Noche de bodas azul
No quería saber lo que Inuno ponía en el hirviente caldero sobre el fogón. Imágenes de colas de ratas y alas de murciélagos danzaban en mi cabeza, pero era probablemente porque había visto muchas películas. Por otro lado, no pensaba que esos fueran los suministros que había tomado a Inuno horas para adquirir, y el aroma que desprendía el caldero era más un recordatorio de hierbas que de carne cruda. Estaba agradecida de estar sin cadenas, aunque aún sentía que me merecía algo peor. Además de retorcerme con la culpa que me carcomía, también tenía que luchar por mantener los recuerdos de mi cautiverio a raya. Diferente a otras veces que había estado en manos enemigas, no era capaz de deshacerme del estrés post-traumático, y estar atada sólo lo empeoraba. Sesshomaru debía haber notado eso, porque me dijo que me había encadenado simplemente para permitir a Inuno unas pocas horas de sueño.
Antes de eso, el poder del egipcio me había evitado dañarme a mí misma, evitando a Sesshomaru recurrir a la violencia para conseguir lo mismo. Mientras esperábamos a que Inuno acabara de cocinar su infusión mágica, Sesshomaru sostuvo mi muñeca derecha en un agarre conciliador. Yo sabía que este se convertiría en una férrea sujeción si el efecto del hechizo reaparecía de nuevo, y eso me tranquilizaba, pero no se me había pasado por alto que solo éramos tres personas en la villa. No podría ser porque temieran mi huida u otro acceso de locura: Sesshomaru por sí solo sería suficiente para contenerme. Con Inuno aquí también, yo estaba ridículamente desarmada.
- Si la magia es tan ilegal en el mundo yokai que podría meternos a todos en problemas si nos atraparan, ¿por qué no decimos que Naraku usó un hechizo? - Ellos no debían querer que ni los guardias ni nadie más supiera lo que Inuno estaba haciendo, lo cual me generaba otra pregunta.
- Por la misma razón por la cual algunos humanos eligen no avisar a las autoridades: las repercusiones no merecen la potencial ayuda. - Inuno me miró durante un largo tiempo antes de volver su atención hacia el caldero.
- Los Guardianes de Ley no creerían que tus acciones son el resultado de un hechizo a menos que te mataras a ti misma como prueba de ello. - Sesshomaru, como siempre, fue más franco.
- ¡Pero eso inutiliza el propósito! - dije, horrorizada.
- Exacto. - Sesshomaru espetó. Grandioso. Los Guardianes de la Ley eran inútiles cuando se trataba de ayudarnos, pero ellos harían el trabajo de Naraku por él si averiguaban que estábamos coqueteando con la magia. No me imaginaba por qué Sesshomaru y Inuno no corrían a llamar a la versión yokai del 911.
- Naraku lo sabe, ¿cierto? Es por eso que no ha dudado en usar hechizos contra nosotros. Sabe que no podemos hacer nada contra eso. - adiviné, dejando salir una pequeña risotada.
- Yo no diría eso. Pero antes de que lleguemos a ese tema, vamos a revertir lo que puso en ti - replicó Sesshomaru, su cobriza mirada tornándose rojo.
- Listo al fin - dijo Inuno con una última mezcla con la cuchara. Luego vertió la mezcla parduzca en un alto vaso de plástico.
- Bebe. - Tomé el vaso con mi mano izquierda.
Sesshomaru aún no había soltado mi derecha, y por su expresión, no iba a hacerlo. La mezcla parecía lodo hecho puré y olía terroso y fragante, como si Inuno hubiese combinado juntos un bosque y un jardín florido. Inuno me miró con el nivel de expectación de un chef mientras yo soplaba para enfriarlo, entonces tomé un pequeño sorbo. Comencé a asfixiarme tras mi primer trago, mi estómago sacudiéndose con más ferocidad que cuando averigüé que había estado tratando de matar a Sesshomaru mientras estaba dormida. Podría haber vomitado toda la mezcla, pero mantuve mis labios cerrados como si estuviesen unidos mediante herramientas invisibles.
- Traga. Debes bebértelo todo para romper el hechizo. - dijo Inuno, su tono repentinamente severo.
Mi estómago aún se sentía como si estuviese pasando el resto de mis órganos a través de una trituradora interna, pero estaría totalmente condenada si dejase que un vaso de sabor repugnante se interpusiese entre yo y mi libertad. Asentí, e Inuno soltó su agarre invisible de mi boca y yo sostuve el vaso en alto, tragándome su contenido. Mis entrañas quemaban como si me hubiera bebido plata líquida y tuve que tragarme mi propio vómito varias veces, pero finalmente, el vaso estaba vacío.
- Eso no fue... cof… tan malo - jadeé, mi cuerpo todavía agitado por las intensas náuseas que era demoledor.
- ¿Acaso crees...? - No conseguí decir el resto. La agonía golpeándome en cada célula a la vez, cegándome para todo excepto al despiadado y abrasador dolor. Fue cuando aún estaba gritando cuando recuperé mis sentidos para averiguar que me había derrumbado sobre el suelo de la cocina. Inuno se agachó junto a mí y Sesshomaru me agarró desde atrás.
- ¿…Diablos? ¡Se está volviendo azul! - Oí a Sesshomaru gruñir bajo el último, estridente sonido de mi grito.
Llevo un momento que sus palabras penetraran en mí y mis ojos se hubiesen enfocado lo suficiente como para notar que mis brazos ciertamente se habían vuelto de un tono azul índigo brillante. Como mis piernas, las cuales sobresalían de mi largo vestido en forma de tijera como si hubiese estado tratando de huir del dolor. El brillante reflejo de la superficie metálica del lavavajillas confirmaba que mi cara era azul también. Era como si hubiese mutado en una versión con cabello azabache de Mística, y por la expresión de Inuno, no se suponía que esto iba a pasar.
- Esto es... inesperado. - El antiguo faraón respiró hondo.
- Explícate - dijo Sesshomaru en su voz más mordaz.
- Significa que mi remedio no ha roto el hechizo, lo cual no había pasado nunca antes. El que haya sido reclutado para hacer esto debe haber atado carne a la carne y sangre a la sangre. Ya que Rin es un yokai, es mucho más que magia; es necromancia, lo cual está más allá de mis capacidades. - Inuno agitó su cabeza como si estuviese pasmado de lo que tenía que admitir.
- Trajiste espectros desde los huesos de hombres caídos e invocaste al barquero del inframundo para que respondiese a tu llamada, ¿y esto está por encima de tus habilidades? - No podía ver el rostro de Sesshomaru, pero bullían suficientes cosas en el trasfondo de su tono como para saber que apenas estaba conteniendo su furia. O su escepticismo.
- Sí. - Inuno miró a Sesshomaru fijamente, aunque como él estaba justo encima de mí, también sentía como si me estuviera mirando a mí también. El suspiro que salió de Sesshomaru agitó mi cabello donde cayó. No dijo nada durante un largo tiempo. Ni lo hizo Inuno.
- Si tú no puedes romperlo, ¿puede alguien? - Ahora que la agonía había sido olvidada, tenía una pregunta.
- Sólo la muerte puede romperlo - dijo Inuno, aún sonando como si le estuviese costando digerirlo todo.
- No solo tu muerte. La muerte del nigromante también sería suficiente. Ya que la cura ha tenido un raro efecto en ti, tiñendo tu piel de azul, esto prueba que el hechizo fue hecho con tu propia carne y sangre y la del nigromante, de forma que la destrucción de cualquiera de los dos lo rompería. - añadió de manera consoladora.
- Y sabemos dónde pudo haber adquirido el nigromante su carne y sangre. Explica el por qué Naraku no me envió toda su piel en el primer paquete. - Sesshomaru dejó salir un bajo y sanguinario sonido. Me estremecí. Como si el recuerdo de ser despellejada no fuera lo suficientemente horrible, ahora tenía la imagen de Sesshomaru uniendo la carne de la que me habían despojado para saber qué partes faltaban.
- Esto descarta a Sarah - dije, tratando de apartarme de las emociones con las que no podía lidiar todavía. Ella se las había ingeniado para asesinarme a través de un hechizo antes, pero Naraku la había volado en pedazos durante su ataque al castillo, por eso no podía ser responsable de esto. Sesshomaru me liberó y se puso de pie.
- Aunque no estuviese muerta, hubiera sabido que no fue Sarah. Es toda una hazaña lanzar un hechizo que pueda controlar a un yokai. ¿Pero uno que trascienda más allá de la simple magia, hasta la necromancia? Si no lo hubiera visto por mí mismo, habría dicho que es imposible. - Me barrió con su mirada.
- Al igual que yo - añadió Inuno con un deje funesto.
Sesshomaru se rascó el mentón, las cicatrices de sus manos apareciendo ante mis ojos. Yo no tenía ninguna cicatriz ahora, y por si eso no fuese lo suficientemente raro, ver las suyas hizo que me inspirara.
- El hechizo se inició cuando me conecté con Naraku a través de mi piel, así que quémala - dije suavemente. Sesshomaru paró su mano y la dirigió hacia abajo, dejando caer su palma contra la parte baja de mi vientre.
- Si te refieres al rastro de su esencia, ya lo hice esta mañana, cuando estabas inconsciente. - Eso explicaría el aroma chamuscado que había olido en la habitación, pero no era lo que yo quería decir.
- No sólo eso. Todo. El hechizo se sustenta en carne y sangre, así que si quitáramos mi carne y mi sangre, podrían... ¿atajar los efectos? Por lo menos, borraría todos sus rastros de mí, y luego podrías cubrir mi nueva piel con tu aura. De esa forma, añadiría otra capa de protección contra el hechizo y no sería capaz de conectarme a Naraku de forma accidental de nuevo y empeorar las cosas. - Mi voz sonaba ronca.
Un hombre normal habría espetado una indignada negativa. Lo que yo sugería era tan espantoso como lo que Harold me había hecho, e indudablemente más doloroso. Sesshomaru no respondió con una escandalizada protesta. Solo me miró con esos profundos ojos dorados mientras sopesaba los pros y contras de mi propuesta. Había sido yo la que lo había dicho. Sí, sería agonizante, pero Sesshomaru seguiría un procedimiento quirúrgico que el que Harold había hecho con sus cuchillos, y considerando que intenté matarle una vez y podría intentarlo de nueva, el dolor era un bajo precio a pagar.
Sesshomaru finalmente dejó de mirarme y alzó una ceja hacia Inuno. ¿Estás de acuerdo con su lógica?, le consultó en silencio. La admiración y la compasión reflejándose en la mirada de Inuno fue respuesta suficiente. La mano de Sesshomaru dejó mi vientre y acarició mi cara. Entonces se alzó, levantándome sobre mis pies.
- Lo hare después del amanecer, cuando estés inconsciente - dijo, su tono libre de emociones.
- Aun así, el dolor puede que consiga despertarte. Lo he visto ocurrir antes. - Quieres decir que ya lo has hecho antes, pensé, sin decirlo en voz alta.
No se me había ocurrido esperar hasta que estuviera inconsciente, aunque estaba completamente de acuerdo con el cambio en el plan. Después del horror de ser despellejada, tener mi carne siendo quemada era un proyecto desalentador, por decir algo, pero era mi mejor oportunidad para vencer el hechizo, así que, ¡vamos por la barbacoa! Forcé una sonrisa para mostrar que no estaba teniendo segundos pensamientos y tratar de no profundizar en lo que estaba por venir.
- Bueno, tenemos planes para la mañana. ¿Qué quieres hacer hasta entonces? - Sesshomaru me miró fijamente, esquirlas de emociones fracturando las paredes que había mantenido casi todo el tiempo desde que me rescató. Al menos, el indicio de una sonrisa curvó sus labios.
- Lo mismo que muchas personas que vienen a Las Vegas. Casarnos. - Esperé para el final del chiste.
- Pero nosotros ya estamos... oh, ya, no al estilo yokai, y yo podría... pero no podemos ahora. ¿Verdad? - Cuando no llegó, estaba casi tartamudeando por mi confusión.
- No le prestes atención. Siempre discute conmigo cuando me propongo. - Sesshomaru echo un rápido vistazo de tolerancia hacia Inuno. El yokai egipcio torcio sus labios en una sonrisa como diciendo "si yo te contara…".
- ¿Vas en serio? ―solté sin parpadear esta vez.
- Sí, Rin, hablo en serio. ¿O harás que me ponga sobre mis rodillas otra vez? - Él rodó sus ojos.
- ¡Pero estoy azul! - dije, aturdida por la ridiculez.
- El color debería desvanecerse durante la siguiente hora. No es que ninguna de las personas de Sesshomaru vaya a atreverse a hacer un comentario si él no lo hace. - ofreció Inuno, dejando la habitación atrás para dejarnos manejar esto por nosotros mismos. Contemplé a Sesshomaru, viendo la cruda, férrea determinación en su mirada.
- Sabes que te considero mi esposa, así como mi gente lo hace, pero nuestra ceremonia anterior solo fue legal en términos humanos. En el mundo yokai, no fue nada más que un compromiso porque eras humana y eso nos incapacitaba para jurar el requerido pacto de sangre. Eres un yokai ahora, y no quiero esperar más para hacer saber a todo el mundo que tú has sido, y siempre serás, mi esposa. - Tomó mi mano, deslizando un grueso, pesado anillo de oro en mi dedo que no había visto desde que Naraku me había capturado.
- Naraku me devolvió esto junto con tu piel para mofarse de mí, pero me juré que si vivías, lo vería en tu dedo de nuevo - dijo en un profundo, reverberante tono.
- Hace meses, me hiciste preguntarte si querrías casarte conmigo. Esta vez, no estoy preguntando. Te exijo que digas sí, dilo, y sé mía para toda la eternidad. - Miré el anillo, tan conmovida por estar llevándolo de nuevo que apenas noté el alarmantemente tono azul de mi piel.
Entonces miré a Sesshomaru. Su expresión estaba oscurecida por la intensidad y el agarre que tenía en mi mano era a la vez cálido e irrompible. De alguna forma, él me intimidaba más ahora que el día en que le conocí. Sesshomaru amaba de la misma forma en que vivía, indomable, peligrosamente, a toda marcha, tal como me había advertido. Había sentido la repercusión de ese amor más de una vez y la sentiría de nuevo si decía que sí, tal como había hecho antes, pero para mí solo existía una respuesta.
- Sí. Ayer, hoy, siempre... sí. -
Nuestro primer matrimonio tuvo lugar en el salón de baile de su castillo con unos dos mil invitados felicitándonos. El aire había estado cargado con la esencia de las flores y las velas de cera de abeja, y yo llevaba un exquisito vestido blanco mientras que Sesshomaru iba engalanado en escarlata y negro como un rey medieval. Esta vez, estábamos en una villa en Las Vegas y yo llevaba un simple vestido azul que, gracias a Dios, ya no combinaba con mi tono de piel. Como Inuno había prometido, mi tono azul se había desvanecido hacía una hora. Sesshomaru estaba vestido con pantalón y chaqueta negra, su camisa blanca era el único contraste al oscuro conjunto.
Nuestros testigos consistían en mi hermana, Jaken, Inuno, Izayoi, y alrededor de una docena de los guardias de Sesshomaru. O bien Sesshomaru no había invitado a mi padre o él se había negado a venir, porque no estaba aquí. En lugar de animarnos como habían hecho los testigos en nuestro primer matrimonio, todo el mundo estaba siniestramente callado. Sesshomaru sacó un cuchillo, la hoja se reducía a menos de seis centímetros. Vi unos cuantos alzamientos de ceja pero sólo Sesshomaru, Inuno y yo sabíamos por qué era tan corto. No podría matarme a mí misma con eso incluso si tuviese una hora sola para intentarlo. Incluso con mi mano en la suya, Sesshomaru no quería correr ningún riesgo.
La hoja debía ser solo del tamaño de una uña pulgar, pero estaba afilada. Con sus dedos aún curvados sobre los míos, trazó una línea desde un lado de su palma hacia el otro, luego presionó el corte en mi mano.
- Por mi sangre, declaro que tú, Rin Dalton Dracul, eres mi esposa. - dijo en una voz fuerte y pausada.
Su parte ya estaba hecha, ningún miembro del clérigo, de justicia o de paz, ni siquiera un notario era necesario. Todo lo que una ceremonia yokai carecía de formalidades, lo tenía de significado. Tal y como el hechizo de mi piel, solo la muerte podría romper el voto que iba a hacer. Incluso así, no estaba nerviosa en lo más mínimo mientras tomaba el cuchillo y trazaba una línea en mi propia palma.
- Por mi sangre, Sesshomaru Basarab Dracul, declaro que tú eres mi marido - dije en una voz clara antes de devolver el cuchillo y presionar mi palma sangrante en la suya.
Sus labios se curvaron con arrogancia familiar, como si nunca hubiese dudado que me ataría a él de esta manera. Probablemente no lo había hecho. Yo no era una gran creyente del destino, pero mientras su boca se sellaba sobre la mía en un beso que me sacudió desde la espalda a los talones, me sentí más segura de esto de lo que me había sentido jamás de nada.
Llámalo destino, inevitabilidad, lo que sea; justo ahora, sabía que estaba donde se suponía que debía estar, y mi alma se sentía como si hubiese respirado hondo para recordar este momento. Mi cuerpo no estaba en modo meditativo. Cuando Sesshomaru me besó, llameó con un deseo tan fuerte, que incluso pude oler la lujuria que empezaba a emanar de mí. Casi había muerto más veces de las que me molestaba en contar en las últimas semanas y nuestro futuro era todavía incierto. Reclama lo que es tuyo, no esperes, parecía insistir algo dentro de mí, aplacando la vergüenza bajo una antigua, inhumana urgencia que era cruda y poderosa, e innegable.
Malgastar siquiera un momento parecía algo criminalmente desagradecido. Por el endurecimiento de su agarre y la nueva, cruda carnalidad en su beso, Sesshomaru se sentía de la misma forma. Nuestros huéspedes se dispersaron mientras se las ingeniaba lo suficiente como para arrancarse un farfullado: "¡Fuera de aquí!", antes de apoyarme sobre el objeto robusto más cercano. Estrellé mi boca contra la suya, necesitando cada caricia de su lengua y la caliente, agresiva presión de sus labios. Sus ropas eran obstáculos con los que no tuve compasión. Ellas cayeron en un rasgado montón en mi desesperación por sentir su piel en la mía.
Él no se molestó en arrancar mi vestido, sólo mi ropa interior. Entonces tiró de mi vestido hacia arriba, un oscuro sonido de satisfacción escapando de él cuando sus dedos encontraron mis profundidades mojadas. Me moví contra su mano, mis gemidos tornándose más duros mientras sus dedos me penetraban más hondo. Su boca devastaba la mía mientras comenzaba a frotar con fuertes y rápidos toques que tenían mis músculos internos contrayéndose con una urgencia que se transformó en una demanda insoportable.
- Eres mía. - Suspiró contra mi cuello cuando sus labios dejaron los míos para viajar hacia el sur.
- Para siempre. Dilo. - me ordeno implacable.
- Soy tuya. Para siempre. Ahora, tómame y pruébalo - juré, las palabras cargadas con pasión.
Su boca se inclinó sobre la mía de nuevo y agarró mis caderas con ambas manos. Un profundo y ardiente empuje me arrancó un grito, luego otro y otro mientras se movía con una ferocidad apenas contenida. Sus manos eran hierros en mis caderas, su cuerpo, lava contenida por músculos duros como piedras. Placer mezclado con la sensación de que era demasiado bueno para ser dolor, antes de esto, solo la agonía me había hecho consciente de cada terminación nerviosa con esta atroz intensidad. Comencé a llorar, pero mis piernas se apretaban alrededor de sus caderas, y si agarrara su cabeza más fuerte mientras me perdía en su beso, podría aplastarlo.
Grité en su boca por el clímax tan potente, mi cuerpo se hizo añicos por el éxtasis. Mis brazos cayeron, mi cabeza se inclinó hacia adelante y la fuerza me abandonó tan repentinamente como me había llenado con ardor y lujuria incontrolable. Sentía el cuerpo de gelatina, sostenida sólo por su agarre y las sensaciones que se alzaban dentro de mí como el estallido de millones de burbujas de champán. Sostuvo mi cabeza, los labios curvados con triunfo primario mientras me miraba. Luego se dejó caer de rodillas, llevándome abajo con él ya que no podía sostenerme sola. Con un solo movimiento ágil, estaba detrás de mí, un brazo apretándome contra su pecho mientras su mano libre se deslizaba entre mis muslos.
El cambio de posición le llevó aún más dentro de mí. Se movía con esos poderosos golpes que ahora se sentían como si me separaran por el centro, sin embargo, mi letargo inducido por el clímax se desvaneció. Me mordí el labio para ahogar los gritos que se formaban en mi garganta, luego no pude contenerlos mientras empujaba tan profundo que me empujó hacia adelante hasta que mi frente tocó el pilar delante de nosotros. Más tarde, estaría avergonzada por lo alto que había gritado. Cada yokai en el hotel probablemente me había escuchado. En ese momento, no me importaba. El placer era indescriptible y me apoyé contra el pilar con una mano mientras con la otra arañaba el muslo de Sesshomaru hasta dejar rastros escarlatas.
Su risa me tentaba a no parar. Así lo hacían las emociones que me bombardeaban, haciendo que me moviera contra él casi tan febrilmente como su cuerpo continuaba cortando el mío. Cuando el éxtasis finalmente me alcanzó otra vez, fue mío tanto como suyo, y cuando él nos reclinó contra el frío suelo de mármol, quería darme la vuelta y besarle, pero no podía moverme. No era un tema sobrenatural o un signo de la inminente llegada de la madrugada; Simplemente no podía reunir fuerzas. Mi boca aún funcionaba, y cuando le dije eso, la risa resopló contra mi espalda.
- Permíteme - dijo, dándome la vuelta hasta estar acunada entre sus brazos, nuestras caras tan cerca que casi se tocaban.
- Todo el mundo se ha ido, ¿no? - solté, sólo ahora me preguntaba si no habríamos dado a alguien un espectáculo gratuito y explícito. Otra risa.
- Sí. Habría matado a cualquiera que se hubiese quedado a mirar. - Sonreí antes de decidir que llevaba demasiado esfuerzo.
- Mi segunda noche de bodas - murmuré.
- Imagino que es tu... ¿qué? ¿Tercera? ¿Cuarta? - Él se puso ligeramente tenso, entonces se relajó cuando se dio cuenta que no estaba celosa. Sólo curiosa.
- Tercera humana, primera yokai - dijo acariciando mis labios con los suyos.
- Y por mucho, la mejor. - Sonreí contra su boca.
- No hay necesidad de halagos. Acabas de tener suerte.
- Me conoces demasiado bien para pensar que usaría la adulación para obtener algo que quiero. - No, él no lo haría. Consideraría eso como mentir, y por muchos defectos que pueda tener, Sesshomaru era la persona más honesta que había conocido en mi vida.
- Además. Mi primera noche de bodas fue deprimente y la segunda la pasé solo. - continuó, su boca curvándose hacia abajo.
- ¿Qué ocurrió para que la primera fuese mala y la otra solitaria? - Mi voz era suave mientras me preguntaba si me lo contaría. Sesshomaru raramente hablaba sobre esa parte de su pasado, y tras ese "cotilleo", estaba más que un poco intrigada. No dijo nada durante un buen rato. Ya había decidido cambiar de tema cuando habló.
- Mi primer matrimonio estuvo arreglado por mi padre cuando era un niño, una práctica común en la época. Sabes lo que me ocurrió durante mi niñez de cautiverio y cómo me afectó, aun así no podía romper el compromiso sin perder a un importante aliado. - Su sonrisa se volvió perversa.
- Y no podía admitir a mi prometida, a su padre o a cualquiera que no sabía, si podría estar lo suficientemente cerca de ella como para ser el padre de sus hijos, como era esperado para perpetuar la línea. - No supe por qué esta información me sorprendía. Me había contado el brutal tratamiento que había causado que odiase incluso el contacto casual. Por alguna razón, había asumido que se refería a otros hombres. Sesshomaru era tan sensual, insaciable, y dominante en la cama; era difícil reconciliarle con lo que acababa de describir.
- Antes de la boda, me aseguré de que pudiera, de hecho, actuar como se requería - prosiguió, su tono carente de emociones ahora.
- Tomó varias visitas infructuosas a prostitutas que sabían que no debían contar mis dificultades en el tema antes de que pudiese abordar el acto por completo. Entonces me casé con Clara y me apresuré a cumplir mis responsabilidades maritales con el menor contacto posible. Estuve aliviado cuando se quedó embarazada porque eso significaba que finalmente podría parar. - Mi corazón se rompió por lo miserable que había sido, incapaz de hablar con nadie porque sus secuelas emocionales debidas a su abuso habrían sido consideradas una debilidad en el siglo quince.
- Lo siento tanto - susurré. Ahora la sonrisa que me dio fue hastiada.
- No lo sientas por mí. Compadece a Clara, que fue forzada a un matrimonio con un traumatizado bárbaro que no podía tocarla con la amabilidad que se merecía. De alguna forma, ella no me odió por ello, y su embarazo mejoró las cosas entre nosotros. Una vez que ya no estuve forzado a yacer con ella, no encontré tan repulsivo tocarla, y sentir a mi hijo moverse en su vientre fue la primera vez tras mi cautiverio que puse mi mano en otra persona y no sentí nada excepto dicha. - Mis ojos me empezaron a escocer, pero no dejaría que las lágrimas me anegaran.
El Sesshomaru ante mí no me querría llorando por el hombre que había sido. Como había dejado claro, tomaría eso como compasión, y no había nada que compadecer sobre cómo había superado los obstáculos ante él. No había imaginado que mi pregunta desenterraría recuerdos tan dolorosos y conmovedores, y el hecho de que lo hubiera relatado con su inquebrantable honestidad habitual era una prueba más de que su fuerza interior se comparaba con sus increíbles poderes y habilidades.
- Clara te amaba - dije, con voz ronca.
- Lo siento en la esencia que dejó en ti, así que cualquiera que sea la culpa que hayas sentido aquellos primeros días, déjala ir. Debes haberlo compensado. - Su mano era una cálida caricia en mi cara, como los primeros rayos de sol tras una larga noche de invierno.
- Lo he intentado, pero tú de todas las personas deberías saber lo difícil que puedo ser para la convivencia. - Sostuve su mano contra mi cara.
- Puedes no ser la persona más fácil, pero, ¿quién lo es? Por otro lado, lo fácil está sobrevalorado comparándote con toda tu espectacular, volátil y enigmática gloria. - Él sonrió, su familiar sonrisa de arrogancia sombreaba ahora su expresión.
- Te recordaré eso que has dicho durante nuestra próxima pelea. - Luego se estiró, el movimiento haciendo que sus músculos ondularan de una forma que reclamó mi atención el tiempo suficiente como para perderme la primera parte de lo que dijo a continuación.
- ... el segundo matrimonio también fue concertado, pero este por mí. El rey de Hungría necesitaba alguien para casarse con su prima embarazada antes de que su condición fuese obvia, y necesitaba una nueva alianza con Hungría para reclamar mi trono. -
- Espera, Naraku era tío del rey de Hungría, ¿no? Así que si te casaste con la prima del rey, eso significa que Naraku... -
- Técnicamente es mi suegro - terminó, su boca curvándose de forma socarrona.
- Probando nuevamente que nadie tiene el poder de hacerte enfadar más que la familia. - ¿Eso significaba que técnicamente estaba emparentada con Naraku, también, como la esposa de Sesshomaru? Sin pensarlo, mis manos se apretaron en puños. Si es así, entonces sí. Algunas veces la familia apesta.
- Mi segunda esposa, Ilona, tenía poco interés en mí más allá de un nombre para su hijo no nato. Yo tenía incluso menos interés en ella, así que nuestro matrimonio permaneció sin consumar, y aunque ella volvió a quedarse embarazada de nuevo, yo tomé a ese hijo como mío también. - continuó.
- ¿Por qué? ¿No estabas furioso? - El adulterio femenino era un tema escabroso entonces y Sesshomaru no era del tipo de compartir. Él suspiró.
- Ilona no significaba nada para mí, como dije. Además, como yokai, no podría haberle dado hijos y parecía inadecuado privarla de otra oportunidad para la maternidad. Ella había sido discreta con quienquiera que fuese su amante, así que no había comentarios de que el bebé no fuese mío. En ese tiempo, mi hijo primogénito era el heredero indiscutible, así que no vi al niño de Ilona como una amenaza. - Sus facciones se tensaron.
- Estaba equivocado. Naraku estuvo detrás del asesinato de mi primer hijo, y además de los motivos personales, también lo hizo para poner al hijo de Ilona en mi trono después de hacer asesinar al mío. - Una vez más, no estaba escatimando nada de sí mismo en este relato contundente, y yo tenía que morderme el labio para no decir que lo sentía.
Lo hacía, sin embargo. No había sido mucho mayor que yo por el tiempo que había pasado por todas estas atrocidades y angustias. Dudaba que yo lo hubiera superado con mi salud mental o mi alma intactas, pero él lo había hecho, incluso con cientos de años más de adversidad apilados. Me deslicé más cerca, con ganas de opacar los dolorosos recuerdos de su pasado, dándole algo más en lo que concentrarse.
- Gracias por contestar mis preguntas, y ahora quiero contarte algo personal. No es ni de cerca tan profundo o importante, pero... estoy agradecida de que seas el único hombre con el que he estado. Durante años, mi asunto con el voltaje me mantuvo virgen lo quisiera o no, pero cuando te conocí sentí como... que tú eras el motivo por el que había estado esperando, incluso cuando no lo sabía. - Tenía un nudo en la garganta.
- A pesar de todas las cosas horribles que sucedieron, si volviera atrás en el tiempo, aun así, tomaría la línea de energía porque es lo que finalmente me ha traído a ti. - Me besó, lenta, profundamente, y con más ternura de la que pensé que era capaz. Entonces se apartó, sonriendo, pero con un toque de oscuridad.
- Atesoro el regalo de tu virginidad, pero aunque se lo hubieses dado a otro todavía te amaría con el mismo grado de peligrosidad. Estás en mi alma, y nada de lo que hicieras antes de conocernos o de lo que hagas en el futuro podrá cambiar eso. Y para responder a la pregunta que nunca me has hecho, sí, te quiero más de lo que quise a Clara. Si ella estuviera viva ahora, aún te escogería a ti. - Las lágrimas anegaron mis ojos y no podía hablar. ¿Cómo había conocido la angustia secreta que había sentido preguntándome si alguna vez me acercaría a lo que había sentido por ella?
Era ridículo en el mejor de los casos y egoísta en el peor tener celos de una mujer muerta, pero la memoria de Clara se había sentido como un muro alrededor de Sesshomaru que nunca podría romper, y no me había atrevido a esperar que lo derribaría él mismo.
- No sé qué decir - solté entrecortadamente, aún luchando por contener las lágrimas. Su sonrisa fue lenta, desafiante, y sensual.
- Ya lo dijiste: sí. Ahora, dilo de nuevo. - Antes de darme cuenta de lo que estaba pasando, me había arrastrado a sus brazos y me estaba llevando hacia el dormitorio.
En el instante en el que me desperté, me tensé, esperando que mi cuerpo entero estuviese sepultado en agonía. Después de unos segundos libres de dolor, me atreví a abrir los ojos. No solo no estaba en llamas, ni siquiera estábamos en la misma habitación en la que me había dormido. En lugar de una araña de cristal, un tejido ondulante formaba un nudo de rosas en el centro del dosel encima de mí. Durante un segundo, me pregunté si Sesshomaru me habría llevado hasta otro de los dormitorios de la villa, pero un vistazo fuera de la ventana me mostró edificios desconocidos y un ancho río cerca. Definitivamente no en Las Vegas. El desierto no tenía ríos.
- Buenas noches. - Me giré hacia la voz de Sesshomaru, viéndole emerger del baño.
Su cabello estaba húmedo por la ducha, pero llevaba pantalón gris oscuro con una chaqueta carbón a juego. Una pálida camisa plateada suavizaba el conjunto y un brazalete de platino le añadía un toque de elegancia, si alguien no hubiera notado todavía la riqueza del tejido y la confección a medida. Yo, por otra parte, llevaba sólo sábanas y mi cabello estaba lo suficientemente enredado como para que un cepillo huyera del desafío. Lo que más me sorprendió es que también estaba sin cadenas.
- ¿Me dejaste sola mientras te duchabas? ¡El hechizo podría haberme hecho saltar a través de ella! - Señalé hacia la ventana cercana.
- No habrías conseguido salir de la cama. Hola, mocosa. dijo una voz familiar a mi derecha, entonces la cabeza de Jaken salió del espacio entre la cama y la pared.
Sesshomaru arqueó su ceja como diciendo, ¿Realmente pensaste que te dejaría sin protección? Mientras tanto agarré las sábanas, que se habían bajado demasiado. No había duda de porqué Jaken había elegido tumbarse en el suelo en lugar de sentarse en la silla frente a la cama.
- H-hola - tartamudeé.
- Y gracias. - Jaken me sonrió.
- No hay por qué darlas. Feliz de ayudar. Como ya has acabado, me mostraré a mí mismo la salida. - Luego le dirigió una mirada mucho más reservada a Sesshomaru.
Se fue, y la frialdad entre ellos me recordó la conversación que Jaken y yo habíamos tenido justo antes de que Naraku atacara el castillo. Con tantas cosas sucediendo, lo había olvidado. Todavía tenía intención de comentar la vuelta de Jaken a la feria con Sesshomaru, pero ahora no era el momento.
- ¿Dónde estamos? - La supervivencia primero. Por eso empecé por lo obvio.
- Nueva Orleans - contestó Sesshomaru, sentándose en el borde de la cama. La fragancia del jabón todavía se aferraba a él, añadiendo un toque cítrico a su aroma natural a humo y canela. Me vi deslizándome más cerca e inhalando sin pensarlo, entonces casi me ruborizo cuando su mirada demostró que lo sabía.
- No tenemos tiempo - dijo, aunque sus dedos dejaron un rastro cálido desde mi cuello a la clavícula.
- Dormiste hasta más tarde de lo que anticipé, pero tu cuerpo sin duda necesitaba recuperarse. - Al principio, pensé que se refería a sus proezas sexuales, ya que me había dejado exhausta anoche. Entonces mis manos se sumergieron bajo las sábanas para deslizarse sobre mi cuerpo.
- Aún puedo sentir huellas de esencia - dije sorprendida.
- ¿No lo hiciste? - Algo oscuro se dibujó en su rostro.
- Sí y no. Quemé tu piel, pero no te cubrí con mi aura después, así que todas las huellas que estás detectando son mías. - No podría haber estado más aliviada por haber dormido mientras era quemada. Quizás cansarme de antemano había sido beneficioso en más de un sentido.
- ¿Por qué te saltaste toda la parte del aura? - Soltó un suspiro áspero.
- Porque necesitaría quemarte de nuevo. No caminaste dormida esta mañana, así que evitar que te enlazaras con Naraku a través de su esencia funcionó, o destruir tu carne debilitó el hechizo. Creo que es lo último. Si te convertía en resistente al fuego con mi aura, necesitaría emplear métodos… diferentes para debilitar el hechizo temporalmente la próxima vez. - Mi estómago dio un vuelco mientras que el macabro dicho Hay más de una forma de despellejar un gato cruzó mi mente.
Sí, prefería el fuego. Por un lado, había dormido mientras. Por otro, era mucho más rápido que otros "métodos diferentes", y si me despertaba en medio, la rapidez equivaldría a la misericordia. Además, nunca querría asociar a Sesshomaru con los horribles recuerdos que tenía de mi piel siendo separada. Incluso el pensamiento me hacía estremecer. Sesshomaru lo entendió y otra sombra cruzó sus rasgos.
- Yo tampoco quiero hacer eso. Quemarte ya fue bastante difícil. - La culpa me golpeó.
- Lo siento. He estado tan ocupada lidiando con cómo afrontaría esto; no pensé mucho en lo duro que sería para ti. -
- Ni deberías - replicó.
- Yo no soy el que ha sido repetidamente torturado las últimas semanas, primero por los enemigos, después por mí sin necesidad. Necesitas centrarte en tus propias necesidades, Rin. Perderás la cabeza de otra forma. - Sus escudos estaban alzados de nuevo, y no se me había pasado por alto que durante los pasados días, los había mantenido así excepto cuando estábamos haciendo el amor. Debía pensar que no podría manejar lo que sentía cuando la pasión no estaba al frente.
- Estás equivocado - dije tranquilamente.
- No soy la única que ha sido torturada. Naraku me ha utilizado como arma para acuchillarte abiertamente, y sé que esas heridas aún están abiertas. No tienes que ocultar lo que sientes de mí, Sesshomaru. Puedo soportarlo. - Una sonrisa sin humor curvó sus labios antes de rozarse contra mi oreja.
- No escondo mis sentimientos de ti. - Su voz era tan baja, incluso tan cerca; tenía que luchar para oírle.
- Los escondo del resto de yokais que he hecho. Desde que me di cuenta que el castillo estaba siendo atacado, todo lo que me importaba era tu supervivencia. Si hubiese tenido que sacrificar a cada persona de mi línea para asegurarla, lo hubiera hecho. Es por eso que bloqueo mis emociones. Si mi gente supiera lo poco que me importan ahora, eso destruiría la unidad que tan duramente he luchado por crear. - Besó mi oreja tras haber acabado de hablar, entonces me alzó y me apretó contra él. Me moví como en piloto automático, cumpliendo su orden de ir a la ducha porque teníamos que irnos pronto.
Se quedó en el baño para vigilar, su aura crepitando como si estuviera hecha de cientos de velas romanas. Si hubiera mirado las paredes de cristal de la ducha demasiado tiempo, él las habría derretido. Supuse que era un signo de fe que no lo hubiera hecho todavía. Una vez que acabé, me vestí con uno de los conjuntos que había empacado para mí y le seguí fuera del hotel, mi mente todavía aturdida. Desde el momento en el que nos conocimos, la preocupación de Sesshomaru por su gente había sido la fuerza conductora detrás de todo lo que había hecho. Una vez me dijo que creía en Dios y el juicio final, aun así no cambiaría sus brutales tácticas porque era la única manera en la que podía garantizar la seguridad de aquellos que le pertenecían.
Sabía que me amaba, pero oírle decir que habría sacrificado a cada una de su gente por mí, no solo me impresionó, sacudió mi interior. No me sentía merecedora de ese tipo de amor, especialmente viniendo de un hombre como Sesshomaru. Él era un guerrero centenario que se había sobrepuesto a todo lo que su vida humana y yokai le había arrojado, y algunas cosas habían sido horribles. Además, yo sabía un poco acerca de los miembros de la línea de Sesshomaru, y eran personas heroicas cuyas hazañas de valentía hacían mis pequeños logros palidecer en comparación. ¿Quién era yo? Una chica ridículamente suertuda que había caído enamorada de un hombre a kilómetros de distancia por encima de mi liga, esa era yo.
Aunque muy bien acogida, la declaración de Sesshomaru me asustaba, por su bien. Por razones que no podía imaginar, me amaba hasta ese extremo, lo que significaba que el plan de Naraku tenía muchas oportunidades de éxito. ¿Y si lo que Naraku me había hecho empujaba a Sesshomaru a una búsqueda desenfrenada de venganza que eventualmente le matara? Quién sabía cuánto tiempo podía durar esta guerra, y ya se había vuelto más desagradable y brutal de lo que habríamos podido imaginar. Si las cosas empeoraban, ¿empujaría esto a Sesshomaru hasta el punto donde estaría dispuesto a hacer cualquier cosa ―incluso cosas horribles― para protegerme?
No podía soportar la idea de Sesshomaru perdiendo las mejores partes de sí mismo por mí. Había pasado por tanto y aun así no se había convertido en el monstruo que era Naraku. De la mano de mi miedo me llegó la determinación. No dejaría que eso pasara. Le impediría cruzar el punto de ser un marido vengativo a convertirse en algo más. Si me amaba tanto que yo podía ser la causa de su caída, también podría ser la que lo evitara, o traerle de vuelta. Estaba tan consumida por este pensamiento que no pregunté a dónde íbamos hasta que Sesshomaru paró frente a las puertas de hierro de un cementerio etiquetado como San Louise Número Uno.
Miré alrededor, viendo fantasmas flotando como sombras pálidas y espeluznantes dentro y alrededor de muchas criptas del cementerio. Me estremecí. ¿Era yo o se sentía como que la temperatura había bajado varios grados desde que llegamos al cementerio con un sentimiento premonitorio?
- ¿Por qué estamos aquí? - pregunté, tratando también de imaginar por qué estábamos solos. Sesshomaru debía haber traído a sus guardias con él o no habría susurrado su bomba cuando estábamos solos en la habitación.
- Para ver a un conocido - replicó. Bajo mi dubitativa mirada, sonrió sardónicamente.
- Su tumba es dónde Midoriko Laveau insiste en encontrarse con sus visitantes. Y ese campesino de Inuyasha y sus amigos me llaman un perro con gusto por el espectáculo. - El nombre me resultaba familiar, pero no podía ubicarlo. Entonces la aparición de un gran afro-americano al otro lado de las puertas detuvo mis reflexiones.
- Sesshomaru Tepesh - dijo, inclinando su cabeza de forma respetuosa.
- Usted es esperado y puede entrar. Usted (y su mirada apenas pasó sobre mí), no es esperada y debe quedarse aquí. - Me puse rígida, pero Sesshomaru se limitó a sonreír.
- Mi esposa va dónde yo voy, como ambas de nuestras leyes afirman. - Ambas de nuestras leyes. Por su falta de pulso, ya sabía que el hombre alto no era humano. La afirmación de Sesshomaru estrechaba las posibilidades a una: oni. Me moví con inquietud. Los últimos onis que había conocido habían tratado de comerme, y no de una forma romántica.
- Una ceremonia mortal no significa nada - comenzó el oni, pero Sesshomaru sacó un teléfono móvil y toqueteó la pantalla antes de sostenerlo hacia él. Por mi sangre, escuché decir a su voz pre-grabada, declaro que tú, Rin Dalton Dracul, eres mi esposa... No había notado que nadie grabara la ceremonia anoche, pero alguien debió hacerlo. Las cejas del oni se elevaron mientras miraba. Entonces devolvió el teléfono, dándome su primera mirada completa.
- Felicitaciones, Rin Dracul - dijo formalmente. A pesar de todo lo que había pasado las pasadas semanas, o quizás debido a ello, no pude resistirme.
- Oh, prefiero Rin Drácula - dije, sonriendo mientras sentía que el pie de Sesshomaru pisaba el mío.
- Pagarás bien caro por eso. Como dije, mi esposa viene conmigo. - murmuró, entonces dirigió al oni una mirada más dura.
- Transmitiré esta información y volveré con la decisión de Majestic - dijo el oni, alejándose por el cementerio.
- ¿Por qué no le dijiste a esta tal Midoriko que venía contigo? - susurré una vez que ya no podía ver al oni. Sesshomaru me lanzó una mirada.
- Por muchas razones. No sabía si su vaga respuesta era porque estaba todavía enfadado por la broma de Drácula, o porque no quería en caso de que el gran oni volviera.
- ¿Es peligrosa? - dije en un tono incluso más bajo. Ahora la mirada que me lanzó fue de diversión de una forma que hizo que se me erizaran los pelos de la nuca.
- ¿Recuerdas a los Remnants? Kagome obtuvo ese poder de Midoriko, y ella no es ni de cerca tan buena como lo es la Reina Oni. - De repente, el cementerio repleto de fantasmas pareció tan benigno como un parque de niños.
El peligro real era nuestra anfitriona, y Sesshomaru había insistido en que fuera con él a ver a Midoriko. Era tan opuesto a su usual sobreprotección que no podía creerlo. ¿Qué tenía en mente? No tuve tiempo de preguntar.
- Majestic los verá a ambos. Por favor vengan conmigo. - El oni volvió, abriendo las puertas con otra educada inclinación de cabeza.
Continuara…
