Señorita Constructora
Esta historia es una adaptación.
La historia original es Miss Fix-It de Emma Hart
Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer
Capítulo 2
Una semana más tarde
Nota para mí: Una noche de chicas el día anterior a una consulta con un cliente potencial no fue la mejor idea que tuve.
Tampoco lo fue el vodka.
Realmente, lo sabía mejor. El vodka y yo no somos amigos. En este momento de mi vida, debería haber sido capaz de decir que no me atraía ningún cóctel, y definitivamente no debería estar cediendo a la presión de las compañeras cuando se trataba de los tragos.
Considerado todo, era una adulta bastante pésima. Pero, oye. Mi mejor amiga regresó de un viaje de trabajo que la llevó lejos durante un mes, y la salida nocturna fue planeada mucho antes de que recibiera el correo electrónico de Edward Cullen.
Afortunadamente para mí, en este momento, había bebido suficiente agua para saciar la sed de una manada de elefantes, engullí tres bollos, me duché y me cepillé los dientes al menos cinco veces para matar la mugre que el alcohol dejó atrás la noche anterior.
Me sentía casi humana. Casi.
Mi cabeza profesional se haría cargo cuando entrara a la casa. Tenía mi caja de herramientas, aunque no pensé que la necesitaría. Era principalmente para la cinta métrica, que indudablemente perdería si la sacaba de la caja.
Siempre perdía la maldita cosa. Estaba a punto de comprarlas al por mayor y almacenarlas en mi sótano.
Tomé un trago de agua antes de poner en marcha mi camioneta. El brillante ambientador se balanceó desde el espejo retrovisor cuando salí de mi entrada y de mi modesta casa de dos pisos.
La dirección que Edward Cullen me dio no quedaba demasiado lejos de mi propia casa. A cinco minutos en auto, a diez minutos más o menos a pie, ya que podía atravesar el parque que separaba nuestros vecindarios.
También sabía que era parte de un bloque de casas que tenían problemas de moho desde que se construyeron. A los compradores originales se les otorgó una compensación por los problemas que causó, pero eso no contaba cuando se las compraban a uno de ellos.
En otras palabras, Edward Cullen debía estar preparado para el largo y potencialmente costoso trecho si compró la casa, y yo estaba casi segura de que sí.
Salí a su calle. Era fácil elegir qué casa era suya. Sobre el césped, junto al buzón, se amontonaban cajas apiladas un tanto al azar. Me acerqué a la acera y apagué mi motor. Otro trago de agua y agarré mi caja de herramientas, y la caja de perforación, por si acaso, y me dirigí a la puerta de entrada.
Llamé al timbre.
Un grito respondió.
Di un paso atrás.
— ¡No, Ewwie! —Gritó una voz joven—. ¡Nooooo!
— ¡Eleanor! ¡Elijah! —Dijo una voz más profunda y gruñona por encima del ruido de ellos peleando—. ¿Pueden parar por dos minutos para que pueda abrir la puerta?
—Pero ella dijo…
—Pero él…
La puerta se abrió, revelando el hombre que supuse que era Edward Cullen.
Santa madre de los orgasmos.
Tontamente, lo miré fijamente. Al cabello oscuro que se rizaba sobre su frente y orejas. A los ojos verde esmeralda que me medían. A los pómulos afilados, los labios carnosos, la mandíbula sin afeitar... Los brazos que parecían poder levantar un tanque sobre su cabeza.
— ¿Puedo ayudarte? —dijo en una voz baja que podía escuchar sobre la lucha ingobernable en la casa detrás de él.
Mi boca se sentía demasiado seca para responder.
Arqueó una ceja.
»Lo siento, tengo una cita en... —Miró el reloj en su muñeca—. En cualquier momento, en realidad, y tengo que ordenar a mis hijos, entonces...
— ¿Señor Cullen? —Gracias a Dios. Hola de nuevo, voz. Es bueno que vengas.
Se detuvo, a media vuelta, y me miró. —Sí…
Extendí mi mano. —Bella Swan. ¿Estoy aquí para consultar con usted las habitaciones de sus hijos?
—Bella Swan —dijo mi nombre lentamente, enrollándolo alrededor de su boca como si lo estuviera probando para su tamaño.
Profundo, rudo y... sospechoso.
Aquí vamos de nuevo.
» ¿La Swan. Handyman con la que he estado intercambiando correos electrónicos?
—Esa soy yo.
— ¿Es común que su empresa envíe a alguien que no es el constructor para la consulta?
Tomé una respiración profunda e hice un gesto hacia la caja de herramientas a mis pies. —De ningún modo. Yo soy la constructora.
Me miró, las cejas se juntaron confundidas. Pude ver el momento exacto en que la comprensión llegó, porque sus cejas se elevaron y sus labios se abrieron de manera muy tentadora.
Maldita sea, no. No conseguía ser atraída por personas estereotipadas como él.
Alguien necesitaba decirle eso a mí vagina.
—Tú eres la constructora —dijo finalmente, lentamente.
Un grito desgarrador vino desde el interior de la casa.
Edward Cullen negó con la cabeza.
»Lo siento, pasa. Será un minuto.
—Gracias. —Cogí mi caja de herramientas y taladro y entré al pasillo. No había mucho espacio, se redujo enormemente o no había podido desempacar un montón de cosas. ¿Cuánto tiempo llevaba aquí?
—Eleanor, Elijah, es suficiente. —Dio una palmada en la habitación contigua.
Me incliné hacia un lado para poder ver a través de la puerta.
¿Qué? Era una entrometida ¿De qué otra manera encontraré cosas?
Se paró frente a dos niños, un niño y una niña. A pesar de que la pequeña niña, Eleanor, era un poco más alta que su hermano, Elijah, era obvio que eran gemelos.
¿Cómo?
Ambos tenían cabello que era de un color dorado que brillaba casi como el cobre a la luz del sol que entraba por la ventana detrás de Edward. Ambos se pararon en posiciones idénticas, también. Las piernas separadas, los brazos cruzados, y los ceños fruncidos que estropeaban sus pequeñas caras adorables... Bien, podrías haber combinado las fotos de esas expresiones, y no serías capaz de decir quién era quién, incluso las pecas que parecían salpicar sus narices.
»Lo digo en serio —dijo Edward—. La constructora llegó para hablar sobre sus habitaciones. La enviaré a casa si no se portan bien.
En perfecta sincronización, dejaron caer sus brazos, y sus ceños se transformaron en expresiones horrorizadas.
— ¡No, papá! —Eleanor corrió hacia él y tiró de sus pantalones vaqueros—. No, no, no, ¡necesito mi habitación de pincesas!
— ¡No! —Elijah copió a su hermana—. Necesito mi habitación de superhedues.
—No, yo necesito...
—Necesito que dejen de gritar —dijo Edward, quitándose a los gemelos de encima—. La próxima vez, ambos estarán fuera, ¿me oyen?
Dos pares grandes de ojos lo miraron, y el cabello dorado se balanceó mientras asentían al unísono.
Hombre. Eso fue espeluznante como la mierda.
»Ahora —continuó—. Quiero que los dos se sienten con los diagramas de pintura y el color de sus paredes —Sacó dos cuadros de la estantería prácticamente vacía a su lado y les entregó uno a cada uno—. Voy a subir con la Sra. Swan, y en el segundo que los oiga pelear es el segundo en que Ellie se queda con la habitación de los superhéroes y Eli con el de princesas. ¿De acuerdo?
Si Ellie parecía horrorizada, Eli lucía positivamente fuera de sí ante la posibilidad.
Nunca vi a dos niños sentarse y mirar cuadros de pintura tan atentamente en toda mi vida.
Edward dejó escapar un suspiro y se pasó la mano por el cabello, uniéndose a mí en el pasillo.
»Lo siento. Acabamos de mudarnos de Denver, y esto es un cambio para ellos. Sin preescolar, perdieron a su niñera, mis padres ya no están aquí... Es difícil.
Ninguna mención a la madre.
Umm.
¿Estaba soltero?
Maldita sea, Bella. Vuelve a poner tu sedienta vagina en su jaula.
—No te preocupes. —Sonreí—. ¿Vamos arriba?
Echó un vistazo atrás a la sala de estar. — ¿Mientras siguen callados? Absolutamente. Dudo que duren mucho.
Me tragué una risa y agarré mis cosas. Había estado aquí menos de cinco minutos, y ya podía decir que eso era totalmente cierto.
Lo seguí arriba, y lo juro, traté de no mirar su trasero. Fue literalmente un mantra dentro de mi cabeza.
No mires su trasero. No mires su trasero. No mires su trasero.
No funcionó. Era difícil no mirar su trasero. Era redondo, con forma de melocotón y, maldita sea, ¡era una pagana!
¿Qué sucedía aquí? ¿Era un efecto de la resaca?
Eso era todo.
Era un rastro persistente y doloroso de ese maldito vodka.
Aun así... Era realmente un gran culo. Y yo era una chica de traseros. Y una chica de brazos. Y una chica de ojos. Y una chica de bocas. Y una chica de una maldita polla.
Básicamente, era fácil de complacer a menos que hablaras como un idiota.
—... realmente funcionó —dijo Edward, llegando a la parte superior de las escaleras.
Oh, mierda. No escuché ni una palabra de lo que dijo.
—Bien. — ¿Era eso lo correcto? Maldita sea su culo fascinante.
—Sí, el moho en las paredes se ha ido casi por completo, pero creo que ahora solo está manchado. —Empujó una puerta—. Esta es la habitación de Ellie. La de ella se hallaba un poco peor que la de Eli.
Entré en la habitación después de él. Las fotos en realidad no le hicieron justicia: el papel se rasgaba, el piso necesitaba desesperadamente una revisión general y las ventanas todavía conservaban las señales de moho en la forma en que se grababa en los bordes de las ventanas.
Dejé mis cosas y fui a echar un vistazo más de cerca. —Es solo una mancha —confirmé—. Necesito mirar más, pero creo que es solo moho negro, que es un problema que tienen todas las casas en este vecindario.
— ¿De verdad?
—Sí. Los contratistas originales arruinaron algo, pero como usted le compró a otra persona y no a ellos, arreglarlo corre por su cuenta.
—Genial —dijo arrastrando las palabras—. ¿Hay algo que puedas hacer para eso?
—Honestamente —dije, dándome la vuelta—. Si es solo moho superficial, no. Realmente es solo tratamiento. Asegurarse de que la sala esté ventilada, especialmente en los meses más fríos, y de limpiar las ventanas con la solución que ya utilizó.
— ¿De verdad? ¿Eso es todo?
—Bien, ya que pintaremos... Hay una mezcla que puedes obtener y que puedes poner en la pintura. No ayudará a las ventanas, pero contrarrestará el moho que intenta formarse en las paredes.
— ¿Puedes comprar eso? —Su mirada verde esmeralda se posó en mí intensamente.
—Puedo, pero... —Hice una pausa—. Puede ser costoso, y si lo necesitas para más de una habitación...
—Puedo escribirle el cheque de depósito hoy.
Bueno, eso cambiaba las cosas. —Puedo pedirlo tan pronto como sea cobrado.
Asintió. —Perfecto. ¿Vemos la habitación de Eli?
Asentí con la cabeza y lo seguí, sintiéndome como uno de esos estúpidos perros de cabeza boba que la gente pone en sus autos.
La habitación de Eli era muy parecida a la de Ellie en términos de lo que necesitaba. Nuevos pisos, paredes nuevas, tratamiento de moho. Sin embargo, eso era todo estándar. Era todo lo demás que necesitaba saber lo que no lo era.
— ¿En qué más piensas? Veo que esperas algo más que pintura y alfombras nuevas.
Una sonrisa irónica torció sus labios. — ¿Cómo supiste?
—Es mi trabajo saberlo.
Hizo un gesto hacia las escaleras. —Necesito ver a los gemelos. ¿Puedo prepararte un café?
—Claro. —Ambos bajamos. Por algún milagro, al menos a juzgar por su suspiro de alivio, los gemelos permanecían en silencio y seguían eligiendo sus colores de pintura. ¿Quién sabía que era un trabajo tan complicado para gente tan pequeña?
Me llevó a la cocina y agitó su mano hacia la mesa. —Toma asiento. —Apartó dos cajas de una silla y las puso junto a la puerta trasera—. Lo siento. Desempacar es muy difícil con dos niños alrededor.
— ¿Estás solo?
Asintió enérgicamente y encendió la cafetera.
» ¿No tienes familia aquí? —Fruncí el ceño. Nadie se muda a Forks si no tenían familia aquí.
Se sostuvo del borde del mostrador. —Sin familia. La madre de los gemelos falleció hace dos años y medio.
Abrí la boca, la cerré y la abrí de nuevo. Nada salió.
Oh, eso es. No salió nada porque tenía el pie en la boca.
—Lo siento. —Finalmente logré recomponerme—. No debería haber preguntado.
Agitó su brazo con desdén, poniendo una taza frente a mí. —Dos años y medio es mucho tiempo. No lo sabias. Puedo ver por qué preguntaste. Forks es un poco... más tranquilo... de lo que esperaba.
Una sonrisa irónica me aseguró que no se sentía demasiado molesto por mi interrogatorio.
» ¿Crema y azúcar?
—Por favor —dije—. Lo siento. Soy un poco curiosa y algunas veces tengo el hábito de ponerme el pie en la boca y masticar los dedos de mis pies.
—Con suerte no literalmente.
—No desde que tenía al menos tres.
Medio sonrió. — ¿Tienes algún consejo para detener eso? Eli es un fanático de sus uñas de los pies.
Arrugué mi nariz. —Oh, Dios mío.
Edward sacó su taza de la máquina y se sentó frente a mí. Apiló tres azúcares y una pizca de crema en su café, luego sonrió de nuevo. —Si alguien me hubiera advertido de lo groseros que son los niños, podría haberlo reconsiderado.
—Bueno, esa es la razón por la que no soy buena con los niños —admití—. No puedo lidiar con las uñas de los pies.
—Ellie no lo hace, así que ahí está.
—Seeh, no. ¿Alguna vez fuiste una adolescente?
—Estoy cien por ciento seguro de no haberlo sido.
Me mordí el interior de mi mejilla. —Bien, mis disculpas por lo que te sucederá en diez años.
—Gracias. —Luchó con una sonrisa aún más amplia—. Entonces, las otras cosas para sus habitaciones...
—Por supuesto. Adelante. —Saqué mi teléfono del bolsillo y abrí mi aplicación de notas.
Lo miró con una ceja arqueada, pero no lo reconoció de otra manera. —Las habitaciones no son grandes, así que me gustaría conseguir una cama más alta, pero no muy alta.
Técnico.
— ¿Un punto medio? ¿Hay espacio para un escritorio o algo debajo?
—Eso es todo, pero creo que Ellie preferiría un vestuario de disfraces con espacio para libros, y Eli preferiría una cosa de tipo "cueva de murciélagos".
Sonreí y asentí mientras tocaba en la aplicación. —Definitivamente puedo hacer eso. Mi papá es un excelente carpintero, y estaría encantado de aceptar ese desafío.
— ¿De verdad? ¿Es carpintero?
—Negocio familiar. —Mi sonrisa se volvió irónica—. No pienses que eres la primera persona en confundirse cuando aparezco.
—El "Swan Handyman" lo causa, eso es seguro.
Me chupé el labio entre los dientes así no ampliaba más mi sonrisa. — ¿Hay algún otro mueble que te gustaría construir? Papá puede construir camas para combinar con cualquier cosa que estarías comprando en una tienda.
—De hecho, tengo sus muebles. Planeaba armarlos, pero luego el moho... Entonces sucedió la crianza de los hijos, y estoy empezando a sentir que nunca tendré tiempo.
Levanté mis manos. —No te preocupes. Puedo encargarme de eso también. Todo lo que necesitaré es que me consigas fotos de los muebles o enlaces a ellos. Se lo transmitiré a mi padre. —Hice una pausa—. Sabes que es un poco extra, ¿verdad? Las camas.
Asintió. —No hay problema. Lo han pasado mal y quiero que sean felices.
Algo dentro de mí se calentó ante esa declaración. — ¿Por qué no me das tu número de teléfono? Puedo pasar todo esto a papá, y él puede llamarte con una cita.
—Por supuesto. ¿Te importa? —Señaló mi teléfono.
Abrí los contactos y presioné el botón para agregar uno nuevo.
Ingresó su nombre y número, luego deslizó el teléfono hacia mí.
Bien. Eso fue lo más fácil que he conseguido el número de un chico caliente.
» ¿Cuándo crees que puedes comenzar?
—Lunes —respondí, terminando mi café—. Tendré que venir un par de veces esta semana para tomar algunas medidas para las cosas más grandes y dejar algunos folletos para ti. Llamaré para avisar, pero estaré aquí a las ocho y media de la mañana del lunes para comenzar a arrancar ese papel tapiz y el piso. ¿Eso está bien para ti?
—Eso funciona. ¿Pueden ir los niños a sus propias habitaciones ahora que el moho se ha ido?
Me puse de pie, metiendo mi teléfono en mi bolsillo. —Limpia las paredes todos los días y deja la ventana abierta para que se seque. Si haces eso, no veo por qué no.
—Perfecto. Necesito un poco de paz. Hablando de paz... —Se levantó y se lanzó a la sala principal.
Me moví torpemente antes de tener el valor de echar un vistazo dentro de la habitación.
»Oh, Dios mío —Edward se cubrió la cara con las manos—. ¿Dónde encontraste los marcadores?
—Ewi lo hizo —dijo Ellie.
— ¡No! ¡Ewwie lo hizo! —respondió su hermano.
Avancé un poco más adentro. En la hermosa pared color crema de la sala de estar había un hada poco atractiva con un ala, todo en rosa. Junto a ella había un extraño dinosaurio con manchas púrpuras medio borrosas.
Como si supiera que me encontraba allí, Edward dejó caer la mano, parpadeó y me miró. — ¿Podemos agregar pintura a la sala de estar?
Parecía tan indefenso, tan... agotado... pero también como si estuviera tratando de no reírse de su vena artística, que también me costó todo lo que tenía para no reírme.
—Lo bueno es que tengo muchas sábanas.
. . . . . .
Entonces —Rosalie se recostó en mi cama y movió sus dedos de los pies en sus calcetines a rayas. Mi mejor amiga salió temprano de una mala cita, decidiendo rápidamente aparecer en mi casa con vino, helados y dulces—, ¿qué tal si me cuentas de tu última cita?
—No-oh —Saqué un caramelo Twizzler del paquete y mordí el extremo—. Ya sabes sobre mi última cita de terror. Tú fuiste quien escapó esta noche, y si apareciste con todo esto, debe haber sido malo.
—Además del hecho, sé que no debo aparecerme en tu casa sin caramelos Twizzlers...
—Historia real.
—Tienes razón. Fue terrible. Probablemente la peor de todas, en realidad.
Aparté mi cabeza de Friends y volví a mirar su perfil. Era la rubia para mi morena, y no tenía idea de cómo seguía soltera con su linda nariz de botón, sus labios carnosos y sus grandes ojos azules.
— ¿Peor que Johnny Knox?
Gimió, inclinando su cabeza hacia atrás contra la cabecera y alcanzando su copa de vino. En lugar del vaso, agarró la botella. Sonreí cuando la miró, se encogió de hombros y bebió directamente de ella.
»Guau. —"Guau" es la reacción correcta aquí. Si fue peor que Johnny Knox, el propio Sr. Manos-Largas quien intentó quitarle la ropa en medio del restaurante, fue malo.
—Fue una sarta de tonterías, Bella. Primero, llegó tarde.
He estado allí.
»Entonces, no se parecía en nada a su imagen. Afirmaba que lo único diferente era el hecho de que ya no tenía barba ni cabello oscuro. —Agitó la botella y la dejó, cambiándola por el vaso antes de volver a pensar—. Está bien, lo que sea. Todavía era lindo. Absorbí el hecho de que pasé treinta minutos obteniendo miradas de simpatía porque todos pensaban que me estaban abandonando. ¿Sabes qué? ¡Ojalá hubiera sido así!
Oh, chico.
»Entonces, finalmente se sentó. Pedimos dos bebidas y nuestras comidas. Se negó a comprar entrantes o un postre por el precio, y esa fue la primera pista de que era un cabrón total.
Hice un "umm" en acuerdo.
»No preguntó qué hago o cómo estoy. Ni siquiera se disculpó por llegar tarde. En cambio, se lanzó a un monólogo sobre lo estresado que lo tiene el trabajo y lo solitario que se siente desde que su conejo, Cheeto, murió.
— ¿Nombró "Cheeto" a un conejo?
Levantó un dedo de punta rosa. —Sin mencionar a sus periquitos, Ben y Jerry, que luchan contra los resfríos.
— ¿Los periquitos se resfrían?
—Aparentemente. Por lo tanto, se sentía desconsolado porque Cheeto, Ben y Jerry se enfermaron y, sinceramente, quería preguntarle si tenía una granja de hormigas llamada colectivamente Sour Patch Kids o algo igualmente ridículo.
— ¿No lo hiciste?
—No.
—Te perdiste un chiste allí.
—No todas somos sinceras como tú.
—No soy sincera. —Hice una pausa—. Soy... ingeniosa.
Levantó una ceja hacia mí, dejando la botella de vino, y dejándola allí en lugar de volver a levantarla como lo hacía antes. —Por supuesto. Ingeniosa. Esa es una forma de describirlo.
» ¿Por qué te dejé entrar?
Rosalie agitó el paquete de caramelos Twizzler hacia mí.
—Cállate —murmuré, arrebatándolos de ella—. Cuéntame el resto de la cita.
— ¿Por dónde iba? Oh, sí, los periquitos enfermos. —Colocó el envase de helado en su regazo y se retorció—. Entonces, me disculpé, pero antes de poder preguntarle nada, se metió en una discusión sobre cómo su madre nunca lo amó.
Oh, Dios mío.
— ¿Qué hiciste?
—Disfruté mi vino y me excusé para ir al baño. Alice envió a la nueva chica de la barra para decirme que corriera a su señal.
— ¿Qué? ¿Por qué?
—Alice lo acorraló hacia la barra con la promesa de una bebida gratis, porque escuchó su triste historia, y necesitaba que probara un nuevo whisky.
— ¿Funcionó?
Rosalie asintió. —Me marché con el sonido de él entreteniendo a Alice con un cuento sobre cómo su madre le dio una patada a su primer gato, Fideos.
—No sé si la mayor preocupación es su obsesión con los animales, su madre o la forma en que los nombra.
—Los nombres. Ningún hombre maduro debería admitir tener un gato llamado Fideos a menos que su hermana lo haya llamado así. —Suspiró—. Creo que estoy destinada a estar soltera para siempre.
—No, solo miras en los lugares equivocados. Estoy empezando a descubrir que "en línea" no significa éxito.
— ¿Empezando?
— ¿Quieres que te haga sentir mejor acerca de tu vida?
Asintió. —Eso siempre es útil.
Suspirando, me levanté de la cama y fui a buscar mi computadora portátil a la planta baja. Cuando la tuve, volví a subir y me senté en la cama, cargándola. —Revisé mis mensajes antes de ir a trabajar esta mañana. Algunos de ellos fueron tan malos... Y ni siquiera malos, pero algunos de ellos fueron las cosas más groseras de todas.
—Bueno, no he tenido esos esta semana. Supongo que eso es una ventaja.
—En serio. De acuerdo, aquí. —Ingresé al sitio web de citas y fui a mi cuadro de mensaje—. Mira este tipo. "Sujeto retorcido para que te mantengas en castidad y seas una perra". Y si no es suficiente, mira las fotos.
Hice clic en una y desvió la mirada.
— ¡Oh, Dios, mis ojos! ¡Arden! ¡Quítalo!
Hice una mueca al... gran... caballero arrodillado que no llevaba más que correas de cuero y un collar y presioné el botón "x" en la ventana emergente.
»Tengo dos preguntas —dijo Rosalie, mirando a la pantalla entre sus dedos—. La primera es, ¿por qué tienes de esos y yo no?
— ¿Los quieres?
—Mierda, por favor, no. —Resopló—. Mi siguiente pregunta es, ¿por qué siguen acudiendo a ti? ¿Qué tiene tu perfil que no tiene el mío?
—No sé. ¿Crees que es lo de constructora?
—Tal vez. El Sr. Sujeto Retorcido suena como si no le importara que lo clavaras en la pared.
Me quedé quieta.
Girando lentamente para mirarla a los ojos, el brillo en ellos me mató en cuestión de segundos. Ambas nos echamos a reír, y alcancé mi copa de vino ahora vacía.
—Maldición.
Rosalie agitó la botella. —Te serviré si me cuentas sobre el chico nuevo de la ciudad.
— ¿Edward Cullen?
— ¿Es el chico de los gemelos?
—Uh, sí.
—Jesús —murmuró—. Incluso su maldito nombre es caliente.
Le arrebaté el vino de la mano. —Deberías ver su trasero.
— ¿Necesitas, eh, un asistente la próxima semana?
—Sus hijos peleaban cuando llegué allí, luego dibujaban en las paredes justo antes de irme.
Rosalie arrugó la nariz. —Ummm. Déjame saber sobre el asistente. Quiero decir, podría estar ocupada.
Imaginé eso.
Hola chicas! Espero disfruten el capítulo.
Nos vemos.
Bye Sweeting!
