By Messel.


20

Mamá...

Quien creería que en situaciones complejas nuestros corazones se tornaran palpitantes, es bastante común reflejar tristeza cuando estamos sujetos a tormentosos recuerdos.

Una hermosa mujer de melena oscura estaba arreglando una prenda entre sus manos, pasó un día sin mucha dificultad mientras realizaba algunas tareas de su hogar, estaba concentrada en su actividad cuando de repente sintió dos toques suaves en la puerta. Mikoto volteó a ver el lugar bastante extrañada, supo enseguida que no se trataba de Hideaki, aun no terminaba su jornada laboral, no era recurrente que tenga visitas, así que imagino que era Itachi.

Dejó la prenda que estaba cociendo a un lado y se acercó a la puerta, la abrió sutilmente mientras alzaba la vista para encontrarse con la mirada de su reciente visita. Sus labios se abrieron ligeramente y sus ojos se explayaron de sorpresa al observar unos ónix tan potentes que sin duda reconocía. Su labio tembló y sintió flaquear un instante, sus pupilas decoradas de negro empezaron a cristalizarse, su corazón empezó a doler.

—¿S-Sasuke? —pronunció su nombre con dificultad, el pelinegro sintió un escalofrío al escuchar su voz—. Hijo mío.

El aludido sintió un amarre en sus entrañas, por un momento pensó en girarse y huir, como lo había hecho anteriormente. Su mirada se posaba en el suelo, mordió su labio inferior con delicadeza, intentaba disipar el sentimiento de cólera que arraigaba su corazón y alma, frente a el estaba la persona que dejó herido su corazón y arruinó gran parte de su vida, era difícil procesar hasta qué punto había llegado.

Alzó la mirada sin observarla, sus labios temblaron al intentar hablar.

—Hablemos. —La voz de Sasuke era oscura, con mucha valentía clavó sus ónix en los de su madre y notó lo sorprendida que se encontraba.

—Mikoto-san —pronunció la mujer de cabello rosa, sus oscuros orbes se posaron en ella, apenas se daba cuenta que Sakura estaba acompañada de su hijo. Sus cejas se curvaron con bastante tristeza, supo enseguida que esa última oportunidad fue debido a ella, observó como la radiante muchacha asintió dándole a entender que este era su momento, Mikoto limpió sus lágrimas y sonrió débilmente.

Abrió la puerta por completo y prosiguió a hablar.

—Entren por favor —musitó en un hilo de voz, era difícil recuperarse de la sorpresa inicial.

La pareja se miró por un instante y Sakura negó suavemente con la cabeza, el pelinegro empezó a sudar frío, después de todo tenía que afrontar esto solo.

—Esperaré afuera —dijo la Haruno atrayendo la atención de Mikoto—, este es su momento y no puedo entrometerme.

Sakura sujetó la mano del Uchiha y le dio un suave apretón, últimamente se convirtió en una manera de hacerle saber que no estaba solo, sus impotentes ónix se posaron en sus destellos jades y tomó determinación.

El pelinegro se adentró al apartamento ante la mirada atenta de la Haruno, una vez desapareció por la puerta Mikoto no tardó en acercarse y darle un fuerte abrazo a la chica.

—Gracias —dijo desesperada con voz rota—, muchísimas gracias.

Sakura le devolvió el abrazo y sonrió una vez se separaron.

—Es el momento de arreglar las cosas —aseguró con una amable sonrisa—, todo va a salir bien.

Mikoto le devolvió el gesto y no tardó en adentrarse al apartamento.

El pelinegro dio una rápida revisión al lugar, el inmueble era un poco más grande que el de Sakura, además de que tenían muy amoblado el lugar. Sus orbes se fijaron en un pequeño mueble que posaba en la pared frente a la sala de estar, crispó los ojos al observarse en un pequeño portarretrato que descansaba en el mueble de al fondo.

Desvió la vista bastante aturdido, un sinfín de emociones aparecían en su pecho haciéndolo sentir asfixiado, su cabeza dolía al recordar momentos que vivió con la mujer que le dio la vida, aquellos que suprimió ante el constante deseo de poder olvidarla.

—Toma asiento, por favor. —Escuchó decir cerca de él sobresaltándolo un poco, no dijo nada y prosiguió a sentarse en el sofá más cercano.

Mikoto aun no podía asimilar la situación, su hijo, su pequeño Sasuke estaba frente a ella, esperó tantos años por ese momento, esa oportunidad que necesitaba para poder remediar sus pecados contándole la verdad a aquel que posaba ante sus ojos, apenas notaba cuánto había crecido.

Sus ojos negros lo examinaron percatándose en varios detalles de su rostro, aquel inocente y sonriente niño se había esfumado por completo, sus rasgos se endurecieron y su semblante era todo lo opuesto a cuando era un infante. Ahora era todo un hombre.

La mujer se sentó en el sofá de enfrente, el Uchiha no la miraba, no se sentía mal por eso, después de todo sabía a la perfección que no se merecía una pizca de compasión por parte de él, le hizo mucho daño y era consciente de ello.

—¿Cómo has estado? —Intentó iniciar la conversación.

—No estoy aquí para hablar de mí. —Clavó sus dolidos orbes en ella—. Ve directo al grano.

Mikoto tragó saliva, la voz de su hijo era grave y oscura, sintió un nudo en su garganta al caer en cuenta una vez más el gran dolor que le causó durante su existencia.

Sasuke era demasiado duro con ella, pero, ¿qué podía hacer? Estaba haciendo un intento abismal al estar en ese lugar, no podía simplemente erradicar el rencor de un segundo a otro y actuar como un niño pequeño que extrañaba a su madre, no podía fingir que nada pasó y lanzarse a sus brazos como si nada. Tal vez en un momento tuvo ese pequeño impulso, pero la dolencia y rencor cobijado en su alma era más grande que cualquier otra cosa.

Esperó que ella tomara la palabra, sin embargo, no podía negar que tenía demasiadas preguntas, cerró los ojos con pesar, desde la partida de su madre siempre tuvo dudas que le destrozaban su mente.

¿Por qué nos abandonaste?

¿Pensaste siquiera una sola vez en nosotros?

¿Por qué no nos llevaste contigo?

¡¿Por qué no lo hiciste sabiendo que mi padre era una basura?!

¿Alguna vez siquiera te importó?

Sasuke la observó con odio, su madre observaba el suelo mientras su mirada se encontraba perdida, el Uchiha frunció el ceño y escupió unas cuantas palabras.

—¿Te quedarás callada? —soltó cortante—. Si no tienes nada que decir tampoco tengo razón para estar aquí.

Mikoto lo observó al instante bastante alarmada, notó que su hijo tenía la intención de levantarse e irse del lugar.

—E-Espera —balbuceó suplicante, el pelinegro la observó encontrándose con unos desesperados ojos negros, soltó un pesado suspiro y dejó caer su peso nuevamente en el sofá. Mikoto bajó la mirada y se tomó las manos bastante temblorosas—, es solo que no sé por donde comenzar —concluyó alzando sus orbes con bastante tristeza.

El Uchiha desvió la mirada y arrugó la nariz, se le dificultaba tanto el verla así, con esa expresión tan rota y dolida, le parecía demasiado injusto, Mikoto fue la que se marchó, la que los abandonó, no tendría derecho de ponerse así cuando ella fue quien tomó ese tipo de decisiones. Esa mirada que su madre tenía... no era la primera vez que la veía.

—¿Cuál es la supuesta verdad? —dijo secamente, quería que todo termine de una jodida vez, ni siquiera habían hablado y ya se sentía hecho pedazos.

Aquella madre simplemente meditó las palabras que estaba a punto de decir, necesitaba encontrar la manera de empezar a contarle a su hijo lo que en realidad había pasado, y lo que le orilló a tomar esa decisión.

—¿Recuerdas la vez que me viste enferma? —Empezó a hablar atrayendo la atención del pelinegro, por supuesto que lo recordaba, aquella vez en que su madre se tumbó en el suelo y sus delgadas manos estaban manchadas de carmín. Aquella vez que le dijo que no se metiera en ese asunto y le ordenó que busque a su hermano. Su ceja tembló al recordarlo, fue la primera vez que sintió miserable e impotente.

—¿Qué pasa con eso? —respondió con otra pregunta mientras desviaba la mirada observando otro punto del lugar. Desde que era un infante sufrió demasiado y tener que recordarlo en ese momento le estrujaba el corazón.

—Tenía cáncer de pulmón.

Sasuke regresó a verla al instante, ni siquiera se había dado cuenta que su expresión lucía sorprendida, sus labios temblaron y desvió la mirada intentando procesar lo que su madre acababa de decir.

¿Cáncer de pulmón? ¿En qué momento...?

Sus ónix se clavaron en ella quien se encontraba observando el piso, sintió bastante confusión camuflado en una ira irremediable.

¿Por qué no me lo dijo? ¡¿Cómo es posible que me haya ocultado algo así?!

Sintió bastante rencor en ese momento, pero poco a poco la ira empezaba a hacerse presente, empezaba a odiarse tanto con solo pensar que fue tan ingenuo que no pudo darse cuenta.

¡¿Cómo no pude asimilar que eso no era normal?!

Volvió a observarla con angustia, seguía sin creer que le haya ocultado algo así, lo único que atinaba a decir era una de sus recientes preguntas mentales.

—¿Por qué no me lo dijiste? —La voz rota del Uchiha era notable, Mikoto lo observó con tristeza y abrió ligeramente sus labios con la intención de responder a su reciente pregunta.

—No podía hacerlo. —Sasuke crispó los ojos, necesitaba que le explique la razón que tenía para ocultárselo—. Eras muy pequeño para que puedas asimilar la situación, solamente te iba a causar un dolor innecesario, ya era suficiente con el daño que le hice a tu hermano.

Sasuke se negaba a aceptar esa respuesta, no era una razón suficiente para que simplemente le ocultara algo tan importante, sabía que era pequeño y que desconocía de tantas cosas en aquel insano mundo, nada era justificable. Asimiló las últimas palabras que salieron de su boca, apenas caía en cuenta que su hermano estuvo todo el tiempo enterado de toda la situación. Recordaba perfectamente aquel día, cuando apenas era un niño y la vio de esa manera, su madre aclamaba el nombre de Itachi, su cabeza empezó a doler con solo pensarlo.

—¿Itachi sabe de esto, no es así? —El Uchiha estaba desencajado, recordaba con impaciencia todo el tormento que arrastraba en sus hombros. Se cubrió el rostro con sus manos intentando calmar el latido desesperado de su corazón, se sentía bastante afligido.

Con unos ojos devastados Mikoto agachó la mirada y se dignó a responder.

—Tu hermano me acompañó en todo este sufrimiento... —Sasuke no la observaba, solo se limitó a escuchar con mucho coraje en su corazón, se sentía inútil, siempre era dejado de lado incluso en algo tan importante, el merecía saber eso, debía apoyar a su madre cuando pasaba por algo tan difícil—. Itachi sabe lo que ha pasado en todos estos años, conoce la verdadera historia.

Sasuke la observó por instinto con bastante descontento en su mirada.

¿Por qué Itachi era el único que lo sabía?

¿Acaso soy tan incompetente y estúpido que no podía lidiar con la situación?

¿Tal vez llegó al punto de ocultarlo a mi propio padre?

Quizá ahora sé la razón del porqué se comporta como un idiota.

Chasqueó la lengua con fastidio, sentía que todos esos años se estuvieron burlando de él.

—¿Porqué no hablaste conmigo desde un principio? —Sasuke empezó a acorralarla con preguntas, su mirada dolida no dejaba de escrutarla—. ¿Qué necesidad había de hacerme vivir en una mentira? —soltó sin titubear mientras su voz se tornó rota—. ¿Acaso no pensaste en cuanto sufriría al enterarme de todo esto?

Sus ojos negros denotaban dolor, Mikoto sintió una punzada en su corazón al verlo de esa manera, hilos de agua cayeron de sus ojos al recriminarse una y otra vez el gran error que había cometido.

—Perdóname... —musitó entre leves sollozos, no podía aguantar todo el sufrimiento que aquello le causó, perdió a lo que más amaba, sus hijos quedaron abandonados por culpa suya y no hizo nada al respecto.

Sasuke la observó destrozado, sintió que sus ojos ardían al notar como un nudo se formaba en su garganta, tomó una bocanada de aire intentando calmarse.

—No lo haré. —El pelinegro no despegó su mirada de ella, esta lo miraba con tristeza al saber que no la perdonaría—. Esto no justifica que nos hayas abandonado.

Mikoto soltó una amarga sonrisa, su hijo lo observó con bastante recelo, no entendía porque sonreía en aquella penosa situación.

—Aún no he terminado —confesó captando la atención del pelinegro—, debemos hablar de tu padre.

El Uchiha crispó los ojos, algo en su corazón le decía que nada bueno saldría de ello.

Ajeno a la situación, Fugaku se encontraba en su despacho arreglando algunos asuntos pendientes, su reciente cargo como primer ministro demandada la mayor parte de su tiempo. Un par de toques se hicieron presentes en la puerta atrayendo su atención.

—Adelante.

La puerta se abrió al instante mostrando a su asistente.

—Alteza. —El peliblanco dio una reverencia y depositó unos papeles encima del escritorio—. Son los giros bancarios de la empresa que me encomendó.

Fugaku tomó las hojas entre sus manos y prosiguió a darle un vistazo, mientras revisaba el contenido empezaba a sentir bastante satisfacción, había otra persona que tachar de su lista.

Un teléfono empezó a sonar atrayendo la atención del Uchiha, este tomó la llamada al percatarse de quien se trataba.

—Orochimaru, no esperaba una llamada de tu parte. —Hizo una breve pausa—. Ha pasado un tiempo.

Una risa sutil se escuchó al otro lado del teléfono.

En una empresa lejana se encontraba un hombre de largo cabello negro y piel blanquecina, sus ojos ámbar brillaban tenuemente al escuchar la voz de su socio.

—Quería felicitarte por el nuevo puesto de primer ministro —dijo con voz melodiosa—, veo que las cosas te están saliendo bien.

Fugaku suspiró bastante cabreado, sabía a lo que se refería.

—No me olvido de nuestro trato —aseguró el Uchiha mientras Orochimaru lo escuchaba con una sonrisa—, ten paciencia.

—Solo quise felicitarte —dijo el hombre de ojos ámbar—, mi intención no era apresurarte, sabes que resultaría extraño que de repente te vuelvas emperador —soltó maliciosamente.

El Uchiha crispó los ojos al escucharlo, en mala hora se atrevió a liarse con él, Orochimaru era demasiado poderoso y no podía deshacerse de él, ya buscaría la manera de silenciarlo.

—Me estaré comunicando contigo pronto, necesito que te encargues de alguien —instó Fugaku mientras observaba las hojas que sujetaba en su mano.

Una diminuta sonrisa se formó en sus labios.

Mientras tanto en casa de Mikoto el ambiente era tenso, con un pañuelo limpió las lágrimas que no había podido controlar, Sasuke la observaba expectante, ahora que sabía que había mucho más que contar no podía quedarse tranquilo.

—Tu padre no es una buena persona. —Se atrevió a decir con la mirada perdida, empezaba a recordar el martirio que vivió a causa de él, cuánto odiaba a ese hombre. Sasuke no se sorprendió ante sus palabras, él más que nadie sabía eso, lastimosamente descubrió esa faceta de su padre después del abandono de su madre. Fugaku era diferente cuando él era un niño, quizá se volvió así de inhumano cuando Mikoto lo dejó por otra persona.

—Tú lo convertiste en lo que es ahora —soltó con resentimiento, su madre no tardó en observarlo totalmente perpleja.

Eso era un grave error, Mikoto sabía a la perfección que eso era mentira, sí, hubo un punto de la vida en la que Fugaku era diferente, pero él jamás pensó en las decisiones que tomó y las consecuencias de las mismas. Después de que se casaron todo se convirtió en un infierno, aquel hombre del que se había enamorado desapareció, las caricias fueron reemplazadas por golpes y eso era algo que no tenía justificación. Mikoto nunca hizo algo para que Fugaku tenga esa actitud hacia su persona, su característica sonrisa que la representaba se convirtió en un recuerdo, empezó a hacerse pasiva ante la actitud de su marido, perdió el derecho de ser tratada como un humano ante él.

—¡Eso no es cierto! —Se apresuró a decir alzando la voz, Sasuke se sorprendió levemente, no pasó mucho cuando Mikoto cayó en cuenta que lo había gritado—. Lo siento... —Desvió la mirada y no tardó en volver a verlo—. Es solo que las cosas no fueron así...

Sasuke sintió impotencia, quería que suelte todo de una maldita vez, su corazón no dejaba de palpitar con fiereza y la adrenalina que sentía no se apaciguaba.

—Sólo dime la verdad... —soltó en un hilo de voz, estaba cansado de sentir tanto dolor en su pecho—. Estoy harto de tantas mentiras...

Ella sabía que su hijo tenía razón, debía dejar de dar tantas vueltas, su hijo merecía saber la verdad y dejar de vivir en un engaño.

—Conocí a tu padre a causa de un amigo mío. —Empezó a hablar, él puso atención—. Me enamoré de Fugaku por la actitud que tuvo conmigo, yo provenía de una familia bastante sencilla y lo dejé muy claro desde el comienzo, pero el me aseguró que eso no le importaba. —Sasuke sintió un nudo en el estómago, recordó a Sakura enseguida—. Tu padre era heredero de las empresas de su familia, estaba sujeto a bastante presión debido a que tenía que cuidar el emblema de su dinastía. —Hizo una breve pausa, recordó vagamente el tormento de su pasado—. Cuando nos casamos todo iba bastante bien, era cariñoso y atento conmigo, en ningún momento me arrepentí de haber aceptado ser su esposa.

—¿Por qué cambió tanto entonces? —preguntó por instinto al recordar lo sombrío que era su padre, parecía un hombre que no tenía sentimientos.

—Algunos años después de haber tenido a Itachi fue cuando Madara fue nombrado emperador, tu padre se puso como loco —confesó bajando la mirada, aún recordaba a la perfección esos ojos tan aterradores—, no sé a la perfección las reglas de la dinastía Uchiha, pero Fugaku esperaba ser el sucesor, más no lo fue.

Sasuke asimilaba cada palabra que decía, intentaba comprender la razón del porqué su padre se había convertido en el monstruo que era en el presente. Siguió escuchando a su madre, no tenía intención de interrumpirla. El miedo que sentía al comienzo empezaba a esfumarse, empezaba a sentirse mal por ella.

—Desde ese momento tu padre comenzó a tener repentinos cambios de humor, empezó a pasar más tiempo en su trabajo intentando agrandar sus empresas con la intención de obtener más poder —aseguró Mikoto recordando la situación cuando se formó una discusión entre ambos—. Dejé de meterme en sus asuntos de trabajo, no quería problemas, empecé a temerle.

Mikoto regresó a verlo sabiendo que él también la observaba, no tardó en abrir sus labios para proseguir en contar su historia.

—Fugaku era tan indiferente, todo rastro del hombre del cual me enamoré había desaparecido, en algún lugar de mi corazón deseaba que vuelva a ser el mismo de antes. —Sus labios temblaron, ahora se daba cuenta de qué tan irreal era eso—. Dos años después naciste tú. —Sasuke clavó sus ojos en ella al escuchar eso—. Por un momento pensé que todo cambiaría, Fugaku estaba tan feliz.

Los orbes negros del Uchiha se ensancharon ante eso, vagos recuerdos aparecían en su mente, cuando era un niño su padre solía ser bastante atento con él, ahora que lo pensaba tenía razón, Fugaku tenía una faceta diferente en el pasado.

—Lastimosamente conmigo volvió a ser cortante e indiferente. —Habló atrayendo la atención de su hijo—. Llegó el día en que pude entender la razón del porque empezó a odiarme. —Agachó la cabeza intentando que no la vea llorar—. Yo fui la razón del porqué tu padre no fue emperador.

La sorpresa de Sasuke era evidente, crispó los ojos y apretó los puños sintiendo bastante furia, si lo que ella decía era cierto su padre era un maldito, él fue quien quiso casarse con ella y de un momento a otro la empezó a tratar como basura. ¿Qué demonios pretendía? ¿Tanto prefería el poder que hizo a un lado a la persona que amaba? ¡Era un odio injustificable!

—Ustedes son lo que mas amo en la vida —aseguró con una amarga sonrisa, el Uchiha regresó a verla al instante—, aguanté todo lo que me hizo por temor a que Fugaku me separe de ustedes.

Lo observó con tristeza, así suene masoquista sentía que cada golpe de ese hombre valía la pena si de eso constaba estar junto a sus pequeños. Sasuke se levantó del lugar, no tardó en girar dándole la espalda mientras sus manos descansaban en su cintura, sus orbes se posaron en el tumbado intentando tomar algo de aire.

—No pasó mucho cuando diagnosticaron mi enfermedad, cuando me enteré de eso sentí que mi vida se derrumbaba. —Sin poder evitarlo empezó a llorar sin saber que al pelinegro se le partió el corazón al escucharla así—. Eso no impidió que Fugaku dejara de pegarme.

Sasuke volteó por inercia al escuchar esas palabras, una adrenalina se hizo presente en su corazón, ¿acaso escuchó bien?

—¿Pegarte? —soltó incrédulo—. ¡¿Se atrevió a alzarte la mano?!

Mikoto se heló al instante, sabía que debía decirle la verdad, pero definitivamente quería omitir aquello, no quería que su hijo se meta en problemas por algo del pasado. Fugaku era de temer y se culpó rápidamente en haber hablado demás. Bajó la mirada con demasiada tristeza, no podía tener el descaro de mentirle ahora.

Una mano temblorosa se posó en su brazo, recordó todo el maltrato por parte de ese hombre.

—Él estaba demasiado cegado.

El Uchiha la observó totalmente horrorizado, sintió una rabia incontrolable, aquella respuesta era una afirmación a su pregunta.

—¡Lo mataré! —soltó con furia, empezó a respirar forzosamente, sentía que le faltaba el aire. Imaginó la situación enseguida, cerró los ojos con fuerza al recordar que definitivamente presenció ese tipo de violencia, lo hizo una vez, aquel día que estaba con su madre en el jardín de la residencia, ahora se daba cuenta que no fue simplemente una pesadilla. Sus ojos empezaron a cristalizarse y el nudo en su garganta era más fuerte que nunca, se sintió roto y destrozado—. ¡Voy a matar a ese maldito! —Empezó a llorar sin temor alguno, no aguantaba más, el dolor que tenía en su pecho era tan grande que no podía soportarlo. Su padre ni siquiera respetó que es una mujer, ni siquiera le importó que haya estado enferma—. ¡Maldito bastardo! —bramó furioso mientras golpeaba sus piernas, Mikoto lo observó atónita, su corazón se estrujó por completo al verlo de esa manera, no, no estaba bien.

El Uchiha se levantó abruptamente con la intención de largarse, sus ojos desprendían fuego, quería matarlo, nunca se lo perdonaría.

—¡S-Sasuke! —Mikoto se acercó a su hijo tomándole del brazo, quería impedir que haga una estupidez. Sus ojos se cristalizaron al observar la expresión tan devastada de su hijo, pudo notar que sus labios temblaban y sus ojos desprendían hilos de agua, una mirada que estaba llena de dolor—. Por favor, detente.

Con sus labios temblorosos y una expresión rota pronunció unas débiles palabras.

—Él te lastimó...

Mikoto lo observó expectante quedándose sin aliento, no tardó cuando se echó a llorar a más no poder. Sasuke se giró completamente y la cobijó en un fuerte abrazo, lloró en silencio acompañando a su madre en su lamento, jamás pensó que pasó por algo así, seguía sin ser justificado que no le haya dicho la verdad, pero tampoco era justo que haya soportado todo ese infierno.

Leves sollozos se hicieron presentes, se sentía la peor basura del mundo al sentir tanto odio hacia su madre, aquellas veces en las que quiso erradicarla de su corazón y vida, cuando la menospreció y dedicó dolorosas palabras, su padre le envenenó tanto.

La abrazó con más fuerza al escuchar los sollozos de su madre, esa mujer que tanto le hacía falta. Cerró los ojos con pesar y curvó sus cejas en una expresión devastada, con un último sollozo de total resignación pronunció las palabras más sinceras del mundo.

—Perdóname... —musitó con bastante tristeza—, mamá.

Lo siento tanto...