5

.

.

« Cuando un ángel ruega piedad »

.

.

«A pesar de que han pasado muchos años, Sesshōmaru ha cambiado muy poco» pensaba Inuyasha mientras andaba de vuelta a su alcoba asignada.

Bueno, "poco" ya era algo. Quizás, la influencia de su madre había hecho que Sesshōmaru encontrara, aunque sea, un gramo de consideración, cosa que se agradecía. De haber sido el mismo infeliz de hace años, seguramente no se habría contenido al sacarlos a los tres de su castillo… ah, perdón, del castillo del padre de ambos.

Inuyasha quitó a Sesshōmaru de sus pensamientos y volvió a lo que en verdad importaba.

»Por favor. Mi hija… cuiden a mi hija, y mi vida será suya.

La historia que Kagome y él le habían contado a Rin, no había sido por completo una mentira.

Era bastante larga. Sin embargo, se puede decir que Inuyasha sabía bastante bien lo ocurrido, incluso antes de que él fuese anexado a ella, dado a que Kagome se había tomado su tiempo narrándole las cosas que desconocía, por no haber estado ahí para vivirlas en carne propia.

En los tiempos feudales, Sango era una reconocida exterminadora de monstruos junto a su hermano Kohaku, ambos peleaban codo a codo junto con sus familiares desde muy jóvenes, sembrando temor en los yōkais a la redonda.

Lo que los exterminadores no pudieron prever, fue que de manera muy inesperada, ellos y su grupo serían emboscados hábilmente por un temible ser fantasmal que, de manera anticipada, logró apoderarse del cuerpo de un terrateniente, y con ello, atraerlos a un nido de monstruos con la información de que se enfrentarían a tres.

Los hermanos, siendo los únicos que se mantuvieron de pie luego de horas y horas de combate, fueron ayudados por Kagome y Kikyō; quienes, haciendo un viaje de purificación, percibieron el mal a la distancia y fueron a ayudar a quien sea que estuviese luchando contra aquella horda de monstruos.

Antes de que dicho ente pudiese acabar con los hermanos, ellas llegaron y luego de una corta lucha, pudieron purificar a cada ser maligno del sitio, incluyendo al problemático ente.

Miroku, quien entonces ayudaba a las sacerdotisas en la aldea; al ver a los hermanos exterminadores siendo cargados por ellas, los auxilió también, recibiéndolos en su propio techo para que pudiesen recuperarse de sus heridas. Kagome y Kikyō no pudieron darles refugio ya que ellas cuidaban de sus propios hermanos menores; Sota y Kaede. No podían aceptar a nadie más en su pequeña morada.

Durante un tiempo, el grupo de siete personas tuvo paz y ciertos momentos emotivos donde Sango y Kohaku tuvieron para sanar sus heridas, tanto físicas como emocionales, cosa que lograron durante algunos años venideros, quedándose en la aldea como residentes permanentes. Sin embargo, por lo que Inuyasha sabía, todo cambió un día.

Kikyō de pronto halló a un ladrón moribundo, el cual había sido quemado por sus propios compañeros de robos. Después, con la mayor crueldad, lo lanzaron de un caballo mientras andaban deprisa por un páramo pastoso. Al encontrarlo todavía respirando, Kikyō se compadeció de él y lo trató médicamente en una cueva cercana, ahí, el hombre se tomó su tiempo para desarrollar y alimentar una fuerte obsesión con ella.

Kaede y Sota decían que estar con ese hombre les producía temor. Darle de beber y comer era algo que a los chiquillos les disgustaba; sin embargo, tanto Kikyō como Kagome, les dijeron que no debían por qué preocuparse, ya que él jamás volvería a levantarse, y seguramente, sus días estuviesen contados debido a la gravedad de las quemaduras.

Lo que ellas no pudieron prever, era que ese hombre, Onigumo, de alguna forma lograría convocar a más de cien espíritus, quienes comieron su carne putrefacta y se unieron a él, transformando a aquel monstruo… en un monstruo de verdad.

Lo primero que intentó hacer el recién nacido Naraku, fue comandar a una legión de yōkais, reptiles y arácnidos, hacia la aldea de las sacerdotisas. Aunque Kikyō, Kagome, Miroku, Sango y Kohaku pudieron repeler bien a sus enemigos, hubo varios humanos muertos. La aldea sufrió grandes daños.

Esa misma noche, mientras curaban sus heridas y ayudaban a los aldeanos afectados, Naraku se presentó ante los cansados guardianes de la aldea, como el ser que pronto lo tendría todo.

Poco después, el grupo sabría que el ladrón Onigumo y Naraku eran el mismo ser. Sin embargo, luego del ataque, él desapareció por varios años.

En medio de ese tiempo, Kagome y Kikyō fueron contactadas por un feudal, quien les encargó deshacerse del fastidioso yōkai que merodeaba por el bosque, y solía saquear su bodega de comida.

Así es, ese yōkai era Inuyasha.

Para esos entonces, él recién había salido del castillo de su padre luego de discutir con Sesshōmaru, y el hambre le hizo comenzar a robar a los humanos debido a que no había muchas presas que él pudiese conseguir sin pasar días buscando en el bosque.

Matar a los guardias y aldeanos no estaba en discusión para Inuyasha, porque su madre era humana, y él parcialmente también lo era, sin embargo, al poco tiempo conviviendo entre ellos, descubriendo que incluso ellos lo rechazaban tal cual hacían los yōkais puros, Inuyasha prefirió autoexiliarse, dejar de intentar convivir con los mortales, y robarle a los feudales ricos.

Alimentos, instrumentos y ropa. Todo lo que pudiese.

Se las ingenió para conseguirse un refugio en una cueva, donde almacenaba sus pertenencias nuevas.

En medio de uno de sus viajes a la bodega de alimentos del feudal que más gracia le causaba cuando se molestaba por sus robos, varias flechas sagradas lo atacaron. Cuando Inuyasha las esquivó en medio del aire, cayó a la perfección en el suelo y miró a sus nuevas adversarias. Al principio se burló de ellas pensando que serían como los otros sacerdotes y sacerdotisas que habían intentado hacerle siquiera un rasguño y cayeron derrotados, pero pronto sabría que ellas no eran como los otros.

»Vaya, mis ojos deben estar mal ya que veo doble —se rio de ambas dándose cuenta que eran gemelas, sin embargo, el aroma a diferencia de sus rostros muy era distinto, por lo que nunca pudo confundirlas.

»Pobrecito, te sacaré esos ojos para que no te den más problemas —dijo Kagome lanzando un par de flechas hacia él. Estas emitieron un brillo sagrado azul que hizo que los instintos de Inuyasha se pusieran en alerta, esquivándolas con rapidez y cierto miedo.

Eso había sido nuevo para el inexperto han'yō.

»No socialices con él, Kagome, sólo mátalo —le reprendió la gemela amargada lanzándole flechas con resplandor morado.

La lucha entre los tres fue reñida. Inuyasha las atacó con sus garras y ataques feroces, pero ellas fueron ágiles y fuertes también; una flecha azul le hizo una cortada en su mejilla, y casi lograron atraparlo con sellos purificadores.

Esa noche, Inuyasha no pudo robarle nada al feudal, pero sí a una de las sacerdotisas.

A la más gritona se le había caído el listón que sujetaba su cabello durante el combate, y para recordarse el aroma de esa molestia, Inuyasha se lo llevó consigo para detectarlas cuando estuviesen cerca de él.

Actualmente, Inuyasha seguía conservando ese listón.

La historia entre sus amigos y él era bastante larga. Pasaron por muchas penurias y aventuras. Pero, luego de haberse unido como camaradas, y poco después de haberse suscitado la boda entre Inuyasha y Kagome, la aldea fue visitada una noche de luna nueva por un ser moribundo.

Kagome despertó primero, luego Inuyasha, y cuando ambos salieron de su hogar, se encontraron con sus amigos quienes también percibieron algo extraño en el aire.

Un hombre con alas negras, sostenía entre sus brazos un pequeño bulto.

El tipo medía casi dos metros, las heridas hechas con una espada lo cubrían por completo, tanto así que parecía mentira que había llegado volando en esas condiciones.

Al borde de su muerte, aquel ser miró a Kagome y su hermana; quienes estaban armadas con flechas.

Él murmuraba:

»Multi sunt qui de me dicúnt: "Non est salus ei in Deo. —Escupió sangre al piso, sin manchar al pequeño bulto que cargaba.

»No te acerques más y dinos lo que buscas —exigió saber Kikyō, sin comprender tampoco lo que estaba recitando aquel ser.

»Tu autem, Domine, clipeus meus es, gloria mea, qui erigis caput meum.

»¡¿Acaso estás sordo?! —exclamó Inuyasha; en apariencia humana ya que la luna nueva le hacía cobrar esa forma, y sin embargo, no planeaba permitir que eso le impidiese atacar si era necesario.

El ser, de aspecto masculino, alzó su bello rostro amoratado y manchado con sangre, para verlos.

»No percibo maldad en ustedes —masculló parpadeando lento—, y ya no me queda tiempo.

El bulto en sus brazos comenzó a llorar, y él hizo lo posible por calmarlo.

»He andado por mar y tierra, en busca de un sitio seguro donde pueda dejar a mi hija crecer. Una energía pura y santa me guio hasta aquí… con ustedes —sus rodillas flaquearon y cayó. Miroku, diciendo que no presentía hostilidad en él, se acercó para ayudarlo—. Yo estoy condenado, pero el fruto de mi amor no es culpable de mi pecado. No hay nada más que desee… que poder irme y saber que ella estará en buenas manos.

Cuando Sango tomó el bebé de los brazos de aquella presencia, éste dijo ser un ángel que había cometido el sacrilegio de enamorarse de un súcubo. Ella era maligna, y logró tentarlo hasta tener su corazón, lo que dio como origen el nacimiento de esa niña. Él nunca les dijo cómo había terminado la madre, o qué, o quién, le había atacado a él.

»Puedes confiar en nosotros, la cuidaremos como si fuese nuestra —prometió Sango, siendo incapaz de negarle su apoyo a un ser inocente.

Confiando en ella y en su evidente como palpable generosidad, el ángel sonrió tranquilo comenzando a desvanecerse en plumas negras. Algunas de ellas se esparcieron en el número de personas que había a su alrededor, contando a Kaede, Kohaku y Sota quienes miraban curiosos.

Al acercarse a todos ellos, las plumas se volvieron blancas.

»Encargo a mi hija a su cuidado, nobles hijos de dios —el resto de las plumas ascendió al cielo, desapareciendo a medida de que se iban.

Luego de haber recibió una de esas plumas blancas al igual que sus amigos, Inuyasha descubrió por la mañana que no volvería a recuperar sus garras, ni su cabello blanco, ni sus orejas o sus ojos amarillos.

En su lugar, obtuvo una vida longeva al igual que sus amigos; su fuerza como han'yō se había duplicado y aunque extrañaba mucho a su viejo yo, Inuyasha tuvo tiempo de sobra para acostumbrarse a vivir como… una criatura rara.

Porque había ciertas cosas que como han'yō podía hacer, que él no había perdido luego de su transformación. Como el olfato, la agudeza en el oído, sus instintos, entre algunas cosas más que le hicieron llevadera su cambio de naturaleza.

Así es.

Esa era la historia de Rin. Sólo sabían lo que aquel ser les había contado y nada más.

Entonces, ¿por qué Rin no recordaba haber prácticamente nacido hace varios cientos de años?

Simple. Y a la vez siniestro como doloroso… e injusto.

Ese bebé que el ángel dejó, creció, se hizo niña, se hizo adolescente, se hizo adulta, fue informada de su naturaleza por Miroku y Sango, poco después se casó, no tuvo hijos y su marido la despreció por eso; lo que ocasionó que el tío Inuyasha le hiciera una visita. Sin embargo, mientras sus padres permanecían jóvenes, ella se hizo anciana, y murió.

Cuando la vida se le fue de las manos, el cuerpo se incendió en llamas rápidamente, y de las cenizas, un nuevo bebé emergió.

Ese bebé creció justo como el anterior, sin haber recordado que había vivido antes; se hizo adulta, se hizo anciana, y murió. Volvió a renacer.

Varias veces, lo mismo. Varias veces, murió siendo anciana. Otras varias, ella moría de algún accidente. Pero hasta ahora, nunca había sido por alguna enfermedad. Fuera de ahí, Rin había estado viviendo más de 31 vidas sin saberlo. Siempre renaciendo, siempre muriendo, y volviendo a repetir el ciclo.

Era doloroso para Sango y Miroku verla crecer y fallecer para luego volver a renacer. Ellos la amaban como una hija propia, y cada vez que moría, ellos sufrían.

Kagome alguna vez había sugerido que le permitiesen a ella hacerse cargo, pero Sango insistía en que la misión debían llevarla a cabo ellos mismos.

Ahora, ¿por qué Kohaku era tan importante?

Porque él se había envuelto en la búsqueda de la diosa Midoriko.

»Si le pedimos que a todos nos vuelva seres humanos, incluyendo a Rin, eso podrá evitar que sigamos pasando por esto una y otra vez. Podemos ser normales.

Al menos, ellos lo serían. Inuyasha no quería que ni él ni Kagome volviesen a… ser humanos, porque, para empezar, Inuyasha no era un ser humano, y siendo franco, la idea de volverse uno no le atraía siendo que tenía muchas cosas por hacer.

Sin embargo, poco tiempo después de que Kohaku les llamase por teléfono y les dijese alegre que por fin había encontrado el lugar donde aparecería Midoriko, Naraku los atacó. El maldito envenenó a Miroku pensando que Kohaku ya estaba con ellos, y sin importarle nada más, se fue de ahí.

Sango temía que su hermano ya estuviese en manos de Naraku, pero como desde el ataque no sabían nada, ni de él ni de Kohaku, no podían dar nada por hecho.

—Continuará…—


Lo que dice el ángel:

Salmo 3 en latín:

Multi sunt qui de me dicúnt: "Non est salus ei in Deo." Tu autem, Domine, clipeus meus es, gloria mea, qui erigis caput meum.

Salmo 3 en español:

Hay muchos que dicen de mí: "No hay salvación para él en Dios". Tú, Señor, eres mi escudo; Gloria, que levanta la cabeza.


Oficialmente somos canon!

Francamente, a mí me hubiese gustado que dicho acontecimiento se llevase a cabo de otro modo, pero ya qué XD

Ahora, ¿ven cómo poco a poco vamos enterándonos? He aquí la razón de que Inuyasha permanezca en su forma humana y que estén buscando a Kohaku. ¿Dónde se habrá metido o quién se lo habrá llevado? Todo un misterio, por supuesto.

El siguiente capítulo, seguro tendremos más de Rin y el amo bonito. :D

¡Saludos y hasta la próxima!

Gracias por sus reviews a:

Mortalsilence, TwiliNeko, Guest, Luce3110, y hyunjinpastel.


Reviews?


Si quieres saber más de este y/u otros fics, eres cordialmente invitado(a) a seguirme en mi página oficial de Facebook: "Adilay Ackatery" (link en mi perfil). Información sobre las próximas actualizaciones, memes, vídeos usando mi voz y mi poca carisma y muchas otras cosas más. ;)