1: Nueva idea X Inquilino X ¡Doh!
Si algo distinguía a el señor Burns era su extensa colección de arte, la cual había comprado con el paso de los años. Esculturas de Aguste Rodin, cuadros de Frida Kalho, joyería de la Rusia zarista, jarrones griegos y chinos, eso sin contar los cientos de fósiles y la ropa interior de Mel Gibson que obtuvo en una subasta por internet hace 4 años. Solo había un problema con esa antiquísima colección: no sabía donde guardarla. Claro, podía dejarla en una de sus muchas mansiones, sin embargo, con el tiempo acumulaban polvo y no quería pagarle a alguien por limpiar el polvo, mucho menos limpiarlo el mismo. Por lo que el señor Burns tomó una importante decisión: ¡Abriría un museo de su colección en Springfield!
Para eso tendría que invertir mucho dinero, y la única forma de hacerlo sin lastimar sus bolsillos y su vida de lujos sería haciendo un recorte de personal en la planta Nuclear de Springfield…
Homero fue una de las primeras víctimas de aquella serie de despidos masivos, después de todo el era un ingeniero incompetente y su puesto podía ser fácilmente ocupado por cualquier becario mal pagado. El pobre Homero estaba deprimido, a el jamás le había gustado trabajar en la planta nuclear de Springfield, su sueño siempre había sido trabajar en los bolos o ser fotógrafo de Play Boy, sin embargo, su empleo era con lo único que mantenía a su familia. Homero llegó a su casa más temprano que de costumbre y pronto, se sentó en el sofá y encendió la tele. Marge había ido con Bart y Maggie a ese espectáculo de baile en el que iba a participar Lisa, la única razón por la que el no había ido era por su trabajo, el cual acababa de perder. ¡Ya no tendría más excusas para no ir a los festivales culturales de Lisa!
- ¡Maldito señor Burns! ¡Todo por culpa de su mugroso museo! ¡Ojalá le roben todo lo que tiene en el museo a ese viejo bribón! – gritó Homero frustrado al pensar en tener que aguantar otro de esos horribles festivales. Pero antes de que el pudiera seguir maldiciendo al billonario octagenario un anunció televisivo captó su atención.
Dicho anuncio mostraba a una pareja joven de turistas en una playa exótica.
- ¡Oh, Tom! ¡Hemos llegado a una nueva ciudad para tomar nuestras vacaciones, pero no tenemos ningún hotel donde quedarnos! – dijo la rubia despampanante del anuncio.
- ¿Quién podrá ayudarnos? – gritó el esposo genuinamente asustado.
- ¡Yo tengo la solución! – gritó Troy McClure saliendo detrás de los arbustos de la playa – Se trata de la aplicación Home-Hotel, con la cual ustedes podrán pasar sus vacaciones en una casa cualquiera de una persona cualquiera de la ciudad en la que están visitando.
- ¡Oh! ¡Es grandioso! – exclamó el matrimonio tras súbitamente oprimir un botón de su celular y aparecer por arte de magia en una casa suburbana.
- ¡Y además también pueden poner su casa disponible para turistas y ganar dinero con ello! – dijo de nuevo McClure sonriendo de oreja a oreja - ¡Solo descarguen la aplicación Home-Hotel y olvídese para siempre de esos horribles hoteles, llenos de parejas cachondas y sus asquerosos jaboncillos gratis! A partir de ahora sus experiencias serán… auténticamente hogareñas.
Homero se quedó pensativo por un rato. La solución a sus problemas estaba en frente de el…
Bart, Lisa, Maggie y Marge llegaron del recital de Lisa con una caja con sobras de pizza para Homero, pero al llegar se encontraron con una sorpresa…
- ¿Qué hace papá en el cuarto de juegos y por qué el sofá esta allí con las sábanas de Lisa? – preguntó Bart, viendo como su padre remodelaba rápidamente el cuarto.
- Hijos, esto ya no es un cuarto de juegos, esto es la nueva habitación del Home-Hotel Simpson. – dijo Homero sonriendo mientras colgaba un cuadro que decía "Hotel, sweet hotel" en letras bordadas.
- ¡Homero! ¿Cómo te atreves a hacer esto sin consultarme? ¡Ya sabes como nos fue la última vez que dejamos a extraños alojarse en nuestra casa! – gritó Marge preocupada.
- No te preocupes Marge, con esta aplicación ya no se alojarán extraños. Ya la instalé en mi teléfono y puse imágenes para que los turistas vean lo autentica que es nuestra casa. – dijo Homero mostrando en su celular imágenes de una lujosa casa llena de cuadros viejos y un jardín encantador lleno de decoración religiosa.
- ¡Homero, esa esa es la mansión del señor Burns y el jardín de Flanders! – gritó Marge enojada.
- Bueno, quizá exagere un poco, pero es casi igual que la decoración que voy a poner en esta casa… - dijo Homero mientras volteaba a ver la pantalla de su teléfono- ¡Ahhh! ¡Acaba de llegar nuestro primer inquilino! Marge préstale tu secadora de cabello en la mañana, Lisa tu les ofrecerás tu desayuno vegetariano en la mañana, Bart tu cargarás el equipaje de los invitados y Maggie tu vas a… -pero antes de que el señor Simpson completara su oración escuchó el timbre.
Homero corrió rápidamente a la entrada para recibir a su huésped, mientras que su familia lo siguió con curiosidad y desconcierto. Homero abrió la puerta y sonrió al ver a su inquilino: un guapo hombre en traje de sastre, de cabello obscuro y ojos grises, cuyas orejas perforadas llevaban colgando un par de aretes de plata y piedras color índigo.
- ¡De pelos un hombre con aretes! – exclamó Bart.
- ¡Bart no seas maleducado con nuestro huésped! – gruñó Marge apenada.
- ¡Oh, no se disculpe señora! En efecto soy un hombre y uso aretes, no creo que la ropa tenga género. Las mujeres pueden usar pantalones y los hombres maquillaje, uno tiene que desechar los roles de género, pero conservar los roles de canela. – contestó con completa seguridad.
- Usted tiene una mente muy progresista y abierta. Ojalá hubiera mas hombres como usted en este mundo. – comentó Lisa maravillada con aquel carismático hombre.
- Muchas gracias pequeña niña. Adoro que esta generación este abierta al cambio. Por cierto, ¿Es esta la casa del señor Homero J. Simpson? – preguntó el elegante hombre.
- ¡Oh, claro que si! – dijo Homero algo nervioso ante su nuevo huésped.
- Bueno, tal parece que el taxista no cometió ningún error después de todo. Por lo tanto, usted debe ser el señor Homero Simpson ¿no es así? – dijo sonriendo el huésped mientras pasaba al interior de la casa.
- Oh, si. Y usted debe de ser el señor… emm… -Homero quien había olvidado el nombre de aquel tipo decidió revisar rápidamente su celular y tratar de leer su nombre- emm… Cholo Lucifer.
- En realidad, mi nombre es Chrollo Lucilfer, pero se pronuncia usualmente como Kuroro Rushifuru, aunque su verdadera pronunciación es Quwrof Wrlccywrlfh.
Chrollo hizo un incomodo silencio al ver como la familia se le quedaba viendo de forma perpleja y aparentemente nadie parecía entender la complicada pronunciación de su nombre.
- Pero por lo general mis amigos solo me llaman Jefe. – reafirmó Chrollo sonriendo amigablemente a la familia con la que se hospedaba.
- Anda la osa, este tipo si que es galante. – dijo Homero absorto ante aquel Chrollo y su confianza.
- Bueno, estaré aquí por toda la semana y por lo visto en esta casa, creo que disfrutaré mucho mis vacaciones en esta ciudad y sus habitantes. – concluyó Chrollo sonriendo, mientras Homero lo conducía a su dormitorio.
Ni los Simpsons ni Chrollo sospechaban una pizca del en el embrollo en el que estaban a punto de meterse.
