Garfio estaba paseando tranquilamente por el bosque de Nunca Jamás cuando apareció Tigrilla de la nada para asustarlo y dejarlo en ridículo con la caída que provocó.

—No tiene gracia —le espetó al ver que ella se reía de él.

—Lo siento, lo siento. No pretendía asustarte tanto —respondió ella aún con una sonrisa en la cara mientras lo ayudaba a levantarse.

—¿Y a qué debo su sorpresiva visita alteza? —preguntó Garfio con burla. Sabía que no le gustaba que la llamasen así.

—Es sobre Peter. —dijo Tigrilla sin inmutarse de la provocación. Esto era un tema serio.

Aquella respuesta lo puso en alerta de inmediato y dejó a un lado las bromas para mirar a Tigrilla con preocupación.

—¿Le ha ocurrido algo malo?

—El problema es que no lo sé. Lo noto raro, pero no sé que le pasa.

—¿Y pensabas que yo sabría algo?

—Supuse que sí. Eres su mejor amigo.

—Sí, pero es verdad que ya no está tan pegado a mí. Tal vez sea porque ya no necesita una figura adulta que lo ayude.

—Tiene trece años Garfio. Va a necesitar una figura adulta unos cuantos años más.

—A lo mejor sólo quiere tener su espacio personal.

—Dormís en la misma tienda y nunca se ha quejado.

—Últimamente llega un poco tarde para dormir. Después de todo, suele darse paseos voladores después de cenar. ¿Crees que se está viendo con alguien?

—Garfio, te lo vuelvo a repetir: tiene trece años.

—¿Y qué?

—Que la persona más cercana a su edad en toda la isla será por lo menos diez años mayor que él.

—Vale, vale. ¿Y qué quieres que haga?

—Prueba a hablar con él. Contigo seguro que se abre.

—Últimamente está bastante callado. Puede que ya no me vea como a una persona con la que pueda hablar.

—Eres la persona en la que más confía. Habla. Con. Él —. Sentenció Tigrilla. Se estaba cansando de las excusas que le ponía el hombre.

—Sí, señora.

Los dos decidieron ir andando a la aldea, ya que se acercaba la hora de la cena. Cuando llegaron vieron a Peter charlando con unos aldeanos y Tigrilla le dio un codazo a Garfio.

—Ve a hablar con él.

—Primero, no me pegues que tienes fuerza y duele. Segundo, no creo que sea el mejor momento. ¡Prometo que lo haré después! —dijo cuando Tigrilla lo miró con cara de estar enfadada —. Te juro por lo que quieras que no pasará de hoy, pero es casi la hora de cenar y lo último que quiero es que se enfade por meternos en sus asuntos.

Tigrilla entonces se dio cuenta de que Garfio tenía razón. Si Peter se enfadaba con ellos justo antes de cenar puede que se fuese a dar el paseo volador sin haber comido nada, y eso tampoco era bueno. Se sorprendió a sí misma una vez más al darse cuenta de cuánto conocía Garfio a Peter, y de cómo lo cuidaba constantemente a su manera, esta vez asegurándose de que no se escapase a ningún lado sin cenar. Sabía que Peter estaba más irritable que cuando se conocieron.

—De acuerdo. —Cedió.

Los dos se acercaron al grupo con el que hablaba Peter para poder cenar con ellos tranquilamente junto con toda la aldea. No hubo mucha novedad durante la cena, nadie traía noticias nuevas. De lo que sí hablaron bastante fue sobre que tenían que reparar el barco de Barbanegra para poder viajar a por niños huérfanos a quienes dar hogar. Peter estaba encantado con esta idea, tenía muchas ganas de ver a su amigo del orfanato. A Tigrilla y Garfio les alegró saber que el niño tenía ilusión por algo, así que pensaron en intentar agilizar la reparación del navío.

Cuando la cena concluyó, Peter se fue a dar su paseo volador de después de la cena, y Garfio y Tigrilla decidieron irse a la tienda de la última a charlar un poco más. La química entre ambos era cada vez más notoria, pero Tigrilla seguía resistiéndose a los cumplidos del hombre. Cuando decidieron que se había hecho tarde Garfio le dio las buenas noches y se fue a su propia tienda para encontrársela vacía. La verdad es que no se esperaba otra cosa, pero como le había prometido a la jefa de la aldea que hablaría con Peter ese mismo día, decidió esperarlo despierto.