Señorita Constructora
Esta historia es una adaptación.
La historia original es Miss Fix-It de Emma Hart
Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer
Capítulo 7
»Vamos, déjame llevarte a la cama. —Edward lo intentó de nuevo—. Deja que Bella se vaya a casa.
Una vez más, sacudió la cabeza, esta vez enterrando su cara en mi cuello.
Suspiré. —Ayúdame. —Apoyándome contra el fondo de la barandilla, pateé una pierna—. Quita mis zapatos.
Me miró divertido por un momento antes de agarrar el talón y quitármelo.
»Oop. —Respiré cuando bajé mi pie y me encogí varios centímetros—. El otro.
Otra patada, otro agarre en el talón, otro tirón.
Descalza, subí las escaleras con Edward detrás de mí.
—Está en mi habitación —dijo—. Izquierda, la puerta final.
Dulce infierno. ¿Ahora iba a ver su habitación?
Reajusté mi control sobre Eli cuando Edward pasó a mi lado y abrió la puerta.
Gracias a Dios, esta habitación se hallaba mucho más cerca del resto de la casa, exactamente como esperaba que hubiera sido. Las cajas se amontonaban por todas partes, pero había un espacio despejado donde su cama matrimonial se encontraba junto a una cama pequeña y sencilla con ropa de cama de Batman.
Caminé alrededor de la cama grande con ropa de cama en tonos de gris y negro a la de Eli. —Aquí estamos, amigo —le dije en voz baja, tendiéndolo en la cama.
Él me soltó, finalmente, y se acurrucó en una pelota en su lado, abrazando al dinosaurio cerca de su pecho. Lo cubrí y murmuró algo ininteligible antes de que se le escapara un pequeño ronquido.
Cubrí mi boca con mi mano, sofocando una pequeña risita ante el adorable sonido.
Edward sonrió, llevándome fuera de la habitación y apagando la luz. Bajé las escaleras delante de él, respirando lentamente y pasándome una mano por el cabello.
—Gracias —dijo en voz baja, uniéndose a mí al pie de las escaleras—. Ha pasado mucho tiempo desde que alguien, excepto yo, puso a uno de esos dos en la cama.
Sonreí, deslizando mis pies en mis zapatos. Al menos no hice una mueca de dolor cuando la parte posterior del zapato golpeó mi ampolla. —De nada. No estoy acostumbrada a los niños, así que vamos a decir que fue la primera vez para mí.
La sonrisa que se extendía por su rostro era genuina y cálida, y maldito mi corazón por captar eso y perder el ritmo. —Eras tan natural.
—En todo menos en mi paciencia, estoy segura. —Sonreí—. Ah, mierda, dejé mi bolso afuera.
Pasó por mi lado y salió. Cuando me uní a él, lo sostenía, mirándolo. —No es realmente mi color. —Señaló sobre el bolso rojo escarlata—. Pero definitivamente es el tuyo, creo.
Me reí y se lo quité. —Gracias. —Eché un vistazo dentro—. Todo está aquí. Gracias a Dios por nuestra tasa de criminalidad casi inexistente.
—Dudo que alguien vaya a curiosear este vecindario por carteras para robar.
—No lo sé. Todo es posible. Tuvimos un presunto asesinato hace unos años.
— ¿Fue un asesinato?
Saqué mi teléfono. —No. Ni siquiera un suicidio. El tipo ni siquiera era de aquí. Acababa de morir en su apartamento de alquiler.
—Qué emocionante.
—Oye, no te mudas a Forks por el drama. En realidad, la gente simplemente no se muda a Forks—le dije buscando el número de mi mamá y presionando el botón—. Eres un enigma, Edward Cullen.
Sonrió. —Hable por usted misma, señorita Manos Hábiles.
Me reí justo cuando mamá respondía.
— ¿Sí? —dijo ella—. ¿Tengo que rescatarte?
—No exactamente. Estoy donde Edward Cullen y tengo la peor ampolla en el pie. ¿Puedes recogerme?
Silencio, y luego—: ¿Por qué estás en la casa de tu cliente?
—Larga historia —dije—. ¿Por favor?
—Quiero un desglose completo de la cita y por qué demonios te encuentras donde Edward Cullen. Entonces, tenemos un trato.
Suspiré. —Bien, bien. Acuerdo.
—Estaré allí en cinco minutos. —Colgó, cortando la línea con un clic.
Edward, con cuatro bolsas de comestibles en sus manos, me miró. — ¿Acabas de llamar a alguien para que te lleve tres cuadras?
—Uh, sí. Pero ese es el trabajo de mi madre.
—Señor, espero que mis hijos no digan eso en veinte años.
Sonreí. —Ella solo quiere saber sobre mi cita.
Se rio y asintió hacia el maletero. — ¿Bien? Si esperarás aquí, sé útil y lleva algo de esto dentro.
—Uh. —Miré mis zapatos—. No estoy exactamente equipada para llevar comestibles.
Negando con la cabeza cuando me pasó, dijo—: Ponte de pie y luce bonita, entonces. Pero esto es básicamente la esquina de la calle, y hay muchas posibilidades de que alguien se confunda.
— ¡Maldito seas! —Metí mi cartera dentro de la camioneta y agarré una bolsa.
De acuerdo. Una bolsa. Solo una.
No iba a tomar esta mierda sentada.
Cuando entré a la cocina con mi única bolsa, parpadeó varias veces. —Dios mío —murmuró, probablemente para sí mismo—. Ni siquiera sé qué decirte.
Dejé la bolsa, sonreí, y crucé los brazos sobre mi pecho. —Me pediste que ayudara. Nunca dijiste que tenía que llevar más de una bolsa.
Sus labios se sacudieron. Los frunció, pero la risa contenida brilló en sus ojos. Esos malditos ojos hermosos, brillantes y expresivos.
Mierda, ¿qué pasaba conmigo?
—Eres otra cosa, Bella. Eso es malditamente seguro. —Tiró de un poco de mi cabello mientras caminaba a mi lado.
Lo seguí afuera. —Por supuesto, soy otra cosa. No sería tan interesante si fuera igual a todas las demás, ¿verdad?
—Nunca he conocido a nadie tan segura como tú —dijo honestamente—. No sé si es arrogante o refrescante.
Me encogí de hombros cuando el familiar estruendo del auto de mi madre sonó a la vuelta de la esquina. Me apreté en un abrazo fuerte. —Si no creo en mí misma, ¿alguien más va a hacerlo?
—Ese es un muy buen punto.
Nuestros ojos se encontraron y compartimos una sonrisa.
Una sonrisa que hizo que un escalofrío bailara por mi espina dorsal.
— ¡Hola! —Mamá salió de su auto.
Oh, no.
—Hola —dijo Edward, dándose la vuelta—. Debes ser la madre de Bella.
Mamá sonrió. —Sue Swan. Tienes que ser Edward Cullen. —Tendió su mano.
—Es un placer, Sra. Swan. —Tomó su mano, pero en lugar de sacudirla, la besó.
Mamá levantó sus cejas en una manera de tipo "ooh, hola".
—Llámame Sue—respondió ella—. Señora Swan es mi suegra.
—Y no todos lo saben —murmuré.
Mamá se rio. —Espero que Bella no le moleste, Sr. Cullen.
—Edward, por favor. O Ed si quieres, no soy exigente. Y no, ella no me molesta en absoluto. —Deslizó su mirada hacia mí con una sonrisa astuta—. De hecho, creo que le salvé el culo esta noche.
Puse los ojos en blanco. —Mi propio superhéroe. ¿Por qué Eli necesita a Batman cuando te tiene?
Mamá nos miró interrogativamente, pero Edward solo rio al encontrar mi mirada completamente.
—No tengo máscara ni capa. O un Batimóvil, por ese punto —respondió—. Cuando te des cuenta de eso…
—Lo tendré en cuenta —dije secamente, dando un paso adelante—. ¿Mamá? ¿Nos vamos?
—Sí —dijo lentamente, sacando su mirada de mí hacia Edward—. Fue un placer conocerte, Edward. Estoy segura de que te veré pronto. —Le dedicó su sonrisa más deslumbrante, lo cual no fue difícil teniendo en cuenta que era una de las personas más hermosas que conocía, y se volvió hacia el auto.
—Te veré el lunes —dije en voz baja—. ¿Los gemelos eligieron los colores de su dormitorio?
Asintió. —Te enviaré un mensaje de texto con sus selecciones.
—Gracias. Quiero comprar eso el lunes.
—No hay problema. Lo enviaré mañana. —Sacó una bolsa de supermercado del maletero—. Te veré el lunes, Bella.
Me mordí el interior de la mejilla, sonriendo y asintiendo. — ¿Ah, y Ed?
Sonrió, volteándose a mirarme. — ¿Sí?
—Gracias por salvarme esta noche.
Su risa era como el mejor chocolate: rica, suave y tan satisfactoria. —Eres más que bienvenida, madam. —Terminó con un guiño y entró.
Suspiré, volteándome.
Mamá se sentó en el auto, con las ventanas abiertas, y me miró. —Entra y dime todo. Ahora.
Poniendo los ojos en blanco, hice exactamente lo que dijo. Repasé la cita en un tiempo récord, y cuando terminé, ella gimió y dijo todas las cosas apropiadas cuando se detuvo en mi entrada.
— ¡Bien, gracias por traerme! ¡Hablamos mañana! —Fui a hacer una rápida salida del auto, pero ella apretó un botón y…—. No puedo creer que me hayas encerrado en tu auto.
Sonrió maliciosamente. —Oh, no, Bella. Si crees que te vas a salir con la tuya sin hablarme de Edward Cullen, te equivocas totalmente, hija.
—Tengo veintiséis.
— ¿Y? Todavía eres una chica llena de granos de trece años que a veces me odia en su mente.
—Nunca te he odiado. Lo sabes.
—Lo sé. —Curvó sus labios—. Pero todavía funciona para que te sientas culpable, ¿verdad?
Gruñí. —Bien, entra, toma un café, me preguntas lo que quieras.
—Y vas a responder a todo —aclaró.
— ¡Bien! —Sacudí la manija del auto—. Déjame ir.
Riendo, destrabó el seguro para niños y salió conmigo. —Dios, es guapo, ¿verdad?
— ¡Mamá! —Me reí mientras sacaba las llaves de mi bolso.
— ¡Bien, lo es!
—Oh, Dios mío. —Me sonrojé cuando abrí la puerta. ¿Por qué me sonrojaba? Uf, necesito otra oportunidad para este día.
Mamá resopló y me siguió adentro. —Es muy guapo, Bella. Solo admítelo.
—Está bien, de acuerdo. Es caliente como la mierda. Ahí. ¿Estás feliz ahora, mamá?
—Eufórica.
Encendí la cafetera e ignoré su risa. Suspiré. A veces tener un modelo de mamá que se hallaba casi más cerca de ser una mejor amiga no era algo bueno.
»Ahora, cuéntame más sobre él. Y por más, me refiero a todo. ¿Está disponible? ¿Soltero? ¿Sus hijos? ¿La mamá de ellos?
— ¿Quieres que busque en Google el tamaño de su pene mientras estoy aquí?
—Si eso te ayuda, siéntete libre.
Me quité los zapatos. —Bueno —dije, poniéndolos a un lado—. Sí, es soltero. Sí, está disponible. Sus hijos son divertidísimos gemelos de cuatro años. Su mamá murió de cáncer hace dos años y medio.
—Oh, querida —dijo en voz baja—. Qué terrible.
Asentí de acuerdo. —Dijo que Forks era un nuevo comienzo para él y para los niños. Literalmente dejó todo atrás para venir aquí. Sin familia, sin nada.
— ¿Por qué Forks?
Me encogí de hombros. —Supongo que consiguió un traslado en su trabajo. Ha estado haciendo algunas cosas en los últimos días. He estado ahí, y me dijo que su jefe intentaba que fuera a la oficina. Parecen bastante flexible con él.
— ¿Los gemelos van a ir con Ángela, entonces?
—Por supuesto, que sí. ¿Dónde más podrían ir?
—Buen punto. Ahora, volviendo a él siendo soltero...
—Mamá.
Suspiró y apoyó su barbilla en su mano. —Lo sé, lo sé. Estoy bromeando contigo. Es un cliente y no es exactamente una situación ideal para que una mujer pueda ocupar, ¿verdad?
Bajé la mirada y jugueteé con mi brazalete. —Tú lo hiciste.
Levantó un dedo. —Cariño, eso fue diferente en un millón de formas. Uno, tenías trece. Dos, habían pasado mucho más de dos años. Tres, solo había uno de ustedes.
— ¿Hubiera sido una diferencia si tuviera un hermano o una hermana?
Se levantó y cruzó la cocina hacia mí. Llevó sus manos a mi cara con toda la calidez de una mujer que merecía ser madre. La dulzura de su toque me hizo mirarla a los ojos.
—Bella, nunca. —Su mirada nunca vaciló—. Adoro a tu padre, con todas sus idioteces y por completo. Y te amo, cariño. Nunca me importó. —Me besó en la frente y luego retrocedió, bajando las manos con una sonrisa—. Si necesitas hablar, llámame. ¿Bueno?
Asentí.
»Apaga esa máquina. Lo última cosa que necesitas es pasar tu domingo medio muerta porque bebiste café hasta tarde. —Me lanzó un beso cuando se fue—. Hablamos pronto, cariño.
—Adiós, mamá. Te amo.
— ¡También te amo!
La puerta hizo clic detrás de ella.
Dejé escapar una respiración profunda, cerré con llave y me fui a la cama.
Ella tenía razón.
Necesitaba dormir
Si solo dejara de pensar en el caliente padre soltero que de alguna manera invadió mis pensamientos hasta el punto de locura.
. . . . . .
Edward: Necesito pedir un favor.
Fruncí el ceño a mi teléfono.
Yo: ¿...?
Edward: A Ellie se le metió en la cabeza que quiere papel tapiz. Exige que vayamos a la tienda para verlo.
Yo: Pensé que ella quería rosa y morado.
Edward: Así es... además del papel tapiz. No me deja convencerla de que no lo haga.
Yo: ¿Estás en casa?
Edward: No.
Yo: Estás en la tienda, ¿verdad?
Edward: Sí.
Me froté la frente con la mano. De todos modos tenía que ir a buscar la pintura, pero no existía nada peor que ir a Harvey's Home un fin de semana. Principalmente porque es cuando va todo el mundo y sus malditas madres.
Nadie iba un lunes a las nueve de la mañana.
Suspiré y pulsé responder.
Yo: Estaré ahí en veinte minutos.
Treinta minutos después, paré en el estacionamiento de Harvey's. Como sospechaba que estaría, estaba lleno. Apenas pude salir de mi camioneta sin topar con al auto a mi lado.
En mi defensa, la línea se encontraba ahí por una razón, y no era para colocar su maldita llanta.
Después de abrirme paso entre mi camioneta y el Honda que se hallaba a mi lado, solté un largo suspiro y llevé mi bolso al hombro. A juzgar por los autos que había, caminaba hacia un nivel de infierno que me prometí a mí misma que nunca volvería a experimentar.
Harvey´s se ubicaba justo en el límite de la ciudad, en el área donde nunca nadie podía realmente estar de acuerdo sobre si quedaba en Forks o no. Me gustaba creer que no lo hacía, pero eso nunca cambió el hecho de que las dos únicas veces que me aventuré aquí un fin de semana, me tomó tres horas salir, porque todos tenían una pregunta que querían que respondiera.
Porque, aparentemente, sabía más que las personas que trabajaban ahí.
Lo hacía, pero eso no viene al caso.
Tiré de un carrito desde el exterior de la puerta y puse mi bolso en el asiento para niños, asegurándome de mantener las correas alrededor de una muñeca. No iba a hacer este viaje dos veces esta semana, y como Eric tenía el piso bajo control, solo necesitaba la pintura.
Empujé el carrito hacia la tienda y parpadeé mientras miraba alrededor.
Síp.
Lleno.
Con un suspiro, agaché la cabeza y me dirigí al pequeño café donde sabía que Edward me esperaba con los gemelos. Afortunadamente para mí, el café se encontraba justo al lado de la puerta de entrada, así que conseguí llegar ahí sin ser interceptada por nadie con un centenar de preguntas para el vecino constructor.
— ¡Bewa! —Ellie me sonrió mientras me deslizaba en el asiento vacío.
—Oye, tú. —Sonreí y le hice cosquillas en la barbilla—. Hola, Eli.
Se dejó caer en su asiento. —Hola —murmuró, mirando hacia otro lado.
Edward puso los ojos en blanco. —Gracias por esto. No creo que pueda tomar otro debate sobre los pros y los contras de las princesas de Disney o flores y corazones.
—Bueno, todo el debate quedaría sin efecto si simplemente dijeras que no —le dije.
—Eso lo sé. Simplemente no podía ser molestado con esa discusión hoy. Alguien se despertó a las cuatro y media de la mañana. —Sus ojos se deslizaron hacia un Eli muy avergonzado, cuya propia mirada estaba ahora firmemente enfocada en algo muy interesante en el suelo.
Hice un gesto hacia el café gigante en la mano de Edward. —Eso explica la jarra entera que tienes en ese vaso.
—Sí, café solo —murmuró—. Lo necesito. —Se llevó el vaso a la boca y terminó lo que quedaba en él—. ¿Lista para hacer esto?
Señalé mi carrito. —Lista para comprar la pintura. La necesitamos también para la sala de estar, ¿verdad?
Asintió. —Estoy considerando nuevos colores. Mi carrito está a la vuelta de la esquina. Niños, vamos.
Ellie se levantó y metió su mano en la mía. — ¿Puedo mostrarte mi habitaion?
Levanté las cejas. — ¿Los colores que quieres?
Negó con la cabeza enfáticamente. —El papel.
—No lo sé —dije lentamente—. El papel no es genial. ¿Recuerdas cómo se rasgaba antes en todas las paredes? Si pones papel, eso podría pasarle a tus lindas paredes.
Sus ojos se agrandaron. — ¿Estás segura? No quiero tener basula en mi habitaion.
—Exactamente. ¿No estarías tan triste si eso sucediera?
Hizo un puchero, su labio inferior sobresalía colgando.
Volví a poner mi bolso en el asiento infantil y moví su mano de la mía al carrito para agarrarme.
—Oh, no —dijo, señalando el asiento—. Quiero sentarme ahí.
Edward se acercó a mí. Eli se sentaba a un lado de su carrito medio lleno. —Ellie, ven aquí.
—No, quiero sentarme ahí —repitió, señalando mi asiento.
La miró fijamente. — ¿Quieres la alfombra de tiara?
Una vez más, sus ojos se agrandaron. —Sí.
Señaló el asiento en su carrito.
Ellie suspiró y levantó los brazos. Edward la levantó y la depositó en el asiento al lado de su hermano.
La mirada que me lanzó me delató su cansancio.
Hombre, alguien tenía que presentarle la maravilla de comprar en línea.
—De acuerdo —dije en voz baja, encontrándome con los ojos de Edward—. Si alguien intenta detenernos, estás aquí como mi cliente y estoy trabajando, ¿entiendes?
Sus cejas se juntaron en un ceño fruncido. — ¿Pero lo estás?
—No, quiero decir formalmente. La última vez que vine aquí en un fin de semana, me tomó dos horas irme porque todos los que me reconocían querían mi consejo.
—Ahh. Ya veo. No te preocupes, no tengo la paciencia para eso hoy. ¿Deberíamos ir a la pintura?
Asentí y empujé mi carrito.
Él hizo lo mismo. —Me olvidé de enviarte un mensaje de texto con sus opciones.
—Para ser sincera, parece que Ellie no tiene ni idea de todos modos.
—Quiero rosa y morado con colazones en las coltinas —dijo con confianza.
—Te rendiste con el papel tapiz, ¿eh? —preguntó Edward con cansancio.
Ella asintió. —No quiero que se pele.
—Buena elección —le dijo, justo antes de volverse hacia mí y decir—: Gracias.
Sonreí, doblando por el pasillo de pintura.
—Quiero dojo —dijo Eli en voz baja, jugando con el reloj de Edward—. Dojo y azul.
— ¿Rojo y azul? —le pregunté suavemente.
Asintió.
»¿Quieres que luzca como Superman?
Me miró, toda su cara se iluminó. Asintió con entusiasmo antes de darse cuenta de que hizo contacto visual y rápidamente apartó la mirada de nuevo.
Me rasqué la mejilla, escondiendo mi sonrisa detrás de mi palma. Su timidez era tan encantadora; tan diferente al niño que, la noche anterior, se aferró a mí y se negó a soltarme hasta que lo acosté.
Edward se encontró brevemente con mis ojos. —Superman azul y rojo será.
—Eso fue fácil —dije—. Oye, Eli, ¿este rojo? —Señalé un rojo escarlata que sobresalía.
Miró hacia la lata que señalé y asintió frenéticamente con la cabeza.
»Hecho. —Agité a Edward cuando intentaba conseguirlo. Saqué dos latas del estante y las arrojé a mi carrito—. Yyyy, el azuuul... —Me moví hacia atrás, pasando mi mano por el estante—. ¿Este?
Giró a la derecha, lo vio y asintió
»Listo. —Otras dos latas se dirigieron al carro. No eran las más grandes, y prefería no comprar de más y saber la pintura que podría ser usada en el futuro. También agarré una lata muy pequeña de color amarillo brillante y, haciendo caso omiso de la mirada interrogante de Edward en su ceja, puse eso con las latas—. Ellie, tu turno.
Mucho más animada que su hermano, se dio la vuelta casi por completo en el carro y miró hacia el otro lado del pasillo, donde se hallaban los rosas y los morados.
—Ese. —Señaló un color rosa chicle—. Y ese. —Señaló con su otra mano a un lila mucho más suave que complementaría el rosa brillante a la perfección.
—Está bien, listo. —Agarré dos de cada color y los puse con las latas de Eli. Girando a Edward, extendí las manos y dije—: ¡Listo!
Murmuró algo en voz baja que sonaba muy parecido a "malditos niños, se comportan para todos menos para mí".
Me reí, empujando mi carrito hacia delante para que quedara nivelado con el suyo. —Estoy bastante segura de que leí en Internet que es algo que debes aceptar como padre.
Hola chicas! Espero disfruten el capítulo y gracias por sus reviews!
Cuéntenme que les pareció el capitulo :)
Tengo blog! Se llama: Maly's infinity place, y pueden encontrar el link directo en mi perfil de Twitter (thoughtswen) si desean verlo. Voy a subir reseñas, recomendaciones y mucho más.
Nos vemos.
Bye Sweeting!
