By Messel.
21
Revelación.
El viento mecía suavemente los largos cabellos de Sakura, sus manos congeladas se encontraban entre sus bolsillos intentando buscar algo de calor. Se paseaba nerviosa frente a la puerta de un lado a otro esperando al pelinegro, pasó más de una hora y ambos seguían manteniendo su conversación. Sentía bastante intriga el pensar en cómo se lo estaría tomando el Uchiha, lo único bueno de su demora es que sabía que la estaba escuchando.
Soltó un suspiro bastante preocupado, siguió su andar cuando de repente se abrió la puerta. Sus destellos verdes se posaron enseguida en el lugar, entreabrió la boca y curvó sus cejas al observar a Sasuke tan destrozado, su corazón se partió en mil pedazos al verlo tan triste, jamás lo había visto así, se notaba claramente lo afligido que se encontraba. El contorno de sus ojos lucía hinchado y bastante enrojecido.
El Uchiha mordió su labio con fuerza, recordó al imbécil de su padre, aquello solo hacía que reavive las ganas de acabar con su vida, sentía tanta furia retenida.
Cerró los ojos con pesar y al abrirlos mostró una mirada furiosa, Sasuke estaba dolido, su estúpida mente no dejaba de imaginar todas las situaciones que su madre pasó, las veces en las que estaba tan indefensa ante la violencia de su padre. Tensó la mandíbula y apretó los puños con furor.
Sakura se espantó al percibir el odio del Uchiha, su mirada era la misma de aquel día en que se atrevieron a golpearla.
Sasuke arrugó la frente, definitivamente no se lo perdonaría. Sin pensarlo empezó a caminar soltando algunas palabras con notable desprecio.
—Mataré a ese hijo de puta.
Pasó de Sakura teniendo un objetivo muy claro en mente, esta última alcanzó a escucharlo haciendo que un escalofrío recorra su espina.
Ese no es... ese no es el Sasuke que yo conozco.
Sus ojos verdes lo observaron alejarse, no, no estaba bien.
—¡Detente! —soltó con desesperación, corrió hacia él y en un impulso lo abrazó por su espalda. Sasuke se tensó enseguida y detuvo el paso—. Detente... —El volteó a verla con furia instalada en sus ojos, ella lo observó suplicante—. Por favor...
Los ónix del Uchiha se posaron en sus pupilas verdes, se percató enseguida de lo asustada que estaba, poco a poco los latidos eufóricos de su corazón empezaban a calmarse. Soltó un ligero suspiro y abandonó la ira refulgente que se apoderó de su alma. Estaba tan triste. Con delicadeza se giró frente a ella haciendo un inevitable contacto visual, era suficiente ver sus cristalinos ojos negros para saber que su mente era un caos en ese momento.
Sakura se acercó a él cortando la distancia abrazándolo enseguida. Su izquierda rodeó su espalda y con su derecha acercó la cabeza del Uchiha a su cuello.
Sasuke ni se sorprendió ante su cercanía, alzó sus temblorosas manos y correspondió el abrazo mientras débiles lágrimas se escapaban de sus afilados ojos negros. No podía soportar todo el dolor que sentía, la rabia e impotencia. Su madre sufrió un maldito infierno y él nunca estuvo enterado de nada. Pasó su vida despreciándola cuando pudo apoyarla cuando más lo necesitaba. Fugaku arruinó sus vidas, su padre era un verdadero cretino.
Pasaron algunos minutos cuando con delicadeza se alejó de la pelirosa y con la mano limpió sus lágrimas con rapidez.
—Sasuke... —pronunció haciendo que la mire a los ojos.
Sakura solo lo observaba, no sabía exactamente qué decirle, su reciente reacción y aquellas últimas palabras la dejaron bastante descolocada. Era evidente que ahora sabía la verdad, era muy obvio que no estaba bien, pero no sabía si hizo las pases con su madre, después de todo ese era el objetivo.
Agradeció mentalmente que aquella aterradora mirada se haya esfumado, el odio que irradiaba era impresionante, Sakura no quería que actúe impulsivamente. Su blanquecina mano sujetó suavemente la del Uchiha y le dio un suave apretón.
—No cometas una locura... —suplicó con bastante preocupación, Sasuke fijó sus ojos en ella, sabía que se refería a las últimas palabras que pronunció hace unos instantes—. Por favor.
Para sorpresa de la Haruno una ligera sonrisa se formó en los labios del Uchiha. Este último mostró una expresión cálida y con la mano revolvió suavemente su largo cabello rosa.
—No lo haré —aseguró brindándole otra pequeña sonrisa, empezó a caminar y llegó hasta su auto, tenía un objetivo en mente y no cedería. Sakura lo observó con desconfianza, no sabía si creerle, después de todo esa actitud no era nada usual en él. Estaba a punto de acercarse, pero fue demasiado tarde, Sasuke aceleró dejándola bastante sobresaltada.
Sakura sentía que algo no cuadraba, tenía un mal presentimiento y eso no era nada bueno. Sabía que esa actitud final era una farsa, era imposible que el pelinegro actúe así cuando hace apenas unos minutos una bomba de secretos explotó frente a él. La adrenalina empezó a adueñarse de su cuerpo, con toda la voluntad del mundo empezó a correr como nunca, se dirigió a la parada de autobús más cercana teniendo muy claras sus intenciones. Algo dentro de su corazón le decía que debía buscarlo, ni siquiera se tomó el tiempo de pensarlo, no podía permitir que Sasuke toque fondo otra vez.
Mientras tanto, el Uchiha conducía a una velocidad sorprendente, lo único que deseaba con fiereza era llegar a su destino, ver a ese desgraciado y decirle todas las verdades en su cara. No podía aparentar que nada pasó, si él hubiese sabido todo desde el comienzo muchas cosas fuesen diferentes, pero no, decidieron que viva engañado toda su vida con un odio irremediable. Apretó el volante haciendo que sus puños se tornen blanquecinos, estaba demasiado tenso, ¿y cómo no estarlo? Estaba a pocos metros del desgraciado de su padre.
Se acercó a la residencia y las puertas se abrieron automáticamente, estacionó el auto en los parqueaderos con mala gana y salió sin titubear. Observó de reojo el auto de su padre, ahora confirmaba que en efecto Fugaku estaba dentro y eso era lo que necesitaba. Apretó la mandíbula y con total furia se adentró a la mansión.
Se encaminó por el pequeño pasillo que daba al living principal, sus ojos negros recorrieron el lugar con ímpetu, su corazón saltó cuando observó a la persona que estaba buscando. Fugaku se encontraba de pie dándole la espalda mientras hablaba por teléfono, apretó los puños al verlo, sus venas sobresalieron ligeramente de su blanquecina piel. El odio que acumulaba empezaba a hacerse notar por medio de su mirada, aquellos ojos que desprendían fuego.
Chasqueó la lengua bastante cabreado, odiaba verlo tan tranquilo, como si nunca hubiese hecho algo malo, se veía tan pulcro y correcto, era una maldita farsa.
—¿Cómo puedes... estar tan calmado? —soltó atrayendo la atención de Fugaku, este se giró y observó los ojos de su hijo con imponencia, alejó el teléfono de su oído y colgó la llamada. Sus malvados ojos lo escrutaron con la mirada, notó enseguida que Sasuke estaba sobresaltado, frunció el ceño al instante—. ¿Acaso no tienes conciencia? —inquirió el pelinegro con dolor, lágrimas de frustración resbalaron por sus mejillas. Empezó a acercarse con furor—. ¡¿Por qué eres tan miserable?!
Fugaku crispó los ojos, no entendía a que venía esa reciente rabieta. Resopló burlón, notó como empezaba a acercarse y no dudó en hablar.
—¿Seguirás mostrándote así de ridículo? —Sasuke paró en seco al escucharlo—. ¿Crees que esa actitud tan sentimental es merecedora de tu apellido? —Endureció la mirada—. Sigues siendo una vergüenza.
El pelinegro se heló por un instante, no podía creer lo que escuchaba, sintió una punzada en el pecho haciendo que la ira despertara en todo su resplandor. Ya no podía más.
—¡¿Crees que me importa tu apellido de mierda?! —bramó furioso, Fugaku lo interrumpió.
—Cállate. —Advirtió su padre, no permitiría que se exprese así de su dinastía—. Tú no tienes ni idea todo lo que he hecho para mantener limpio el emblema de nuestra familia.
Sasuke echó una carcajada bastante cínica, Fugaku empezaba a explotar.
—¡Por supuesto que lo sé! —soltó con ironía, acto seguido endureció la mirada mostrándole una expresión malévola—. ¡¿Tanto te importó tu basura de emblema que arruinaste la vida de mi madre?!
Los ojos negros de Fugaku se abrieron ligeramente.
¿Cuándo se enteró? ¿Quién se lo dijo?
Su mente se instaló en Itachi, chasqueó la lengua con notable cólera.
Ese idiota.
—¿Qué es lo que sabes? —sentenció el aspirante a emperador. Su hijo lo observó con dolor, no podía tolerar su actitud, como si en realidad todo lo que hizo no valiera nada, como si no le importara en lo más mínimo.
El pequeño Uchiha recordó a su madre, las veces en las que temblaba cuando le revelaba los actos violentos que tuvo Fugaku hacia ella. Apretó los puños haciéndose daño, jamás se lo perdonaría.
—La lastimaste... —musitó perdiéndose en sus pensamientos, hizo una breve pausa y mordió su labio inferior.
—Se lo merecía.
Sasuke clavó sus ojos en él y tensó la mandíbula, no pasó un segundo cuando el Uchiha se acercó a Fugaku con violencia y lo golpeó con tanta fuerza que su padre cayó al suelo.
—¡¿Te crees tan hombre por haberlo hecho?! —escupió con remordimiento—. ¡Levántate! —bramó furioso, Fugaku tenía una expresión incrédula, llevó la mano a su boca y la alejó enseguida observando el carmín en la misma—. ¡Golpéame! ¡Sé más hombre y métete con alguien que pueda defenderse! —Con lágrimas en los ojos prosiguió dolido—. Estaba enferma maldita sea...
—¡Eres un insolente! —gritó frenético. Fugaku estaba aturdido, el golpe que le dio fue demasiado fuerte, le dolía toda la mandíbula. Lo observó a los ojos con furia y se acercó a él con la intención de devolverle el puñetazo, pero Sasuke lo detuvo agarrando su mano con bastante presión.
—Vas a arrepentirte toda tu vida, te lo aseguro —sentenció Sasuke para después soltar su mano con brusquedad.
Fugaku tenía un sinfín de emociones en su pecho, nadie lo había tratado de esa manera, estaba demasiado cabreado, era mucho por asimilar. ¡Sasuke lo había golpeado! Se atrevió a tocarle y faltarle el respeto, definitivamente se arrepentiría.
—¡Lárgate! —bramó, no permitiría que se quede un segundo más en su residencia, no perdonaría su osadía—. ¡No quiero volver a verte!
Sasuke ni se inmutó, no le importaba que su padre le corriera de la casa, lo menos que quería era seguir viendo su estúpido rostro. Lo observó con una mirada fulminante y se giró marchándose del lugar.
Fugaku lo observó con odio, seguía sin creer que le había alzado la mano.
Se escuchó la puerta siendo cerrada, una clara evidencia de que el pelinegro se marchó del lugar. Fugaku posicionó la mano en su mandíbula soltando un pequeño quejido, se limpió el rastro de sangre con un pañuelo que sacó de su bolsillo.
Con rapidez tomó su teléfono y marcó el número de su asistente, este último no tardó en responder su llamada.
—Alteza.
—Suspende las tarjetas de crédito de Sasuke —ordenó con coraje, haría que se de cuenta que si no fuera por él su hijo no sería nadie y que sin su dinero no podría sobrevivir.
Kabuto hizo una breve pausa, estaba un poco sorprendido ya que esa decisión evidenciaba que algo había pasado.
—Enseguida —respondió el asistente algo dudoso.
Eso fue suficiente para que Fugaku cuelgue la llamada. Apretó con fuerza el teléfono que tenía en su mano, haría que su hijo se dé cuenta que sin él y su dinero no era nada ni nadie. Jamás dejará pasar por alto su insolencia.
En las afueras de la mansión se encontraba el joven Uchiha, la adrenalina instalada en su corazón no parecía querer esfumarse, paró por un momento tomando varias bocanadas de aire, la presión era tanta que sentía que desfallecería en cualquier momento. Estaba mal y él lo sabía, el dolor que sentía en su pecho le hacía saber que estaba demasiado roto y herido.
Su vista se posó en el lado izquierdo de la residencia, en aquel espacio se instalaba el jardín donde solía pasar su madre, lugar en el que presenció la violencia de su padre, se maldecía una y otra vez al no haberse dado cuenta. Era algo que no podía perdonarse, si hubiese sido más consciente... más atento.
Tragó el nudo en la garganta que se le había formado, cerró sus ojos con pesar mientras mordía su labio inferior con fuerza. Con bastante determinación se acercó a su auto y lo encendió enseguida, no quería estar más tiempo en ese lugar, no quería volver nunca más.
Sasuke encendió el auto y dio reversa, se quedó en silencio unos segundos, ahora que lo pensaba no tenía a donde ir. Soltó un pesado suspiro, en realidad poco le importaba, sentía que cualquier lugar sería mejor comparado a ese infierno.
Las puertas se abrieron automáticamente y no tardó en salir, sus ojos negros divisaron una figura bastante conocida, pensó haberlo imaginado, pero no, aquella mujer de melena rosa lo miraba con reproche.
No podía negar que estaba sorprendido, desvió la vista al notar que Sakura se acercaba, escuchó dos toques en la ventana haciendo que voltee la vista, sus ónix se vieron reflejados en esos ojos verdes.
Sakura endureció la mirada, después de todo Sasuke le había mentido, era predecible saber que algo había pasado, después de todo sus enrojecidos ojos lo delataban.
Sasuke abrió la puerta de copiloto, seguía sin creer que lo había seguido, pero tampoco podía permitir que se quede ahí afuera en altas horas de la noche, además de que hacía bastante frio, no quería que se resfriara.
Una vez entró la pelirosa el Uchiha no tardó en acelerar.
—Te dejaré en casa —escuchó decirle con su grave voz.
Sus ojos verdes se posaron en aquel hombre, sentía tanta impotencia al no poder hacer mucho por él, quería apoyarlo y aliviar ese dolor que su alma acumulaba, no era sano vivir así, tenía miedo de que algún día explotaría.
El pelinegro no prestaba atención en ese momento, estaba tan distraído en sus pensamientos que hasta había olvidado a donde se dirigía, sintió un hilo de agua caer por su mejilla, reaccionó de inmediato y con su mano limpió el rastro de inmediato. Su alma estaba sufriendo, tanto era el dolor que las lágrimas salían sin darse cuenta.
¿Por qué me siento tan agotado?
¿Llegué a mi límite?
La Haruno lo observó con preocupación, aquella lágrima traviesa no pasó desapercibida ante su mirada, dejó de verlo al instante, no era un buen momento para hablar sobre el tema, esperaría a que lleguen a casa e intentaría hacer algo por él.
Leves gotas de agua empezaban a adornar el parabrisas, una tras otra caía mientras caían con más fuerza, una estrepitosa lluvia se hizo presente acompañando el momento, haciendo que el ambiente se torne más triste de lo debido.
Al llegar a casa no tuvieron más opción que esperar en el auto, el aguacero no pretendía ceder y simplemente decidieron esperar. Sasuke prendió la calefacción al notar un pequeño estornudo de la pelirosa, haciendo que se preocupe ya que apenas estaba abrigada, después de todo esos shorts que traía puesto no le ayudaban para nada.
Los vidrios empezaron a empañarse mientras el mutismo se hacía presente, Sasuke estaba en otro mundo y Sakura no sabía como empezar la conversación.
—Mi padre me corrió de la residencia.
Sus ojos verdes se clavaron en él, no esperaba que dijera algo y peor una situación así, estaba bastante sorprendida, en su mente se instaló una sola pregunta.
¿Qué diablos pasó ahí dentro?
Sasuke miraba fijamente su puño, aquel con el cual golpeó a su padre sin piedad alguna, lo menos que sentía era arrepentimiento, incluso pensaba que no era suficiente.
—¿Tienes a donde ir? —preguntó la pelirosa dejando de lado su pregunta interna. Ahora eso era lo más importante, no podía quedarse en la calle. Sasuke posó sus ojos negros en ella, se quedó en silencio un buen rato, apenas y se daba cuenta de ese gran detalle, ¿a dónde iría? Sakura soltó un suspiro, no necesitaba respuesta, su expresión era suficiente—. Te quedarás conmigo.
El pelinegro la observó con incredulidad, desvió la mirada asimilando su propuesta, no sentía que era lo adecuado, después de todo lo que estaba atravesando era la consecuencia de sus actos.
—No puedo hacerlo.
—Sí puedes y lo harás —afirmó sin dejar de observarlo, Sasuke le sostuvo la mirada sin poder refutarle, aquellos ojos verdes estaban tan preocupados y era por su culpa—. Por favor, quédate conmigo hasta que puedas buscar otra solución.
Un ameno silencio se hizo presente, poco a poco el exterior se calmaba dando paso a una ligera llovizna. Sasuke soltó un ligero suspiro, después de todo no podía negarse, no cuando sus finas facciones lo miraban suplicante, esas pupilas lo extasiaban.
Sin pensarlo su gruesa mano se posó en la suave mejilla de Sakura, con su pulgar la acarició levemente con bastante delicadeza. Lo único que podía deducir en aquel momento es que esa mujer es lo único bueno que le ha pasado hasta ahora. Sentía que podía soportar todo ya que sabía que detrás de él había alguien que no le permitiría caer, era su apoyo y fortaleza.
Sakura lo miraba expectante, notó como alejó su mano y soltó un suave suspiro. El Uchiha retiró las llaves del auto y no tardó en posar sus ojos en ella.
—Entremos, no quiero que te resfríes —dijo el Uchiha mientras abría la puerta del auto, Sakura se sintió aliviada al instante soltando una ligera sonrisa.
Ajeno a la situación, Itachi se encontraba en el estacionamiento de la residencia, se sentía bastante afligido, no se esperaba que siendo un fin de semana lo hayan llamado para una junta importante. Definitivamente un CEO no era dueño de su vida.
Salió del auto sin problema alguno, agradeció mentalmente que la lluvia se haya calmado casi por completo, de esa manera no se empaparía demasiado. Sus ojos negros recorrieron el lugar con curiosidad, el auto de su hermano no estaba presente, después de todo aun no regresaba.
Suspiró con tristeza, siempre que pensaba que Sasuke estaba con ella le dolía el corazón, pero así era la vida y solo podía afirmar que el destino no tenía piedad con él.
Se acercó a la residencia y no tardó en entrar. Observó el reloj por inercia, no se había percatado que eran altas horas de la noche, crispó los ojos al instante al darse cuenta que las luces estaban encendidas, se acercó al living principal con un poco de recelo. Sus ónix se posaron en un hombre que estaba sentado en el sofá, frente a él yacía una pequeña mesa con una botella de Whisky acompañado de una copa llena de aquel líquido embriagante.
Itachi sintió un mal presentimiento, no era común que su padre esté bebiendo en el living de la mansión, por no decir que nunca lo ha hecho.
Empezó a caminar intentando pasar desapercibido, era inevitable observarlo de reojo, en ese instante es cuando se percató que tenía un gran hematoma en el pómulo izquierdo y en la comisura de su labio.
Sintió un escalofrío, jamás lo había visto así, prefirió no involucrarse mientras en su mente deseaba que su hermano no tenga nada que ver con esto. Estaba a punto de entrar al pasillo cuando escuchó su voz, tan fría y déspota.
—Eres un maldito desagradecido. —Le escuchó decir desde el sofá, con su tono de voz y la forma de expresarse se daba cuenta que estaba bastante enfurruñado.
Sus finos ojos se posaron en él, su expresión se endureció al instante, sabía que no era lo correcto seguirle el juego, pero ya estaba cansado de tanta mierda que salía de su boca.
—¿Nunca te cansarás de juzgar? —Itachi lo observó a los ojos en un fuerte contacto visual—. Mírate —soltó con cinismo—. Menos mal alguien ya te puso en su lugar.
Fugaku apretó la mandíbula sintiendo bastante dolor en el acto, sentía tanta ira acumulada, estaba tan harto de sus hijos, no permitiría que nadie le falte el respeto, él era Fugaku Uchiha, un hombre respetado y alabado.
—¡Todo es tu culpa! —bramó con fiereza, Itachi apaciguó el rostro sin entender a que se refería—. ¡¿Crees que podrás hundirme poniendo a Sasuke en contra mío?!
Los ojos negros de Itachi se abrieron con total estupor. Sintió una sensación fría recorrer por su nuca, poco a poco en su mente empezaba a aparecer un sinfín de posibilidades, entre todas ellas resaltaba una en particular.
¿Sasuke es la razón de que Fugaku esté así?
Tensó la mandíbula al instante, no podía creer lo que estaba imaginando.
¿Qué es lo que pasó?
¿Dónde está mi hermano?
Fugaku se acercó a Itachi con una mirada furiosa, el azabache estaba bastante descolocado, sus oscuros orbes recorrieron el rostro de su padre, en aquellos moretones que eran muy evidentes. Sus cejas se fruncieron con notable preocupación, para que su hermano haya reaccionado así debió ser algo fuerte.
—¿Sasuke te hizo esto? —preguntó sin asimilarlo, quería asegurarse que sus suposiciones eran ciertas.
El aspirante a emperador lo observó con odio, apretó los dientes a más no poder.
—¿Fingirás que no lo sabes? —respondió con otra pregunta. Era consciente de que poco a poco perdería la cordura y en efecto, no tardó en hacerlo—. ¡Ese maldito desgraciado se atrevió a golpearme! —bramó mientras tomó a Itachi abruptamente de la camisa—. ¡Todo es tu culpa maldita sea!
El azabache estaba helado, ahora lo sabía, Sasuke dejó a Fugaku en ese estado. Era increíble que se haya atrevido a hacer algo así. Seguía sin entender qué es lo que pasó, su cabeza empezaba a doler tras las acusaciones de su padre.
¿Mi culpa?
¿Qué es lo que hice?
Itachi cerró los ojos con pesar, esa situación lo estaba alterando demasiado, se zafó del agarre de su padre y lo encaró con alevosía.
—¡No entiendo a qué demonios te refieres! —exclamó con notorio fastidio, quería que le diga de una maldita vez que había hecho supuestamente.
—¡Deja de hacerte el estúpido! —Fugaku estaba descontrolado—. ¡¿Quién demonios te dio el derecho de decirle todo a Sasuke?!
—¿Qué? —Es lo único que el Uchiha atinó a decir, estaba procesando lo que acababa de escuchar, no podía creerlo.
¿Sasuke sabe la verdad?
¿Cómo es que pasó?
Acaso... ¿habló con mamá?
No... imposible...
—¡No lograrás tu estúpido objetivo! —Su padre lo observaba con furor, se acercó hasta él hasta llegar cerca de su oído—. Si crees que poniendo a Sasuke en contra mío podrás hundirme estás muy equivocado, no perdonaré que ese insolente se haya atrevido a tocarme.
El joven Uchiha se alejó por inercia, finalmente su hermano sabía la verdad, no entendía como es que pasó, pero agradecía mentalmente que no habría más mentiras, después de todo pasó varios años intentando hacer que lo escuche, pero Sasuke era tan testarudo que nunca cedió.
—Sabes padre... —soltó con voz débil mientras lo observaba con dolor—, te mereces mucho más que eso.
Un golpe seco retumbó en el lugar, Itachi cayó al piso mientras llevaba una mano a la nariz sintiendo como el líquido carmín salió al instante. Fugaku lo observaba desde arriba, de pie, con una expresión que daría miedo a cualquiera.
—Calla esa maldita boca de una vez.
Itachi soltó una risa ante la acción de su padre, pese a todo sentía algo de felicidad en su penosa vida, quien diría que una situación así lo haría sentirse tan bien, limpió el rastro de sangre con la mano mientras lo observaba ansioso.
—Estoy tan feliz que Sasuke sepa la verdad —aseguró mientras se ponía de pie con leve dificultad, una sincera sonrisa apareció en su rostro, estaba contento—. Finalmente sabe la basura que eres.
Fugaku alzó su puño con la intención de darle otro fuerte golpe, pero en esta ocasión Itachi lo detuvo al instante sujetándole de la muñeca con bastante fuerza.
—¡Suéltame maldito engreído! —Fugaku empezó a forcejear intentado soltarse, su hijo solamente lo observaba con aquella sonrisa que tanto le fastidiaba.
—Me da mucho gusto que Sasuke te haya hecho esto —aseguró el joven Uchiha haciendo referencia a los hematomas de su padre—. Pero yo no arreglo las cosas de esa manera... —Hizo una breve pausa—, porque de ser así estarías muerto hace mucho tiempo.
Su padre tensó la mandíbula al escucharlo, no podía creer su osadía. Todo ese tiempo pensaba que tenía todo controlado, confiaba en Itachi en todo momento, lo tomó como principal heredero de sus compañías al ser lo que él siempre quiso, no podía asimilar que las verdaderas intenciones de su hijo era ponerse en contra de él.
—Te arrepentirás de todo esto, te lo aseguro —murmuró Fugaku con total impotencia.
—No padre, esta vez tienes mucho que perder —dijo el azabache haciendo que su padre endurezca la mirada—. El pacto que hicimos antes seguirá en pie, no te atreverás a tocar a quienes me importan.
—¡Tú no me dirás que hacer! ¡No tienes idea de lo que soy capaz! —bramó zafándose del agarre de Itachi.
Este último solamente lo observó con cinismo.
—Por supuesto que lo sé, ¿acaso olvidas todo lo que tuve que presenciar a causa tuya? —Fugaku se quedó en silencio, lo único que podía hacer era observarlo con repudio—. No pienso mancharme las manos contigo, mientras cumplas tu palabra no tocaré todo tu imperio.
—¿Ahora me amenazas? —Soltó una risa cínica—. ¿Crees que te tengo miedo?
Itachi solamente lo observaba, su padre empezó a reír a más no poder mostrando lo inestable que era. Los labios del joven Uchiha se abrieron ligeramente sabiendo que diría algo que le dolería.
—Tú me diste el poder.
Fugaku se calló al instante, su expresión se tornó seria ante las recientes palabras de su hijo, sintió furia en su interior, después de todo tenía razón. Ahora que lo pensaba jamás debió cederle su puesto, apretó el puño con fuerza, no podía creer que el mismo se puso en una situación así, chasqueó la lengua fastidiado, la opinión de sus hijos le importaba un comino, no permitiría que todo se derrumbe por una simple mujer.
—No te atrevas a hacer algo estúpido —espetó sin dejar de observar a su hijo.
—Depende de ti.
—Asegúrate de que Sasuke no se meta en mis asuntos. —Instó con prepotencia—. Eso es parte esencial para cumplir con mi palabra, de lo contrario la primer afectada de tu incumplimiento será esa mujerzuela de melena rosa.
Itachi arrugó la frente al escucharlo, por el momento no podía hacer más que hablar con Sasuke al respecto. Sabía que sería difícil hacerle entender que no debían hacer algo tan imprudente. Después de todo su hermano era tan necio.
—¿Dónde está Sasuke? —preguntó para finalizar todo ese ajetreo que se había armado minutos antes.
—Lo corrí de la residencia —soltó como si nada, su hijo lo observó con sorpresa, aunque poco después su semblante cambió a uno de seriedad.
—Al fin tomas una decisión correcta —aseguró mientras empezaba a alejarse hacia el pasillo—, él estará mejor en cualquier lugar que no sea este infierno.
Fugaku observó como desapareció por el pasillo, jamás se había sentido tan humillado.
Itachi entró a su habitación sintiendo un gran peso quitarse de sus hombros, pese a todo seguía siendo difícil asimilar que Sasuke se enteró de la verdad, agradecía mentalmente por ese hecho, su madre sufría cada día al ser consciente que era odiaba por su hijo menor. Deseaba de corazón que esta vez todo fuese diferente.
Llevó la mano a la nariz haciendo una leve mueca, apenas podía tocarla, le dolía bastante. Observó sus dedos manchados de carmín, sabía que esta vez no era referente a su enfermedad, pero cada vez que veía sus manos enrojecidas le daba una horrible sensación en el pecho.
Se acercó al baño de su dormitorio y prosiguió a observarse en el espejo, su nariz estaba levemente enrojecida y la sangre que antes tenía se había secado. Soltó un suspiro cansado, su mente se instaló enseguida en su hermano.
Giró la llave del lavabo haciendo que el agua empiece a caer con potencia, juntó sus manos y al acumular bastante líquido no tardó en lavarse el rostro. Repitió el proceso varias veces hasta que el rastro de sangre había desaparecido.
Tomó una toalla limpia y se secó suavemente, de su bolsillo sacó el teléfono con la intención de comunicarse con Sasuke. Estaba preocupado, era evidente que al enterarse de la situación no se lo había tomado nada bien, quería saber donde estaba, no podía dejar que se quede a la deriva, su hermano jamás estuvo solo, Itachi lo apoyaría en todo lo que necesite.
Buscó el número de contacto y no tardó en marcar.
—Responde Sasuke...
El joven Uchiha esperaba en el living mientras Sakura calentaba algo de agua, aquel día se había tornado tan difícil para él, quien diría que terminaría tan mal, creía que todo saldría bien después de pasar una tarde maravillosa con la mujer que ahora era su novia.
Sus ojos negros se ensancharon levemente ante eso último, lo había olvidado, desde ese día empezó a salir con ella. La observó al instante, Sakura se encontraba doblando algunas prendas en su regazo, sintió un cosquilleo en el estómago.
Sakura... es ahora mi novia.
Desvió la mirada bastante apenado, pasaron tantas cosas en ese día que hasta algo tan importante para él se opacó por todos sus problemas.
Un sonido se hizo presente en el lugar haciendo que Sakura de un ligero brinco, Sasuke se percató de eso y notó como agachaba la cabeza con un leve sonrojo.
El pelinegro sacó el teléfono de su bolsillo y observó de quien se trataba, ahora ese cosquilleo se convertía en un hueco en sus entrañas. Deslizó el dedo aceptando la llamada y acercó el móvil a su oído sin decir palabra alguna.
—¿Sasuke? ¿Estás ahí? —escuchó decir a través del teléfono, era su hermano. Sakura lo observó con curiosidad, no entendía porqué no decía nada, de lo contrario no hubiese respondido. Pasaron un par de segundos en silencio—. ¿Me escuchas?
—Sí.
Eso es lo único que pudo salir de sus labios, sentía tanta rabia, tristeza e impotencia a la vez. Estaba enojado con Itachi por tantas cosas, sabía que quizá no tuvo la culpa, pero odiaba con todo su ser que le hayan mentido, detestaba que haya sido el único idiota que vivía con un odio injustificable. Pudieron haber evitado tantas cosas.
—No sé cómo sucedió... pero ahora que sabes la verdad quiero saber como estás. —Sasuke mordió su labio inferior al escucharle decir eso, no quería seguir hablando de ese tema, le dolía, ¿acaso nadie lo entendía?—. ¿Dónde estás? —preguntó preocupado—. Sé que Fugaku te corrió de casa, déjame ayudarte, no debe ser fácil para ti toda esta situación... —Hizo una breve pausa—. Quiero disculparme contigo... yo debí...
—Detente, Itachi.
Sakura regresó a verlo al escuchar ese nombre, la expresión del pelinegro era perdida, incluso ni parecía que estaba prestando atención a la voz del teléfono. Lo observó preocupada, su semblante volvió a tornarse sombrío.
—Sasuke, déjame explicarte...
—No quiero hablar ahora —soltó sin titubear y colgó la llamada al instante.
Dejó el teléfono a un lado y se agachó hacia delante posicionando los codos en sus entrepiernas, con sus manos cubrió su rostro intentado disipar toda la frustración que sentía.
La joven Haruno lo observó con tristeza, desde que habían llegado no había querido tocar el tema y ella respetaba esa decisión. Ahora se daba cuenta que necesitaba tiempo para procesar todo lo que estaba atravesando, se acercó a Sasuke quedando frente a él, se agachó quedando de rodillas para después alzar la mano para sujetar la suya y descubrir su rostro.
Sus ojos negros se posaron en los suyos, aquellos que estaban tan hinchados y enrojecidos, ese brillo que solía tener se había desvanecido, solo dolor se reflejaba en aquellos ónix tan solitarios.
—Detesto que me veas en este estado —dijo el pelinegro desviando la mirada, jamás se había sentido tan indefenso—. No estoy acostumbrado.
Sakura tomó sus gélidas manos dándole un poco de calor, Sasuke agradeció mentalmente ese gesto, sabía que ella no le haría daño.
—No es un pecado sentirse triste. —Él la observó después de escucharla—. No puedo decirte que sea bueno mostrarte frágil, pero mientras sea la persona adecuada no está mal.
El Uchiha la escrutó con la mirada, solamente esa mujer podía hacerlo sentir una inmensa tranquilidad, era increíble el poder que Sakura tenía, con solo estar cerca de ella te hacía sentir como en casa.
—Perdóname Sakura.
Esta última curvó las cejas sin comprender, no entendía el porqué de su disculpa.
—¿Por qué dices eso? —preguntó mirando fijamente esos pozos negros.
—Te mentí —confesó mientras desviaba la mirada en otro punto del lugar—. Me pediste que no cometiera una locura, te dije que no lo haría, pero no cumplí mi palabra.
La pelirosa lo observó con un poco de sorpresa, quizá esa fue la razón del porqué su padre lo echó de casa.
—¿Qué fue lo que hiciste? —preguntó bastante dudosa, no podía negar que la expresión del Uchiha la preocupaba.
Sasuke sintió sus labios temblar.
—Golpeé a mi padre —reveló con voz apagada.
El nudo en la garganta que había desaparecido volvió a instalarse con fuerza.
—Sasuke...
Un par de hilos de agua resbalaron por sus pálidas mejillas, jamás creyó que llegaría a ese punto, ese hombre le hizo tanto daño a su familia. No pudo soportar más y ante la atenta mirada de Sakura empezó a sollozar, una mano se posó en su rostro sin poder evitar el llanto.
Los ojos verdes de la Haruno lo observaron con desesperación, el verlo de esa manera hacía que sea imposible acompañarlo en su lamento, sin titubear alzó sus brazos y lo envolvió en un fuerte abrazo.
La vida era tan difícil e injusta, odiaba tanto que tengan que atravesar situaciones duras por causas de terceros. Duele tanto que a veces se te dificulta respirar, todos estaban tan hartos del dolor y los problemas... Nadie merece vivir así.
Sasuke correspondió el abrazo y se escondió en su cuello, la pelirosa sentía los leves espasmos del Uchiha a causa de su llanto, lo abrazó con más fuerza, lo único que sabía con certeza es que no quería alejarse nunca de él.
—Jamás te dejaré solo —aseguró con voz rota, el pelinegro la abrazó con más fuerza al escucharla—, estaré junto a ti lo que resta de mi vida.
El pelinegro cerró los ojos con fuerza y apretó aún más su cuerpo contra el suyo.
Gracias... Sakura.
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