Señorita Constructora
Esta historia es una adaptación.
La historia original es Miss Fix-It de Emma Hart
Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer
Capítulo 3
Después de una semana de ir y venir entre mis trabajos reservados y tomar medidas en casa de Edward, me hallaba más que lista para trabajar en la habitación de Ellie hoy.
Hice un plan de juego completo con mi papá en la cena del viernes y vi sus planes para las camas. Parecía emocionado de trabajar en algunas cosas para niños pequeños, y rápidamente me recordó que había estado casado con mi madre a mi edad.
Fuera del alcance del oído, mi madrastra me aseguró que todo estaba bien, que existía mucha más mierda en mi generación y que no me preocupara por ello, pero que los bebés serían agradables pronto.
Entonces, con la pequeña información de que mis padres querían que albergara a un ser humano en mi útero muy pronto, subí a mi camioneta y me dirigí a la casa Cullen.
Me encontraba armada con todas las cosas que necesitaba para remojar el papel tapiz. No solo eran las ocho y veinte, prácticamente la mitad de la noche de un lunes, y ciertamente no era el momento en que mi cerebro podía funcionar más allá del "café", sino que quitar el fondo de papel tapiz era lo peor. Tedioso, desordenado y lento, lo odiaba.
Que nadie se lo diga a mi papá.
Aun así, estaba lista. Por lo menos, el monótono raspado contra la pared con suerte haría lo mismo con mi cerebro. Raspando los terribles y ligeramente dolorosos mensajes que estuve recibiendo.
Oh, eso es correcto.
El Sr. Sujeto Retorcido, como lo llamó Rosalie, en realidad no era el peor.
No, ese fue el Sr. Hammer, quien me envió un mensaje muy hábil: "Eres constructora. Soy un constructor ¿Quieres martillar un agujero en la pared juntos?"
Y pensar, que casi me entusiasmó el reconocimiento de que, de hecho, era una constructora y no una secretaria.
Debería haber sabido que sería demasiado bueno para ser verdad.
Respiré hondo cuando entré en el camino vacío de la casa Cullen. No parecía que hubiera nadie aquí, y ese fue el mismo camino durante la última semana. Chocamos una vez, brevemente, y ni siquiera había estado en la casa. Estuve usando la llave de repuesto debajo de la maceta de flores junto a la puerta toda la semana.
Odiaba eso. Siempre sentía que alguien me miraba levantarla y volver a colocarla.
Esta mañana no fue diferente.
Salté de la camioneta y revisé mi teléfono. Apenas lo miré cuando vi al Sr. Ackerman paseando a su anciano doberman, Dixie.
—Buenos días, Bella —dijo en su voz ronca, temblorosa—. ¿Trabajando para nuestro agradable, joven vecino?
—Buenos días, Sr. Ackerman. —Sonreí—. Sí, señor, lo hago.
—Bien, bien. Encantador joven. Los niños son lindos también. Él sería bueno para ti.
Ahh, allí estaba. —Eso sería completamente poco profesional de mi parte.
—Solo mientras trabajes para él. —Se rio, me guiñó un ojo y se colocó su siempre presente gorra de tweed—. Que tengas un buen día, Bella.
—Usted también, señor Ackerman. —Sonreí mientras pasaba junto al auto, un silbido llenando el aire. Cuando llegó lo suficientemente lejos como para no poder verme y no había nadie más cerca, me incliné y saqué la pequeña llave de plata debajo de la maceta casi vacía.
Hizo clic en la puerta, y cuando la abrí, solté la llave en el plato azul en la mesa auxiliar y volví a buscar mis cosas. Como sabía que me tomaría la mejor parte del día desnudar las paredes y averiguar el estado de ellas debajo de ese papel, solo traje esas cosas conmigo.
Arrastré la caja dentro, cerré la puerta y me dirigí al piso de arriba. Me hallaba acostumbrada a que la casa estuviera callada, ¿una muñeca Barbie en las escaleras? No tanto.
— ¡Hijo de puta! —espeté, siseando cuando la sensación aguda de la nariz de la muñeca se clavó en la punta de mi pie.
¿Sabes qué? Todos decían que los Legos eran un infierno al pisarlos, nunca dijeron una sola maldita palabra sobre la cara de Barbie.
Me pregunto cómo se sintió cuando Ken la quería en su cara.
Ay.
Suavemente empujé a la puta muñeca hacia un lado y terminé mi viaje por las escaleras y a la habitación de Ellie.
Asegurándome que no hubiera ninguna Barbie ofensiva en el piso, dejé mi bolsa y me puse a trabajar.
. . . . . .
— ¡Pero yo quiero jugoooooo!
Me sobresalté y me volví hacia la puerta.
—Entra, por favor. —la voz de Edward resonó por las escaleras.
—Yo. Quiero. ¡Jugoooo!
—Elijah Cullen, entra ahora mismo.
— ¡No!
Con los ojos muy abiertos, quité un pedazo de papel tapiz.
—Bien, entonces puedes pararte en los escalones de la entrada y todos verán lo tonto que eres.
La puerta se cerró.
Me quedé boquiabierta y miré la puerta de la habitación de Ellie.
¿Él sólo le cerró la puerta?
Los golpes contra algo abajo confirmaron que era verdad.
— ¡Papá! ¡Papi! Papá, ¡po favo déjame entrar! —La voz de Eli se hizo más gruesa—. ¡Papi!
La puerta se abrió. — ¿Vas a entrar amablemente ahora?
No escuché su respuesta, pero oí a Edward decir, mucho más tranquilo—: Ahora, pide un jugo amablemente y te lo daré.
No escuché nada más, así que volví a raspar el papel de la pared.
— ¿Ese es el auto de Bewa afuera? —pregunto la pequeña voz de Ellie.
—Sí. —El sonido de los armarios abriéndose y cerrándose acompañó la voz de Edward—. Ella está en tu habitación ahora mismo.
Jadeó. — ¿Puedo ir a saludar?
Vacilación, y luego—: No, déjala trabajar.
—Quiero decir holaaaaa.
—Quiero guardar las compras, pero a veces apesta, ¿de acuerdo? Estoy seguro de que bajará y saludará pronto.
—Quiero decir hola ahora.
Cerré los ojos con fuerza. Uf, no me gustaban los niños. Nunca me han gustado, incluso cuando era niña. Pero aquí estaba, pensando en ir allí ahora mismo, porque su pequeña y tenue voz me daba ganas de hacerlo.
—Ellie...
Dejé mi raspador en la ventana y me giré para bajar. Honestamente, necesitaba un poco de agua de todos modos, así que mataría dos pájaros de un tiro.
—Papi…
—Oye —le dije, caminando lentamente hacia la cocina—. ¿Te importa si tomo un poco de agua?
Edward se volvió para mirarme. Alivio revoloteó en su rostro, mezclado con un toque de felicidad. —Hola, por supuesto. Hay algunas botellas en la nevera. ¿Te molestamos?
—Para nada —medio mentí—. Gracias. —Agarré una botella y miré a Ellie, sonriendo—. Hola, Ellie. Hola, Eli.
Los ojos de Eli se abrieron de par en par. —Hola. —Apartó la vista, al piso.
— ¡Hola, Bewa! —Ellie rebotó en las puntas de sus pies—. ¿Estás haciendo mi habitaion?
—Estoy sacando todo el papel horrible de las paredes. —Abrí la llave del agua—. ¿Quieres venir a ver?
Eli entrecerró sus ojos y respondió antes que ella pudiera. — ¿Hiciste mi habitaion?
—Aún no. Una habitación a la vez.
— ¿Por qué haces primero la de Ewwie?
—Tin, marín, de dos pingüés —respondí, manteniendo mi expresión seria—. La próxima vez, haré la tuya primero, ¿De acuerdo?
Me miró de reojo, se metió la pajilla de su caja de jugo en la boca y chupó el jugo de manzana en lugar de contestarme.
Ellie puso los ojos en blanco. —Él es tan guñon. ¿Puedo ver mi habitaion?
Su incapacidad para decir la "r" correctamente no era nada menos que completamente adorable.
Al igual que el hoyuelo que marcaba su mejilla derecha cuando me sonrió esperanzadamente.
Eché un vistazo a Edward.
Él se encogió de hombros. —Mientras no sea peligroso.
—Nada puede ser más peligroso que mi sorpresa cuando pisé la cara de Barbie esta mañana.
—Bienvenida a mi vida. —Sonrió, sus ojos turquesa brillando tentadoramente.
Señor, esperaba que no fuera así.
—Vamos, Ellie. —Hice un gesto para que me siguiera—. Solo ver, ¿de acuerdo? No tocar.
—Vale, Bewa. No tocar.
—Así es. —Luché contra la sonrisa mientras sus pequeñas pisadas me seguían escaleras arriba—. ¿Ves? No es genial. Solo el papel de las paredes.
Suspiró pesadamente. —Creo que deberías haber terminado.
Me reí. —No, aún no. Me tomará un par de semanas.
— ¿Cuántos barridos es eso?
— ¿Barridos?
—Sí. Barridos. —Juntó sus manos entre su hombro y su cabeza y fingió roncar.
—Ahhh. Sueños. —Asentí, recogiendo mi raspador en mi mano derecha y la esponja de mi cubo en la izquierda. Apreté—. No estoy segura. A veces no va bien, por lo que tarda un poco más. ¿Puedo decirte cuando esté a punto de terminar?
Parpadeó hacia mí. —Bien, pero no demasiado tempo. ¿De acuerdo?
—Bien.
— ¿Harás mi habitaion primero?
—Haré las dos al mismo tiempo.
Arrugó su rostro, haciendo que su nariz se arrugara de la manera más adorable. —Primero quiero la mía.
Presioné mi esponja contra la pared y la volví a meter en el cubo antes de raspar el papel. —Lo siento, Ellie. Es justo si las hago al mismo tiempo. Además, necesito dejar que tus paredes se sequen antes de poder prepararlas para pintar. Es mucho trabajo, por lo que es más fácil si lo comparto.
Ella olfateó. — ¿Qué haces ahoda?
—Deshacerme de este papel viejo. ¿Ves? —Arranqué el raspador y tomé el borde del papel húmedo entre mis dedos. Lo bajé, lo arranqué de la pared y lo arrojé al suelo.
—Guau —susurró. — ¿Puedo pobal?
La forma en que habló me mató. — ¿A tirar del papel?
—Todo ello.
Negué. —El raspador es filoso. Ven a ver. —Me incliné sobre una rodilla y la sostuve—. Demasiado fuerte para las niñas pequeñas. ¿Por qué no tomas un turno con la esponja, voy a raspar, entonces te dejaré arrancar el papel?
Juntó sus manos frente a su cuerpo, se balanceó y desvió la mirada hacia otro lado. La contemplación cruzó sus pequeños rasgos antes de agarrar su vestido. —Mi vestido podría ensuciarse.
La habitación de princesa tenía mucho sentido.
—No. Y si tienes cuidado, ni siquiera se mojará.
— ¿Estás segura?
—Tan segura como puedo estarlo.
Suspiró. —Vale, pero si mi vestido se moja o ensucia, le digo a papi.
—No puedo discutir con eso. Agarra la esponja —instruí—. Y aprieta muy, muy duro.
Ellie levantó la esponja lo más alto que pudo y apretó.
El agua salpicó.
Por todos lados.
Ella chilló mientras salpicaba su vestido.
—Está bien, no tan alto. —Bajé sus manos—. Justo ahí. Bien, es solo agua. Se secará.
Me miró dudosa, pero lo intentó de nuevo, aunque con algunas miradas mordaces en los puntos húmedos de su vestido muy bonito. — ¿Así?
— ¡Sí! —Sonreí mientras exprimía el exceso de agua de la esponja un par de centímetros sobre el cubo—. Ahora, frota este pedazo de pared aquí y humedécelo. Puede que tengas que hacerlo un par de veces.
Ella se deslizó.
Pateó el cubo.
Simplemente lo atrapé antes de que salpicara por todas partes, no es que salvara mis pies calzados, por supuesto.
Increíble. Ahora tenía que pasar el resto del día con zapatos mojados y medias mojadas.
— ¡Lo shento! —Ellie me miró con los ojos muy abiertos—. ¡No lo vi!
Razón número dos por la que no me gustan los niños. Ellos no "ven" nada.
—Está bien —dije, sacando el cubo rojo brillante del camino de la destrucción del pequeño tornado—. Es solo agua, ¿verdad? Deberías lavar la pared ahora antes de que la esponja se seque demasiado, ¿de acuerdo?
—Está bien. ¿Aquí?
—Justo ahí.
Ellie frotó la esponja al otro lado de la pared un par de veces. — ¿Mojado?
Le toqué con la punta de los dedos. Solo un poco. —Perfecto —le dije.
Sonrió.
»Dedos fuera del camino —instruí—. Por si acaso.
Sostuvo sus brazos sobre su cabeza... Y dejó caer la esponja en el cubo. El agua salpicó mi pierna, pero la ignoré y rasgué el papel húmedo por la pared hasta que fue lo suficientemente grande como para que ella lo agarrara.
»Bien, ahora, agárralo. —Lo extendí suavemente.
Lo pellizcó con su dedo índice y el pulgar. Lentamente, tiró, inclinándose hacia atrás mientras arrancaba el papel de la pared.
»Cuidado. Vas a…
Golpe.
Golpeó el suelo con todo su peso, su trasero golpeó el suelo y meció la ya insegura tabla del suelo. Me miró con los ojos muy abiertos, el pedazo de papel tapiz metido con seguridad en la palma de su mano.
Pasos tronaban escaleras arriba.
— ¿Qué…? —Edward irrumpió en la habitación, deteniéndose en la puerta, agarrándose a cada lado, y mirándonos a las dos antes de que su mirada se centrara en Ellie—. ¡Ellie!
— ¡Mida, papi! ¡Estoy ayudando! —Sonrió y levantó el pedazo de papel tapiz—. ¡Bewa dijo que podía sacar el papel!
Él parpadeó hacia ella, una y otra vez. Finalmente, volvió su mirada hacia mí. No parecía enojado ni molesto, solo... ligeramente divertido y curioso.
—Ella quería sacar el papel. Traté de decirle que se caería, y luego se cayó. Lo rompió demasiado rápido. —Pellizqué dos dedos.
Suspiró, pasándose la mano por el cabello. —Maldita sea —susurró—. Esa chica. Lo juro.
— ¿Estás modesto? —susurró Ellie.
—No, princesa. No. —Edward se acercó a ella y se agachó, besando la cima de su cabeza—. Escuché un golpe y me asusté. Tal vez deberías venir a tomar un refrigerio y dejar que Bella termine su trabajo ahora.
— ¿Qué pasa si Bewa tiene hambre?
—Tengo una cita para almorzar con mi mejor amiga —le aseguré—. No te preocupes. Iré por una hora y volveré enseguida.
Ellie me miró. — ¿Puedo ayudalte después?
Miré a Edward para confirmarlo. No era fan de la idea, pero si ella aceptaba sacar el papel despacio y cuidadosamente, no podría decir que no.
—Solo papel —le dijo—. Y haces exactamente lo que Bella dice.
Asentí para estar de acuerdo.
»Y te comes tu merienda de frutas y todo tu almuerzo antes de que diga que sí —concordó Edward, deslizando su cabello detrás de su oreja—. ¿Es un trato?
Ellie suspiró pesadamente antes de tenderle la manita. —Es un trato.
. . . . . .
Y así fue como terminé con dos ayudantes el martes por la mañana.
Aparentemente, solo tomar un gemelo no era suficiente. Gracias a la ayuda de Ellie ayer, apenas logré atravesar su habitación, sin importarme comenzar la de Eli como planeé.
Sin embargo, hoy era un nuevo día, y ese nuevo día involucró a Edward uniéndose a mí con un raspador y una esponja mientras los niños usaban pañuelos faciales y cuchillos de plástico que desenterró de una de las montañas de cajas.
Fue incómodo. No me gustaba tener ayuda cuando trabajaba a menos que fuera alguien en el negocio o mi papá, pero era aún peor cuando el tipo que me ayudaba era tan caliente como Edward.
Todos los tipos calientes que conocía, los había conocido por años. Éramos amigos, y aparte de los enamoramientos de adolescentes mal colocados y algunas pocas, ejem, fantasías adultas ligeramente inapropiadas de las que crecí desde entonces, ya no podía verlos de esa manera. Nuestra relación era en su mayoría de negocios ahora, y era bastante obvio que mi vida de noviazgo se hallaba severamente ausente en el departamento del individuo caliente.
Bueno, el departamento de chicos calientes decentes.
Sin mencionar que no teníamos nada de qué hablar. Yo no sabía nada de él, y después de mi momento incómodo ayer, tenía miedo de preguntar.
Honestamente, probablemente me proponga decir "¿Cómo estás?" y saldría algo como "¿Qué tan grande es tu pene?"
Así es como era para mí.
Y no era lo más apropiado con la pequeña gente en el otro lado de la habitación. Quienes no avanzaban absolutamente en su raspado de papel. Pero, entonces, solo usaban cuchillos plásticos de color rosa y azul brillante, por lo tanto, ¿Qué esperaba?
—Entonces —dijo Edward, rompiendo el silencio agonizantemente incómodo que permaneció entre nosotros durante casi una hora—. ¿Qué te hizo entrar en la construcción? ¿Trabajo manual? ¿Cómo lo llamas?
—Trabajo manual, en general, porque hacemos un poco de todo. —Saqué una larga tira de papel de la pared.
Dios, fue tan satisfactorio. Casi comparable a un orgasmo.
Jesús. Necesitaba echar un polvo. O una vida.
Preferiblemente una vida en la que tenga sexo. Regularmente.
—Interesante. ¿Tu padre es carpintero?
Asentí. —Él ama todo esto, pero esa es su verdadera pasión. Es la razón por la que hago esto.
—Es diferente, ¿no crees? Nunca he conocido a ninguna mujer que quisiera entrar en este campo.
—Diferente es una palabra para ello —dije lentamente—. No creo que sea la carrera que elegí. Más que eso me eligió, y me enamoré de ella cuando era una niña. Ahora, no podría imaginarme haciendo otra cosa. No creo que pueda hacer otra cosa.
— ¿De verdad? ¿No harías nada más?
—Voy a ser un superhedue —dijo Eli, golpeando el cuchillo contra la pared.
Ellie reventó una frambuesa. —No puedes vodar —dijo de esa manera que solo los niños de cuatro años pueden: sarcasmo y descaro envueltos en inocencia—. Los superhedues tienen que vodar.
—No es verdad —respondió Edward—. La mayoría de ellos no puede volar.
Eli sonrió. — ¡Necesito una capa y luego podré!
— ¡Las capas no te hacen vodar! —gritó Ellie, apuntando su cuchillo de plástico hacia él—. ¡La magia te hace vodar!
— ¡Los superhedues no son mágicos! ¡Son súper!
Bien. Ese fue un buen argumento.
—Los superhedues son estúpidos —continuó Ellie—. ¿Quién quiere ser golpeado por los chicos malos? Deberías ser una pincesa en su lugar.
Eli arrugó la cara como si la idea fuera completamente desagradable. — ¡Solo las chicas son pincesas!
— ¡Entonces seré una pincesa y no podrás entrar en mi castillo!
— ¡Destruiré tu castillo!
— ¡Está bien! —Edward dejó su raspador y se acercó entre ellos, luego se agachó—. Ellie, si quieres ser una princesa, sé una princesa. Pero es lindo dejar que tu hermano entre a tu castillo, ¿de acuerdo? Y Eli si destruyes su castillo, eso te convierte en un súper villano, no en un superhéroe.
Eli frunció el ceño.
»Serás Loki y no Thor.
—No quiero ser Woki —dijo en voz baja. —Ewwie, si me dejas entrar en tu castillo, no lo romperé.
Ellie entrecerró sus ojos. — ¿Salvarás mi castillo de superviw-super... malas personas?
Edward luchó contra una sonrisa.
—Solo si tienes dulces.
—Bueno. Tengo dulces.
—Dense la mano —ordenó Edward—. Entonces es la ley.
Levanté mis cejas. ¿La Ley? ¿No fue un poco extremo?
Sus pequeñas manos se encontraron en el medio y se sacudieron tres veces.
— ¿Alguna vez no pelearán? —le pregunté cuándo se reincorporó hacia mí.
Abrió su boca para responder, luego se detuvo, mirando de los gemelos hacia mí, considerando claramente su respuesta. —No sé... Ha pasado mucho tiempo desde que tuvimos un día sin luchar. Son tan similares, no creo que sepan cómo no estar en desacuerdo.
Eso tiene sentido. —Bueno, tengo que admitir que ese es el argumento más extraño que haya escuchado.
Bajó la cabeza mientras recogía su raspador y se reía en silencio. —No pongas tus expectativas tan bajas. Hay muchas posibilidades de que escuches algo más extraño que eso antes de que termines aquí.
— ¿De verdad?
Me miró a los ojos y dijo—: Anoche, después de la hora del baño, tuvimos una discusión sobre quién tiene los mejores genitales.
Parpadeé hacia él. —Los mejores... genitales —resoné.
¿Qué demonios?
—Eli insistió en que era el suyo porque puede jugar con eso. Le dije que volveríamos a esa conversación en diez años.
Solté un resoplido y rápidamente pasé la mano por mi boca para disimular el espantoso ruido.
Sin embargo, Edward lo atrapó, y me lanzó una rápida sonrisa, sus ojos esmeralda brillando de alegría. Luego, dio media vuelta, a la pared en la que estuvo trabajando.
Mi estómago tiró completamente, inapropiadamente, ante el breve contacto visual que tuvimos entonces.
Tragué saliva y me concentré en mi trabajo.
Cuanto antes se haya terminado esta habitación, más pronto recuperaría mi espacio.
Hola chicas! Espero disfruten el capítulo y gracias por sus reviews!
Nos vemos.
Bye Sweeting!
