¡Hola!
Aquí AndyRiddle con una nueva historia luego de siete mil años sin pasar por aquí. Chale, tengo más de un año que no le doy brillo a mi cuenta de fanfiction. Diablos, quiero disculparme con todos por ser tan irresponsable con mis fics pero es porque he estado MUY ocupado debido a la universidad (ahora estoy de vacaciones pero entro este sábado, qwq, que maldita sal) y ya voy por mi cuarto cuatrimestre de clases.
Intentaré darle vida a este sitio, publicando cosas nuevas y resubiendo las historias que debo. Disculpen por ser tan inconsistente, pero me pondré a esto de todo corazón uvu.
Ahora dejando el dramón, vengo a presentar esta historia nueva: una traducción Lady Stark, escrita por el prolífico Jpena. La verdad es que él me había dado permiso desde noviembre del otro año pero yo me preparaba para mis exámenes de ingreso a la universidad en esos momentos, así que no pude darle mente a trabajar en la traducción hasta ahora. Espero que les haya gustado, como a mí, esta excelente historia que es un boom en el fandom en inglés (94 capitulitos, ya completos y que valen la pena).
Si quieren leerla pueden en su idioma original a traves del siguiente enlace:
www (punto) fanfiction (punto) net /s/ 10433752 /1/ Lady-Stark
Espero que les guste, y espero sus comentarios. Si esto es bien recibido, haré todo en mi poder para publicar un capítulo cada semana... y sino es el caso, publicaré uno cada quincena.
Disclaimer: Canción de Hielo y Fuego es propiedad del vago de George R.R Martin. Este fic tampoco es mío, yo sólo soy el que se encarga de traducir esta belleza que fue escrita por Jpena.
Capítulo Uno
Los Siete Reinos estuvieron en guerra abierta durante largo tiempo.
Robert Baratheon había ganado en el Tridente y el príncipe Rhaegar estaba muerto.
Cersei estuvo confinada en Roca Casterly mientras su señor padre y sus tíos intentaban recuperar a Jaime - Aerys había utilizado a la otra mitad de Cersei como rehén para lord Tywin, puesto que el rey sabía cuánto significaba Jaime para su señor padre.
Cersei pensó en Lyanna Stark, aquella chica norteña que era la causante de aquella guerra tres veces maldita... aquella belleza salvaje que al príncipe Rhaegar había cautivado, haciendo que se la robase de Invernalia.
Jugó a esperar, y no fue la primera vez que deseó haber nacido varón. Si fuera un hombre, habría sido la heredera de Roca Casterly; hubiera peleado al lado de su padre y del tío Kevan... pero era una mujer, una que sería vendida como un caballo al mejor postor.
Su padre le había prometido que sería reina.
Cersei no sabía si su padre cumpliría su promesa.
Los participantes del Juego cambiaron drásticamente en los últimos meses, desde aquel torneo en el que Rhaegar planeó el secuestro de Lyanna Stark. Baratheon montó en cólera, declarando vengar el honor de su prometida.
Su señor padre casi sonrió, asegurándole a Cersei que era hora de aprovechar el día.
Pronto, todos se vieron envueltos en una guerra cruenta que amenazó la estabilidad de los Siete Reinos. Su señor padre, por su parte, apoyaba activamente la rebelión de Robert; y Desembarco del Rey iba a estar bajo asedio en las próximas semanas.
A Cersei no le gustaba que la mantuvieran en la oscuridad.
Odiaba aún más tener que estar en espacios reducidos con sus primos idiotas y el monstruo de su hermano pequeño.
Estaba en su habitación, tratando de darse placer pensando en Jaime y su miembro.
Trató de recordar la noche en que él la desfloró.
Había pasado unos meses antes del torneo, y sus vidas habían cambiado.
Ella lo había seducido.
Siempre había sido ella.
Ella fue la que se adelantó y lo convenció de que hiciera las cosas.
Era más valiente, más inteligente y más ambiciosa de lo que Jaime había sido nunca, pero su señor padre solo tenía ojos para él, para el audaz y valiente Jaime que ahora era miembro de la Guardia Real.
Ambos habían pensado en la solución perfecta: ella se casaría con Rhaegar Targaryen y sería reina; no debía haber otra forma, Jaime tenía que estar con ella siempre.
Qué tontos fueron.
Su amado estaba en Desembarco del Rey, mientras ella estaba en las Tierras del Oeste siendo tratada como una niña.
Sus dedos se deslizaron dentro de su abertura e imaginó los dedos y la boca de Jaime en ella.
La tomó al menos tres veces antes de marcharse y regresar a Roca Casterly con la vieja Mano del Rey.
Ella no lo sabía en ese entonces, pero esa fue la última vez que vio a su hermano.
Ha llegado el momento, niña. Tenemos que irnos antes de que sea demasiado tarde para nosotros, reflexionó, amargamente, en las explicaciones de su padre. Su padre había tenido el mismo brillo frío y duro de siempre en sus ojos cuando dijo aquellas palabras como si quisiese decir que no alteraría sus planes por ella.
Cersei se siguió complaciendo a sí misma hasta que el nombre de su hermano se derramó de sus labios.
Dormió mejor esa noche.
Pensar en Jaime la tranquilizó un poco.
—Despertad, niña. Tu padre llegó anoche. Te espera esperando en su solar —la tía Genna le espantó el sueño—, Myra, trae un poco de agua—. Su obesa tía le ayudó a subir de la cama al retrete.— Pareces un espanto, Cersei—. Cersei quería callar a esa mujer. Era la Señora de Roca Casterly. Su señor padre nunca se había casado después de que su madre, Lady Joanna, muriera en la cámara de partos.— Tu padre tiene maravillosas noticias que contarte: Lyanna Stark está muerta y Desembarco ha caído. Serás reina —continuó la tía Genna.
Decidió hacerle caso.
Por el bien de las cosas, si la anciana tenía razón, no debería parecer una plebeya.
En menos de cuarenta y cinco minutos, estaba lista para la audiencia. A Lord Tywin Lannister no le gustaba que lo hicieran esperar.
Cersei miró su reflejo en el espejo y vio lo hermosa que era: cabello dorado, piel perfecta, ojos verdes luminosos, esbelta y orgullosa.
Ella era una reina, todo lo que debería ser una reina.
Caminó por los pasillos de Roca Casterly hasta que llegó al solar de su padre. Llamó a las pesadas puertas de madera.
—Entra, Cersei.
Ella intervino e hizo una reverencia.
—Toma un asiento, niña. Tengo noticias maravillosas para ti.
Cersei se sentó frente a su padre.
—La guerra ha terminado. Robert Baratheon se sienta en el Trono de Hierro. —dijo su señor padre como si la noticia fuera solo un comentario sobre el clima.
Sintió que su corazón se hinchaba, Robert no era Jaime pero era apuesto y fuerte. Era heroico y sería un Rey maravilloso. Ella estaba segura de eso.
—Se casará en tres días. —Tywin Lannister no traicionó ningún sentimiento.
Cersei no entendió.
El viaje desde Roca Casterly hasta Desembarco era de al menos cinco días, a menos que Robert viajase con su señor padre. Sin embargo, la boda no se podía celebrar en las Tierras del Oeste debido a lo poco beneficiosa que sería para la corona.
—No entiendo, Padre. —dijo ella.
—Baratheon se va a casar con una Tully.
Cersei sintió tanta ira hacia su padre.
Pudo haberle arrancado los ojos con facilidad, pero era una dama... La Señora de Roca Casterly.
Las damas no alzaban la voz.
Era una leona y las leonas no lloraban.
—¿Qué voy a hacer con ello, Padre? No soy uno de sus abanderados o a de sus señores. No entiendo por qué estas noticias deberían preocuparme en absoluto. —permaneció serena.
Tywin Lannister no apreciaba las rabietas. Ella no era una niña pequeña, ella era una mujer adulta.
—Debes casarte con Eddard Stark, señor de Invernalia. —Tywin se puso de pie.
Cersei no pudo saber si era una pregunta o un pedido.
Invernalia. Recordó el sello del lobo huargo y sus palabras -Se acerca el invierno-. El Norte, ubicado tan lejos... más lejos de lo que había estado ella.
El reino del Norte era tan extraño, tan frío y extraño para ella.
—Padre, seguramente podría hacerse una mejor elección. Me prometió que sería reina. —dijo, voz tranquila y sin ningún sentimiento. El padre odiaba cualquier demostración de emociones infantiles, como las llamaba.
—Por desgracia, lo hice, niña, pero Jon Arryn hizo los acuerdos matrimoniales antes de que Robert tomara el trono. —La única señal de afecto de Tywin fue un pequeño apretón en su hombro derecho.— Anímate, el Norte es el reino más grande de Poniente. Serás la Señora de Invernalia.
Para sus ojos, fue más un castigo que cualquier otra cosa.
—Soy su única hija y usted me llevaría al fin del mundo, lejos de mi hogar, al hogar de salvajes.
—Ahórrate el drama. Encontraré una manera de liberar a tu tonto hermano de su juramento de la Guardia Real. Tu unión nos traerá prosperidad. Las Tierras del Oeste y el Norte juntos. Poder es poder, no lo olvides, Cersei. Tu futuro marido no confía en nosotros. Esto es una prueba para convencerlo de que tomase tu mano. —habló su señor padre y luego recogió un libro de los estantes.
Cersei lo tomó como una pista de que la reunión había finalizado.
Pasó el resto de la semana haciendo arreglos para dejar su hogar.
Viajarían a Invernalia esa misma semana.
Tyrion no viajaría con ellos; solo sería Padre, una escuadra de hombres Lannister y ella.
Solamente lloró cuando la tía Genna la abrazó la noche anterior a su partida de la Roca. Ella había sido la única madre que conocía.
—Te irá bien, Cersei. Serás la señora de Invernalia. Tendrás tu propio castillo. Anímate, niña.
—Tía, no quiero ir. Extraño a Jaime. Se suponía que íbamos a estar juntos. Se suponía que Padre sería la Mano, se suponía que Jaime estaría en la Guardia Real y yo se suponía que sería la reina. —había dicho, lágrimas en los ojos.
Sería la esposa de Eddard Stark.
Había escuchado historias sobre el Lobo Silencioso. Los hombres decían que era frío, despiadado en batalla, un guerrero que ella suponía que era un buen partido.
Se encontraba abrumada.
Todo aquello estaba mal.
Nunca debió haber ido con esa bruja, Maggy. Había recordado aquella profecía, pero ella no era reina. Nunca sería reina.
Mientras viajaban hacia el norte, Cersei aprendió muchas cosas de los guardias y de su padre.
Jaime se negó a ser el Señor de Roca Casterly. Hizo un juramento, uno que no importaba porque lo conocían como Matarreyes. Jaime mató a Aerys, y el rey Robert lo nombró como parte de la Guardia Real junto con Barristan Selmy.
Cersei no entendía por qué Jaime rechazó su herencia.
También se enteró de que Robert se casó con Catelyn Tully mientras que Jon Arryn, la Mano del Rey, se casó con Lysa, la hermana menor.
Recordó a las hermanas Tully. Eran bonitas pero no hermosas.
Ella era hermosa, regia.
Deteniéndose de posada en posada, les tomó casi tres semanas llegar a tierras norteñas.
Durante ese tiempo, también aprendió mucho sobre su prometido.
Eddard Stark originalmente no iba a ser el Señor de Invernalia. Era el segundo hijo de lord Rickard Stark. Brandon Stark iba a casarse con Catelyn Tully, pero murió estrangulado en Desembarco del Rey.
En un principio, Eddard iba a ser el marido de Catelyn, pero Hoster Tully vio una pareja más ventajosa cuando le prestó sus hombres a Robert Baratheon.
La fiesta de bienvenida fue pequeña; un maestre, una anciana y un joven alto y serio. No se le podía llamar feo, pero no era apuesto como Jaime ni guapo como Robert. Eddard Stark estaba serio, sus facciones eran frías como aquel desolado lugar.
Desde que cruzaron el Cuello, un frío amargo se apoderó de sus huesos. Se estremeció un poco al salir del carruaje.
Su señor padre la ayudó a bajar a la nieve.
—Lord Stark. —Tywin dijo con un saludo, casi el fantasma de una sonrisa en su rostro.
—Lord Lannister. —respondió el señor de Inverniala con la misma formalidad. Luego se giró hacia ella.— Lady Cersei.
Cersei hizo una reverencia, sin olvidar nunca sus modales y su educación. Su rostro no reflejó ninguna de sus emociones. Estaba acostumbrada a que los hombres la miraran con deseo casi desde el momento en que lo hacían. Sin embargo, aquel hombre simplemente la miró antes de dirigirse a su señor padre nuevamente.
—Lord Tywin encontrará su alojamiento a su satisfacción.
Lord Stark no fue un anfitrión amable.
Los condujo al interior del castillo sorprendentemente cálido. Era realmente hermoso, aunque le faltaba algo de delicadeza. Se aseguraría de cambiar algunas cosas una vez que fuera la Señora de Invernalia. Lord Stark los dejó en el comedor y fue a atender algo importante o eso dijo.
La anciana que estaba en la fiesta de bienvenida la llevó a sus habitaciones. —Éstos serán suyos, mi señora. Los aposentos de Ned están al lado de éstos. —Hizo un gesto hacia una puerta contigua.
—Gracias. Deseo estar sola ahora. —Ella sonrió, fríamente, y se alegró cuando la mujer la dejó en paz.
Suspiró.
Aquel lugar iba a ser su hogar de ahora en adelante.
Al menos la cama era blanda y el lugar cálido, y podría manejar todo el castillo.
Eddard Stark pareció evitar estar en su presencia. Se retiró temprano y se fue al amanecer para ocuparse de sus asuntos.
Llegó el día y se sorprendió cuando su padre la acompañó hasta el bosque de los dioses.
Los Stark adoraban a los Antiguos Dioses, lo sabía, pero le parecía extraño casarse fuera de un septo.
Llevaba un vestido dorado, hermoso, hecho de finos detalles y que se ajustaba perfectamente a su figura. Trajo a Myra con ella, quien se encargó de peinarla . Llevaba su collar de esmeraldas, había sido de su madre y su padre se lo había regalado el día de su apellido.
—Os véis hermosa, mi señora. —Myra le sonrió. Cersei también sonrió, forzosamente.
Toda su belleza se desperdiciaría en aquellas frías tierras.
Deseó por centésima vez que Jaime estuviera allí.
Su padre la esperaba fuera de su puerta. Comentó sobre su belleza mientras caminaban al bosque de los arcianos: —no me decepciones, Cersei, tus hermanos me han avergonzado durante toda la vida. Cumple con tu deber y dale hijos a este hombre. Dale hijos con sangre Lannister.
Hacía mucho frío, pero la pesada capa de Lannister le ayudó a evitarlo.
Lord Stark se quedó allí con un septón frente a un viejo árbol arciano corazón.
La ceremonia fue sorprendentemente rápida. Finalmente llegaron a la parte que ella sabía, —¿Quién entrega a esta mujer?
—Yo, Tywin Lannister, Señor de Roca Casterly. —respondió su padre, voz fuerte.
Sintió el gélido beso del aire cuando le quitaron la capa Lannister.
Eddard Stark le puso una capa gris mucho más pesada. Ella miró sus ojos grises mientras él abrochaba la capa sobre sus hombros. Se miraron a los ojos por primera vez.
Su esposo la besó suavemente, nada como el fuego que sentía cada vez que los labios de Jaime tocaban los suyos.
No sentía nada por este hombre, ni una pizca de nada más que indiferencia.
