MJ Keehl: Hola! Gracias por tus palabras! Siempre que hay un bebé, la historia es mil veces más tierna. Y este capítulo que se viene no es la excepción. Espero que te guste! Saludos!

Mizu Tamashi: Hola! También lo veo como un buen padre, dentro de lo que es él XD. Si ya vemos que es bastante celoso con sus propios asuntos y de la seguridad de sus compañeros y subordinados, con un hijo todo eso se potenciaría a mil... Algo muy tierno de ver :).
Auruo se hace solo sus películas mentales XD.
Espero que este nuevo capítulo te guste también. Saludos!


Desesperación


Levi conoció a Petra cuando eran niños. No, no era verdad. No había un tiempo en el cual Levi no la conociera. Él era cinco años mayor que ella, sí, pero Levi no podía recordar su vida antes de conocer a Petra, la hermosa hija del vecino que rebosaba de luz.

Era aterrador, lo sabía, el hecho de decidirse casarse con ella cuando tenía nueve años y con ella apenas entrando al preescolar. Él sólo lo sabía. Era un sentimiento que venía desde lo más profundo, y Levi ya sabía desde los quince años que, si no se atrevía a salir con otras chicas de su edad, era porque se estaba reservando para una sola persona.

Fue demasiado cobarde para hacer algo antes de que ella cumpliera los dieciséis, hasta que por fin se hizo de valor para pedirle salir cuatro días antes de su cumpleaños. Ella le dijo que sí. Él se preguntó brevemente si era porque se vería genial ante sus amigas saliendo con un estudiante universitario, pero luego la sorprendió contemplándolo en el auto mientras la llevaba al colegio, y supo que ella también había gustado de él desde hacía tiempo, mucho tiempo.

Cuando ella tenía diecinueve, él le propuso matrimonio. Ella aceptó. Era increíblemente joven, y Levi temió que su padre lo desaprobara, pero sólo una mirada al rostro feliz de su hija y a los ojos llenos de amor de su yerno fueron suficientes para darse cuenta de que eran el uno para el otro. No tenía sentido esperar si sabía que se iba a casar con ella, esa era la opinión de Levi. Prefirió hacerlo oficial y tenerla para él.

Ella quería ser florista, mientras que él ya era un psicólogo que trabajaba en un hospital de primer nivel en la ciudad. En lo que hacía su curso, también trabajaba a medio tiempo en una tienda de ropa. Aquello incomodaba a Levi; quería que su joven esposa se enfocara en su carrera, mientras él se ocupaba de ella. Pero al mismo tiempo, quería hacer a Petra feliz, ya que no había nada que Levi quisiera más que su felicidad.

Cuando cumplió veintitrés, Petra comenzó a ilusionarse. Con un bebé. Él lo sabía porque notaba la manera anhelante con que ella miraba a las familias cuando daban su paseo semanal por el parque. Notaba que su paso por la planta de Pediatría cuando iba a visitarlo en el trabajo no era coincidencia. La manera en que dejó de tomar sus pastillas para el día después y le dijo que no necesitaban condones. Ya no.

Aquello emocionaba a Levi. Petra era su esposa y quería una familia con ella. Así que lo intentaron. Y lo intentaron. La primera prueba de embarazo dio negativo, pero ella no se vio afectada. Cosas que sucedían, decía ella. Lo volverían a intentar, le dijo él. Así que lo volvieron a intentar. Y otra vez. No fue hasta después de un año que finalmente él notó que el optimismo de ella comenzó a marchitarse, como las flores que llevaba para adornar la casa.

Un año que se convirtió en tres, y luego tres que se volvieron cinco. Asistieron a un centro de fertilidad. Seguramente no había nada malo. No lo había. Ni con ella ni con él. Así que lo intentaron. Y lo intentaron. Esos cinco años se volvieron seis y una mañana, mientras él estaba en la cocina haciendo el desayuno de los domingos, fue que la escuchó. Sollozos. Unos penosos y horribles sollozos.

Cerró los ojos. No podía sentirse decepcionado, se decía. Pero tampoco debía perder la esperanza. Cuando entró al baño y vio a Petra en el piso aferrando una prueba de embarazo en la mano, llorando como nunca la había visto antes hacerlo, su corazón se estrujó. Entonces, la tomó en brazos y le dijo que pronto. Muy pronto. Que Dios estaba esperando por el momento perfecto. Cuando estuvieran listos, con sus vidas estables y en condiciones para ser padres. Ahora era el momento. Sus carreras estaban en pleno apogeo, y tenían todo lo que necesitaban. Pero Petra le dijo que habían estado listos durante seis años.

Seis años dieron lugar a siete y Petra cumplió treinta años. Deberían tener tres hijos a estas alturas, bromeaba ella, pero él podía ver cómo esa verdad la lastimaba. Hablaban de nombres y sobre qué género preferían. Él decía que quería una hija, para que, al crecer, fuera como su madre. Pero Petra decía que mientras fuera saludable y viviera mucho, no le importaba. A ella le gustaban los nombres unisex, pero mientras ella decía que era porque sonaban bien, Levi sabía el por qué.

Ella dejó de hacerse pruebas de embarazo todos los meses. Se había rendido. Levi lo supo porque había encontrado una página web sobre adopción en su computadora. Ella no le había dicho nada, y él no le diría que sabía.

Y entonces, sucedió.

Fue un sábado por la mañana, poco después de que saliera el sol, que Levi se despertó con Petra brincando de las sábanas y precipitándose hacia el baño, con su mano apretando su boca con fuerza. Ella comenzó a vomitar en el lavabo, mientras Levi seguía aturdido. La siguió y retiró su cabello hacia atrás mientras ella se estremecía, con el olor impregnando la habitación.

Dios, por favor, que no sea una intoxicación, murmuraba ella, y le pidió a su esposo que la dejara para poder hacerse el test de embarazo. Su corazón latía con fuerza mientras esperaba en la sala de estar, atento a cualquier ruido que su mujer hiciera. No escuchó nada. Media hora después, Petra salió del baño y arrastró los pies por el pasillo. Él la miró a los ojos. Lucía aturdida y pálida a medida que se acercaba. Llevaba el objeto en la mano, el primero en casi seis meses, y Levi lo supo antes de verlo. Sus rodillas cedieron antes de poder acercarse lo suficiente, y Levi se apresuró a adelantarse, tomándola entre sus brazos. Ella lloraba, los sollozos hacían temblar su cuerpo mientras se aferraba a él fuertemente. Y Levi lo vio. Dos rayas rojas en la prueba.


Embarazada de cuatro meses, dijo el doctor.

Levi y Petra estaban demasiado sorprendidos como para decir algo. Habían hecho todo lo que pudieron. Todo lo que estuvieron dispuestos a hacer durante siete años.

No preguntaron por el sexo del bebé. Habían esperado años, así que podían esperar unos pocos meses más.

La habitación en su casa había sido preparada desde hacía mucho tiempo. En el sexto mes comenzaron a hacer las compras. Ropas, zapatitos, pañales, toallitas húmedas.

Para el octavo mes, ya no había nada más que hacer. Excepto esperar.


Los chillidos del bebé resonaron por las paredes de la habitación de hospital cuando Levi sintió que Petra liberaba su mano de su agarre mortal. Estaba sudada, jadeante y tratando de regular su respiración mientras la enfermera se llevaba al bebé. Levi observaba, sus ojos seguían a la pequeña figura que era de ellos. Después de haber lavado y envuelto al niño en una tela, la enfermera se lo entregó a Petra con una gran sonrisa. 'Es un varoncito.' le dijo.

Petra lloraba, con los ojos enrojecidos e hinchados mientras contemplaba a su bebé. Cuando al fin reaccionó, Levi se percató de que también estaba llorando, y Petra lo miró a los ojos. Le extendió su mano húmeda, que Levi tomó sin pensarlo, apretándola entre las suyas mientras se miraban el uno al otro.

'Lo logramos,' dijo él entre lágrimas silenciosas.

Petra no podía dejar de llorar.