By: Messel
12
Alejados del mundo.
Sasuke aún se encontraba escondido tras los finos cabellos de Sakura, la imagen al verla tan destrozada aun retumbaba en su mente. En su alma arraigaba el sentimiento nato de desesperación que aun se apoderaba de cada centímetro de su cuerpo. Sentía como un enjambre de emociones cruzaba por su pecho, la ira irremediable no cesaba y por supuesto que no lo haría. Esos mal nacidos la habían golpeado como si de un saco de basura se tratase, habían intentado violarla. ¿Cómo es que había personas tan repugnantes carentes de un sano juicio moral? Sólo eran unos asquerosos mal nacidos que no hacían más que pudrir ese cruel e insano mundo. Sus ojos traicionaban su mente mostrando un ataque de pánico imperioso. No podía estar tranquilo, en su mente rondaba la posibilidad de qué hubiese pasado si llegaba segundos después. Se alejó levemente y su rostro se ensombreció al observar al desgraciado que le había hecho aquello, una ráfaga de rabia se instaló en sus ojos.
Se percató como la persona que tenía en sus brazos jadeaba por la dolencia que su cuerpo abrigaba, suponía tenía un impacto emocional bastante severo haciendo que su respiración se tornara dificultosa y pausada. ¿Y cómo no estarlo? Cualquiera en su sano juicio al momento de vivir algo tan fuerte estaría más que horrorizado, sintió su cuerpo temblar y lo único que atinó a hacer fue aferrarla más a sus brazos, jamás podría comprender lo que ella sentía en ese momento. Si él estaba roto imaginada la posibilidad del infierno que ella estaba presenciando.
Sakura tiritaba de la desesperación, sus sollozos desgarradores poco a poco iban cediendo sintiéndose así un poco más calmada al estar en brazos de alguien que conocía. No estaba sola, la habían salvado y tenía que tenerlo en cuenta. Su labio tembló al recordar con pesadez que no era la primera vez que estaba sujeta a ese tipo de violencia, estaba cansada de ser tan despreciada en ese mundo por personas tan crueles y despiadadas. Ahogó un suspiro al sentir cómo le quemaba ciertas partes de su cuerpo, sintiendo punzadas en cada hematoma creado por aquél desgraciado que se encontraba inconsciente en la fría baldosa.
Sintió un amarre en sus entrañas al fijar sus ojos verdes al causante de su agonía, apretó con suavidad el brazo del pelinegro al temer que volvería a hacerle daño. Sentía como los fuertes brazos del Uchiha rodeaban su espalda, abrió la boca con la intención de decir algo pero las palabras no salían de su boca, al contrario, sintió un sabor metálico expandirse por su lengua, imaginó que era el líquido carmín que salía de sus labios tras estar seriamente herido. Su mente se nublo durante una fracción de segundo sintiéndose mareada, intentó hablar nuevamente, pero su voz era apenas imperceptible.
Los orbes del Uchiha la observaron alarmado al verla tan débil de repente, haciéndolo despertar de su estupor. Si algo era cierto, es que su mente se encontraba buscando soluciones, sin embargo, no era el momento para seguirse lamentando ante la situación que había ocurrido debido al inminente descuido. No tenía tiempo para pensar en que haría, ya descubriría después las acciones que debería tomar.
Debía actuar.
Se levantó del lugar cargando a Sakura en sus brazos sorprendiéndose de lo liviana que era. Se fijó en los orbes verdes de la pelirosa, notando en ellos como su ceño se fruncía ante el repentino movimiento, imaginaba lo mucho que debía dolerle, pero era algo necesario, sabía que debían abandonar el lugar. Sus ónix escrutaron su delgado cuerpo, haciendo un análisis rápido de la variedad de moretones y cortadas que tenía en su blanquecina piel.
Sasuke escondió una mueca de disgusto. Observó por última vez a aquel imbécil que se encontraba tirado en el suelo, su mirada reflejaba tanto desprecio que si no fuese por Sakura, no le hubiese importando en absoluto abandonar su humanidad y lo hubiese golpeado hasta que su voz se sellase en el averno. Pero debía tragarse esa amargura y concentrarse en algo más importante que debía hacer en ese momento: Llevarse a Sakura.
Avanzó por el pasillo con rapidez, un poco más calmado ante la ira acumulada que sentía anteriormente. Las luces se mantenían apagadas dificultando el camino, sin embargo, el olor a cigarrillo seguía siendo inundado por todo el lugar haciendo que Sakura empezara a toser levemente. Sasuke lo notó sabiendo que debía apresurarse hacia la salida. No obstante, pese a que la visibilidad era escaza, había captado la atención de algunas personas con sorpresa reflejada en sus rostros al ver el estado de la mujer que cargaba en sus fuertes brazos. Muchos presentes se alarmaron —era de esperarse—, mientras que otras se quitaban de su camino con la intención de no estorbar. Nadie se atrevía a entrometerse, haciendo que Sasuke agradezca mentalmente por tan grato detalle. Pese a todo no podía perder el cinismo.
Una encantadora mujer observó la escena con notoria curiosidad, sus orbes se posaron en aquél atractivo hombre mirando expectante la situación que se daba. Entrecerró los ojos fijándose en la persona que cargaba en sus brazos, su mirada se explayó de sorpresa al reconocer aquellas largas hebras rosadas.
—¿Sakura? —pronunció casi en un susurro, su cabellera era inconfundible. Parpadeó diversas veces intentando asimilar si no era parte de su imaginación, después de todo la copa que tenía en su mano no era de adorno. Empezó a caminar cuando su cita se lo impidió al tomarla del brazo haciendo que lo mirara. Desvió la vista observando una vez más a esa mujer, cerró los ojos y negó con la cabeza, observó por última vez como ese hombre se alejaba, lo miró suspicaz hasta que despareció entre la multitud.
El pelinegro se dirigió al auto y ayudó a Sakura a entrar en el asiento de copiloto. La aseguró con el cinturón de seguridad con cuidado de no tocar sus lesiones, una vez cumplió su cometido se detuvo un momento al notar lo cerca que estaba de ella. Sus orbes se pasearon por su lastimado rostro terminando por llevar una mano a sus labios. Limpió el rastro de sangre que caía de su boca hasta llegar al mentón creando una mueca de dolor por parte de Sakura. El Uchiha retiró su mano rápidamente y la cerró en un puño, sus nudillos estaban blancos, y las venas de sus manos sobresalían ligeramente de su piel. Apretó la mandíbula ante el coraje que sentía. Cerró la puerta, rodeo el auto y entró. Estaba tan perturbado que lo único que se le vino a la mente era llevarlo a su casa.
Su mente estaba bloqueada ante la imagen que sus ojos percibían. Después de todo no podía simplemente permanecer tranquilo ante el furor que aun sentía.
Durante los primeros minutos el recorrido era incómodo adornado de un silencio insondable. Sakura abrió los ojos con mucha pesadez mientras dirigía la mirada hacia un costado, confundida. Sus ojos verdes se clavaron en el pelinegro que se encontraba frente al volante. Notó que estaba en su propio mundo, se percató de cómo sus cejas se fruncían y su mandíbula se tensaba.
—Sasuke… —Pronunció sacándole de su confuso ensimismamiento provocándole un pequeño escalofrío. Lo primero en lo que él se fijo es en esos preciosos ojos verdes. La voz que había pronunciado su nombre era bastante débil, semejante a un ligero susurro.
—¿Qué sucede? ¿Sientes alguna molestia peor? —Volvió la vista al frente debido a que estaba manejando. Sasuke regresaba a verla por ratos debido a que no decía palabra alguna después de su pregunta. Notó por el rabillo del ojo que empezaba a reincorporarse un poco mientras jadeaba de dolor al moverse de su anterior posición.
—¿Dónde… está la pluma? —Era lo primero que se le vino a la mente al notar que ya no la traía en su mano, después de todo, era la razón por la cual fue a aquél lugar. No quería que todo haya sido en vano.
Sasuke tomó una bocanada de aire, incrédulo, cuando se recobró de la sorpresa inicial notó casi físicamente como se le oprimía el corazón. Crispó los ojos ante la furia que sentía. ¿Cómo era posible preguntar por ello estando ella en ese estado? Era increíble. Todo había sucedido por culpa de esa estúpida pluma, por culpa suya, literalmente. Al no escuchar una respuesta de su parte, Sakura empezó a tocar levemente los bolsillos de su pantalón y palpar a los lados del asiento, teniendo en mente la posibilidad de que tal vez se le había caído.
Sasuke la observó por una fracción de segundo, sentía severa frustración. ¿Qué demonios pasaba con ella? No la entendía en absoluto. Acababa de recibir tal vez la golpiza de su vida, pero actuaba como si nada le hubiese pasado, se preocupaba más por un objeto que por sus propias lesiones. Chasqueó la lengua, no quería enfadarse con ella pero era imposible. No tenía ni pizca de amor propio. Se dignó a responder con mala gana, todavía sentía como su pecho se oprimía ante las acciones de esa mujer.
—Yo la tengo —dijo secamente. Su vista se posaba al frente una vez más, apretó el volante con fuerza tiñendo sus nudillos de blanco—. Deberías preocuparte más por tu estado y no por una estúpida pluma.
Tras escucharle decir eso, Sakura se detuvo y cerró los ojos liberando un pequeño suspiro, sintió un alivio inmenso al saber que él lo tenía. Una pequeña lágrima traviesa salió por el rabillo de su ojo, desvió la mirada esperando que el Uchiha no la haya visto, sabía que él tenía razón, y también sabía que fue demasiado ingenua al ir sola a ese tipo de lugar. Fue un impulso que iba a lamentarlo por un buen tiempo, temblaba cada vez que imaginaba lo que hubiese acaecido si Sasuke no hubiese llegado.
De repente, la duda se instaló en su mente. ¿Cómo supo él que estaba ahí? Posó su cabeza en el vidrio de la ventana manteniéndose en mudez. Sakura sabía amargamente que no era el momento adecuado para preguntarle, además, no se sentía con la fuerza necesaria para entablar una penosa conversación. Estaba débil y lo menos que quería agregar a su pésimo día era pensamientos más agobiantes de los que ya tenía.
El resto del camino se conservó en completo silencio. Ninguno tenía la intención —ni las ganas— de decir una palabra. Cada uno estaba ensimismado en su propio mundo, revuelto en un enjambre de lamentos luchando arduamente en conseguir prósperas soluciones que no llegaban. Sin embargo, Sasuke la observaba cada vez que podía estando atento a su estado y a una posible complicación que podía sentir, pero el rostro de Sakura estaba bastante relajado. Ella mantenía los párpados cerrados, pero él no se alarmaba, sabía que estaba consciente lo cual lo aliviaba.
Una vez llegó a su destino, no pasó mucho tiempo cuando la volvió a tomar en sus brazos y, con mucha cautela, se adentró en la mansión. Era bastante precavido y trataba de no hacer ningún ruido, lo menos que quería es que alguien lo descubra en una situación para nada normal. Para suerte del Uchiha y agradeciendo mentalmente, ninguna empleada se percató de su presencia, después de todo había llegado la noche y afortunadamente su horario laboral concluía.
A pocos metros de él, observó la puerta de su dormitorio y se dirigió rápidamente hacia el lugar. Estaba a punto de llegar cuando su hermano apareció por el lado contrario del pasillo, traía un libro en su mano bastante concentrado en su lectura. Sasuke se paralizó al verlo, mientras que Itachi se percató de su presencia, sus orbes negros lo observaron curioso, hasta que poco a poco se agrandaban con severo horror al notar a la persona que él traía en brazos.
—¡¿Sakura?! —El libro cayó al piso mientras se acercaba a grandes zancadas hacía ella. Su oscura mirada reflejaba un pánico inminente, siguió examinándola con la mirada, aturdido, tenía diversas magulladuras en su cuerpo. Itachi se bloqueó mentalmente, observó el pálido rostro de Sakura, estaba cubierta de sangre sobre todo en la parte de su boca. La ropa de su hermano también se veía salpicado del líquido carmín.
Abrió la boca sin saber que decir, estaba en shock, llevó las manos hacia las mejillas de la pelirosa y empezó a nombrarla con la esperanza de que esté viva. Sin embargo, ella no respondía, observó a su hermano con terror esperándose lo peor.
Empezaba a perder la cordura, no sabía que estaba pasando. Deseaba que no fuera real.
—¡¿Qué demonios le ha pasado?! ¡Por qué estás tú con ella! —Itachi estaba alterado. Sabía en sus adentros que tenía que pensar con cabeza fría, pero era imposible intentar relajarse, no al verla en ese estado, tan herida, tan lastimada. Ni siquiera sabía si estaba viva, no quería pensarlo, le desgarraba el corazón.
Al escucharlo, Sasuke estaba un poco más pálido de lo que era habitual en él. Desvió la mirada ignorando sus palabras, no podía quedarse más tiempo ahí arriesgándose a que alguien más los viera. Empeorando solamente las cosas, lo cual ya estaban bastante complicadas. Su mente sólo se centraba en alguien y esa era Sakura, si su hermano quería respuestas, será después. Tenía algo más importante que hacer, como empezar a tratar a la pelirosa.
Se adentró a su habitación ante la alterada mirada de su hermano, dejó a Sakura en su cama con mucho cuidado de no lastimarla más de lo que ya estaba. Itachi entró detrás de él totalmente furioso, sus ojos desprendían fuego al no haber recibido una respuesta, solamente lograba que se sienta más aterrorizado. Observó a su hermano ir hacia el otro lado de la habitación, dejó de verlo y fijó la mirada en Sakura, que ahora se encontraba en la cama. Apaciguó el rostro enarcando las cejas en sigo de preocupación, se acercó hacia ella y con ambas manos tomó sus mejillas con mucha delicadeza.
—Sakura... —La observó, estaba muy lastimada. Notó como su pecho se movía levemente, ella respiraba, eso fue suficiente para que su alma regresara al cuerpo. Cerró los ojos dando un largo suspiro al sentir como se le quitaba un enorme peso de sus hombros, estaba tan tenso y angustiado, se había asustado tanto, pero ella estaba viva.
Regresó a ver a Sasuke aun enojado por no recibir una respuesta de su parte, necesitaba saber que había pasado, no podía dejar de estar intranquilo, este último buscaba algunas cosas en un cajón—. ¡Sasuke! ¡Dime que sucedió, maldición!
Itachi estaba angustiado, nervioso. En sus pupilas se reflejaba el temor al especular que su padre tuvo algo que ver con el estado de Sakura, no perdonaría el hecho de que haya faltado a su palabra, que le haya dejado en ese estado. De sólo pensarlo le hervía la sangre, después de todo nunca podía proteger a los que amaba y eso le dolía. Chasqueó la lengua y apretó sus puños, no podía con los nervios y peor aun cuando su hermano ni respondía. Se acercó a él y lo tomó bruscamente del brazo, no tenía los ánimos para tenerle paciencia a Sasuke, no en esa situación.
—Dímelo ahora.
Sasuke observó a su hermano con bastante culpabilidad tomándole por sorpresa, Itachi relajó el rostro, no se esperaba tal expresión de su parte, no lo había visto de esa manera después de muchos años. Lo observó con determinación, con más razón necesitaba saber qué diablos había pasado.
—En la universidad, ya saben que ella es becada —aseguró con todo adusto. Itachi no parecía sorprendido, recordó que ese mismo día la pelirosa tuvo un altercado con una mujer, se dio cuenta que la habían descubierto—. A Sakura le tendieron una trampa, alguien tomó su pluma y la citaron en un lugar para devolvérsela. Ella cometió el gran error de ir a ese lugar, sobre todo sola, cuando llegué ella estaba tumbada en el suelo cubierta de sangre. Un hijo de puta intentó violarla.
Los ojos de Itachi se abrieron de par en par, una llama se encendió en su pecho al escuchar lo que le había ocurrido. Estaba incrédulo, soltó a su hermano y se giró mirando al techo, intentaba relajarse ante la incontenible rabia que sentía en ese momento. Regresó a verlo con acritud en su mirada.
—¿Huyó? —inquirió con furia en sus ojos. Sasuke sonrió ladinamente.
—¿Huir? Jamás lo hubiese permitido. Estaba a punto de matar a golpes a ese hijo de puta, pero Sakura me detuvo. No volverá a acercarse a ella, de eso estoy seguro —alegó con bastante seguridad. Itachi apaciguó el rostro, era lo que esperaba escuchar. Él hubiese hecho lo mismo, por más tranquilo y compasivo que él parezca, lo hubiese matado a golpes.
Observó cómo su hermano proseguía a sacar algunas cosas de un cajón. Itachi aún tenía dudas con respecto a lo sucedido, el temor de que su padre esté involucrado en ello le carcomía la mente. Tendría que averiguarlo por su propia cuenta. No obstante, verla así, le destrozaba el alma.
Sasuke se dirigió a una repisa ante la atenta mirada de su hermano, sacó un botiquín médico y lo dejó en una pequeña mesa.
—¿Estará bien? —Se atrevió a preguntarle. Sasuke desvió la mirada hacia Sakura, iba a responder cuando empezaron a escuchar pasos por el pasillo.
—¿Y esto? —Escucharon decir a través de la puerta—. ¡Sasuke!
—Maldición —dijeron ambos al unísono. Dirigieron la vista alarmados hacia la ojijade, era su padre, y no podían permitir que entrara, de lo contrario la descubriría y las cosas sólo se complicarían.
Itachi observó a su hermano, su padre no podía ver a Sakura ni mucho menos a Sasuke, la ropa de su hermano estaba cubierta de sangre, además de que la prioridad en ese momento es que tenía que tratar las heridas de Sakura. Tenía que hacer algo o de lo contrario se meterían en serios problemas. Debía actuar.
—No salgas de aquí, Sasuke. Me encargaré de papá, tú concéntrate en ella ¿de acuerdo? — Sasuke asintió nervioso y se dirigió hacia Sakura. Escuchó la perilla de la puerta ser levemente girada, Itachi se acercó rápidamente hacia la puerta, la terminó de abrir, salió y cerró la puerta detrás de sí.
—¿Tú que haces aquí, Itachi? —Fugaku lo observaba expectante y curioso.
—Estaba ayudando a Sasuke con unos temas complejos de la universidad. Ahora mismo se encuentra estudiando, así que decidí no molestarlo.
Su padre frunció el ceño, pero le restó importancia, después de todo recordó que debía hablar con Itachi referente al tema hablado con su hermano, el emperador. Seguía sin agradarle la idea de que Itachi ahora se ocuparía de las empresas Uchiha, es algo que le tocaba aceptar difícilmente. Algo irónico tal vez, ya que Fugaku depositó toda su confianza en su hijo mayor, era quien iba a ser su sucesor, la persona que nunca le ha desobedecido ni ha fallado, a diferencia de Sasuke. No obstante, todo aquello se ha esfumado arraigando consigo una enorme desconfianza, desde el momento en que decidió proteger a esa mujer. Pero, si quería llegar a ser primer ministro, tenía que aceptarlo a regañadientes. Sólo tenía que ser precavido.
—Supongo esto es tuyo —Le extendió unos papeles que había recogido del piso e Itachi los tomó, no se había acordado que los tiró al piso al ver a la pelirosa en ese estado—. Sígueme, tenemos que hablar.
Itachi lo observó con cautela, en sus adentros se preguntaba si de verdad le hizo daño a Sakura, ya que actuaba como de costumbre, aunque con lo que respecta a su padre todo se podía esperar. Él lo conocía demasiado bien para su gusto.
Fugaku dirigió un último vistazo a la puerta de Sasuke para después abandonar el lugar junto con Itachi. Este último suspiró aliviado, al menos su hermano ahora podía tratarla sin problemas, sin embargo, no podía dejar de estar preocupado, no cuando su mente no dejaba de recordarla.
Sasuke alistó todo lo que necesitaba en una pequeña mesa de noche que estaba al lado de su cama. Se lavó muy bien las manos y se acercó a Sakura, era el momento de limpiar sus heridas. Le retiró delicadamente la chaqueta que él le había puesto después de lo que había ocurrido, puesto que no traía blusa. Una vez le quitó aquello, observó lentamente su cuerpo, notando cada lesión que resaltaba en su blanquecina piel. Se sintió un tanto apenado al verla, nunca imaginó que viviría una situación así con aquella mujer de ojos verdes, su cuerpo era delgado y su piel tan blanca como la nieve. Una mueca de disgusto se formó en su rostro al notar como aquellos moretones y magulladuras opacaban su blanquecina piel, distinguió que algunas heridas eran más serias que otras, algunas sangraban y otras apenas se notaban. Observó su rostro con tristeza, estaba tan lastimada… Crispó los ojos al notar que estaba sudando, llevó una mano a su frente, efectivamente, tenía fiebre.
El pelinegro se levantó mientras tomaba un par de toallas, se dirigió a remojarla en agua fría, la escurrió y puso una en la frente de Sakura y otra en su abdomen. Sakura se encogió ante el repentino frío que acarició su cuerpo, Sasuke se percató de ello, pero no tenía opción, aquella fiebre tenía que bajar. Ella abrió los ojos un tanto perdida e intentó reincorporarse, se percató de que estaba sin blusa, se cubrió con ambas manos algo asustada al no saber dónde se encontraba, se sintió demasiado confundida. Sasuke la observó y tocó sus hombros para recostarla de nuevo, Sakura se estremeció al contacto de sus frías manos, regresó a verlo con cautela, no entendía que estaba ocurriendo. ¿Qué estaba haciendo? Un ataque de temor inminente se apoderó de ella, bajó la vista hacia las manos que la sujetaban. Horrorizada, aquél último ataque hacia su persona definitivamente la dejó muy mal.
—Soy yo, Sasuke, no te haré daño Sakura. Somos médicos, no tienes por qué tener, estarás bien, cuidaré de ti —Sus orbes verdes se posaron en Sasuke, crispó los ojos con pesadez para después tratar de levantarse fallando en el intento. Sólo quejidos de dolor salían de su boca—. No seas necia, estás herida, al menos por esta vez déjate vencer y quédate quieta, maldición.
Poco a poco Sakura empezaba a comprender lo que estaba sucediendo, al menos sabía que era el Uchiha y no alguien que no conocía, él la estaba cuidando. Relajó su cuerpo y desvió la mirada, se sentía mal y avergonzada. No tenía más opción que resignarse. Dejó de cubrir su pecho y se recostó nuevamente, él tenía razón, eran médicos, no tenía por qué sentir pena el que la vea de esa manera. Tragó saliva y desvió la vista hacia un lado, dejaría que Sasuke haga lo que tenga que hacer, sabía muy bien que necesitaba cuidados médicos y agradeció mentalmente que tenía uno a su lado.
Sasuke la observó aliviado, notó como su cuerpo se relajaba y daba a entender que podía comenzar cuando le apetezca. Sonrió levemente, después de todo hasta la persona más terca cedía. Tomó el alcohol de la mesa y lo untó en una gasa.
—Esto te quemará y sentirás ardor, respira hondo.
Ella obedeció y tomó aire, él empezó a limpiar sus heridas una por una, Sakura se sobresaltaba cada vez que tocaba sus heridas, sentía cómo empezaba a quemarle cuando el alcohol hacia contacto contra su lastimada piel, le ardía tanto. Se retorció levemente y arqueaba su espalda en signo de dolor, soltaba leves jadeos mientras trataba de aguantar lo más que podía. Pero, llegó a un punto donde se tornó insoportable y simplemente no podía más. Llevó su mano hacia el brazo de Sasuke y lo sostuvo con una mirada suplicante.
—Detente, por favor.
Sus oscuros ojos la observaron con culpa, se sintió mal por ella, pero debía limpiar sus heridas, de lo contrario se infectaría y sólo acarrearía problemas mayores.
—Sólo falta un poco más, resiste Sakura.
Ella lo soltó un tanto molesta, pero sabía que tenía razón, debía aguantar. Quitó la toalla que estaba en su frente y la tiró a un lado, sentía que todo le estorbaba en ese momento. Cerró los ojos con fuerza y desvió la mirada, dando a entender que podía comenzar nuevamente y así fue, él continuó con su labor y empezó a desinfectar las heridas que tenía en sus costillas. Sakura se sentía incómoda, nunca estuvo en una situación similar donde su cuerpo esté al descubierto frente a un hombre, se sentía tan apenada y en cierta parte agradecía que el dolor apaciguara la vergüenza que sentía. Pero, lo que ella no sabía, es que Sasuke se sentía tan incómodo como ella, de alguna forma se sentía bastante nervioso. Limpió otra contusión en su costilla y finalizó con una que tenía en su otro brazo.
—Bien, terminé con tu cuerpo, ahora déjame verte.
Ella abrió los ojos al escuchar aquello, aun le quemaban aquellas heridas pero al menos ya no sentiría más dolor aparte del que ya tenía. Finalmente, Sasuke acudió a su rostro y la observó con detenimiento, la parte de su pómulo estaba ligeramente verdoso y algo morado. Su ceja sangraba levemente acompañado de un ligero hematoma. Llevó la mano a su mentón el cual estaba con residuos de sangre que se había secado, lo limpió con suavidad. Ella lo observaba atenta mientras que Sasuke apretó los dientes al verla, sentía tanta rabia, en serio quería matar a ese malnacido.
Trató de relajarse y prosiguió, dio pequeños toques en la parte de su labio inferior, el cual se encontraba ligeramente partido y aun salía sangre de él. Ella contrajo el rostro ante la sensación de ardor, aquellos orbes tan oscuros la miraban con reproche, enojado e impotente. Se percató de que el Uchiha estaba tenso, lo observó cautelosamente pero no se esperaba que sus ojos como pozo estuvieran fijos en los de ella.
Sasuke sintió demasiada frustración, mordió su labio inferior con fuerza y ágilmente apoyó ambas manos en la cama, en cada lado de Sakura. Apretó sus puños hasta el punto de que se tornaron blanquecinos y sus venas sobresalían. Sakura lo observó con sorpresa, pero no duró mucho cuando en ella se mezcló severa culpabilidad. Él tenía un nudo en la garganta, agachó la cabeza cerrando sus ojos con fuerza y se levantó del lugar bruscamente dándole la espalda. Estaba atormentado. No podía verla así, le dolía, le recordaba a ella, a su madre. A su asqueroso pasado. Empezaba a darse cuenta que le importaba y se había demorado tanto en aceptarlo. Tal vez, él hubiese podido protegerla, ella no estaría de esa manera, tan herida, tan lastimada.
—Gracias… Sasuke —pronunció apenas.
El pelinegro regresó a verla destrozado además de estar más furioso que antes. Se acercó a ella en zancadas y la escrutó con la mirada, dolido.
—¿Gracias? —repitió irónicamente con una sonrisa burlona. Endureció el rostro—. ¡No entiendo cómo puedes agradecerme! ¡Lo único que puedo hacer ahora es simplemente tratar tus heridas! ¿Acaso eso es digno de agradecer? —Ella desvió la mirada con tristeza—. ¡Pude al menos haberte evitado todo esto por esa estúpida pluma! ¡Mira cómo estás! ¡No pude evitar que te haya pasado esto, maldición!
Estaba descontrolado, se podía notar la angustia en su mirada. Tenía miedo y eso era evidente. De repente el Uchiha sintió algo cálido en su mano, ella lo sujetó y lo atrajo un poco obligándola a verla, sus ojos emanaban tristeza e impotencia. El no apartó la vista de aquella preciosa mirada, retomó su posición apoyando una vez más las manos en la cama, rodeándola, teniéndola acorralada. Ella lo observaba con tristeza y agradecimiento.
Hubo un momento de silencio incómodo que pesó en el aire.
—Me salvaste, Sasuke. Gracias por haber estado ahí, perdóname… por ser una molestia una vez más.
Él la observó confundido pero poco después fue reemplazado por resignación, sentía dolor y ella lo notaba, sabía que su corazón estaba herido.
—No entiendo que me ocurre contigo —soltó el pelinegro casi en un susurro. Agachó la cabeza desviando la mirada a un costado, asimilando lo que pasaba en ese momento por su mente y tratando de encontrar una explicación del porqué razón su corazón latía con desenfreno. Sakura lo observaba atenta, él regresó la vista a ella y la observó con mucho más profundidad y anhelo. Sin darse cuenta empezaba a acercarse cada vez más.
—Sasuke… —Su mirada no se apartaba de aquel ónix hipnotizante.
—¿Por qué demonios haces que me sienta de manera diferente? —Se acercó un poco más—. ¿Qué has hecho conmigo? —La observó con profundidad buscando una respuesta en esos preciosos ojos verdes.
Ella se sorprendió ante sus palabras, ante su repentina cercanía. Podría jurar que sentía su respiración, una llama en su corazón empezaba a encenderse, como si en ese momento el tiempo se haya frenado, tomándolo a ellos dos como rehenes de un momento íntimo, lejos de aquella cruda realidad. En un momento en donde podían ser sinceros, ser ellos mismos. Donde su corazón mandaba y su sentido común se escondía tras aquél abismo de emociones.
Sus ojos verdes lo miraron con sigilo, era la primera vez que veía al Uchiha tan derrotado, tan preocupado, débil. En su mente resonaron aquellas últimas palabras que le habían atravesado el corazón. Una pregunta que últimamente también rondaba por su mente. Desvió la vista, él también la hacía sentirse distinta, desde la primera vez que lo vio aquellos ojos negros la aprisionaron. Demandando un gran poder sobre ella.
Tragó saliva ante su cercanía, el olor de su perfume era bastante embriagador, un aroma exótico de acuerdo a su personalidad. Sus ojos verdes lo volvieron a mirar, haciendo que el pelinegro se pierda en su mirada, en sus cautivadoras pupilas.
—Es algo que también pretendo descifrar, los sentimientos que se inquietan al verte.
Aquellos orbes negros se abrieron con leve sorpresa. ¿Acaso acababa de confesar que le ocurría lo mismo? Sintió algo de adrenalina de repente, se sentía emocionado, con una satisfacción interna que le decía que era lo que quería escuchar. Dirigió la vista a sus labios, tan rosados y a la vez lastimados. Se acercó con sutileza hacia ella, en una manera elegante de estar a centímetros de su boca. Sakura se estremeció, pese a que no pretendía impedirle, su corazón le jugaba la contraría. Cuando sus labios estaban a punto de rozarse, Sakura cerró los ojos sintiendo su aliento, el Uchiha susurró provocándole un escalofrío que le calaba hasta los huesos.
—No entiendo que pretende mi corazón, pero por esta vez no puedo oponerme ante lo que deseo —Sus labios se rozaron levemente—. Y lo quiero ahora, es a ti, Sakura —Dio un respingo al escuchar su nombre—. Estoy malditamente loco por ti.
En un movimiento ágil, con sus manos tomó el rostro de Sakura y junto sus labios con los de ella en un suave y delicado beso, pero con notoria necesidad. Sakura se dejó llevar por lo que su corazón sentía, tímidamente lo sujetó de la camisa atrayéndolo un poco más hacia ella, sus labios se movían en un compás suave y apasionado.
Todo sucedió demasiado rápido, como si, por un segundo, estuvieran sólo ellos, aislados de todo, alejados del mundo.
Muchas gracias por leerme, creo que esperé a publicar este capítulo justo ese día como un regalo para mi misma por mi cumpleaños. Estoy a menos de una hora para que este dia termine, ha sido un poco triste, sobre todo por la muerte de mi madre y el que no vuelva a decirme un ''Feliz cumpleaños'' pese a que nunca le vi el lado bueno en ello. Realmente me siento mal por eso.
Pero, aquí estoy, cumpliendo mis 20 años, donde siento que ha pasado el tiempo demasiado rápido y ni me he dado cuenta. De verdad muchísimas gracias por leerme, para mi, es le mejor regalo que recibo de ustedes por cada lectura que me dan, por cada comentario que no saben qué tan feliz me hace. Estaré respondiendo comentarios anteriores, ya que no he estado por aquí. ¡Los quiero mucho! Y en serio, gracias por darme la oportunidad de ofrecerles una pequeña historia. Aun quiero aprender mucho más y mejorar. Todo esto le dedico a mi hermosa madre que espero esté a mi lado ahora, todo lo hago en su memoria... todo...
¡Hasta la próxima! Los quiero bastante.
PD: Este capítulo arraigó 9k de palabras, así que tuve que cortarlo, lo que quiere decir que, pronto habrá otra actualización. Nos veremos pronto, por favor, dime que tal te pareció, estaré ansiosa por leerlos... De verdad. :')
