Señorita Constructora
Esta historia es una adaptación.
La historia original es Miss Fix-It de Emma Hart
Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer
Capítulo 4
Horas después, todo el papel estaba fuera, y la primera capa de pintura base se hallaba colocada en la habitación de Ellie. Un detestable tono verde era la pintura debajo del papel amarillo y rojo en la habitación de Eli, e iba a necesitar varias capas de blanco solo para cubrirlo.
No anticipé eso. Y ese pequeño detalle arruinó mi plan, porque necesitaba al menos un día más para hacerlo, lo que retrasó mi línea de tiempo probablemente por dos o tres. No existía una posibilidad en el infierno de que estuviera poniendo ese piso hasta que las paredes estuvieran listas, hechas y terminadas.
Bostecé mientras tiraba mis cosas en la parte trasera de mi camioneta. Dejé la pintura y el rodillo después de limpiarlo en el baño, porque sabía qué sería mi día mañana: pintura y más pintura.
Lo que necesitaba ahora era una ducha caliente. Mis hombros murieron a causa de todo el raspado y mantener mis brazos por encima de mi cabeza, y mi cuello también dolía por ello.
Y una siesta. Dios, necesitaba una siesta. O tres... o cuatro...
Lo más aterrador de esto fue el hecho de que seguía preguntándome... ¿Tendría que luchar contra los niños todo el tiempo? ¿O Edward escuchó mis preguntas silenciosas para mantenerlos alejados? Muy pronto, estaría haciendo más trabajo y trayendo a otras personas para que ajustaran los pisos e hicieran las conexiones eléctricas. Tenía a mi amigo, Eric, viniendo el miércoles para revisar las conexiones eléctricas de sus habitaciones.
Con un poco de suerte, los mantendría fuera del camino.
Tenía una pregunta candente: ¿Qué demonios hacía aquí, en Forks?
Sabía que su esposa murió, pero, ¿esa era una razón suficiente para mudarse aquí? De Colorado a Washington no era exactamente el otro lado del país, pero se encontraba lo suficientemente lejos de su familia, que supuse que aún vivían en Denver.
No era mi lugar pensar en eso. No era asunto mío, pero tenía un gran problema cuando se trataba de lo que era asunto mío y lo que no. Más al grano: no me importaba. Yo era como un perro con un hueso cuando buscaba información, y culpé a eso de vivir en un pueblo tan pequeño.
Siempre supe todo sobre todos, así que cuando tenía que enfrentar una situación en la que no era así... No me gustaba mucho.
De hecho, me sentía algo nerviosa al respecto.
Me dije a mi misma. Olvídalo. Realmente, realmente no era asunto mío.
Golpeé mis dedos contra el volante mientras entraba en mi camino de entrada. Empujé la palanca a neutral y apagué el motor con un giro de la llave. El eco de mi llavero sonó mientras lo movía a través de la cabina de la camioneta, y suspiré, sentándome en mi asiento.
Después de mirar fijamente el costado de mi casa por un momento, saqué mi celular del bolsillo y envié un mensaje de texto a Rosalie.
Yo: ¿Estás en el trabajo?
Rosalie: A punto de comenzar. Tengo cinco minutos. ¿Qué pasa?
Yo: Dime que las razones del papá caliente para mudarse aquí no son de mi incumbencia.
Rosalie: Las razones del papá caliente para mudarse aquí no son de tu incumbencia.
Yo: GRACIAS.
Rosalie: Pero son mi asunto.
Yo: Me retracto.
Rosalie: ¿Por qué el papá caliente se mudó aquí?
Yo: No lo sé. Ese es el punto.
Rosalie: Entérate.
Yo: Se supone que debes asegurarte de que NO LO HAGA.
Rosalie: Es el papá caliente o el Sr. Sujeto Retorcido.
Yo: Ni siquiera.
Rosalie: Sé tú contraseña de MatchPlus.
Yo: Eres una perra
Rosalie: *emoticón de demonio*
Ugh.
Cerré mi teléfono, me negué a responder y salí de mi camioneta. Esto no fue lo que firmé. ¿Rosalie siquiera lo vio, u operaba únicamente en la vida de chismes de Forks?
Espera, no. Sabía la respuesta a eso. Probablemente había estado haciendo las compras una hora después que él y ahora era una jodida experta en el papá caliente.
Maldita sea mi vida, necesitaba dejar de llamarlo así. No iba a ayudar a la incomodidad que sentía a su alrededor.
No conocía a un tipo caliente que no fuera mi amigo. Y absolutamente no tenía tiempo en mi vida para alguien con hijos.
¿Acaso no rechacé a un tipo en el sitio de citas porque tenía un hijo?
Sí. Sí, lo hice. Era superficial y egoísta, y me sentía bien con eso. No imaginé mi vida con niños en ella. Yo era la persona que, cuando se le preguntaba "¿Cuándo vas a tener hijos?", decía "Nunca". No los quiero.
Al menos no en este momento. Tal vez eso cambiaría en el futuro, pero ahora mismo, en el lugar donde se encontraba mi vida, me sentía contenta con mi elección. Rosalie parecía desesperada por instalarme con el Sr. Perfecto y establecerme, pero todo lo que yo quería era al Sr. Oh-Justo-Ahí a menos que él tampoco quisiera tener hijos.
Era extraña, y eso no me preocupaba. Al menos según todos en Forks, era extraña.
Pero era una mujer práctica, por lo que era automáticamente extraño a sus ojos.
Entré en mi casa, arrojé mis llaves sobre la mesa auxiliar, observando sin convicción cómo se deslizaban sobre el respaldo de la mesa y caían al suelo con un tintineo.
—Lo que sea —murmuré para mis adentros, dejándolas allí hasta que tuviera que cerrar la puerta más tarde.
Esto era Forks. Lo más parecido al robo que sucedió aquí fue cuando el Sr. Jenkins se olvidó de sus pantalones, exteriores e interiores, y corrió por el centro de la calle principal con su hombría balanceándose de un lado a otro.
¿Qué fue robado?
Mi vista. Aunque brevemente.
En realidad, ahora que lo pienso, no pensé que hubiera sido capaz de mirarlo a los ojos durante dos años.
Tal vez eso fue lo mejor.
Saqué agua de mi refrigerador y miré la botella antes de abrirla. Me sentía demasiado cansada para siquiera hacer eso. El trabajo había sido más riguroso, sobre todo gracias a que los gemelos no lograron sacar ningún papel de las paredes y que Edward finalmente tuvo que dejarme sola para terminarlo.
Edward.
Ojos esmeraldas centellearon en mi mente.
Sacudí el pensamiento y bebí el agua helada. Para cuando me la tragué, el recuerdo de sus ojos había desaparecido, y tomé la decisión ejecutiva en la Vida de Bella de pedir pizza en la pizzería local.
Diez minutos después, me hallaba en mi sofá con pantalones de yoga. Descartando el agua por el vino; le daría a Jesús una carrera por su dinero si no tuviera que usar mi nevera para cambiarlo, puse mis pies adoloridos sobre mi mesa de café y me apoyé en los cojines del respaldo.
Con la temporada cinco de Friends en mi televisor, coloqué mi teléfono en mi regazo y toqué la aplicación del sitio de citas.
Ese fue mi primer error.
El segundo fue leer mis mensajes.
El primero estaba bien, torpe, pero no lucía mal, hasta donde llegaba.
¿El segundo?
"Caliente, cachondo cornudo para ti y tu pareja dominatriz. Te dejaré encadenarme a tu piso mientras él te folla y finge que soy tu novio"
Presioné eliminar antes de que mi cara se arrugara con disgusto.
Sí.
Eso fue suficiente MatchPlus por esta noche.
Tal vez por toda mi semana.
. . . . . .
Pasaron dos días sin que viera ni a Edward ni a los gemelos. Para cuando llegó la hora del almuerzo, había terminado la capa base en la habitación de Ellie y estaba a punto de comenzar las últimas dos capas en la habitación de Eli. Eric se hallaba en la habitación de Ellie midiendo su piso y pensando lo que tenía que hacer para arreglarlo.
— ¿Bella? —Asomó su cabeza en la habitación de Eli, su cabello rubio oscuro se agitaba frente a sus ojos—. Tengo una reunión de almuerzo. ¿Te importa si vuelvo cuando termine?
Puse la lata de pintura y lo miré con una sonrisa. —No hay problema. Estás trabajando en tu tiempo, no en el mío. —Le guiñé un ojo—. Me gustaría que el piso de Eli esté hecho, así sé cuándo tengo que terminar de pintar.
Levantó sus manos. —No te preocupes, cariño. Te tengo cubierta. No me tomará ni la mitad del tiempo que te lleve descubrir el piso.
— ¿Me veo como que el suelo es mi experiencia?
—No. —Sonrió torpemente—. Sin embargo, un montón de otras cosas...
Tiré mi trapo de limpieza hacia él. Lo atrapó con un movimiento rápido y me lo arrojó de nuevo.
—No me hagas decirle a mi papá sobre ti —le advertí.
—Tu papá te casaría conmigo en un abrir y cerrar de ojos.
—Siempre que puedas abstenerte durante seis meses sin tener sexo con otras mujeres al azar.
Hizo pausa. —Punto bien hecho. ¿Nos vemos en noventa minutos?
Ja.
Puse los ojos en blanco. —Te veo luego, Eric. ¿Vienes solo, no?
—No puedo prometer que iré solo, pero seguro que apareceré solo. —Me lanzó un guiño antes de salir por la puerta.
Demasiado para esa reunión de negocios.
Negué, sumergí la brocha en la pintura y comencé la ardua tarea de bordear las tablas base entre la pared y el piso. Era el peor trabajo, y no uno que podría arruinar, incluso ahora. Tendría que pintar las tablas base eventualmente, y limpiarlas no era una broma. Mientras menos pintura tenga sobre ellas ahora, mejor.
Apenas había tocado la pared con la brocha cuando oí el sonido de la puerta al abrirse y voces amortiguadas abajo. Como Eric aún no se había ido, tenían que ser Eric o Edward.
Mierda. Esperaba que a Edward no le importara que lo tuviera aquí sin decírselo. Para ser justos, él parecía feliz de dejarme seguir con eso. Y por seguir con eso me refería la navegación a través de cajas hasta que llegue a las habitaciones de los gemelos.
Me obligué a centrarme en los bordes de las tablas base antes de que la puerta se cerrara de nuevo. El silencio reinó por unos momentos antes de que los pasos sonaran en las escaleras. Fue sospechosamente tranquilo durante la mitad del día.
¿Dónde estaban las peleas de los niños? ¿Por qué no se gritaban el uno al otro? Ese era su modus operandi, después de todo.
—Oye —La voz de Edward llegó desde la puerta—, ¿cómo estás?
Cambié de mis rodillas a mi trasero y lo miré. Maldita sea, se veía bien con una camisa polo blanco y pantalones vaqueros ligeros y rasgados. —Hola, bien. ¿Tú?
—Bien. —Hizo una pausa, frunciendo esos labios carnosos—. Mierda, es tranquilo.
—Esa era mi siguiente pregunta —le dije burlonamente—. ¿Los dejaste en el pasillo de dulces en la tienda de Irma?
Se rio, un sonido profundo y rico que puso la piel de gallina en mis piernas desnudas. —No. Estoy seguro de que ella no lo apreciaría.
—No lo sé. Le daría al Sr. Pickles algo más para perseguir que los tobillos de los clientes.
— ¿Sr… oh, ese gato.
—Ah, has conocido el querido residente de la ciudad.
Otra risa. —Afortunadamente, llevaba jeans. Me protegí bien.
—Inteligente —acepté—. ¿Dónde están los gemelos, si no es aterrorizando al Sr. Pickles?
—Tarde de prueba en la guardería —dijo lentamente—. Aparentemente, no hay preescolar en Forks.
Negué. —Nada hasta el jardín de infancia. No hay suficientes niños en el área. ¿Están con Ángela?
— ¿Cómo le hacen? No importa. Ciudad pequeña. —Sus labios se curvaron—. ¿Creerías que sabía todo sobre mí antes de siquiera haber cruzado la puerta?
Arrastré mi labio inferior entre mis dientes, sonriendo.
Sus ojos parpadearon.
Creo.
Maldita sea, estuve mirando paredes lisas por mucho tiempo.
—Absolutamente. La mitad de la ciudad probablemente ya sepa tu número de seguridad y peso al nacer por ahora.
Sus ojos se agrandaron, haciendo que el tono esmeralda de su iris pareciera diez veces más brillante. — ¿En serio?
El shock en su expresión me hizo reír. —No. Estoy jugando contigo. Pero no pases por alto a Irma... O Alice en el Coastal.
Se relajó, con los hombros caídos, pero se rio ligeramente ante la mención de Alice. —Ah, sí. Nos acabamos de conocer. Vi que ella tomó el almuerzo en mi camino saliendo de donde Ángela y me detuve.
—Mis condolencias —le ofrecí—. Siempre es estresante conocer a Alice por primera vez. Eso escuché. Y ver cuando lidia con las citas desagradables de la gente.
— ¿Citas desagradables? —Arqueó una ceja oscura—. ¿Experiencia con eso?
Levanté una mano y parpadeé cerrando los ojos. —No lo hagas. Solo, no lo hagas.
Se rio. —Historia para otro momento, ¿verdad?
—Claro, si en "otro momento" quiere decir nunca.
Una media sonrisa descuidada se apoderó de su rostro, haciendo brillar sus ojos. —Ella escuchó que trabajas para mí, pero eso no te sorprende, ¿verdad?
—Tan sorprendida como si me hubieras dicho que la temperatura exterior se siente como si estuviéramos a medio camino del trasero de Satanás.
Esa sonrisa se convirtió en otra carcajada. La piel de gallina se triplicó en cantidad con el sonido cuando se apoderó de mis brazos. Dios, no me vería más fría si estuviera desnuda en el Ártico.
—Bueno, me dio el doble de la cantidad de comida que debería tener y me ordenó que estuvieras bien alimentada. Al parecer, es capaz de hacerme desear nunca haber nacido si no lo hago.
—Ella es luchadora.
—En serio. Gracias por la advertencia.
—Escríbeme una lista de los lugares a los que necesitas ir y te daré un resumen. —Sonreí.
—Me aseguraré de hacerlo. —Cruzó los brazos sobre el pecho—. Entonces, tengo un almuerzo para ti abajo. Es mejor que comer solo. ¿Te importa acompañarme?
Miré por encima de él rápidamente.
He tenido peores ofertas… y citas, últimamente. No es que esta fuera una cita. No, esto era Mar…
Mierda la cama. Ella sabía lo que hacía aquí.
Iba a patear su trasero la próxima vez que la viera.
Pero no muy duro. Porque, ya sabes. Salvó mi trasero más veces de las que necesitaba.
—Déjame terminar este borde, luego te encontraré abajo —le dije—. ¿De acuerdo?
Asintió. —Ella dijo que es tu favorita.
—Oh, Dios mío, ¿Hizo su pasta?
—Le pregunté qué era lo mejor, y me dijo la pasta que te encanta.
Me mordí el interior de mi mejilla. — ¿No es profesional si digo "al diablo, terminaré esto después de la pasta"?
Una sonrisa regresó a su rostro. —No lo diré si no lo haces. Tómalo como mis disculpas por mis hijos aterrorizándote al comienzo de la semana.
—Yo no diría que me aterrorizaron —dije lentamente, colocando el pincel en el lateral de la bandeja de rodillos. Puse la tapa de la lata de pintura y la empujé lo suficiente como para poder volver a abrirla sin problemas.
—Eres demasiado agradable. —Sus ojos brillaron—. Puedes decirlo como es, no me ofenderé. Joder si sé que me aterrorizan a las siete de la mañana todos los días.
—Estoy manteniendo mi postura —repliqué, tratando de no mirarlo a los ojos, porque sabía que tendría mariposas si lo hiciera.
Había algo en la forma en que sus malditos ojos brillaban.
»Es mejor si termino este borde. —Recogí el pincel de nuevo—. Bajaré en unos minutos. No me queda mucho en esta pared.
Echó un vistazo a la pared y donde me encontraba sentada. —Suena bien. Tengo algo de trabajo que hacer, lo mantendré caliente.
—No tienes que esperar por mí.
—Bella —dijo, sonriendo—. Para cuando me quede atrapado en mi correo electrónico, tú estarás esperando.
—Guau. Sabes cómo encantar a una dama.
Se rio. —Baja cuando estés lista. —Se dio la vuelta, dándome otra vista de su trasero apretado.
Suspiré, volviendo a la pared.
Maldición, ese trasero.
. . . . . .
Veinte minutos más tarde, bajé las escaleras.
Edward se hallaba sentado a la mesa de la cocina, con el teléfono metido entre la oreja y su hombro, escribiendo en su computadora. —Sí, bueno, no puedo lidiar con esto actualmente. Todavía no he estado en la oficina aquí... Todavía tengo una semana... Lo entiendo, pero… —me miró—. Sí, señor. Entendido. ¿Podemos continuar esto luego? Tengo una cita privada en este momento... Sí. Adiós.
Sacó el teléfono de su lugar, tocó la pantalla y la colocó boca abajo sobre la mesa. Me ofreció una sonrisa apretada, cerró la computadora portátil y señaló el microondas.
»Sesenta segundos y quedará perfecto.
Levanté mis cejas. — ¿Interrumpí una llamada importante?
Sus fosas nasales se dilataron mientras inhalaba, pero negó. —Mi jefe intenta que vuelva a trabajar en mi nueva oficina antes de poder hacerlo. La oficina se las arreglaba antes de mi, pueden esperar unos días más hasta que pueda llegar allí.
— ¿Los gemelos? —pregunté suavemente.
Presionó el botón en el microondas. La luz se encendió con el zumbido de la máquina, revelando dos de las cazuelas de pasta de Alice. —Sí. Traté de obtener una niñera por aquí antes de mudarme, pero eso fue sorprendentemente difícil.
—Sí, no hay mucho aquí. —Me deslicé en un asiento en la mesa.
—Déjame adivinar —dijo, la diversión tintineó en su tono—. No hay un mercado para eso.
—Oh, Dios mío, ¿Cómo lo supiste?
Miró por encima del hombro, el cabello oscuro casi metiéndose en sus ojos, y sonrió. —Conjetura afortunada.
Me reí, descansando mi barbilla en mi mano. La mesa dura en mi codo. —Todos usamos a Ángela. Primero fue su madre antes que ella, y creo que su madre antes que ella.
—¿Hay algo en Forks que no sea una empresa familiar? —Edward sacó las dos bandejas cuidadosamente. Derramó la pasta en dos platos antes de ponerlos frente a mí con los cubiertos.
—Gracias. —Le mostré una sonrisa—. En realidad, esa es una gran pregunta. Básicamente, lo tomé después de mi padre porque no tenía muchas opciones. Creo que lo mismo sucedió con Ángela… su papá trabajaba mucho, así que siempre se la pasaba con su madre, y luego trabajó para ella cuando creció. Umm. —Apuñalé mi tenedor en un poco de pasta—. ¿Has estado en Corkys? ¿El bar irlandés?
—No. No puedo decir que sea un lugar que me gustaría que los gemelos exploren.
— ¿Porque es un bar o porque lo aterrorizarían?
—Porque me gusta beber en paz —respondió con ironía, una sonrisa que combinaba con su tono y se extendía a través de su tono.
Luché para no resoplar mientras comía y reía al mismo tiempo. —Bueno, Corkys no lo es. Paddy, no su verdadero nombre, por cierto, lo abrió hace unos cinco años. Se enfureció con todos los irlandeses falsos en el noreste, al parecer.
—Pensé que eran verdaderos irlandeses. —Edward hizo una pausa—. ¿Y no es irónico dado su nombre falso?
—Un poco, pero en realidad es irlandés. Acento y todo.
—Lo suficientemente justo. ¿Qué hay de los otros negocios en la ciudad?
Comí mientras pensaba. —Está Delia's Diner. Queda más hacia la carretera fuera de la ciudad, pero aún, técnicamente, en Forks. Su abuela era Delia, su madre Dalila y ella Della.
—Veo el patrón allí.
Puse los ojos en blanco. —Es como si los Kardashians supieran de ellos e intentaran nombrarlos.
—Honestamente puedo decir que no podría dar un trasero de ratas por esa familia.
—Deberías probarlo. Es un gran mitigador del estrés, porque mientras lo miras, sabes que tu vida nunca será tan desastrosa como la de ellos.
Edward se rio, bebiendo un poco de agua. —Recordaré eso. Lo siento, ¿quieres un trago? No estoy acostumbrado a invitados que no exigen todo a la vista.
—Estoy bien. —Mis labios se torcieron—. ¿Alguien más de la ciudad que quieras conocer? Eso podría ser más fácil.
Inclinó su cabeza hacia mí, sus ojos brillando. —La señora Simpson en la oficina de correos.
— ¡Ah! Negocio familiar allí, también. Nadie más que un Simpson ha dirigido esa oficina durante cien años.
— ¿En serio?
—Pregúntale al señor Ibetger en la biblioteca.
Edward terminó su almuerzo y, empujándolo hacia un lado, se limpió la boca con el pulgar. —No tengo intención de acercarme a una biblioteca, con o sin mis hijos.
—Vergüenza. Él sabe todo lo que hay que saber sobre Forks.
— ¿Dices que no quieres contarme todo sobre esta ciudad?
Me quedé quieta. Cuando lo miré a los ojos, el centelleo de diversión ahora extrañamente familiar brilló hacia mí.
Él bromeaba.
Mierda.
—Absolutamente —respondí—. Esta conversación es definitivamente terrible. De hecho, si el reloj de arena de Slughorn estuviera entre nosotros, se movería más lento que un perezoso.
—Sin embargo, la arena seguiría cayendo más rápido que cuando discuto con mis hijos sobre el beneficio del agua potable sobre el jugo de manzana.
Oh. Simplemente me retrucó con Potter.
Suspiro.
—Bien jugado —respondí. Entonces, suspiré—. ¿Esa es realmente una pelea que tienes?
—No estás mucho alrededor de niños, ¿verdad? —Sonrió—. Es una conversación diaria. Podría grabar mis respuestas y ducharme mientras el argumento sucede en ese momento.
— ¿Ves? … Es por eso que no estoy alrededor de niños mucho tiempo. —Dejé mi tenedor y me limpié la boca con una servilleta del centro de la mesa—. Gracias por traer el almuerzo.
Levantó sus manos. —Gracias a Alice. No creo que haya tenido algo que decir al respecto.
—Encontrarás que generalmente no tienes nada que decir al respecto con ella. No te preocupes. Te acostumbrarás. —Me levanté y recogí mi plato—. Necesito volver a trabajar ahora.
—Déjame tomarlo. —Su silla raspó el suelo cuando se levantó—. Aquí. —Me quitó el plato y lo colocó al lado del fregadero—. Por cierto, Bella.
— ¿Sí? —Hice una pausa, un pie delante del otro.
—Tienes un poco... —Señaló su mejilla—. Salsa. Y pintura. Aquí.
Frunciendo el ceño, me froté la mejilla.
—No. Mierda. La otra mejilla. —Dio un toque a su izquierda.
Me froté allí también, pero negó, claramente luchando contra una sonrisa si el tic de sus labios era un indicativo.
»No, espera. —Tomó una servilleta y se movió hacia mí. Mi respiración se enganchó cuando se detuvo justo frente a mí, a solo centímetros. Su mano firme sostenía la servilleta, y mis ojos siguieron su camino mientras se acercaba cada vez más a mi mejilla.
Suavemente, me limpió la mejilla, junto a mi oreja. Su mirada miró hacia la mía por un segundo. Uno que de alguna manera fue lo suficientemente largo como para hacer que mi corazón tartamudeara.
»Bueno —dijo, inclinando la cabeza para ver mejor—. Obtuve la salsa. Creo que la pintura está seca.
— ¿Cómo pasó eso? Soy diestra —murmuré, tocando mis dedos donde la servilleta acababa de estar.
Con los labios curvados, dio un paso atrás, arrugando la toalla de papel en su mano. —Eso es lo que me gustaría saber.
—Avísame si alguna vez lo descubres. —Me alejé de él, más cerca de la puerta—. Estaré pintando. Tal vez un poco de perforación para deshacerme de algunas cosas en la pared de Eli. Avísame si te molesto.
Agitó su mano, colocando su plato sobre el mostrador. —Si me molestas, saldré. Puedo trabajar en cualquier lugar y tú necesitas estar aquí.
Por encima de su hombro, me lanzó una sonrisa que hizo revolotear mi estómago y llegó a sus ojos. Una que hizo que sus ojos destellaran con la risa. Una que lo puso firmemente en mi libro "Debe Resistirse".
—Buen punto.
Se volvió.
Nuestros ojos se encontraron.
Me guiñó un ojo.
¿Yo?
Básicamente corrí escaleras arriba.
Hola chicas! Espero disfruten el capítulo y gracias por sus reviews!
Les quería comentar que hace poco abrí un blog :) me pondría muy feliz si le dan una miradita. Voy a subir reseñas, recomendaciones y mucho más.
Se llama: Maly's infinity place, y pueden encontrar el link directo en mi perfil de Twitter ( thoughtswen) si desean verlo.
Nos vemos.
Bye Sweeting!
