Señorita Constructora
Esta historia es una adaptación.
La historia original es Miss Fix-It de Emma Hart
Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer
Capítulo 8
Deslizó su mirada hacia mí. — ¿Sí? Benjamín Franklin siempre dijo que no deberías creer todo lo que lees en Internet.
Abriendo mi boca, me detuve.
Espera.
—Qué chistoso —dije, dejando que el sarcasmo se filtrara en mi tono—. Vengo a salvar tu... trasero —me corregí a mí misma—. Y aquí estás, molestándome.
Edward sonrió, golpeando mi codo con el suyo. —Suenas sorprendida.
Estreché mis ojos hacia él. —Cuídate, Edward Cullen. O podría dejar dulces tirados cuando menos lo esperes. Exactamente donde ciertos pequeños humanos pueden encontrarlos.
—Juegas sucio, Bella Swan.
Levanté las mangas de mi camisa a cuadros, una por una, y sonreí lentamente. —No te burles de mí y nadie consigue una sobredosis de azúcar.
Se giró frente a mí en la caja registradora, y de espaldas a sus hijos, dejó que una sonrisa fácil se extendiera por su rostro. —Eso suena como una amenaza.
—En realidad, hay muchas posibilidades de que olvide esta conversación mañana, pero claro. Es una amenaza.
Se echó a reír, poniendo un separador en la cinta transportadora. —Tu honestidad es muy refrescante. —Puso una alfombra en la cinta—. Pero, se toma nota de tu advertencia. Estoy casi completamente seguro que dejar de molestarte no está en juego ahora porque es muy divertido, así que me arriesgaré.
Suspiré, y me encontraba a punto de responder, cuando alguien tocó mi hombro. Salté y di media vuelta, solo para mirar a los familiares ojos de Harvey, el dueño.
Las esquinas de sus ojos se arrugaron mientras sonreía. —Bella. ¿Aquí en un domingo?
—Shh. —Presioné mi dedo en mi boca—. La gente aún no lo sabe. ¿Puedes sacarme de aquí?
Harvey se rio, tomando el control de mi carrito. —Cualquier cosa para mi contratista favorita. Acércate al servicio de atención al cliente y lo resolveré.
—Gracias, Harvey. —Toqué su brazo con una sonrisa. Luego, volviéndose a Edward, sonreí—. Te veo el lunes.
Suspiró, pero su lucha contra su sonrisa era tan obvia que me hizo reír.
Me despedí de los gemelos y seguí a Harvey al mostrador de atención al cliente.
— ¿Negocios o placer? —preguntó, haciendo sonar la pintura.
—Negocios —respondí.
—Luce como placer para mí.
Puse los ojos en blanco. —Ves demasiada televisión, viejo.
Su sonrisa era torcida cuando tomó mi tarjeta de descuentos y mi tarjeta de débito. —Pero puedo ver el aspecto de una chica enamorada. —Pasó mi tarjeta de descuentos—. Es guapo, ¿no?
—Has estado hablando con mamá, ¿verdad?
—Puede que la haya visto en la tienda de comestibles a primera hora de la mañana —admitió, deslizando mi tarjeta de débito—. Pareces muy cómoda con él.
Tomé ambas tarjetas de su arrugada mano y le disparé la mirada más dura de la que era capaz. —No. —Moví mi dedo hacia él exactamente de la misma manera que lo hice con mi madre—. No vayas ahí. Es un trabajo, Harvey. ¿Bien?
Sonrió, revelando su blanca dentadura, y los dientes ligeramente torcidos. —Seguro, dulzura. Seguro.
Puse la última lata de pintura en el carrito y fruncí los labios hacia él. —No te metas en problemas, Harvey.
— ¿Yo? Nunca.
. . . . . .
Si existía una cosa para la que no estaba preparada un lunes por la mañana, era Edward Cullen presionando a sus hijos como un jefe usando un apuesto traje de mierda.
Así es.
La primera cosa que fui capaz de ver el lunes por la mañana fue un tipo preparado y listo, arreando a dos humanos diminutos de la misma manera que un perro arreaba a las ovejas.
Me quedé justo en la puerta principal, parpadeando ante lo que tenía delante.
— ¡Eli! Consigue tu dinosaurio. Ellie, te he pedido tres veces que te pongas los zapatos.
— ¡No puedo encontrarlos!
— ¡Los tenías en tus manos hace cinco minutos!
— ¡Ewi los robó!
—Eli, ¿tomaste los zapatos de Ellie?
— ¡No! No quiero sus zapatos. No puedo encontrar mi dinosaurio, papá.
—Está en tu cama. Eleanor, baja tu jugo y ¡encuentra tus zapatos ahora!
— ¡Pero tengo seeeed!
— ¡Zapatos, Eleanor! ¡Dinosaurio, Elijah! ¡Ahora! —Se apoyó en la baranda y se pellizcó el puente de la nariz.
Sus fosas nasales se hincharon mientras respiraba profundamente, y con los ojos cerrados, era fácil decir que ya había terminado ese día.
De acuerdo, no presionaba como un jefe de pastoreo de ovejas. Era más bien una especie de lanzador de instrucciones, esperando que algo pasara y que uno de ellos le hiciera caso.
Huh. Tal vez era un tipo de arrear ovejas...
»Buenos días —dijo, mucho más alegre, dejando caer su mano de su cara. Sus ojos brillaron un poco cuando se encontraron con los míos—. Bienvenida al infierno. Al menos hay aire acondicionado.
No pude evitarlo. Estallé en carcajadas. Me tomó toda mi concentración cubrir mi boca con mi mano para controlarla. —Te ves elegante esta mañana.
Elegante. Sexy. Derrite bragas. Eran intercambiables, ¿verdad?
Suspiró, tirando de la solapa de su chaqueta. —Hoy tengo trabajo. Debo ir, presentarme y dirigir una gran reunión. Es más fácil decirlo que hacerlo cuando tienes que llevar primero a los niños a la guardería.
— ¡No encuentro mis zapatooos! —Gritó Ellie—. ¡Ewi los robó!
— ¡No lo hice! —Gritó Eli—. ¡Devuélveme mi dinosaurio!
— ¡Puedes tenerlo cuando me des mis zapatos!
Deslicé mis ojos hacia la sala donde aparentemente comenzaba la Tercera Guerra Mundial. —Guau. Esto es divertido.
—No. —Gimió Edward—. Eleanor, dale a Elijah el dinosaurio. Elijah, devuélvele los zapatos a tu hermana ahora, ¡o se van sin el dinosaurio y sin zapatos! ¡Tienen dos minutos!
—Sin zapatos. Sacando las armas grandes. —Señalé.
—Tiempos desesperados requieren medidas desesperadas. Por eso voy a comprar whisky cuando regrese a casa del trabajo para mi café la próxima vez que tenga que ir a la oficina —agregó, entrando a la sala principal—. Elijah.
— ¡No tengo sus zapatos! —Gritó Eli—. ¡Ella los puso debajo de la mesa de café!
Me mordí el interior de mi mejilla. ¡Ah!
Ellie entrecerró los ojos. — ¡No, no lo hice!
Edward suspiró y se puso de rodillas.
Hombre, si pensaba que su culo era bueno en jeans y sudaderas...
Me aclaré la garganta y miré hacia otro lado.
—Dinosaurio, ahora —exigió.
Miré hacia atrás a tiempo para ver a Edward cambiar el dinosaurio por sus zapatos.
»Auto, Elijah. Ahora. —Señaló hacia la puerta.
Eli murmuró algo sobre que no era justo porque la guardería era una mierda, pero se alejó, pasando justo por delante de mí.
»Tú. Zapatos. —Edward le lanzó a Ellie una mirada de muerte.
Sin decir palabra, ella se los puso, recolocando el velcro cuatro veces antes de que estuviera feliz con eso.
»Auto, por favor. —Edward señaló la puerta.
Ellie lo miró fijamente, su mente daba vueltas mientras caminaba.
» ¡Sofá!
Ella saltó, moviéndose fuera del camino del sofá y caminando hacia él.
Edward se frotó los ojos, exhalando un largo y lento suspiro.
»Necesito una siesta ya.
Me reí mientras pasaba a mi lado y metía a los dos niños en el auto. Muy bien, disfruté de la vista cuando también se inclinó dentro del auto.
Cerró la puerta de golpe. » ¿Oyes eso? Eso es silencio. Durará por...
Un grito salió del interior del auto.
»Tanto tiempo. —Suspiró. Metió la mano dentro y agarró las dos mochilas en el piso junto a la puerta, más el mono de Ellie—. Está bien, eh...
Otro grito.
»Que Dios me ayude —murmuró, luego se encontró con mis ojos con una sonrisa irónica—. Terminarán antes de que regrese esta noche, pero sírvete café o agua o lo que...
— ¡Aléjate!
—Ve. —Apenas logré mantener mi risa dentro—. Ya entendí.
Sonrió agradecido y se dirigió hacia el auto.
No tenía idea de cómo lo hizo.
. . . . . .
Me hallaba cubierta de pintura rosa. Sinceramente, me veía como si Barbie me hubiera vomitado encima. Por alguna razón, el día de hoy no ha sido mi amigo, y era la razón por la que nunca ponía el piso antes de la pintura.
Estaba en todas partes. No solo pisé por accidente la bandeja del rodillo, sino que, en algún momento alrededor del almuerzo, dejé caer la brocha que usaba para la orilla del techo y me golpeó justo en la frente.
El lado de las cerdas del cepillo, claro.
Así que, tenía pintura rosa chicle en mi frente y en mi cabello. Estaba bastante segura que consiguió escurrirse debajo de mi camisa en algún momento, por lo que mis tetas también consiguieron un cambio de look.
No me atreví a tocar la habitación de Eli. No es que haya tenido tiempo con La Gran Batalla del Lunes en Pintura.
Conducir a casa descalza fue placentero. También. Las botas que siempre usaba para trabajar se convirtieron en mis zapatos más cómodos, y nunca había conducido descalza en mi vida.
No quería hacerlo nunca más. Tampoco.
Cerré de golpe la puerta de mi casa y de inmediato subí al baño. Lo único que quería era una ducha; la necesitaba, ya que se suponía iría donde mis padres a ver cómo iba papá con las camas de los gemelos.
El agua caliente fue maravillosa cuando me tocó. Limpié y restregué hasta que estuve toda roja y no había ni una gota de pintura sobre mí.
Se sentía tan condenadamente bien estar limpia.
Al salir de la ducha me envolví en toallas. Me coloqué una toalla como turbante sobre mi cabeza y cerré el agua. Con la ráfaga de silencio cuando se cortó el agua, llegó el distante sonido de mi teléfono.
— ¡Mierda! —Salté de la alfombra de baño al pasillo alfombrado, apenas lográndolo. Lo último que necesitaba en este momento era resbalar y caer sobre mi culo y romperme un hueso.
Bajé corriendo las escaleras hasta donde dejé mi teléfono en la mesa lateral del pasillo con mis llaves. Había parado de sonar, pero lo agarré de todos modos y verifiqué la lista de llamadas.
Tres llamadas perdidas: Edward.
Fruncí el ceño.
Eso fue... excesivo.
Todavía miraba mi teléfono cuando zumbó violentamente, siguiendo con el sonido de un aullido.
Jesús. Tenía que bajar el volumen.
El nombre de Edward aparecía en la pantalla, y tragué el leve pánico por todas las veces que intentó llamarme. ¿Hice algo mal? ¿La pintura pisada en su casa?
No estaba segura, pero...
— ¿Hola? —respondí al quinto tono, apenas antes de ir al correo de voz.
—Gracias a Dios. ¿Bella? —Se apresuró, su tono fuerte, frustrado, indefenso.
—Sí. ¿Hay algún problema? Tengo un montón de llamadas perdidas tuyas.
—Sí. No. Necesito tu ayuda. ¿Conoces a alguien que pueda ir a recoger a los gemelos? —dijo rápidamente, casi demasiado rápido.
Agarré mi toalla en mi pecho. —Guau, oye. Ve más despacio. ¿Por qué necesitas a alguien para recoger a los gemelos?
La línea crujió cuando exhaló pesadamente. —Mi reunión se pospuso. La otra compañía volaba desde otro estado, y su vuelo se retrasó. Ya casi terminamos, pero es hora punta y nunca voy a volver a la ciudad a tiempo para recogerlos.
Mierda.
— ¿No puede Ángela tenerlos un poco más?
—No. Algo sobre sus abuelos que vienen a la ciudad para la cena de aniversario de sus padres, o sino lo haría.
Doble mierda.
»Eres la única persona que conozco. ¿Puedes pensar en alguien?
Mordí el interior de mi labio. Me dolió un poco, y pensé en cómo tendría que explicarles esto a mis padres sin que mi madre tuviera ideas...
—Puedo ir a buscarlos —dije antes de poder cambiar de opinión—. Me conocen, ¿verdad? Sé dónde está la llave de repuesto. Puedo llevarlos a casa.
— ¿Segura? Joder, no, Bella. No puedo pedirte que hagas esto.
—No me estás preguntando. Te lo estoy ofreciendo. ¿Será qué, una hora? ¿Dos?
—Dos si tengo suerte. —Hizo una pausa—. ¿Qué tan pronto puedes estar ahí?
—Uhh... —Saqué mi teléfono de mi oreja y comprobé la hora—. Por lo menos media hora. Me hallaba en la ducha cuando llamaste.
Silencio por un momento.
» ¿Edward?
—Lo siento. Alguien me gritó.
Umm. Olía a mentira.
»Media hora debería estar bien. Jesús, Bella. Muchas gracias.
—No hay problema —respondí—. Iré tan pronto como pueda, ¿de acuerdo?
—Gracias. Oye, hay carne picada en el refrigerador. Iba a preparar espagueti... —Se calmó.
—Deja de entrar en pánico. Además del hecho de que Eli apenas me habla, estoy segura de que puedo manejarlo durante dos horas.
Se rio, aunque un poco nervioso. —Guarda esa confianza. Lo necesitarás.
—Tranquilizador —dije secamente, dirigiéndome hacia el piso de arriba—. Llama a Ángela. No entres en pánico. Tengo esto.
—Mujer valiente. —Luego hizo clic en la línea.
Me detuve en la cima de las escaleras.
¿Qué demonios hacía?
. . . . . .
Edward: Ángela tiene sillas para auto de repuesto y va a ponerlas. Estoy tratando de salir de aquí.
Yo: Te lo dije. Yo me encargo.
Y lo hice. Mientras Ángela ajustaba esas sillas en la parte trasera de mi camioneta le envié un mensaje de texto. Traté de no encasillar su pánico en una caja que decía que no confiaba en mí, porque tenía que saber que estarían a salvo conmigo.
Si estaría a salvo con ellos era otro asunto completamente diferente.
No, él no entraba en pánico porque no confiaba en mí. Entraba en pánico porque no quería ser la persona que le impusiera algo a otro.
Demonios, ya les mentí a mis padres.
No, está bien, dije. Solo algo en el trabajo con lo que tengo que lidiar. Vendré mañana, les prometí.
Otra cosa que haría mañana sería volver a lo básico. Solo haz sus habitaciones. No le ayudes. Aparece después de que se haya ido y vete antes de que llegue a casa.
Tenía que poner cierta distancia entre esta familia y yo, porque mientras miraba a los gemelos sonreír cuando Ángela los llevó a mi camioneta, mi corazón se ablandó.
Empezaba a apegarme un poco a estos adorables niños, y no era de extrañar. Peleaban como perros y gatos, pero eran las cosas más dulces.
Sí, mierda. Necesitaba distancia. Pronto.
— ¡Bewa! ¿Dónde está Papá? —Ellie saltó hacia mí y me abrazó las piernas.
Torpemente, le di unas palmaditas en el hombro. —Papá está atrapado en el trabajo, así que le dije que los llevaría a casa y les haría espagueti. ¿Bien?
Ella asintió con entusiasmo, los ojos brillantes con una sonrisa más grande en su rostro. — ¡Sí! ¿Vamos en tu auto grande?
—Claro que sí. La señorita Ángela puso sillas en los asientos de atrás para ustedes. ¿Ven? —Señalé—. Sube y listo.
Ellie examinó la altura de la camioneta por un momento. Luego, ladeó una pierna, puso el pie en la puerta e intentó levantarse.
Ángela estalló en carcajadas. —Ven aquí, pequeña. Nunca vas a conseguir meterte ahí. —Dejó a Eli de pie en el borde de la hierba y ayudó a Ellie a poner un pie en mi camioneta—. ¿Eli? —dijo ella, volteándose hacia él—. Vamos, cariño. Te ayudaré a subir al auto de Bella.
Silenciosamente, se acercó y esperó a que Ángela lo levantara y lo sentara en su asiento. Ella colocó las correas que le cubrían los brazos, lo enganchó, luego cerró la puerta y fue también a encargarse del asiento de Ellie.
Tragué saliva
La gravedad de la situación me abrumó rápida y pesadamente.
No tengo idea de cómo cuidar a dos niños.
Quiero decir, lo sabía antes de aceptar, pero me pareció una buena idea hasta que se hallaban en mi auto. Ahora, realmente estaba a cargo de ellos, y Jesús… ¡No podía mantener viva una planta casera!
¿Cómo mantendría vivos a los niños?
Dos horas, pero aún…
Mucho podría pasar en dos horas.
Como arrepentimiento.
Ángela sonrió a medias cuando regresó a mi lado del auto.
»Ya empiezas a arrepentirte de esto, ¿no?
—Digamos que acepté antes de pensarlo y déjalo así —le dije cautelosamente—. No tengo la menor idea de cómo cuidar a los niños.
Ella rio, una risita pequeña y tímida que me hizo sentir celos del hecho de que solía resoplar más seguido cuando reía. —No te preocupes —dijo, metiendo su cabello castaño brillante detrás de las orejas—. Estarás bien. Ellos te conocen, ¿verdad? Ellie no ha hecho más que hablar de ti todo el día.
Oh, vaya.
— ¿Lo hizo?
—Suenas alarmada.
—Lo estoy. —Me reí nerviosamente, mirando en mi camioneta. Elle sacudió su cabeza de un lado a otro, cantando algo que no pude entender. Eli se sentó en silencio, tocando las manchas en su dinosaurio, una-a-una. Sus labios se movieron, pero si contaba en voz alta, no podía escucharlo por el ruido de su hermana.
La sonrisa de Ángela se convirtió en una gran sonrisa. —Es tan lindo, ¿no? Sin embargo, tímido con cualquier cosa. Son totalmente opuestos para decir que son gemelos.
Asentí con la cabeza de acuerdo. —Si hoy me dice algo por encima de un susurro, lo contaré como una victoria.
Más risa. Tocó mi brazo. —Estarás bien. Honestamente, ten un poco de fe en ti misma, Bella. Lo harás a la perfección.
—Diviértete en la cena de esta noche.
Sonrió. — ¡Gracias! ¡Diviértete con esos amores!
Sonreí.
Honestamente, creo que salió más preocupado que cualquier otra cosa. Si ella se refería a ellos como amores, obviamente salieron del terrible estado de ánimo de esta mañana.
Subí a la camioneta y encendí el motor. —Bien. ¿Listos para irnos?
— ¡Wuuhuu! —Ellie lanzó sus brazos al aire—. ¡Sí! ¡Vamos!
Eli asintió, un movimiento que vi en mi espejo retrovisor.
Tomé una respiración profunda y partí.
Y dije una pequeña oración para que todos lleguemos a la hora de dormir sin que nadie salga lastimado.
Hola chicas! Espero disfruten el capítulo y gracias por sus reviews!
Cuéntenme que les pareció el capitulo :)
Tengo blog! Se llama: Maly's infinity place, y pueden encontrar el link directo en mi perfil de Twitter (thoughtswen) si desean verlo. Voy a subir reseñas, recomendaciones y mucho más.
Nos vemos.
Bye Sweeting!
