Nuevas fuerzas

No había estado en el interior de un cementerio desde que visité la tumba de mi madre antes. Todavía estaba en el hospital el día en que fue sepultada, recuperándome del accidente de la línea eléctrica que me cambiaría para siempre. Su lápida había sido una sencilla U invertida, con su nombre y fecha inscrita en el frente. Midoriko Laveau tenía una alta tumba blanca que estaba acribillada con grafiti, mientras que más basura estaba amontonada enfrente de ella. Ninguna de las otras tumbas que había pasado había sido profanada de esta manera, y no entendía hasta que de pronto una lección de historia de la secundaria me vino a la memoria, como si mentalmente la hubiera buscado en Google.

Midoriko Laveau no era solo conocida como la Reina Oni, como Sesshomaru la había llamado. En la historia se referían también a ella como la Reina del Vudú de Nueva Orleans. Eché un vistazo más de cerca a su tumba. Eso no era grafiti; aquellas X eran solicitudes de bendiciones, y lo que percibí primero como basura eran ofrendas en realidad. Vaya. Estaba a punto de conocer a una figura histórica legendaria y tenebrosa. Te casaste con uno, estúpida, fue mi siguiente pensamiento, y me reí a pesar de mi nerviosismo.

- No te preocupes. - Sesshomaru dirigió una mirada de reojo a mí. Agité una mano.

Entonces salté, sobresaltada, cuando la losa de piedra delante de la tumba de Midoriko comenzó a deslizarse hacia atrás, dejando al descubierto una abertura. Las ofrendas cayeron dentro y traté de no pensar que parecía que una oscura boca se los había tragado. Peor aún, nuestro guía oni asintió al hoyo de manera expectante. Mis sospechas se confirmaron cuando Sesshomaru me agarró de la mano y me llevó hacia este.

- Pon tus brazos alrededor de mí y párate sobre mis pies - instruyó.

Me di cuenta del porqué. El agujero era demasiado estrecho para que saltáramos en él de pie uno al lado del otro, y no quería ir primero como tampoco quería estar sola con el grande e imponente oni. Planté mis pies sobre los de Sesshomaru y envolví mis brazos alrededor de su cuello. Él me abrazó fuertemente y nos dejó caer hacia la oscuridad. No fue una larga caída. Sólo alrededor de seis metros. No me gustó forma en que la apertura por encima de nosotros de inmediato comenzó a cerrarse, pero Sesshomaru no parecía preocupado, así que decidí no estarlo, tampoco. Después de unos segundos de parpadeo duro, mis ojos se acostumbraron y pude ver la silueta de un túnel por delante. Una vez más, mi imaginación no era útil, comparando el túnel con la garganta de un monstruo. Sesshomaru me soltó de su abrazo, pero se aferró a mi mano, llevándome al túnel.

- Todo esto es puro teatro - dijo, probablemente olfateando mi inquietud.

- Efectivo para asustar a los humanos, al recién convertido, y al fácilmente manipulable, pero no es más que humo y espejos para el resto de nosotros. Aun así no puedo criticar. Empalé cadáveres en postes por la misma razón. - me lanzó una rápida sonrisa. Una carcajada se me escapó y mi nerviosismo disminuyó.

- Aves del mismo plumaje - bromeé.

Sus dientes brillaron en otra sonrisa, pero debajo de eso, vi un toque de crueldad. Podría haber dejado a sus guardias en el hotel, sin embargo, esto no era claramente una visita amistosa. Tenía la intención de que algo grande sucediera con Midoriko, y por alguna razón, quería que yo estuviera aquí cuando sucediera. Cuadré mis hombros y encontré el lugar con fuerza en mi interior que mataría si alguien que amaba fuera amenazado. Especialmente alguien a quien amaba tanto como a Sesshomaru. Sólo de pensar en la posibilidad de que la Reina del Vudú tratará de hacerle daño hizo que mi mano comenzara a sentir un hormigueo como si estuviera chispeando dentro del grueso guante de goma.

Cuando Sesshomaru abrió una puerta de metal al final del túnel, estaba lista para lo que estaba en el otro lado. O eso pensé. No esperaba una pequeña sala de estar con tres sillas, una botella de vino y tres copas. Si no fuera por las paredes de piedra que aún mantenían el aroma del cementerio, habría jurado que habíamos entrado al salón de una casa.

- Sesshomaru Tepesh. Me has sorprendido dos veces hoy. Primero con tu solicitud de esta reunión, y ahora con la noticia de que las felicitaciones están a la orden. - dijo la atractiva mujer de cabello negro, un fuerte acento sureño decorando su voz.

Era grosero mirar fijamente, pero no pude evitarlo. Midoriko Laveau no era la imagen que mi mente había conjurado. Su color era el de azúcar morena y crema, y su actitud era el de un puma más refinado que el de una hembra médico brujo. Estaba vestida con una blusa de seda de color arándano y una falda larga negra, las dos piezas emitían elegancia, tanto como lo hacía la ropa de Sesshomaru.

- Midoriko - dijo Sesshomaru, con un gesto cordial.

- Permíteme presentarte a mi esposa, Rin Dalton Dracul. - No cambié en broma mi apellido por el de "Drácula" esta vez.

Una corriente subterránea de tensión zumbaba a través de la habitación, incluso si todos estábamos fingiendo estar en nuestro mejor comportamiento. Ya que tenía mis guantes, estreché la mano de Midoriko. Ella me sonrió de una manera amistosa, mientras sus ojos me recorrieron con la evaluación despiadada a la que ya estaba acostumbrada de los muertos vivientes. Midiendo mis puntos fuertes y buscando mis debilidades.

- Por favor, siéntense - dijo, como toda anfitriona amable sureña a pesar de todo.

- Tienes que probar el vino. Es uno de mis favoritos. - Con esas palabras, se abrió una puerta lateral y nuestro guía oni apareció, llenando nuestras copas con una deferencia que fue igualada sólo por su velocidad. Tan pronto como terminó, volvió a desaparecer.

- Por los recién casados - dijo Midoriko, levantando su copa. Sesshomaru tocó su copa con la de ella y yo también. Bebimos y dejé escapar un pequeño sonido de apreciación. El vino de color rojo oscuro tenía toques de grosella, roble, y más que un toque de sangre. Tendría que duplicar esa mezcla en el futuro.

- Así que, Sesshomaru, ¿cuándo nos vimos por última vez? - preguntó Midoriko, ladeando la cabeza como si tratara de recordar. Yo no iba a comprar su acto de olvido, y por su respuesta, él tampoco.

- Al otro lado de un campo de batalla sembrado con los cuerpos de onis muertos - respondió en un tono agradable. Su mirada se estrechó, luego agitó una mano desdeñosa.

- Claro. Pobres almas equivocadas. Aquellos que sobrevivieron al tonto levantamiento de Goryomaru me están siguiendo ahora, para su beneficio. - No es modesta en absoluto, ¿verdad?, pensé, con una sacudida interior de mi cabeza. Aves del mismo plumaje, de hecho.

- Jacques me dijo que tienes una grabación de tu matrimonio ¿Puedo verlo? - continuó Midoriko, cambiando de tema.

¿Comprobando la autenticidad?, me pregunté mientras Sesshomaru le pasó su teléfono celular. Ella no parecía del tipo de preguntar solo para poder soltar Ooh y aha con reconocimiento femenino. Midoriko lo tomó y golpeó la pantalla. Pronto, nuestras voces fluían en el pequeño espacio, repitiendo nuestros simples votos, que alteraban la vida.

- Me pregunto por qué no vi este vídeo antes - comentó mientras observaba.

Si los escudos de Sesshomaru no se hubieran agrietado, liberando una fracción de segundo de rabia aniquiladora, no me habría dado cuenta de su ligero énfasis en la palabra "este". Pero lo hice, y después de un momento de preguntarme por qué, la comprensión golpeó en casa. Naraku no solo había enviado los vídeos de mí a Sesshomaru. También debió haberlos dado a conocer a todo el mundo no-muerto. Furia relampagueó por mis venas. Por supuesto que él querría que todos supieran cómo había arrebatado a la esposa de Sesshomaru justo debajo de sus narices, y luego lo que me había hecho después. Para escoria como Naraku, sería lo mismo que clavar una pelota de fútbol después de una anotación.

- La ceremonia fue sólo ayer por la noche - respondió Sesshomaru, su tono retando a Midoriko a dar más detalles sobre a lo que ella había aludido.

Yo todavía estaba hirviendo de rabia, humillación arañando cerca de sus talones. La lógica me decía que no tenía nada de qué avergonzarme, pero el pensamiento de todo el mundo mirándome mientras una imagen mental de esas cintas se reproducía en sus mentes me hicieron querer correr hacia la salida más cercana. Si de repente me hubieran desnudado y estacado en público, me habría sentido menos expuesta. Midoriko entregó a Sesshomaru su teléfono de nuevo, una pequeña sonrisa tocando su boca.

- Termina más que abruptamente, ¿no es así? - Mis uñas se clavaron en los reposabrazos de la silla. ¿Estaba haciendo una insinuación sexual ahora, también? Después de que Sesshomaru tomó el teléfono, se acercó para sujetar mi mano.

- Nunca dudo cuando se trata de algo que quiero. - Su carne irradiaba su calor de costumbre, y la parte en mí que se había fragmentado de enojada vergüenza, lo absorbió como si fuera lo único que evitaba romperme en mil pedazos. Midoriko miró a nuestras manos unidas, a Sesshomaru, y luego su ceja se arqueó.

- ¿Y qué es lo que quieres de mí? - Sesshomaru le dedicó su sonrisa más encantadora, que fue suficiente advertencia para mí.

- Quiero saber si eres el nigromante que lanzó el hechizo que casi mató a mi esposa. - La expresión de Midoriko se volvió peligrosamente en blanco. Si el ánimo en la habitación había sido tenso antes, era francamente tenebroso ahora.

- ¿Por qué sospecharías de mí haciendo una cosa así? - preguntó, su acento sureño cambiando a veneno cubierto de azúcar.

- El hechizo se unió en la piel no muerta, así que solo alguien experto en la nigromancia pudo lanzarlo. Con tu experiencia en la magia de ultratumba, eso te hace la sospechosa más probable. – La cordial sonrisa de Sesshomaru nunca vaciló.

Mi mano derecha resbaló bajo el pliegue de mi falda larga, entonces Midoriko no podría verme moviendo mis dedos para quitar mi guante. Nosotros podríamos tener solo unos segundos antes de que ella nos golpeara con aquellos horribles, Remnants invencibles. A sabiendas de que yo no había manifestado un látigo desde mi captura, pero desde lo de las barras quemadas en la villa, la habilidad seguía ahí. Si nuestras vidas dependieran de ello, tendría que hacerlo otra vez. La alternativa era impensable.

- ¿Qué si fui yo? ¿Qué intentarías hacer al respecto? - La boca de Midoriko se levantó en un capricho desafiante.

- Matarte - replicó Sesshomaru en tono agradable. Me tensé, poniendo toda mi energía en mi mano para el ataque inminente, pero Midoriko solo se rió.

- Nunca te tomé por tonto, Tepesh. Me sorprendes por tercera vez hoy. - Con eso, una masa gris en plena ebullición se disparó cubriendo las paredes de la pequeña habitación. Tomó menos tiempo para nosotros estar rodeados por los mortal, aullantes Remnants alrededor de nosotros con entretenimiento individual.

- ¿Se supone que tiene que intimidarme? - Él perdió la razón, pensé aturdidamente. Dios mío, Naraku había logrado volverlo loco.

- Sí - dijo Midoriko sonando casi tan sacudida por su respuesta como yo.

- Tú me mostraste el tuyo. Ahora, deja te muestro el mío. - Él sonrió otra vez.

Fuego inundo la habitación, ocultando a los Remnants detrás del brillo, de destructivas bandas carmesí, naranjas, y azules. Solo supe que un lado de la puerta se abrió cuando escuché un grito, pero el guardaespaldas de Midoriko no podía pasar más allá de las llamas que eran tan calientes, ellas empezaron a comerse los muros de piedra. Si Sesshomaru no las hubiera mantenido por encima de los tres resplandeciendo como una brillante, cortina mortal, solo él habría sobrevivido. Así de abrupto, las llamas desaparecieron. De no ser por el humo y la nueva, textura carbonizada en las paredes, nadie habría creído que esa habitación había sido diabólicamente infernal momentos antes.

- Ahora que comparamos lo equivalente de nuestros traseros supernaturales, ¿por qué no respondes mi pregunta? - dijo Sesshomaru, en tono tan frío como el fuego había sido de caliente. La mirada de Midoriko entrecerró los ojos y llamó a Jacques de nuevo quien corrió a la habitación.

- No estás asustado de mis Remnants. ¿Por qué? - Otra peligrosa brillante sonrisa.

- Responde mi pregunta y te lo diré. - Ella me miró a mí antes de desestimarme con un movimiento de cabeza como insignificante. Bien. Comparado con la pantalla de fuego de Sesshomaru, la acumulación de chispas en mi mano derecha no era nada, pero eso no significaba que no era de ayuda, ¡demonios! La ira envió más corriente a mi mano, pero yo no había manifestado un látigo. Podría tener solo un tiro, así que necesitaba hacer crecer uno. Rápido.

- Si alguien hubiera pedido mi ayuda para matarla, no necesitaría usar un encantamiento para hacerlo. - dijo Midoriko al final.

- No es una respuesta directa. ¿Tal vez no sabías para quién era el hechizo? Ella es nueva en nuestro mundo, así que no la podrías haber reconocido por los trozos de piel usados para obligarle. - dijo Sesshomaru, apuntando su cabeza en mi dirección.

- ¿Piensas que no hago mi trabajo para saber de las personas más importantes en las vidas de mis más poderosos adversarios? - Midoriko se inclinó hacia adelante, mirando a Sesshomaru como si fueran las únicas dos personas en la ciudad, por no hablar de la habitación.

- ¿Me consideras tu adversario? - preguntó Sesshomaru suavemente.

- Tu raza, género, y clase han sido mis adversarios la mayor parte de doscientos años, hombre yokai blanco - dijo, profundizando su acento sureño hasta que fue amenazadoramente suave. Los Remnants surgieron cerca de Sesshomaru, alrededor de él como nubes de tormentas en un huracán. Curiosamente, ellos se mantenían alejados de mí, pero tal vez Midoriko no me consideró digna de su tiempo. Tócalo y te mostraré lo equivocada que estas, pensé sombríamente.

- Si no eres la nigromante, entonces júralo por una promesa de tu sangre - dijo Sesshomaru inclinándose hacia delante también.

- No estás en posición de hacer demandas. - Midoriko dejó escapar un resoplido desdeñoso.

- No estoy asustado de tus mascotas porque tengo experiencia personal con ellos. Su asalto es agonizante, pero tarda varios minutos en ser letal. Por otra parte, yo, puedo explotar la cabeza sobre tus hombros en uno-punto-ocho segundos, y una vez que estés muerta, ellos regresarán de donde vinieron. - Sesshomaru no miró al agitamiento, retorciéndose a centímetros de él. Toda su mirada era solo para Midoriko. Ante eso, me sentí ridícula por estar allí de pie, con mi mano preparada para golpear. ¡Creo que mis servicios no iban a ser necesitado después de todo!

- Puedes quemar objetos y lugares, pero no puedes quemar personas a menos de que las hayas tocado, y tú nunca me has tocado, Empalador. - El acento acaramelado de Midoriko se hizo más fuerte.

- Permíteme refrescarte la memoria: tú fuiste humana y dirigías una licorería en la calle Dauphine. De pura casualidad yo estaba en Nueva Orleans esa vez. Detesto el pantano, pero estaba viajando con Inuno y él insistió en ver a Inuyasha, quien vivía antes aquí. - Sesshomaru rió, fuerte e insinuante

- Muchas personas saben que yo controlé una licorería en mis primeros años - dijo Midoriko, pero por el nuevo tono de su voz, estaba nerviosa. La mirada fija cobriza de Sesshomaru destelló en rojo.

- ¿Cuántas personas saben que Onigumo estaba ahí, también? Él y yo teníamos al mismo sire, como recordarás, así que estábamos bien enterados el uno del otro. Eso es por qué lo acompañé a ver a la mujer que estaba considerando en agregar a su línea como oni, si ella probaba ser útil. Te tomó más de diez años en convencerlo de tu valor, pienso, ¿no es así? - Los nudillos de Midoriko brillaban a través de su piel a la vez que agarró su silla tan fuerte como yo había hecho hace unos minutos.

- Si eso es verdad y no confías en mi palabra de que no soy una nigromante, ¿por qué no has intentado matarme? - Los ojos de Sesshomaru cambiaron de cobre a puro rojo escarlata.

- Porque mientras me arriesgaré a una guerra con tu gente si lo eres, no hay necesidad de empezar una si no lo eres. - Midoriko se echó hacia atrás, con su gélida expresión incluso cuando una sonrisa se dibujaba en sus labios.

- Yo, también, prefiero mantenerte como un adversario que hacerte a ti o a tus aliados mis enemigos. - Con eso, ella arrastró su palma a través de su anillo, y un pequeño punto que yo no había notado antes marcó una línea en su carne.

- Juro por mi sangre que no soy la nigromante que buscas. Si mis palabras son mentira, que mi propia sangre se vuelva contra mí como testigo de mi engaño. - dijo mientras gotas rojas cayeron.

Casi contuve el aliento, esperando. Cómo sería que la sangre de alguien se vuelva contra sí mismo, de todos modos. Sesshomaru debe haber tenido una idea, porque después de unos tensos momentos, sonrió, levantado su vaso, y tomando un sorbo como si el fuego, mortales fantasmas, y amenazas no hubieran ocurrido entre su primer sorbo de vino y el último. Le di una mirada aguda, como si le dijera, ¿Eso significa que hemos terminado de amenazar con matarla? Sus dientes brillaron en una sonrisa que yo traduje como Por ahora. Finalmente me senté, pero la inquietud me tuvo enviando más corrientes eléctricas hacia mi mano derecha, que ahora desató como rociadores de fuegos artificiales de un niño.

- Dicen que tú puedes discernir el peor pecado de alguien con solo tocar, además de leer el pasado y encontrar gente en el presente a través de objetos que ellos hayan manejado. ¿Es verdad? - Midoriko miró con más curiosidad que preocupación.

- La mayor parte del tiempo - dije en tono cauteloso.

- Entonces dime el mío. - Midoriko tendió su mano en desafío.

Si me negaba, no iría nada bien desde que Sesshomaru forzó a Midoriko a hacer un juramento de sangre con consecuencias mágicas. Lo bueno es que él no me había cubierto en su aura esta mañana o no sería capaz de hacer nada excepto tocarla y adivinar. No quería saber el peor pecado de la Reina Vudú, pero tomé su mano de todos modos. Ella se sacudió por el voltaje que se liberó en ella a pesar de mi intento de retenerlo. Supongo que no me había esforzado lo suficiente. Momentos después, no estaba preocupada por cómo la había electrocutado.

Estaba en el sótano oculto debajo de mi casa, mirando a la mujer que estaba acunando a su bebé mientras desesperadamente trataba de callarlo. Le había dicho que dejara al niño arriba, donde podría ser explicado como uno de los hijos de los sirvientes, pero en vez de eso ella lo había metido aquí abajo. Cuando el gimoteo del niño se hizo más fuerte, uno de los esclavos fugitivos gimió.

- Ellos van a oírnos ¡Nos matarán! - murmuró.

- ¡Shh! - siseé, pero ella estaba en lo correcto.

Esta patrulla era conocida por su brutalidad, y los esclavos acurrucados en la pequeña bodega húmeda debajo de mi casa habían huido después de una rebelión de plantaciones que había dejado varios de sus amos blancos muertos. A nadie le importaba las crueldades que los esclavos habían sufrido antes del levantamiento, o si esos fugitivos habían participado en los homicidios. No, su sangre fluiría porque ellos habían estado en la vecindad cuando la sangre blanca había sido derramada, y quien muriera rápido sería considerado afortunado.

El niño gimió de nuevo y tomó aliento como si se llenara para un fuerte quejido. Miré a las personas aterrorizadas que había jurado proteger, varios de ellos eran niños también. Todos serían condenados una vez que el llanto del bebé llegara a los oídos de la patrulla, y en ese instante, tomé mi decisión. Yo había nacido libre. Ellos no, y merecían la misma oportunidad que yo tenía. Me obligué a contener el sollozo que trató de salir de mi garganta mientras corría hacia el bebé. Si mi vida fuera la única perdida, habría dejado con mucho gusto al niño conducir a la próxima patrulla aquí. Pero si ellos nos encontraban, todos morirían... a no ser que me condenara a mí misma por asegurar a todos ellos excepto una vida.

Mi corazón se sintió como si explotara por la angustia cuando corté el floreciente llanto del bebé apretando mi mano sobre la boca del niño...

Regresé de golpe al presente, los muros calcinados de la tumba que substituía la tierra del sótano subterráneo donde Midoriko había ocultado a los esclavos fugitivos. Estaba horrorizada por lo que había revivido incluso cuando mi corazón se rompió, aun sintiendo el mismo dolor que Midoriko había sentido cuando hizo ese horrible, inimaginable acto porque había vivido en un terrible e inimaginable tiempo cuando la gente de su color ni siquiera tenía el derecho de vivir, y mucho menos de tener ninguna expectativa de esperanza, justicia o misericordia.

- ¿Qué es lo que viste? - su voz vibró con la orden. No repetí su acto terrible. En vez de eso, dije el nombre por el que ella había marcado su alma, nunca olvidaría el crimen que había salvado veintidós vidas por silenciar para siempre una.

- Louis - susurré. Ella se estremeció ante el nombre del bebé, el dolor en su mirada haciéndose eco de lo que yo sentía por el resto de mi enlace hacia su peor pecado.

- Bien. Ya que sus habilidades son reales, parece que cada uno tenemos algo que el otro quiere, ¿no es así Tepesh? - Entonces, sorprendentemente, su comportamiento cambió de una mujer atormentada por su pasado a una amable anfitriona del sur de nuevo.

- Sí, lo tenemos. Tú puedes empezar dándome los nombres de los brujos lo suficientemente fuertes para incursionar en la necromancia, y voy a terminar poniendo a Rin a leer psíquicamente a quien sea que su oscuro secreto tú simplemente debas saber. - La sonrisa de Sesshomaru estaba llena de tanta intención letal; me encontré a mí misma alejándome por puro instinto primario.

Cuando Jacques cerró las puertas del cementerio tras nosotros, yo seguía abrumada. Midoriko había elegido otra ocasión para tenerme leyendo personas para ella, pero eso no me hizo sentir mejor. Si ella quería tiempo para pensar acerca de quién elegía, entonces realmente iba por el oro, ¿y quién sabía de las repercusiones que eso tendría? Aun, si ella nos había dado información valiosa y no derrotábamos a Naraku y conseguíamos quitar esta maldición de mí, no estaríamos cerca para preocuparnos debido a la futura deuda que teníamos hacia Midoriko. Estábamos a la mitad de camino de vuelta a nuestro hotel antes de que pudiera formar preguntas acerca de la mayoría de las piezas básicas de nuestra visita de esta noche.

- ¿Por qué no me habías dicho antes de ir que pensabas que Midoriko podría ser la nigromante que lanzó el hechizo en mí? - Sesshomaru me miró con diversión.

- Porque eres incluso peor en ocultar tus emociones de lo que lo haces mintiendo. - Cierto, pero...

- Si sospechabas de ella, ¿por qué me trajiste contigo? -

- Respaldo - afirmó.

- Cuando Midoriko concede una reunión, ella tiene términos específicos. Sólo la persona que solicita puede asistir, y esa persona tiene garantizado un pasaje seguro antes y después de la reunión, es por ello que no traje a ninguno de mis guardias. Sin embargo, si Midoriko era la nigromante, entonces yo iba a matarla, pero para hacerlo, te necesitaba. Como mi esposa, eres la única persona permitida de estar en cualquier lugar que yo esté, y también la única persona que podría haber resistido a Midoriko. - Ante mi interrogante mirada, continuó.

- ¿Yo? Tú eres el único que podía matarla en uno-punto-ocho segundos. Todo lo que yo hice fue estar ahí y hacer un espectáculo de luces con mis manos. - Él sonrió astutamente.

- Puedo matarla así de rápido ahora, desde que estrechamos las manos al concluir nuestra reunión, pero antes de eso, nunca la había tocado. - Me quedé mirándolo, una parte de mí impulsándome a cerrar mi boca abierta, pero la otra demasiado aturdida como para preocuparme.

- ¿Le mentiste? - conseguí decir al final.

- Lo deduje. Ella no recordaba que la había conocido antes con Onigumo cuando era humana, lo que era verdad. Sin embargo, no la toqué. Soy muy selectivo en eso, como tú lo sabes, pienso que es una suerte para nosotros que ella no. - Él se encogió de hombros.

- ¡Eso no es estar deduciendo, eso es estar fanfarroneando! - Su risa era casi salvaje.

- ¿Sobre tocarla? Sí. ¿Sobre matarla? No. Si ella había lanzado el hechizo, lo habría hecho a través de la habitación para quemarla, con ataque Remnants o no. En caso de que no pudiera, tú estabas ahí. - La noción casi me tenía pulverizada.

- Si tú no podías soportar un ataque de sus Remnants el tiempo suficiente para freírla, ¡yo no tendría ninguna oportunidad contra ellos! - Corrió su mano hacia abajo de mi brazo, trazando el camino exacto donde mi vieja cicatriz del accidente de la línea eléctrica había estado.

- Kagome no puede controlar a los Remnants en la misma forma que Midoriko puede. Además, las habilidades que ella absorbe son temporales, pero es inteligente, así que ideó una manera de mantener su poder de ultratumba, en caso de que lo necesitara en el futuro. Kagome llenó varios frascos de su propia sangre después de beber de Midoriko y los guardó lejos. Cuando estuvo de acuerdo en ayudarme, me hizo tomar uno de esos frascos. - dijo, elevando su ceja indicando, amateurs, ¿qué es lo que van a hacer? (Si alguien tiene dudas o quiere leer porque Kagome tiene esa habilidad recomiendo leer Destinada a una tumba prematura y A este lado de la tumba en mi canal de fanfiction)

- ¿Por qué? Tú no puedes absorber habilidades. - ¿O había estado ocultándome algo más también? Su boca se curvó.

- No, pero su invocador es la única persona a la que ellos no atacan, a menos que sean retenidos por poderes que Kagome no haya dominado aún. Cuando bebí la sangre que contenía energía de ultratumba, los Remnants fueron engañados al creer que yo era uno de sus invocadores, también. Es por eso que no me atacaron cuando fui por ti. - Vaya. Todo este tiempo, había pensado que Kagome los había mantenido alejados de nosotros...

- Espera, ¿entonces porque ellos no me atacaron? - Él continuó acariciando mi brazo.

- Primero, estaba tan agradecido de encontrarte viva que no me detuve a preguntarme. Después, la respuesta parecía simple: eres energía quemada para ellos. - No entendí.

Entonces, recordé el cruelmente satisfecho comentario de Sesshomaru mientras veía los desgarrones de los Remnants en los guardias de Naraku. Ellos se alimentan de energía y dolor. Desde mi accidente con la electricidad, he tenido energía corriendo a través de mí, sin embargo, no era normal energía orgánica. Era pura, tensión electrificada, y aparentemente, los Remnants no querían formar parte de eso.

- Es por eso que yo era tu apoyo. Si Midoriko se hubiera dado cuenta de tu fanfarronada, los Remnants te hubieran invadido pero no a mí, y Midoriko no hubiera esperado eso. Sin su mejor arma, yo podría haberla cortado con mi látigo o ponerla en contacto forzoso contigo. De cualquier manera, ella estaría muerta. - Estaba atontada y admirada al mismo tiempo.

- Sí. Confío en ti con mi vida, Rin, y no hay una persona en este mundo de quien esa afirmación es cierta. - Su expresión era fría, sin embargo su toque era cualquier cosa menos eso.

Ahora realmente me sentía humillada. No solo confiaba en mí con su vida, que era lo suficientemente increíble. También había suprimido su tendencia del siglo XV a encerrarme a la primera señal de peligro. En cambio, me había tratado como su igual por creer que mis habilidades y mi resolución resultarían suficientes para el desafío. Porque las palabras no serían suficientes para describir lo que significaba para mí, lo besé, tratando de decirle con mis labios y mis brazos envueltos en él que lo amaba más que a nada en el mundo. Su boca se movió cubriendo la mía con una intensidad que rivalizaba con palabras, también, pero él no las necesitaba.

Dejó caer sus defensas y dejó que sus emociones se desbordaran en mí. El efecto debilitó mis rodillas mientras hacía mi agarre más fuerte alrededor de él como si se hubiera abierto un abismo de treinta metros debajo de mí. Él rompió el beso demasiado pronto, con mirada cautelosa mientras echó un vistazo alrededor. Era apenas las ocho de la noche, así que el barrio francés estaba lleno de gente, unos de los cuales estaría de fiesta hasta el alba. La mayor parte de ellos se sentían humanos para mí, pero con las muchedumbres, no podía estar segura.

- Naraku sería tonto si atacara en el corazón del territorio de Midoriko ya que lo considera un asalto contra ella también, pero él me sorprendió antes - murmuró.

- Ven. Todavía tenemos varias cosas que hacer antes de irnos. - Su beso había despertado mi cuerpo y había derretido mi mente, pero ante eso, recuperé mi atención mental.

- Bien, y gracias a la información que Midoriko nos dio, ahora estamos en el asunto de lanzamiento de hechizos y la caza del nigromante. - Un transeúnte habría sido encantado por su rápida sonrisa. Yo, sin embargo, reconocí el peligro que representaba, como si riachuelos de sangre invisible gotearan de su boca.

- No somos los únicos que no puedan reportar el uso de la magia a los Guardianes de la Ley. Después de todo lo que Naraku ha hecho, es hora de que le paguemos igual. –

Esperaba que la búsqueda del tesoro de los ingredientes del hechizo, consistiera en Sesshomaru y yo yendo a varias partes de la ciudad para conseguir objetos que en la superficie parecían inocuos, pero teníamos la intención de ponerle mágicamente a Naraku una patada en su trasero. Esa parte no tomaría mucho tiempo desde que Midoriko nos había dado un equivalente a lista de compras más direcciones de dónde adquirir cada artículo en específico. Lo que no me esperaba era a donde fuimos después. El hospicio parecía una versión más pequeña y más bonita de un hospital. Dentro, bajo el pesado olor de los ambientadores, desinfectantes, y disolventes de limpieza, olía a pena y muerte más que en el cementerio en que nos reunimos con Midoriko.

- ¿Por qué estamos aquí? - le susurré a Sesshomaru.

- Reclutamiento. Naraku mató docenas de mi gente y más caerá antes de que esto termine. No puedo esperar a reponer mis números, y si bien eso incluye cambiar a más de todos los humanos a los que había estado preparando, también necesito gente que Naraku no reconozca afiliada a mí - contestó sin molestarse en bajar la voz.

- Dime si tienes algunos pacientes varones de entre veinte y cincuenta años - Luego, le dijo a la recepcionista.

Ya que sus ojos se habían iluminado, ella no hizo ninguna pregunta innecesaria. Sólo revisó la computadora y luego escribió los nombres y números de habitación en una nota adhesiva antes de pasarla por encima. Sesshomaru la tomó, caminando a la habitación más cercana. Lo seguí, todavía un poco sorprendida por donde estábamos, sino también por lo que estábamos haciendo. Cuando pensé en Sesshomaru seleccionando gente para unirse a su línea, jamás pensé que buscaría en lugares como este. El primer paciente fue un hombre que parecía ser de unos treinta tantos, pero cuyo cuerpo había envejecido por el cáncer por lo que podía oler antes de que llegáramos al umbral. Sesshomaru tomó una de las fotos alrededor de su cama mostrando una mucho más saludable versión del hombre con su esposa y niños, luego salió.

- ¿Ese tipo no? - pregunté con una gran angustia a la vez que miraba al hombre durmiendo atrás.

- Demasiados líos. Lo que estoy ofreciendo no es un camino para volver a vivir sus antiguas vidas. Es un riesgo, soledad frecuente, y una forma permanentemente de eliminarlos de todos los que conocen. Eso significa que no elijo padres, o forzarlos a abandonar a sus familias, me haría más cruel de lo que mi reputación me pinta. - dijo alzando una mano ante mi expresión.

- Pero no podemos... ¿hacer algo por él? - dije, Sesshomaru suspiró.

- Incluso si distribuyes decenas de litros de sangre a todas las personas aquí, en su condición, sólo estarías agregando semanas o meses en sus vidas. No salvándolos, como quieres. Somos yokais, no Dios. Sólo podemos tomar unos pocos, personas solitarias a las que el mundo ha renunciado y ofrecerles otra opción. - La fría parte lógica en mí lo aceptó incluso mientras que al resto le dolía por las personas a las que vimos, tanto en este centro y en los otros tres que visitamos.

Afuera de los cuartos de hospicio, Sesshomaru encontró dos personas que se adaptaban a sus requisitos, y fuera de ellos, solo una persona quiso lo que él ofreció. Para ese hombre, Sesshomaru tomó un bocado de su sangre antes de darle instrucciones para esperar allí hasta que uno de su gente lo recogiera. Los otros tuvieron una nueva memoria donde no recibieron la visita de extraños que les dieron la noticia de que los yokais son reales, por no hablar de la oferta para convertirse en uno.

Los siguientes lugares a los que fuimos eran refugios para desamparados, donde Sesshomaru usó su habilidad para leer las mentes para reducir a los reclutas. Tuvo una recolección más grande de esas paradas, eventualmente compensando cinco chicos que se quedaron con instrucciones de esperar para su recuperación por los guardias de Sesshomaru después. Finalmente, me llevó al último lugar que esperaba para buscar nuevos miembros para su línea.

El Corredor de la muerte.

La Penitenciaría del Estado de Luisiana era un enorme complejo rodeado en tres lados del río Mississippi. Con guardias patrullando a caballo y una entrada que se asemejaba a un centro de acogida de visitantes, se parecía más a un rancho que una prisión, si solo ignorabas las vallas altas con capas de alambre de púas en espiral alrededor de la parte superior. A diferencia de los otros lugares, Sesshomaru estaba aquí por una persona en concreto.

- La iglesia, para ver a Darryl Meadows - le dijo al guardia, el rojo en su mirada hizo eludir a Sesshomaru cualquier solicitud de identificación o preguntas, para salir como algo de lo más piadoso.

- ¿Quién es Darryl Meadows? - le pregunté mientras nos dirigíamos a la sección del gran complejo que albergaba a los internos del callejón de la muerte.

- Posiblemente un hombre inocente. Fue encarcelado hace más de veinte años por escasa evidencia y un testimonio cuestionable, pero como todas las pruebas forenses se perdieron, no puede solicitar la prueba de ADN para demostrar su inocencia - respondió Sesshomaru.

- Suenas como supieras mucho sobre él. – murmure.

- Vi un documental sobre la pena de muerte que lo menciona, entre otros reclusos. – Por mis cejas levantadas, continuó casi a la defensiva.

- Era tarde, estabas dormida, y no había nada más que ver. - Era una queja tan normal, tan humana que me reí, imaginando a Sesshomaru revisando los canales mientras murmuraba en voz baja por la falta de opciones decentes. Luego añadí: "Aficionado a documentales secreto" a la lista de cosas que sabía sobre él. Como, por ejemplo, su amor por las películas de yokais. Su odio a las narraciones acerca de Drácula, me dijo una vez que las variadas representaciones de vampirismo en el cine le divertían sin fin.

- Bueno, es bastante fácil de averiguar si Darryl es inocente - le dije, levantando mi mano derecha.

- Sí. Si lo es, leyendo su mente revelará si décadas de encarcelamiento injusto le han arruinado, o le endurecieron para ser la clase de hombre que estoy buscando. - dijo Sesshomaru, su mirada brillando.

Necesitamos más control mental para conseguir avanzar través de los controles de seguridad adicionales antes de estar cara a cara con Darryl Meadows, un hombre afroamericano delgado, guapo, cuya mirada marrón avellana nos observaba con sospecha cuando el guardia lo dejó solo en la habitación con nosotros. Algún control mental por parte de Sesshomaru aseguró nuestra privacidad, además de haber hipnotizado a los oficiales que supervisaban el canal de vídeo de la habitación. Por lo tanto, no me atreví a romper la primera regla de la visita al tocar la mesa de metal y toque solamente una de las manos esposadas de Darryl.

- No lo hizo - le dije un par de minutos más tarde, cuando estaba de vuelta en mi propia mente. El peor pecado de Darryl había sido no ayudar a un compañero de prisión cuando el hombre fue asaltado y asesinado, pero ya que un guardia había participado en el crimen, no podía culparlo.

- He estado diciendo eso durante más de veinte años, pero a nadie le importa. ¿Quién eres, de todos modos? ¿Más abogados? ¿Gente del Proyecto Inocencia? - Darryl soltó un bufido cansado.

- Somos yokais. Apuesto a que no esperabas conocer a dos de esos hoy. - dijo Sesshomaru, con su franqueza habitual. Dejé escapar una pequeña risa para rellenar el momento, evitando crear el silencio.

- Guardia - gritó Darryl, sonando más molesto en vez de cansado.

- Saquen a estos locos hijos de puta de la... - Su voz se cortó abruptamente cuando los ojos de Sesshomaru fueron al rojos y sonrió lo suficientemente amplio como para mostrar sus colmillos.

- No tengo tiempo para una explicación detallada, por lo que debes entender esto - dijo

Sesshomaru, mirando a los ojos de Darryl.

- Los yokais son reales. Hemos existido por milenios y no somos las únicas especies sobrenaturales superiores a los seres humanos en la cadena alimenticia. - Bajo el gran alcance del efecto de su mirada, Darryl no tuvo más remedio que creerle.

Tuve que darle crédito a Sesshomaru; esta manera era mucho más rápida que pasar con los movimientos habituales de la noticia, y continuación, que se trataba de la negación, las preguntas, las demandas de pruebas, y la histeria, por lo general, en ese orden para ser exactos.

- ¿Qué quieres de mí? - preguntó Darryl con una voz aburrida.

- ¿Qué harías si te convierto en lo que soy esta noche, dándote más poder y habilidades de las que puedes imaginar? - La sonrisa de Sesshomaru desapareció mientras se inclinaba hacia adelante.

- Me gustaría dejar este lugar - respondió Darryl, todavía en esa forma monótona que dijo que sus respuestas fueron obligadas por la mirada de Sesshomaru.

- ¿No te gustaría matar a todo aquel que te puso aquí? ¿La policía, los jueces, los abogados, los testigos? - casi ronroneó Sesshomaru.

- Bernstein. El policía sabía que yo no lo hice, por eso plantó la evidencia en mi coche. Phillips, también. Asesinaron más personas de la Guardia que la mitad de los reclusos de aquí. - dijo Darryl después de pensar por un instante.

- ¿Por qué quieres saber a quién le gustaría matar? - le pregunté.

- Quiero un hombre endurecido, no un asesino en masa, peor uno patológicamente vengativo. . Sólo hay espacio para uno de esos en mi línea ahora mismo, y ese soy yo. - dijo Sesshomaru

- ¿Y si hubiera que renunciar a tu humanidad para salir de este lugar, sabiendo que nunca volverás a ver a nadie de tu antigua vida otra vez? - Para Darryl, preguntó.

- Mi familia me abandonó hace mucho tiempo. Para ellos, ya estoy muerto. Y si no salgo, en verdad estaré muerto en tan solo dos semanas, así que si existe una manera de vivir, la quiero. - Ni siquiera su monotonía podía eliminar todo el dolor en esa sola frase.

- Rin cariño ¿Ves esa cámara? Un cortocircuito.- Sesshomaru miró lejos de Darryl, señalando una esquina superior de la habitación.

- ¿Estamos realmente cerca de intentar una fuga de la prisión del corredor de la muerte? ¿Sería el control mental yokai suficiente para lograr eso sin recurrir a la violencia, también? - Una risa instantánea de Sesshomaru hizo que mi sugerencia pareciera absurda.

- No. Eso causaría demasiada atención. - Bien, entonces no sabía por qué el cortocircuito en la cámara era necesario, pero lo hice. Para el momento que me di vuelta, Sesshomaru ya estaba detrás de Darryl, con su boca en el cuello del otro hombre.

- ¿Lo estás haciendo ahora? - le pregunté con incredulidad.

- ¿De verdad necesitas que te explique por qué el envío de uno de mis hombres a recogerlo más tarde no va a funcionar bajo estas circunstancias? - Hizo una pausa, con sus colmillos a meros milímetros de la garganta de Darryl.

- Pero... - Sesshomaru no esperó a que hiciera más preguntas.

Lo mordió profundamente y Darryl se estremeció, un gruñido áspero se le escapo mientras trataba de zafarse, pero las restricciones y agarre de Sesshomaru lo mantuvieron inmóvil. Sólo los ojos de Darryl fueron capaces de moverse, y cuando su mirada se posó en mí, yo no podía apartar la mía. Había visto morir a mucha gente a través de mis habilidades. Últimamente, las muertes que había visto habían sido en persona, a veces conmigo empuñando el golpe mortal. Esto era diferente, tal vez porque nunca había visto a alguien ser cambiado con anterioridad. Yo había estado inconsciente durante mi transformación, y Sesshomaru no me había bebido hasta la muerte como estaba haciendo ahora con Darryl.

Yo me había desangrado por los efectos del hechizo de Sarah y un accidente de coche desastroso, por lo que todo lo que había hecho Sesshomaru fue que yo regresará al atiborrarme con su sangre antes de que fuera demasiado tarde. O, lo que pensaba que fue todo lo que había hecho. Después de que el corazón de Darryl dejó de latir, Sesshomaru abrió su propia yugular con una sola dura cortada, posicionando la boca de Darryl sobre ella, ahí comenzó el verdadero trabajo. Sentí la oleada de energía que parecía pasar estallando de Sesshomaru, enviando vibraciones casi dolorosas por toda la habitación. Tan potentes como eran, sus escudos cayeron revelando que la mayor parte de su poder estaba siendo canalizado a Darryl, vida nueva dispuesta en él con mucha más fuerza que solo la sangre que Sesshomaru obligó a Darryl a tragar. Pronto, esa boca floja comenzó a cerrarse sobre el cuello de Sesshomaru, hasta que Darryl estaba mordiendo y chupando con tal ferocidad que hizo innecesario el cuchillo que Sesshomaru había utilizado antes.

Sostuvo la cabeza oscura de Darryl lejos de la garganta, que quiso más de su alimentación, hasta que con un temblor violento rompió sus ataduras liberándose de la mesa, entonces Darryl se quedó inmóvil. Sesshomaru elimino la sangre de la boca de Darryl antes de dejar que el hombre cayera delante en la mesa. Luego se limpió su propio cuello y abrochó su camisa, cubriendo las manchas rojas vagabundas que todavía salpican su piel. ¿Eso fue todo?, casi lo dije, pero la respuesta era obvia. De principio a fin, todo el proceso de la vida, la muerte y la transformación a no-muertos había tomado sólo unos cinco minutos.

- ¿Sabías que todavía tienes una pregunta, Rin? - Sesshomaru me miró, su boca se curvó en una ligera sonrisa.

- Sí - dije, todavía procesando lo que había visto.

- ¿Cómo conseguimos salir de aquí antes de que despierte y se devore a todo el mundo? - Sesshomaru abrió la puerta, haciendo un gesto al guardia de nuevo con un golpe casual.

- Este hombre ha sufrido un ataque cardíaco fatal. Toda su documentación es normal para muertes accidentales, pero hágalo rápidamente. El cuerpo será recogido por el juez de instrucción en exactamente tres horas. - dijo, con sus ojos cambiando al rojo.

- Sí, señor - respondió el guardia.

- Juez de instrucción, ¿eh? - le dije, con una mirada de complicidad.

- Sí, así como un par de pasajeros adicionales. - Sacó su teléfono celular, escribiendo un texto con su velocidad cegadora habitual.

Sesshomaru había hipnotizado a varios más del personal clave en nuestro camino, hasta que nadie pondría en duda su versión de la muerte de Darryl o recordar que habíamos venido, solo se preguntarían por la interrupción de vídeo en la sala del recluso durante su "ataque al corazón". En el momento en que terminó, una mera media hora después de salir de con Darryl, yo temblaba en mi cabeza con admiración. Él estaba en lo correcto; una fuga de la prisión habría sido ridículamente ostentosa en comparación.

- Tengo otra pregunta. ¿Por qué solamente tienes que elegir hombres? – Pregunte cuando estábamos de regreso en nuestro coche, alejándonos de la prisión.

- Tal vez porque estamos reclutando soldados para una guerra sobrenatural. - Casi rodo los ojos antes de mirarme.

- No creas que se me escapó que más del ochenta por ciento de los yokais en tu línea son hombres, también. - No lo deje tan fácilmente.

- En mis tiempos, casi todos los ejércitos eran exclusivamente masculinos. – se encogió de hombros.

- No me vengas con eso de "soy del siglo XV" en tu defensa. Jaken me dijo que todos los yokais novatos empiezan con aproximadamente el mismo nivel de potencia, con el linaje y el carácter de hacer la diferencia más tarde como la fuerza y habilidades. Tu gente viene de todas las culturas, razas y estatus sociales, pero la mayoría es un gran festival de salchichas. - le dije con un bufido.

- ¿Quieres que someta a las mujeres a las circunstancias brutales de la guerra? Tú más que nadie sabe lo que pasaría si una de ellas fuera capturada. - Su tono de voz era desdeñoso.

- Y de todas las personas sabes que ser hombre no siempre te protegerá tampoco. Mi punto es que cuando estés reclutando, debes dar a las mujeres las mismas opciones que estás dando a los hombres, y dejar que ellas decidan lo que pueden y no pueden manejar. - contesté, con una voz suave.

- Puntos muy persuasivos. Por lo tanto, no dudes en hacer tantas yokais como consideres necesario para esta guerra. - Abrió la boca como si fuera a seguir discutiendo. Entonces la cerró, con una sonrisa cordial.

- ¡¿Y-Yo?! - exclamé.

- No. Quiero decir, no sé cómo... -

- Ya viste: morder, sangrar, restablecer. Más fácil que hornear un pastel. - dijo, marcando los elementos con los dedos.

- ¡Mi culo es más fácil! y has olvidado un pequeño problema, ¿qué electrocuto a todos los que toco? - Lo miré.

- No te preocupes, los desangraras mucho antes de llevar a cabo su muerte por electrocución. - Él hizo un gesto desdeñoso.

Pero no quería hacer ningún nuevo yokai. La transformación era un tema aparte, las responsabilidades eran de más peso que tener un hijo, y no estaba preparada para eso. Además, todavía estaba luchando con algunos aspectos del vampirismo yo misma; ¿cómo iba a ser sire alguien que sabía aún menos al respecto de lo que era?

- Estamos hablando de tu sexismo, Sesshomaru. Yo haciendo yokais no tiene nada que ver con eso. - Lo intenté de nuevo.

- Oh, pero lo tiene - dijo, apenas controlado la contracción de sus labios.

- ¿Querías igualdad? Aquí está. No te molestes en agradecerme, tu expresión es lo suficientemente gratificante. – se rio descaradamente de mí. ¡Pues ya vera!

Continuara…