Señorita Constructora

Esta historia es una adaptación.

La historia original es Miss Fix-It de Emma Hart

Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer

Capítulo 11

Oh, Dios mío, iba a vomitar.

Era un adulto terrible. Era una mujer de negocios terrible, un adulto terrible, y un ser humano desconsiderado.

Bien, no, no lo era. Pero se sentía así.

Sin embargo, definitivamente iba a estar enferma.

No hay duda.

Eso fue dramático. Y falso. Oh, Dios mío, ¿Qué estaba mal conmigo? Rosalie tenía razón. Éramos adultos que nos besamos. Me encontraba allí hoy para hacer un trabajo y tenía que hacer eso.

Desearía que hacer las cosas fuera tan fácil como decirlas.

Entonces otra vez, si eso sucediera, habría renunciado a los caramelos Twizzlers años atrás.

Me detuve junto al auto de Edward en el camino. El hecho de que el auto estuviera allí no era ni remotamente tranquilizador a mi esperanza de que volviera a estar en la oficina hoy de nuevo.

Claro está, ir a la oficina dio lugar al beso…

Hombre, me hallaba entre la espada y la pared. Y el único lugar duro en el que me gustaría estar era contra un pene.

Tomé una respiración profunda y salí del auto. Usaba mi uniforme usual de shorts de mezclilla, una camiseta blanca y una camisa escocesa. Tenía que tener más camisas a cuadros de lo que los chicos en Outlander tenían faldas escocesas, pero me gustaban. Para el trabajo, para eso eran.

Me acordé de agarrar la camisa de Edward, que lavé y sequé durante la noche, del asiento del pasajero. Doblándola más pequeña, la sostuve contra mi estómago cuando cerré la camioneta y me dirigí hacia la puerta principal.

Toc, toc, toc.

—¡Adelante, Bella! —gritó Edward desde algún lugar dentro.

Miré el asa de la puerta como si quisiera comerme.

La puerta se abrió por su propia voluntad.

Y, de pie, delante de mí, se encontraba Eli. No llevaba nada más que ropa interior a rayas, botas de lluvia y una capa de superhéroe. Una máscara roja que cubría sus ojos del color exacto de la capa.

Parpadeé hacía él.

—¡Bewa! —dijo con entusiasmo—. ¡Adelante!

—Um, ¿gracias? —Entré—. Lindo… ¿atuendo?

Me miró directamente como si le hubiera dado el mayor elogio de mi vida. Luego, sacó algunos movimientos de ninja, cortando sus brazos por el aire antes de levantar la pierna y patear la puerta para cerrarla. —¡Pumb! ¡Soy un hombre ninja!

—¡Eli! —Gimió Edward—. ¿Qué te he dicho acerca de patear puertas?

Eli aceleró en el cuarto delantero y sostuvo sus manos delante de él en una posición lista para atacar.

—¡El hombre ninja no tiene reglas! ¡Zoom! ¡Zoom! Zoom! —Corrió por la habitación en círculos.

Ellie se sentaba en el sillón, vistiendo un tutú brillante y una corona. Los guantes de aspecto satinado cubrían sus manos y brazos hasta los codos, y las muñecas y varios dedos se hallaban adornados con joyas de plástico.

Ah.

Jugaban a disfrazarse.

Sin embargo el por qué Eli llevaba ropa interior y botas de lluvia era algo que me interesaba.

—Hola. —Edward me disparó una sonrisa cansada y torpe.

—Hola. ¿Debería preguntar?

—Como una regla... no.

—¡Hola, Bewa! ¡Soy una pincesa! Tienes que hacerme una revedencia.

Edward golpeó su mano contra su frente.

—Reverencia, Ellie. "Ren" no "den".

Ella frunció el ceño y lo miró. —Revedencia es más divertido. ¿Ves? —Se levantó y dobló las rodillas, luego se balanceó de un lado a otro—. ¿Ves? Esa es una revedencia.

Parpadeé hacia ella.

Tenía razón.

Edward claramente se sintió de manera similar a mí.

—Impresionante. ¿Su Alteza disfrutará de un aperitivo de frutas?

—Un bocadillo de caramelo —contradijo Ellie.

—¡Zoom, zoom, zoom! —Eli tenía los brazos abiertos, agarrando su capa, y corrió justo entre donde Ellie se hallaba de pie y Edward se arrodillaba en el suelo.

Edward lo miró.

—Alguien ya encontró el caramelo, así que es fruta o nada, me temo.

Ahh.

Eso tenía mucho más sentido.

—Muy bien. Bien, entonces. Voy a ir arriba y empezar. —Incliné mi pulgar sobre mi hombro en dirección general a las escaleras—. Te dejaré... esto.

Edward tosió para cubrir una carcajada y me disparó un pulgar hacia arriba.

—Gracias. Tu apoyo se nota.

Me encogí de hombros, sonreí y desaparecí arriba.

Gracias a Dios por eso.

Había tanto que podía tomar de mirarlo a los ojos. Especialmente cuando lucia particularmente exasperado con los gemelos, y no existía manera de que se rindiera con Ellie y su revedencia y el aparentemente intenso azúcar alto de Eli.

Demonios, todavía podía oír zoom-zoom alrededor de la habitación y Edward pidiéndole—: Por favor deja el zoom-zoom por un momento.

Me reí un poco. Él era una persona diferente cuando tenía sus juegos, divertidos pero serios, y totalmente adorable en su frustración.

Mierda.

Espera.

No.

Aborta esa línea de pensamiento, Bella. Eso no va a llevar a ninguna parte. A ningún lugar bueno, de todos modos.

Recuperé mis pinceles, el rodillo y la bandeja de la bañera y entré en la habitación de Ellie. La pintura estaba, obviamente, completamente seca, pero no como me hubiera gustado. Las paredes habían estado en tan malas condiciones del mal empapelado y papel pelado que iba a tomar más esfuerzo de lo que planeé para pintar correctamente.

Aun así, comencé.

Mis herramientas y las cosas se encontraban en un montón en el medio de la habitación. Abrí mi caja de herramientas y saqué un destornillador plano para abrir la lata de pintura. Lo puse debajo de la tapa y lo empujé, abriéndolo.

El rosa chicle era casi doloroso para mirar, incluso para alguien como yo que le gustaba el rosa, pero lo vertí en la bandeja y agarré un rodillo.

Miré a la puerta. Había una especie de alboroto abajo sobre quién era mejor, princesas o superhéroes.

Umm.

Sonaba como que era sólo una cuestión de tiempo antes de que una princesa se infiltrara en mi trabajo.

El rodillo firmemente en la mano, crucé la habitación y cerré la puerta. Luego moví mi caja de herramientas delante de ella.

Allí, ahora era a prueba de niños y Edward.

Con suerte.

. . . . . .

Toc, Toc.

—¿Bewa?

Giré la pintura sobre la pared.

»¿Beeeewwaaaa?

Apreté mis dientes.

Más golpes.

Más rápido, un sin fin de golpes que se encendieron hasta que sentí como si mi cerebro estuviera listo para explotar.

—¿Sí? —llamé—. Estoy ocupada, Ellie.

—Quiero ver mi cualto.

—No está hecho. —Habían pasado dos horas. Aún no hice las dos paredes más grandes.

—Po favol.

A juzgar por la furia amortiguada y la explosión contra la puerta, cayó contra ella.

—¿Dónde está tu papá?

—Haciéndome un empadedado —respondió ella—. Quiero ver.

—Debes de ir a ver el almuerzo —contesté.

—Soy una pincesa, ya sabes. Tienes que hacer lo que digo.

La última vez que revisé, esto era una república, pero lo que sea...

Puse el rodillo en la bandeja, empujé mis herramientas a un lado, y abrí la puerta.

Ella se quedó allí, haciendo pucheros por todo lo que valía la pena, los brazos cruzados en su pecho. Su tutú posado casi en un ángulo de noventa grados, y ahora había adquirido unos zapatos de plástico, abiertos, de vestir, en color azul, que contrastaban con su traje rosa.

—Ellie —dije en voz baja—. Tengo que hacer mi trabajo, ¿de acuerdo?

—Pintar no impodta. Es divertido.

—Si tienes cuatro años. —Le toqué la nariz—. Pero pintar habitaciones es parte de mi trabajo. Entonces, es trabajo. ¿Puedes dejarme hacerlo?

Se inclinó a un lado, su mano pequeña agarrando el marco de la puerta.

—Está bien, pero no quiero. —Hizo pucheros y se marchó, malhumorada.

Dejé caer la cabeza. Me sentí culpable, pero no había manera de tenerla aquí. Volviendo a mi rodillo, lo recubrí de pintura, y lo tomé.

—Ellie —me escuché decir—. Ven aquí.

Maldita sea.

Apareció como por arte de magia, una sonrisa enorme, esperanza se extendía sobre su rostro.

—¿Sí?

Suspiré.

—Puedes quedarte, pero te sientas en silencio, y debes ponerte algo adecuado de ropa.

Frunció el ceño, se quedó mirando a sí misma.

—Oh.

Se veía tan triste, estaba bastante segura de que iba a cambiar de opinión acerca de querer estar aquí conmigo.

»Bien —dijo después de un momento de silencio—. Me cambio.

Parpadeé, mirándola mientras desaparecía.

Un globo de pintura se cayó del extremo de mi rodillo y golpeó mi pie desnudo.

Y esa era la razón número uno de por qué no quería a Ellie en la habitación.

No podía concentrarme de ninguna manera.

Otro suspiro se escapó de mis labios cuando me giré y lo limpié de mi pie con los dedos. Lo volví a meter con torpeza en la bandeja, antes de limpiarme los dedos en el muslo con torpeza.

Pude haber ido a lavarme las manos en el fregadero, pero... En realidad, no tenía ninguna razón para no hacerlo. Aparte del riesgo de que Ellie estuviera en esta habitación, sola, con pintura, sólo estaba siendo perezosa.

—Oye, ¿le dijiste a Ellie que podría venir aquí contigo?

Chillé, soltando el rodillo. Aterrizó justo en la parte superior de mis pies antes de girar sobre el suelo y el revestimiento de la vieja madera en la pintura rosa chicle.

—¡Mierda! —Giré—. ¡Oh, mierda! ¿Está aquí?

Edward examinó mis pies, luego el suelo, y luego corrió sus ojos hasta mi cuerpo. Se quedaron un poco en mis muslos, e iba a creer que era debido a las franjas de color rosa al azar en ellos.

Quiero decir, probablemente lo era. ¿Por qué pensaba lo que no sería?

Sus labios se curvaron a un lado. —No, no está aquí. Estás bien.

—Gracias a Dios. —Me incliné y puse el rodillo de nuevo en su bandeja para que pudiera pensar en el lío que hice en mis pies, dos veces—. Sí, le dije que podía venir aquí conmigo. Te juro que tiene un vudú raro que me llena de culpa cada vez que no consigue lo que quiere.

Asintió solemnemente.

—Sí. Eso es algo que realmente deberían mencionar antes de tener hijos. Que pasarás el resto de tu vida sintiéndote culpable por algo. "No, no puedes tener un cachorro", o "no puedes comer la galleta mohosa que escondiste detrás del sofá hace seis meses".

—¿Por qué te sientes culpable por eso?

—Los ojos. Te tienen cada vez. Por eso no se les permite un cachorro. No puedo tener tres personas culpándome por las cosas.

—Aunque el cachorro probablemente comería la galleta. Resolvería ese problema.

—No es eso —acordó.

Compartimos una sonrisa.

Era un poco demasiado íntimo.

Tosí y rompí el contacto visual, volviendo a mi rodillo una vez más.

»¿Quieres una toalla, o...? —Hizo una pausa, y miré hacia él—. La pintura. Estás, um... estás cubierta.

Miré a mis pies y mis piernas.

—Eso sucede. Hoy más de lo habitual.

—Sabes que no tienes que tener a Ellie aquí arriba, ¿no? Puedes decirle que no. Incluso voy a decirle que no y tomar la culpabilidad por ti.

Me reí y comencé a pintar de nuevo.

—No importa. Probablemente se aburrirá de verme y desaparecerá sin que lo sepa.

Se encontró con mis ojos y sostuvo mi mirada durante un largo y duro segundo.

—Tu optimismo. Me mata. —Entonces, se dio la vuelta y se fue.

—¿Qué significa eso? —grité sobre mi hombro.

¿Su respuesta? Una risa ladrando que me hizo temblar.

Al menos no era muy torpe en esa conversación. Eso fue una victoria.

. . . . . .

Entones le dije a papá que si no me compra el castillo de Cenicienta para mi cumpleaños lloraré y se lo pediré a Papá Noel pero Papá Noel es antes de mi cumpleaños pero no quiero esperar a Papá Noel o mi cumpleaños dealmente lo quiero ahora. —Ellie hizo una pausa para respirar hondo, y antes de que pudiera interponer un comentario de mierda sobre la paciencia, comenzó de nuevo—. Ewi consiguió su capa de superhedue y el ticedatops. No es justo.

La miraba, un pincel goteaba en la bandeja.

Ahora, tenía dos opciones aquí. Podría reanudar mi intento original de hablar con ella acerca de la paciencia, pero tenía la sensación de que iba a caer en oídos sordos.

Tal vez porque empezó a hablar de nuevo, mientras me quedaba aquí y parpadeaba hacia ella.

Mi segunda opción era hacer ruidos calmantes de simpatía y de acuerdo y asentir con mi cabeza junto con ella de que no era justo.

O, una tercera, podría dar la vuelta, hacer mi trabajo y dejar que se quejara.

Esta última parecía correcta. Después de todo, ya la había escuchado. Aparte de un zumbido sordo, veía sus labios moviéndose a la velocidad de la luz, pero no escuchaba lo que decía.

Ahora, esa era una habilidad que me sentía más que interesada en desarrollar.

Volví a la pared, fingiendo un guiño, y terminé mi bordeado alrededor del marco de la puerta. Habló todo el tiempo. Destellos momentáneos de prestar atención dijeron que pasó de quejarse a hablar de cómo los unicornios eran reales o la validez de las hadas.

Fue una larga media hora.

—¡Hecho! —dije, alejándome de la puerta con gran efecto.

Ellie dejó de hablar.

—Y

Oops.

—¿Puedo correr aquí ahora? —Giró la cabeza de lado a lado, mirando por encima de la habitación.

—Uh... Todavía no. Necesitas un piso nuevo, las cortinas y una cama...

Resopló desde su asiento en el medio del piso.

—¿Ewi puede correr en el suyo?

—Nop. Voy a pintar ahora. —Puse el pincel en la bandeja y lo recogí. Entonces, hice una pausa—. ¿Quieres ayudarme a limpiar?

Frunció los labios. —¿Dimpiar?

—Sí. Tengo que lavar la pintura rosa de estas cosas. —Le di a la bandeja un ligero temblor—. ¿Quieres poner los pinceles en el fregadero para mí?

Se puso de pie, se apresuró hacia mí, y miró a la bandeja.

—Aww, ¿pincedes?

—No el rodillo. Eso es difícil. Pero claro, puedes lavar los pinceles.

Vaciló por sólo un segundo antes de que asintiera con la cabeza y corrió. Apenas había puesto un pie fuera de su habitación cuando la oí gritar—: ¡Ewi! ¡Sal del baño!

Está bien.

Tal vez no iba al baño ahora mismo.

—¡No! ¡Estoy haciendo popó! —gritó Eli de regreso.

Esa fue demasiada información.

—Bueno, ¡deja de hacer popó! —fue la respuesta de Ellie—. ¡Hueles mal!

Aún mucha información.

—No puedo dejar de hacer popó, Ewwie. ¡Todavía hay popó en mi barriga!

—¡Está bien! —Edward subió las escaleras, tomándolos a los dos a la vez—. Esa es tu cuota semanal de la palabra "p" utilizada en unos diez segundos. Eleanor, deja que tu hermano use el inodoro. Elijah... Por favor, deja de decirle a todo el vecindario lo que haces en el baño.

Resoplé, sumergiendo mi cabeza desde que todavía sostenía la bandeja.

Edward se volvió para mirarme.

»Oh, Jesús. Lamento que tuvieras que oír eso.

—Yo igual —contesté.

—Aquí, déjame tomar esto. Voy a limpiar la planta baja. —Agarró el otro extremo de la bandeja.

—Puedo hacerlo. —Tiré suavemente.

Sus cejas se dispararon. —Acabas de escuchar esa conversación. Déjame hacerlo. Honestamente. Piensa en ello como mi disculpa por ello.

—No hay problema, honestamente. Me tomará unos cinco segundos hacerlo, y…

Le dio a la bandeja un buen jalón y lo sacó de mis manos.

—Gracias.

Mi mandíbula cayó.

—No… ¡eh!

Me ignoró completamente cuando bajó las escaleras. Me quedé mirando su retirada hasta que no pude ver más. Me quedé congelada en la parte superior de las escaleras, y mientras una parte de mí quería perseguirlo y obligarlo a que me dejara limpiar las cosas, el resto de mí no quería estar a solas con él.

¿Por qué era extraño?

Lo dejé. Giré y me dirigí a la habitación de Eli, donde las latas azules y rojas de pintura y un conjunto fresco de pinceles y un rodillo me esperaban. Después de todo, no necesitaba los rodillos sucios, pero sólo me gustaba limpiarlos mientras seguían mojados.

Vertí la pintura roja en la bandeja. Eli había sido muy claro en que quería las paredes más grandes de color rojo y las más pequeñas azules, así que amontoné una tonelada de pintura en la bandeja, lista para empezar.

Toqué el rodillo a la pared. El ruido sofocante que hizo al transferir la pintura a la pared siempre me hacía temblar al principio. Pero no tanto como el sonido de Ellie gritando a Eli para lavar sus "manos con popó".

Síp.

Definitivamente fue la peor cosa que oí en todo el día.

Me estremecí y seguí con la pintura. Dejé la puerta casi cerrada, y las tablas de afuera en el vestíbulo crujieron. Hubo susurro sordo, y me preparaba para el asalto de dos diminutas personas, pero luego...

—¡Ellie! ¡Eli! ¡Abajo!

—Pero…

—¡Abajo!

Hubo una pausa, luego estaba el sonido inconfundible de dos personas bajando.

Respiré un suspiro de alivio.

Gracias, Edward.


Hola chicas! Espero disfruten el capítulo y gracias por sus reviews!

Cuéntenme que les pareció el capitulo, se que la cosa va lenta peeero ya se viene lo bueno ;) se los prometo.


Tengo blog! Se llama: Maly's infinity place, y pueden encontrar el link directo en mi perfil de Twitter (thoughtswen) si desean verlo. Voy a subir reseñas, recomendaciones y mucho más.

Nos vemos.

Bye Sweeting!