FANFIC MOSHANG
Capítulo I: Rojo
Un viejo amigo se dispuso a contarle una historia, sentado a los pies de la escalinata dentro de la estancia de proporciones burdas. Tan amplia a los costados que no se veían las paredes, sólo una ciega cavernosidad repleta de enormes y preciosas columnas y contrafuertes, tallados con grecas y adornados de piedras preciosas, sosteniendo un techo abovedado tan alto que los vitrales de la cúpula no capturaban la suficiente luz, del cielo despejado, para incidir en las sombras de su interior.
—¿Debería empezar por el inicio? —lo vio por encima del hombro y negó—, sería un desperdicio contarte lo que conoces, ¿cierto? No soy bueno en esto —masajeó su sien—, y no debería ser yo quien lo hiciera, ¡¿por qué acepté hacerlo?!, ¿aún podré cambiar de lugar...?! —en la desviación de su mini drama hizo el amago de irse.
Una ventisca helada, proveniente de la entrada oculta en la oscuridad, lo devolvió a su sitio.
—No, ya no.
Sacó un abanico plegado, tocando con el ribete su mentón.
—Bien, bien, ¡no me culpes si no funciona! —azotó los fuetes y varillas en la palma al levantarse—. Haré mi mejor esfuerzo —lo señaló—, ¿entendiste?
Aclaró la garganta, caminando de un lado a otro, la espalda recta, retomando una apariencia solemne y distante, un brazo detrás.
—¿Por dónde iniciar?
Le reverberación de la pregunta convertida en reflexión se extendió en la soledad envolviendo a los viejos amigos, diluyéndose en la línea cóncava naciendo en los labios del visitante, al hallar la punta del embrollo:
—Sí. Ese es el comienzo —cerró los parpados y relató con calma, en la urgencia de su situación actual, el cómo el rojo de una escena, el crujir de las hojas de otoño, la sonrisa de unos novios, lo efímero de la vida y los designios del cielo, confluyeron en el montaje de su presente.
Había una vez, porque así inician las historias que vale la pena recordar o las que recordamos, aunque no valgan la pena ser recordadas, un escritor que asistió a una presentación en vivo de un grupo más o menos famoso, en una cabaña-bar más o menos importante, a la orilla de la playa en una ciudad más o menos grande. Los nombres perdidos en la mente de quien narra y de quien oye.
Escritor. Si bien la principal fuente de ingresos de la imitación de ser humano oculta en una esquina, provenía de novelas de tramas cuestionables en su desarrollo y complacientes a su público, evolucionado de un escritor del género harem al danmei; repensada la etiqueta, era más adecuado llamarlo: otaku ermitaño (virgen) pasadito de sus veintitantos y veintialgo. Una persona gustosa de emplear el día consumiendo fantasía igual de cuestionable y complaciente, encerrado en su apartamento.
Encorvado sobre el agua mineral, de un blanco insano, delgado en las extremidades, pancita acusando una alimentación a base del refrigerador repleto de bebidas energéticas y la alacena atiborrada de sopas instantáneas, su presencia era ignorada por la luz de los estrobos, desencajando del glamuroso cuadro de pieles bronceadas, cuerpos cuidados y ropa coordinada, de los hombres y mujeres a su alrededor. Los brincoteos de la multitud succionaban su de por sí escasa energía, y los colores neón y la estrambótica música, la intensidad de los beats del drum'n'bass, le aplastaban las neuronas en cada nota.
La duda: «¿Qué rayos hago ahí?»
La respuesta le llegó al bolsillo de los pantalones cortos, de los que sobresalían unas piernas flacas y lívidas de pollo: "Envía foto. Prometiste quedarte una hora".
«Ah, cierto, lo prometí...», ¡la iluminación divina al qué!
Golpeó su cara en la mesita redonda.
Alzó el celular, tomó foto al cumulo de gente y la envió.
—Es todo lo que puedo dar —no se atrevió a adjuntar las palabras al mensaje, evitando el consiguiente regaño de su prima.
¿Cómo quedarle mal a la única persona que se preocupó por él, tras casi morir electrocutado, cuando lo cuidó día y noche hasta su alta?
"Sigues vivo", dijeron los demás y se esfumaron.
Por pesadas que fueran las críticas a su estilo de vida y el ser empujado a sitios como ese, donde ella encajaba a la perfección, con su apariencia de modelo en eterna pasarela de moda, no le quedaba de otra, tenía que darle la razón y agradecer su interés. Tres puntos en equitativa proporción, y por esos tres puntos no pudo negar la "invitación" de su amiga de la infancia, y único familiar a quien le afectó su casi muerte, Liu MingYan.
"¡Ve!, respira aire y ¡muévete!", contundente instrucción y ahí estaba, intentando cumplir.
«No me culpes por intentar y no lograr, soy un simple escritor de internet que se conforma con sumergirse en los alegres comentarios de sus lectores, despotricando contra él o la antagonista en turno», se excusó en privado y guardó el celular.
Desganado, el joven barrió la escena recopilando información útil para su próxima creación literaria. Si no podía escapar por la media hora restante, aprovecharía su estancia. Aunque sus personajes respondieran a los caprichos de las lectoras danmei, tenían que otorgarles una base creíble a partir de la cual se excusara la paga de su alquiler.
En la caterva variopinta y desabrida de estereotipos mortales, colisionó con una visión...
«Ojos profundos como la noche, nariz recta y alta, lleno de un espíritu heroico, glacial e incomparablemente arrogante», dieciocho certeras palabras gatilladas en lo profundo de su alma y corazón, abriendo dos interrogantes: ¿cómo es que aquel hombre de traje se encontraba ahí, a metros de distancia, sin ser advertido por nadie, o rodeado por bellezas dispuestas a perder la vida por un desaire suyo?, ¿cómo es que un ser al extremo opuesto de su pálida y desgarbada humanidad, y a la ordinaria vida festejando eufórica, lo vio a él, un otaku ermitaño con aspiraciones de escritor?
El rosa representa el amor puro e inocente y colorea las escenas románticas clasificación A. Por el contrario, el rojo era el tono de sus novelas, aún de las escenas más inocentes, al tratarse de publicaciones con restricción de edad.
Rojos los corazones, rojo se pone el protagonista, rojos los labios mordidos al aguantar el rojo del calor, rojo el hilo uniendo dos destinos, ¡rojo el escenario y la decoración de la roja pasión!, y sí, su mente abordó en picada categorías subida de tono, al teñirse de rojo —las luces del escenario haciéndole flaco favor a su acelerada imaginación— el dramático cruce de sus miradas.
—Dawang —no se escuchó llamarlo.
Los nervios desaparecieron al ser cubierto por la sombra del hombre:
—¿Está ocupado? —el escándalo del bar desapareció en la ventisca de su voz y tomó asiento.
La presentación del grupo comenzó a las seis de la tarde, terminó a las diez de la noche, el local cerró a las dos de la mañana, y a las seis el otaku ermitaño se despidió de su acompañante, con quien pasó la noche y la madrugada enteras charlando al borde de la playa. Un hámster que fue de un ente tembloroso a una animada criatura, dando vueltas entorno al estoico representante del hombre ideal.
No intercambiaron números, ni siquiera se presentaron, por alguna razón no fue necesario en una charla de todo y de nada, en la que uno habló y habló sobre la complicada vida de un escritor de internet, recién graduado de la universidad, y el otro escuchó paciente, atento a cada palabra, siguiéndolo.
"¿Te divertiste?", preguntó Liu MingYan en un mensaje de texto.
Tirado en su cama, advirtió el cansancio extremo derivado de una caminata insostenible para su nula resistencia de otaku, y tardó en responderle, la vista fija en el techo, pensando en el guapo hombre que mandó al carajo su heterosexualidad y a quien dudaba volver a ver.
«Sí.»
Meses y meses desfilaron con sus altas y sus bajas. La única constante fue el recuerdo que pintaba de rojo sus pensamientos, lo hacía morderse los labios, le cortaba el aire y le subía la temperatura.
Transcurrido un año, incapaz de continuar lidiando con sus febriles sentimientos, acudió a la playa a las seis de la tarde, para conmemorar un encuentro fortuito y un adiós.
Cruzó la carretera, pisó la arena y lo vio ahí, de cara al atardecer, en un traje de tela ligera.
Los días separados se evaporaron.
Corrió hacia él.
El hombre se giró:
—Shang QingHua.
—¡MoBei-Jun!
Tan imposible reencontrarse sin acordar verse, como conocer sus nombres sin haberlos dicho.
Los siguientes años las citas se repitieron.
Cuatro estaciones de separación. Una caminata larga. El otaku parloteando por ambos y el hombre ideal escuchando por dos, eludiendo el pasado y el futuro, interrumpiendo la calurosa apertura de otoño, despidiéndose a las seis, al albor de la mañana.
Notas
Este fanfic fue creado para el reto del grupo de Facebook de SVSSS.
Originalmente era un One Shot, pero cuando leí que estaba permitido fragmentarlo, se hizo algo así como un long-fic, que estaré subiendo en lapsos de entr días.
Como dije en los tags, POSIBLE muerte de un personaje principal. Digo "posible", porque... queda a su consideración si puede calificarse así.
Espero sea de su agrado y sí, el nombre tiene una razón de ser, además de mi "bloqueo" para títulos.
Agradecimientos: El Venerable, Yoshy y Hanatsu, por apoyarme beteando y resolviendo mis dudas para la trama.
