Disclaimer: Esta es una traducción/adaptación de la historia original de Rhapsodybree, Regrets. Los personajes reconocibles pertenecen a J. K. Rowling, la historia original pertenece a Rhapsodybree.
Arrepentimientos.
"¿Eh? Ah, mmmmm… seguro."
Viendo que su hija se alejaba, Ronald Weasley no tenía idea de lo que había dicho la pequeña y él había dado permiso.
No importa. Pensó el pelirrojo. Si ocurría algo, su madre se encargaría de ella cuando fuera a llevarla a su casa.
Entró en la habitación que estaba llena a rebosar de Weasleys y amigos, para celebrar el cumpleaños de Arthur.
Miró alrededor hasta que su mirada se posó en el hombre sentado en una esquina, lejos del gentío.
No podía disimular la repulsión que sentía cada vez que veía al esposo de su amiga de la escuela.
Todavía era fuente de constante sorpresa el hecho que Hermione Granger se hubiera transformado en Hermione Snape.
Y que hubiera tenido a sus hijos.
Uno de esos hijos, una niña, estaba justo en ese momento con el viejo Profesor de Pociones. Ronald no sabía qué fue lo que lo hizo mirar con más atención, pero lo hizo.
La pequeña, (¿Lisbette?), con ese cabello negro, estaba de pie junto a la silla. Se sostenía de apoya brazos, y como se podía apreciar, no parecía poder quedarse quieta. Daba saltitos en sus pies, o jaloneaba del almohadón, o jugueteaba con el material de la manga de la levita de su padre.
Y Snape no parecía molesto en lo absoluto.
Bueno, se dijo Ronald, no parece exactamente feliz, pero toda su atención está puesta en su hija, y escucha cada palabra que la niña dice.
De hecho, incluso parecía estar aportando un par de palabras.
Alguien le empujó el hombro a Ronald. El pelirrojo devolvió el empujón a su hermano, para luego darle una última mirada al viejo profesor, justo en el momento en el que la pequeña depositaba un besito en la mejilla de su padre y luego se perdía en medio de la gente. El viejo vampiro ni siquiera sonrió.
La verdad, no sé qué le vio Hermione.
Salió de la habitación y se dirigió afuera. Lo primero que asaltó sus sentidos, fue el sonido de la voz de la persona en sus pensamientos.
La risa de Hermione resonaba fuerte y clara en medio de las voces de los demás.
Se volvió para mirarla y sintió el mismo egoísta deseo que lo invadía cada vez que la veía.
Debió ser mía.
Se quedó mirando al pequeño que sostenía con tanta facilidad en la cadera. En su mente, cambiaba el color del cabello del bebé de castaño a rojo.
Esa sí sería una linda imagen.
Desvió su atención hasta que el asunto desapareciera de su mente mientras daba vueltas por ahí.
Pero todo regresó a su cabeza cuando tuvo que pararse frente a todos para decir unas palabras.
En un instante se sintió perturbado al ver que Hermione estaba allí, frente a él, con su otra hija, (¿Helena?). Se estaba riendo de algo, con las manos sobre los hombros de la niña. ¿Se estaría riendo de él? ¿De algo que dijo?
Eso lo espantó.
Y entonces se dio cuenta que se las había arreglado para perder a su propia hija. La buscó por ahí, hasta que la encontró cerca de la mesa de las bebidas. Extendió una mano hacia ella y se sintió gratificado cuando la pequeña le sonrió de oreja a oreja y corrió hacia él.
Se sintió muy listo allí, parado, imitando la postura de Hermione, pero ella no le prestó ni un gramo de atención, porque los gemelos proveían todo el entretenimiento necesario.
El pelirrojo resopló.
Cuando la fiesta comenzó a llegar a su fin, Ronald se encontró, de nuevo, imitando a los Snapes.
Su hija estaba dormida en un sofá, así que estaba desconcertado sobre lo que debía hacer.
"Se ven angelicales cuando duermen, ¿no?" Escuchó una voz a sus espaldas.
Alzó la mirada y vio a Hermione observando a la pequeña durmiente.
"Sí." Fue todo lo que fue capaz de decir.
Tomando como ejemplo a la forma en la que Hermione sostenía a su propio retoño durmiente, el pelirrojo se inclinó y tomó a Mavis en sus brazos. La pequeña se aferró del torso de su padre con brazos y piernas.
Al levantarse, se encontró compartiendo la misma expresión que portaba la mujer que había sido su mejor amiga.
No era el amor y la lujuria que él deseaba. Más bien era algo así como el entendimiento entre padres.
Resopló para sus adentros. No era, para nada, lo que deseaba, pero evidentemente, era todo lo que iba a recibir.
"¿Hermione?"
Ronald se volvió y revoleó los ojos.
Por supuesto, Snape tenía que ser mejor que él.
El viejo no cargaba un solo pequeño, sino dos en sus brazos, con las cabecitas cómodamente reposando sobre cada hombro.
"¿Lista?"
"Lista."
Ronald pudo ver la expresión en el rostro de Hermione.
Los ojos castaños se dulcificaron y los dos se sostenían la mirada a través de la habitación.
El pelirrojo se sintió como un intruso.
Pero se las arregló para sonreír cuando ella lo miró y se despidió de él. Snape solo lo miró, luego que Hermione le tocara el brazo, movió la cabeza. "Weasley."
Ronald apenas pudo responder. "Snape."
…
Después de dejar a Mavis en casa de Crystal, se fue a su casa bostezando.
Ser papá era un trabajo duro. Siempre terminaba exhausto después de los fines de semana que tenía que pasar con Mavis.
Pensó en Hermione y soltó un bufido.
Seguro que el viejo no hacía nada de nada, y seguro esperaba que ella se sometiera a él e hiciera todo el trabajo.
Pero incluso en su propia mente, eso sonaba patético.
Tuvo una repentina imagen mental de Hermione y Snape, (su marido, le recordó puntualmente su cerebro), laborando juntos para poner a sus hijos en la cama, para luego retirarse juntos a su propio dormitorio.
El pelirrojo golpeó su almohada.
¡Maldito hombre!
¡Parecía que Severus Snape no hacía nada mal!
N/T: Bueno, otro one-shot cortito, pero me ya me conocen, me gustan esas historias donde el pelirrojo desabrido pierde. Mis disculpas para quienes sienten simpatía por el personaje.
¡Historia número 50!
En cuanto la autora termine de publicar en AO3, por cierto, pasen por ahí que hay unas historias muy buenas, van a tener una historia multicapítulos... muchos capítulos, pero les aseguro que vale la pena. Un saludo muy grande y ¡FELIZ AÑO NUEVO!
