By Messel.


18

Evanescente.

Un rayo de luz se filtró por la ventana iluminando el pálido rostro del Uchiha, se cubrió por instinto para después tallarse levemente los ojos. Se incorporó bastante confundido, examinó su alrededor intentando reconocer el lugar, poco a poco su memoria se tornaba lúcida y es cuando se percató que se había quedado dormido. Sus ónix buscaron a Sakura, estaba apoyada en su escritorio.

La observó durante algunos segundos, su respiración era serena y sus labios estaban ligeramente separados, un mechón travieso cayó en su rostro haciendo que arrugue la nariz por el pequeño cosquilleo causado.

Se liberó de su ensimismamiento, la belleza de la pelirosa era una severa distracción, llevó la mano hacia el móvil y sus ojos se ensancharon al percatarse de la hora. En ese instante solo una cosa vino a su mente: La universidad. Sintió un escalofrío en su espina, tenía aproximadamente una hora para ir a clases.

Se acercó a Sakura y con la mano en su hombro la agitó suavemente intentando despertarla, ella hizo un pequeño mohín rehusándose a despertarse. Sasuke insistió hasta que sus espesas pestañas dieron paso a los destellos jades de la Haruno.

Al toparse con los potentes ónix del Uchiha dio un pequeño respingo ante la sorpresa, se quedó pensativa durante algunos segundos, recordó rápidamente que Sasuke se quedó dormido anoche.

—Buenos días —saludó el pelinegro, observó como Sakura empezaba a tallarse los ojos.

—Buenos días… —soltó con un ligero bostezo. Sasuke sonrió al observar aquel gesto.

—¿Por qué no me despertaste? No es justo que hayas dormido en la silla, debió ser bastante incómodo. —El pelinegro se sentía culpable, posiblemente tuvo una pésima noche. Observó a Sakura soltar una pequeña sonrisa.

—No quería hacerlo, te veías muy cansado. Además, déjame decirte que dormí muy bien, no es la primera vez que me quedo dormida en ese lugar.

Sasuke no se sintió tranquilo con esa respuesta, pero no tuvo más remedio que asentir.

—Me gustaría poder dormir un poco más —dijo con un nuevo bostezo, esto hizo que Sasuke recuerde que ya era tarde.

—En realidad nos quedamos dormidos.

Unos destellos verdes se ensancharon al instante.

—¡¿De verdad?! ¡La universidad, se nos hará tarde!

—Falta aproximadamente una hora para la clase de Histología. —Sasuke la observó pensativo—. Dudo que podamos llegar a tiempo.

—¡No queda mucho tiempo, debemos apresurarnos!

Sasuke negó suavemente.

—Te llevaré a la universidad. —Sakura lo observó al instante.

—¿No asistirás?

—Estoy con la misma ropa y ni siquiera he tomado una ducha.

Sasuke se negó sin pensarlo, para él era imposible mostrarse de esa manera, siempre fue bastante pulcro con su apariencia.

—Faltar no es una opción, te prestaré mi ducha. —Sakura sonrió al percatarse de la mueca del pelinegro.

—¿Y la ropa? —preguntó incómodo.

—No te preocupes, déjalo en mis manos.

Sasuke se limitó a confiar en ella, nunca se imaginó tomar una ducha en la casa de otra persona, en realidad había pasado antes en la casa de Naruto, pero él no es una chica.

—En el baño hay una cómoda donde hay toallas limpias y un cepillo de dientes de repuesto.

El pelinegro asintió con una pequeña sonrisa, aunque por dentro se sentía bastante nervioso.

—¿Tú te ducharás? —preguntó curioso recibiendo un «sí» de respuesta—. Haré todo lo posible para que sea rápido.

Entró al baño y pudo notar lo impecable que se encontraba, no lo pensó mucho y empezó a desvestirse. Sakura se acercó al armario y sacó la ropa que usaría, una vez listo se encaminó a la sala de estar adentrándose a un dormitorio, pudo divisar una cama desarmada junto a unas cajas apoyadas en la pared, era la habitación de sus padres. Con paso dudoso se acercó en dirección a las cajas, tomó una entre sus manos y rebuscó en ella, sacó algo de ropa dándole un vistazo a cada prenda.

—Esto le quedará perfecto. —Tomó con seguridad un par de prendas, constaba de un pantalón casual color caqui y una camisa azul marino. Se dirigió a un pequeño estante y tomó una réplica de unos zapatos Oxford color marrón.

Una sonrisa nostálgica apareció en sus labios, soltó un ligero suspiro y salió de la habitación para dirigirse a la suya. Giró la perilla de la puerta y entró bastante pensativa, notó la presencia de alguien y por instinto levantó la vista topándose con los ónix del Uchiha.

Sin evitarlo lo examinó embelesada, suaves gotas se deslizaban por su cabello mientras rebeldes mechones caían por su rostro, bajó la vista divisando una toalla enrollar su cintura, su torso estaba al descubierto, tenía un cuerpo bastante tonificado.

Sasuke la observó curioso, notó rápidamente como sus mejillas se coloreaban de color carmín, una pequeña sonrisa se formó en sus labios al verla de esa manera.

Ella desvió la mirada y estiró ambas manos entregándole la ropa, estaba muy nerviosa, él tomó las prendas sintiéndose incómodo, no estaba seguro de si era correcto usarlo.

—Eso es lo que te pondrás, en buena hora me he dado cuenta que la talla es parecida a la tuya. —Sasuke la escuchó con atención, su duda seguía latente. Observó a Sakura recoger unas prendas de su cama, él se animó a preguntar.

—¿De dónde sacaste esta ropa? —El Uchiha empezó a revisar las prendas que se pondría, no estaba nada mal.

—Mi padre usaba esas prendas para situaciones especiales, si lo notas está bastante conservado, siempre le gustó cuidar de las cosas —mencionó con mucha nostalgia. Sasuke asintió con suavidad, su vista se posó en los zapatos Oxford, no pudo ocultar la sorpresa, tenía varios de ellos, pero de igual manera costaban en exceso.

—Estos zapatos… —musitó observando cada detalle minuciosamente.

—Es una réplica —comentó Sakura, sonrió con diversión al observar el rostro del Uchiha—. ¿Verdad que es increíble? Unos zapatos tan caros pueden convertirse en algo tan barato. Lo mejor de todo es que ni parecen falsos, pero hay que ajustarse al bolsillo. —La Haruno no dejó de sonreír y se encaminó a la ducha.

Sasuke seguía explayado de sorpresa, poco a poco una sonrisa salió a flote, quien lo diría. Sin temor soltó la toalla que cubría su cintura y empezó a vestirse.

El tiempo poco a poco se agotaba, Sakura terminó de ducharse y con la ropa que llevó anteriormente empezó a vestirse, secó su cabello de paso que lo cepillaba con brevedad. Salió abruptamente y observó al Uchiha, quedó sorprendida, la ropa le quedaba justo a la medida, recordó que a su padre le quedaba un poco holgado, pero al pelinegro le quedó ceñido al cuerpo marcando su cuerpo tonificado.

Negó rápidamente y en cuestión de minutos se subieron al auto, tenían que darse prisa, no querían que todo ese esfuerzo haya sido en vano.

Pasó un buen rato cuando en la radio empezó a sonar Everywhere I go de Sleeping at Last, Sakura se animó a hablar, no podía dejar de pensar en el acuerdo que tenía con el pelinegro.

—Con respecto al día de ayer —habló atrayendo la atención de Sasuke, sabía que la estaba observando, desvió la mirada topándose con sus pozos negros—. ¿Hablarás con tu madre?

El Uchiha cortó el contacto visual desviando la vista al frente, meditó unos segundos aquella pregunta, recordó rápidamente el acuerdo que le había propuesto, sabía a la perfección que no podía retroceder. Por dentro le costaba una mierda hacerlo, en serio no quería, pero lamentablemente no le quedaba de otra más que intentarlo. Al parecer llegó el momento de enfrentar su pasado, debía escuchar su perspectiva de la historia.

—Será muy difícil.

Sakura tomó su mano dándole un pequeño apretón.

—Las cosas se calmarán a medida que las enfrentes, estoy segura que todo saldrá bien.

Sasuke soltó un suave suspiro, ya pensaría en eso después, por ahora solo quería vivir el presente. Una sonrisa traviesa se formaba en sus labios, segundos después soltó un comentario de repente.

—Por cierto, adoré nuestra primera cita.

La pelirosa lo miró por instinto, estaba explayada de sorpresa, empezó a sentir el calor en sus mejillas, desvió la mirada hacia la ventana intentando asimilar sus palabras.

¿Lo de ayer fue una cita?

Se cuestionó la pelirosa en sus adentros, el Uchiha soltó una pequeña risa, apenas se daba cuenta que le encantaba ponerla de esa manera.

Después de unos minutos llegaron a la universidad, el pelinegro estacionó rápidamente el auto, observó la hora y chasqueó la lengua, faltaban ocho minutos para el inicio de clases. Salieron del auto, Sasuke se acercó a Sakura y sin pensarlo sujetó su mano tomándola por sorpresa, en cuestión de segundos empezaron a correr ante la multitud.

Sakura estaba asustada, sus ojos verdes se posaron en él, pero no podía ver su rostro. Sentía demasiada adrenalina cobijada en su cuerpo, desvió la mirada hacia los costados y notó que eran el centro de atención, varias personas murmuraban algo que resultaba imposible escuchar.

Varios escalofríos recorrieron su cuerpo, no entendía el porqué de la imprudencia del pelinegro, él fue el primero al mencionar que debía pasar desapercibida. De repente, como si el Uchiha le hubiese leído la mente tomó palabra.

—Sé lo que debes estar pensando, tranquila, esta vez voy a cuidarte.

El pelinegro regresó a verla topándose con sus potentes jades, Sakura lo observó con profundidad y siguieron con su camino. Pasaron un par de minutos cuando se adentraron a la facultad, se encaminaron directo al salón, agradecieron mentalmente que ese día no les tocaba prácticas, pasaron de los lockers y fueron a clase.

Una vez llegaron el Uchiha soltó a Sakura y abrió la puerta abruptamente, se percató que fue demasiado ruidoso al notar todas las miradas puestas en él, los estudiantes se encontraban en sus respectivos asientos, se adentró rápidamente y observó que Sakura hizo lo mismo.

Naruto se explayó de sorpresa al verlos entrar, no se esperaba que llegaran juntos, pero de cierta manera podía sentirse tranquilo al percibir que las cosas se habían calmado.

Gracias, Sakura-chan.

Sonrió en sus adentros, poco a poco divisó a su amigo acercándose.

Sasuke observó al rubio, este lo miraba con una sonrisa picarona, rodó los ojos fastidiado, ya se imaginaba las tonterías que saldrían de su boca. Observó de reojo a Sakura, una vez tomó asiento ella le devolvió una mirada fugaz.

El contacto visual duró apenas unos segundos, los orbes del pelinegro se posaron en las personas de atrás, estaban murmurando una que otra cosa soltando miradas acusadoras, frunció el ceño, no quería que empezaran a joderle la vida, esta vez no dudaría en poner en su lugar a cualquier imbécil.

Estaba bastante concentrado pensando en varias formas de tortura cuando sintió un codazo de repente. Volteó la mirada, sabía perfectamente de quién se trataba.

—Hey, teme, dime que pasó con ustedes dos —soltó el rubio mientras movía sus cejas de par en par.

Sasuke desvió la mirada.

—No te incumbe, Naruto.

—Ese tipo de respuesta solo hace que te delates —aseguró dándole otro codazo. El Uchiha soltó un notable suspiro, cerró los ojos con pesadez.

—Quiero hacer las cosas bien.

La sonrisa del ojiazul se borró al instante, lo observó con seriedad, pasó mucho tiempo desde la última vez que notó a Sasuke tan centrado. Sus destellos azules observaron a Sakura, en su mente se formuló una pregunta.

¿Qué hiciste para hacerlo cambiar tanto en tan poco tiempo, Sakura-chan? Da igual, no importa la manera, me alegra tanto que hayas aparecido en su vida.

Naruto soltó una sonrisa bastante sincera, de repente se sentía feliz. Observó a su mejor amigo dándole un pequeño golpe en su hombro.

—Sabes que puedes contar conmigo, dattebayo.

Sasuke lo observó y asintió mostrando una sonrisa ladina.

Mientras tanto, en la mansión Uchiha se podía apreciar un impecable silencio, el joven heredero se encontraba tumbado en la cama, pasó una noche totalmente abrumadora, en su mano se encontraba un pañuelo cubierto de carmín, mientras que en su izquierda sujetaba un bote de medicamentos con fiereza, solamente se había limitado a tomar lo primero que encuentre para aliviar el dolor.

—Si mi suposición es certera, ¿por qué aplazar lo inevitable? —soltó observando el medicamento que sujetaba.

Estaba tan cansado, deseaba poder tener paz, no pedía demasiado. Cerró los ojos con fuerza, por más que deseaba dejar de sufrir no podía, tenía muchas cosas que resolver; Itachi sabía que esto no era normal, presentía de que se trataba, lo sabía, su madre fue la primera persona que vino a su mente. Era demasiado sencillo adivinar.

Tembloroso, se incorporó con dificultad, poco a poco recuperaba el equilibrio que daba por perdido horas atrás, observó el lugar con detenimiento, todo era un desastre.

Lo único que quería era darse una ducha, su cuerpo manchado de carmín lo angustiaba, no pasó mucho cuando tomó la decisión de ir a un médico. Se adentró al cuarto de baño y prosiguió a ducharse, al salir tomó lo primero que encontró y empezó a vestirse. Estaba concentrado en lo que hacía hasta que se detuvo un momento, de repente tuvo tantas ganas de toser, se cubrió la boca aguantando lo más que podía, necesitaba salir rápidamente del lugar.

Tomó una chaqueta, recogió el llavero y sujetó su móvil, retiró la mano de su boca y con una postura fuerte salió al pasillo con la esperanza de no encontrarse con alguien. En buena hora la mansión parecía estar desértica, salió rápidamente de la mansión apresurándose hacia el auto, no tardó mucho cuando aceleró a toda velocidad.

Ajeno al sufrimiento del azabache, la clase de Bioestadística concluía, un sol incesante destellaba por la ventana mostrando bellos reflejos en ciertos lugares del salón.

Sakura divisó la ventana con una ligera curvatura en sus labios, observaba las hojas mecerse con suavidad, soltó un suspiro sin creer que sentía bastante tranquilidad; observó al Uchiha por instinto, se encontraba tomando uno que otro apunte en su cuaderno, una pequeña brisa azotó los cabellos del pelinegro el cual no tardó en acomodar.

Las empresas Mangekyou Co. son de mi familia.

Recordó las palabras que Sasuke mencionó la noche de ayer, se desconcertó un poco al recordarlo de repente. Desvió la mirada a sus apuntes perdiéndose en sus pensamientos.

Aquella tranquilidad que sentía se fracturó en un segundo, después de saber ese dato había algo que le incomodaba, si algo era cierto es que su padre dedicó una parte de su vida a ese lugar, pero de repente lo votaron como si todo lo que ha hecho no valiese nada, todo fue tan repentino. Jamás se puso a pensar en ese detalle, pero no era nada sencillo.

¿Por qué mi corazón se siente tan intranquilo?

¿Por qué siento que la vida trata de decirme algo?

No puedo descifrar el rompecabezas cuando ni siquiera tengo entendido cuales son las piezas.

Estaba confundida, tal vez su mente solo estaba jugando con ella, después de todo nunca podría estar bien, no hasta que atrapen a los miserables que asesinaron a sus padres.

—Será muy difícil que mantengas tu promedio perfecto quedándote así de distraída. —La grave voz del Uchiha se hizo presente desconcertándola un poco. Se incorporó suavemente y observó sus pozos oscuros, rápidamente divisó alrededor y se dio cuenta que la clase ya había culminado.

Sakura sonrió nerviosa, no sabía que decir, observó como varias personas le dedicaban miradas fulminantes, no estaba nada cómoda, Sasuke atraía demasiada atención y era peor cuando estaba cerca de ella, sentía que no era lo correcto. No quería que el pelinegro tenga problemas por su culpa.

Sasuke mantuvo la mirada en el blanquecino rostro de Sakura, sin pizca de emoción, leyendo cada una de sus expresiones, empezó a sentirse mal por ella, de cierta manera se mostró algo hipócrita, sabía que él le recomendó que no llamara la atención, pero una persona tan excepcional no debía de temer desenvolverse, especialmente en una universidad que se ganó por su esfuerzo y no porque tuvo que pagar para entrar.

Si de algo no dudaba es que él la ayudaría, se lo merecía, no cualquier persona podía lograr algo así. Ella es extraordinaria.

Tensó la mandíbula y con una mirada amenazante recorrió el lugar, muchas personas bajaron la mirada y otros la desviaron intentando evadir al Uchiha, odiaba demasiado esta situación. Soltó un suspiro llenándose de determinación, prosiguió a tomar las cosas de Sakura, con su otra mano sujetó la muñeca de la pelirosa y no dudó en llevársela de aquél amargo ambiente.

—¿A dónde vamos? —preguntó la joven sin dejar de observar el agarre del Uchiha.

—A la cafetería.

Sakura lo observó incrédula y lo detuvo al instante, el pelinegro le devolvió la mirada bastante confundido por su reciente reacción.

—¿Qué sucede? —soltó enarcando una ceja.

Los brillantes ojos de Sakura lo observaban con preocupación, no quería problemas, en serio quería evitarlos; además, siendo sincera no podía darse el lujo de comprar algo en la cafetería, todo era demasiado costoso.

—El lugar estará repleto de gente, además… —se excusó mientras buscaba algo más que decir, no quería decirle que no tenía dinero, pero tampoco podía mentirle—, es muy costoso.

Bajó la mirada al instante, sus orbes se posaron en algún punto del lugar, de repente sintió un tacto gélido en su mejilla, el pelinegro tomó su mentón alzando suavemente su mirada, esos destellos verdes brillaron con más potencia a causa del sol incandescente.

—No has comido nada. —Hizo una breve pausa, su rostro reflejaba cierto enojo y preocupación—. Ni siquiera sé si te has alimentado todo este tiempo.

Sakura desvió la mirada con tristeza, delatándose enseguida. Sasuke relajó el rostro, su suposición era cierta, ella no estaba bien y sentía tanta impotencia en que haya tantas personas que pasan ese tipo de dificultades. Para Sakura la vida era difícil, siempre lo fue, pero aceptó lo que tuvo que vivir y siguió adelante, no dependía de nadie y tampoco quería hacerlo, mucho menos que sientan compasión, ella era consciente que hay personas que atraviesan circunstancias más difíciles.

—Estoy bien… —musitó mostrando una frágil sonrisa.

—Deja de mentirte a ti misma. —Soltó su mentón y acarició su largo cabello rosa—. Debes entender que si tu salud se quiebra todo terminó, estás estudiando medicina, debes estar consciente de eso. —Acomodó un largo mechón detrás de su oreja—. Sé que tienes muchas cosas por hacer, por esa razón cuídate.

El Uchiha estaba en lo cierto y Sakura lo sabía, siendo sincera se había descuidado mucho, su mente era un enjambre de problemas, pensaba demasiado las cosas, pero era difícil dejar de hacerlo cuando en la mínima oportunidad la vida te atacaba. Es un tormento sentirse tan indefenso. Meditó la situación durante algunos segundos, si llegaba a pasarle algo todo terminaría, quizá no suena nada mal, pero tenía una promesa que cumplir, no podía dejar que todo sea en vano.

Asintió suavemente aceptando que él tenía razón.

—Gracias… Sasuke-kun. —Sonrió.

Unos ónix se ensancharon de sorpresa, no sabía si escucho bien o fue parte de su imaginación, jamás pensó que Sakura usaría aquel sufijo en su persona, sintió un revuelco en el pecho, de alguna manera estaba bastante feliz. Aclaró su garganta intentando recuperarse de la sorpresa inicial.

—Quiero que comas —aseguró, la pelirosa lo observó con atención, perdida en esos pozos negros—. No te preocupes por el dinero. —Sakura tenía la intención de interrumpirlo, pero el Uchiha se lo impidió—. Yo también tengo hambre, sabes perfectamente que salimos apresurados y no nos dio tiempo de nada. —Hizo una breve pausa—. Quiero que comas conmigo.

Sakura asintió con brevedad, el sentimiento de culpa estaba escondido en alguna parte de su corazón, pero ajeno a su malestar agradecía la amabilidad del pelinegro, jamás podrá recompensar todo lo que ha hecho hasta ahora.

En otro lugar, un auto a toda velocidad daba paso a un puñado de rascacielos acoplados de manera simétrica, el sonido de las bocinas se tornaba exasperante, después de todo había llegado al centro de la ciudad.

Estacionó el auto en una transitada calle de Tokio, divisó el alrededor observando todo tipo de personas, bufó mostrando notable molestia, tomó unos lentes de sol y prosiguió a usarlos, para su mala suerte era bastante reconocible y lo menos que quería era una bomba mediática adornado en el periódico al día siguiente.

Después de algunos segundos ahogado en la duda salió del auto, de inmediato sintió la fuerte briza mecer sus largos cabellos, notó enseguida los rayos del sol cochar contra su piel, el calor sofocante lo hizo sentirse más fatigado.

Posó sus oscuros orbes en el edificio que estaba frente a él, sacó el teléfono del bolsillo y realizó una llamada.

—Buenos días, Itachi-sama. —Se escuchó decir al otro lado del teléfono.

El Uchiha bufó ante su saludo, ese día era todo menos bueno.

—Estoy en la entrada del edificio. —Hizo una pausa aclarando su garganta, las ganas de toser eran difíciles de controlar—. Necesito una consulta con urgencia.

En buena hora no tardó en recibir una respuesta.

—Por supuesto, sube por el elevador que está al costado de las oficinas, te daré el acceso inmediatamente.

El azabache colgó la llamada y sin titubear se adentró en el edificio sintiendo miles de escalofríos en su cuerpo, llegó el momento de saber la verdad.

En la universidad, el calor sofocante de aquella irregular estación revelaba la insatisfacción de las personas, varios de estos cubrían sus rostros ante la intensidad de esta gran estrella.

Una fresca brisa meció los cabellos de Sakura, el cual brillaban a causa de los rayos del sol, acomodó su cabello y posó sus ojos verdes en el pelinegro que se encontraba a su lado, tomaron asiento en un lugar apartado, era imposible no llamar la atención después de la acción del Uchiha.

Sakura cruzó las piernas dentro del asiento, llevó las manos entre sus entrepiernas, estaba bastante nerviosa, no dejaba de sentirse observada.

—¿Estás seguro que esto es una buena idea? —Se atrevió a preguntarle al pelinegro, no podía ocultar la preocupación, le carcomía la mente.

Sasuke se apoyó en el espaldar del asiento y cruzó los brazos mirándola expectante, para él era todo un espectáculo ver a Sakura de forma tan única, no se había dado cuenta que le gustaba tanto su cabello.

—Lo único que me importa en este momento es que comas algo. —El Uchiha observó lo intranquila que estaba, soltó un pesado suspiro y se reincorporó con sutileza—. Sé lo que debes tener en mente, hay demasiadas cosas que pensar y de las cuales preocuparse, pero esta es mi decisión. —La observó con seguridad—. Te protegeré.

—Alteza, su orden. —Se acercó uno de los meseros de la cafetería, ambos voltearon a ver topándose con un joven bastante nervioso. El mesero dejó los platos en la mesa con mucho cuidado, se trataba de dos crepes gigantes, estaban rellenos de chocolate y con diversidad de frutos rojos, aparte había un par de cristales con batido de fruta—. Disfruten su comida, buen provecho. —Se retiró con una sutil reverencia.

Sakura no despegó la mirada de los platillos, el crepe era inmenso, todo se veía tan delicioso y dulce, demasiado en realidad. Regresó a ver al Uchiha con una expresión desencajada, él la observaba con una ligera sonrisa.

—Debes comer todo —condicionó el Uchiha mientras tomaba los cubiertos. Ella lo observó asustada, el pelinegro al notar ese gesto volvió a hablar—. No entiendo el porqué de tu expresión, anoche me sorprendiste al comer tantas cosas. —Notó el carmín de sus mejillas y prosiguió—. Vamos a comer, buen provecho.

Ella asintió suavemente y prosiguió a tomar un pedazo llevándoselo a la boca, estaba delicioso y su rostro lo demostraba. Sasuke la observó expectante, en serio quería ayudarla, para su sorpresa una idea espectacular surgió en su mente.

El tiempo pasaba rápidamente, Itachi se encontraba impaciente, sus manos hormigueaban mientras su vista se posaba en Kakuzu, era un viejo amigo, se conocieron en la secundaria a pesar de estar en paralelos diferentes, su amigo era mayor con un par de años, mantenían una buena relación, Itachi sabía que podía confiar en él.

El médico le hizo una revisión completa, no dudó en mencionar los síntomas que padecía, escuchó el sonido de sus pulmones con el estetoscopio esperando no encontrarse con algo malo, pero de repente Itachi pudo notar el cambio brusco de su expresión.

Pasó un buen rato desde la revisión, Kakuzu se encontraba escribiendo una que otra cosa en un cuaderno bastante grueso, el Uchiha le mencionó sobre la enfermedad de su madre, no era información que muchos sabían, pero era necesario revelarlo.

Kakuzu soltó un ligero suspiro mientras retiraba sus lentes, un incómodo silencio pesó en el aire, los cansados orbes del Uchiha se posaron en él, notó como su amigo cruzaba las manos sobre el documento de encima.

El azabache lo observó inquietante, sabía la respuesta, pero en algún pequeño lugar de su corazón deseaba estar equivocado.

—Hay una buena noticia. —Finalmente tomó la palabra, Kakuzu se percató que el Uchiha lo observaba con desconfianza—. Se ha detectado a tiempo.

Itachi sintió un desgarre en el pecho, desvió la mirada en varios puntos del lugar intentando tomar aire, cerró los ojos con pesar, sabía que la posibilidad era alta, pero esperaba obtener otra respuesta, heredó la enfermedad de su madre y eso lo desencajó por completo.

En todo lo que lleva de vida era consciente de que existía esa posibilidad, tanto él como su hermano eran propensos a heredar la enfermedad de su madre, Mikoto poseía cáncer de pulmón microcítico, una enfermedad que si no te mata al instante te deja tan acabado que eres tú el que quiere terminar con su vida.

Era incapaz de olvidar todo lo que tuvo que pasar cuando apenas era un infante, le tocó vivir la pesadilla de su madre al padecer esa agonía, le daba tanta tristeza al recordar que Mikoto sufrió sola, los únicos que sabían sobre su enfermedad era él y su padre, pero por pertenecer a una familia noble y evitar manchar el linaje Fugaku decidió ocultarlo ante la sociedad.

Itachi la cuidó todos los días, la apoyó incondicionalmente, cada día era testigo del dolor que sentía, era un martirio cada vez que tosía, detestaba ver las delgadas manos de su madre manchadas de carmín. Recuerda el día en que Mikoto se fue de casa, estaba tan preocupado, odiaba que su padre le prohibiera verla, pero al salir de clases lograba escabullirse para saber el estado de su madre. Afortunadamente y por no decir un milagro ella superó la enfermedad, recibió un masivo tratamiento que le salvó la vida.

Una expresión dura se formó en su rostro, ¿qué más daba? Él podía controlarlo, después de tantos años de secretos, inundado de problemas, solo e infeliz, aquella carga tan pesada que venía arrastrando lo fortaleció de cierta manera, además, solo era su vida.

El médico prosiguió dándole algunas indicaciones, pero Itachi solamente lo observó pizca de emoción.

—Debo realizar varios estudios para saber con exactitud en qué etapa del cáncer te encuentras, aunque por el silbido de tus pulmones y los recientes síntomas puedo asegurar que apenas empieza. —Hizo una breve pausa—. A medida que podamos diagnosticarlo te indicaré el tratamiento adecuado, lo más importante ahora es realizarte una biopsia, debemos actuar con brevedad.

Itachi se puso de pie interrumpiéndolo.

—¿Lo puedo manejar con medicamento?

Kakuzu lo observó confundido.

—Los medicamentos alivian temporalmente los síntomas, pero después regresará con fuerza. –Observó como el Uchiha mantenía su expresión cortante—. Itachi… Una intervención quirúrgica seria la opción más adecuada para tu salud.

Itachi cerró los ojos con pesar, no le apetecía en lo absoluto hacer algo por su vida, no pretendía luchar, no sentía la fuerza necesaria para combatir algo tan fuerte, lo único que quería es un poco de tiempo.

—Por favor, solo dame unas cuantas pastillas.

Kakuzu se sorprendió ante su respuesta, poco a poco lo inundaba la impotencia.

¿Por qué siempre los Uchihas tienen que ser tan obstinados?

Itachi era su amigo y no deseaba verlo morir sin siquiera intentarlo. No podía permitir semejante estupidez.

—¡Aún estás a tiempo, tu madre pudo salvarse en una etapa más avanzada! ¡¿Por qué no lo intentas?! ¡Debes hacer algo!

Unos oscuros orbes lo observaron sin emoción, no era lo que él quería.

—Te llamaré luego por la medicación. —Itachi le dio la espalda y se marchó del consultorio dejando a un doctor bastante confundido.

Una vez entró al auto tomó una gran bocanada de aire, había tantas cosas que procesar, no estaba preparado, estaba tan harto, tan jodido y destrozado. Sintió un nudo florecer en su garganta, golpeó el volante con fiereza, cada vez más sentía como su mirada se humedecía.

Leves sollozos enfrentaron al silencio, con el corazón desgarrado varios hilos de agua brotaban de sus cristalinos ojos negros.