By Messel.


10

¿Sacrificio?

Como detestaba eso, aquél sentimiento anónimo que se apoderaba de su corazón, de su alma. Su mente estaba expuesto a miles de pensamientos débiles referentes al amor. Una leve chispa se encendía en su mirada al recordarla, se sentía como un pequeño niño acobijado en los brazos de su madre. ¿Qué tenía esa mujer? Sus emociones se vengaban sin piedad de él haciéndole sentir de una manera indescriptible, apenas se reconocía a sí mismo, increíble. Negó con la cabeza disipando pensamientos innecesarios, podía observar la entrada de la mansión, finalmente había llegado. Estacionó su coche y cerró sus ojos en un intento de calmarse, se empezaba a sentir estúpido, tal vez pensaba demasiado las cosas, sí, eso debe ser. Aunque muy a fondo sabía con perfección que no podía mentirse a sí mismo, lo que había pasado hace poco, de alguna forma lo hacía sentir relajado, libre, tranquilo; no entendía con claridad que estaba ocurriendo tras ese torbellino de emociones, pero lo que sabía y afirmaba con seguridad, Sakura era la culpable.

Se quitó el cinturón de seguridad y se bajó del coche con suma elegancia, empezó a caminar con paso apresurado hacia la puerta de la mansión. No quería que nadie le arruine el resto de la noche, todo había salido demasiado bien, lo cual le sorprendía; ignoraría su entorno —como de costumbre— e iría a su habitación.

Una de las sirvientas lo saludó con una leve reverencia, la ignoró. Recorrió todo el lugar con fina sutileza, divisó el despacho de su padre, posiblemente estaba ahí dentro, de solo pensar en él le hervía la sangre. Naturalmente cualquiera reaccionaría de esa manera al tener una figura paterna tan decepcionante. Para el Uchiha era difícil verlo, la discusión que habían tenido hace algunos días no se disipaba de su mente. Era un martirio.

Estaba tan cerca de llegar a su habitación cuando la puerta de aquel despacho se abrió y se cerró de un portazo. Detuvo el paso al instante, tragó saliva y regresó a ver hacia atrás por inercia. Sus imponentes ojos ónix mostraron leve asombro al divisar de quien se trataba, no era su padre, sino su hermano, Itachi.

Lo inspeccionó rápidamente con la mirada, podía notar que estaba aturdido, ni siquiera se había percatado de su presencia; sintió que algo había pasado y al parecer no era nada bueno, endureció el rostro.

—¿Qué sucede Itachi? —soltó con seriedad. Tan directo como siempre.

Aquél hombre se tensó enseguida, no se había dado cuenta que su hermano estaba ahí, a pocos pasos de él, dirigiéndole una mirada acusadora. Se llevó la mano a la cien tratando de aclarar todo lo que estaba pasando y lo que había sucedido ahí adentro. Un verdadero problema. Se sentía fatigado, frustrado y triste.

Se acercó hacia su hermano y puso la mano en su hombro tratando de mostrar seguridad, lo hizo girar ligeramente con la intención de camuflar la idea de que había ocurrido algo. Su mirada era vaga y vacía, aquél brillo que se encontraba en sus orbes se había perdido, sus ánimos se habían desplomado en un segundo, estaba cansado y deprimido; no permitiría que Sasuke se involucre en algo innecesario. Para eso estaba su hermano mayor, para protegerlo.

—No pasa nada Sasuke, tú sabes cómo es nuestro padre, sólo es una pequeña tontería.

El azabache relajó el rostro tras escuchar aquellas palabras, tal vez se preocupó de más. Su hermano tenía razón, su padre era un completo desastre, las peleas eran tan comunes y él lo sabía perfectamente.

Sasuke asintió levemente a lo que su hermano respondió con una sonrisa.

—¿Ya comiste? No te olvides de hacerlo, pediré que te preparen algo —dijo el hermano mayor recobrando su actitud amable de siempre. Empezó a alejarse.

—Este… no. Comí hace poco, iré a descansar ahora —mencionó haciendo que Itachi detuviera el paso. Se tensó una vez más al escuchar aquellas palabras, era cierto, había visto a su hermano con Sakura, tal vez habían comido juntos, en su cita…

—Entiendo… —dijo Itachi mientras volteaba a verlo y una sonrisa nerviosa se dibujaba en sus labios. Sasuke se sorprendió una vez más, nunca había visto a su hermano actuando de una manera tan extraña, era inusual en él. Frunció el ceño, algo le pasaba y le enojaba que tratara de ocultarlo.

—Dime que sucede.

Itachi lo observó con profundidad y negó con las manos.

—No pasa nada, sólo que acabo de recordar que olvidé entregar el USB del proyecto que tengo en clase con Kisame. A puesto debe estar enfadado ahora, tú sabes cómo se pone. Así que me daré prisa e iré a dejárselo —dijo aun con nerviosismo. Sasuke alzó una ceja, conocía al amigo de su hermano pero aun así no era excusa suficiente para actuar de esa manera. Suponía debía creerle.

El azabache observó cómo su hermano se alejaba por el pasillo, pero no le dio mucha importancia, en cierta parte podía entender aquel nerviosismo, si fallaba tendría problemas con su padre. Siempre supo que Itachi cargaba con mucha presión, podía entenderlo, después de todo es su padre quien le confiaba todo. Cualquiera actuaría de esa manera al cargar con una responsabilidad tan grande.

Miró fastidiado la puerta de su despacho, él estaba ahí adentro pero no le apetecía verlo, así que se marchó a su habitación. Tenía muchas cosas en qué pensar.

Itachi recorrió el pasillo distraído, entró a su habitación, tomó una chaqueta junto a la llave de su auto y salió apresuradamente. Nadie se percató de su presencia, lo cual agradecía ya que no le apetecía encontrarse con nadie, abandonó la mansión sin problema alguno. Entró a su auto y tiró su chaqueta al asiento de copiloto, lo encendió y arrancó con brusquedad.

Se había alejado bastante ya, el viento comenzaba a soplar muy fuerte, poco a poco varias gotas empezaban a caer de aquel firmamento cubierto de estrellas, la lluvia caía sin piedad por segunda vez en el día; una sonrisa amarga se posó en su rostro, preguntándose lo irónico que era el que empezara a llover en un momento tan triste. Su vista empezó a nublarse levemente, haciendo que Itachi detenga el auto aparcándose junto a la acera.

Finalmente, estaba procesando todo lo que había ocurrido, aun con sus manos en el volante, se agachó levemente posando su frente en él. Lágrimas de frustración empezaban a recorrer por su rostro, no le importaba nada en ese momento, sólo necesitaba vaciar aquel recipiente que le consumía, porque sentía que se estaba ahogando. No soportaba todo lo que sucedía ¿por qué demonios le había tocado una vida tan jodida? Tal vez ese era su destino y odiaba a la vida por eso. Se sentía como una estúpida marioneta, detestaba todo lo que tenía que cargar. Tenía miedo de dañar a los demás, por eso lo soportaba. ¿Qué estaba haciendo con su vida?

Golpeó el volante con fuerza, alzó la vista y con su mano limpió el rastro de lágrimas que aun humedecía su rostro. Encendió el auto y se marchó, cansado de todo lo que sucedía y de lo ridículo que se sentía.

Se estacionó frente a un bar, no estaba seguro de lo que estaba haciendo, pero tal vez sólo era una estúpida decisión. Quien sabe, en ese momento muchas cosas dejaron de importarle o al menos, habían quedado en un segundo plano. Entró a la taberna encontrándose con un ambiente lúgubre, el olor a licor era fácil de percibir, la música acompañando a sentimientos tristes, personas alcoholizadas tratando tal vez de olvidar sus problemas. Al parecer terminaría como uno de ellos. Se acercó al bar y se sentó en un lugar alejado, no quería involucrarse con nadie.

—¿Qué desea servirse? —escuchó decir al barman. Itachi lo observó dudoso, no había bebido hace mucho tiempo y el arrepentimiento empezaba a hacerse presente. Pero, el querer olvidar pudo más con él.

—Vodka… Una botella de Vodka Grey Goose.

El barman se sorprendió levemente, imaginaba que pediría un Martini o un Black Russian, pero pidió una botella de Vodka, por lo general es el que más grado de alcohol tiene, se imaginaba lo mal que debía sentirse, pero se limitaba a hacer su trabajo, así que no debía importarle.

—Enseguida señor.

Frente a él se posó la botella del licor que había ordenado, el barman lo dejó en la mesa acompañado de un fino vaso de vidrio, puso hielo dentro de él y abrió la botella sirviendo un poco de licor.

—¿Está seguro que no desea acompañarlo con nada? El Vodka puro es demasiado fuerte.

—Así está bien, gracias.

El barman asintió y empezó a atender a otra persona. Itachi se sirvió un poco más de Vodka, llenándolo más o menos por la mitad, tomó el vaso y empezó a arremolinarlo mientras lo acercaba a su rostro. Exhaló por su nariz y apreció completamente su aroma granulado. Llevó el vaso hacia sus labios dando un pequeño sorbo, tenía un sabor cremoso y suave, con un acabado limpio.

Disfrutó de cada trago que bebía, poco a poco sentía como el alcohol lo embriagaba, haciendo que se relaje y vea la vida de una manera un tanto diferente, algo aburrida y compleja.

—Eres un idiota, padre —soltó mientras observaba el vaso que se arremolinaba en su mano. Tomó un gran trago y apoyó su frente en la mesa, indignado, triste. Lo último que quería era recordar sus problemas, pero parece que era inevitable.

Una hora antes

Fugaku se encontraba sentado cómodamente frente al escritorio de su despacho, en su mano tenía una copa de vino tinto, el cual saboreaba mientras su mente buscaba respuestas ante la barbaridad que sus ojos observaban. Inaceptable, era lo que pensaba. En su otra mano sujetaba varias fotos las cuales examinaba una por una detenidamente, tratando de descifrar algo, como si de un código secreto se tratase. De repente alguien interrumpió su perfecta concentración abriendo la puerta abruptamente. Qué insolencia. Era su hijo, Itachi.

—¿Dónde están tus modales? Toca la puerta antes de entrar —dijo Fugaku sin regresar a verlo.

—No estoy jugando, padre —aseguró con deje de molestia. Se acercó hacia él y notó como lo ignoraba; dirigió la vista hacia donde su padre observaba con tanta concentración, se tensó de inmediato al ver de qué se trataba. Eran fotografías de Sakura donde se encontraba en distintos lugares y en una que otra aparecía su hermano, por más que trataba de buscar una respuesta rápida, no la encontraba. No entendía porque diablos su padre tenía aquello en sus manos.

Fugaku regresó a verlo con suma sensatez, pero su hijo no decía palabra alguna. Su mente trataba de buscar respuestas ante las dudas que emergían en su mente. Fugaku podía notar fácilmente lo tenso que Itachi estaba, la incomodidad se reflejaba en su rostro; una expresión de enfado se adueñaba del rostro del recién llegado, ya no aguantaba a su padre, estaba cansado de intentar comprenderlo. Fugaku se limitaba a guardar silencio, pero Itachi se atrevió a hablar. Ya había callado durante tanto tiempo, era suficiente.

—¿Qué estás haciendo… padre?

El sonido se había extinguido en ese momento, miradas desafiantes se enfrentaban en el lugar, pero pronto el incómodo silencio se vería roto, es cuando la desgracia haría su aparición.

—Imagino tú sabias de esto —soltó Fugaku mientras tiraba las fotografías en el escritorio—. ¿Qué relación tienen con ella?

Itachi crispó los ojos, podía sentir lo furioso que su padre se encontraba, tal vez no lo estaba demostrando, lo cual no negaba que le sorprendía. Pero dejando de lado aquello, él también quería saber porque demonios mando a seguirla.

—¿Por qué quieres saber? ¿Por qué la has mandado a seguir? —preguntó algo frustrado porque en serio no lo entendía.

—¡Respóndeme maldita sea!

Itachi se tensó enseguida, ya se había tardado en reaccionar de esa manera. Observó las fotos nuevamente, aquella pelirosa salía radiante, y su hermano… su hermano estaba con ella.

—Es una compañera de la facultad de Sasuke, nada más.

Fugaku frunció el ceño mostrando disgusto, sí, la había visto en la universidad antes, pero ¿qué demonios hace con su hijo? Aunque la pregunta que más lo atormentaba… ¿Ella era hija de aquél hombre?

—¿Es becada no? —soltó mientras dirigía una mirada de odio hacia su hijo. No podía ocultar el asco que sentía.

—No te metas con ella.

Itachi observó cómo un leve asombro se apoderaba del rostro de su padre. Pero no duró mucho, una risa se hizo presente por parte de Fugaku, haciendo que Itachi lo mire con total desconfianza.

—¿Qué harás para evitarlo?

Fugaku lo observó burlón, tal vez había perdido la cabeza. Itachi le dirigió una mirada sombría, apretó su puño tratando de controlar el impulso de no cometer una estupidez.

—La protegeré.

La sonrisa que su padre tenía se esfumó al instante. ¿Qué demonios había dicho? ¿Protegerla? ¿A esa pobre? ¿Acaso no se daba cuenta de lo superior que su hijo era?

—Haré cuenta que no escuché eso, no permitiré que ninguno de mis hijos se mezcle con esa clase de gente —Empezó a recoger las fotografías que estaban en el escritorio, trataba de contenerse al escuchar algo tan estúpido.

—¡¿Con esa clase de gente?! ¡¿Se puede saber qué clase de gente somos nosotros padre?! ¡Qué demonios eres tú! —Itachi había explotado, su padre era imposible.

—Soy Fugaku Uchiha, vengo de una familia real, soy respetado y alabado como debe de ser. Y pronto seré embajador de Japón, como se supone tenía que suceder, si no fuera por mi estúpido hermano.

Una risa seca se hizo presente tras escuchar las palabras de su padre.

—¿Embajador de Japón? Alguien como tú no se merece tal título, es demasiado para ti. No te engañes.

Fugaku tomó bruscamente de la camisa a Itachi y lo atrajo hacia él, estaba frenético. ¡¿Cómo se atrevía?!

—Trágate tus palabras ahora mismo —amenazó su padre con una mirada tan, escalofriante. Daba igual, no era la primera vez que lo miraba así, todo era su maldita culpa…

—¿Qué harás? ¡¿Me golpearás como lo hacías con mi madre?! ¡¿Cómo lo hiciste con Sasuke?! ¡No creas que lo he olvidado! —bramó perdiendo la cordura. Se zafó del agarre con brusquedad y observó a su padre con odio.

—Esa cualquiera se lo merecía, y tu hermano, es un mocoso malcriado que no es capaz de obedecerme. ¿Qué demonios te pasa? ¡Tú no eres así!

—¿Se lo merecía? Maldición… al menos… ¿por qué demonios tenías que hacerlo frente a tu hijo? ¡¿Por qué demonios tenía que ser espectador de aquella atrocidad?! ¡Ella es un humano, y tú la golpeabas hasta dejarla inconsciente! Tienes suerte de que Sasuke no lo vivió, tienes una maldita suerte de que yo haya sido el único que haya sufrido con mi madre —Itachi estaba destrozado, él había sufrido tanto, había presenciado tantas cosas desde que era niño y cargaba con todo eso él solo, se sentía agotado, empezó a llorar, no aguantaba más—. ¡Ella estaba enferma maldita sea! ¡Tenía cáncer y aun así tú la maltratabas! ¿Acaso no tienes ni pizca de humanidad?

Fugaku lo observó con seriedad, era la primera vez que su hijo se mostraba de esa forma ante él, y le pareció ridículo.

—Deja ese estúpido sentimentalismo a un lado y compórtate como un Uchiha.

Itachi lo observó atónito, pero no duró mucho, limpió sus lágrimas rápidamente y sonrió con amargura. Él jamás aceptaría sus errores, eso era un hecho, lo aborrecía, pero que más daba. Pero de algo estaba seguro, no permitiría que haga más daño a los demás, no le importaba sacrificarse, él protegería a los que amaba.

—Soy consciente de que tienes todas tus expectativas puestas en mí, lo que termino de confirmar que si hago una estupidez tú estarías acabado, tu imagen, tu persona, tu negocio. ¿No es así… padre? —escupió Itachi con frialdad y con total seguridad en sus palabras. Sí, estaba negociando o más bien, amenazándolo.

—¿Qué demonios quieres? —dijo Fugaku endureciendo su rostro. Lo había atrapado, lo que él decía era cierto y entendía que era una amenaza, pese a eso, no iba a salirse con la suya tan fácilmente.

—No te metas con ellos, con mi madre, mi hermano y aquella mujer.

Fugaku sonrió divertido, su propuesta era simple, pero su hijo era estúpido, un gran error en querer confiar en su palabra.

—¿A cambio de? —dijo interesado.

—Haré lo que me pidas, me convertiré en tu maldita marioneta.

Dos pájaros de un tiro, pensaba Fugaku al escuchar aquello. Lo aceptaría sin dudar; el error de Itachi era confiar en él, se ve que no ha aprendido lo suficiente, pero esta vez era algo a su favor. No debía desaprovecharlo.

—Bien, no tengo inconveniente con ello.

—Sólo cumple tu palabra, porque padre… puedo llegar a destruirte.

….

—Mi vida apesta… —soltó en un susurro, el alcohol había hecho su trabajo, Itachi estaba completamente ebrio—. ¡Hey! ¡Dame otra botella!

Mientras tanto, en la mansión Uchiha todo se encontraba en absoluto silencio, hasta que Fugaku irrumpió en la habitación de Sasuke, arruinándolo por completo. Nada del otro mundo.

—¿Qué haces aquí padre? —preguntó fastidiado.

—¿Dónde está Itachi? Salió hace un par de horas y no ha vuelto, será más de media noche.

—¿Tú preocupado? —dijo el Uchiha con asombro, aunque no negaba que él también se sorprendió ante ello, imaginó que su hermano ya había regresado.

—Sólo evito que sea imprudente y me traiga problemas, no debe olvidar quien es, no puede hacer lo que se le da la gana.

—No sé porque no me sorprende. Fue donde su amigo por un proyecto de la universidad, deja de hostigarlo.

—No creas que me he olvidado de ti, que eres el número uno en hacer quedar mal a esta familia. Sé lo que haces, y te pondré un ultimátum pronto, así sabrás obedecer.

Tras decir eso, su padre abandonó el lugar con arrogancia, trataba de controlarse y no sacar el tema de esa mujer. Después de todo no le convenía que Sasuke se enterase de que ha estado siguiendo a esa muchacha, porque si lo descubre es probable que se zafé de sus garras por completo. Prefería evitarlo. No tenía tiempo de lidiar con estúpidos intentos de revelación.

Sasuke se aguantó las ganas de destruir lo primero que se le cruce en el camino. Trató de calmarse y tomó su teléfono rápidamente. Llamó a su hermano pero no contestó, lo cual se le hizo muy extraño. Lo intentó repetidamente pero no respondía.

—¿Dónde demonios estás Itachi? —pensó en voz alta. Marcó el número de Kisame, el amigo que había mencionado que tenía que entregarle aquel proyecto.

—¿Hola? —se escuchó decir por el teléfono.

—Soy yo, Sasuke. ¿Por qué Itachi no ha regresado aun? Pensé que no demoraría porque dijo que sólo te entregaría un USB pero aun no ha regresado. Mi padre lo está buscando.

—¿Qué? ¿Un proyecto? —La voz en el teléfono se quedó un par de segundos en silencio—. ¡Ah, sí! ¡El proyecto! Sí, me dio el USB. Es más, estábamos trabajando aun en ello pero se quedó dormido, pobre, debió estar agotado, después de todo se esfuerza demasiado. Pasará la noche aquí, espero que no haya problema con eso.

—¿Dormido? Ya veo… —Sasuke estaba dudoso, su manera de hablar no era la de costumbre, pero que su hermano se haya quedado dormido realmente le sorprendía, qué más da, al menos estaba bien—. De acuerdo, procura decirle que vuelva pronto, mi padre ha estado buscándolo, adiós.

Después de ello, cortó la llamada y se echó a la cama, había tenido una buena noche pero había sido arruinada por culpa de su padre. Cuando no. Habían pasado algunas cosas ese día y de alguna forma su corazón no podía permanecer tranquilo. Cerró sus ojos y poco a poco, la calma se apoderaba de su cuerpo.

En otro lugar, un hombre alto, un tanto robusto y de corto cabello negro, se encontraba preocupado tras la reciente llamada que había recibido. Tomó su teléfono y empezó a marcar al número de su amigo, después de unos segundos respondió.

—Qué llamada… tan inesperada —escuchó decir a su amigo vagamente, arrastraba las palabras y su tono de voz no era el de siempre. Kisame se sorprendió ante ello, no podía creerlo.

—¿Itachi… estás ebrio? —dijo con incredulidad. Se esperaba cualquier cosa menos eso, era muy inusual en él.

—Estoy… bien, iré… a mi casa ahora… ¿De acuerdo? —le escuchó decir hasta que sonó un golpe y lo alertó enseguida— ¡Hey! ¡Ayuden a levantarlo! ¿Estás bien? —escuchó decir a voces desconocidas tras el teléfono.

—¿Itachi? ¡Itachi! ¡¿Puedes escucharme?! ¡Responde maldita sea!

—¿Hola? —respondió otra persona, Kisame supuso que habían tomado su teléfono.

—¿Dónde está él? Soy su amigo, iré a verlo ahora mismo.

Aquel hombre le dio la dirección enseguida. Kisame salió de su apartamento rápidamente, tomó un taxi, no iba con su auto porque imaginaba que Itachi estaba con el suyo y no podía dejarlo a la deriva.

No tardó mucho en llegar, entró al lugar y empezó a buscarlo de un lado a otro, hasta que lo vio, estaba sentado en un banco frente al bar. No podía ver su rostro, su frente estaba apoyada en la mesa.

—Demonios Itachi… ¿Qué sucede contigo? —le dijo una vez estaba frente al Uchiha.

Buscó al barman y se dirigió hacia él, necesitaba saber que había pasado.

—¿Desde hace cuánto ha estado bebiendo? —le preguntó mientras señalaba a su amigo. No podía negar que estaba preocupado, había pasado mucho tiempo desde la última vez que él había bebido.

—Hace aproximadamente dos horas, ha estado bebiendo Vodka, hasta el momento ha bebido un poco más de dos botellas, no lo vi levantarse pero es cuando se cayó. Tomé su teléfono y respondí, imagino era usted. Debería llevarlo a casa, está completamente ebrio además de que se lastimó.

Kisame asintió aun asimilando lo ocurrido. Sacó su billetera y pagó lo que su amigo había consumido. Se dirigió hacia él y empezó a moverlo para que lo mirara. Al hacerlo, se descubrió el rostro de Itachi, se había quedado dormido, observó que su ceja sangraba, debió haber sido por el golpe.

—Itachi… —decía mientras lo movía, observaba las muecas que hacía, aun así no podía dejarlo más tiempo en ese lugar y mucho menos en ese estado—. ¡Itachi!

El Uchiha frunció el ceño y se acomodó con pesadez, observó a la persona que lo había llamado, una sonrisa se hizo presente.

—¡Hey! ¡Kisame! ¿Qué… haces aquí? ¡Bebe conmigo! —exclamó totalmente alegre mientras servía Vodka en un vaso.

—No, ya bebiste suficiente, nos iremos ahora, dame las llaves de tu auto.

—No seas… aburrido —dijo sonriendo con amargura—. Sólo trato de olvidar… pero… ni eso soy… capaz de hacer. ¿Qué ridículo no? ¡Sólo soy un maldito idiota que nada le sale bien!

Kisame lo observó sorprendido, lo había visto ebrio, pero esta vez se había excedido. Se acercó a él y trató de levantarlo, pero falló en el intento.

—¡Déjame en paz! Vete de aquí… Quiero estar… solo… —soltó con sequedad. Cogió la botella y empezó a beber de ella. Kisame lo observó irritado.

—¿Qué sucedió Itachi? —preguntó preocupado, para verlo así, es probable que haya pasado algo con su padre. Itachi no era de los que se quejaban, pero afortunadamente podía notar cuando algo le ocurría.

El Uchiha solamente puso una expresión melancólica, llevó la mano a su corazón y cerró el puño agarrando su camisa.

—¿Por qué debe doler tanto aquí? —Su vista se tornó vidriosa y su expresión cambió a una de frustración. Tenía tanta rabia guardada, pero debía contenerse. Estaba ebrio, sí, pero no era razón para hacer algo estúpido en ese estado.

—La vida es injusta y lo sabes, anda, tú no eres de los que se lamentan, vámonos de aquí.

—Tienes razón, solamente… complico más las cosas, que tonto —dijo con una ligera risa. Llevó la mano a su cabello y lo hizo hacia atrás, algo no le gustaba y es que su cabeza empezaba a dar vueltas—. Vámonos.

Itachi hizo un intento de pararse, pero si no fuera por Kisame, se hubiese estampado contra el suelo. Estaba demasiado ebrio, era imposible caminar por su cuenta.

—Demonios Uchiha, ni siquiera puedes mantenerte de pie —bufó tratando de adquirir paciencia de donde sea. Tomó el brazo de Itachi y lo llevó a su cuello, haciendo que se apoye en él y así pueda ayudarle a sostenerse.

Empezaron a caminar y salieron del lugar con un poco de dificultad, Kisame divisó el auto de Itachi, llevó la mano al abrigo de su amigo y empezó a buscar las llaves, encontrándolas enseguida.

Le ayudó a subir al auto, Itachi no se la ponía nada fácil, pero terminó lográndolo con esfuerzo. Recorrió el coche entrando rápidamente, le puso el cinturón a Itachi y reclinó el asiento para que pueda estar más cómodo. Se sorprendió ante lo rápido que su amigo se había quedado dormido, parecía una jodida estatua.

Encendió el auto y dio un largo suspiro, lo que sabía con firmeza es que a Itachi una vez despierte, le esperaría una resaca inolvidable. Sin duda pensaría dos veces antes de volver a hacerlo.

—Definitivamente no volveré a hacer esto, me siento como una niñera. Me deberás una Uchiha.

Se marcharon del lugar rápidamente, mañana sería otro día y Kisame ansiaba que fuera uno mejor para Itachi. Al parecer estaba pasando por problemas en su vida personal. Sentía pena por él, se exigía demasiado.

La noche pasó en un ligero suspiro, una vez amaneció, Sakura se alistó rápidamente para ir a la universidad. Afortunadamente ya había adquirido algo de dinero e iba juntándolo para comprar las cosas que le estaban pidiendo. Habían sido días difíciles. A la pelirosa le resulto casi imposible dormir anoche, lo que había pasado con el Uchiha le daba vueltas la cabeza.

No podía evitar sonrojarse cada vez que lo recordaba, el momento en el que apunto con los palillos a su boca, cuando el azabache no se opuso a llevarla a casa; al ponerle el cinturón y ella lo había malinterpretado, cuando le pidió que le tuteará… Se sentía como una niña, había experimentado ese sentimiento tiempo atrás con las acciones de Itachi. ¿Qué demonios tenían esos dos que la hacían actuar de una manera tan tonta? Ella no era así y sentía pena de sí misma por no reconocerse. Pero qué podía hacerle, nadie puede mandar en el corazón, al menos eso es lo que dicen.

Al llegar después de un incómodo viaje en autobús, divisó la puerta de la universidad, se dirigió allí con paso tranquilo; revisó su reloj y aún tenía tiempo de sobra. No tenía prisa.

Cerca de allí, el Uchiha mayor acababa de llegar a la universidad, estacionó su auto y se quedó dentro unos minutos. De repente una larga cabellera rosa pasó de largo hacia la entrada, era ella, Sakura. Tomó sus cosas y salió rápidamente del auto. Vestía elegantemente, además de que llevaba unas gafas de sol. Nadie podía notarlo, pero el Uchiha estaba con un pésimo humor, había despertado con un dolor de cabeza insoportable, se arrepintió mil veces de haber bebido anoche, una mala decisión de su parte. Pero de alguna forma se sintió animado al verla, se dirigió al lugar por donde se había ido, esperando que no se haya alejado lo suficiente.

Sakura se dirigía hacia la facultad de medicina, pero había notado algo raro desde que entró, había muchas personas que la miraban y murmuraban a sus espaldas, podía escuchar las risas y susurros por todas partes, trataba de sentirse tranquila pero le resultaba un tanto difícil.

—No puedo creer que ella se venda para que le paguen los estudios, es una zorra, no tiene ni pizca de dignidad, debió criarse en una familia donde la madre fue prostituta y el padre alcohólico, que aberrante —murmuró una mujer a su acompañante, su amiga soltó una pequeña risa, Sakura había pasado frente a ellas justo en aquel momento, lo que terminó haciendo que llegue a los oídos de ella. Grave error.

La ojijade paró en seco, tenía una mirada aterradora, la observó con una expresión sombría, podían decir pestes de ella pero que se metan con su familia, eso era imperdonable. Ni siquiera lo pensó cuando tomó a esa mujer de la camisa y estuvo a punto de estamparle un golpe, pero alguien la tomó del brazo.

Sakura regresó a ver a esa persona con una mirada llena de odio por haberla frenado, pero observó de quien se trataba. Itachi se sorprendió al verla de esa manera, había llegado justo a tiempo evitando que cometa un grave error, si llegaba a hacerlo, podrían negarle la beca. Pero, cuando regresó a verlo parecía una fiera, mostraba tanto odio, tanto enojo, que se preguntaba si de verdad era ella.

—No sé exactamente qué ha sucedido, pero Sakura, tú eres muy inteligente, piensa dos veces antes de hacer algo así —regañó el Uchiha haciendo que Sakura apacigüe el rostro. Ella mordió su labio tratando de reprimir la ira que sentía en ese momento.

Sakura notó como los susurros iban aumentando, no se había dado cuenta que ahora eran el centro de atención, después de todo la imponente presencia del Uchiha nunca pasaba desapercibida. Todos empezaban a murmurar una que otra cosa y miraban a la ojijade con desaprobación, Itachi se dio cuenta de eso, la tomó de la mano y se la llevó del lugar esquivando a toda la multitud.

Caminaron durante algunos minutos hasta que alguien rompió el silencio.

—No voy a disculparme… —susurró la pelirosa. Itachi detuvo el paso, haciendo que Sakura choque contra su espalda. Este se giró.

—No voy a juzgarte, ni voy a defender a nadie. Tal vez tenías una razón muy buena para querer hacerlo y, eso lo entiendo, sólo te evitaba una expulsión, piensa en eso antes de hacerlo.

Sakura, que se encontraba mirando el suelo, lo observó agradeciéndole por ser comprensivo en esa situación. El Uchiha llevó las manos hacia sus gafas y se las quitó, pudiendo observar con más comodidad a la ojijade y ella se lo agradecía internamente. Pero, algo no pasó desapercibido de aquella mirada esmeralda, Sakura notó un leve corte que tenía en su ceja, se angustió enseguida.

—¡Q-Qué le paso Itachi-san! —exclamó con mucha preocupación. Itachi se sorprendió, sólo era una leve cortada, no imaginaba que reaccionaría de esa manera por algo tan simple. Lo que él no sabía, es que ella temía que su padre lo haya golpeado como lo hizo con Sasuke.

—Tranquila —dijo con una tierna sonrisa—. Me caí anoche, no es nada grave.

—No creo que usted sea así de torpe —dijo aun dudosa, no quería ofenderlo, pero aquello no le creía. Itachi soltó una risa acogedora, haciendo que Sakura se sonroje ya que había sido el motivo de esa sonrisa.

—Bueno, puede que sea torpe, no soy perfecto Sakura. Pero, lo que te digo es verdad, sólo que hay un pequeño detalle que no mencioné, me pasé un poco de copas.

Sakura lo miró con asombro, pero una expresión de desaprobación se adueñó de su rostro, haciendo que él Uchiha la mire con ternura, ella era adorable.

—No sabía que le gustaba beber, siendo sincera eso no me agrada, además se ha hecho daño. ¡No vuelva a hacerlo! Me ha asustado.

El Uchiha se sorprendió ante eso, estaba siendo regañado pero no se sentía indignado, al contrario, le parecía tierno y acogedor. Aunque, de repente recordó las fotografías que su padre tenía, ella y su hermano… no podía negar que eso le entristecía.

—¿Puedo hacerte una pregunta? —dijo un tanto dudoso. Quería saber de una vez por todas si ella tenía algo con su hermano, no podía negarlo, reconocía sus sentimientos y se había dado cuenta, que Sakura le gustaba. Pero, si ella salía con su hermano… definitivamente quería saberlo… pero… tal vez no sea lo mejor.

—Adelante, seré sincera —respondió con una sonrisa divertida. Sentía miles de mariposas en el estómago, trataba de actuar normal pero no sabía si lo estaba logrando. Lo observó, curiosa ante lo que él quería preguntarle.

—¿Te gustan los animales? —soltó de repente. En sus adentros se sentía realmente estúpido, después de todo no se atrevía a preguntarle si tenía una relación con su hermano. Sakura se quedó seria durante unos segundos, pero empezó a reírse de repente.

—Lo siento —dijo aun riéndose ante lo ocurrido—. El ambiente se puso un poco serio e imaginé que preguntaría algo, no sé, diferente. Pero no, me preguntó aquello y no pude evitar el sentir gracia. Perdón, perdón… —dijo mientras se limpiaba una lagrimita, terminó por contagiarle la risa al Uchiha, el cual ahora él era quien sonreía, le encantaba esa mujer.

—Sí Itachi-san, me gustan muchísimo, si pudiese salvar a cada animal indefenso que habita en este horrendo mundo, lo haría, pero es un tanto imposible —dijo con tristeza.

El Uchiha posó su mano en la cabeza de la chica y revolvió su cabello con suavidad.

—Eres una buena persona.

Sakura se sonrojó enseguida, sintiendo como su corazón palpitaba a mil por hora, se sentía como una cobarde, pero debía irse cuanto antes. Aun no podía hacerle frente a lo que sentía.

—B-Bueno Itachi-san, debo ir a clases —le dijo con una sonrisa nerviosa, él la miró curioso—. No vuelva a beber, se hará daño de nuevo.

El pelinegro asintió y observó como ella sonreía, mirándola maravillado.

—Mucha suerte Sakura, pero otra cosa… —dijo el Uchiha tomando la atención completa de la ojijade, su tono de voz cambió a una más seria—. No dejes que nadie te intimide, eres fuerte, sé que podrás lidiar con cualquier cosa que se presente.

Sakura lo observó con melancolía, al parecer él también se dio cuenta de cómo la miraban y el cómo esas personas susurraban una que otra estupidez. Asintió con una pequeña sonrisa, haciendo que el Uchiha se sienta aliviado.

Sakura se marchó rápidamente, revisó la hora, aun le quedaban unos minutos. Se dirigió al sitio de los lockers, pero se encontró con algo desagradable. Había personas que rodeaban su casillero, escuchaba risas y susurros por parte de las personas que se encontraban en el lugar. Al verla, se alejaron un poco del lugar, ella se acercó y se posó frente a su casillero, este se encontraba rayado con algunos insultos hacia su persona, no podía estar más sorprendida. Regresó a ver a aquellas personas con mucha incredulidad, trató de limpiarlo pero no funcionó, era marcador permanente.

«MUGROSA»

«ESTE LUGAR NO ES PARA POBRES»

«MALDITA BECADA»

Dejó de leer enseguida, sólo la hacía sentir peor. Su pecho empezó a doler, aquellas personas empezaron a burlarse de ella, escuchaba lo que decían, no entendía porque siempre tenían que molestarla, lo detestaba. Su mirada se posaba en el suelo, apretó el puño con fuerza, trataba de contenerse.

Itachi-san… ¿Cómo se supone que deba lidiar con esto?

Yo… no puedo…


Lamento haber actualizado después de tanto tiempo, pero poco a poco trato de superar lo de mi madre y se me ha hecho todo tan... difícil. Espero disfruten de este capítulo, tal vez lo esté editando luego, ya que aún siento que no lo he hecho bien... Agradecería aunque sea una pequeña opinión, muchas gracias por su paciencia... Los quiero mucho.