A lo largo de su vida había sufrido muchas derrotas, mucho más de las que podía recordar en esos momentos.
Algunas habían sido inocuas, como fallar algunos exámenes en su época de estudiante, o haber sido rechazada por personas que no le veían de la misma manera. Sin embargo, habían otras que le habían marcado para siempre, y a base de golpes la habían moldeado en la heroína que había buscado ser hasta el último momento de su vida.
"¡Midnight!"
El sonido del alias que había escogido le llegaba como si quien le llamase estuviera lejos, pero aún así, la desesperación y dolor se sentían más de lo que podía sentir a su cuerpo, el cual se encontraba inmóvil en el suelo.
"Ah", pensó ella, recobrando a pedazos la memoria y un poco de visión. Sobre ella pudo notar los rostros desesperados de algunos de sus estudiantes de UA, los cuales estaban anegados por las lágrimas.
- ¡Midnight! – Continuaban lamentándose los aspirantes a héroes más jóvenes que había tenido a su cargo. Ella quería incorporarse, consolarles, dirigirse a donde los demás héroes seguramente necesitaban apoyo. "Son tan jóvenes", fue el pensamiento que cruzó su mente mientras intentaba (sin éxito) alzar la voz. "No deberían sufrir una derrota tan terrible tan pronto".
Mientras el desgarrador coro de su nombre continuaba, creyó escuchar una nueva voz que también pronunciaba su alias. Sin embargo, pese a que se encontraba cerca de caer en la eterna inconsciencia, pudo reconocer que no había nadie más ahí… excepto por los recuerdos que comenzaron a embargarle desde un pasado más agradable y simple, antes de ser marcada por la primer gran derrota de su vida.
"Midnight" decía el recuerdo que conservaba de Shirakumo, a quien había amado una vez que supo que podía amar de esa manera alguien más. En sus memorias, él lucía joven y radiante, con una sonrisa tranquila que recordaba a los días templados y en calma. "Midnight" también le llamaba mientras entrenaban entre risas, ambos soñando en convertirse en héroes que pudieran ayudar a convertir el mundo en un lugar más seguro y agradable.
Pero cuando los dos estaban solos, ella volvía a transformarse simplemente en "Nemuri", y él en "Oboro". Y ella amaba como él pronunciaba su nombre de forma tan gentil, como si fuera algo precioso.
…Hasta que llegó el día en que dejó de escuchar su nombre en esa voz para siempre.
Si era honesta consigo misma, esa contaba como la más grande derrota de su vida. Ni siquiera había podido estar a su lado el día en que Shirakumo abandonó este mundo como si de una nube se tratara, y apenas pudo reunir fuerza suficiente para acudir al funeral. "Lo siento, Nemuri" habían dicho los dos amigos que le quedaban con voces que no eran la de él. Y es que no podían decir más, después de todo, también ellos sufrieron al perder al joven que era tan radiante, y los tres habían llorado hasta casi acabarse las lágrimas de toda una existencia… juntos y por separado.
Y desde entonces se dedicó a convertirse completamente en "Midnight", porque quería ser lo suficientemente fuerte para no perder nuevamente a las personas que amaba. A su vez, cultivó una personalidad tan extravagante que mantendría alejados a serios pretendientes, porque nunca se sintió lista para dejar ir al amor de su juventud, a quien siempre mantendría en su corazón. Sabía lo que otros decían de ella, pero no le importaba: Después de todo, las personas que le importaban podían ver más allá de esa fachada.
Parecía que también sus alumnos, tan jóvenes, habían logrado ver más allá de su exterior.
Los llantos de los jóvenes y sus lágrimas le devolvieron al presente, y la certeza de su propia muerte se hizo presente. Apenas lograba sentir calidez en una de sus manos, la cual era sujetada con fuerza y desesperación por una de las niñas que había ayudado a educar como heroína. Parecía que de esa manera, la joven quería mantenerla firme en la tierra.
Quiso llorar, puesto que si se iba en ese momento lo haría rodeada de amor y admiración. Al mismo tiempo, esta realización le hizo pensar en lo diferente que había sido la partida de Shirakumo, a quien un golpe que recibió estando solo le cortó la vida en seco.
Pero ya no tenía energías ni para llorar, ni para mantener latiendo a su corazón. Así que se dejó ir, guardando en su corazón la esperanza de reencontrarse con la persona que tanto había esperado una vez que volviera a abrir los ojos.
…Desafortunadamente, la persona que ella tanto extrañaba no estaría ahí, al otro lado, para recibirla.
