Secuelas sangrientas

- ¿Hambrienta? - preguntó Sesshomaru en ese falso tono casual cuando todos dejaron la villa media hora más tarde. Lo estaba, pero también tenía miedo de que si posponía admitir mi culpa por más tiempo, me acobardaría por el resto de esta noche. O el resto de mi vida, lo cual era lo que realmente quería hacer.

- No - dije, armándome de valor para lo que tenía que hacer. Su media sonrisa permaneció aunque su mirada se estrechó.

- Siempre hueles a culpa cuando me mientes. - Entonces debí haber dejado oliendo mal el lugar desde que me había rescatado.

- Bien. Estoy hambrienta, pero quiero hablar más de lo que quiero comer. -

- Puedes hacer ambos - dijo, indicándome con un gesto que fuera detrás mientras dejaba la habitación.

Lo hice, una desesperada parte de mí tratando de memorizar como se veía. Con la forma en que reaccionaba a la traición, esta podía ser la última vez que lo veía. El cabello de Sesshomaru estaba peinado hacia atrás en suaves ondas y se había afeitado la excesiva barba en su mandíbula hasta que era esa seductora, incipiente sombra de nuevo. Llevaba pantalón color arena y una blanca camisa de seda, un botón abierto en el cuello mostrando sólo la hendidura en la base de su garganta. El resto de su cuerpo estaba oculto por el valioso material, el cual se amoldaba para resaltar sus músculos mientras se movía con su habitual acechante gracia.

El efecto era más sexy que todos los hombres con el pecho desnudo que había vislumbrado alrededor de la piscina antes. Sesshomaru no presumía su ardiente masculinidad al usar menos ropa. En su lugar, usaba más para burlarse de las personas con lo que no les permitía deleitarse sus ojos.

- Aquí - dijo cuando llegamos al elegante pub interior y fue detrás de la barra. Luego sacó una bolsa de sangre.

- Está caliente - dije con sorpresa cuando la acepté.

- Hay un artefacto aquí detrás que mantiene productos exactamente a noventa y nueve grados. - Me dio una presuntuosa sonrisa.

- No somos los primeros yokais que se quedan en estas villas. - Hablando sobre servicio de comidas para todo tipo de clientela. La bolsa incluso tenía una boquilla; qué complejo. La desenrosqué y tomé un largo trago antes de dejarla con sospecha.

- No crees que mataron a alguien para llenar esto, ¿no? - La risa de Sesshomaru contenía notas de desprecio.

- No. Están probablemente sobrepasados de voluntarios. Esta ciudad apesta a ambición y desesperación. Convertirse en un donante de sangre de un yokai sería un gran ofrecimiento comparado con otras formas que las personas hacen dinero aquí. -

- Realmente no te gusta Las Vegas - señalé, aunque su respuesta me tranquilizó a tomar otro trago.

- ¿Por qué lo haría? "Lo que pasa aquí, se queda aquí" es una convocación a las personas a disfrutar de sus depravaciones favoritas, como si no obtuviera mi saciedad de aquellas a través de los pensamientos que escucho. - Podía simpatizar con eso. Había mantenido mi guante derecho puesto no a causa de la preocupación del voltaje, sino porque no quería revivir ninguna de las esencias impresas con las que estas habitaciones estaban probablemente impregnadas. Y hablando de escuchar cosas...

- ¿Puedes, um, enviar a otro lugar a los guardias por un pequeño momento? - pregunté, mordiendo mi labio inferior. Sesshomaru emitió una orden en rumano que tenía múltiples puertas abriéndose y cerrándose momentos después. Ahora que teníamos algo de privacidad, traté de pensar en la mejor manera de empezar mi confesión, pero como siempre, Sesshomaru fue directo al punto.

- ¿Por qué no quieres que te toque? - preguntó, su ligero tono contradiciendo el previsto impacto de la pregunta.

- Yo, ah, eso no es... - comencé a tartamudear.

- Al principio, creí que no podías tolerar que alguien lo hiciera, lo cual entendí - continuó―. Durante años después de mi infancia en cautiverio, no podía tolerar las manos de otra persona en mí. En verdad, es por lo que soy tan exigente sobre eso hasta este día, aunque ahora sólo estoy enfadado en lugar de disgustado cuando la gente me toca sin mi permiso. Es por eso que respeté tu obvia aversión antes, sin embargo cuando te vi abrazando a Jaken y tu hermana, me di cuenta que estaba dirigida sólo a mí. - Mi boca permaneció abierta mientras docenas de pensamientos se arremolinaban alrededor de mi mente. Por una vez, deseé que no fuera un yokai así él pudiera oírlos en su totalidad en lugar de tratar de armar una explicación que estaría por debajo de mis intenciones.

- No puedo soportar la culpa cuando te toco - dije finalmente.

- ¿Ves? Tristemente corta. - Apoyó sus brazos contra la barra y se inclinó hacia delante.

- ¿Por qué? ¿Por qué no admitirás que Maximus te violó? - ¿Todavía no me creía?

- Te lo dije; no lo hizo. - Sesshomaru inhaló, rojo brillando en sus ojos.

- ¿Recuerdas cómo dije que hueles a culpa cuando mientes? Rin, mi amor, cada vez que hablas de lo que sucedió con Maximus, apestas a ella. - Aparté la vista por el recuerdo, y sus manos estaban repentinamente alrededor de mi cara, obligándome a mirarlo.

- Lo pretendía cuando dije que no tienes que hablar de ello, pero no puedes seguir mintiéndome o a ti misma. - Su tono era duro, pero sus dedos me acariciaron de una manera que me hizo querer inclinarme hacia él en lugar de apartarme.

- Lo podrías considerar más fácil ahora que fingir que alguien en quien confiabas, un amigo, podía hacerte eso, pero al final, el fingir te destruirá. - No pude detener las lágrimas que comenzaron a derramarse, y que se derramaron aún más cuando se inclinó sobre la barra y las besó.

- Nada cambia entre nosotros - susurró contra mi piel.

Cerré mis ojos, algo muerto de hambre dentro de mí absorbiendo la aceptación que transmitió con sus palabras y cada roce de sus labios. No era consciente de que me había inclinado hacia delante hasta que sentí su cuello contra mi mejilla. Sus manos se deslizaron por mi espalda, y en un suave movimiento, me arrastró sobre el mostrador y hacia sus brazos. Quería quedarme ahí para siempre, pero la mentira parecía que se cernía entre nosotros, una pared que no podía escalar. La única forma de pasarla era volarla, y posiblemente nuestra relación, en pedazos.

- No es lo que Maximus hizo lo que me está devorando con la culpa - me forcé a decir.

- Es lo que hice. Maximus no me violó. Hizo exactamente lo que te dije, sólo que... esa no es la única vez que lo hizo, y la segunda vez no fue contra mi voluntad. - Se puso rígido y se apartó. El instantáneo frío de la ausencia de su cuerpo me golpeó casi tanto como un golpe físico.

- Explícate - espetó. Abracé mis rodillas por más que mejor equilibrio en el estrecho mostrador del bar.

- Perdí la mayoría de la sangre en mí cuando Harold me desolló, y Naraku me siguió privando de alimento. Me puse tan débil, tan hambrienta que no podía concentrarme lo suficiente para enlazarme a ti incluso después de que me di cuenta de que podría funcionar. A Maximus rara vez se le permitió estar cerca de mí y era observado cada vez que lo estaba, así que no podía pasarme a hurtadillas sangre sin... extrema pretensión. - Empecé a temblar, pero ahora que había comenzado a decirle lo que sucedió, no me permitiría detenerme.

- Había dicho a Maximus que necesitaba sangre, así que le dijo a Naraku que quería follarme de nuevo. A Naraku no le importó eso; amaba cómo te había llevado a incendiar tu casa. Hicieron a Maximus mantener la puerta abierta y sólo le permitió traer un par de trozos de cinta. Puso uno en mi boca y el otro lo colocó, um, debajo. Luego é-él hizo lo que viste en el video, sólo que esta vez, quitó la cinta y me besó para regurgitar la sangre que había acabado de beber a escondidas en mí. - Sesshomaru hizo un bajo, visceral sonido. Mi temblor se incrementó y apenas podía ver por las lágrimas inundando mis ojos. Esta era la parte que no había querido recordar, mucho menos alguna vez decirle a Sesshomaru.

- Yo… Estaba tan hambrienta… me lanzó en un frenesí por alimentarme. Succioné de su boca y… y me molí contra él y rogué por más. Fue como si la sangre hiciera a mi cuerpo volverse loco de necesidad y no me… me importo dónde estaba, con quién estaba, o lo que estaba haciendo. - Susurré aquellas últimas palabras, presa de la misma vergüenza que me había atormentado desde entonces. La última cosa que quería hacer era admitir lo que venía después, porque era la peor parte.

- Maximus fingió como si estuviera involucrada en su polvo, lo cual el guardia pensó que era hilarante. Cuando finalmente obtuve suficiente sangre que el frenesí se disipó y estaba de vuelta en mi sano juicio, Maximus preguntó si yo… yo quería que me pasara a hurtadillas sangre de esta manera de nuevo y... dije que sí. - levanté mi cabeza y miré directamente a Sesshomaru a pesar del dolor de la admisión.

- ¿Y? - Me miró fijamente, su mirada tan rojo que era como si incandescentes rubíes hubieran reemplazado sus ojos.

- ¿Y? - repetí con incredulidad.

- Dije que sí, ¿no me oíste la primera vez? - Vergüenza escoció mi tono, haciendo la pregunta casi un grito. Sesshomaru esperó, dándome una oportunidad de decir algo más, luego dejó caer sus puños en la barra, la cual se sacudió como si hubiera sido golpeada por un par de mazos.

- A menos que estés dejando algo fuera, lo que me estás diciendo es que estás atormentada por la culpa de responder a la sangre de la misma manera que todos los demás recientemente creados, privados de alimento yokais haría. - Me puse rígida. ¡Lo último que esperaba era que necesitaría explicar por qué debería estar furioso conmigo!

- Estoy de acuerdo que no era responsable de mi inicial reacción, pero sabía exactamente lo que estaba haciendo cuando le dije a Maximus que regresara. Sabía que la sangre probablemente me haría prostituirme de nuevo. También sabía que Maximus podría no ser capaz de utilizar cinta en mí la siguiente vez en absoluto, pero no me importaba. Todo lo que me importaba era conseguir más sangre, incluso si significaba prácticamente o tal vez literalmente engañarte para conseguirla. ¿Ahora está claro? - Hizo ese bajo, gutural sonido de nuevo.

- Si no hubiera oído la palabra Abkhazia en mi mente, Naraku todavía te tendría. Los fantasmas de Kagome te hubieran buscado, pero habría tomado semanas o meses desde que ni siquiera sabía en qué lado del mundo estabas. Naraku te habría matado para entonces, o al menos quebrado por los horrores que te infligiría para atormentarme. Además, Rin, no me importaría si follaste a Maximus, a cada guardia asignado a vigilarte, y el propio Naraku, si el resultado era que conseguías la sangre que necesitabas para decirme tu ubicación. – El que había considerado una superabundancia de rabia antes, pero cuando dejó sus muros caer y sus sentimientos inundaron los míos, estaba impactada.

No podía hablar. No a causa de sus palabras, aunque resonaban con vehemencia, sino a causa de las emociones que continuaron fluyendo hacia las mías, como olas rompiendo sobre las rocas. Ninguna contenía las recriminaciones que había amontonado yo misma. En su lugar, sentí el más salvaje tipo de orgullo, como si hubiera estado esperando lo que tenía en mí para hacer lo que sea fuera necesario para sobrevivir, y ahora sabía lo que hice. Si tenía alguna persistente duda, la forma en que me agarró y me besó las tranquilizó. Cuando finalmente apartó su cabeza, mi cuerpo vibraba y mis labios se sentían casi ampollados por el calor que parecía verterse de él y hacia mí.

- Además. Incluso si te hiciera sentir equivocada por tus acciones, fuiste más perjudicada por las mías. Insistí que permanecieras en el castillo, sofocando tus habilidades con mi aura, y te convertí en un objetivo por casarme contigo. Si yo... - dijo, su voz áspera.

- No - interrumpí de inmediato.

- Nunca más digas que deseas no haberte casado conmigo. Naraku me puso en esta pelea antes de conocernos, ¿recuerdas? Luego, sabía que me amabas antes que tú lo hicieras. Si te hubieras casado conmigo o no, todavía estaríamos justo donde estamos ahora. - Me miró fijamente con tal intensidad que tuve que parpadear para impedir que mis ojos se sintieran arder.

- Quizás. Siempre voy a tener enemigos, y aunque tenga la intención de aplastarlos a todos, quiero tu palabra de que seguirás haciendo lo que sea necesario para sobrevivir. No puedes permitirte a ti misma ser incapacitada por la culpa, el miedo o la duda nunca más. Prométemelo. -

- Bien - dije, la palabra un poco desigual porque parte de mí todavía no podía creer la forma en que estaba tomando esto.

- Supervivencia primero, no importa qué. Lo prometo. - Sonrió mientras nuevas, mucho más frías emociones comenzaron a serpentear a través de las mías.

- Bien. Ahora, desde que me has probado que estaba completamente equivocado por despojarte de tus habilidades antes, ¿por qué no las utilizas para enlazar a Naraku de modo que podamos finalmente matarlo? - Sentí como si una bombilla se encendiese sobre mi cabeza. Es cierto; mis habilidades estaban restauradas, todas ellas. Bajé mi nivel de entusiasmo por mi reciente descubrimiento.

- ¡Oh, diablos, sí! ¿Por qué no me empujaste a contactar con él en el segundo en que puse un pie en el avión? - Había estado tan pesarosa por mis acciones con Maximus, que ni siquiera había pensado en ello. Sesshomaru estaba en lo cierto; mi culpa había estado devastándome, y cuando lo que está en juego es la vida o la muerte, no podía permitirme ese tipo de prejuicios. Él salió de detrás del bar.

- Te lo dije, tu supervivencia es mi prioridad. Si estabas demasiado dañada emocionalmente como para admitir lo que yo pensaba que Maximus te había hecho, entonces no estabas en condiciones de intentar encontrar a Naraku. - Comencé a correr mis manos por debajo de mi vestido, buscando el rastro de la esencia de Naraku.

Tenía un montón de ella de Maximus y unas pocas de Harold de haber sujetado mi nueva piel para acabar de rebanar la vieja. Cuando finalmente encontré la de Naraku, sonreí. Él había sido tan engreído descansando su mano cerca de mi entrepierna mientras se burlaba de mi impotencia. Bien, ¿quién es un engreído ahora? Sesshomaru vio dónde se había detenido mi mano. Él no dijo nada, aunque furia abrasó mis emociones antes de que se encerrara a sí mismo de nuevo. No me opuse. No quería que nada me distrajera mientras trataba de encontrar al hombre que tanto dolor nos había infligido a ambos.

Estuve sorprendida mientras seguía el rastro de Naraku con mayor facilidad de la que había tenido para encontrar a Sesshomaru. Nuestro mutuo enemigo estaba en un coche, conduciendo sobre una ventosa, empinada carretera con una sorprendentemente atractiva joven morena en el asiento del conductor junto a él. Puede que estar bien alimentada sea realmente el secreto para desbloquear mis habilidades, pensaba mientras caminaba fuera del bar e iba hacia la versión de la villa de una cocina. Entonces tome un cuchillo de la tabla de cortar sobre el mostrador y lo hundí en mi garganta tan fuerte como pude...

Sesshomaru agarró mi brazo, parándolo antes de que la cuchilla pudiera completar su letal arco. Intenté apuñalar mi cuello otra vez, pero todos mis músculos de pronto carecieron de coordinación. Sesshomaru arrancó el cuchillo y lo lanzó al otro lado de la habitación.

- Déjame ir, necesito hacer esto - traté de decir, pero las palabras salieron ininteligibles. Incapaz de hablar, le fulminé con la mirada. ¿No podía ver que tenía que cortarme la cabeza?

Su respuesta fue abofetearme tan fuerte que mis dientes dolieron. La sorpresa del golpe me hizo perder los últimos vestigios de mi conexión con Naraku. Como si estuviera despertando de un sueño, me di cuenta de que Sesshomaru había luchado conmigo sobre el suelo de la cocina, y las manchas escarlatas sobre mí y sobre él eran de la sangre que había salido a borbotones cuando había intentado decapitarme a mí misma. Estaba bastante segura que no había experimentado ningún brote psicótico, así que sólo podía haber una razón para mi repentina, incontrolable urgencia para cometer suicidio.

- Oh, mierda. Naraku debe haber hecho lo mismo que Sarah: poner una trampa sobre sí mismo con un hechizo por si alguna vez me conectaba con él, acabaría matándome. -susurré, capaz de hablar ahora que mis cuerdas vocales se habían curado con rapidez sobrenatural.

Una hora más tarde…

- Por centésima vez, me siento bien ahora - exclamé, mientras la respuesta de Sesshomaru fue un resoplido burlón desde la otra habitación.

- En serio, puedes dejarme ir - continué.

Ninguna respuesta a eso, sólo más sonidos de cosas siendo movidas y/o arrastradas. Bueno, yo no había pensado realmente, él había capitulado. Estaba tratando con el trauma de mi casi suicidio rechazando mortificarme por él. Por otro lado, el horror de cuán cerca había estado de asesinarme a mí misma podría romper el delgado control que tenía sobre mis emociones y hacerme pedazos. Como Sesshomaru había dicho, la supervivencia primero. El pánico, el auto recriminaciones y la histeria después.

Sesshomaru estaba empleando sus propios métodos de superación. Traté de cambiar mi posición a una más cómoda, pero era imposible, probablemente porque estaba al fondo de la bañera que había admirado, con un gran piano y cinco columnas de mármol sobre mí. Podría escaparme por debajo de los enormes, pesados obstáculo, pero Sesshomaru oiría mis intentos mucho antes de que hubiese liberado un solo dedo. Y realmente lo había intentado. Sesshomaru no había olvidado que Inuno era telequinético cuando apiló los pesados objetos sobre mí de modo que él e Inuno podían deshacerse de cualquier objeto letal de la villa.

No, Sesshomaru estaba enviándome una circular con un único mensaje y era que no habría más intentos de vincularme a Naraku. Sí, le había alcanzado fácilmente, y sí, sabía que Naraku estaba en movimiento con una desconocida joven, pero eso no era suficiente para decirme dónde estaba. Sesshomaru no consentiría dejarme intentarlo otra vez, estuviera segura y restringida o no.

- No sabes si el hechizo está preparado para reactivarse tan pronto como tengas otra oportunidad. Naraku podría estar riéndose en el infierno si le encontramos y le matamos, y entonces tú lo celebras cometiendo suicidio bajo la última directiva de su hechizo. - fundamentó mientras amontonaba los pesados objetos sobre mí.

- El hechizo de Sarah siempre se acababa tras dejar caer mi conexión con ella - argumenté.

- No hasta que hacían un daño letal. Tú sólo estás viva ahora porque eras humana y la sangre yokai te continúo trayendo de vuelta. - había sido la escueta respuesta de Sesshomaru.

- Entonces déjame tratar de encontrar a Maximus. Él se quedó, así que puede que esté donde sea que Naraku se dirija... -

- Tras tu rescate, él está muerto o hechizado de la misma forma. Así que ahorra aliento porque la respuesta es no. - respondió Sesshomaru descarnadamente.

Él tenía argumentos sólidos, y no quería morir más de lo que Sesshomaru quería que cometiese suicidio inducido por el hechizo. Pero la idea de que Naraku estaba sólo a una conexión psíquica era tan tentadora como exasperantemente fuera de mi alcance. Después de todo lo que había hecho, quería a ese hombre muerto. Real, permanentemente muerto, pero eso no sería posible hasta que no supiéramos dónde encontrarle, después de mi reciente rescate, probablemente había vuelto a la tumba. Había conseguido esconderse a sí mismo durante cientos de años antes.

¿Qué si lo hacía de nuevo? Después de lo que se sintieron horas, Sesshomaru descargó la bañera y me dejó salir. Arqueé mi espalda para aliviar un calambre que había estado molestándome desde que el piano había aterrizado sobre mí, después empecé a sacudirme el polvo antes de parar. ¿Para qué? El vestido estaba tan cubierto de sangre; un poco de polvo difícilmente importaba.

- Esto está arruinado - dije mientras la ridiculez de mi comentario me golpeaba. Un vestido destrozado era literalmente la última de nuestras preocupaciones. Sesshomaru no dijo nada. Sólo me miró con expectante recelo, como si estuviera listo para abalanzarse al menor de mis movimientos.

- Volveré en unas pocas horas. - Escuché que Inuno gritaba, seguido de una puerta cerrándose que significaba su salida.

- ¿Él va a volver a apostar con los demás? - pregunté, más por romper la tensión que porque me importara lo que hiciese.

- No - dijo Sesshomaru, su calmado tono no me engañaba.

- Te dije que Inuno estaba bien versado en la magia. Él será capaz de romper el hechizo de Naraku, una vez que tenga los suministros adecuados. - Estaba atónita. Si Inuno podía quitarme este embrujo de harakiri, ¿por qué había perdido el tiempo ayudando a Sesshomaru a mover muebles?

- ¿Puede encontrar lo que necesita en Las Vegas? - ¡Te amo Las Vegas! Quería corear.

- Las artes oscuras están muy vivas aquí. ¿Cómo sino explicas los mejores trucos del Cirque De Soleil? - Como no había estado en ninguno de sus espectáculos, nunca me lo había preguntado.

- No me importa. Estoy tan aliviada de que Inuno pueda romper este hechizo, que no puedo expresártelo. - La sonrisa de Sesshomaru tenía un evidente filo.

- No lo necesitas. - Por supuesto que no. Si había otra persona que pudiera entender mi alivio por estas noticias, era él.

- Mientras Inuno está fuera de magi-compras voy a lavarme esta sangre. No puedo herirme a mí misma con un poco de agua y jabón, ¿verdad? - le dije, dándole una sonrisa torcida.

- No. - La simple palabra me inmovilizó antes de que mi mano alcanzara el tirador de la puerta. Buena cosa, porque con una ráfaga de calor, el cristal empezó a derretirse como hielo bajo un foco. Salté hacia atrás para evitar el hirviente charco que se derramaba por el suelo cerca de mi pie.

- ¿Por qué? - alcancé a decir. Sesshomaru no malgastó un vistazo en la gelatinosa masa amorfa que, momentos antes, había sido una preciosa, translúcida puerta de cristal.

- Podrías haberla roto y usar una de las esquirlas afiladas como arma. Ahora no puedes, pero mejor espera hasta que se enfríe para entrar en la ducha. De otra forma, te quemarías los pies. - Él podría haberse quedado y vigilarme para asegurarse de que no trataba de hacer nada con las puertas de cristal. En su lugar, las había derretido hasta convertirlas en una masa amorfa que se fusionaba con el suelo de mármol. Si eso no me hacía darme cuenta que los horribles eventos de esta noche le habían empujado más allá de sus límites, nada podría.

- Está bien - dije con voz temblorosa.

- ¿Adivino que el espejo es el siguiente? - Sus emociones estaban contenidas, pero sus ojos cobrizos brillaban con destellos rojos y un salvajismo que solo le había visto en la batalla.

Por la forma en que su aura se enroscaba como docenas de serpientes preparadas para golpear, era raramente capaz de contenerse a sí mismo de tomar acciones más drásticas. Si yo había pasado por mucho el último par de semanas, él también, y esto claramente había colmado el vaso. Anduve hacia él, con cuidado de no pisar ninguno de los riachuelos que serpenteaban desde el gran charco. Entonces puse mis brazos a su alrededor y apoyé mi cabeza en su pecho. Su cuerpo se sentía mucho más caliente de lo normal, como si estuviera conteniendo el fuego en él con gran esfuerzo. Quizás le había hecho bien quemar ese cristal hasta convertirlo en líquido. Una pequeña liberación, o algo así. Bueno, yo conocía otras formas, mucho más efectivas para aliviarse.

- No me gustaban esas puertas de cualquier forma - murmuré contra su pecho.

- Este nuevo, concepto abierto es mucho mejor, si me preguntas. - Su pequeña exhalación no era una risa real, pero era lo más cercano que había escuchado desde que había atacado a Naraku en esa madriguera en la estación de metro para rescatarme. Entonces sus brazos me rodearon, y cerré mis ojos de gozo al sentirlos.

- El cristal no te quemará - le susurré, besando su pecho a través de su camisa. Y necesitas una ducha también.

Un sonido penetrante escapó de él antes de agarrarme, dejando huellas en el lentamente solidificado charco mientras me llevaba a la ducha, una vez dentro, abrió el agua, creando nubes de vapor donde nos rebotaba o golpeaba a la derretida masa del suelo. Yo incliné mi cabeza hacia atrás, dejándola caer más allá de la masa de vapor para lavar la sangre de mi cara y cuello. Dedos más calientes que el agua desabotonaron mi vestido, entonces una hirviente boca trazó un patrón desde mi garganta hasta la parte delantera de mi sujetador. Eso dio paso con un deslizamiento de colmillos, a desnudar mis pechos mientras mi vestido se deslizaba hacia abajo convirtiéndose en un empapado montón alrededor de mis caderas.

Gemí cuando su boca se cerró sobre mi pecho, abrasándome antes de que el roce de sus dientes me tuviera agarrándole más cerca. No me mordió, sin embargo yo quería que lo hiciera. En su lugar, tocaba suavemente con la punta de sus colmillos antes de lamer y succionar mi pezón hasta que latía con la misma intensidad como si lo hubiera mordido. Traté de tirar su cabeza hacia arriba para besarle, pero sus brazos eran abrazaderas en mi espalda, manteniéndome en mi sitio. Cuando se movió hacia el otro pecho, dándole la misma deliberada y apasionada atención, dejé de resistirme y me rendí a las sensaciones.

El agua había lavado la sangre para cuando alzó su cabeza. Muy lentamente, bajó sus brazos, permitiendo que mi cuerpo se deslizara sobre el suyo hasta que mis pies tocaron el suelo. Todo el tiempo, su boca se arrastraba desde mis pechos a mis hombros y hacia mi cuello. Cuando por fin se inclinó sobre la mía, su beso era más exigente que sexual, como si su necesidad hubiese traspasado hace mucho la pasión y quemara con algo mucho más fuerte. Metí mis manos en su cabello y abrí mi boca para tomarle más profundamente. Él sabía cómo una fantasía ebria mezclada con oscuras, innombrables ansias. No era suficiente rastrillar su lengua con la mía, o tener mi cabeza echada hacia atrás por la violenta intensidad de su beso.

Quería más, y el gemido que vibró en su garganta cuando piqué su lengua para poder absorber su sangre sólo inflamó mi necesidad. Demasiado pronto, él se retiró, la sujeción en mi cabello refrenándome para retomar nuestro beso. Con su otra mano, tiró de mi vestido y mi ropa interior con un simple tirón. Ahora sólo estaba cubierta con el agua que continuaba cayendo sobre nosotros, y deduje en un leve suspiro que su mirada contemplativa me rastrillaba con hambre palpable.

- Sesshomaru. - Dije su nombre rogando más que otra cosa. Se me puso la carne de gallina, como si mi piel hubiese encontrado su propia forma de rogar su toque. Sus ropas estaban empapadas pero no se las había quitado aún. Cuando comencé, tomó mis muñecas. Entonces sus manos se colocaron en mi cintura y se arrodilló frente a mí.

- Rin. - Mi nombre era un gruñido que me tuvo temblando antes de que su boca siquiera tocara mi abdomen.

Cuando se deslizó más abajo, esos temblores se convirtieron en sacudidas. Todo pensamiento escapó al sentir su lengua probándome. No podía articular palabra mientras seguía chupando, lamiendo, escarbando y atormentando sensualmente mi carne. No podía evitar agarrarme a su cabeza, y cuando tiró de mí más cerca y enterró su lengua más profundamente, mis gemidos se convirtieron en sollozos de placer. El éxtasis que siguió me hizo sentir como el cristal derretido; un momento yo era sólida, al siguiente, era líquido caliente y derretido. Vagamente, fui consciente de él sujetándome, seguido de un sonido desgarrado y el golpe de tejido mojado sobre mis pies. Entonces me levantó entre sus brazos y me sacó de la ducha.

Apenas noté el colchón hundiéndose bajo nuestro peso. Su boca cubría la mía antes de que pudiera gemir su nombre, y la sensación de su duro, desnudo cuerpo era casi demasiado para mis sentidos. Su piel estaba tan caliente, que esperaba que el vapor sustituyera el agua empapándole, y cuando se colocó entre mis piernas, me arqueé hacia arriba con desesperada necesidad. Su boca absorbía mi grito mientras arremetía derribando sus barreras emocionales. Durante unos breves, mareantes segundos, me sumergí en un océano de fiera necesidad y placer sobrecogedor, mío o suyo, no lo sabía.

Cada nuevo empuje intensificaba las sensaciones, hasta que me perdí en ellas. Nuestros sentimientos estaban tan profundamente entrelazados, que no nos sentía como individuos separados nunca más. Mis uñas rastrillaron la espalda de Sesshomaru hacia abajo, y él se arqueó al intenso placer de ellas marcando su piel. Se movió más profundamente dentro de mí, y me estremecí al eufórico agarre de mi carne a su alrededor. Le apremié a moverse más rápido, y él lo hizo más lento porque necesitaba oírme rogar por placer en lugar de dolor.

Cuando finalmente renunció a su control, el clímax que le había tenido gritando me condujo a mi propia liberación demoledora. Mientras estaba aún vibrando por el éxtasis, me hizo rodar sobre él y cepilló mi cabello fuera de mi rostro. Con nuestras emociones aún irremediablemente ligadas, supe, sin ninguna sombra de dudas que si Naraku me hubiera matado, Sesshomaru habría quemado el mundo entero si eso es lo que se precisaba para hacerle pagar. Nunca le había amado más, pero en ese momento, parte de mí también estuvo asustada por en lo que se convertiría si algo me ocurriese.

El amanecer no estaba lejos. Sentí su proximidad en el letargo que se deslizaba por mis extremidades, haciéndome difícil moverlas. Por supuesto, eso también podría deberse a la satisfacción plena. Sesshomaru había querido oírme rogar por placer varias veces, como finalmente consiguió. Había estado moviendo mi mano por su cuello de forma errática cuando una esencia familiar se hizo notar entre mis dedos, resucitándome como si me hubiese sumergido en un cubo de agua helada.

- Me olvidé de decirte algo - dije, y entonces maldije mi elección de palabras, sin mencionar mi falta de tacto. ¡Delicada manera de abordar un tema tan personal y traumático Rin!

- ¿Qué? - dijo, y aunque su tono era normal, sus defensas se alzaron.

- Primero, déjame disculparme por no contártelo antes. No es que lo olvidara, en serio, es sólo que... bueno, pasaron muchas cosas, como ya sabes, y... - Cerré mis ojos, todavía maldiciéndome a mí misma.

- ¿Qué? - repitió, su tono era afilado ahora. Abrí mis ojos, no sorprendida por encontrarlo perforándome con su mirada inquisitiva. Bajo esa dura, implacable mirada, nadie en su sano juicio le daría nada menos que la verdad y toda la verdad, que es lo que trataba de hacer de todas formas.

- Es sobre Clara. - Cuando no mostró reacción alguna, le aclaré.

- Tu primera esposa, Clara. - Eso hizo que su mirada entrecerrada se abriera un poco, aunque ni siquiera parpadeó o miró hacia otro lado.

- ¿Qué pasa con ella? - No sé por qué, pero toqué ese punto en la parte de atrás de su cuello antes de hablar. La primera vez que lo sentí, supe que era de ella.

- Cuando Naraku me encontró durante el ataque al castillo, dijo que iba a matarme como hizo con tu primera esposa. - A pesar del paso del tiempo, la esencia impresa aún pulsaba con el tipo de amor que el tiempo nunca puede borrar del todo.

- Clara no fue asesinada, saltó hacia su muerte - dijo Sesshomaru, haciéndose eco de la misma negación que yo usé. Mi mano dejó su cuello.

- Naraku dijo que se borró de la memoria de todo el mundo allí de forma que tú pensarías eso. Quería que la culpa por el "suicidio" de Clara te quebrase, pero... me dijo que la empujó desde aquel techo, y como ha estado intentando matarme desde que me lo dijo, no tenía razones para mentir. - Sesshomaru no dijo nada.

Sus emociones estaban aún bloqueadas, pero por la nueva rigidez de su postura, ahora se estaba cuestionando lo que había creído durante quinientos años. Si yo aún fuese humana, habría contenido mi aliento mientras esperaba su respuesta. Él había amado a Clara tanto que su auto-inculcada culpabilidad en su "suicidio" marcaba su peor pecado. Además, a juzgar por sus emociones, Sesshomaru ya había estado en la cuerda floja entre la justificada necesidad de venganza y una obsesión psicótica acerca de Naraku. ¿Esto acabaría por empujarlo por el borde? En retrospectiva, puede que no debiera habérselo dicho.

- Incluso si no tenía razones para mentir, no puedo confiar en la palabra de Naraku – dijo Sesshomaru finalmente.

- Al menos en este caso, no necesito hacerlo. Tus habilidades pueden encontrar la verdad. - Contuve el aliento sorprendida. ¡Te lo mereces!, se mofó mi voz interior. Tenías que contarle lo de su esposa. Ahora sabes que él valora más la venganza de ella que tu vida.

- Está bien. Ya has convertido la villa a prueba de armas, así que será seguro para mí intentar conectarme con él de nuevo... - dije, tropezando con las palabras mientras trataba de enterrar mi vengativo monólogo interior bajo una mentalidad práctica.

- No con Naraku - me interrumpió Sesshomaru, sus escudos quebrándose para que la frustración y la furia se derramaran sobre mi maraña de emociones.

- ¡No vas a volver a contactar con él, Rin! - ¿Cuántas veces voy a tener que decírtelo?, parecía que añadía su mirada, pero en lugar de sentirme escarmentada, estuve aliviada. ¡Chúpate esa!, le dije a mi odiosa voz interior.

- Me refería a Clara. Puedes leer la muerte de una persona a través de sus huesos. Una vez que haya acabado con Naraku, quiero que leas los suyos y me digas si saltó o fue empujada. - continuó Sesshomaru, ajeno a la esquizofrénica batalla teniendo lugar en mi interior.

- ¿Mantuviste sus huesos? - Cuán raramente sentimental por su parte.

- No, pero recuerdo dónde la enterré. - Me dio una mirada como preguntándome que tan loco creía que estaba.

- Está bien - dije, preguntándome por qué la palabra sonó tan borrosa. Sesshomaru agarró las sábanas que habíamos pateado hasta la parte baja de la cama y las tiró sobre mí. Podría haber preguntado por qué, pero mi boca repentinamente no funcionaba. Mi visión se tornó oscura, también, pero sentí cuando presionó sus labios en mi frente.

- Duerme bien - murmuró. Si dijo algo más, no pude oírlo. La inconsciencia ya me había reclamado.

Mi primera comprensión consciente fueron las cadenas envueltas alrededor de mis brazos y piernas. Por un terrorífico momento, pensé que estaba de vuelta en mi vieja celda y mi rescate sólo había sido un sueño. Entonces mis ojos se abrieron y vi la araña de cristal sobre mí, y un giro de mi cabeza reveló a Sesshomaru sentado en el suelo a poca distancia. El alivio de no estar de vuelta en mi antigua celda se convirtió en confusión. ¿Por qué estaba atada? Y por qué la habitación parecía tan hecha polvo; estaba como si estrellas de rock drogadas hubieran estado de fiesta durante una semana.

- ¿Qué está pasando? - Sesshomaru se levantó, taladrándome con esa dura, casi predadora mirada.

- ¿No lo recuerdas? - Eso no sonó nada bien, como si despertarse encadenada en una habitación destruida no hubiera sido lo suficientemente malo.

- No - murmuré.

Él se aproximó a mi cama. Mis restricciones enrolladas alrededor de los cuatro postes de hierro del canapé antes de ser atornilladas al suelo para una mejor sujeción. La factura por esta villa sería astronómica, pero no era mi mayor preocupación en ese momento.

- Si no lo recuerdas, entonces el hechizo te obligó a actuar en tu sueño. Tiene sentido. Cambiaste hace demasiado poco como para estar despierta tan temprano después del amanecer, sin contar tamaña fuerza. - dijo, tocando mis restricciones pero sin moverse para desatarlas.

- ¿Yo hice esto? - Miré a las cadenas, el mobiliario roto, y los profundos cuchillazos en la pared con nuevo, sorprendente entendimiento.

- La mayoría de ello - dijo, su mirada nunca dejando la mía.

- Algo lo hice yo durante nuestro forcejeo. Estabas determinada a matar a cualquiera que intentara pararte de nuevo de herirte a ti misma. - Mi garganta se cerró tanto, que dolió.

- Intenté matarte. - No era una pregunta; era una realidad, y con ello vino otra cuchillada aún más dura, comencé a tener arcadas secas.

- ¿Qué está mal? - Su mano se posó en mi vientre.

- ¿Qué está mal? ¡Traté de matarte, eso es lo que está mal, y saberlo me hace sentir enferma! - Una risa histriónica se deslizó fuera de mis ataduras.

- Rin. - Su severo tono hizo que mis ojos se abriesen repentinamente. Debía haberlos cerrado de disgusto.

- Sé que nunca me dañarías por voluntad propia. Era el hechizo, así que cesa con tu culpabilidad inútil. Como te dije antes, no tenemos el tiempo para ello. - La brusca orden no debería haberme confortado, pero lo hizo. Así como lo hizo su mano sobre mi vientre, su calidez filtrándose a través de la gruesa manta cubriéndome. Asentí, parpadeando más allá de las lágrimas que tenía ante mis ojos. Luego tomé algunas respiraciones profundas y deliberadas mientras forzaba a mi estómago para dejar de convulsionarse.

- Debo haberme enlazado a él en mi sueño. Nunca lo había hecho con nadie que no fueras tú, pero la esencia de Naraku está aún en mí, y me fui a dormir sin llevar mis guantes. - dije, tratando de encontrarle sentido a lo que no podía recordar.

- Eso ya se me había ocurrido. Otra razón para estas. - dijo, señalando con el dedo a mis cadenas.

Miré las cadenas y después a los profundos surcos en la pared que sólo podían venir de mi látigo eléctrico. Mi mano derecha ni siquiera brillaba ahora, pero ese poder letal debía estar aún conmigo. Y un tiro certero con ese látigo podría haber decapitado a Sesshomaru. Después de todo, había estado luchando para restringirme, no para matarme, aunque yo no le hubiese dado la misma cortesía.

- No me dejes sin estas - dije con voz ronca. Después de mi cautiverio, ser retenida me llenaba de pánico, pero prefería enloquecer que arriesgarme a herirle de nuevo.

- No estarás con ellas por mucho tiempo. Inuno romperá el hechizo. - dijo Sesshomaru, su proximidad facilitándome mi culpa tanto como mi miedo.

- ¿Consiguió lo que necesitaba? - No me había dado cuenta de que todo mi cuerpo estaba tenso hasta que su declaración me hizo relajarme con la rapidez con la que se desinfla un globo.

- Sí, y por los pasos dirigiéndose hacia nosotros, está despierto y listo para empezar. - Él miró a través de la puerta.

Continuara…