Disclaimer: Los personajes no son míos, pertenecen a Riichiro Inagaki & Boichi.
Nota: Esto sería un "retelling" de la cenicienta, pero con muchas cosas diferentes y adaptado a nuestros conocidos personales. También será un fic corto.
EL CIENTIFICO Y LA ZAPATILLA DE CRISTAL
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La vida no tiene que ser perfecta,
para ser maravillosa
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Mientras caminaba por los senderos de aquel pequeño bosque, se fijó en algo particular que no había visto nunca.
Huellas.
Kohaku sabía que era de las pocas personas que se aventuraban en los bosques del reino. No eran muy grandes, pero si tenían características y peculiaridades que los volvían un tanto peligrosos para la población.
En general se trataba del sentido de la ubicación dentro de aquel lugar, y es que, todos los árboles parecían ser los mismos, eran demasiado altos, con grandes ramificaciones y raíces enormes que sobresalían del subsuelo.
A ella realmente le parecía un lugar relajante, así que el hecho de que las personas prefirieran visitar otros lugares era un extra para ella.
Aunque algo en su subconsciente le dijo que se marchara, se encontró siguiendo aquellas huellas, las cuales parecían frescas, así que la persona habría caminado por el lugar hace tan solo unos minutos.
No supo cuánto tiempo paso, pero su curiosidad la llevo hasta encontrarse frente a frente con un par de ojos rojizos que la miraban con evidente confusión.
Parpadeó en repetidas ocasiones para asegurarse de que su vista no la estaba engañando, el hecho de que encontrara a alguien más en el lugar la hacía preguntarse un montón de cosas. Notando que la otra persona comenzaba a tomar su distancia decidió hacer lo mismo, retrocedió algunos pasos hasta que ambos se encontraban lejos el uno del otro.
No sabía si era buena o mala suerte, pero Kohaku reconocería al príncipe en cualquier lugar.
Ishigami Senku era una persona con características peculiares.
Tenía un cabello bicolor, platinado con unas puntas verdosas, el cual siempre lucía un tanto encrespado pero que mantenía su forma a como diera lugar. Poseía de igual manera unos intensos ojos rojizos que escondían gran sabiduría.
A pesar de ser alguien de complexión delgada, el príncipe Senku no era desgarbado y sin forma. Kohaku podía notar los músculos cincelados, prueba de un cuerpo firme y trabajado.
Era alguien atractivo…
Pero no tanto cuando abría su boca para soltar algún comentario totalmente extraño y absurdo.
—¿Qué hace una leona por estos lugares? — preguntó Senku, luciendo igual de confundido al ver a alguien en aquel lugar —Creí que este sitio estaba lejos de los límites con la ciudad.
Kohaku frunció el ceño ante la declara, pero no era eso lo que le molestaba.
La había llamado leona.
¡¿Qué clase de persona le ponía un apodo a alguien sin conocerse?!
Podía ser un príncipe y parte de la realiza, pero ese chico no tenía modales hacia las damas.
Senku pareció notar su incomodidad porque de inmediato una sonrisa ladina adorno su rostro.
—¿Dije algo malo? — comenzó, sin darle tiempo de replicar— Siento que es la definición correcta para alguien que anda tan tarde por estos bosques, eso sin mencionar tu color de cabello y tu manera de ser tan sigilosa, una leona en toda la extensión de la palabra.
Acto seguido dio media vuelta y continúo avanzando por el camino empedrado como si nada hubiese ocurrido. Dejándola a ella con un mal sabor de boca y unas ganas de apretar ese cuello hasta sacarle una disculpa por la audacia que tuvo hacia su persona.
—¿Es que acaso a la realeza no se les enseñan modales? —cuestionó con audacia, sin detenerse a pensar sobre las consecuencias de su insolencia.
Senku giro su cuerpo viéndose sorprendido, levantando la vista con rapidez encontrándose con unos ojos azulados que lo miraban de manera furiosa.
—¿Disculpa?
Trago saliva, respiro hondo y enderezo los hombros, antes de encarar al príncipe.
—Parece ser que al gran príncipe no le han enseñado a tratar a las damas— replicó con un cinismo marcado en su tono— ¿Qué pensaría vuestro Rey al respecto?
Senku pareció ligeramente ofendido con ese último comentario. Lo vio detener su andar y caminar de nuevo hacia ella. Parecía hastiado con la situación que se estaba generando.
—Tienes agallas…leona— y ahí estaba de nuevo, una sonrisa burlona mientras hurgaba en su oído con indiferencia— No te había visto por aquí antes ¿Es tu primera vez visitando este bosque? ¿Estas perdida?
Kohaku frunció el ceño ante las preguntas.
—¿Qué te hace pensar que estoy perdida? — le preguntó, visiblemente irritada
—La verdad…luzco más perdido yo que tú. Pero para ser sinceros, jamás te había visto por aquí.
Aquello si desconcertó a la rubia, quien dejo atrás su postura defensiva e inclino su cabeza viéndolo de manera confusa.
—Yo vengo aquí casi todos los días…pensé que alguien se había perdido cuando vi las huellas… — dejo ir las palabras cuando supo que esa conversación no iría a ningún sitio, Senku lucia aburrido con la explicación—¿Sabes qué?...olvídalo, me marcho.
Cerro los ojos, como si quisiera darse paciencia. Dio media vuelta y decidió seguir el sendero de regreso, prefería regresar a casa que quedarse alado del prepotente príncipe.
Siguió por algunos momentos pero se detuvo cuando sintió que alguien la seguía…que Senku la seguía.
—Conozco el camino— aclaró con desgano— Su Majestad puede continuar el camino que tenía trazado…
—Suena horrible cuando me dice "Su Majestad" — le escucho decir al príncipe, antes de que se diera cuenta, ya estaba a su lado mirándola con diversión— Prefiero que me digan Senku, ese tipo de etiquetas no van conmigo—
Cuando Senku termino de hablar, su voz se había vuelto un tanto dura. Como si realmente odiara la etiqueta impuesta debido a su alto estatus. Prácticamente tenía impreso en el rostro cuando le fastidiaban aquellas palabras. Kohaku no supo que decir, pero imagino que debía ser molesto escucharlo de manera diaria, sin que dijeran tu nombre.
—No pretendía molestarte— le dijo en voz baja, con sinceridad— ¿Eso significa que puedo llamarte Senku?
—Solo si me dejas decirte leona
—¡Que no soy una leona!
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—¿Entonces tu padre quiere que te cases para obtener el trono? — preguntó, mientras estiraba las piernas y metía sus pies en el rio. El agua estaba fría, pero se sentía espectacular contra su piel— Eso tiene que ser horrible.
A su lado, Senku seguía trabajando con un pequeño experimento mientras veía como analizaba unas rocas. Algo llamado Berilio…lo cual según él, era un material valioso, pero Kohaku apenas y entendió el 20% de lo que había dicho.
—El viejo está obsesionado con que me case y le dé nietos— respondió con cierto hastío. Sus dedos jugueteaban con los artefactos extraños, sus ojos viajaban con rapidez entre los miles de apuntes esparcidos a su alrededor— Tengo grandes ideas para mejorar el país, pero en mis planes no está criar niños a tan joven edad…
Kohaku levantó la vista hacia el cielo, en el fondo estaba de acuerdo con el pensamiento del príncipe.
—¿Has intentado hacerle ver tu opinión acerca de esto?
Kohaku lo escucho resoplar.
—Se lo he repetido diez billones de veces— respondió, noto como se extendía sobre el suelo, sin importarle si manchaba su ropa— Pero al parecer esas leyes arcaicas tienen más poder que mi propia vida—
El silencio se extendió sobre ellos, pero no parecía incomodo en lo absoluto. Era más como una tranquilidad envolvente que los mantenía sumergidos en sus propios pensamientos.
—Mi padre dice que nadie querría desposarse conmigo— dijo ella con cierto humor, sabía que sus problemas no tenían comparación con los de Senku, pero algo dentro de ella no lo quería ver sumido en esa desesperación— Dice que soy lo suficientemente problemática como para que un hombre quiera cargar conmigo—
Dejo escapar una pequeña risa.
—Creo que tiene razón, mi hermana Ruri siempre fue la más tranquila y serena de ambas— continuó — Solo me importaba ella, sufrió muchísimo por su enfermedad y en parte debo agradecerte, gracias a ti ella sigue viva…
Senku se limitó a observarla, por primera vez, prestando demasiada atención a lo que ella decía.
—Es por eso, que cuando ella encontró la felicidad en su actual esposo, no tuve más opción que hacerme a un lado y sentirme aliviada por ella— una sonrisa se dibujó en su rostro, sintiéndose más relajada— Cuando ella se marchó de la casa fue cuando los verdaderos problemas comenzaron y creo que pronto tendré que buscar otro lugar en donde vivir. No creo poder soportar por más tiempo los alaridos constantes de mi padre y su decepción por lo pésima que soy como hija—
Senku le miro brevemente, para después dejar escapar un sonoro suspiro.
—Estamos en situaciones cojonudas ¿no lo crees?
—Me parece que sí— comentó ella, mientras balanceaba sus pies en el agua.
Kohaku sonrió con compasión. Pero aun había algo que la tenía intrigada y que quería saber.
—¿Por qué un baile? —
—Mi viejo cree que tendré algo así como "amor a primera vista" —se quejó Senku—Es una reverenda estupidez, eso no existe. Son solo cuentos inventados por la gente tratando de justificar su necesidad de afecto y deseo contenido—
—Todas las doncellas solteras del reino estarán invitadas…¿No estas mínimamente curioso por ello?
—Claro que no, el 90% de ellas irán porque quieren el título de reina, el 8% porque quieren dinero y viajes, el 2% restante son chicas obligadas a ir por los deseos egoístas de los padres.
Sin poder evitarlo, Kohaku comenzó a reír.
Senku la siguió poco después.
—¿Iras leona?
—Inclúyeme en el 2% de la población.
—Debidamente anotado.
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—No he entendido nada de lo que has dicho— se quejó Kohaku, era notable su frustración pero decidió mantener una postura indiferente— ¿Cómo es que alguien siquiera le gusta hacer este tipo de cosas?
—Se llama ciencia, leona—dijo Senku mientras seguía el pequeño camino con Kohaku muy cerca de él— No me digas que estas asustada, esto es diez billones de veces más emocionante que estar en el palacio o en algún otro lugar.
—No sé qué tiene de emocionante buscar más rocas— replico la rubia, sin dejar de seguirlo por aquel lugar.
Senku le había contado acerca de una cueva la cual recorría cada cierto tiempo en búsqueda de más minerales para sus experimentos. Lo que nunca se espero fue que él la arrastrara hacia el lugar para hacerle compañía.
La cueva era húmeda y se tenía muy poca visibilidad, pero por alguna razón Senku conocía perfectamente el camino. Sus pasos eran medidos y certeros, trataba siempre de no perderlo de vista y daba gracias a su desarrollada visión para visualizar las partes más peligrosas.
—El punto es que necesito algunos minerales…
—Eso ya lo dijiste…sigo sin entender— farfulló entre dientes, ganando una risa por parte de Senku.
—Lo que quiero decir leona…—le dijo con rapidez, al notar la mirada que ella ponía al mencionar el apodo— Dentro de esta cueva puedo encontrar silicatos, son un tipo de mineral que se encuentran mayormente en las rocas de las corteza terrestre— siguió avanzando hasta que se encontraron en una especie de área demasiado amplia, fue entonces que Kohaku noto varias lámparas instaladas, así como herramientas y carros trasportadores— Este tipo de minerales silicatados están divididos en subclases en base a su composición química y función de la estructura interna…— Senku noto la mirada perdida de Kohaku, quiso reír pero tenía la certeza de que la leona se molestaría aún más— En conclusión, son "rocas" que tienen diferentes usos científicos y a mí me sirven bastante.
—Pudiste empezar por ahí— Kohaku le miro mordaz. Senku solo se encogió de hombros. —Entonces…¿Por qué querías que viniera?
En lugar de responder, Senku señalo una pila de costales con varias cosas brillantes, supuso que eran las rocas de las que hablaba el príncipe.
—Técnicamente, necesito ayuda para llevar esto al palacio…
—¿Cómo esperas que entre al palacio cargando todo esto? —
No se había negado a brindarle su ayuda, pero el príncipe estaba loco si creía que ella iba a pasar con todos esos costales por las enormes puertas del palacio. Los guardias la apresarían de inmediato y sinceramente no tenía las ganas de ir a la cárcel. Su padre podría llamarla problemática, pero jamás estuvo al borde de ser llevada a prisión.
—No esperaba que lo hicieras— Senku bufó— No es como si yo saliera todos los días por la puerta principal, mi padre se volvería loco.
Kohaku tenía la sensación de lo que quería hacer Senku no le iba a agradar en lo absoluto.
—¡Pasaremos de incognito!
Kohaku suspiró.
Ese chico era una caja de sorpresas.
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—¿No sientes que ha pasado demasiado en muy poco tiempo? — pregunto ella, siendo seguida de cerca por el príncipe.
La noche había caído sobre ellos, al momento de salir de la cueva con los materiales en mano se dieron cuenta de que ya había anochecido, Lo gracioso vino después cuando fue consciente de que Senku era un poco –bastante– torpe con el trabajo de cargar costales.
Kohaku ahogo un suspiro cuando sintió que Senku se volvía a tropezar. Ya iban cuatro veces que sucedía lo mismo.
—¿De verdad no quieres que lleve esos costales por ti? — preguntó sabiendo la respuesta negativa que vendría por parte de él.
—Estoy bien, leona
—No lo parece
Cuando se giró a verlo, noto lo agotado que se veía. El sudor perlaba su frente y su respiración era bastante agitada. Al parecer tenía un buen cuerpo por pura genética, pero su falta de condición física era demasiado notoria.
—Déjame ayudarte— masculló, sin darle tiempo de responder, tomo los materiales y continúo caminando.
Senku gruño, y se irguió rápidamente para seguirle el paso.
—Te vas a lastimar leona, ese peso no es normal para que lo cargue una sola persona…
—Tengo más resistencia de lo que parece Senku— intervino Kohaku, sin dejar de cargar con los pesados costales. —Cuando Ruri era más joven, tenía serios problemas con su enfermedad, así que iba diario a buscar aguas termales para baños medicinales…
—¿Todos los días? — pregunto Senku. Kohaku asintió en respuesta —Eso es ridículamente imposible…
—Mi hermana lo necesitaba— interrumpió ella, era la verdad. Su hermana tuvo años difíciles y ella se sentía impotente ante la situación. —Tenía que hacer algo y parte de ello me ayudo a fortalecer mi cuerpo, tenía que venir varias veces por agua…se volvió una costumbre.
Había pasado días enteros recolectando litros de las aguas termales, para ella tenía propiedades curativas y Ruri siempre parecía mejor después de aquellos baños. Fue capaz de hacer que su hermana mantuviera fuerzas durante años, jamás le importo los trayectos o que tan pesados eran los jarrones que cargaba. El simple recuerdo de la sonrisa de su hermana evocaba un sentimiento de satisfacción y felicidad dentro suyo.
—Te has ganado mi respeto leona— le escucho decir con sinceridad, justo antes de sentir como Senku la tomaba por el antebrazo y la giraba levemente hasta encontrarse con esos intensos ojos rojizos.
Cualquiera que los hubiera visto desde una cierta distancia, habría pensado que ambos estaban a punto de besarse. Casi lo parecía, la cercanía de Senku la puso nerviosa de inmediato y una sensación de anhelo se instaló en su pecho. Se sentía casi mareada por el aroma del príncipe, era sutil y varonil al mismo tiempo. Y también estaba irritada, se sentía nerviosa y su ansiedad rozaba dentro de ella expresándose con mal humor disimulado.
¿Cómo era posible que la pusiera nerviosa un simple toque?
Senku no parecía percatarse del inmenso mar de sensaciones que sus dedos le estaban causando mientras hacían contacto con su piel.
—Pero aun con esa historia…no puedo permitir que lleves todas esas rocas contigo— su mano dejo de tocarla para tomar uno de los costales que traía con ella. Sintió el vacío ante la perdida de aquel toque, pero decidió ignorarlo y seguir con aquella tarea.
Después de todo ella se iría en cuanto terminara de ayudarle.
Senku le sonrió, haciendo que sus nervios se incrementasen. Lo sintió alejarse unos pasos antes de escuchar nuevamente el estruendo del príncipe cayendo al suelo.
Kohaku sintió una gota bajar por su sien al tiempo que se ponía en marcha para ayudar a Senku.
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El pasadizo del castillo fue una enorme sorpresa para Kohaku.
A su lado Senku no parecía sorprendido en lo absoluto, le comento de los múltiples escondites del castillo y como los había descubierto cuando tan solo era un niño. Siempre tenía que encontrar una manera de esconderse de su padre y los guardias.
—Espera— Senku movió una especie de puerta que daba acceso a uno de los pasillos del palacio, Kohaku se dio cuenta que no era una puerta lo que movía sino una pintura vieja —No veo a los guardias…¡andando!
Corrieron por el amplio espacio con una risa ahogada y la diversión impresa en sus rostros.
Kohaku nunca se había divertido tanto.
Entraron en una habitación con una puerta doble. Toda la decoración era simplemente magnifica, Kohaku podía sentir la elegancia en cada rincón de aquella habitación, que aunque estaba decorada de una manera sencilla, era formidable.
Dejo los costales en el suelo en cuanto entraron.
—Debo admitir que me alegro de haberte encontrado en el bosque, leona— pronuncio Senku con tranquilidad, al mismo tiempo que dejaba varias cosas sobre su escritorio. Era tan cuidadoso y meticuloso que Kohaku se preguntó cuánto amaba realmente la ciencia— Si hubiera estado solo, seguramente seguiría ideando una manera de traer todos los materiales…quizá habría tenido que realizar varios viajes para conseguir traer todo— Senku levanto la vista hacia ella— Muchas gracias, Kohaku.
Una ligera sonrisa apareció en sus labios mientras asentía en respuesta.
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Estuvo más tiempo del pensado dentro de aquella habitación, y es que Senku no había parado de contarle varias cosas que tenía planeadas por hacer. Kohaku sabía que llegaría bastante tarde a casa, pero no lo pensó demasiado mientras miraba confunda al príncipe y preguntaba por cada cosa que no entendía- que era casi todo en general- pero estaba segura de que ese día se volvería memorable para ambos. Era una suerte que Senku fuera alguien sencillo y no una persona arrogante como algunos habrían imaginado.
Unos minutos después de las diez de la noche, se levantó y comenzó a despedirse de Senku, quien no parecía muy convencido de que se fuera a esas horas. Lo convenció de que estaría bien, conocía el camino y tenía que llegar a casa antes de que su padre armara un escándalo total.
Senku no tuvo más opción que aceptar.
Ambos salieron hacia el pasillo para que Kohaku pudiera salir por el pasadizo.
Senku la detuvo a instantes de que ella se adentrara dentro del lugar.
—Tienes que venir al baile leona— los ojos de Senku se levantaron, mirándola directa e intensamente— Creo que eres la única en el reino que realmente estará aquí sin dobles intensiones…
—Senku, es un baile para que encuentres esposa…hay dobles intenciones lo quieras o no— replico, encogiéndose de hombros y ganándose una mirada irritada por parte del príncipe.
—Sabes a lo que me refiero
—Si bueno, de igual manera estaré aquí porque mi padre así lo quiere— dijo con sinceridad— No te preocupes Senku, tengo el presentimiento de que todo saldrá bien.
—No me valgo de eso, necesito una prueba clara…— fue interrumpido por un suave dedo en sus labios, Kohaku lo miraba con diversión. Pudo sentir como su rostro se enrojecía ante el tacto de la chica.
—Tienes que tranquilizarte un poco…Su Majestad— dicho esto, paso rápidamente por la pintura, dejando a Senku con la palabra en la boca.
Le horrorizo darse cuenta del intenso rubor que aun adornaba sus mejillas, cubrió su rostro con una mano sin dejar de ver el lugar por el que la leona había desaparecido.
—Esa leona es astuta
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El reino se encontraba de fiesta. El gran baile seria llevado a cabo aquella noche, en donde las doncellas solteras de todas partes acudirían para ver al príncipe, y si una tenía suerte, seria elegida próxima reina. Para Kohaku, eso seguía sonando demasiado extraño en su cabeza, después de tres días su mente seguía viajando a los pequeños momentos que tuvo con el príncipe. Se acostumbro a la idea de que esa noche, Senku tendría que elegir esposa, aunque sentía que sería una imagen demasiado cómica y que posiblemente se reiría ante la situación.
Senku le había dicho que ella tenía que estar ahí.
Pero dudaba que él siquiera se acordara de ella.
Algo en su subconsciente seguía diciéndole: "Animo tonta, al menos tendrás la oportunidad de hablar y convivir con él antes de que se vuelva hombre casado"
Seguía sumida en sus pensamientos cuando su padre irrumpió en la habitación con una mirada molesta en su rostro, pero eso ya era costumbre en él.
—¡¿Aún no estas lista?! — pregunto en medio de un grito que hizo retumbar las ventanas —¿Cómo puedes ser tan desconsiderada e irresponsable?
Realmente no contesto a lo último, no tenía las ganas de arreglarse. Además, su padre era consciente de lo pésima que era en cuanto a verse como una dama de sociedad. Prefería vestir ropa cómoda para el combate y entrenamientos, y tendía a sujetar su cabello en una coleta para que este no le estorbase.
—¿Podrías dejar de molestarme? — dijo, tratando de que saliera de la habitación.
Pero su padre tenía otros planes en mente. Abrió aún más la puerta dejando entrever a las personas detrás de él.
—Este es Asagiri Gen y Amaryllis, ambos están aquí para ayudarte con tu preparación para el baile de esta noche.
Kohaku no podía creer las medidas extremas que estaba tomando su padre con tal de que asistiera al dichoso evento. Kokuyo era un extremista total y alguien con un terrible carácter, quiso gritar en frustración pero eso solo alimentaria la ira de su padre.
Kokuyo le dio una última mirada antes de salir de la habitación, dejándola sola con dos desconocidos, quienes la miraban con pena.
No necesitaba la lastima de nadie.
—¡Muy bien Kohaku-chan! — musito con entusiasmo aquel hombre de cabello bicolor. —Es hora de que te pongas más hermosa de lo que ya eres y vayas a conquistar a ese príncipe.
Kohaku entrecerró los ojos.
Conocía a las personas persuasivas.
Tenían tanta labia en sus palabras que podían encantar a las personas más débiles. Asagiri Gen era una de esas personas, su mirada calculadora dejaba ver sus verdaderas intenciones.
—Deja los juegos— dijo, mientras se ponía de pie.
El aludido le miro, dejo atrás esa mascara de amabilidad y en su rostro apareció una sonrisa un tanto tétrica. A su lado, Amaryllis arqueo una ceja y dejo escapar un suspiro del puro agotamiento.
—Compórtate Gen— la chica palmeo el hombro de su compañero— Tenemos trabajo que hacer.
—No necesito que nadie me ayude— replicó la rubia— Salgan de esta casa…
—Me temo mi querida Kohaku-chan…que su petición tendrá que ser ignorada— interrumpió Gen, con su sonrisa muchísimo más amplia que antes. —Ahora si nos permites, tenemos que dejarte espectacular. Considéranos tus hadas madrina de esta noche, la cual se deja saber que será mágica. Algo me dice que este día será memorable para tu vida y que pronto todos tus deseos se harán realidad. —sintió las manos del chico tomarla por los hombros, viéndola con sinceridad por primera vez, esos ojos la estudiaron con intensidad queriendo buscar algo dentro de ella—Tu padre es cruel contigo por no cumplir con sus expectativas, pero no te preocupes, que todo eso estará solucionado, además…tu ya has dado el primer paso.
Kohaku, quien se encontraba aturdida por el bombardeo de palabras y la última frase del tal Gen, se encontró a si misma siendo atendida por Amaryllis. Gen junto a ella preparando lo que parecía ser el vestido que usaría.
Sintió unas suaves manos sobre su cabello. Amaryllis era delicada y amable, lavo su cabello y lo arreglo, Kohaku jamás había sentido su cabello tan suave. Los mechones rubios caían a cada lado de su rostro con elegancia mientras la castaña la peinaba. Después de eso, coloco unos pequeños broches para que el cabello no estorbara.
Ella no entendía mucho del maquillaje, conocía algunas cosas por su hermana pero jamás fue lo particularmente hábil con los pequeños artefactos, sin embargo, Amaryllis parecía hecha para el trabajo. En sus ojos aplico sombras de color neutro, un pequeño delineado y mascara de pestañas. Su rostro fue preparado y después llego la base de maquillaje, el rubor, y algunos cuantos toques más. Todo esto se lo iba explicando la chica conforme lo hacía, le dijo que necesitaba los más natural y bella posible.
Sus labios fueron coloreados con un suave color y un pequeño brillo.
Kohaku no reconocía a la persona que veía frente al espejo. Se sentía diferente y algo dentro de ella se sintió feliz por eso.
Pero su indagación duro poco cuando Gen la arrastro hacia él. Comenzó a colocarse un corsé y después paso sobre su cuerpo aquel vestido.
Kohaku sonrió.
El vestido era de un precioso color azul, tenía los hombros descubiertos y las pequeñas mangas caían con suavidad sobre su brazo. La parte superior parecía formar un corazón y este se acentuaba a su pequeña cintura, la espalda estaba levemente descubierta. La parte inferior era ancha, la tela se sentía suave y Kohaku podía jurar que con cada movimiento el vestido dejaba caer polvos mágicos.
—Ahora Kohaku-chan, tengo que colocarte el toque final de mi obra maestra— comento Gen, con voz suave mientras dejaba ver una pequeña caja. Kohaku se preguntó de donde sacaba todas las cosas si ellos habían llegado prácticamente con las manos vacías— Estos zapatos te harán lucir muchísimo más mágica—
—¿Mágica?
En lugar de responder, Gen saco dos bellísimas zapatillas de cristal, lucían tan delicadas y hermosas que Kohaku tenía miedo de solo mirarlas. Pero sintió como las manos del chico se acercaban a sus pies con suavidad.
Se sorprendió de saber que estos le calzaban a la perfección. Su piel entro en contacto con el cristal, pero no eran incomodos. Incluso sentía que podía caminar con ellos con total normalidad.
—Ahora estas lista— declararon los dos al mismo tiempo mientras la veían.
—M…muchas gracias— soltó Kohaku con un pequeña sonrisa.
—También tenemos preparado un carruaje para ti hermosa dama— confeso Gen— Tendrás a tu chofer esperándote afuera, él se encargará de llevarte y traerte de regreso.
—Entiendo…
—Una cosa más— interrumpió Amaryllis, antes de que ella se dirigiera hacia la salida— Existe un tiempo para nuestros servicios, deberás regresar antes de que el reloj marque la medianoche.
—No se preocupen por eso— respondió, mirándolos por última vez— No creo estar ahí por mucho tiempo.
Y con ello dejo la habitación, no sin antes agradecerles nuevamente por todo lo que habían hecho.
—Quién diría que nuestra próxima reina sería una chica llena de sorpresas ¿No lo crees? — cuestionó Gen al instante, mientras Amaryllis asentía estando de acuerdo con él— El joven príncipe realmente tiene un largo camino por recorrer.
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No supo si se trataba de su indecisión que tenía sobre ir al dichoso baile o si el chofer del carruaje era especialmente lento para conducir. Pero el trayecto fue un infierno total de aburrimiento.
Cuando vio por fin las luces del palacio se sintió particularmente mareada, no había más carruajes que el de ella. Seguramente ya todos se encontraban dentro y ella tenía que ser quien llegara tarde, ahora entendía por qué su padre la llamaba irresponsable.
Mira que llegar tarde al baile del príncipe.
La entrada era gigantesca; grandes columnas de mármol en cada extremo, una escalinata cubierta por una fina alfombra color carmín, también noto los extensos valles alrededor. Dando un aspecto aún más encantador al palacio.
Cuando por fin se detuvieron, el chofer rápidamente abrió su puerta con un suave movimiento, tomo la mano que le ofrecía para bajar.
Los guardias no rompieron su postura, pero Kohaku notaba la mirada de ellos sobre ella.
Rezo por no tropezar en el camino.
Aquello era una tortura monumental.
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Senku no sabía si tirarse del balcón o simplemente salir corriendo del lugar. Sentía que pronto su cabeza estallaría y le estaba costando demasiado permanecer con los ojos abiertos mientras uno de los sirvientes iba pronunciando los nombres de las doncellas.
Ni siquiera se molestó en recordar sus nombres. Todas eran iguales; mirada anhelantes, suspiros ahogados, palabras vacías, movimientos o ademanes indecentes, gritos, llantos. Incluso una tuvo el atrevimiento de abrazarlo— había tranquilizado a sus guardias antes de que la sacaran a patadas— después de eso, todo se volvió más de lo mismo.
Tardo algunos minutos en comprender que la leona no iría, su nombre no había sido mencionado y tampoco podía verla por ningún sitio.
Algo dentro de él se sintió…decepcionado.
Dejo esos pensamientos de lado cuando noto como alguien se ponía a su lado. No tuvo que ser un mago para adivinar que se trataba de su padre. Byakuya podía ser alguien muy ruidoso cuando se lo proponía.
—¿Ya te has decidido por alguna de las doncellas? — pregunto, viéndolo con ojos esperanzados.
Senku chasqueo la lengua con fastidio mientras rascaba su oído.
—¿Son ganado o algo parecido? — su padre lucio conmocionado por sus palabras—Hablas de esas mujeres como si se trataran de objetos en un mercado…
—No quería sonar de esa manera hijo…pero debes decidir por alguien para el título de reina y futura esposa tuya.
Le había costado dos días entender que su padre no daría su brazo a torcer, y que estaba condenado a la infelicidad con tal de que su padre obtuviera su libertad.
—Aún no lo he hecho— decidió responder, orando para que su padre le permitiera tener unos momentos de soledad.
—El baile principal comenzara en breve…date prisa—
Soltó un resoplido cuando su padre se marchó.
Todas las miradas estaban puestas sobre Senku y él no miraba a nadie. El nerviosismo era palpable en el aire.
Lo sabía, tendría que elegir al azar a alguna de las doncellas, al menos alguien que se notara gentil y no tan problemática. Lo peor sería después, cuando fueran forzados a convivir, Senku no quería ganarse el odio de nadie.
Bajo los escalones sin mucho ánimo.
Fue entonces, cuando al levantar su mirada…la vio.
A lo lejos, una figura destacaba entre todas las demás. Con un aire de elegancia a su alrededor y un vestido que parecía ser hecho a la medida para la pequeña leona.
Hasta ese momento, había pensado que su noche estaría perturbada por pensamientos negativos. Pero al parecer estaba errado en ese aspecto.
Se abrió paso entre la multitud que lucía mayormente asombrada. Kohaku se veía un tanto desorientada mientras miraba todo a su alrededor sin fijar su vista en él.
—Cumpliste tu promesa leona— Murmuro, Kohaku volteo rápidamente viéndolo con ojos asombrados— Pensé que habías olvidado la pequeña promesa.
—Yo pensé que ni siquiera me recordarías— replico ella con voz cantarina— No creí que tardaría tanto en llegar hasta aquí…lo siento Senku.
El aludido se encogió de hombros, restándole importancia.
Senku abrió la boca para soltar un comentario sarcástico, pero nada salió de sus labios. Se sentía extraño, y no tuvo tiempo de pensarlo cuando noto que las voces en el salón se habían callado y la gente los miraba intrigados, algunas doncellas molestas por ser ignoradas por el príncipe. Por el rabillo de ojo noto a su padre sonriendo con suficiencia mientras sus pulgares en señal de aprobación.
—Senku…nos están mirando ¿Tengo algo en la cara? — pregunto Kohaku en voz baja, mientras se acercaba algunos pasos hacia el príncipe.
—No tienes nada leona, vamos— enredo suavemente sus dedos en la mano de ella y juntos se encaminaron hacia la pista, en el centro de aquel gran salón. La gente se abrió paso viendo a la peculiar pareja.
Byakuya por otro lado puso en marcha rápidamente a los músicos para que comenzaran a tocar.
La suave melodía comenzó a escucharse mientras Senku y Kohaku se ponían en posición.
—Yo no sé bailar— dijo la rubia con cierto nerviosismo— Es como una clase de maldición, todos terminan en el hospital después de bailar conmigo…
—Esperemos que no suceda leona, no tengo ganas de estar encerrado en una habitación con olor de antiséptico.
—Antise…¿Qué?
Pero no hubo tiempo para respuestas.
Senku colocó una de sus manos en su cintura mientras guiaba una de las manos de Kohaku hacia su hombro. Con elegancia, tomo la mano libre de ella, alzándolas hacia su lado.
Kohaku sintió el pequeño impulso cuando Senku se movió al compás de la melodía. Pero rápidamente noto la mueca en el rostro de él cuándo lo piso.
—Diablos leona, eso dolió.
—Lo siento
Unos cuantos pisotones, giros descoordinados, movimientos involuntarios, y un sinfín de sucesos que ocurrieron antes de que Kohaku entendiera el baile.
Senku quería reír ante el rostro de concentración que la leona. Comprobó que ella era alguien decidido, al parecer no quería hacerlo pasar un mal momento y le agradecía interiormente por ello.
Poco a poco la gente fue uniéndose al baile.
El ojo rubí no perdió su atención en Kohaku, ambos danzaron alrededor. En algún punto ambos comenzaron a reír y a pasarla bien. Ya no existía nadie más, no interesaba nadie a su alrededor.
—No pensé que esto fuera tan divertido— la escuchó murmurar en algún punto y Senku solo sonrió en respuesta.
Kohaku le miro un momento más con sus ojos vivaces y feroces.
Fue entonces que recordó lo que había querido mostrarle cuando la viera nuevamente.
—Tengo que enseñarte algo…— exclamó emocionado, ambos detuvieron su danza y caminaron entre la multitud con cuidado. No quería que su padre lo viera escabulléndose— Creo que te gustara.
Kohaku en cambio no dijo nada y soltó una carcajada, mientras ambos caminaban ya un poco más tranquilos por los pasillos. Cuando dieron vuelta en uno, fue cuando reconoció el escenario. Pronto estuvieron frente a la habitación del príncipe.
Había muchas cosas tiradas, papeles y herramientas. Seguramente estaba haciendo un montón de experimentos antes de que fuera el baile, Kohaku estaba sorprendida de que Senku no se perdiera entre su propio desastre.
—Aquí esta— lo escuchó decir inquietado al otro lado de la habitación— Esto es algo que quería comentarte…he decidido que se de apertura a una nueva academia de artes marciales y defensa personal.
Kohaku parpadeo sorprendida.
—¿Qué? — preguntó sin creer lo que estaba escuchando.
Senku sonrió todavía más emocionado.
—Me dijiste que habías entrenado por mucho tiempo y tu cuerpo se volvió muy resistente debido a ello— Senku le mostro todos los documentos en donde aprobaba la academia, los permisos necesarios y la infraestructura seleccionada— Así que lo pensé durante un tiempo y creo que sería buena idea para que comiences tu propio camino. Serás directora y podrás impartir las clases que tu desees.
Kohaku no cabía dentro de su propio asombro, no sabía cómo es que Senku había pensado tanto en algo tan banal. Ella no consideraba algo relevante su experiencia en este tipo de disciplinas. Pero al parecer el príncipe no pensaba igual que ella.
Tomó los papeles entre sus manos, sintiendo como un nudo se formaba en la base de su garganta.
—Esto es demasiado…príncipe.
—Tonterías— Senku hurgo en su oído mientras señalaba los papeles— Solo tienes que decir que si…todo esto es tuyo.
—G…gracias—
Senku sonrió mientras asentía. Hablaron durante un tiempo, ambos olvidando la fiesta que había en el salón principal.
Seguramente Byakuya lo estaba buscando. No quería que los encontrasen así que decidieron permanecer en la habitación con sonrisas cómplices y conversaciones prolongadas.
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Kohaku vio el reloj y noto que solo le quedaban algunos minutos para la medianoche. Tenía que darse prisa y salir del lugar, se lo hizo saber a Senku quien la miro confundido.
—Puedes quedarte aquí leona, tenemos habitaciones de sobra
—Lo agradezco, pero es necesario que regrese a casa— Kohaku sonrió mientras se ponía de pie y comenzaba a caminar hacia la salida— Supongo que te veré de nuevo, príncipe…
—¡Cásate conmigo!
Su mano se detuvo antes de tomar el pomo de la puerta.
—¿Qué?
—Cásate conmigo, Kohaku
—¿Estas enfermo? — volvió a acercarse al príncipe, colocando una mano sobre la frente de este para comprobar su temperatura.
—No…pero necesito que te cases conmigo.
—Eso es una tontería Senku…
—No lo entiendes, mi padre no me dejara tranquilo hasta que decida a alguien con quien casarme, y siendo sincero, no quiero casarme con ninguna de las doncellas que vimos afuera.
Kohaku arqueo una de sus cejas.
—Yo tampoco soy el prototipo perfecto ¿lo sabes?
Senku no respondió a eso ultimo.
—Eres la única con la que puedo estar tranquilo leona— exclamó con una leve desesperación en su voz— Serias perfecta…
Ella lo observo detenidamente. Sabia cuando alguien mentía y en ese momento, él lo estaba haciendo. Fue entonces cuando reacciono y se dio cuenta por qué le había dado una academia y su actitud tan dulce de horas antes. ¡Todo era un truco!, un truco para que ella estuviera feliz con él y agradecida, de esa manera se sentiría comprometida y aceptaría a la locura de la que estaba hablando.
La ira nublo sus pensamientos.
—¿Por eso me dijiste lo de la escuela de artes marciales?
Senku no tuvo que decir nada, el movimiento frenético de sus ojos dejo al descubierto las verdaderas intenciones del príncipe.
—No pensé que fueras de esa manera…un manipulador total— tomó los papeles y los dejo sobre la cama de Senku con suavidad— Sera mejor que me vaya. Gracias por lo de la propuesta, pero creo que me veo con el derecho de declinar la oferta.
—Espera leona…
En realidad no quería escuchar nada que viniera de su boca, así que abrió la puerta y salió huyendo de la habitación, apresuro sus pasos cuando sintió que Senku la seguía. Sabiendo de la falta de condición de este, aprovecho y brinco por uno de los balcones cayendo con gracia sobre algunos arbustos. Sintió los raspones en su piel pero no importo en ese momento, también escucho como el vestido se rasgaba en algún momento.
Maldición.
—¡¿Estas loca?! — Senku continúo corriendo, buscando detenerla.
Algunos guardias los vieron pero estaban confundidos sobre como intervenir.
Kohaku visualizo su carruaje, esperándola al final de los escalones. Había reducido el camino para evitar la multitud. Al parecer Senku conocía más atajos porque estuvo detrás de ella rápidamente.
En algún momento sintió la falta de una de sus zapatillas.
Comenzaba a dolerle el cuerpo y no tenía tiempo para regresarse por el zapato de cristal, así que lo dejo ahí y continúo corriendo hasta lograr subir al carruaje.
El palacio se perdió rápidamente detrás de ellos. Kohaku pudo respirar tranquila.
Pero todavía sentía una pequeña presión en su pecho.
Había sido una tonta.
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La conmoción en el palacio se dejó escuchar por todo el reino. El príncipe lucia furioso y todo mundo había vuelto a sus casas sin explicación.
Byakuya estaba confundido.
Su hijo seguía sin decirle nada. Lo había visto entrar con una zapatilla en mano y pronto comenzó a declarar que el baile estaba cancelado.
Cuando trato de hablar con él, fue recibido por el silencio de este.
Y así durante algunos días hasta que su hijo por cuenta propia decidió contarle todo.
Senku no era alguien rencoroso, y estaba profundamente orgulloso de la persona en la que se había convertido. Grande fue su sorpresa cuando le hablo sobre la chica con la que había bailado y como es que ambos coincidieron en el bosque días atrás. Claro que Senku tuvo que revelar el pasadizo y Byakuya decidió no reprenderlo por ello, dado que él también conocía los rincones secretos del palacio. Aunque Senku deseaba demostrar indiferencia ante la situación presentada, la verdad es que podía notar el sentimiento de abatimiento viniendo de su hijo.
—Lo único que tengo de ella, es su zapatilla— explicó Senku con un ligero encogimiento de hombros— Ni siquiera sé dónde vive.
Y Byakuya supo que no podía dejar que su hijo de diera por vencido.
—Vamos Senku, anímate— dijo, mientras se ponía de pie y palmeaba con fuerza la espalda del pequeño príncipe— ¡Tenemos todo un día por delante y una zapatilla que debe ser devuelta!
—¿Estás loco viejo? — Senku tosió con fuerza ante la fuerte palmada proporcionada, sentía que iba a dejar escapar su desayuno ante el impacto.
—¡Arriba! ¡Arriba! — gritó con entusiasmo— Tenemos que encontrar a la doncella de la zapatilla de cristal.
Senku rodo los ojos.
—¿Por qué esto se siente como si fuera un cuento de hadas?
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Kohaku no dejo que la amargura del baile le arruinara el resto de la semana.
Su padre se mantuvo calmado y no había discutido con él en un buen rato, entreno y salió de compras. Además de que buscaba un nuevo trabajo en el que pudiera mantener su mente ocupada, aunque decidió buscar después de un tiempo dado que cada vez que salía escuchaba la historia de la doncella que abandono al gran príncipe.
Todo el reino parecía feliz por tener un nuevo chisme que contar.
Kohaku solo quería dejar de escuchar aquello.
Por ello decidió quedarse en casa aquella mañana. Ya había alimentado a los animales, limpiado la casa de arriba abajo, cocinado la comida y cena, lavado la ropa. Estaba agotada y lista para tomar una siesta, cuando el sonido de un carruaje y los gritos de la gente se hicieron escuchar.
Se quedo quieta.
Esperando.
Escucho a su padre bajar las escaleras y abrir la puerta principal, segundos después el grito de este la alerto.
Se coloco sus zapatos y bajo rápidamente.
Su padre estaba con el rostro pálido mientras veía a las personas que habían ingresado. Kohaku le miro y después giro su cabeza en dirección a la sala.
Su aliento quedo atascado cuando visualizo al Rey Byakuya y a Senku, ambos sentados en el sofá con demasiada tranquilidad. Trago en seco cuando el rey se fijó en ella y se levantó entusiasmado.
—Así que tú eres Kohaku— afirmó con entusiasmo, lo tuvo frente a ella en cuestión de segundos.
—Mucho gusto, Su Majestad— tanto ella como su padre realizaron una reverencia.
—Dejen las formalidades. — escucho decir a Senku desde el sofá.
Kohaku quien reparo en su presencia, lo miro con confusión, mientras el príncipe se ponía de pie y le mostraba algo que cargaba entre sus manos.
—Creo que esto te pertenece leona.
Tanto el rey como su padre desaparecieron con rapidez del lugar. Con la excusa de que tenían hambre y buscarían algo para comer.
—¿Qué haces aquí Senku?
El aludido tuvo la decencia de lucir avergonzado.
—Quería disculparme contigo, hubo un malentendido— comenzó a explicar— Yo no buscaba comprarte con lo de la academia, realmente quería que formaras parte de ello. Lo del casamiento…siento que quiero que seas tu con quien quiero casarme. No quiero estar con esas doncellas falsas y avariciosas— rasco su cuello como si le avergonzara estar expresando todo aquello— No estoy enamorado de ti, no voy a mentir con eso y crearte una ilusión falsa. Pero, me siento cómodo estando contigo, no me siento atosigado o asfixiado.
—Yo tampoco estoy enamorada Senku— contesto ella, ambos se miraron y comenzaron a reír— Eres una buena compañía, un tanto extraño con todo lo de la ciencia y yo no entiendo mucho…pero creo que puedo manejarlo, su majestad.
Ambos volvieron a reír, mientras Senku le indicaba que se sentara junto a él.
—Mi padre y yo te hemos buscado por todos lados. Quería devolverte esto— desenvolvió el objeto en sus manos, revelando la zapatilla de cristal que había perdido.
—La zapatilla— exclamó, tomándola entre sus manos. —Pensé que no la vería de nuevo.
—Si me permites— Kohaku quiso reír cuando Senku se arrodillo, tomando su pie con delicadeza y deslizaba la zapatilla en su pie. — Perfecto, le he devuelto su zapatilla futura esposa y gobernante del reino.
—Sigue sonando extraño, Senku.
—Dame el crédito por eso.
Ambos sonrieron mientras tomaban sus manos.
Tenían un largo camino por recorrer, pero algo le decía a Kohaku que estarían bien.
Al menos el científico le había devuelto su zapatilla de cristal.
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No sé si termino como lo esperaban, pero a mí me gusto el resultado.
Quizá escriba un pequeño extra, solo el tiempo lo dirá.
Tuve que reescribir el capítulo debido a que la primera ver quedo demasiado corto y lo odie. Así que trabaje más lento y quede satisfecha con el resultado.
Muchas gracias por acompañarme en este pequeño fic, agradezco muchísimo a quienes lo siguen y le dan su apoyo. De verdad que cada review es especial para mí.
Les mando un abrazo y espero la hayan pasado increíble en Navidad a pesar de las circunstancias.
Estamos a nada de terminar el 2020, y aunque no fue el año que todos esperaban, siempre debemos estar agradecidos por la salud y prosperidad que tenemos.
Hasta el próximo fic.
Cuídense~
