Señorita Constructora
Esta historia es una adaptación.
La historia original es Miss Fix-It de Emma Hart
Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer
Capitulo 14
Rosalie: Debes aprender a mantener tu lengua en tu propia boca.
Yo: Tú eres quien me hizo cenar con él.
Rosalie: No te obligué a hacer nada. Colgué un cebo de culpa frente a ti y lo tomaste.
Rosalie: Además, no te obligué a hundir la lengua en su garganta, ¿O sí?
Yo: Simplemente sucedió.
Rosalie: ¿Sabes lo que simplemente sucede, Bella? Dejar caer un vaso. Patear el control remoto de la mesa. Olvidar los pimientos en el cajón inferior del refrigerador. Esas cosas simplemente pasan. Besar a alguien no solo sucede.
En serio. Te olvidas de los pimientos una vez. Una. Vez. Y eres víctima de esto durante años. Pfft.
Yo: Simplemente sucede y sucedió. Ahora tengo que pintar su casa todo el día cuando sus hijos están en la guardería.
Rosalie: Bésalo de nuevo y termina el trabajo cuando no te interrumpan.
Yo: ¡Es en contra de las reglas d la compañía!
Rosalie: ...Las cuales hasta ahora has hecho un trabajo increíble siguiendo.
Yo: Vete a la mierda.
Rosalie: Haz que te follen.
Rosalie: No, literalmente. Literalmente follada.
Yo: Hemos terminado aquí.
. . . . . .
Si bien no me encontraba en desacuerdo con la recomendación de Rosalie de ser follada, era inapropiado. Ya habíamos cruzado esa línea, pero no estaba segura de si cruzarla aún más era una buena idea.
Por ahora, me iba a enfocar en mi trabajo. Nada más que mi trabajo. Ese era mi plan, y lo iba a seguir, sin importar lo difícil que pareciera a veces.
Después de una llamada rápida con mi padre para verificar el progreso de las camas de los niños, me quedé atrapada en la pintura. Llamé a Eric y le pedí que demorara el piso por otras veinticuatro horas. Era molesto, y no parecía demasiado impresionado.
Hasta que le expliqué por qué.
Luego se rio durante unos buenos cinco minutos antes de decirme que renunciaría a la tarifa de envío adicional.
Seh, gracias, amigo.
Le dije que si realmente quería hacerlo mejor, que metiera el culo por aquí y pintara. Naturalmente, se negó, así que aquí estaba, sola, pintando.
En silencio.
Era, en realidad, bastante agradable. Aparte de los primeros días, no había estado en la casa sola para hacer el trabajo. Siempre hubo una corriente subterránea de ruido de los niños en la planta baja, si no se hallaban arriba.
De una manera extraña, sin embargo, extrañaba ese mismo ruido. Era casi espeluznante estar sola en la casa, así que puse mi teléfono en el alféizar de la ventana en la habitación de Eli y abrí Spotify. El murmullo de la música hizo que fuera un poco más fácil de manejar.
Pinté, pinté y pinté, revisé las manchas que fueron... afectadas... ayer. Esa fue la mejor manera en que pude ponerlo en mi mente.
Mientras la pintura blanca se secaba en esos pedazos en la habitación de Eli, me lavé las manos y, con el teléfono entre los dientes, me mudé a la de Ellie. Su pintura se secó uniformemente, más de lo que pensé que sería, así que sabía que con una capa más, sus paredes estarían hechas.
Saqué el teléfono de mi boca y le envié un mensaje de texto a Eric rápidamente para confirmar que podría obtener el piso al menos en la habitación de Ellie mañana. Sin esperar su respuesta, abrí una lata de pintura con un destornillador y la vertí en una bandeja.
Me gustaría ver el final de esta pintura rosa.
Sin vergüenza, canté a lo largo de Justin Bieber mientras pintaba. Pasó por mi lista de reproducción favorita, grande en aleatorio, llevándome desde los sonidos country de Luke Bryan hasta lo último de Maroon 5.
Canturreé, sin saber las palabras, hasta que se volteó hacia Sam Hunt. Cambiando mi rodillo por una brocha, la mojé en la pintura y canté junto a "Body Like a Back Road". Entre inmersiones, la brocha actuó como mi micrófono.
Dios mío, nunca me divertí tanto pintando en mi vida.
Me puse de pie, limpié la pintura de la brocha, y continué mi concierto personal. La música pasó de Sam a "Instruction" de Demi Lovato, y, bueno, me metí demasiado.
La brocha era mi micrófono; la ventana mis admiradores. Me deslicé hacia la izquierda, hacia la derecha y hacia atrás justo como exigía la canción. Mi trenza se balanceó sobre mis hombros mientras bailaba.
Hice un trompo.
Y me congelé.
Con la boca abierta, a mitad del coro, me detuve sobre las puntas de mis pies, mirando a Edward en la entrada.
Oh, mierda.
La sonrisa que se extendía a través de su hermoso rostro me desarmaba, y era claro ver que se estuvo riendo silenciosamente mientras me miraba.
Di un paso hacia un lado, mi pie desnudo pateando la bandeja de pintura. —¡Ay! —Agarré mi tobillo y salté a un lado, apoyándome contra la pared seca—. Um… Hola. No te vi allí.
Solo me sonrió.
»¿Cuánto tiempo has estado, um, allí?
—Lo suficiente. —Sus ojos brillaban.
Oh, Dios.
—Oh, Dios míooooo. —Gemí.
—Si esto de la construcción no te funciona, ¿puedo sugerirte El Factor X? —Se frotó la boca con la mano.
Me sonrojé furiosamente, mis mejillas ardían en rojo.
»Tengo que ser honesto. Si hubiese sabido que recibiría un espectáculo, habría regresado a casa hace media hora.
—Me tomaba un descanso. Estiramiento, ya sabes. —Solté mi tobillo y puse mi pie con cuidado—. Deshacerse de algunos calambres.
—¿Entonces, bailar a Demi Lovato es conductivo para deshacerse de los calambres?
—¿Cómo sabes que es Demi Lovato?
—Escucho la radio en el auto, ¿sabes?
—Cierto. Por supuesto. —Me volví e hice una pausa en la música, tomándome un segundo para darme cuenta de por qué no noté que él venía: había subido el volumen—. Voy a... —Agité mi brocha—. Volver al trabajo.
—¿Estás segura que no tienes la Macarena en esa lista?
—¡Una canción! —Tiré mis brazos—. Una canción. Dios. Todos lo hacen.
—Generalmente, no con brochas.
—Improvisé. Demándame.
Se rio, presionando su mano contra su estómago. —Vamos. Es hora del almuerzo. Me detuve en el Coastal. Me dieron el almuerzo y un interrogatorio.
Estreché mis ojos hacia él. —¿Accidentalmente compraste demasiado, o...?
—No, deliberadamente te compré un emparedado. Alice me dijo que era tu favorito, y luego procedió a interrogarme sobre la cena de anoche.
—Oh, no. —Eso significaba que mi madre lo sabía y que podría esperar una visita esta noche—. ¿Qué, um... ¿Qué dijiste?
—Le dije que no podía contarle nada porque un caballero no besa y cuenta, pero que te fuiste más tarde de lo que le dijeron. —Guiñó un ojo y salió corriendo de la habitación.
Mis ojos se agrandaron. —¡No, no, no! ¡No dijiste eso! —Corrí detrás de él—. ¡Edward! ¡No! ¡Dime que no lo dijiste!
Tenía sus manos aplastadas en la mesa de la cocina. Se inclinó hacia delante, riendo.
Apunté mi brocha hacia él. »¡Dime que juegas conmigo!
—No. Lo siento. Eso es lo que le dije.
—¡No! ¡Oh, Dios mío! ¡Mi madre me va a matar!
Se rio aún más fuerte.
Me lancé alrededor del lado de la mesa.
—¡Oh, mierda! —Escapó de sus labios mientras corría alrededor.
Me detuve donde acababa de estar. —Te lo juro, te pintaré con esta brocha si no me dices que juegas conmigo. No puedo lidiar con esto.
—¡Les di algo sobre qué cotillear! —Levantó las manos.
Mi corazón se saltó un latido. Oh. no, no, no. —¡No tienes idea de lo que acabas de hacer! —Corrí de regreso a mi lado de la mesa, y él regresó al suyo. Todavía agitaba la abrocha amenazadoramente en su dirección—. ¡Voy a matarte!
Movió sus cejas. —Tendrás que atraparme primero.
Lo miré fijamente.
Claramente, no tenía idea de lo decidida que podía ser.
Tres veces. Lo perseguí alrededor de la mesa tres malditas veces al sonido de su risa y mis gritos frustrados.
—¡Para! ¡Ven aquí para que pueda pintarte!
—Eso. —Jadeó, agarrándose a una silla para recuperar el aliento—. Sería mucho más sexy si no me estuvieras persiguiendo por la mesa de mi cocina.
—¡Urrrrr! —Medio gruñí, medio gemí.
Paré hacia la derecha, pero me fui hacia la izquierda. Exactamente en la misma dirección a la que fue Edward.
»¡Ja! —Lo agarré del brazo y lo golpeé con las cerdas de la brocha recubiertas de pintura.
—¡Maldición, Bella! —Cogió la brocha, y antes de que me diera cuenta, me perseguía alrededor de la mesa.
No existía una posibilidad en el infierno de que le diera la brocha. ¿Quién sabía qué desastre haría en un esfuerzo por devolverme esa miserable marca en su brazo?
A juzgar por el desastre que los gemelos fueron capaces de hacer... Me haría arrepentir de haberle apuntado con la brocha.
»Dame la brocha. Ahora. —Me dio la voz de padre, extendiendo su mano expectante.
Crucé los brazos, manteniendo cuidadosamente la brocha cerca de mi cuerpo sin pintarme. —No. Esa voz no funcionará en mí. Tengo veintiséis años de práctica de resistencia contra la voz de padre.
—Vale la pena intentarlo. Pero, aun así... Dame la brocha.
Negué con la cabeza. —No te la voy a dar, porque sé exactamente por qué la quieres.
—De acuerdo. Te di una oportunidad. —Se lanzó hacia delante.
Un grito salió de mi boca. Corrí alrededor de la mesa una vez, antes de cometer un grave error, salí corriendo de la cocina. En la sala de estar y alrededor de la mesa de café antes de correr hacia el pasillo.
Y corriendo justo en Edward, quien aparentemente me estuvo esperando.
—¡No! ¡Nooo! —Luchaba por mantener el control de la brocha, pero él me tenía a mí. Un fuerte brazo se cerró alrededor de mi espalda, y su otra mano luchó por la brocha. Me retorcí y tiré con todas mis fuerzas, ambas manos en el mango de la brocha mientras reía.
No me rendía, pero tampoco él.
Un hecho que me di cuenta al inclinar la brocha y deslizarla por mi cara.
—¡Oh, Dios mío! —Liberé la brocha con una mano y limpié sobre la pintura.
Se rio más fuerte de lo que lo había escuchado reír, y todo mi cuerpo vibró con el sonido. Incluso a pesar de lo molesta que me sentía, una vez más, cubierta de pintura, no podía negar la atracción que se acumulaba profundamente en mi barriga.
—¡Te dije que me dieras la brocha!
—¡Nunca! —Luché, solo perdí un poco de pintura. Me las arreglé para ponerle la brocha en la mandíbula, volviéndola rosa antes de que recuperara el control y la pasara por mi mejilla.
Honestamente, tuve que preguntarme qué pensaría alguien si pudiera vernos. Dos adultos peleando por una brocha, ambos cubiertos de pintura rosa.
»¡Dios mío, para! —Solté una risita mientras me hacía cosquillas con la brocha por el cuello. Alejándose, apretó su brazo más fuerte alrededor de mí y me sostuvo contra él. Logré alejarme de él, casi torciéndome la muñeca mientras mantenía mi agarre de hierro sobre la brocha—. ¡Déjame ir!
—No. Te lo advertí, y no me escuchaste. Este es tu castigo.
—Estar cubierta de pintura no es un castigo. Es una ocurrencia diaria.
—Tienes razón. Esto está fallando. ¿Puedes dejar de retorcerte?
Mi boca formó una pequeña "o" cuando me di cuenta. Mi culo se acurrucaba cuidadosamente contra su entrepierna, y no fui la única persona extrañamente excitada por esta pelea de pintura. Entonces... —Déjame ir.
—Así no es como funciona esto.
—Tienes razón. No lo es. —Moví deliberadamente mi culo contra él—. Ahora déjame ir.
Apretó los dientes y deslizó la brocha por mi mejilla.
»¡Ahhh!
—¡Deja de moverte!
—¡Déjame ir!
Suspiró. —Estamos en un punto muerto, ¿no?
—No. —Me retorcí de nuevo, sacando mi trasero un poco más.
—Basta. —Pintó mi mejilla otra vez.
Limpié mi mano en mi camisa y cubrí mis ojos. Mantendría esto mientras mantuviera su pintura. Ya iba a terminar mal, y no existía forma de que pudiera mirarlo a los ojos después que su polla se frotara contra mi trasero, entonces, ¿qué importaba?
»Bella... —Su voz era más baja, casi peligrosa en su aspereza—. Si no dejas de moverte, no voy a ser responsable de lo duro que te empuje contra la pared y te bese.
Eso casi sonó como un desafío.
—Contra las reglas. Estoy trabajando. —Respiré.
—Dado que mi pene está temblando contra tu trasero, y es tu culpa, no creo que puedas usar eso como excusa.
—Si me dejaras ir... —Dejé caer la mano de mis ojos ya que parecía haber dejado de pintarme la cara por el momento.
—No estarías cubierta de pintura.
—No tendrías un duro ataque de furia.
—Un duro ataque, ¿eh?
—Debería dejar de hablar en este momento.
Finalmente liberó la brocha y caminó alrededor. Su mano se deslizó sobre mi estómago mientras se movía, así quedaba de pie frente a mí.
—Estoy de acuerdo —murmuró, pasando dos dedos por mi sien.
Sentí un hormigueo en el cuero cabelludo cuando suavemente me colocó el cabello detrás de la oreja y sus ojos siguieron el movimiento de su mano. Me estremecí cuando las yemas de sus dedos rozaron mi lóbulo de la oreja, y ese movimiento volvió su mirada a la mía.
Indecisión. Luchaba en sus ojos, como estaba segura de que lo hacía en los míos.
Quería que me besara de nuevo. Quería sentir esa dicha, escapar de la realidad por solo unos segundos.
Al mismo tiempo, quería que me dejara ir. Dejar de hacerme difícil resistirme a él. Para ser el chico distante, de las primeras veces que nos vimos.
Él se inclinó.
Hice lo único que se me ocurrió hacer.
Le pasé la brocha por la mejilla.
—¡Joder!
Me reí y me agaché bajo su brazo mientras lo levantaba para limpiar la pintura. Corrí a la cocina y agarré la bolsa de papel marrón con el logo de Coastal.
»No. —Me señaló—. No tomes como rehén a la comida.
—Tengo de rehén a la comida. —Consideré cuidadosamente mis siguientes palabras—. Puedes recuperarla si prometes no volver a besarme.
Parpadeó hacia mí. Miró la bolsa. Encontró mis ojos. Encogiéndose de hombros. —Creo que me saltaré el almuerzo.
Me quedé boquiabierta. —¿En serio?
—¿Qué? ¿Quieres que haga una promesa que no puedo cumplir? —Levantó una ceja—. La única razón por la que te salvas con la mierda que acabas de decir es porque es durante las horas de trabajo.
—Perseguirme alrededor de la mesa de tu cocina no es exactamente horas de trabajo, ¿verdad?
—Cuidado, Bella. Podrías meterte en algo de lo que no puedes salir.
—Oh, estoy bastante segura de que ya hice eso —me dije a mí misma—. Bien. Aquí tienes. Pero no puedo prometer que no te patearé las pelotas si vuelves a intentarlo.
—No, no lo harás.
—Pruébame.
Sonrió, quitándome la bolsa.
Mierda. Allí estaba yo hablando de algo de lo que no podía salir...
. . . . . .
Escuché que te quedaste hasta tarde en la casa de Edward —dijo mamá, encendiendo mi cafetera.
Ella, muy convenientemente, se dejó entrar antes de que yo llegara a casa del trabajo. Después de demasiadas preguntas acerca de mi estado, todavía cubierta en pintura, la convencí de que me dejara duchar antes de pasar por su línea de preguntas.
Realmente necesitaba esa llave de repuesto.
Mordí el extremo de un caramelo Twizzler. —No puedo imaginar quién te dijo eso.
Me miró por encima del hombro. —Alice. Me detuve para comprar algunos pasteles.
—¿Por qué no fuiste a la panadería?
—Fui. Ella estaba allí.
Bueno, eso quedó claro. —Bien. Bueno, no es verdad. Lamento decepcionarte.
Sacó su taza de la máquina rodando sus ojos. —¿Por qué piensa eso si no es verdad?
—Porque él es una pequeña mierda que está a punto de aprender que los rumores de una ciudad pequeña volverán a morderlo en su muy buen culo. —Resoplé, aun masticando el Twizzler.
—Entonces, ¿hay algo de verdad o no? ¿Y cómo lo sabe Alice?
Suspiré pesadamente, dejando el dulce. —Cené con él anoche, como amigos —agregué deliberadamente—. Y creo que la vida de Forks consiguió esa información. Nos trajo un almuerzo del Coastal, Alice le preguntó, y él dio más detalles para darles a todos algo de qué hablar.
Los labios de mamá se torcieron hacia un lado. —¿Así es como terminaste cubierta de pintura rosa?
—Larga historia corta, sí. No estaba feliz con él.
—En serio. Parecía que te peleaste con el pasillo de pintura en la tienda del hogar. O con Barbie.
—Definitivamente Barbie. —Volví a masticar mi Twizzler
—¿Fue solo una cena, entonces?
Estaba pescando. Honestamente, bien podría haber sacado una maldita caña de pescar, haber conectado un Twizzler hasta el final y haberme obligado a decirle.
Bueno, fue la idiota que primero me dio los Twizzlers. Entonces, ja.
—Solo cena —dije con tranquilidad.
—Bella —Me miró a los ojos con una mirada que me hizo erizarme—, ¿piensas que soy estúpida?
—¡Fue solo la cena! —insistí, terminando el dulce. Era un animal, comiendo con la boca llena, pero no me importaba.
—Estás a la defensiva, y eres una mentirosa espantosa.
—He escuchado mucho eso esta semana.
—Comienza a decir la verdad.
—No puedo. —Hice una pausa—. La verdad va en contra de la política de la compañía.
Sus ojos se agrandaron, y sonrió como si hubiera alcanzado el premio gordo. —Prometo no decirle a tu papá.
Suspirando, tomé el paquete de Twizzler y entré a la sala de estar. Mamá me pisaba los talones como un perrito pidiendo sobras. Me tiré en el sofá, tiré de mi camisa y saqué otro dulce del paquete.
»Habla. Ahora —Movió sus dedos hacia mí.
—No quiero —murmuré.
—Bella.
—Nos besamos. Dos veces —admití, bajando la mirada—. Casi tres veces, pero lo ataqué con mi pincel.
Mamá soltó un bufido. —Hay cosas que no escuchas todos los días.
La miré a través de mis pestañas. —No importa. Le dije que no puede volver a suceder.
—¿Porque va en contra de la política de la compañía?
—Exactamente. Fui parte de hacer esa regla con papá. Quiero decir, sé que ustedes se conocieron cuando lo contrataron, pero aun así. Me dijo que nada sucedió hasta después, y que su encuentro lo hizo darse cuenta de lo importante que era esa regla.
Parpadeó hacia mí. —¿Te dijo que no pasó nada hasta que terminó de trabajar para mí?
—Sí —dije lentamente—. Esa fue la razón por la que hicimos la regla.
—Oh, chico. —Exhaló lentamente y puso su taza en la mesa de café—. Cariño, no estoy segura de cómo decirte esto, pero tu padre y yo follábamos como conejos antes de que él terminara de trabajar para mí.
Me quedé helada. Ni siquiera respiré. Esa era mucha más información de la que siempre quise saber sobre ellos.
Golpeé mis labios juntos. —Y ahora me voy a enfermar.
Mamá se rio, golpeando sus dedos contra mi rodilla. —Eso fue un poco contundente. Mi punto es que él solo agregó esa regla porque se dio cuenta de que algún día dirigirías la empresa y no quería que mezclaras negocios y placer.
Fruncí el ceño. Eso cambió todo lo que sabía. —Pero… ¿No es esa mi elección?
—Creo que quería que te mantuvieras dentro del cronograma. Él… perdió algo de tiempo cuando nos encontramos.
Levanté las manos y negué con la cabeza. —No. Ya es suficiente, gracias.
Su risa llenó la habitación. —Buen punto, cariño. Entonces… ¿Puedo preguntar por Edward?
—Vas a hacerlo ya sea que quiera o no.
—Cierto. —Sonrió, recogiendo de nuevo su café—. ¿Te gusta?
—Esa es una pregunta de secundaria. Quiero decir, no estoy garabateando "Sra. Bella Cullen" en un cuaderno o cualquier cosa.
—Bella Cullen suena bien.
—Al igual que lo hace Bella Swan —repliqué—. Deja de tomar esos lugares, al que no está destinado a ir, mamá. Me atrae, pero también me atrae Tom Hardy. Eso no significa que me voy a casar con él y tener a sus bebés.
—A ti y a todas las demás mujeres del país. —Bebió un sorbo—. Sabes a qué me refiero cuando te pregunto si te gusta.
—Mamá. —Levanté las manos—. No es fácil. Sabes exactamente cómo es tener sentimientos por alguien que ya tiene una familia. Estoy exactamente en la misma posición que tú, excepto que la muerte de mi madre no fue tan cruda para mí y papá, como fue para los gemelos y para Edward. Dos años y medio no es un tiempo tan largo. Incluso si tuviera fuertes sentimientos por él, no podría entrar valientemente como si me perteneciera. Su corazón pertenecía a otra persona. Lo suficiente como para tener una familia. —Me hundí en el sofá—. Eso no es lo que quiero. No quiero ser lo segundo mejor para un recuerdo.
—¿Crees que soy lo segundo mejor para un recuerdo?
—Eso no es lo que quise decir.
—Lo sé. Te estoy haciendo una pregunta real, Bella. ¿Es así como crees que me siento?
Encontré sus ojos. Eran suaves y gentiles. Eran honestos. Realmente preguntaba.
—No lo eres para mí —respondí después de un momento—. ¿Sientes que lo eres?
—Nunca lo he hecho, no. Ella es tu madre, pero yo también lo soy. Solo somos tus madres en diferentes momentos de tu vida. Tu padre todavía la ama, pero es un amor diferente. Lo acepté hace mucho tiempo. No puedes borrar la memoria de alguien, pero eso no significa que tengas que ser lo segundo mejor para ellos. Y cualquiera que te haga sentir así no te merece en primer lugar.
Sonreí tristemente. —Gracias. Eso me hace sentir mejor. Pero, aun así, eres una persona más fuerte que yo. ¿Me convierto en una mala persona si digo que no sé si quiero el equipaje de los hijos de otra persona?
—De ningún modo. Eso te hace humana —Terminó su café y dejó la taza—. Para que conste, sentí lo mismo. A veces no tienes elección. —Se puso de pie y me besó en la parte superior de la cabeza—. Te veré en la cena, cariño.
Sonreí, y justo antes de que se fuera, di la vuelta y dije—: ¿Oye, mamá?
—¿Hmm?
—Estoy muy contenta de que no hayas tenido elección.
Me guiñó un ojo. —Yo también, Bella.
Hola chicas! Espero disfruten el capítulo y gracias por sus reviews!
Tengo blog! Se llama: Maly's infinity place, y pueden encontrar el link directo en mi perfil de Twitter (thoughtswen) si desean verlo. Voy a subir reseñas, recomendaciones y mucho más.
Y...¡Subí reseña al blog! ¿Conocen la Saga Indebted? Pues si no vayan a darle una miradita a la reseña y a lo mejor les da por leerla ;)
Nos vemos.
Bye Sweeting!
