Feliz noche buena chicos, espero que les guste mucho este libro y adivinen, también hay cuarto libro ¿lo quieren de regalo de día de reyes? Si es así de aquí al cinco de enero déjenme al menos 5 comentarios y será suyo para abrir bajo su árbol el seis de enero, ¿se animan?

Quemando el pasado

Seguí al nigromante por el túnel, sosteniendo el mango del látigo en mi mano izquierda. Mi mano derecha estaba aún sobre mi clavícula, y el látigo brillante rodeaba mi cuello como una gran pieza de deslumbrantes joyas. El nigromante caminó delante de mí, el efecto de bumerán se mostraba en las ronchas rojas alrededor de su garganta. Mi piel puede ser inmune a los efectos de la electricidad, pero la de él, no. Siguió tirando del cuello de la camisa hacia abajo, como si fuera a aliviar la opresiva sensación de calor alrededor de su garganta.

- Detén esta locura. No te mataras a ti misma, Rin. Ninguno de los dos desea morir. - dijo, hablando por primera vez desde hace varios minutos.

- ¿Estás listo para apostar tu vida por ello? Entonces prepárate para sorprenderte por lo que haré para proteger a Sesshomaru. No te preocupes, si haces lo que te dije, estarás bien... a menos que el impulso suicida que entretejiste en este hechizo asome su cabeza y me haga hacer algo desafortunado para ambos. - dije de manera uniforme.

- Ya he sentido ese aspecto hace unos días - espetó, luego se detuvo como si hubiera notado que había revelado mucho. Es bueno saberlo, pensé fríamente.

- Bueno, nos apegaremos a la parte donde yo me mataré para que mueras si una de tus estúpidas trampas explosivas termina matando a mi marido. - En ese momento Sesshomaru aún estaba vivo. Lo sabía por los géiseres de rabia explotando a través de mi subconsciente, con una preocupante cantidad de dolor lanzado aumentando su frecuencia. Cuando un resplandor naranja comenzó a iluminar el túnel delante de nosotros y pude sentir el poder de Sesshomaru derramándose sobre mi piel en olas invisibles, empujé al nigromante para que se moviera más rápido.

- Detente - gruñó.

- ¿O qué? ¿Me matarás? - La impaciencia me hacía brusca.

- He estado allí, lo has intentado, ¿recuerdas? - Murmuró algo en una lengua que no pude entender. Pudieron ser comentarios inofensivos acerca de lo perra que era, pero no quería correr el riesgo de que fuera un nuevo hechizo.

- Español solamente - dije, apretando el látigo alrededor de mi cuello como advertencia. Una línea roja fresca apareció en su garganta.

- ¿Quieres que lo diga en español? Bien. Eres la hija bastarda de una puta muerta. - Se volvió para mirarme.

- Tengo que reconocerlo ante ustedes ancianos yokais. Sus insultos son mucho más coloridos que la variación de mi generación en el "vete a la mierda, jodido imbécil – dije soltando un bufido.

- Oh, ¿te gusta eso? - ronroneó.

- ¿Qué te parece esta? Me reí cuando vi esos vídeos contigo siendo despellejada y follada. Solo me pregunté por qué Naraku no hizo que ambas cosas pasaran al mismo tiempo. - El horrible pensamiento casi me hizo tropezar. El nigromante se dio la vuelta y me atacó, pero me recuperé y me alejé, haciendo que fallara en su intento de agarrar mis brazos. Una vez fuera de su alcance, apreté un poco más el látigo alrededor de mi cuello, sintiendo un placer vicioso al ver el nuevo verdugón apareciendo en él.

- Buen intento - le dije calmadamente.

- Pero, vete a la mierda, jodido imbécil. - Puede que no sea tan colorido, pero al momento era conciso. Mi generación hizo eso bien.

- Casi llegamos. ¿Cómo piensas pelear contra los hombres de Naraku, si no quitas eso de mi cuello? - Me dio una mirada llena de odio.

- Dirás que me capturaste y me hechizaste para enrollare esto en mi cuello. Algo así como sosteniendo un arma contra mi cabeza, pero más mágico. - Ya había pensado en ello, le sonreí.

- Estás loca - escupió.

- No lo creo. Incluso estoy dispuesta a apostar mi vida a que no le has admitido las consecuencias de tu hechizo de ignición prematura a nadie, ¿cierto? Eso sería demasiado embarazoso para ti, y hombre, eso haría enojar mucho a Naraku. El hechizo que te hizo lanzar que suponía garantizar mi muerte ahora te tiene protegiéndome. - espeté.

- Él no me manda - gruñó el nigromante.

- ¡Lo supere en poder hace un siglo! - Esa información era atemorizante, pero no dejé que viera que me hizo temblar.

- Razón de más para que todos crean que soy tu prisionera - dije.

- Demonios, probablemente todos piensen que ya soy un imán de cautiverio, pero lo que no sabrán es que me liberé sin ayuda de nadie dos de las cuatro veces simplemente matando a mis captores. Así que, me haré la víctima indefensa, tú serás el captor triunfante, y después de todo ambos saldremos de aquí vivos... - Me cortó el túnel sacudiéndose con violenta fuerza repentina. En la piedra a nuestro alrededor aparecieron grietas, y la capa de rocas que nos cubrían era un signo ominoso de lo que vendría.

- ¿Qué tan lejos dijiste que era? - pregunté.

- Ya casi llegamos. - Su sonrisa no hizo nada para reprimir mi malestar.

Unos cuantas vueltas más tarde, alcanzamos otra área abierta. Al menos una docena de cuerpos estaban esparcidos alrededor de esta nueva antecámara, cada uno tan quemados que sólo quedaban poco más que huesos.

- Hasta aquí llegó la farsa de cautiva/captor - dijo el nigromante, mirando apenas a los que pasábamos.

- Esta es tu gente, muerta a tus pies, y no podría importarte menos. Realmente eres un gran líder. - Tampoco me detuve a mirarlos, pero sólo era porque no quería arriesgarme a que tratara de quitarme nuevamente el látigo del cuello.

- No, son la gente de Naraku. No mías. - Me miró, su boca se curvó con desprecio

- ¿Oh? Pensé que Naraku no te mandaba, entonces si está era su gente, ¿no estás aquí ajo su autoridad entonces? - Me mantuve lanzando miradas cautelosas mientras lo seguía hacía la única salida de esta cámara aparte de la del túnel por donde habíamos entrado.

- No vas a hacer que revele más información de la que he dado ya - respondió brevemente.

Quizá, quizás no. Era lo suficientemente arrogante para haberme dado ya algunas cositas importantes. Si me sigo metiendo con su orgullo, quizá pueda sacar algo más que pueda usar. Cuando entrabamos al nuevo túnel, un ruido ensordecedor combinado con el suelo agitándose como si fuera sacudido por una mano invisible me empujó hacia adelante. Usé mi brazo izquierdo para estabilizarme, pero mantuve la derecha en mi garganta. Aun así, el brutal traqueteo se hundió más en mi cuello de lo que me habría gustado.

- Suéltate, ¡nos matarás a ambos! - gritó el nigromante, agarrándose el cuello mientras la sangre se filtraba entre sus dedos. Mi garganta también ardió. No por la electricidad, a la que era inmune, sino al corte. Aun así, no desaté el látigo. Si lo hacía, Sesshomaru era igual de bueno muerto.

- No sucederá - escupí

- Entonces apresúrate, está progresando más rápido de lo que pensé que era capaz. - El nigromante me miró como si estuviera midiendo mi resolución.

El túnel se sacudió de nuevo mientras seguían más sonidos atronadores, seguido por incontables estruendos ominosos que se precipitaron por el túnel. Sabía lo que significaba, y corrí detrás del nigromante, quien había acelerado el paso sin preguntar esta vez. El derrumbe bloqueó la salida detrás de nosotros, pero después de correr por unos segundos, estuvimos libres de la caída de escombros y la nube de piedras.

- Él ya ha atravesado las tres barreras exteriores de Naraku. Si rompe la puerta, se matará y nos matará a nosotros. - murmuró casi para sí mismo el nigromante.

- ¿Cómo? - demandé.

- Porque Naraku desestabilizó cada parte del calabozo excepto el cuarto donde está. La puerta a esta parte está amañada, para que si cae, el suelo fuera de ella explote, entonces el resto del calabozo se apilará encima de los restos. – Me dio una mirada irritada.

Y cientos de kilogramos de roca se vendrán abajo y serían letales para cualquiera que esté atrapado debajo, incluso alguien tan poderoso como Sesshomaru. Corrí más rápido, dando la vuelta a la esquina casi al mismo tiempo que el nigromante, y entonces casi choco contra él porque se detuvo tan abruptamente, pensé que estaba haciendo un movimiento nuevamente hacia mi látigo.

- Si tú... - comencé, sin terminar la amenaza cuando vi lo que estaba justo frente a él.

Las llamas bloqueaban el túnel. Desde que ya no estaba tratando de asustar a los turistas, Sesshomaru no se habría molestado en formar criaturas con forma de lobos en el fuego. Sólo era una pared sólida que ardía ardientemente, el calor hizo que en mi piel comenzaran a formarse llagas incluso desde tan lejos.

- ¡Sesshomaru! - grité, con el miedo incrementando cuando no respondió. ¿Estaba demasiado lejos? ¿O el constante sonido del derrumbe más el rugido del fuego me ahogaba por lo que no podía escucharme?

- ¡Sesshomaru escúchame! - intenté de nuevo, empujando detrás de mí al nigromante y acercándome tanto como me atrevía a las llamas.

Eso no funcionó, por lo que en la desesperación, cambié mi anillo de casada de mi mano izquierda a la derecha, frotando con los dedos la ancha y plana piedra hasta que conseguí el rastro de esencia que Sesshomaru había dejado cuando lo puso en mi mano de nuevo.

Sesshomaru, grité con toda mi mente cuando lo seguí y vi en medio de un infierno. Rocas hechas añicos llenaban el suelo y sus manos estaban estiradas hacia una pared de roca negra frente a él.

¡Sesshomaru no lo hagas! ¡Estoy aquí!

- ¿Rin? - No bajó las manos pero inclinó la cabeza. Sólo podía escucharlo a través del vínculo, así que él tampoco podría ser capaz de oírme de otra manera. Respondí con un gruñido mental instantáneo.

Sí, soy yo. Déjame pasar a través de fuego, ¡rápido! Sus emociones todavía estaban unidas con las mías, así que sentí cuando su sorpresa se volvió una preocupación enojada.

- Vete de aquí. No sobrevivirás a lo que estoy a punto de hacer. - dijo, volviendo su mirada a la pared chamuscada.

¡Tampoco tú!, grité de regreso, esperando que pudiera escuchar todo lo que decía..

Naraku reforzó la puerta. Si se cae, también lo hará el piso debajo de ti y la prisión entera caerá en tu cabeza. No había podido la última vez que trate esto.

No estaba segura de que hubiera captado todo eso, repetí una y otra vez la palabra trampa, esperando que lo lograra. El nigromante me observaba, sin hacer ningún movimiento hacia el látigo alrededor de mi cuello. Eso, más su expresión sombría, me dejó saber que no había estado exagerando o mintiendo sobre lo seria que era la situación. Si Sesshomaru me ignoraba y se lanzaba contra la puerta, todos estábamos muertos. Abruptamente la pared de fuego retrocedió como si la jalaran, hasta que el largo y vacío túnel fue revelado. Corrí hacia adelante sin verificar si el nigromante me seguía. No tenía otra opción. La ruta detrás de nosotros estaba bloqueada por el derrumbe.

Cuando alcancé el final del túnel, tuve que caminar sobre pilas de rocas carbonizadas. Sesshomaru estaba más allá en el claro. No podía llamarla una habitación porque no creo que originalmente fuera eso. En cambio, se veía que había sido pared tras pared de fortificaciones, lo que había sido derrumbado a un espacio por el poder del fuego de asalto de Sesshomaru. La última puerta a la que se había referido el nigromante era fácilmente discernible del resto de la roca. Era de un apagado color marrón grisáceo, como habían sido las paredes del túnel.

La puerta era negra, lisa como la pizarra, y tan acogedora como signo de bienvenida para los yokais que no querían más que matar a sus enemigos escondiéndose tras ella. Sesshomaru se mantuvo exactamente como había estado en el vistazo que le di a través del vínculo: con las piernas apoyadas en una postura amplia, los brazos extendidos hacia la puerta, y el fuego fluyendo de él, como si todo su cuerpo estuviera sudando las llamas. Sus emociones se sentían más explosivas que el daño que había causado a esta habitación, lo cual fue la razón que no corrí hasta él. Me quedé cerca de la entrada del túnel, sin querer agravar su estado ya volátil.

- No toques esa puerta. Está reforzada para desencadenar una detonación que va a derrumbar lo que queda del calabozo - dije con el tono de voz más calmado que pude manejar, y en caso de que no haya oído eso, con mi mente. No me preguntó cómo sabía eso. Ni siquiera miró más allá del rectángulo negro, como si dejar de hacerlo le permitiera escapar nuevamente de él a Naraku.

- ¿Solamente la puerta? ¿O también las paredes alrededor de ella? - Miré atrás al túnel hacia el nigromante, quien, como había anticipado, me había seguido.

- ¿Solamente la puerta? ¿O también las paredes? - lo presioné.

- Sólo la puerta - respondió, cruzando los brazos ladeando la cabeza como si estuviera curioso de ver como Sesshomaru reaccionaba a eso.

Sesshomaru se quedó mirando la lisa loza y sonrío. Luego su poder comenzó a explotar por la habitación en ondas cada vez mayores, hasta que se sintió como si estuviera manipulando la gravedad para hacerla un arma que continuaba repiqueteando con golpes de cuerpo completo. Aspiré una bocanada de aire para tratar de balancear la horrible sensación de opresión, como si mis entrañas estuvieran volviéndose papilla por la violenta paliza. Detrás de mí, escuche el gemido del nigromante, y luego un golpe que pudieron ser sus piernas rindiéndose cuando continuó la horrible sensación.

- ¿Qué estás haciendo? - me las arreglé para jadear.

Sesshomaru me ignoró. Por las virulentas emociones hirviendo las mías, me pregunté si siquiera me escuchaba. Se permitió que el odio que lo hacía sentir perdido lo consumiera, hasta que esos pulsos de poder saliendo de él se hicieron tan penetrantes que caí de rodillas, también. Con una sorprendente rapidez repentina, se sintió como si absorbiera todo ese poder de nuevo en sí mismo. Todo el aire pareció dejar la habitación, también, con un silbido que llegó a mis oídos e hizo que me sintiera como si la cabeza me estuviera a punto de explotar. Centró todo ese increíble poder y luego lo arrojó contra las paredes, con una explosión de calor que hizo que sintiera que mi piel se iba a derretir.

No lo hizo, pero mientras miraba, mi miedo fue reemplazado con asombro. Las paredes de piedra alrededor de la puerta negra brillaron con puro calor blanco. Después de unos momentos, comenzaron a flaquear, doblándose en algunos lugares como cera. Los hoyos aparecieron, creciendo y extendiéndose, hasta que charcos de lo que parecía roca derretida se comenzó a formar. No lo podía creer. Sesshomaru estaba derritiendo la roca. Era algo para hacer en el delgado vidrio de la ducha, pero esta roca debía tener un metro de grosor, por lo menos. ¿Qué clase de temperatura necesitaría?, me pregunté casi aturdida. ¿Dos mil grados Fahrenheit? ¿Tres mil?

Lo único más increíble que Sesshomaru canalizando el fuego a esa temperatura era como lo limitaba a las paredes frente a él. Debería estar en un charco en el suelo. Así como la puerta negra. Sin embargo, lo único disolviéndose eran las paredes. Con otra explosión de poder, se estremecieron y comenzaron a caer, colapsando lentamente en piscinas de lava marrón oscura mientras la habitación más allá de la puerta negra era revelada. Y en esa habitación, mirando con incredulidad a los muros de piedra que continuaban derritiéndose hacia el piso, estaba Naraku.

- Hola, viejo amigo - Sesshomaru lo miró y sonrió con anticipación lobuna.

Naraku cruzó rápidamente la habitación para agarrar un arma, una habitación la cual estaba sorprendentemente modernizada. No me dio tiempo a ver nada más que la pared llena de monitores que canalizaban la retrasmisión de las cámaras en funcionamiento cuando él sostuvo una ametralladora en sus manos. Antes de que el cañón retrocediera para montar el cierre, el metal pasó de ser negro a un naranja brillante. Naraku gritó mientras el metal se derretía, cubriendo sus manos con los restos hirvientes del arma.

- ¿Cómo? - casi carraspea. La sonrisa de Sesshomaru se volvió despiadada.

- Querías que me volviera temerario por lo que le hiciste a Rin. Pero en vez de eso, has hecho que mi poder suba de nivel. Cuando quemé mi castillo, mi rabia casi demente hizo que mis habilidades se sobrecargaran hasta que empecé a derretir piedra. Una vez supe que podía hacer eso, fue solo cuestión de centrarme en mis poderes para mejorarlo - Él me había dicho algo parecido la primera vez que me incitó para que convirtiera mis latigazos eléctricos en un arma. Vaya, si hubiera seguido su ejemplo antes.

- La última vez que estuvimos cara a cara intenté capturarte para así torturarte durante un largo tiempo - siguió Sesshomaru, con la sonrisa esfumándose de su rostro.

-Esta vez, lo que quiero más que nada es oírte chillar y agonizar, y lo quiero ahora. - Entonces agarró a Naraku por los hombros.

El nigromante suspiró pesadamente y miró a un lado. Me ajusté el látigo alrededor del cuello como advertencia, pero el nigromante parecía más resignado que vengativo. Quizás, después de ver cómo de entrada Sesshomaru derretía las paredes de la versión de Naraku de la habitación del pánico, el nigromante reconsideró su papel en el plan de Naraku para acabar con Sesshomaru. El fuego salió de las manos de Sesshomaru y cubrió a Naraku como un halo brillante de cuerpo entero. Aun así, nada ardió bajo esas llamas azules anaranjadas.

- ¿Te has envuelto en otro hechizo de esos ignífugos? Los hechizos, sin importar lo poderosos que sean, acaban desvaneciéndose. - No entendí la ola de placer salvaje que cruzó en mí hasta que escuché las siguientes palabras de Sesshomaru, dichas en un tono espeluznantemente afable.

Naraku empezó a atacar con la única arma que le quedaba: él mismo. Puñetazos, patadas, cabezazos, y rodillas que apuntaban con brutalidad a Sesshomaru, quien absorbía cada golpe sin tratar de protegerse. En vez de eso, siguió con las manos plantadas en los hombros de Naraku mientras más poder salía de él, intensificando el calor del fuego. Después de unos minutos, Naraku comenzó a gritar cuando su ropa empezó a arder. Después su cabello se prendió fuego dejando un hedor que me habría hecho atragantar si aún respirara. Su lucha se volvió más frenética cuando la piel empezó a ennegrecerse, y cuando se resquebrajó y se abrió, revelando la carne roja y fresca que se volvía negra, él ya había pasado de los gritos.

Estaba suplicando entre aullidos agonizantes que causaron que hiciera algo de lo que no me creía posible. Me compadecí de él. Naraku había estado detrás de mis secuestros y torturas unas cuantas veces. Trató de violarme antes de pasárselo a Maximus bajo el auspicio de que de ese modo sería más brutal para Sesshomaru. Había matado a mis amigos, atormentado a mi marido, torturado a mi mejor amigo, y habría torturado y matado con gusto a mi familia si así hubiese podido, pero aun así, oírle gritar del dolor haciendo que sus súplicas se volvieran incomprensibles y su cuerpo se contrajera violentamente, hizo que deseara que su sufrimiento acabara. Creía que me alegraría de verle sufrir por ese horrible dolor. Pero a la hora de la verdad, no podía ni mirarle. Sus gritos agudos y agonizantes ya me perseguirían en mis pesadillas.

- Por favor… Por favor, Sesshomaru. Acaba con esto. - le dije a Sesshomaru, sin saber si él podía oírme con todo ese ruido horrible que hacia Naraku, por no hablar de su necesidad casi incontenible de venganza.

Por el rabillo del ojo vi como el nigromante estiraba el cuello como sorprendido al escucharme pedir clemencia a favor de Naraku. Pero no miré al nigromante. Me quedé mirando fijamente a Sesshomaru, deseando silenciosamente que no lo prolongara. Teniendo en cuenta como se curaban los yokais, podía hacerlo, y aunque no fuera a volver a traer a Naraku como prisionero para torturarle durante semanas o meses, podía hacer que su muerte durara horas, como mínimo. Sesshomaru no respondió y no apartó la vista de la forma chamuscada de Naraku, quien seguía erguido porque Sesshomaru no había soltado el agarre de hierro de sus hombros. Aun así sabía que me había escuchado cuando sentí una extraña sensación abriéndose paso en mí.

No era frustración, ni enfado, ni admiración, sino una mezcla de las tres. Cuando las llamas que cubrían a Naraku pasaron de un azul anaranjado a neblina blanca y reluciente, casi me dejo caer aliviada contra la entrada del túnel. Me creía incapaz de sentir pena por Naraku y estaba equivocad. Ahora, estaba equivocada de nuevo. No creía de verdad que Sesshomaru mostraría piedad por su viejo enemigo, pero cuando la bruma blanca incrementó, los gritos de Naraku cesaron. Después, su cuerpo se encogió como si de un balón deshinchado se tratara, y en unos segundos, a Sesshomaru no le quedó nada en lo que agarrase.

Un esqueleto chamuscado cayó al suelo de piedra, donde empezó a pegarse en las rocas aún frescas. Sesshomaru se arrodilló, colocando las manos sobre los huesos. Ese brillo blanco sobre ellos resplandeció, y con un ruido casi imperceptible, los huesos se deshicieron en una sustancia casi polvorienta que Sesshomaru prendió hasta que no quedó nada más que unas débiles manchas en la roca, se estaba asegurando de que no pudiera volver a levantrse nunca mas. Una puerta trasera en la habitación se abrió. Salté, sorprendida, casi arrancando mi látigo para enfrentarme a esta nueva amenaza. Maximus salió de un armario bordeado de paneles eléctricos, como una conmutadora de una caja grande de fusibles.

Las luces de los tabuladores proyectaron una secuencia de colores hasta que uno por uno se apagaron. Las emociones de Sesshomaru estallaron con una intensidad que casi igualan el fuego que justo había creado. Entonces, un muro de absoluto vacío me golpeó cuando él levantó esas defensas impenetrables para apartarnos a mí y al otro yokai al que estaba ligado de lo que estaba sintiendo. Maximus.

- Tan pronto como te vio en la pantalla me hizo entrar aquí para activar la secuencia de auto-destrucción. A menos que se insertara el código de cancelación a tiempo, las bombas bajo el suelo habrían detonado y habría empezado el derrumbe. Era su plan de apoyo por si le matabas. - dijo Maximus con un tono extrañamente monótono. Tampoco pude leer su expresión. Sus facciones ásperas y fuertes estaban tan bloqueadas como las emociones de Sesshomaru.

- Parece que te olvidaste de mencionar algo muy importante, ¿verdad? - Con eso, mi mirada se cernió en el nigromante.

- Por lo que se ve, Naraku me escondió incluso a mí algunos de sus planes de contingencia. Y también parece que su desconfianza hacía Maximus era bien fundada. - Él, inclinado, se encogió de hombros con un gesto de desprecio, pero sus ojos estaban fijos en el yokai sobre mi hombro.

- ¿Quién es ese? - preguntó Sesshomaru bruscamente, notando justo ahora que no estaba sola en el túnel.

- Te presento al famoso nigromante - dije, y me aparté para dejarle entrar en la habitación, aunque toqueteé el látigo alrededor de mi cuello como advertencia mientras lo hacía.

Cuando emergió por el túnel, Sesshomaru pudo contemplar por primera vez al yokai que ahora estaba unido a mí de una forma aterradora. Incluso si no hubiese sentido la conmoción instantánea erizando mis emociones cuando sus defensas se resquebrajaron, me habría percatado de que Sesshomaru le conocía, porque le clavó la vista, atónito.

- Radu - susurró.

Me puse tiesa del asombro. Ese era el nombre del hermano de Sesshomaru, quien había muerto allá en el siglo quince. Señor, ¿y si no pasó? De golpe recordé el color dorado oscuro de los ojos del nigromante. Añádele un aro de rubi alrededor del iris, y entonces serían idénticos a los de Sesshomaru. La risa del nigromante era fría.

- No, aunque Naraku decía que me parecía demasiado a mi padre. Eso le habría traído muchos problemas a mi madre, sobre todo si no te hubieses mantenido alejado durante toda mi infancia, pero ella sabía que la gente notaría nuestro parecido. Por eso me envió a Oradea. - Ahora la mirada de Sesshomaru era calculadora, no menos sorprendida.

- Kohaku. El amante de Ilona fue mi propio hermano. No es de extrañar que Naraku me presionara tanto para que me casara con ella. La ironía de verme a mí reclamando al hijo de Radu como propio le habrá encantando. - Una sola carcajada sin gracia se le escapó.

- Y con el tiempo habría puesto a uno de los súbditos leales de Mehmed en el trono de Valaquia - coincidió Kohaku, encogiéndose de hombros.

- Entonces su mirada resplandeció. - Pero mientras Naraku preparaba a mi hermano para reemplazar a tu hijo como príncipe heredero, él tenía para mí otros planes.

- Sí. Te convirtió en yokai y después te volvió contra mí - declaró Sesshomaru, ahora con un tono sin emoción.

- A Naraku no le hizo falta hacerlo. Tú mismo lo hiciste. Hasta que no me convirtieron no supe que tú no eras mi padre. Durante toda mi infancia te quise, pero a ti nunca te importó. ¡Nunca me visitaste lo suficiente para darte cuenta de que era la viva imagen del hermano que tanto odiaste y perseguiste hasta su muerte! - dijo Kohaku al instante, mientras su olor se agudizaba por el odio.

- Aja, claro, te dejé a ti y a tu hermano al cuidado de tu madre y me la pase luchando para que tuvieran algún futuro decente. ¿Es por eso que tú y Naraku conspiraron contra mí durante siglos? - dijo Sesshomaru con una voz carente de tono.

- Sí - siseó Kohaku.

- Él fue un sustituto frío y cruel, pero fue un padre para mí, más de lo que tú nunca fuiste. - Me quedé parada, más que nada por la sorprendente revelación de que el hechicero era el hijastro y el sobrino de Sesshomaru, todo en uno, pero no pude hacer nada.

- No te atrevas a usar la excusa de "síndrome del papi malo" por todo lo que has hecho ¡Mi padre también me apartó, y no me ves por ahí conjurando hechizos oscuros, estrellando aviones, y cometiendo Dios sabe cuántas otras atrocidades! – espeté, Dios a este mocoso lo que le faltaba era un buen palo.

- Entonces no eres ni tan fuerte ni tan determinada como yo - dijo secamente Kohaku.

Las manos de Sesshomaru se envolvieron en llamas, señalizando que ya había acabado con el tema de los motivos del nigromante. Yo le chillé: "¡Détente!" al mismo tiempo que Kohaku decía algo muy rápido en rumano.

- Él está unido a mí ahora, Sesshomaru - le confirmé, sintiendo que su sospecha me inundaba.

- Lo hizo el hechizo. Mira. - Coloqué un colmillo sobre mi palma y Kohaku también alzó una mano, mostrando el corte sangriento que apareció en el mismo lugar.

Entonces sacó una pequeña daga plateada de la funda escondida a su espalda y se abrió un corte en la mejilla. Me contuve las ganas de tocarme la mejilla al momento por el dolor candente. La plata hace más daño que ningún otro metal para los yokais, y no creía ni por un momento que Kohaku no había ido por ese cuchillo intencionadamente en vez de usar uno de sus colmillos, tal y como yo había hecho. No, comprendí cuando vi el brillo malevolente en sus ojos, él quería hacerme daño, y quería observar que Sesshomaru le veía haciéndolo.

- No puedes matarlo sin matarme a mí también. Así que no hay más remedio que dejarle ir. - dije antes de que Sesshomaru pudiera responder de forma violenta, tal y como pretendía.

- ¡Feh! No haré tal cosa. Puedo mantenerle con vida pero sin que sea libre para causarte más estragos, a mí, o a los míos. - Cada palabra me golpeaba como un martillazo.

- Ahí es donde te equivocas - dijo Kohaku, sus hermosos rasgos contrayéndose por el odio.

- Preferiría estar muerto a ser tu prisionero, además, no es como si pudieras contenerme. - Al escuchar eso, Sesshomaru sonrió, tan encantador, mientras hacía ver que iba a derribar a Kohaku. Entonces, un muro de fuego bloqueó el túnel, cortando la única forma que tenía Kohaku de escapar.

- ¿Me estás retando? - Oh, mierda, pensé, preparándome para lo peor, pero Kohaku le devolvió la sonrisa con el mismo encanto.

- Solo me he quedado para salvarle la vida ya que ahora mismo está atada a la mía. Ahora que eso está hecho, mi trabajo aquí acabó. Chao por ahora, tío, pero no te preocupes. Nos volveremos a ver. - Sesshomaru se abalanzó contra él y Kohaku no hizo movimiento alguno para apartarse. Simplemente... desapareció, haciendo que Sesshomaru agarrara la nada donde el nigromante había estado.

- Separémonos, esto es un truco. Aún está por algún rincón de esta habitación - dijo a la vez Sesshomaru.

- No, no está aquí. Ya se ha ido. - le contestó Maximus en voz baja.

- Imposible - fue la vaga respuesta de Sesshomaru. Maximus suspiró.

- Naraku no confió en mí lo suficiente como para hablarme de Kohaku hasta que pensó que había violado a Rin. Después me trajo aquí y le conocí. Las cosas que puede hacer Kohaku... por eso Naraku no temía venir por ti. Solo esperó hasta que el chico hubiera crecido lo suficientemente fuerte para así utilizar sus habilidades y crear un ejército. Si no, tus aliados e incluso algunos de tus enemigos habrían temido tus represalias al ponerse de parte de Naraku. - La carcajada de Sesshomaru me sobresaltó.

- Si eso es verdad, me estás diciendo que por fin he matado a mi peor enemigo, pero que el peligro que me acecha sigue tan vivo como siempre. - Era severa, amenazante, y aprensiva, todo al mismo tiempo.

- Sí - dijo Maximus incesante.

Los dos hombres se quedaron mirando el uno al otro fijamente, y una nueva forma de tensión se palpó en el aire. Maximus me había salvado la vida, había evitado que me violaran, me dejó escapar, le dio a Sesshomaru la dirección del escondijo de Naraku... y aun así todos en el mundo yokai pensaban que había traicionado a Sesshomaru de la peor manera posible. Aunque quisiera, ¿podría Sesshomaru dejar marchar a Maximus sin parecer un acto de debilidad? ¿En la posición precaria en la que estábamos, sabiendo que sus enemigos lo usarían como arma contra él?

- Sesshomaru - empezó Maximus.

- No. - La sola palabra sonaba afilada.

- Nunca olvidaré lo que vi en ese vídeo. A pesar de lo que me asegura Rin, cada vez que te mire no veré más que una recreación de ti violando a mi esposa. Maximus agachó la cabeza, resignado, y poco a poco las manos de Sesshomaru empezaron a envolverse en llamas.

- No - dije con voz entrecortada.

- ¡Sesshomaru, no puedes hacerlo! - Él me ignoró y agarró a Maximus. No por los hombros, como había hecho con Naraku, sino por la cabeza. Tan pronto como tocó a Maximus, las llamas se extinguieron, y entonces atrajo su rostro más cerca del suyo.

- Aparte de Inuno, tú eres el mejor amigo que he tenido nunca. - La voz de Sesshomaru estaba tan plagada de emoción que parecía que se fuera a ahogar.

- Y aun así reitero lo que he dicho. Un buen hombre podría olvidar, pero yo no, así que no puedo recompensarte por tu lealtad con lo que prometí. No tienes un puesto en mi línea, Maximus, y nunca lo tendrás. - Un fuerte suspiro se le escapó a Maximus y mi corazón se rompió cuando sus hombros empezaron a temblar por los sollozos contenidos.

- No lo hice para volver a tener un puesto en tu línea. - Cada palabra sonaba como un chirrido.

- Lo hice por ti. - Sesshomaru le dio dos besos, uno en cada mejilla. Maximus inclinó su cabeza hasta que las dos frentes se tocaron.

- Tú eres y serás mi amigo para siempre, voivode meu - murmuró Maximus.

- Los príncipes no tienen amigos, tienen súbditos - dijo Sesshomaru en un murmullo igual de bajo.

- Ya no eres mi súbdito, pero aunque no te vuelva a ver, siempre serás mi amigo. - Besó a Maximus una vez más en la frente, y después le soltó.

- Vete - dijo, una palabra tan desgatada como el remordimiento que aporreaba mis sentimientos. Maximus se inclinó, se volvió... y se detuvo.

- No puedo. La roca derretida del suelo por tus poderes derrumbó la única salida. - La más débil sonrisa se crispó en los labios de Sesshomaru.

- Como que estropea el momento, ¿no crees? - La boca de Maximus también se crispó débilmente.

- Menos mal que ninguno de los dos es sentimental. - Mientras los observaba, sentí un rayo de esperanza que era solamente mío.

Sesshomaru creía que nunca podría olvidar el espejismo que lo había devastado; lo que hizo que sus poderes subieran de nivel. Aun así yo creía que, con el tiempo, él podría mirar a Maximus y ver al verdadero amigo que tanto quería, y no las dolorosas imágenes del engaño. Después de todo, los poderes de Sesshomaru no eran lo único que había crecido de nuestras horribles circunstancias. También su capacidad para amar y quizás, más sorprendentemente, su capacidad para perdonar.

- Rin, ¿fuiste la única que me siguió aquí abajo? ¿O también Petre y Samir ignoraron mis órdenes de quedarse en el puente? - preguntó Sesshomaru, haciendo que volviera a los asuntos del presente.

- No lo sé - empecé a decir, pero Maximus se volvió, esquivando algunos charcos que se extendían de la piedra humeante, y se dirigió a la fila de monitores en las paredes.

- Petre sigue en el puente. Samir no está. No le veo en ninguna de las cámaras de los túneles, pero la mitad de ellas ya no funcionan. - dijo después de un rato.

- Encuéntralo - me dijo Sesshomaru. Por un momento estuve confundida hasta que caí en la cuenta de lo obvio.

- ¿Cómo sabías que Samir me agarró cuando le dije que iba a buscarte? – pregunté mientras pasaba mi mano derecha sobre el brazo. Sesshomaru resopló.

- Si no lo hubiera hecho, entonces es que no intentó detenerte lo suficiente. - La esencia de la huella de Samir brotó bajo mis dedos. Menos mal que se había enfurruñado lo suficiente cuando tire de él. Seguí la conexión y le vi en la antecámara, tratando de quitar una a una las rocas que bloqueaban el túnel.

- Está en la antecámara donde los panales - dije.

Sesshomaru alzó la vista. Al principio creía que estaba cavilando, pero entonces sentí esa sensación demoledora cuando su poder empezó a expandirse y contraerse con rotaciones cada vez mayores. No le tomó mucho más que cuando derritió las paredes de piedra, pero aún seguía fascinada cuando me transportó por el agujero que había creado hasta llegar a la superficie. Maximus se transportó él mismo, y entonces los tres nos dirigimos al primer agujero que había estallado Sesshomaru en los túneles para buscar a Samir. Eso fue fácil ya que el camino a la antecámara no estaba derruido.

Solo hizo falta adentrarse en el camino que iba a los calabozos, y encontramos a Samir ―un amigo leal como el que más― quién no había sido capaz de irse hasta saber que Sesshomaru y yo estábamos a salvo. Samir también trató de matar a Maximus nada más verlo, probando una vez más que quedaba mucho trabajo por hacer antes de que la gente supiera exactamente lo que había pasado. Tenía la intención de que eso fuera lo más pronto posible. Maximus merecía ser reconocido por su lealtad y valentía. No que le injuriaran por crímenes que no había cometido. Pero antes...

- ¿Ahora qué? - pregunté cuando cruzamos el puente. Sesshomaru inspeccionó la isla, la cual se veía desierta ya que Petre se había asegurado de que se marcharan los turistas mientras mantenía alejada a la policía y a otras partes interesadas.

- Ahora toca hacer lo que debería haber hecho hace años. Destruir el pasado. - dijo a la vez que cerraba los ojos.

Desde la distancia, las posteriores explosiones parecían como una serie de granadas de percusión explotando. No pude ver las llamas con las que Sesshomaru consumía lo que fueron los calabozos, pero por el poder que emanaba de él, supe que estaba transformando todos esos espantosos recuerdos de este lugar en un fuego feroz y destructivo. Fue obvio cuando esas explosiones activaron las bombas que Naraku había colocado bajo los túneles. El suelo tembló tan fuerte que la torré alta cayó, derrumbando las primeras de las muchas marcas profundas que empezaban a serpentear por los ruinas. Pronto, el resto de los monumentos que quedaban se vinieron abajo, cayendo en los recovecos de la tierra hundida, hasta que ninguna estructura del antiguo palacio quedó en pie. Esperé hasta que las llamas se extinguieron de sus manos, indicando que finalmente había acabado con este oscuro y brutal capítulo de su pasado, y le agarré de la mano.

- ¿Ahora qué? - dije una vez más, tiernamente.

- Volvemos a Rumania. Lo que fue destruido no puede ser resucitado, pero sí se puede reconstruir, así que eso haremos, Rin. Reconstruirlo. - Su sonrisa era débil, pero después de todo lo que había pasado esa noche, me alegraba de que fuera sincera.

- Pues vayamos a casa y empecemos. - Le apreté la mano, notando que lágrimas de felicidad me escocían los ojos.

FIN