El templo de Hera

Capítulo 5

Una vez se cierra la puerta ven al misterioso impertinente, era un chico de unos 15 años, de cabello negro ondulado que le cubría las orejas, cutis blanca perfecta, rasgos afilados pero suaves al mismo tiempo y unos hechizantes ojos verde fosforescente, sería un tipo muy guapo si no fuera por la permanente expresión de desagrado que parecía tener en el rostro y una fría y distante sonrisa, estaba vestido con una bata con capucha azul zafiro de monje con piedras turquesa incrustadas en el bordes esmeralda y mangas muy grandes, él dice con tono petulante –lamento seriamente ese pequeño contratiempo pero no puedo permitir que ningún bastardo injustificado entre al templo de mi señora- Sadie se aproximó a él con pose amenazante y apuntándolo con su báculo le dice –da me una buena razón para no envolverte como momia- a lo que él responde con una sonrisa un poco más sincera pero malvada –por qué entonces no habría nadie que ayudara a tu novio- Sadie lo mira consternada y pregunta -¿Qué?- entonces el señala detrás de ella, ella se voltea y ve a Walt pirado en el piso sosteniéndose el estómago con sangre saliéndole de la boca, nariz y parpados.

Ella se gira hacia el desconocido y pregunta con una bola de fuego en la mano -¿Qué le hiciste?- a lo que él responde tranquilamente –¿yo?, nada, pero este es un templo consagrado a un olímpico, los dioses del Nilo no tienen permitido entrar aquí, aquí Anubis no puede ayudarlo- Sadie se acerca a paso acelerado hacia Walt y le dice –tranquilo, te sacare de aquí- mientras trataba de recordar algún hechizo de fuerza, entonces el desconocido se acerca y le dice –salir es un suicidio, vienen más monstruos en camino ahora mismo- Sadie estaba a punto de gritarle que se fuera al demonio, cuando el continuo –se cómo ayudarlo- Sadie lo mira dudosa y le pregunta -¿Por qué te creería?- a lo que él responde fríamente –por qué no tienes otra opción- ella lo mira y luego voltea a ver a Walt, notando aterrada que ya no se movía ni hacia ruidos, entonces voltea a ver enojada a el desconocido y asiente con la cabeza, él se saca un frasco de sus gigantescas mangas y selo arroja, ella lo toma y él dice –bébelo y podrás moverlo- Sadie estaba dudosa, tal vez esto era un plan para matarlos a ambos, pero como él dijo, no tenía otra salida.

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