Me gustaría que conocieras a mi madre.
Ella lo miró atónita.
—Ya la conocí.
—Correcto —Se rascó la mandíbula—. Pero como mi... —se interrumpió, sin encontrar las palabras adecuadas. Sus ojos estaban brillantes y respiraba en breves bocanadas. Sintió un burbujeo de alegría en su pecho—. Y de hecho, sí, dile a la comadreja que estás saliendo con alguien.
—Draco…
—Y mientras estás en eso, dile a Potter que crees que soy mejor en Quidditch que él. Si no te sientes cómoda, estaré feliz de mostrarle el recuerdo que guardo en mi Pensadero…
—Draco —Lo detuvo con una mano en su brazo—. ¿Como tú qué? ¿Cómo me presentarás a tu madre?
Pateó el suelo.
—Quiero decir, estoy seguro de que "la chica con la que he estado cogiendo" se acercará tan maravillosamente a "mi novia", así que haz tu elección, supongo.
Ella sonrió y se envolvió alrededor suyo. Se quedaron parados así, con las frentes juntas, su mano sobre su pecho. Sintió los latidos de su corazón desde la punta de sus dedos.
Tendría que agradecerle a Blaise por esto de alguna manera, algún día. Inclinó la cabeza para besarla suavemente cuando un chillido detrás de ellos lo detuvo.
Se volvió para encontrar a una chica mayor de Gryffindor, mirando entre ellos con la mandíbula abierta.
—¡Dios mío! —chilló ella—. ¡Están ustedes dos juntos! ¡Qué dulce! ¿Se lo están diciendo a la gente? ¿Puedo decírselo a la gente?
—Eh, ¿quizás la semana que viene?
—¡Está bien! ¡Me encanta! ¡Hermione, esto es genial! ¡Ustedes son preciosos!
La chica se escabulló.
—¿Quién era esa? —preguntó Draco.
—Ni idea. Creo que su nombre comienza con una "G" o algo así.
Ella se encogió de hombros, y tomó su mano.
Vocabulario y otras anotaciones
*Soneto 151 de Shakespeare
Gracias infinitas por su hermosa constancia a Moonsul Jess Arma,Fran Sanchez, AliTroubleMaker,LadyLette,SamanthaBenitez,Eyanes,NoraCg, Nina92,KotokoHaruno,AstoriaGreengrassM, Hadramine,ClaudiaPorras, Ro Silvero, Likememalfoy,Malaka Black, UvitaJ, , lvnxbrxndo y a ti, querido lector anónimo que capítulo a capítulo estuviste aquí.
A todas y todos ustedes que acompañaron esta pequeña aventura. ¡Muchas gracias por llegar al final!
Les agradezco de corazón siempre el amor que le dieron a la traducción, a la historia principalmente y que demostraron a manera de comentarios, sus follows y favs. ¿Les gustaría otra traducción, alguna sugerencia?
Nos veremos próximamente en otra nueva aventura.
Con mucho cariño,
Paola
