CAPÍTULO 4

–Sakura, ¿puedo ayudarte? –Qiang está paradito a una distancia prudente, se ve tan tierno–

–Claro que sí, ¿te parece si hacemos algunas esferas? –propongo–

–Si, si, si... –dice mientras pega unos saltitos, es un niño muy lindo–

–Aquí tengo el material, busquemos algo para proteger la mesa.

Me acerco a él y le revuelvo un poco su cabello, cubrimos la mesa con un plástico y nos sentamos a hacer nuestras propias esfera, la brillantina acaba esparcida por todo el lugar, incluso nosotros brillamos, al menos las esferas nos han quedado bellísimas, Qiang hizo unas de color rojo, en todo este rato me ha contado que es su color favorito y que le ha encantado hacer las esferas.

–¿Crees que a papá le gusten? –pregunta mientras señala las diez esferas que ha hecho–

–Le van a encantar porque tú lo hiciste –confirmo mientras lo abrazo– creo que será mejor que te metas a bañar antes de que vea que brillas –comento entre risas–

El pequeño me hace caso y se va escaleras arriba.

–¡Sakura! ¡Gracias! –grita desde el segundo piso–

Me han sorprendido sus palabras, siento alegría por él, por hacerle partícipe de este momento que se ha perdido por años, algo que sigo sin poder creérmelo; Shaoran jamás fue así, aunque supongo que las personas cambian demasiado con el paso del tiempo.

Recojo un poco del tiradero que hemos hecho en la mesa y pongo las esferas a secar en un espacio que no moleste, nos han quedado muy lindas; recojo con cuidado el plástico para no tirar la brillantina al piso, una tarea un poco complicada más no imposible y que logro con éxito, bueno; más o menos.

–¿Qué ha pasado aquí? –escucho la voz de Shaoran, luego de la cena se encerró en su despacho; se suponía que Qiang debía hacer sus deberes y en su lugar se puso a ayudarme–

–Hicimos algunas esferas –le enseño con orgullo nuestro trabajo–

–¿Hicimos? –pregunta en tono serio, creo que no le ha gustado mi respuesta–

–Qiang ayudó –respondo con cautela– ¿recuerdas cuando nos poníamos a hacer decoraciones navideñas y decorábamos la casa de mis papás y de los tuyos? aún tengo uno que otro adorno que hicimos.

–¿Los conservas? –pregunta asombrado–

Mi distracción ha funcionado, su seriedad ha menguado y en su lugar se ve curioso por el recuerdo que le estoy platicando.

–Por supuesto, son recuerdos que no se tiran...

Me acerco al árbol que sigue sin decorar, le acomodo la alfombrita que he comprado para ponerle debajo como decoración, al menos ya tiene algo; compruebo la hora, es tarde y necesito ponerme al corriente también con mi trabajo, mañana comenzaré con la decoración de la sala de estar.

Shaoran sigue sin decir nada, se ha quedado pensativo y eso es bueno, con suerte olvide que le conté que Qiang ayudó con las esferas, aunque no sé por qué se molesta, no tiene nada de malo con que el pequeño me ayude, es un detalle que le dará valor a la decoración, porque es hecho con amor.

El trabajo se ha vuelto pesado, la odiosa de mi jefa me manda de un lado a otro por encargos de sus diseños, también me manda a tomar medidas; en fin, mis días son demasiado complicados, al finalizar mi jornada voy a casa de Shaoran para continuar con las decoraciones, y es un momento en el que me relajo con la compañía de Qiang, me cuenta cómo le ha ido en el colegio y qué le encantan sus clases de artes marciales.

Me ha ayudado bastante a espaldas de Shaoran, no sé por qué, pero decirle que Qiang me ayuda le molesta, no sé que trae con eso, incluso hemos discutido por ello un par de ocasiones. Termino de colocar unas botas en la chimenea, estás las mandé a hacer con los nombres de Shaoran y de Qiang, le da un toque más hogareño y personal.

–¿Y la tuya Sakura? –esucho la voz de Qiang detrás de mí– falta tu botita, ¿dónde pondrá tus regalos Santa?

–Esta es tú casa y de tu papá –comienzo a explicarle– la mía la he puesto en casa.

–Traíla, tú eres parte de esta familia ahora –toma mi mano mientras me jala hacia las escaleras–

Es muy rápido, intento seguirle el paso o terminaré estampándome en algún lado, entramos a una de las habitaciones y Qiang me señala una de las mesitas de noche.

–Papá tiene esta foto aquí, se ven muy felices juntos, somos familia –argumenta–

Me he quedado sin palabras, esa foto nos la tomamos años atrás, su madre nos la tomó mientras Shaoran me explicaba algunas técnicas de artes marciales, el caso es que en la foto estamos tirados en el pasto, mirándonos y riendo; yo tengo la misma fotografía, aunque la mía está guardada, no la tengo a la vista.

–¿Qué hacen aquí?

Me sobresalto al escuchar a Shaoran, dejo la fotografía en su lugar y me giro para verlo, sigo conmocionada por lo que acabo de ver, él día que recorrí la casa no había esa foto, de hecho no había nada en la mesita de noche salvo por la lámpara.

–Papá, ¿verdad que ya somos familia? ¿Que sakura ya puede traer su bota para que santa le traiga aquí sus regalos? –cuestiona el pequeño–

Ambos nos miramos, esto se está saliendo de nuestras manos, Qiang será el que más sufra cuando todo esto termine, y me duele pensar que seré la culpable.

–Ve a bañarte, la cena estará lista en un momento –ordena Shaoran, el pequeño me abraza y acto seguido desaparece de la habitación–

Lo mira, me mira, ninguno dice nada; ¿qué más le puedo decir? a pesar de los años, de que tuve una relación, sigo sintiendo algo por él, aunque no sé si sea bueno.

–Debiste decirle a Qiang que solo somos amigos –rompo el silencio, tal vez no sea de la mejor manera, pero me sigue doliendo pensar que le haré daño–

–Se iba a enterar de todos modos, él me ha acompañado esta semana con Yuan, y él a su vez me ha preguntado por ti –explica–

–No quiero hacerle daño –me dejo caer en la cama, me siento fatal–

–Yo después le explicaré la situación, no te preocupes por eso –afirma–

Lo observo unos segundos, está demasiado serio, ¿por qué puso esa fotografía? ¿le debería de preguntar? Tengo demasiadas preguntas, pero no me atrevo a decirlas en voz alta.

–Yo creo que ya debo de irme...

Me comienzo a sentir incómoda, Shaoran no deja que huya, me toma del brazo y termina cerrando la puerta de su habitación, mi pulso comienza a acelerarse.

–No huyas más de mí...

Posa una de sus manos en mi mejilla, tira de mí con la otra y sus labios terminan uniéndose con los míos, no tardo en corresponderle y llevar mis brazos alrededor de su cuello, es como si el tiempo se hubiese detenido, solo somos él y yo.

Él se detiene y pega su frente con la mía, nuestras respiraciones están alteradas, ahora he comprobado que mi amor por él nunca murió, sigue latente.

–Podemos llevar a la realidad lo nuestro, como antes...

Sus palabras retumban en mi cabeza, me encantaría poder hacer esto real, pero ¿y si no funciona? Ambos cambiamos en estos ocho años, hay una probabilidad de que no funcione lo nuestro, aunque claro, también está la probabilidad de que funcione.

–Nunca tienes tiempo, ni siquiera pasas tiempo con Qiang –me quejo por su falta de atención hacia ese pequeño–

–Lo puedo cambiar, dedicarles más tiempo –asegura–

–Demuéstralo, y ya veremos...

–¡Ya acabé! –grita Qiang al tiempo que entra a la habitación–

Shaoran y yo seguimos pegados el uno contra el otro, Qiang se acerca corriendo y nos abraza, al parecer él si está contento porque estemos juntos.

La parte de abajo está completamente decorada, me faltan únicamente las habitaciones y el jardín, después de mucho rogarle a Shaoran, me ha dejado cuidar de Qiang por lo que ahora estamos yendo a ver los muebles para su habitación, tengo pensado cómo dejarla y ponerle unos toques navideños, nada extravagante pero que tenga ese toque navideño.

Tan solo faltan dos semanas para el tour, Shaoran pasa todas las tardes con nosotros, decorando, acomodando, eligiendo cosas, ¡hasta preparando galletas! El Shaoran de hace años está emergiendo y está disfrutando de todo este proceso y lo que más importa es que a Qiang le está gustando el cambio.

–Parece que está agotado –señalo a Qiang, quien se ha quedado dormido en el sillón–

–Hemos tenido un día muy movido, ¿quieres una taza de chocolate caliente? –ofrece–

–Con malvaviscos...

Shaoran me enseña una bolsa de los malvaviscos que tanto me gustan, dejo a un lado lo que hago y voy a la habitación de Qiang que está a medio terminar, por unas sábanas, regreso y se la pongo al pequeño para cubrirlo por un momento.

Siento unos brazos rodearme, su aroma mezclado con el aroma del chocolate que aparece frente a mí es más adictivo que cualquier otra cosa en este mundo.

–Un chocolate caliente con malvados bizcos –dice riendo–

–¿Así?

Me giro un poco y hago unos bizcos como hace mucho tiempo no hacía, era algo muy de nosotros cuando estuvimos juntos, las risas y las bromas nunca faltaban entre nosotros. Shaoran pega una risotada que levanta a Qiang, ambos lo arrullamos para que continue durmiendo.

Nos sentamos en el sillón que está enfrente del pequeño y tomamos el chocolate en total silencio, hasta que de un momento a otro, Shaoran comienza a recordar algunos momentos que pasamos juntos, los disfraces que usamos para halloween, los cumpleaños que pasamos juntos, los viajes que llegamos a tener, incluso recordamos las escapadas que nos dábamos uno que otro día para estar juntos.

–Extraño todo eso, nunca comprendí por qué me dejaste; pudimos seguir adelante juntos –comenta ya en tono serio–

–Estabas dispuesto a irte conmigo a pesar de que tus hermanas y tu madre estaban solas tras la muerte de tu papá, no era justo para ellas –recuerdo aquel momento como si lo estuviese viviendo–

–¿Qué tenía de malo? Ellas iban a seguir adelante sin mi.

–¿Y qué tal si no? ¿Qué tal si al irte todo se iba abajo? Tú mamá entró en depresión y así la pensabas abandonar.

–Quería ser feliz contigo, no quería la responsabilidad que me dieron –comenta– tenía dieciocho años y ya me hacía cargo de la casa, la familia, la empresa –señala con los dedos–

–Yo iba a ser una carga más –comento más para mí que para él–

–Ibas a ser mi apoyo, mi todo, mi mundo...

Los ojos se me comienzan a cristalizar a causa de las lágrimas, no quise seguir adelante con él creyendo que le hacía un bien, y lo sufrí un tiempo, fue mi decisión pero me dolió, aunque tampoco estaba preparada para tantas responsabilidades o que tal vez él se estuviese quejando por algo, si ahora lo veo ocupado y con escaso tiempo para compartir con Qiang, no me imagino lo que hubiese sido de nosotros de haber continuado juntos.

"Quizá hace años que hubiesen terminado mal" escucho la vocecita en mi cabeza, es una probabilidad, ahora; con este tiempo que hemos estado separados, igual y tenemos un futuro juntos, de hacer realidad este compromiso falso y eso solo el tiempo nos lo dirá.

ALOOOOO CERECITOS! FELIZ INICIO DE SEMANA, AQUÍ LES DEJO EL SIGUIENTE CAPÍTULO, RECIÉN SALIDO DEL HORNO JAJAJA, ¿QUÉ OPINAN DE LA SITUACIÓN?

ESPERO SUS COMENTARIOS, UN BESO Y NOS LEEMOS EN EL SIGUIENTE CAPÍTULO.