By Messel.


15

Una parte de mi.

Sus brillantes ojos verdes se abrieron de par en par, encontrándose con aquellos pozos negros mirándola de forma profunda. Por un instante intentó descifrar qué pretendía, pero era imposible pensar demasiado cuando aquellos orbes tan oscuros la atrapaban. Una vez más se dejó ganar por los impulsos que su corazón demandaba, se acercó ante la mirada atenta del pelinegro, no lo pensó demasiado y entró al auto.

Sasuke curvó sus labios en una sonrisa casi imperceptible.

Una vez dentro del coche, pudo sentir que Sakura lo observaba. Regresó a verla haciendo que desvíe la mirada enseguida.

—¿Lista para saldar tu deuda? —Sus ojos verdes volvieron a verlo mostrando mucha curiosidad. No tenía ni idea de que planeaba el pelinegro, pero sí que le debía mucho.

— ¿A dónde iremos? —respondió con otra pregunta inmersa en un mar de curiosidad. Sasuke relajó el rostro, sorprendentemente se mostraba muy sereno.

— Lo sabrás pronto —mencionó mientras se acercó a ella y abrochaba el cinturón de seguridad. Sakura se estremeció ante su cercanía, su perfume seguía siendo tan embriagador. Una vez más se cuestionaba porque le hacía sentir de esa manera. Todo había sido tan repentino.

Sasuke se alejó suavemente y movió la comisura de su labio en una diminuta sonrisa ladina. Había llegado el momento de marcharse.

En un lugar más lejano, Itachi aun sonreía con tristeza, su oscura mirada se posó en aquellos ojos sorprendidos que lo escrutaban con inquietud.

—Mamá —musitó en un hilo de voz. Se acercó a ella sin pensarlo dos veces y la envolvió en un fuerte abrazo. Sí, era su madre, la mujer que tanto odiaba Fugaku y quien detestaba su hermano. Había pasado tantas cosas, pero el único que podía entender todo lo acontecido era él, Itachi, quien fue espectador y testigo de lo que en verdad ocurría. No podía odiar a su madre, no cuando entendía las razones del porque se marchó.

Ella seguía sorprendida, más aun por la expresión que Itachi cargaba en su rostro. Se separó un poco de él sin apartarse de su abrazo, tomó sus mejillas entre sus manos y con su oscura mirada lo observó con preocupación.

—¿Qué sucedió? —preguntó Mikoto, su madre. El Uchiha negó con la cabeza tratando de dejar el sentimentalismo de lado. Si bien quería refugiarse en algún lugar, que mejor manera de buscar calor en brazos de su madre. Pero, tampoco quería preocuparla u atormentarla con sus problemas, en ese momento quería olvidar lo que sentía y pasar tiempo con ella.

—No es nada madre, solo te echaba de menos —Volvió a abrazarla con mucho cariño, con una sonrisa más radiante. Se separó de ella sujetándola de los hombros—. ¡No ha pasado mucho tiempo desde que vine, pero parece que fue una eternidad! ¿Cómo estás?

Mikoto sonrió con mucha calidez. Ver a su hijo le daba una paz inigualable, siempre era atento con ella pese a todo lo que ha sucedido.

—Responderé a tu pregunta una vez entres, afuera está haciendo mucho frio y no quiero que te resfríes.

Itachi asintió y entró rápidamente. Mikoto le invitó a tomar asiento mientras ella se dirigía a la cocina y preparaba un poco de chocolate caliente para su hijo. No paso mucho cuando se dirigió hacia él y le extendió la taza.

—Ten, bebe un poco —Itachi la tomó haciendo que Mikoto sonría. Poco después se sentó en el sofá de al frente.

—No debías molestarte, mamá —Itachi se sentía en casa, definitivamente extrañaba los días en los que vivía con ella. Pero, todo tuvo que arruinarse e inevitablemente, sus caminos se separaron.

—Sabes que es tu favorito, no puedo dejar pasar la oportunidad de prepararte algo de chocolate caliente en un clima tan frío —mencionó su madre con voz dulce —. Anda, bebe un poco.

Itachi obedeció y tomó un sorbo, estaba delicioso. Le recordaba tanto cuando años atrás era muy común recibir aquel tipo de detalle de su madre, sintió mucha nostalgia en ese momento.

—¿Cómo estás madre? —preguntó amablemente. Era una alegría verla, pero por dentro aun sentía amargura tras lo sucedido con Sakura y su hermano. Trataba de aguantarse ese dolor y tratar de olvidar todo por un rato.

—He estado bien, cariño. Las cosas afortunadamente han estado tranquilas y eso es satisfactorio —Posó sus brillantes ojos negros en Itachi, el cual bebía un poco más de chocolate —. ¿Cómo estás tú…? ¿Todo está bien?

Una corazonada, es lo que sentía Mikoto. Sabia a la perfección que su hijo no tenía las cosas fáciles junto a Fugaku. Aquél hombre era muy atosigante y demasiado frio.

—He estado bien —Mintió. Regresó a verla con una sonrisa, no quería ser tan evidente al haber mentido con sus palabras. Itachi sabía que su madre sufría y él no quería darle más dolor del que había soportado todo ese tiempo.

Mikoto le devolvió la sonrisa, si algo era cierto, es que Mikoto tenía destrozada el alma, su hijo menor la odiaba y eso era suficiente para que sienta un gran hueco en su corazón. Agarró fuerzas de donde podía y se atrevió a hacerle la misma pregunta pese a que ya conocía la respuesta. Demasiado masoquista para su gusto.

—¿Sasuke sigue sin querer verme? —preguntó con nerviosismo. Llevó su mano a la nuca, siempre le ponía nerviosa el tener que escuchar esa respuesta.

Itachi desvió la mirada, haciendo que Mikoto cierre los ojos y de un gran suspiro. Estaba lista para escucharlo.

—Sasuke no quiere verte aun… —Observó a su madre la cual había desviado la mirada y su expresión se consumía en dolor.

—A veces siento que nunca podrá perdonarme.

Una lágrima resbaló por su mejilla, su pequeño niño, aquel que llevo dentro de su vientre, quien lo acompaño en sus primeros pasos y en sus primeras palabras. Él la odiaba y su corazón de madre se rompía en mil pedazos.

Itachi se acercó a ella y se puso en cuclillas, tomó la mano de su madre y le dio un suave apretón dándole fuerzas de esa manera.

—Sasuke aún es muy ingenuo, llegará el día en que se dé cuenta de cuan equivocado está. —Ella lo observó con sus cristalinos ojos, asintió levemente y lo abrazó con fuerza—. Él entenderá tu decisión una vez se digne a escucharte. Te perdonará, madre, lo prometo.

—Gracias, Itachi…

Este último se alejó un poco de ella y secó aquellas lágrimas con sus pulgares. Debía distraerla un poco así que le comentaría sobre el cargo importante que ahora le pertenecía. De esa manera la alejaba un poco de aquél pesar que su alma arraigaba.

—Tengo una noticia que darte, mamá —mencionó con seguridad. Mikoto observó los orbes oscuros de su pequeño, desbordando bastante curiosidad.

Mientras tanto, Sakura sentía un enjambre de emociones atorados en su pecho. La presencia del pelinegro la desconcentraba haciendo que aquél beso fluya en su mente. Su corazón seguía latiendo con fuerza, no se atrevía a verlo, temía encontrarse con aquellos ojos tan oscuros como la noche.

Sasuke la observaba de vez en cuando, se preguntaba así mismo miles de cosas que parecían carecer de sentido. Dirigió la vista al frente, no sabía si era lo correcto, pero era demasiado tarde para arrepentirse. Estaba a punto de mostrarle un poco de su alma.

No tardaron en llegar a su destino, Sakura no se había dado cuenta hasta que el Uchiha la sacó de su ensimismamiento.

—Finalmente… llegamos.

Ella lo observó con sorpresa, de repente escuchó el sonido del fuerte oleaje. Sus ojos verdes se explayaron aún más haciendo que mire al frente. Efectivamente, frente a ella se encontraba un infinito mar cuyas olas se mecían salvajemente, mientras que en aquellas aguas se veía reflejada la brillante luna del firmamento. Abrió la puerta del coche sin dejar de observar aquel precioso paisaje y bajó del auto. Una fuerte brisa meció sus cabellos otorgándole un escalofrió que le recorrió el cuerpo.

Sasuke la seguía con la mirada, no se perdía de ninguna expresión que aparecía en su rostro. Quizá después de todo, no fue mala idea llevarla a aquel lugar. Ahora conocía su escondite, una parte de él.

Salió del auto y no pasó mucho cuando sintió aquella fresca briza del mar que lo abrazaba una vez más. Aquel lugar le daba tanta paz, le brindaba aquello que tanto necesitaba, simplemente se perdía por un momento, alejado de todo, alejado del mundo.

Dio un gran suspiro al sentirse en casa, desvió la mirada hacia Sakura, notó como sus ojos brillaban ante lo que veía, sonrió complacido. Se acercó a ella con paso calmado cuando la escuchó hablar.

—Es precioso…

Sasuke se puso a su lado y observó aquel precioso mar.

—He venido tantas veces a este lugar, y me sigue pareciendo tan increíble —Sasuke soltó un pequeño suspiro —. Bienvenida a mi hogar, Sakura.

La pelirosa lo observó de inmediato, sintió un cosquilleo en su pecho. ¿Acaso el Uchiha le había mostrado una pequeña parte de él? Sus brillantes ojos verdes lo escrutaban con la mirada, él observaba aquél precioso mar con una expresión bastante melancólica. Su corazón dolió al notar como aquellos ojos negros mostraban dolor. Sentía como él rompía poco apoco aquél caparazón que lo envolvía, aquel que lo hacía actuar de manera arrogante e indiferente.

¿Este es tu verdadero ''yo'', Sasuke? —Pensó mientras se perdió en el perfil del pelinegro.

Este último regresó a verla tomándola desprevenida. Sasuke la observó con detenimiento, notó como su nariz estaba un poco enrojecida a causa de la fuerte briza del mar.

Se sacó su chaqueta ante la mirada atenta de Sakura y no tardó en cubrir sus hombros protegiéndola del frio. Ella frunció el ceño mostrando inconformidad.

—No es necesario… podrías llegar a resfriarte —aseguró mientras llevaba las manos hacia la chaqueta con las intenciones de sacársela. Sasuke la detuvo al sostener su mano, aquellos ojos verdes lo observaron.

—Tu terquedad sigue siendo impresionante.

—No veo el problema el que no quiera que tomes un resfriado por mi culpa.

Sasuke soltó una pequeña carcajada, mientras que Sakura alzó una ceja haciendo un inevitable puchero al pensar que se estaba burlando de ella.

Los labios del pelinegro se curvaron en una sonrisa bastante traviesa. Se acercó hacia Sakura agachándose un poco quedando a su altura, estaba demasiado cerca de ella, lo suficiente para poder sentir su respiración.

—¿Eso quiere decir que… —Paró un segundo al perderse en su mirada, una sonrisa ladina se formó en sus labios—, estás preocupada por mí?

Sus ojos verdes se ensancharon ante la sorpresa. Un color carmín adornaba aún más sus mejillas, ya era suficiente ante su repentina cercanía, pero el escucharle preguntarle aquello la tomó por sorpresa. Y en parte, tenía razón, ella se preocupaba por él.

—P-Porque dices eso de repente —masculló haciendo un mohín. Desvió la mirada nerviosa, le afectaba tanto la cercanía de aquél pelinegro.

—Entonces no lo niegas —aseguró con satisfacción—. Es agradable saberlo —Sonrió una vez más. Ella regresó a verlo pero él ya se había alejado, notó como aún conservaba aquella sonrisa traviesa en sus labios.

—Insisto en que deberías conservarla.

Sasuke posicionó su dedo índice en los labios, haciendo referencia a que no diga nada más. Tomó su delicada mano y empezó a caminar, haciendo que ella lo siga. Sakura sintió un escalofrió al sentir la gélida mano del Uchiha, su vista se posó una vez más en aquél hombre, observó cómo sus cabellos se mecían suavemente ante la briza de aquel mar.

Su mente rememoraba todo lo que sentía, teniendo algo de temor ante la evidente realidad, él era un noble. Y, en ese preciso momento, sabía que era incorrecto estar junto a él. Pero ahí estaba, dejándose llevar por su corazón, permitiéndole estar un momento junto aquel hombre que alteraba sus sentidos, que le desordenaba la vida.

De repente, chocó contra la espalda del Uchiha, no se había percatado que se había detenido. Él volteo a verla con curiosidad pero ella ya había salido de su ensimismamiento al contemplar lo que estaba frente a sus ojos.

Esta vez se habían acercado a la orilla del mar, dio un par de pasos totalmente maravillada, nunca tuvo la oportunidad de observar el mar con sus propios ojos. Nunca creyó que sería tan precioso, tan tranquilo, un lugar tan sereno. El sonido de las olas era un deleite para sus oídos, la briza que emanaba era electrizante, el aroma a playa, el perfume de las olas, te hacía sentir… libre.

—¿Cómo es que puede existir algo tan bello? —Sakura se puso en cuclillas y tocó el agua con sus dedos―. ¿Vienes a menudo aquí?

Sasuke había estado observándola, poco después desvió la vista al frente mientras observaba el reflejo de la luna en aquellas amplias aguas.

—Descubrí este lugar hace algunos años, fue el lugar que me acunó siempre que necesitaba un respiro —respondió con débil voz. El recordar todas las veces que necesitó de aquel lugar para sentirse más reconfortado, le causaba mucha tristeza. ¿Tan patética era su vida?

Sakura dirigió la vista hacia él, una vez más pudo notar dolor en aquella oscura mirada. Se levantó lentamente y se puso a su lado, poco después observó el mismo lugar.

—¿Te sientes libre ahora? —preguntó. Desvió la mirada y volvió a observarlo. Recordó aquella vez en que su padre lo golpeó y lo herido que se encontraba emocionalmente. Después de todo, no podía juzgarlo, no conocía su vida y al parecer, no era una la cual disfrutaba.

Al escucharla el posó su mirada en aquellos preciosos ojos verdes que lo observaban como si lo entendiera. Se sorprendió levemente, pero no pasó mucho cuando observó el horizonte y una amarga sonrisa apareció en sus labios.

—¿Podré sentirme libre sin tener que recurrir a este lugar? —Soltó un largo suspiro—. Estoy atado a una vida que jamás pretendí tenerla.

Sintió una punzada en el pecho, Sasuke se sintió destrozado en ese momento. Detestaba cada cosa que había vivido en toda su existencia, apuñalado por personas en quienes confiaba, abandonado y traicionado. Vivía atormentado ante la exigencia de su padre y el abandono de su madre, tendiendo una vida privada de muchas cosas que según su padre no era digno de él, siendo controlado, pisoteado y humillado por sus palabras. Había tenido coraje esos últimos meses al estudiar algo que finalmente quería, pero nada bueno le había traído más que desprecio de su padre y ser indigno de su familia.

Sakura lo observó con tristeza, después de todo uno nunca sabe lo que vive otra persona. Todos estaban sujetos a sus propios problemas, a sus propios tormentos. Ella no nació en una familia adinerada, tuvo varios problemas con respecto a necesidades, sus padres murieron dejándola completamente sola, definitivamente la vida era bastante injusta para todos. Sintió un nudo en la garganta, desvió la vista al suelo intentando tragarse aquella amargura que sentía en aquél momento.

—Me pregunto si algún día sabremos la respuesta del porqué sentimos tanto dolor —musitó Sakura en un hilo de voz. Una vez más observaba el horizonte, imaginando una vida en la que sus padres aun la acompañaban y así todo sería menos duro.

—Lo único que sé con firmeza, es que no me dejaré vencer tan fácilmente —aseguró en todo adusto. Regresó a verla al instante —. Ahora tengo a alguien a quien proteger.

Sakura lo observó ante eso último, extrañada ante aquellas últimas palabras, pero el Uchiha ya no la observaba. Se sentía extraña, no sabía exactamente que pensar o qué decir, ambos estaban rotos por situaciones diferentes. Aquella fría noche era su único consuelo, nunca nadie podría entender exactamente el dolor que les consumía, simplemente tenían que luchar a su manera. Hubo un pequeño silencio que pesó en el aire, el sonido de aquellas olas fue un calmante a su herido corazón. Sakura suspiró ante aquél tipo de pensamientos que cruzaban por su mente, sonrió inconscientemente ante aquella pequeña charla que tuvieron.

—Así que este es Uchiha Sasuke —soltó repentinamente con una sonrisa atrayendo la atención del pelinegro.

—¿Ahora soy el doble de apuesto? —dijo el Uchiha con una sonrisa arrogante, haciendo que Sakura suelte una pequeña risa.

—En realidad no, tuve un presentimiento, en mis adentros sabía que eras bastante cálido.

Sasuke sintió algo de calor en su rostro, desvió la mirada totalmente apenado. No se esperaba tal comentario de su parte, después de todo, era la primera persona que le decía algo así.

—Uh… ¿Uchiha Sasuke está avergonzado? —dijo con una sonrisa, lo busco con la mirada y efectivamente, la expresión del pelinegro era todo un poema—. Qué tierno.

Sasuke la observó con el ceño fruncido, si ya sentía vergüenza ahora ardía por dentro al notar que Sakura lo había visto de esa manera y encima lo recalcaba.

—¿Te estás burlando de mí? —preguntó mientras arqueaba una ceja, pese a que por dentro estaba maravillado al verla tan sonriente. Esa mujer era como una estrella que iluminaba todo rastro de oscuridad.

—¡Claro que no! Pero no puedes negar que te ves bastante adorable —aseguró con una risita—. Después de todo es muy raro ya que siempre eres bastante serio, además de que siem…

Los labios del Uchiha atraparon los suyos en un inesperado y dulce beso. Se alejó de ella con suavidad y la observó complacido, pues, había logrado su cometido. El rostro de Sakura se tiñó de un color carmín, estaba totalmente helada y sorprendida, todo fue tan repentino.

—También te ves bastante adorable cuando te sonrojas —Soltó una risa traviesa—. ¿No crees?

Sakura sintió su cara arder, se volteó de la vergüenza tratando de calmarse. Definitivamente, Uchiha Sasuke era terrible.

Mientras tanto, en casa de Mikoto las cosas estaban un poco más calmadas. Su hijo le había reconfortado un poco más al haberse roto por un momento. Una vez más tranquilos, Itachi decidió comentarle sobre su obtención de la presidencia.

—¿Qué noticia ibas a darme, cariño? —preguntó Mikoto poniéndole mucha atención ante lo que había dicho.

—El día de hoy asumí el cargo de la presidencia, mamá —anunció y paro por un segundo, Mikoto se sorprendió levemente—. Mi padre juntó a los accionistas y no tardó en cederme su cargo.

—¿No eres muy joven aun para ello? —Mikoto estaba preocupada. Detestaba que su hijo siendo tan joven deba cargar con un gran peso encima por culpa de Fugaku. Se lamentaba el no haber luchado más por ellos, así no estarían sujetos a una vida controlada por los caprichos de su ex marido.

—No lo sé en realidad, pero poco puedo hacer, al menos… es un seguro.

La expresión de su madre reflejó bastante tristeza. Si algo era cierto, es que Itachi era el único que sabía a la perfección todo lo que ocurrió, su vida fue destrozada por su ex marido, y vivía con temor desde aquél instante.

—Itachi… —Lo observó nuevamente, se acercó a él y se sentó a su lado tomando suavemente su mano—. No quiero que te pongas en peligro por culpa mía, no es bueno que enfrentes a tu padre, él es un hombre sin corazón.

—Estaré bien mamá, no puedo dejar que él siga destruyendo la vida de quienes me importan, confía en mí.

Mikoto observó como Itachi sonreía cálidamente. De repente la puerta se abrió y un hombre alto, bastante robusto y de cabellera marrón apareció por la puerta.

Los ojos color ámbar de aquél hombre observaron como Itachi se ponía de pie y le extendía la mano. Él se acercó hacia Itachi con una sonrisa amable y correspondió el saludo.

—Buenas noches, Hideaki —saludó el pelinegro. Aquél hombre era la actual pareja de su madre, nunca tuvo ningún rencor hacia él, supo enseguida que era todo lo opuesto a su padre. Él trataba muy bien a Mikoto y eso era suficiente para que lo considere un buen hombre que hacia feliz a su madre.

—Es bueno verte por aquí Itachi, sabes que a tu madre la pone muy contenta verte —mencionó con una gran sonrisa. Se acercó hacia Mikoto y besó su frente, poco después volvió a mirar al pelinegro—. Quédate a cenar, así conversamos un poco y esperamos a que el viento de afuera cese un poco.

Itachi sonrió amablemente y aceptó sin rechistar, en realidad no tenía apetito pero no deseaba irse aún, después de todo una vez ahí afuera, el infierno estaría de vuelta.

En cuanto a Sasuke, este último aún conservaba una sonrisa traviesa en el rostro. En sus adentros se sorprendía al haberse atrevido a robarle un beso, en realidad no se arrepentía, sentir los labios de aquella mujer le daba mucha paz. Pero en su mente rondaba aquél primer beso, el cual lo recordaba una y otra vez.

—Sakura… —pronunció su nombre mientras su sonrisa se desvanecía. Alzó la cabeza y observó el firmamento. Sakura regresó a verlo inconscientemente—. ¿Qué es esto que siento? Es tan ajeno a mí…

Ella desvió la vista al frente y llevó la mano a su pecho. Se hacía la misma pregunta. ¿Qué era lo que sentía? Pero era inútil preguntarse aquello cuando desconocía tanto de los sentimientos. Recordó a Itachi al instante, su corazón dolió. Cada uno le hacía sentir de manera diferente, sentía cosas distintas y no sabía cómo comprender a su corazón. Debía aclarar sus sentimientos, necesitaba hallar una forma de aclarar su mente.

—También busco esa respuesta —confesó casi en un susurro. Aun se sentía avergonzada ante aquel pequeño beso, más por alguna razón no podía reprocharle. ¿Qué pasaba con ella?

El pelinegro la observaba con cuidado después de aquellas últimas palabras. Una vez más le confirmaba que no era el único que se atormentaba ante lo que sentía. De repente, un estornudo se hizo presente por su parte atrayendo la atención de la pelirosa. Cubrió su boca totalmente apenado, era lo último que faltaba.

—¿Ahora quién es el terco? —inquirió con una sonrisa burlona. De alguna forma, aquella situación le recordó a Itachi. Estuvo a punto de sacarse la chaqueta pero una vez más el Uchiha la detuvo.

—Sólo fue una pequeña alergia, no quiere decir que esté con frio —Se excusó rápidamente. Observó cómo Sakura lo miraba con reproche, al parecer no cayó en su mentira. La pelirosa posó ambas manos en las mejillas del pelinegro, este último sintió bastante calidez. Sakura frunció más el ceño al sentir lo helado que estaba.

—Te vas a resfriar si sigues de esa manera.

—Prefiero eso a que tú te resfríes.

Sakura relajó el rostro. No podía sentirse apenada en ese momento, no cuando él se estaba muriendo de frio por su culpa.

—Creo que es momento de regresar —dijo mientras observaba una vez más aquél inmenso mar —. Realmente te agradezco… —Posó su mirada en aquellos ojos negros—. Por mostrarme una parte de ti.

El Uchiha sintió una sensación extraña en el pecho, nunca creyó que se abriría un poco más ante una persona. Después de la traición de su madre se había encerrado en un caparazón, ahuyentando a todo aquel que quisiera acercarse. Pero, ahora era él quien permitía entrar a alguien a su vida más allá de lo permitido.

Tras una reconfortante compañía, decidieron marcharse del lugar. Había sido una experiencia bastante acogedora para ambos, poco a poco podían llegar a entenderse un poco más. El camino fue silencioso, ninguno decía nada. Se dedicaban una que otra mirada, pero poco después se encontraban perdidos en sus pensamientos buscando soluciones.

Llevó a Sakura a casa, ella le devolvió la chaqueta y el Uchiha la ayudó a bajarse.

—De vuelta a la realidad —soltó Sakura con una triste sonrisa.

—Ve a descansar, tu cuerpo lo necesita.

Ella asintió levemente, se alejó poco a poco dirigiéndose hacia la puerta y posó su mano en la manilla.

—Sakura… —Se detuvo al escuchar su nombre, volteó a verlo al instante—. Si compartirnos los mismos sentimientos, me gustaría intentarlo —Su voz denotaba bastante seguridad y firmeza. El pelinegro se inclinó levemente en forma de despedida, se adentró al auto y se marchó dejando a Sakura con total estupor.

Sasuke sentía que su corazón saldría de su pecho, no podía creer que se había atrevido a decirle aquello. Una vez más su impulso le ganaba, pero simplemente fue sincero.

Llegó a casa ensimismado en sus pensamientos, abrió la puerta y dio unos pasos cuando se percató de que su padre lo esperaba. Frunció el ceño al verlo, lo menos que quería era que su padre arruine aquella noche, pero resultaba casi imposible.

—¿Qué demonios estás haciendo, Sasuke? —inquirió su padre con todo adusto.

—No tiene nada que ver contigo.

—¿Nada que ver conmigo? ¿Crees que puedes hacer lo que tú quieras? ¡Mientras lleves mi sangre no tienes opción de cometer un mínimo error!

—¿Crees que yo decidí llevar tu sangre, padre? —respondió con otra pregunta. Tensó su mandíbula mientras daba batalla a la desafiante mirada de su obstinado padre. Estaba cansado de él.

—¡Eres bastante ignorante e inmaduro! ¡Muchos darían sus vidas por pertenecer a nuestro linaje! ¡¿Acaso no lo entiendes?! —bramó con furia. Los recuerdos de todas las cosas que su hijo había hecho le taladraba la mente.

A las afueras de la mansión Itachi se había acercado a la puerta, había regresado de la casa de su madre y no esperó encontrarse con aquella discusión. Por alguna razón su mano quedó estática en la perilla de la puerta, no entendía porque pero no podía mover un solo musculo.

—¿Entender qué, padre? ¿De verdad quieres volverme un maldito perro que siempre esté dispuesto a obedecerte? ¿Acaso nunca podré tomar mis propias decisiones?

—¿Quieres que apruebe el hecho de que caigas tan bajo por una mujer? —cuestionó su padre con una sonrisa burlona en el rostro, poco después arrugó la frente mostrando desprecio. Sasuke se quedó helado—. Las mujeres son mentirosas, viles y despiadadas, como tu madre.

Sasuke sintió una punzada en el pecho al recordar que hace poco él pensaba de la misma manera, que las mujeres eran bastante crueles y traicioneras. Pero una vez conoció a Sakura, ese concepto había cambiado sin imaginárselo. Se sintió aturdido, otro punto a tener en cuenta, es que su padre sabía sobre ella y eso no le agradaba en absoluto.

—Ella no es como Mikoto —La defendió. Lo poco que había llegado a conocerla le indicaba que no era la misma clase de persona, él lo sabía.

Fugaku soltó una gran carcajada ante las palabras de Sasuke. Definitivamente era tan estúpido.

—¡Tu madre era igual, yo la recogí de aquél bajo mundo! ¡Sin mi ella no era nadie! ¡Nos abandonó por otro hombre! ¿De verdad piensas que no son la misma basura?

Itachi abrió la puerta y se adentró con brusquedad.

—Basta, padre. No permitiré que sigas hablando mal de mi madre.

Ambos chocaron sus miradas mientras se observaban con bastante desprecio. Fugaku maldijo el momento en que Itachi apareció, sabía que tenían un acuerdo pero él lo estaba incumpliendo.

Bufó con molestia y observó a su hijo menor con bastante desdén. Ya habría otro momento en el que se dé cuenta de una maldita vez que no puede hacer algo tan descuidado.

—Sasuke —soltó atrayendo la mirada de su hijo, este último estaba abrumado y confundido—. No seas ingenuo ¿acaso esperarás que te traicione y te pisotee para que recién abras los ojos? — Itachi crispó los ojos al escuchar lo que le decía a su hermano, le envenenaba con sus palabras—. Todas son la misma porquería.

Después de decir aquellas hirientes palabras, Fugaku se marchó del lugar dejándolos solos. Sasuke sintió un gran dolor en el pecho tras todo lo ocurrido, se alejó del lugar y abandonó la mansión. Di unos cuantos pasos y se sentó en el descanso de afuera de aquella puerta. Llevó sus manos a su rostro, su confusión era evidente y no sabía qué demonios pensar. Lo que dijo su padre le taladraba la mente.

Itachi lo había seguido, y al encontrarlo lo observó con tristeza. Se sentó a su lado compartiendo el agobio de su hermano. Observó el firmamento mientras finalmente decidió hablar.

—Nuestro padre está bastante equivocado, Sasuke. —Este último no regresó a verlo, se limitó a escucharlo, era incapaz de hablar ya que el nudo que sentía en su garganta se lo impedía―. No dejes que lo que te diga te afecte, mira más allá de tu límite, no te estanques en una falsa realidad.

Sasuke estaba dudoso, pese a las palabras de su hermano lo que le había dicho Fugaku retumbaba en su mente, era tan despiadado. Definitivamente parecía que a su padre le encantaba joderle la vida. Pero en sus adentros creía erróneamente que tenía razón, y su madre era la prueba evidente de ello.

Se puso de pie bruscamente y abandonó el lugar totalmente cabreado. Se sentía un completo imbécil, recuerdos dolorosos llegaban a su mente uno tras otro, haciéndole bastante daño. Destrozándole un poco más.

Itachi no lo siguió, comprendía que no era un buen momento para hablar. Conocía a su hermano y por más que le gustaría ayudarlo, él no se lo permitía. Suspiró agotado, después de todo había sido un día de mierda. A penas conservaba la fuerza para mantenerse así mismo, ya que su corazón también le dolía y nadie imaginaba cuánto.

Sasuke entró a su habitación y cayó en su cama, se cubrió el rostro con su antebrazo. Seguía tan confundido y el temor se apoderaba de él, poco a poco se dejaba envenenar por las palabras de su padre, creyendo que tenía razón. Sintió un gran vacío en su pecho, tenía miedo de ser traicionado una vez más, no creía poder soportarlo de nuevo.

La noche culminó ahogándose en tristeza. El cielo se había iluminado dando paso a un nuevo día, Sasuke se sentía derrotado, no pudo pegar un ojo en toda la noche. Su mente no le dejaba, recordaba a Sakura cada maldito segundo, la imagen de su madre venía a su mente. No hacía más que atormentarlo.

Se había levantado bastante malhumorado, tomó una ducha y se alistó rápidamente. Naruto lo había estado llamado varias veces, pero el pelinegro no estaba con el humor suficiente para tolerarlo. Ganas de ir a la universidad le faltaban, pero no tenía más opción que asistir.

Salió de la mansión y se adentró al auto con rapidez, una vez dentro encendió un cigarrillo, intentaba no pensar demasiado en sus problemas y se marchó hacia la universidad.

Mientras tanto, en un lugar bastante alejado, dentro del imperio Uchiha, se encontraba sentado el emperador con una expresión bastante serena. Uno de sus allegados se encontraba frente a él, quien había preparado todo para el anunció que estaría por dar aquél poderoso hombre.

—Majestad, lamento sonar irrespetuoso, pero… ¿está seguro que puede confiar en su hermano?

Madara crispó los ojos ante aquella pregunta. Alzó levemente su rostro haciendo que su acompañante trague saliva de la incomodidad.

—¿Estás insinuando que mi hermano es una amenaza?

—L-Lo siento Majestad, mi comentario estuvo fuera de lugar, lamento la insolencia —se retractó rápidamente mostrando una gran reverencia al notar su mirada tan oscura y sombría.

Alguien entró al templo y se inclinó ante el emperador. Este le concedió la palabra y el hombre no tardó en hablar.

—Majestad, la prensa acaba de llegar hace unos minutos. Están totalmente ansiosos por el anunció que planea brindarles. Esperaré a sus órdenes, mi señor.

Madara soltó un ligero suspiro, el momento se acercaba. Pese a que parecía no mostrarlo, en sus adentros también desconfiaba de su hermano. Siempre tuvo un mal presentimiento hacia él y por esa razón confiaba ciegamente en Itachi. Sabía que era bastante maduro y responsable, además de que era el único quien conocía a plenitud los secretos de su linaje. Madara pretendía que su sobrino obtenga poder, así podría confiar en él por si algo llegase a suceder. Itachi era bastante puro y noble.

El sonido de unos fuertes pasos lo sacaron de su ensimismamiento, observó cómo su hermano se adentraba con paso seguro. Se inclinó ante él y luego prosiguió a saludar.

—Majestad.

Madara posó su fina mirada en su arrogante hermano menor. Poco después desvió la mirada hacia el hombre que había entrado minutos antes.

—El nombramiento del nuevo primer ministro se llevará a cabo en 20 minutos. Asegúrate que todo esté preparado, no quiero errores.

Fugaku no pudo ocultar su sonrisa de satisfacción, poco a poco avanzaba hacia su principal objetivo, y eso le llenaba el alma.

Mientras tanto, el Uchiha había llegado a la universidad hace algunos minutos, su expresión era bastante indiferente. Se adentró hacia los pasillos de la facultad con paso apresurado.

Sakura se encontraba en la zona de los lockers, la noche de ayer había hecho que sea difícil conciliar el sueño ante los repentinos pensamientos que arraigaban en su mente. Cerró el locker y estaba a punto de irse cuando observó como el pelinegro se acercaba. Se quedó estática al observar como el Uchiha pasó de ella sin ni siquiera regresar a verla, notó como su mirada estaba perdida y su expresión era indiferente.

¿Quizá no la vio? Eso quería pensar, de alguna forma tenía un mal presentimiento, pero al ser ignorada por él, después de lo de anoche, le dolía.

¿Tal vez se arrepintió? ¿Le pasó algo? Miles de preguntas se formulaban en su mente. Negó con la cabeza y un tanto confundida se dirigió a clases.

El Uchiha entró al salón y tomó asiento rápidamente. Naruto le había dado un estúpido discurso mostrando su disgusto por haber ignorado sus llamadas, más no le prestó atención. Se sentía una reverenda mierda en ese instante, Sasuke había visto a Sakura a lo lejos, aquella mujer que de alguna forma le daba sentido a su vida. Pero pasó de ella, la ignoro y por dentro se lamentaba por ello, pero no podía dejar que lo vuelvan a lastimar. No lo soportaría.

El transcurso de las clases fue totalmente aburrido o más bien ninguno tenía la cabeza para prestar atención en ese momento. Sakura fue sometida a bromas de mal gusto por parte de sus compañeros, de alguna manera la estaban molestando una vez más. Papel tras papel caían en su pupitre una vez su profesor se descuidaba, el Uchiha lo notó, más lo ignoró.

Ella no tenía nada que ver con él, debía aferrarse a esa idea, su padre tenía razón. Inconscientemente llevó una mano a sus labios, cerró los ojos con pesar al no poder pensar en algo que no sea en ella. ¿Qué debería hacer? ¿De verdad ella era como las demás? ¿Llegaría a traicionarlo como lo hizo su madre? ¿Estaba bien… aferrarse a ella?

Había perdido desde el momento en que empezó a gustarle. Chasqueó la lengua y mordió su labio inferior tratando de contener la rabia que sentía, debía controlar las ganas de agarrar a golpes a aquellos que ahora mismo la estaban molestando. Debía resistir.

Las clases habían culminado después de una larga espera, Sakura estaba abrumada, poco a poco se daba cuenta de que quizá todo fue un estúpido error. El profesor autorizó la salida de los estudiantes, la pelirosa no dudó un solo segundo y tomó sus cosas rápidamente. El Uchiha se levantó del lugar y empezó a dirigirse hacia la salida, su molesto amigo iba tras él pues este lo ignoraba y necesitaba saber qué diablos le ocurría.

Sakura empezó a caminar con la intención de marcharse del lugar cuando alguien le puso un pie delante y cayó al piso.

—¡Sakura-chan! —exclamó el rubio dirigiéndose rápidamente hacia ella. Sasuke paró por un segundo ante el alarido de Naruto, cerró los ojos con pesar y siguió con su camino, ignorando totalmente las risas que resonaban en el lugar.

La pelirosa gruñó del dolor, su cuerpo aún se encontraba bastante lastimado y una caída no le ayudaba en absoluto. Una de aquellas personas había hecho que tropezara, una vez más se sentía derrotada, se encontraba arrodillada en el suelo mientras sus largos cabellos cubrían su rostro. Trató de aguantar las lágrimas y se tragó aquel nudo en la garganta.

Naruto se posicionó a su lado y le ayudó a levantarse.

—¿Estás bien, Sakura-chan? —preguntó bastante preocupado. La gente aguantaba pequeñas risas mientras iban abandonando el lugar. Notó que el pelinegro ya no estaba, sonrió con ironía, era una ingenua.

—Estoy bien, Naruto. Lamento ser tan torpe.

—Ten más cuidado, podrías hacerte daño —regañó el rubio. Ella le sonrió y se disculpó por ello. Naruto recogió las pertenencias de Sakura y le acompaño hasta su locker.

No era un buen día para nadie y eso era evidente. Cada persona arraigaba sus propios problemas, cada uno cargaba con sus tristezas. Sin embargo, unos estaban más acostumbrados que otros. Algunas personas no tenían más opción que vivir con ello, era la única manera de sobrevivir.

Las horas seguían pasando, el cielo se teñía de naranja mostrando un bello y triste atardecer. Sakura debía cumplir con sus obligaciones así que se encontraba trabajando en ese momento. Hizo un gran esfuerzo por mantenerse estable, su cuerpo le dolía y su mente estaba en otro lugar. Sin embargo, intentó no causar problemas y tratar de no ser tan torpe. Estaba limpiando una mesa cuando una voz proveniente del televisor la sacó de su ensimismamiento.

Observó aquel lugar por instinto, ante sus ojos se encontraba el emperador de Japón detrás de un atril a punto de dar un comunicado, al parecer importante.

Estoy bastante agradecido por la confianza que todos vosotros han depositado en mí. Cada día es un arduo labor el mantener una nación bastante pacifica para quien es parte de ella, y por aquella razón quiero anunciar que el nuevo primer ministro, ha sido electo. —Madara mostro una postura intocable, Fugaku apareció ante las cámaras dando una gran reverencia y se posó a un lado del emperador—. Yo, Uchiha Madara con el poder que me es depositado, llevando una intención limpia y buscando el bien de nuestra nación, asigno a Uchiha Fugaku como el nuevo primer ministro de Japón.

Sus ojos verdes se abrieron a más no poder, la perplejidad era evidente. Observó la sonrisa de Fugaku y los aplausos por parte de toda la gente que se encontraba en el lugar. Desvió la mirada tratando de asimilar la situación, ella había observado a aquel hombre comportarse de una manera violenta hacia su propio hijo, le resultaba indignante que alguien así estaría al mando de su país.

Las cosas iban empeorando con el paso que daba, sintió como su cabeza empezaba a doler. La indiferencia repentina del Uchiha le daba vueltas la cabeza, lo que su corazón sentía no la ayudaba y ahora esto último hacia que su mente no dé para más.

Por otra parte, la tarde del Uchiha había sido bastante vacía y silenciosa. Una vez llegó a casa se recostó en cama y pasó varias horas mirando a la nada. Se sentía intranquilo, devastado y confundido.

Poco a poco sentía como la culpabilidad le desgarraba el alma, recordó a Sakura una vez más. Un nudo apareció en su garganta, su mente recordó el momento en que su padre lo había golpeado, aquella vez en que ella se acercó hacia él con bastante calidez. Su sonrisa, sus lágrimas, su enojo, su tristeza, él pudo presenciar todo aquello. La culpabilidad aumentaba cada vez más, recordó aquella vez en la que su ira le vencía y estuvo a punto de golpear a aquella mujer que la molestaba, defendió a la persona incorrecta. Era un tonto. Cerró los ojos una vez más, la imagen de Sakura al ser golpeada con brutalidad llego a su mente, recordó cuando perdió el control por ella, la angustia que sintió cuando la sostuvo en sus brazos. Negó con la cabeza y cerró su puño con fuerza. El beso, aquel maldito beso.

Entonces recordó cada palabra, cada suspiro, cada inquietud.

—¿Por qué demonios haces que me sienta de manera diferente? —Se acercó un poco más—. ¿Qué has hecho conmigo? —La observó con profundidad buscando una respuesta en esos preciosos ojos verdes.

—Es algo que también pretendo descifrar, los sentimientos que se inquietan al verte.

Le dolía la garganta, sintió como si un balde de agua fría le caía encima. Las palabras que habían compartido el día de ayer aparecieron con fuerza.

Lo único que sé con firmeza, es que no me dejaré vencer tan fácilmente aseguró en todo adusto. Regresó a verla al instante. Ahora tengo a alguien a quien proteger.

—No, no, no, no… —soltó el Uchiha mientras caía en cuenta que cometió un estúpido error. Otro recuerdo más.

Creo que es momento de regresar dijo mientras observaba una vez más aquél inmenso mar. Realmente te agradezco… Posó su mirada en aquellos ojos negros. Por mostrarme una parte de ti.

Chasqueó la lengua y se levantó de la cama bruscamente. Tomó las llaves y salió rápidamente. Era un imbécil al dejarse llevar por las palabras de su padre, no, Sakura era diferente, ella no le haría daño. Él la quería.

Entró al auto y no tardó en arrancar, sentía bastante nerviosismo en el transcurso del recorrido, se sentía tan estúpido y la culpabilidad no cesaba. No tardó en llegar al restaurante de Teuchi, pero se percató de que se encontraba cerrado. Inconscientemente observó el reloj que tenía en su muñeca, crispó los ojos al darse cuenta que era algo tarde. Sakura debió haber salido hace unos 15 minutos aproximadamente.

Arrancó el coche una vez más, sabía que debía aclarar todo cuanto antes, ella merecía una disculpa ante su estúpido comportamiento.

Mientras tanto, Sakura se encontraba caminando hacia casa, había sido un día… raro. Se sentía cansada física y mentalmente, solamente quería llegar a casa, ir a cama, cerrar los ojos y olvidarse del mundo. El clima últimamente era bastante frio haciendo aquella noche bastante tranquila y solitaria.

Caminó unos cuantos minutos más cuando se acercaba al lugar donde vivía, estaba a punto de entrar cuando escuchó una voz.

—¿Sakura?

La pelirosa volteó a ver a aquella persona, se sorprendió levemente hasta que pudo reconocer quien era.

—Ha pasado un tiempo… —dijo Sakura mientras sus labios se curvaban en una frágil sonrisa—. Señora Mikoto.

De repente el sonido de un auto atrajo su atención, observó cómo se detuvo frente a ella y se sorprendió al notar quien era.

Sasuke había llegado totalmente angustiado, salió del auto rápidamente sin percatarse de que estaba siendo observado.

Cerró la puerta abruptamente mientras alzaba la mirada. Sus ojos se abrieron de par en par al observar a quien tenía en frente. Su cuerpo se tensó y sintió que le faltaba el aire, un escalofrío recorrió su cuerpo, estaba congelado. Ante sus ojos se encontraba aquella mujer que tanto odiaba, Mikoto, su madre.

Sakura se percató de la expresión de Uchiha, no entendía que sucedía, observó a Mikoto y notó que compartía la misma sorpresa. Los ojos de aquella mujer se volvieron cristalinos y su labio empezó a temblar. Sakura no comprendía que estaba sucediendo.

—Sasuke… —pronunció Mikoto con voz quebrada—. Mi hijo…

El pelinegro apretó sus puños con fuerza tornándose blanquecinos. Sintió una rabia incontrolable.

Esa mujer, cuanto la odiaba.