Atacada por las llamas
Los próximos días pasaron lentamente a pesar de que dormí la mitad de ellos. Por mucho que intentara, todavía no podía despertar mucho antes del anochecer. Además, pronto se hizo evidente que algo estaba molestando a Jaken. Intentó fingir que era su normal, jovial él mismo, pero debajo de todas sus sonrisas, bromas y genuina felicidad por verme, seguí atrapando vistazos de algo más. Molestia, lo había esperado. Sesshomaru debe haber insistido que Jaken viniera aquí para jugar a la niñera, y a nadie le gustaba ser ordenado, en especial por alguien quien una vez te torturó. Aun así no sentí ninguna molestia de Jaken durando los raros momentos que él dejaba su guardia bajar. En cambio, era un raro tipo de... tristeza.
Estaba determinada a averiguar por qué. En la cuarta noche, Jaken y yo estábamos caminando alrededor del exterior del castillo de Sesshomaru, disfrutando del frío de la mañana antes del amanecer de verano. Estábamos a la vista de los guardias en las paredes perimetrales y torres, pero dos más nos seguían a pie, aunque Dorian y Alexandru permanecieron a educada distancia detrás.
- Si Naraku no estuviera suelto, estarías terminando la temporada de carnaval justo ahora - dije, pensando cuán diferente mi vida era comparada a hace un año.
Nunca habría conocido a Sesshomaru, habría estado en el carnaval con Jaken, ocultando mis habilidades e identidad detrás de mi nombre artístico, la Fantástica Frankie. Nada cambió en la expresión de Jaken, pero su esencia era agria.
- No es la gran cosa. - En un tono lleno con falsa simpatía. Me detuve tan de repente que los guardias siguiéndonos miraron a su alrededor, alarmados.
- Derrámalo. Algo grande ha estado comiéndote, y no es sólo porque Sesshomaru debió haber insistido que me cuides, aunque mis disculpas por eso. Algunas veces, olvida que ya no es un señor de la guerra medieval. - le dije a Jaken.
- Sesshomaru siempre será un señor de la guerra medieval. Tú eres la única que sigue olvidando eso de él. - Jaken resopló.
- No cambies el tema - dije, aunque el probablemente tiene un punto.
- Qué está pasando, y si dices "nada" una vez más, voy a electrocutarte hasta dejarte como una alita de pollo extra crujiente. - Jaken me miró, sin hablar por tanto tiempo, que estaba a punto de electrocutarlo para mostrarle que era seria. Al fin, habló.
- Estoy fuera del circuito - dijo, su encogimiento de hombros parecía añadir: ¿Las mierdas suceden, qué vas a hacer?
- Lamento que hayas perdido esta temporada, pero Naraku fue tras de ti antes. Una vez lo atrapemos... - Culpa me pinchó.
- No es Naraku. Fue Sesshomaru, y no solo por esta temporada. Estoy fuera del circuito del carnaval por siempre. - me cortó.
- ¿Qué? -
- Sesshomaru sabe que piensas en mí como un segundo padre, y sabe que Naraku no va a ser su único enemigo que tratara de utilizarme por causa de ello. Desde que no hay forma de proteger cada carnaval al que voy, me ordenó parar de presentarme. Dijo que doblaba lo que fuera que solía hacer y darme otro trabajo... - Su sonrisa era torcida.
- Él no puede esperar que renuncies - susurré, aturdida.
- Él puede y ya lo hizo. Sabe que no estoy en posición de rechazarlo. Si lo hiciera, me apartaría de ti, lo que habría dolido peor que renunciar al circuito desde que te amo como a mi propia hija. Además, él habría estado molesto, y yo ya he experimentado lo que Sesshomaru hace a la gente cuando no está molesto. - La sonrisa de Jaken se desvaneció
- Pero ser un carnie es más que tu trabajo, ¡es tu vida! - le dije, como si le estuviera diciendo algo que él no sabía.
- Te lo dije, mocosa. Tú eres la única que sigue en negación sobre con quién te casaste. - dijo a la ligera.
Estaba a punto de decir que Sesshomaru no tenía idea de con quién se había casado si pensaba que iba a dejarlo salirse con la suya con eso cuando sirenas comenzaron a sonar desde el castillo. Antes de que pudiera reaccionar, Jaken me lanzó sobre su hombro, corriendo de regreso hacia la casa con los guardias de Sesshomaru corriendo delante de él como dos apoyadores con colmillos. Esas alarmas me evitaron discutir con Jaken sobre lanzarme sobre su hombro como si fuera un costal de patatas. Gracias a mi viaje a la sala de comunicaciones un par de meses antes, sabía lo que significaban. La rejilla de seguridad invisible que se extendía como una enorme burbuja alrededor del castillo y los terrenos había sido violada.
- ¡Ataque aéreo entrante! - gritó uno de los guardias en un fuerte acento inglés. ¿Ataque aéreo? ¿Naraku había puesto sus manos en misiles? Me empujé lejos de Jaken, aterrizando de pie en el gran pasillo, sólo para ser barrida por más guardias, ya que me empujaron a la escalera detrás del jardín interior.
- Madame, la necesitamos bajo suelo - dijo Samir. Entonces el jefe de los guardias de Sesshomaru pinchó su collar y murmuró algo en el cableado oculto allí. Otro chorro de rumano llegó a través del mismo dispositivo, a continuación, Samir y el resto de ellos estaban casi empujándome por la escalera.
- Espera, ¿dónde está Jaken? - grité, no viéndolo a través del mar de los guardias que me habían rodeado.
- ¡Ve, yo te alcanzaré! - Escuché a Jaken gritar antes de que más comunicaciones de los cables de los guardias y múltiples pasos en la escalera de piedra ahogaran su voz.
- ¡Llévenla a la mazmorra! - dijo Samir, cuando me congele por su tono el se giro a mi lanzándome una mirada de disculpa.
- Es la parte subterránea más profunda del castillo, por lo que la roca circundante te protegerá. – explico, rodé los ojos ¿De verdad creía que yo elegiría ese momento para ser estirada sobre mi alojamiento?
- ¿Va a ser lo suficientemente grande para caber todo el mundo? - Samir no fue el único que me miró como si estuviera loca.
- Nos quedamos aquí para pelear - dijo el rubio llamado Christian. Puse el freno a eso, pero tenía tanto efecto como una hoja tratando de detener el río embravecido en el que flotaba.
- ¡No voy a estar escondiéndome debajo, mientras que el resto de ustedes arriesgan sus vidas! - Siguieron propulsándome por el pasillo estrecho, como si yo no hubiera hablado, moviéndose tan rápido que apenas nos vi entrando a través de las primeras dos puertas de seguridad que llevaban al calabozo. Cuando alcanzamos la tercera, rasgue mis guantes fuera. Luz inundó mi mano derecha, lanzando un resplandor brillante en el túnel sin luz.
- ¡Alto! - exigí.
Corrieron aún más rápido, pasando a través de la puerta de metal de metros de espesor que era la entrada a la mazmorra. La frustración hizo a mi mano chispear. Sesshomaru. Les debe de haber amenazado con algo horrible si no me llevaban a un lugar seguro en caso de una emergencia. O yo los lastimaba por su obediencia, que no podía hacerlo, o cambiaba de táctica. Ellos no iban a dejarme pelear, pero tal vez yo podría proteger a algunos de ellos de otra forma.
- Envíen a todos los seres humanos en la casa aquí conmigo. Ellos no pueden ayudar en la lucha y podrían, Um, ponerse en el camino si se quedan allí. - Jalé mi mano derecha apretada a mi cuerpo y puse toda la energía que pude reunir en mi voz.
- Consíganlos - dijo Samir, y uno de los guardias corrió por la puerta de la mazmorra.
Suspiré aliviada, luego casi me ahogo con el olor que se disparó hasta mi nariz. Me había olvidado de cómo este lugar apestaba, como si opresivas atmósfera, grilletes y otros dispositivos horripilantes de los calabozos no fueran bastante desagradables. Samir gruñó más órdenes a los guardias, quienes medio arrastraron, medio me llevaron más allá del monolito de piedra que marcaba la primera sección de la mazmorra. Luego me llevaron más allá de los varias dispositivos de "extracción de información" en el segundo, la sección más grande antes de que llegamos a la tercera, donde el techo abruptamente se inclinaba y las paredes se redujeron hasta que el pasadizo era tan apretado como la escalera estrecha llevando allí abajo.
También estaba tan oscuro que tuve que entrecerrar los ojos a pesar de mi visión sobrenatural mejorada. Las celdas se alineaban en las frías paredes de piedra, su altura máxima de un metro con veinte, restringiendo a sus desafortunados ocupantes a un agachado permanente. La última vez que había estado aquí, Maximus había sido el único prisionero de los calabozos, y él había estado en una de las celdas de tamaño normal al final de esta fila. Esta vez, las celdas en cuclillas a mi alrededor no estaban vacías.
Desde que ahora estábamos al final del calabozo, los guardias finalmente dejaron de empujarme/llevarme. Mientras mis ojos se ajustaban, vi a Shrapnel, el ex tercero al mando de Sesshomaru, en la celda a mi izquierda. Él había estado aquí abajo desde que fue arrestado por traicionar a Sesshomaru asociándose con Naraku, sin mencionar la parte donde me condujo a un precipicio tratando de matarme. Cadenas de plata gruesas colgaban de las muñecas de Shrapnel y tobillos, su longitud aseguradas en el suelo de piedra con una gran pinza. Me encontré con sus ojos oscuros y sentí un destello de lástima mientras él miraba a través del pasillo frente al suyo.
Era el único ocupado en esta sección del calabozo, y en ese estaba la mujer por la que Shrapnel había traicionado a Sesshomaru. Dudaba que fuera un accidente que la celda de Shrapnel estuviera colocada de modo que tuviera una vista sin restricciones de ella. Algo manchado de hollín se arrojó contra los barrotes de esa celda cuando me acerqué, entonces sonidos de gruñidos emergieron desde una boca llena con una mordaza de bola de pinchos de plata. Si no hubiera sabido ya quién tenía que ser, no habría reconocido a la ex novia de Sesshomaru, Sarah.
Parecía incluso más terrible que la última vez que la había visto, y Sesshomaru había estado incendiando información de ella en aquel entonces. El largo y lustroso cabello castaño de Sarah había desaparecido, sustituido por un cráneo calvo que estaba cubierto de hollín como el resto de ella. Ella no podía hablar más allá de la mordaza horrible que le impedía pronunciar hechizos como el que me había matado, pero su mirada transmitía su odio. Ella era muy pequeña en comparación con el alto, en gran medida musculoso amante, aun así, Sarah tenía más ataduras que Shrapnel. Cada parte de ella estaba atado con cadenas de plata, dejando solo sus dedos libres.
Incluso en su dolorosa condición, no estaba acobardada. Dos dedos medios se dispararon hacia mí mientras nos mirábamos. Alexandru comenzó a reprender a Sarah, como si eso fuera a hacer algún bien. De todos los crímenes que habían hecho aterrizar a la ex novia de Sesshomaru en la peor parte del calabozo, la cobardía no había estado entre ellos. Ella lo miró, retorciendo sus dedos de tal manera que la clara traducción era ¡Jódete el culo! Si la situación no hubiera sido tan nefasta, habría hecho una nota mental de cómo hizo eso. En cambio, estar en el calabozo más profundo, más oscuro, y por lo tanto más seguro, solo resaltaba el hecho de que algo terrible estaba a punto de suceder.
- Alexandru, Petre, Dorian, quédense aquí ¡Protejati-o cu vietile voastre! - dijo Samir, dejando el pasillo de las celdas a la carrera.
Sabía lo que quería decir esta última frase porque había oído a Sesshomaru decirla muchas veces. Protéjanla con sus vidas. Mis entrañas se retorcieron. Podría estar a salvo con los guardias y el casi kilómetro de roca entre yo y el inminente ataque, pero, ¿qué pasaba con Jaken y todos los demás? ¡La única persona que podía contener la lluvia de fuego de un ataque aéreo no estaba en casa por el momento! De pronto, recordé el teléfono que Sesshomaru me había dejado. Si esto no cuenta como una emergencia, nada lo hace. Me puse mis guantes de nuevo a pesar de que el teléfono estaba cubierto en goma gruesa, entonces apreté el gran botón rojo en la parte frontal del mismo. Brillaba, y yo ni siquiera había oído un timbre antes de Sesshomaru respondiera.
- Rin. -
- Estamos siendo atacados - comencé.
- Lo sé, mi gente llamo. Estoy en camino, pero estoy lejos. He convocado a mis más cercano aliados para ayudar, pero necesitas mantenerte por debajo hasta que yo llegue. ¿Entiendes? - interrumpió.
- Sí - le dije a regañadientes. Jugar a la princesa acobardada iba en contra de todo el instinto que tenía, sin embargo, no podía distraer a la gente de Sesshomaru obligándoles a arrastrarme hacia aquí abajo si trataba de unirme a ellos en la lucha, y arrastrarme es lo que harían. Ya habían probado eso.
- Bien. - Alivio superó la palabra antes de que su tono se endureciera en mortalmente implacable de nuevo.
- No es ningúna coincidencia que Naraku esté atacando ahora que estoy lejos de ti, así que recuerda lo que te dije cuando me fui. - Eché un vistazo a Alexandru, Dorian, y Petre.
Los tres estaban en la entrada de la tercera sección de la mazmorra, sus posturas un círculo apretado, como si esperaran que Naraku saltara de un rincón oscuro. Parecían los guardias feroces leales que se suponía que debían ser, pero tampoco creía en las coincidencias. Alguien había alertado a Naraku de la ausencia de Sesshomaru, y por todo lo que sabía, era uno de los hombres aquí abajo conmigo.
- Entendido - le dije, sosteniendo el teléfono en el hueco de mi hombro mientras miraba mi mano derecha, mi arma más eficaz.
- Te amo. - Gruñó justo antes de escuchar un clic, luego el único botón rojo del teléfono dejó de brillar intensamente.
Me había colgado, probablemente para hacer más llamadas de guerra a sus aliados. Puse el teléfono en mis vaqueros y eché un vistazo a mi mano izquierda, también. Podría necesitar toda la tensión que podía transmitir, incluso aquí abajo donde estaba supuesto que estaba segura.
- Este camino. - Escuché a Samir gritar, y luego una estampida de ecos sonaba en la parte frontal de la mazmorra.
De la multitud de los latidos de corazón, Samir había seguido mi orden para traer a los habitantes humanos del castillo aquí abajo. Yo era amiga de algunos de ellos, así que después de una breve discusión con mis guardias, estuvieron de acuerdo en dejarme ir a la sección frontal de la mazmorra para verlos. También quería verificar si Jaken había venido abajo con ellos. Me había prometido estar justo detrás de mí. Llegué a la segunda sección de la mazmorra cuando el suelo de repente tembló con tal fuerza, que me caí. Entonces las paredes temblaron tan violentamente que grietas largas aparecieron en la piedra. Agarré el objeto robusto más cercano, una versión modernizada de una antigua estantería, y caí de nuevo mientras el suelo se inclinó y empujó como un bote siendo lanzado en alta mar.
Alexandru y Petre corrieron, pero el siguiente empujón violento los puso de rodillas, también. Entonces un choque atronador resonó a través del calabozo, enviando una nube de polvo corriendo dentro de nuestra sección. En medio de los gritos, escuché una erupción de rumano desde los dispositivos de comunicación de los guardias. La mayoría era demasiado rápido para traducir, pero entendí tres escalofriantes palabras. Explosión. Fundición. Colapso. Naraku no había lanzado un ataque desde arriba. De alguna manera, él había volado las bases sobre las que el castillo descansaba.
Los tres nos tambaleamos hasta la sección frontal de la mazmorra, el suelo moviéndose y rodando por debajo de nosotros todo el tiempo. Una vez que llegamos a esta, miré alrededor con incredulidad. El enorme monolito de piedra en el centro de la habitación se había volcado, aplastando a varias personas debajo de él. Algunos todavía estaban vivos, pero atrapado por la enorme formación rocosa.
- ¡Ayúdenme! - dije, corriendo hacia la enorme piedra oblonga.
Mientras la mazmorra continuaba estremeciéndose como en estertores de su muerte, Alexandru, Dorian, y yo levantamos el monolito para que Petre y Samir pudieran sacar a los sobrevivientes. Mi amiga Sandra era una de ellas, y vi con alivio que sólo la parte inferior de su pierna había sido aplastada. La sangre de vampiro sanaría eso, como curaría las lesiones de las otras personas vivas... Un tremendo ¡boom! sonó, seguido de los gritos más terribles que había oído nunca. Ni siquiera la distancia entre la mazmorra y el castillo silenció los sonidos que helaban mi sangre y me llenaban de un pánico instintivo. ¿Qué estaba ocurriendo?
- ¡Napalm! - Llegó a través de los dispositivos de los guardias, seguido de más sonidos de choque y ese horrible y agudo grito.
- ¡Está siendo lanzado de helicópteros...! - Esa transmisión se interrumpió con brusquedad aterradora, pero más gritos llegaron a través de las líneas.
Entendí la palabra "atrapados" en varias ocasiones, y una imagen repugnante comenzó a formarse en mi mente. Naraku había logrado volar los cimientos de la casa, causando que grandes partes de la casa colapsaran. Luego, había dejado caer el napalm sobre los sobrevivientes atrapados, quemándolos hasta la muerte antes de que pudieran liberarse de los escombros.
- ¡Bloquea la puerta y quédate aquí! - gritó Samir, empujándose más allá de las personas aterrorizadas todavía tratando de meterse en el calabozo.
Cerró la puerta detrás de él, el instantáneo chirrido mecánico indicando que la había bloqueado. Me quedé mirando la puerta conmocionada. ¡Samir no acababa de bloquear a la gente tratando de llegar a la única zona segura en la casa! Sin embargo, lo había hecho, y Alexandru, Petre, y Dorian se apresuraron a levantar el monolito de piedra delante de la puerta, casi aplastando a algunas personas que no se movieron lo suficientemente rápido fuera de su camino. Me sacudí de mi parálisis temporal.
- No pueden dejarlo que bloquee a esa gente. ¡Ellos se quemarán! - Para puntualizar mi punto, los gritos se filtraron a través de la gruesa puerta de metal.
Una mirada alrededor mostró que sólo la mitad de los residentes humanos de la casa habían llegado al calabozo. El resto estaba al otro lado de esa puerta, e incluso si la casa colapsaba y el napalm no los mataba, el humo venenoso lo haría. Además, los vampiros que se habían liberado de los escombros necesitaban llegar bajo tierra para evitar el fuego inmisericorde, pero ahora no podían llegar hasta aquí, tampoco.
- Tenemos que mover ese bloque y abrir la puerta - dije con más fuerza, dirigiéndome hacia el monolito de piedra.
- El napalm no puede quemar a través de la piedra, pero si eliminas la barrera y abres la puerta, podría inundar esta zona y matarnos. Tenemos que esperar. La ayuda está en camino. - Dorian me tiró hacia atrás tan fuerte, que me rompió el brazo.
Mi brazo ya había sanado para el momento en que él dejó de hablar, y si mi corazón aún funcionara, habría estado martilleando. Otro estremecimiento sacudió el calabozo, seguido por más ruidos estruendosos sobre nosotros. Miré los ojos azul pedernal de Dorian y vi que él realmente dejaría que todo el mundo al otro lado de esa puerta muriera, todo por obedecer órdenes. Sí, la ayuda estaba en camino, pero para el momento en que los aliados de Sesshomaru llegaran, la mayoría de las personas en la casa estarían aplastadas o quemadas vivas.
No podría vivir conmigo misma si dejaba que eso sucediera. Jaken estaba allá arriba, por no hablar de todos los guardias que estaban luchando por sus vidas y las nuestras. Sí, podríamos estar en peligro si quitamos esa barrera y abrimos la puerta, pero esas personas morirían si no lo hacíamos. Con una selección como esa, no había otra opción. Además, pensé, preparándome a mí misma para lo que vendría después, la piedra no era la única cosa que era inmune al fuego. Gracias a Sesshomaru ahogándome en su aura, en este momento, yo lo era.
- Dorian - dije en una voz llana.
- Lo siento. - Entonces puse mi mano derecha sobre él y lo ataqué con suficiente voltaje para enviarlo a estrellarse en la pared detrás de nosotros. Alexandru se dirigió hacia mí, pero se detuvo cuando sostuve en alto la misma mano, una línea de blanco deslumbrante ahora colgando de ella.
- Si me obligas, lo haré - le dije, chasqueando el látigo eléctrico que había formado. Lo dije en serio, también. Incontables vidas pendían de un hilo, entre ellas la de mi mejor amigo. Alexandru debe haber sentido que no estaba fanfarroneando.
- Será más rápido con los dos. - Él asintió e hizo un gesto a la enorme roca delante de mí.
Le señalé que fuera adelante, manteniendo un ojo cauteloso por cualquier movimiento repentino y engañoso mientras agarrábamos los extremos de la roca. Luego empujamos, e incluso con nuestra fuerza sobrenatural combinada, sentí como si hubiera estallado mi bazo para el momento en que rodamos el monolito a un lado para revelar la puerta.
- Ábrela – ordené.
- Samir no nos bloqueó aquí sin ninguna llave, ¡así que ábrela! - Cuando él dudó, le solté.
- No lo hagas, - jadeó Dorian, arrastrándose hacia nosotros.
- Samir te matará por desobedecer, y si él no lo hace, Sesshomaru lo hará. - Alexandru miró a mi látigo brillando intensamente, a Dorian, y luego se dejó caer de rodillas.
- No puedo - susurró.
Mi látigo resplandeció más brillante mientras los sonidos detrás de la puerta se hicieron más desesperados. Sí, Sesshomaru les había ordenado que me mantuvieran a salvo, pero él no querría que decenas de su gente se quemaran vivas cuando todo lo que se necesitaba para salvarlas era ¡abrir una maldita puerta!
- Retrocedan - grité tan fuerte como pude.
- ¡Nadie toque la puerta, está a punto de estallar! - Luego, con una breve oración para que no matara a la gente en el otro lado, lancé ese látigo eléctrico chisporroteando hacia la gruesa puerta metálica.
Un trozo voló cerca de la cerradura, la tensión electrificando el metal altamente conductivo. Lancé el látigo de nuevo, canalizando más energía hacia esta. Toda la puerta quedó impregnada con un brillo blanco fantasmal antes de que otra pieza se desprendiera.
- ¡No! - gritó Dorian.
Una ráfaga de viento me advirtió de su carga. Me giré justo a tiempo, lo que le causó estrellarse contra la puerta en vez de mí. La electricidad todavía corría por el metal, por lo que todo su cuerpo se estremeció con la tensión que él absorbía. Aprovechando mi oportunidad, lo aparté con mi mano izquierda y luego lo eché fuera de mi camino antes de apuntar otro golpe a la puerta. Ese último y chisporroteante latigazo cortó a través de las cerraduras, causando que la puerta cediera abriéndose. Pena me inundó cuando vi a dos de los donantes humanos de sangre de Sesshomaru atrapados al otro lado de la puerta, sus cuerpos aún convulsionando de toda la electricidad que habían absorbido.
No tuve la oportunidad de revisar sus pulsos antes de que la puerta volara abierta hasta el final por la avalancha de gente casi pisoteándose entre sí para entrar. En el siguiente instante, una tremenda explosión sacudió el calabozo, golpeándome. Cuando volví en mí momentos más tarde, apenas podía ver a través de la sangre, el hollín y el polvo de piedra en mis ojos. Entonces pude ver con deslumbrante y aterradora claridad por qué la mazmorra, negro mate, de repente estaba iluminada por innumerables rayos de luz de la luna... y llamas.
El lado de la montaña donde estaban localizadas las secciones segunda y tercera de la mazmorra habían desaparecido. Un enorme agujero era todo lo que quedaba, y los restos en llamas de la casa llovían enfrente de esta. No podía creer lo que estaba viendo, pero eso no detuvo los gemidos, ruidos estruendosos, y gritos que venían de alrededor y por encima de mí. Naraku no sólo estaba destruyendo la casa; estaba derrumbando toda la montaña, tal como él había planeado hacer hace meses cuando estaba tendiendo una trampa para Sesshomaru. No sabía cómo se las había arreglado para ejecutar su increíblemente exitoso ataque, pero no importaba.
Los aliados de Sesshomaru llegarían demasiado tarde. Lo mismo sucedería con él. Todos íbamos a morir. Sabía eso, sin embargo, me levanté de entre los escombros de todos modos. Sesshomaru había pasado cientos de años endureciendo su corazón, así nunca experimentaría la pérdida de nuevo, y yo había embestido a través de sus barreras para hacerlo admitir que me amaba. Incluso si esto no tenía sentido, me gustaría luchar hasta el amargo y sangriento final. Le debía eso.
Además, pensé, forzándome a pasar a través del mar de gente que todavía se dirigía hacia el calabozo a pesar de que más de la mitad de este estaba siendo destruido, le debía a Naraku, también. Él no sólo había atacado a Sesshomaru; ¡estos eran mi casa, mis amigos y mi gente, también! Si Naraku había venido con su pueblo a admirar la destrucción que había forjado, yo tenía la intención de hacer de esta la última visión que viera. Tomó varios minutos llegar desde la escalera a la planta principal de la casa. Entre pelear en el camino a través del flujo de gente en estado de pánico, también tuve que quitar piezas pesadas de escombros.
La segunda puerta de metal había sido sacudida justo fuera de su marco, obligando a esos en la escalera a subir sobre esta hasta que yo la incliné contra la pared para hacer más espacio. La tercera puerta no estaba por ningún lado, probablemente porque esa sección se había derrumbado por completo, revelando una profunda grieta donde la puerta solía estar. Terminé dando marcha atrás para llevar la segunda puerta a la grieta, colocándola sobre el espacio abierto para permitir que el grupo de humanos traumatizados en el otro lado lo utilizaran como un puente provisional. El calabozo podría haber sido medio explotado en pedazos, pero era aún más seguro que el resto de la casa. Los dejé con garantías de que la ayuda estaba en camino, y luego continué subiendo.
Una vez que llegué al sótano, tuve que trepar a través de un agujero carbonizado en el techo para llegar al nivel principal de la casa. El pasillo por delante se había derrumbado por completo, y traté de no preguntarme si algunas de las partes del cuerpo que vislumbré entre los escombros pertenecían a Jaken. Cuando me arrastré hasta el montón de escombros y la planta principal quedó a la vista, mi mente se congeló por un segundo. Esta ruina en llamas no podía ser el magnífico gran vestíbulo que tanto me había deslumbrado la primera vez que lo vi.
Los techos con frescos habían desaparecido, reemplazados por enormes agujeros que revelaban el cielo. El napalm continuó comiendo a través de las pilas de escombros que eran todo lo que quedaba de los pisos superiores. Lo que no estaba siendo destruido por el fuego se había derrumbado mientras la casa continuaba pandeándose bajo su propio peso. Cuando la pila de escombros junto a mí empezó a deslizarse de manera ominosa, corrí a través de lo que parecía un carbonizado túnel, el dolor y la ira acelerando mis pasos. La última vez que había visto a Jaken, había estado en la sala principal.
Ahora, todo lo que había quedado aquí era destrucción y muerte. Por favor, permítele estar vivo, me encontré rezando. Limpié el túnel y me encontré de pie en lo que solía ser el lujoso pórtico cubierto. Fuera, el daño completo del ataque de Naraku fue revelado. Más de la mitad de la casa se había derrumbado, reduciéndola a apenas más que un piso en el norte y en el extremo este antes de que el lado sur se levantara en aparente desafío contra el asalto que aún hacía estragos. Tres de las cuatro torres imponentes habían sido derribadas, dejando sólo hoyos donde humo negro era arrojado hacia el iluminado cielo antes del amanecer.
El túnel por el que yo había corrido resultó ser la gran puerta de entrada, la que ahora parecía como si un gigante hubiera golpeado un puño llameante a través de los escombros. Chimeneas de piedra sobresalían como centinelas solitarios en medio de los restos ennegrecidos donde el napalm había comido a través de toda la madera, hormigón, y yeso de la casa derrumbada. La puerta de piedra estaba casi intacta, pero las torres de servicio habían sido reducidas a ruinas desmoronadas. La artillería pesada y armas antiaéreas ahora yacían como juguetes rotos en el suelo quemado, Naraku debe haberse asegurado de tomar las torres primero en su asalto.
Con sus armas más eficaces fuera de funcionamiento, los guardias sobrevivientes fueron reducidos a lanzar pedazos de las ruinas de piedra a los helicópteros que sobrevolaban como demonios mecánicos sobre la casa, rociando fuego sobre sus restos. Mientras observaba, uno de ellos logró golpear un helicóptero, provocando que este se dirigiera hacia la línea de los árboles cercanos. Júbilo salvaje me llenó cuando vi humo negro ondulando desde el lugar del accidente momentos después. Ahora yo sabía lo que tenía que hacer para ayudar. Empecé a correr hacia la parte de la casa donde el mayor número de supervivientes se había reunido, probablemente porque tenía una gran pila de estatuas de piedra que se habían soltado cuando la casa se derrumbó.
Luego, una explosión repentina detrás de mí me lanzó hacia delante. Aterricé de cara en una pila de objetos de metal quemado que vagamente reconocí como provenientes de la sala de armas. Gritos hicieron que levantara mi cabeza. Un helicóptero de ataque rugió sobre mí, derramando líneas mortales de naranja al grupo de guardias adelante. Corrieron, pero no lo suficientemente rápido. Al menos cuatro de ellos fueron cubiertos con ese horrible y adherente fuego, que comía a través de lo que sea que tocaba como un monstruo voraz. Antes de que lograra levantarme, ya ellos estaban muertos, sus cuerpos ennegrecidos destrozándose sobre las piedras que habían tratado de utilizar como armas.
La rabia me inundó con nuevas fuerzas. Corrí hacia un montón de grandes piezas de piedra, pero antes de llegar allí, otro helicóptero se abalanzó, posicionándose entre mí y lo único que podía utilizar para derribarlo. A pesar del humo y el vidrio grueso cubriendo la cabina del piloto, pude ver que sus ojos estaban brillando, verde vampiro. Entonces los largos cilindros del helicóptero apuntaron su carga mortal hacia mí. Yo me preparé, y el fuego estalló hacia mí con la fuerza de un maremoto. La velocidad pura me derribó. Sonidos de crujidos, explosiones cortas y roturas se unieron al rugido de las llamas, pero el único dolor que sentí fue el de aterrizar en algo duro mientras el suelo se derrumbó por debajo de mí. Cuando abrí los ojos, estaba mirando hacia arriba al agujero humeante y brillando, el napalm todavía aferrándose y quemando todo lo que tocaba.
Excepto a mí. Me limpié los restos humeantes de los escombros cayendo sobre mí y me levanté. Mis vaqueros y camiseta estaban rasgados, pero no quemados. El aura de Sesshomaru me protegió al igual que hacía con él. Incluso mi cabello azotaba alrededor en sus habituales ondas largas y negras, ni un solo extremo chamuscado. El aura de Sesshomaru seguía intacta, pero no sabía por cuánto tiempo. Había desaparecido la última vez que había estado expuesta a repetidas llamas de alta intensidad. Salté fuera del agujero, notando sombríamente que los restantes tres helicópteros de asalto estaban persiguiendo a los guardias sobrevivientes. Corrí hacia la pila de piedra caída, escogiendo la pieza más grande y más robusta, la que pasó a ser la estatua de una gárgola.
Los pilotos no me vieron cuando corrí hacia donde se cernían porque ninguno de sus helicópteros estaba apuntado en mi dirección. ¿Por qué lo harían? Ellos pensaron que habían eliminado el peligro en este extremo del castillo arruinado. Planté mis pies y usé toda la fuerza sobrenatural que tenía para tirar la gárgola de piedra gruñendo hacia la parte trasera del helicóptero más cercano. Esta se estrelló contra los rotores principales, causando que el helicóptero se inclinara violentamente a la derecha, luego rodara y chocara con una satisfactoria explosión en el lado este en ruinas de la casa. Eso llamó la atención de los dos helicópteros restantes. Ellos dieron la vuelta, disparando llameantes arcos en mi dirección. Me sumergí bajo el montón más cercano de piedra, usando eso como una barrera contra lo peor de las llamas.
Mi cuerpo se sentía como si estuviera en un horno de microondas por el calor, pero el aura de Sesshomaru se mantuvo, evitando que el fuego me abrasara la carne. Cuando la explosión de color naranja se detuvo, ya estaba levantando un gran pedazo de piedra. El cambio abrupto del helicóptero hacia la derecha no fue suficiente. El pilar que lancé atravesó la cabina, estrellándose contra el piloto y haciendo que el helicóptero cayera como, bueno, una piedra. No tuve tiempo para correr lejos del fuego que erupcionó cuando el helicóptero explotó. En lugar de tener miedo de que el aura de Sesshomaru se disolviera, por unos momentos, me encontré saboreando las llamas mientras saltaban sobre mí.
¡Eso es por todos los que ustedes asesinaron hoy!, pensé, llena de satisfacción vengativa ante la destrucción del helicóptero. Entonces empecé a buscar otro pedazo de piedra. Sólo un helicóptero más permanecía y necesitaba detenerlo antes que alguien más muriera. Cuando el último helicóptero giró regresando, tenía un gran trozo de roca listo para lanzar. Antes de que pudiera tirarlo, múltiples petardos estallaron y algo duro se estrelló contra mí. De alguna manera, yo estaba mirando al cielo en lugar de a mi objetivo final.
- ¡Rin! - gritó alguien. Más petardos sonaron, cortando la voz de esa persona.
Traté de levantarme pero no podía. Fue entonces cuando finalmente miré hacia abajo. Por lo menos no estoy adolorida, fue mi primer pensamiento estúpido, como si eso me hiciera menos plagada de balas. El piloto debe haber cambiado sus armas cuando vio que el fuego no funcionaba en mí. Hablaste demasiado pronto, mi odiada voz interior se burló mientras el dolor rugió a través de mí con tal intensidad, que era como si estuviera tratando de compensar por esos primeros segundos, libres de agonía. Oí al helicóptero acercándose, intenté levantarme de nuevo, y fui inmediatamente ametrallada con una fresca andanada de balas. Ahora, ni siquiera podía voltear mi cabeza, así que cuando el helicóptero se cernió justo encima de mí, era completamente incapaz de salvarme a mí misma.
Algo grande cayó de este. No podía ver porque mi visión era borrosa y teñida de rojo. Como si el tiempo normal hubiera sido reemplazado con cámara lenta, vi la mancha oscura caer hacia mí. Esto es, pensé, la parte macabra de mi mente preguntándose cuál sería el instrumento de mi muerte. ¿Un misil? ¿Bomba de napalm? El fuego podría no quemarme, pero la explosión resultante me enviaría al reino ven... La cosa de dejó caer a mi lado y me cogió en sus brazos.
- Rin - dijo una voz familiar. Aún más sorprendente fue la siguiente voz que oí, también conocida, y despreciada.
- Aléjate de mi presa, Maximus - ordenó Naraku.
Mi visión se aclaró lo suficiente para ver al peor enemigo de Sesshomaru caminando hacia nosotros. Gris todavía se aferraba a sus sienes antes de rayar a través de su cabello oscuro. Su fuerte mandíbula y complexión de atleta también se añadían a su aire de mando experimentado. Yo lo había descrito como de aspecto distinguido cuando por primera vez lo vi en una visión psíquica y Mihaly Naraku todavía encajaba en esa etiqueta. Por supuesto, también era la persona más malvada que jamás había conocido, en persona o a través de mis capacidades.
- Maximus, corre - susurré. Cómo él había llegado hasta aquí, no tenía ni idea, pero tenía que irse. Tal vez Maximus había sido uno de los "aliados cercanos" que Sesshomaru había enviado a ayudar...
- Te lo dije, ella vale más viva - respondió Maximus, su voz áspera irrumpiendo a través del dolor que luchaba por nublar mi mente con agonía sin sentido.
- No estoy de acuerdo. - Naraku me sonrió con expectativa helada.
La comprensión me golpeó, tan devastadora a mis emociones como las balas de plata habían sido para mi cuerpo. Maximus no había sido enviado por Sesshomaru para ayudarnos. ¡Había venido con Naraku para destruirnos! Si hubiera podido moverme, me habría empujado lejos de él, pero toda la plata quemando dentro de mí robó mi fuerza.
- Matar a su esposa casi acabó con Sesshomaru la última vez que lo hice. Quizás esta vez, la culpa será suficiente para finalmente aplastarlo. - continuó Naraku.
- ¿Qué? - dije con voz áspera y sorprendida al replicar.
- Tú no mataste a Clara. Ella se suicidó. - Naraku se acercó más, hasta que sólo unos pocos metros nos separaban.
- Clara no saltó a su muerte, yo personalmente la empujé de ese techo mientras suplicaba piedad, luego borré después el recuerdo de mi presencia de todos. Esta vez, sin embargo, Sesshomaru sabrá exactamente quién mató a su esposa, y por qué. - Los gruesos brazos de Maximus se apretaron alrededor de mí.
- No seas tonto - dijo en un tono plano.
- Lo más cerca que alguna vez has llegado a derrotar a Sesshomaru fue cuando mantuviste a Rin de rehén, y eso fue antes de casarse con ella. Mátala ahora; y lo molestarás durante unos meses. Llévala contigo, y Sesshomaru estará tan determinado a recuperarla, que cometerá un letal e imprudente error... - No podía apartarme de su agarre, pero mi mano derecha había estado arrastrándose hacia Maximus todo el tiempo que él habló. Cuando llegó a su muslo, canalicé toda mi tensión restante hacia él. Con un satisfactorio crujido, él fue volado fuera de mi línea de visión, espero que ahora en pedazos. Entonces me armé con una sonrisa hacia Naraku.
- No importa lo que hagas, nunca ganarás contra Sesshomaru. - Naraku se agachó hasta que su mirada marrón oscuro estaba casi al nivel de la mía.
- Voy a disfrutar de verdad matándote - dijo, con un tono tan agradable que desmentía las palabras siniestras.
- Pero siempre puedo hacer esto más adelante. Por ahora, voy a ver si Maximus tiene razón y eres la paja que termina rompiendo la espalda de Sesshomaru. - Yo no quería morir, pero no quería ser la causa de la muerte de Sesshomaru, tampoco. Además, con el dolor aumentando hasta que se sentía como si estuviera siendo bombardeada con napalm en el interior, podría no durar lo suficiente para que Naraku me matara "más adelante".
- Tócame. Ve cómo funciona - le dije, dejando escapar una risa áspera. Naraku miró más allá de mí, a donde por desgracia, pude oír a Maximus gimiendo. Maldita sea. No lo había matado.
- No tengo que hacer nada más que esperar - dijo él, sonando tan seguro que yo me las arreglé para soltar otra risa jadeante. ¿No sabía que los aliados de Sesshomaru estarían aquí en cualquier minuto...? Un resplandor de luz golpeó mis ojos cuando los primeros rayos del amanecer tocaron el arruinado y humeante castillo. Antes de que yo pudiera terminar mi pensamiento, ya estaba inconsciente.
Continuara…
