QUERIDO DIARIO

Por Cris Snape


Disclaimer: El Potterverso es de Rowling.

Esta historia participa en el Desafío número 12 (Situaciones absurdas) del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black. El reto planteado es el siguiente: Myrtle Elisabeth Warren (Myrtle la Llorona) se siente irremediablemente atraída por ese chico tan guapo e inteligente de Slytherin, Tom S. Ryddle. Para llamar su atención, intenta parecer más inteligente de lo que es pero solo consigue hacer el ridículo. Finalmente decide "secuestrar" a Tom y robarle un beso. Las consecuencias serás desastrosas.


2 de septiembre de 1942.

Querido Diario.

Hoy tengo dos noticias que darte, una buena y una mala.

La mala es que David Anderson no ha regresado al colegio. Ya sabes que es hijo de muggles y, como ha cumplido diecisiete años este verano, los señores del ejército se lo han llevado a la guerra y a lo mejor ya está muerto y todo. Es una lástima. David era un chico guapo y agradable. Ya sabes que me gustaba un poquito.

Vale, Diario. No te pongas así. Me gustaba muchísimo. A lo mejor te di un poco la lata el año pasado, pero lo hice con razón. Cuando una chica se enamora por primera vez, es normal que no pare de hablar de su amor. O eso creo yo. Pero no te preocupes. Dejaré a David en el pasado. Es una pena que haya tenido que ir a la guerra, pero son cosas que pasan. El hijo de los Parker se murió en Francia, ¿te lo dije ya? Peter, el que tenía las orejas de soplillo y los dientes de ratón. Pobrecito. Dicen que le pegaron un tiro en la cabeza. ¡Qué mal! ¿Cómo será la guerra, Diario?

Yo prefiero no tener que verla de cerca. Es verdad que los brujos tienen su propia lucha contra ese brujo, Gellert Grindelwald. ¿Sabes que se rumorea que está aliado con los nazis muggles? A mí no me extrañaría nada. Es tan malvado que es capaz de cualquier cosa para lograr sus objetivos. Pero no seguiré por ahí. Es demasiado complicado y desagradable para hablarlo contigo, querido Diario.

Además, te dije que tenía una buena noticia. Ahora que Davis está fuera de combate (bueno, espero que no, pero ya me entiendes), he descubierto la belleza de otro compañero de curso. Se llama Tom Ryddle y pertenece a Slytherin. Tiene el pelo negro como el azabache, la nariz de un centurión romano y los ojos más bonitos que he visto nunca. Y está macizo. En serio, Diario, creo que se pasa las horas muertas marcando músculo en algún rincón del castillo transformado en gimnasio muggle. Porque, ¿no te parece increíble que los brujos no hagan ejercicio? No es que yo lo eche de menos ni nada de eso (ya sabes que prefiero leer un buen libro o darme un garbeo por el vestuario de los chicos), pero no todo es magia en este mundo. Hay que cuidar la alimentación y empiezo a sonar como algún pesado del futuro.

Como te decía, Tom Ryddle es muy guapo y muy inteligente. Nadie en Slytherin gana tantos puntos para su casa como él y tiene ese aire de intelectual que vuelve locas a las chicas. De hecho, creo que no soy su única admiradora, lo cual es una molestia porque yo le vi primero y debería ser para mí, ¿verdad?

¿Qué crees que debería hacer? El año pasado me aconsejaste (a tu manera) que le confesara a David mis profundos sentimientos hacia él, pero no me atreví. No debería cometer el mismo error dos veces, ¿no crees? ¿Qué es lo peor que podría pasarme? ¿Que Tom Ryddle me rechazara? Creo que puedo vivir con eso.

En fin, Diario. Tengo que pensármelo. Nos vemos mañana.

Myrtle.


Tom lee con avidez ese ensayo sobre los horrocruxes. Lo ha hechizado para que, a ojos de todos los demás, parezca un librito de aventuras absurdas y romances edulcorados. Cuando Nott le interrumpe dándole un codazo en las costillas, siente ganas de probar con él alguna maldición de la Sección Prohibida de la biblioteca.

—¡Ey, Ryddle! Esa Ravenclaw te está mirando.

Tom alza la vista y se fija en esa chica en concreto. Tiene gafas y un rostro anodino.

—¿Quién es?

—Myrtle Warren, aunque todos la llaman Myrtle la Llorona.

—O Myrtle la Gafotas —interviene Avery.

—O Myrtle la Vacaburra —Mulciber completa la información.

—Vale, lo he entendido —Tom les hace callar alzando una mano—. Es una pardilla.

—Y es evidente que le gustas —Nott le da otro codazo.

—¡No me digas!

—Pero no es para ti. Es una sangresucia.

Tom hace un gesto de repugnancia absoluta y se indigna muchísimo. ¿Cómo se atreve semejante ser miserable a poner sus ojos sobre él? ¡Merlín! Está seguro de que le está contaminando incluso desde la distancia.

—¡Qué horror! Debería hacer algo.

—¿Por qué?

—Pues porque le gusto a una sangresucia, Nott.

—¿Piensas dignificar su indecencia haciéndole caso?

Tom se queda inmóvil. Myrtle Warren ya no le mira. Tiene los ojos clavados en el plato y se ha ruborizado muchísimo. Tom reflexiona sobre las palabras de su compañero y llega a la conclusión de que tiene razón. Él es superior a todos esos brujos de origen muggle, así que sólo puede hacer dos cosas cuando se trata de ellos: matarlos o ignorarlos. Y como supone que a Dumbledore no le hará demasiada gracia que decapite a una alumna, opta por seguir los consejos de Nott, el menos inútil de sus esbirros slytherinianos.

—Es verdad. Esa monstruosidad es tan insignificante que no merece ni un poco de mi atención.

—Además, seguro que es una idiota.

—Bueno, Mulciber, está en Ravenclaw. Se supone que es la casa de los inteligentes.

Nott carraspea.

—¿No hemos quedado en ignorarla?

Tom asiente, pero cae en la cuenta de algo de suma importancia y se siente bastante molesto. Mira a Nott con los ojos crepitando de furia pura y dura.

—Te recuerdo que tú has empezado todo esto.

—¿Yo?

—Si no me hubieras dicho que esa idiota me estaba mirando, yo ni me hubiera dado cuenta y esta conversación jamás hubiese tenido lugar.

—Bueno, Tom. Yo sólo intentaba comportarme como alguien normal —Nott se cruza de brazos, arrogante como él solo—. Es bastante agotador pasarse todo el santo día hablando sobre lo que haremos para esclavizar al mundo mágico, ¿sabes?

—Pues si tanto te molesta lo que hacemos, siempre estás a tiempo de presentar tu dimisión.

—¡Pero soy el tesorero! No puedes echarme.

—No te echo, te digo que puedes irte si quieres.

—No quiero dimitir ni irme a ningún sitio.

—Pues no lo hagas.

—Pues vale.

Avery y Mulciber observan toda la conversación en absoluto silencio. Nott se ha cruzado de brazos y Ryddle rechina tanto los dientes que parece a punto de arrancárselos de cuajo. No son los más inteligentes del grupito de amigos, pero saben perfectamente cuando es conveniente permanecer en silencio. Ven cómo Nott se mete en la boca un trozo gigante de tarta de manzana mientras Tom apura su taza de té de un solo trago. Avery se inclina para hablarle a Mulciber al oído.

—Entonces, ¿no podemos hablar sobre Myrtle la Tediosa?

—Creo que no.

No han debido hablar demasiado bajo, porque Ryddle les dedica una mirada furiosa.

—¡Tíos!

—Vale. Nos callamos.

Por suerte, el resto de la merienda transcurre sin más incidentes.


20 de septiembre de 1942.

Querido Diario.

Ya sabes que no soy una chica especialmente agraciada. No. No empieces, Diario. No me sueltes el rollo de la autoestima porque no necesito escucharlo. Lo que necesito es asumir la realidad y aprender a vivir con ello. Porque yo, Myrtle Elisabeth Warren, uso gafas, tengo la cara llena de granos y la cintura del tamaño de una rueda de tractor. De las ruedas traseras que son enormes y gordísimas, se entiende. Y tampoco pasa nada, ¿no? No todo el mundo puede ser guapísimo, inteligentísimo y simpatiquísimo. En este mundo también deben existir patitos feos de los que al final no se convierten en cisnes.

Pero bueno, a lo que voy. No soy guapa. Lo sé yo y lo sabes tú, Diario. Es obvio que Mi Tommy no se va a fijar en mi siendo como soy, así que necesito elaborar un plan de conquista. No puedo presentarme frente a él y decirle algo así como:

Hola, Thomas Sorvolo Ryddle. Soy Myrtle Warren y estoy locamente enamorada de ti porque estás buenorro.

No. Eso sólo serviría para estropear anagramas futuros y haría que Mi Tommy me mirase de manera rara. Así pues, he llegado a la conclusión de que necesito hacerme notar de otra forma. Y como entre mis grandes talentos no están ni la simpatía ni el ingenio, he decidido tirar de la principal característica de los Ravenclaw: la inteligencia.

Sí, Diario. A lo mejor estás pensado que, hasta el momento, no he hecho gala de ella demasiado a menudo, pero tiene que estar ahí. El Sombrero Seleccionador me puso en Ravenclaw por algún motivo. Si yo fuese tonta, me hubiera enviado a Gryffindor porque, no nos engañemos, son muy valientes pero tienen muy poco sentido común.

Como lo oyes, Diario. Voy a conquistar a Mi Tommy utilizando mi inteligencia. Aún no sé cómo se la voy a demostrar, pero espero encontrar la ocasión adecuada que me permita pavonearme ante él. Pronto será mío y eso sólo lo sabemos tú y yo, querido Diario.

Myrtle.


El bullicio en la sala común de Slytherin es insoportable. Por un lado están los estudiantes normales y corrientes que hablan a voz en grito sobre el próximo campeonato de quidditch, y por otro están ellos, los superiores, intentando organizar una asamblea en condiciones. Es muy importante acordar las malignidades que perpetrarán durante ese año académico, pero con tanto escándalo es imposible.

—¡A ver, tíos! ¡Hacedme un poco de caso!

—Pero Johnson está hablando sobre las pruebas para el equipo de quidditch y a mí me gustaría ser golpeador.

—¿De verdad quieres perder el tiempo con banalidades, Avery?

El pobre chaval pone cara de consternación y aprieta los labios antes de susurrar unas palabras.

—Pero el quidditch es divertido.

Tom entorna los ojos, bastante enfadado.

—¡Claro! Porque nuestro propósito en la vida es divertirnos, ¿verdad? Porque es mucho mejor revolotear por el aire con una estúpida escoba que redactar nuestro manifiesto ideológico.

Como nadie dice nada, Tom se siente envalentonado y prosigue con su arenga.

—El futuro del mundo mágico está en nuestras manos. Algún día todo se regirá bajo nuestras propias reglas y, para que eso pase, debemos planificarlo todo bien.

—¿Incluso durante el fin de semana?

—Sí, Mulciber. Durante el fin de semana también.

—¿Y los días de descanso?

Tom alza una ceja, sin poderse creer que le haya preguntado eso. Mulciber se encoge de hombros.

—Hasta los muggles tienen días libres.

Tom resopla y se acerca a Mulciber muy lentamente, con ganas de ahorcarle con sus propias tripas. Está bastante convencido de que no debe ser algo demasiado difícil de conseguir si se tiene un poco de práctica.

—Por supuesto que tendrás tu día libre. Y los futuros líderes rebeldes lo aprovecharán para tirarnos por un acantilado. Eres brillante, Mulciber.

Su compañero abre la boca como si fuera a decir algo, pero la cierra de golpe y mira al resto de chicos. Todos están muy tiesos y miran al frente, poco dispuestos a hablar con él.

—¿Vais a dejar de interrumpirme de una vez?

Nadie dice nada. Tom carraspea, aliviado.

—Tenemos que acordar quiénes permanecerán estas Navidades en el castillo para colarnos en la Sección Prohibida y tomar prestados algunos libros. ¿Qué me decís?

Una vez más, nadie dice nada. No les es posible porque un niño de primer curso se ha colado en el grupo y está inclinado delante de Tom, tendiéndole un trozo de pergamino.

—¿Qué es esto?

—Me lo han dado para usted, don Tom.

—¿Para mí? ¿Quién te lo ha dado?

—No sé. Un mago.

El niño hace otra reverencia y desaparece. Tom observa el pergamino, que está plegado, y siente una gran curiosidad. Se dispone a abrirlo cuando Nott le detiene con un movimiento rápido y veloz.

—Alto. Podría contener ántrax.

—¿Qué es eso?

—Es una cosa que usan los muggles para envenenar las cartas.

—Entiendo.

El ántrax sólo le parece interesante durante un segundo, hasta que cae en la cuenta de que una cosa de la gente que no hace magia no vale un carajo. Mira a Nott despectivamente y abre el pergamino, que tiene escritas a manos unas cuantas frases.

"Sabías que…

En Canadá hay más lagos que en el resto del mundo.

Bolivia es el país más plano del mundo y, además, posee el salar más largo del planeta.

Rusia es el país más grande del mundo y tiene frontera con dieciséis estados.

El país más antiguo del mundo es San Marino y está en Europa.

La frontera más larga de Francia está en Brasil.

En Bangladesh puedes ir a la cárcel por copiar en un examen.

Para más datos de interés, espera mis próximos mensajes"

Tom lee el pergamino un par de veces y, aunque contiene un par de detalles bastante interesantes, considera que lo mejor que puede hacer es despreciarlo, así que hace el típico comentario del que se cree mejor que los demás.

—Esto es una puta gilipollez.

—Bueno, lo de Bangladesh mola. Podrían hacerlo aquí.

—Tú alucinas, Nott.

—No. Yo me siento bastante seguro en ese sentido, ¿y tú, Avery?

—Vete al carajo.

—Tú primero.

—¡Basta! —Tom mira a sus dos secuaces con desprecio—. ¿Es que os tenéis que pelear por esa clase de tonterías?

—Sólo era una observación.

—Pues guardarlas para vosotros mismo. Y en cuanto a esto —Tom arruga el pergamino, lo aplasta con el puño y lo tira a la chimenea—. Ya está. Se acabó. Nunca he recibido esa nota patética, así que nada de hacer comentarios respecto a él.

Su grupo de amigos le observan con atención y, aunque hay algunos que no parecen del todo conformes con sus órdenes, todos terminan asintiendo y le obedecen.

—¿Podemos seguir con los planes de Navidad? ¿Sí? Muchas gracias.

Putos inútiles. Tom Ryddle comienza a plantearse la posibilidad de escoger unos esbirros nuevos. Los actuales le dan demasiados quebraderos de cabeza.


25 de octubre de 1942.

Querido Diario.

No estoy segura de que mi plan esté teniendo demasiado éxito. ¿Crees que debería firmar los anónimos con mi nombre?

Myrtle.


—¡Otro pergamino de la sabiduría!

Avery está absolutamente entusiasmado. A su lado, Mulciber da un saltito de alegría. Tom les observa con los ojos entornados y, sí, definitivamente necesita esclavos nuevos y más inteligentes.

—¿Qué coño os pasa?

—¡Te han mando otro anónimo! ¡Es fabuloso!

Tom encuentra que todos esos mensajitos son totalmente absurdos, pero al mismo tiempo contienen datos bastante interesantes. Así pues, le arrebata el trozo de pergamino a Avery y lo abre asegurándose de crear toda la expectación que puede. Sus esbirros se sientan en el suelo, rodeándole, y Tom se asemeja bastante a un profesor de guardería a punto de contarles un cuento a niños de cinco años.

—Muy bien, chicos. Vamos allá.

"Sabías que…

Hitler jamás subió a la Torre Eiffel porque era un vago.

Antes se creía que la fotografía capturaba el alma de las personas.

Nuestro aroma es tan único como nuestras huellas dactilares.

Los gatos duermen más del 70% de sus vidas.

La miel es el único alimento que no se pudre.

Para más datos de interés, tal vez te gustaría conocerme"

—¡Oh, qué interesante ha sido todo! —exclama Mulciber—. Ahora sé que lo de mi gato es normal.

—Pues mi abuela sigue pensando eso de las fotografías —afirma Avery.

—Y Hitler ni siquiera está muerto. ¿Cómo pueden afirmar que nunca subió a la Torre Eiffel? —Nott frunce el ceño—. Tiene todo el tiempo del mundo para hacerlo, aunque no sé quién querría subir tantos escalones. ¡Qué pereza!

—En cuanto a lo del olor —Mulciber le da un codazo a Avery—. El tuyo sí que es peculiar.

—¿Qué quieres decir, idiota?

—Nada de nada.

Mulciber y Nott se ríen mientras Avery se pone muy rojo. Es bastante consciente de que huele bastante fuerte, aunque no hace falta que se lo repitan constantemente. Tom le echa un nuevo vistazo a la nota y se centra en la última parte. La verdad es que toda esa información no está nada mal, pero no está seguro de querer conocer al autor de los anónimos. Es mejor mantener la magia del misterio porque lo más normal del mundo es que, al final, se sienta muy decepcionado.

—¿Quién creéis que hace esto? —inquiere, interrumpiendo bruscamente todas las conversaciones.

—No sé —Nott se encoge de hombros—. Alguien que tiene bastantes conocimientos.

Todos los demás asienten.

—A lo mejor podría conocerle en persona, ¿no?

Nadie dice nada. Tom toma la decisión por su cuenta.

—Sí. Creo que le conoceré.

Parece lo suficientemente inteligente como para formar parte de sus esclavos. Es decir, de su grupo de amigos. Se pone en pie y sale de la sala común dispuesto a encontrarse con su informante secreto, aunque en realidad no tiene forma de hacerlo porque no sabe quién es. Tal vez la próxima vez espere una respuesta de su parte y puedan quedar en algún lugar del castillo. Sí, suena bien. Acabará con la intriga y será dichoso. Seguro que sí.


20 de diciembre de 1942.

Querido Diario.

¡Ha dicho que sí! ¡Mi Tom quiere conocerme!

De acuerdo. A lo mejor debí hacer la sugerencia hace semanas, pero me asustaba un poco. Es que Tom es tan guapo que prefería mantener viva toda esta fantasía dentro de mi cabeza. Ya sabes. Los sueños húmedos que te cuento, los plantes de futuro juntos y todas esas cosas que me imagino y que, con un poco de suerte, algún día se harán realidad.

¡Estoy nerviosísima! ¿Cómo debería organizar el encuentro? Tengo que planearlo con muchísimo cuidado. Puesto que las vacaciones de Navidad ya han llegado, lo planificaré todo desde casa. Con un poco de suerte, convenceré a mis padres para que me compren un vestido nuevo y me hagan un corte de pelo diferente. No estoy del todo segura de que el actual me siente demasiado bien. Se meten un poco conmigo y me llaman Myrtle la Despeinada. ¡Qué exageración! A veces tengo la sensación de que la tienen tomada conmigo. No tienen motivos para torturarme de esa manera, pero eso no es lo importante ahora. Cuando Tom Ryddle descubra mi identidad y se enamore perdidamente de mí, estoy segura de que me defenderá de todos esos idiotas que me insultan. Sobre todo de Olive, esa guarra descerebrada.

En fin, Diario. Ya te iré contando cómo lo planifico todo. Por el momento, me daré un paseíto por la biblioteca y consultaré otro de esos libros de datos curiosos. A veces te encuentras con referencias que corresponden a cosas que pasarán en el futuro, lo cual resulta un poco perturbador pero que puede explicarse porque, bueno, los libros los hicieron unos magos.

Ya escribiré en ti,

Myrtle.


Tom observa la sala común de Slytherin. Gracias a la Navidad, se ha quedado agradablemente vacía. Sólo un puñado de niños se han quedado por allí, aunque ninguno parece predispuesto a acercarse a él. Tom se acomoda junto a la chimenea y Nott no tarda demasiado en reunirse con él. Al final ha decidido sacrificarse y ayudarle en su búsqueda de libros prohibidos en la biblioteca.

—Qué distinto está Hogwarts durante las vacaciones.

Nott parece sorprendido. Tom, en cambio, se muestra indiferente. Está bastante acostumbrado a pasearse por Hogwarts cuando no hay más estudiantes dando vueltas por allí.

—Es silencioso.

—Me pregunto si la falta de bullicio no jugará en nuestra contra. El bibliotecario nos vigilará con más celo que nunca.

—No te preocupes por él. Se fía de mí lo suficiente como para dejarme a mi aire.

Nott se ríe por lo bajini y le da un palmetazo en el hombro.

—No sé cómo te las apañas para engañar a los profesores, tío. Si se te ven las malas intenciones desde lejos.

—Uno, que tiene numerosos talentos que te son desconocidos.

—Mira que eres presumido.

—Y un carajo. Soy el mago tenebroso más poderoso de todos los tiempos.

—¡Venga ya!

—Bueno, lo seré.

Tom se toma unos segundos para visualizar su futuro. Ahí está, galante y apuesto, con su corona y su cetro y todo el mundo inclinado a sus pies. ¡Qué maravilla!

—Y nosotros estaremos a tu lado. Espero que me des el Ministerio de Ilustración Pública y Propaganda.

—¿Qué dices?

—Pues nada, que me he estado informando sobre lo que pasa en Europa y hay un tan Goebbels que organiza unas campañas publicitarias de la hostia. Y a mí me encantaría seguir su ejemplo.

—Ese tal Goebbels… No me suena.

—Porque es un muggle.

Tom alza una ceja y aparece algo peligroso en su rostro.

—¿En serio, Nott?

—No me mires así. Si supieras lo que los nazis están haciendo, te darías cuenta de que no todos los muggles son unos completos ineptos. Éste tipo que te digo tiene un cerebro privilegiado.

—Pero es muggle.

—Podríamos matarlo sin problema, pero copiar sus métodos. Te digo que son muy efectivos y geniales.

—Ya. Encuentro que tu entusiasmo es encantador, pero estamos de vacaciones y no me apetece hablar sobre muggles. Me provocan dolor de estómago y ganas de vomitar.

Nott alza las manos y se ríe.

—De acuerdo. Hablemos de cosas más prosaicas. ¿Qué hay de tu informador secreto?

—Nada.

—¿Aún no te ha dicho cómo os conoceréis?

Tom niega con la cabeza. Lo oculta bastante bien, pero está disgustado y decepcionado. No es que admire la valentía como si fuera una virtud, pero si el informante fuera un poco menos cobardica, ahora mismo podría estar disfrutando de una conversación mucho más estimulante. Nott no está mal e incluso podría convertirse en Viceseñor Tenebroso, pero no sabe apenas nada sobre cosas curiosas del mundo.

—¿Sospechas de alguien?

—No se me ocurre nadie lo suficientemente inteligente. Es obvio que yo soy el mejor estudiante de Hogwarts y no sé quién podría estar a mi nivel. A lo mejor esa Gryffindor estirada, la que siempre usa moños.

—¡Ah, sí! Yo no creo que le gustes mucho. Arruga la nariz cuando te ve.

—Pues los Hufflepuff están descartados por completo. Son idiotas.

Nott se ríe y le da la razón.

—Si fuera alguien de Slytherin, a estas alturas lo sabríamos. Y me niego a creer que en Gryffindor exista más gente con cerebro.

—Un Ravenclaw, pues.

—Eso es.

Nott azuza un poco el fuego.

—A lo mejor es Fraser.

Tom reflexiona sobre ello y asiente.

—A lo mejor.

Esa conversación se agota enseguida. Tom apoya la cabeza en el respaldo del sillón y cierra los ojos para disfrutar del silencio. Desgraciadamente para él, Nott no es un chico que haya nacido para permanecer callado.

—Ahora que estamos solos, ¿vas a hablarme de tus otros planes?

A Tom le da un vuelco el corazón, pero está demasiado acostumbrado a disimular sus emociones y no se le nota nada.

—¿Qué otros planes?

—Los que implican asesinar a todos los sangresucia de Hogwarts.

Esa vez sí, Tom mira a Nott con pasmo absoluto. El muy idiota se ríe.

—Eres muy hablador mientras duermes.

No puede ser.

—Pero no pasa nada. Estamos de tu parte.

—Ya.

Tom se rasca la nuca. Su próximo objetivo vital consiste en encontrar una forma de cerrar la bocaza cuando esté dormido. Sus grandiosos planes no pueden irse al garete de una forma tan tonta.

—¿Qué es lo que digo?

—Habitualmente mencionas la Cámara Secreta. Por lo visto, Salazar Slytherin ocultó allí una criatura mítica que servirá para asesinar a los brujos de origen indigno.

—¡Uhm!

A Tom no le ocurre nada más que decir. Nott se acerca un poco a él y sigue sonriendo.

—Permíteme que insista. ¿Qué sabes de la Cámara Secreta?

Sospecha que se accede a ella a través de un cuarto de baño.

—No mucho más de lo que tú acabas de decir.

—¿Y de la criatura que vive allí dentro?

—Que debe estar hambrienta si lleva siglos encerrada.

Nott se ríe.

—¡Sí, joder! Se estará alimentado de ratas, la pobrecita.

—Imagínate la escabechina que organizará si algún día es liberada.

—Me temo que incluso los sangrepura deberemos apartarnos de su camino.

—Hogwarts quedará precioso.

Bromean un rato más. Al final, a Nott se le quitan las ganas de interrogarle y se marcha a la cama temprano. Tom se queda sentado en el sofá, pensando en todo lo que tiene pendiente de hacer en el próximo año 1943. Aprobar el curso, convencer a Dumbledore de que es un alumno modelo, abrir la Cámara Secreta, asesinar a los sangresucia y averiguar quién es su informante secreto.

¡Qué agotador!


15 de enero de 1943.

Querido Diario.

Ya está hecho. Le he enviado a Mi Tom una nota indicándole que lo estaré esperando esta tarde en el patio del colegio. Le he dicho que usaré gafas y llevaré una pluma de lechuza en la oreja.

Estoy muy nerviosa. Si me dice que me ama, seré la chica más feliz de todo el mundo mágico. Si me rechaza, serán tiempos muy difíciles para los dos. ¡Hay que conservar la esperanza! Sabes que soy optimista por naturaleza, así que confío en que todo salga bien.

Tom Ryddle y yo seremos felices y comeremos perdices.

Ya te contaré.

Myrtle.


Tom les ha prohibido rotundamente que le acompañen en esa pequeña aventura. Sus amigos se quedan en la sala común, expectantes y armando barullo. Tom abandona las mazmorras cuando llega la hora convenida y camina en dirección al patio interior del castillo. Es un rincón que encandila a mucha gente, pero a él le parece bastante feo y ñoño. En su opinión, citarse allí con el informante secreto no es un buen augurio, pero va de todas formas.

Ese día hace un frío del carajo y está nevando profusamente. Tom se cubre todo el cuello con su bufanda de Slytherin y se cruza de brazos cuando sale al exterior. No hay demasiada gente ahí fuera, tan solo los más audaces y estúpidos. Un grupito de niños de primero juegan a tirarse bolas de nieve y Tom se jura que los desollará con sus propias manos si se atreven a tirarle una. O si le dan por accidente, que viene a ser lo mismo.

Echa un vistazo a su alrededor en busca de cierta persona. Tiene que entornar un poco los ojos porque, joder, nieva muchísimo, y al final distingue la figura de una chica a unos diez metros de distancia. Tal y como suponía, su bufanda tiene los colores de Ravenclaw y Tom camina hacia ella. Cuando está lo suficientemente cerca, ve la pluma en su cabeza. Está vencida por el peso de la nieve y resulta bastante patética. Cuando sus ojos viajan un poco más abajo, distingue unas gafas redondas totalmente empañadas y…

No. Joder. Madre del Merlín Hermoso.

Es Myrtle la Espinilla Gigante.

Tom se caga en todos sus muertos y en los muertos de Warren y se detiene en seco. No piensa mantener una conversación con esa asquerosa sangresucia, ni siquiera por conocer alguna más de sus espléndidas curiosidades. Está a punto de darse media vuelta, pero la chica ya le ha visto y se acerca a él dando saltitos.

—¡Has venido!

No debe dignificar esas palabras con una respuesta. Está frente a ser inferior e indigno de su compañía. Hablarle será un error de proporciones siderales y, aun así, abre la bocaza.

—No me imaginé que pudieras ser tú.

Es frío y cortante. Myrtle parece un poco menos alegre, pero después se esfuerza por ampliar su sonrisa y da un saltito.

—¡Sorpresa!

—Sorpresa y una mierda, joder.

Tom chasquea la lengua. Vuelve a repetirse que termine con esa charla, allí y en ese instante, pero necesita una explicación.

—¿Tú me has enviado todas esas notas?

Myrtle asiente y se acerca un poco más a él.

—¿Te han gustado?

Tom se cruza de brazos y alza el mentón.

—No me creo que hayas sido tú.

Ahora sí, la chica pierde la sonrisa.

—¿Por qué?

—Creo que eres demasiado tonta.

Tom observa con deleite como Myrtle la Espantosa agacha la cabeza y se pone roja. A lo mejor es porque hace muchísimo frío, pero a él le gusta pensar que es gracias a él. No hay nada que le guste más en el mundo que disgustar a los demás.

—Pero he sido yo.

—Pruébalo. Dime unas cuantas cosas curiosas del mundo. ¡Venga! Ahora.

Myrtle abre la boca pero no emite sonido alguno.

—O hablas o me voy.

—Es que…

—¿Qué?

—Yo encontré todos esos datos en la biblioteca.

Tom alza una ceja. Tal y como se temía, todo ese lamentable asunto ha terminado en decepción.

—Ya veo. Pues escucha lo que te digo, Myrtle la Quejumbrosa. Como vuelvas a hablarme, mirarme o escribirme, te juro por mi magia que te arrancaré las manos y te fabricaré dos peinetas con ellas. Ahí te quedas.

Tom no ve cómo Myrtle la Llorona solloza amargamente. Regresa a su sala común y se jura que ese incidente no trascenderá más allá de Hogwarts. Es el momento más humillante de toda su existencia y no va a consentir que cuando sea el Señor Tenebroso, se metan con él por ese motivo. Vaya que no.


15 de enero de 1943.

Diario.

Te odio.

Myrtle.


20 de enero de 1943.

Odiado Diario.

Mis sentimientos negativos hacia ti aún perduran en el tiempo, pero necesito desahogarme de alguna manera. Tú eres lo más parecido a un amigo que tengo y, aunque eres pésimo dando consejos, no me queda más remedio que recurrir a tu compañía.

Estoy muy triste. No he conseguido que Tom Ryddle me ame y ahora me asusta. Temo mirarle porque sé que lo hará. Me convertirá en una peineta gigante.

¡Qué mal, Diario! ¿Por qué todo lo malo tiene que pasarme a mí? ¿Por qué la gente no puede quererme?

Adiós, Diario. No sé cuándo volveré.

Myrtle la Llorona.


20 de febrero de 1943.

Diario.

Hace mucho que no escribo en ti. Sólo quiero decirte que todo sigue siendo tan malo como siempre y que sólo tengo ganas de llorar. Fíjate, hasta he mojado tus páginas con mis lágrimas.

Myrtle.


30 de marzo de 1943.

Querido Diario.

Hoy ha sido un día espantoso. Mi madre me ha escrito y me ha comunicado una noticia horrible. David Anderson se ha muerto en la guerra. Es oficial. Su cuerpo está en una fosa común en algún lugar de Francia y sus padres no podrán ir a llevarle flores jamás. Es tan triste que casi no me acuerdo de lo que ha pasado con Tom. Y digo casi porque es terrible tener que encontrarme todos los días con él por los pasillos, tan guapo y tan desagradable conmigo.

No sé por qué tiene que ser tan borde. No quiere ser ni mi amigo ni mi enamorado. Pues vale. No lo seas, pedazo de hijo de tu madre, pero no hace falta que te rías de mí con tus amiguitos de Slytherin como si fueras una Olive de la vida.

El mundo es un lugar cruel y a veces me apetece irme al otro lado del velo. A lo mejor allí se puede ser un poco más feliz.

Adiós, Diario.

Myrtle.


15 de abril de 1943.

Querido Diario.

Hoy ha sido un día bastante raro. Al principio, ha sido tan malo como todos los demás. Olive y sus amigas se han reído de mí, Tom me ha mirado con desprecio y hasta he metido la pata en un examen de Transformaciones, que me encanta y es mi asignatura favorita. El problema es que una persona no puede centrarse en los estudios cuando tiene el corazón roto y, además, tiene que lidiar con gente muy antipática todo el rato.

Como te imaginarás, he terminado llorando en el cuarto de baño y he pasado allí toda la tarde, hasta que las tripas me rugían de hambre y me he sentido bastante mareada. A lo mejor debería confesar que llevo tres o cuatro días sin comer demasiado porque de alguna manera podré adelgazar, ¿no? La cuestión es que estaba a punto de caerme al suelo, pero entonces ha llegado el profesor Dumbledore y me ha preguntado por mi examen mal hecho y yo he terminado confesándole que estaba llorando porque todos son malos conmigo. Él me ha dicho que eso pasa porque no me conocen en realidad y me ha animado a luchar por las cosas que quiero. Ni siquiera he necesitado comer nada para sentirme muchísimo mejor y tomar una firme determinación.

Se acabó Myrtle la Llorona. A partir de ahora seré Myrtle la Osada y haré todo lo que me venga en gana. Perseguiré mis objetivos y no me detendré hasta hacer realidad mis sueños. ¿Y qué es lo primero que haré?

Lo has adivinado, Diario: conquistar a Tom Ryddle.

Se acabaron los rodeos y los subterfugios. No le mandaré cartas anónimas esta vez ni fingiré ser una persona que no soy. Me plantaré frente a él, le diré que estoy enamoradísima de su persona y le daré un besazo en los labios. Seré tan apasionada que no podrá resistirse a mis encantos. Y cuanto termine el curso escolar, Tom será de verdad Mi Tom y obtendré la felicidad que tanto me merezco.

Así será, Diario. Te lo juro.

Myrtle.


La entrada de la Cámara Secreta debe estar por ahí. Tom se pone de rodillas en el suelo y acerca la oreja al suelo. Puede escuchar los susurros en las tuberías y, aunque su investigación sobre todo aquel asunto no ha sido demasiado esclarecedora, sabe que la criatura de Salazar Slytherin es un basilisco. Puede escucharlo y entiende lo que dice.

—Me aburro muchísimo, colega. Sácame de aquí o me volveré loco. Llevo mil años encerrado, sin nadie con quien hablar. ¿Sabes lo que es eso? Date prisa, por favor.

Tom ha llegado a la conclusión de que el basilisco es un puñetero coñazo y está tentado a dejarle allí para siempre, por pesado. No obstante, el bicho le ha prometido una cosa bastante chula.

—Me comeré a todos los sangresucia que quieras, pero libérame. No puedo más. ¿Sabes lo que se siente cuando quieres ir al baño, pero no puedes? Pues multiplícalo por mil y muestra un poco de piedad.

A Tom no le parece que la piedad sea una cosa positiva, pero las masacres estudiantiles sí le gustan un poco más, así que se esfuerza todo lo que puede por llegar al quid de la cuestión. Sabe que está muy cerca. Cerquísima. Seguro que la entrada tiene una contraseña y sólo necesita averiguar las palabras mágicas. Tom se sienta en el suelo y reflexiona.

—¿Cómo te abres? ¡Ábrete Sésamo!

Nada.

—¡Alohomora!

Tampoco.

—¡Me cago en la puta!

Va a ser que no. Tom se siente frustrado. Sabe que la respuesta está muy cerca y le da mucha rabia no encontrarla. Está a punto de liarse a patadas con un lavabo cuando alguien entra en el baño y cierra la puerta con mucha decisión. Apenas se ha puesto de pie cuando ve a Myrtle la Espantosa frente a él.

—Voy a ser clara contigo —dice, alzando un dedo frente a su cara—. Me gustas mogollón y vas a ser mi novio. Quieras o no.

Tom no siquiera puede reírse. Es demasiado demencial. Esa chiquilla es ridícula y se merece ser la primera víctima del basilisco, así que lo que hace le pilla por sorpresa. Myrtle Warren se agarra a su cuello y le da un beso en todos los morros. Es desagradable y muy incómodo y Tom pelea para separarse de ella. Cuando lo consigue, siente que han abusado de él de una forma horrible.

—¿Qué haces, maldita loca?

—Lucho por lo que quiero. Y te quiero a ti.

—¡Pues yo no te quiero a ti!

—Tendrás que aguantarte. Estoy decidida a no aceptar una negativa por respuesta.

Intenta besarle de nuevo, pero Tom consigue reaccionar y recuperar su personalidad de Señor Tenebroso en ciernes. Porque hay que reconocer que un súper villano auténtico jamás consentiría que una niña fea y loca le hiciera algo como aquello. Así pues, saca la varita y le apunta a la cara con ella.

—Escúchame, Myrtle la Chiflada. Como vuelvas a acercarte a mí, estás muerta.

—Pero.

—Nada de peros. ¡Fuera de aquí!

Está tan enfadado que sus ojos brillan como si albergasen el mismísimo infierno. El amor que siente Myrtle se transforma en terror genuino y no le queda más remedio que salir corriendo. A la porra con Myrtle la Osada. Myrtle la Superviviente es una chica mucho más guay.


28 de abril de 1943.

Querido Diario.

Fracaso total.

Además, estoy muy asustada. No sé por qué no me he dado cuenta antes del miedo que da Tom Ryddle. A mí me parece que Satanás vive en su interior. He debido estar muy cegata para no verlo y te aseguro una cosa: ya no me gusta.

Eso sí, por lo menos he podido darle un beso y eso no me lo quita nadie.

Hasta pronto, Diario.

Myrtle.


—Así que tú besaste al Señor Tenebroso.

Draco Malfoy la observa con los ojos abiertos como platos. Está sentado justamente en el retrete en el que murió Myrtle y por lo menos ha dejado de llorar. Escuchar una historia tan sumamente fascinante le ha hecho olvidar sus miedos y sufrimientos actuales, aunque haya sido durante un rato.

—Ya te he dicho que en aquel entonces se llamaba Tom Ryddle.

—No estoy seguro de que esa sea una información que deba conocer.

—¿Por qué no?

—Creo que a él no le gusta recordar que un día fue Tom Ryddle. Le gusta ser el Señor Tenebroso.

—¡Bah, que tontería!

Myrtle da una vuelta por el aire y rememora los buenos tiempos. Estar viva no estuvo mal del todo, aunque le ocasionó mucho dolor. Los estudiantes eran malos entonces y lo siguen siendo ahora. Todos excepto Draco, que es un encanto.

—¿Y cómo besaba?

—¿Tom?

Draco asiente.

—Bueno, no era nada del otro mundo. No creo que tuviera demasiada experiencia.

—Seguro que estaba demasiado ocupado planificando la conquista del mundo.

No es habitual que Draco bromee. De hecho, parece arrepentirse nada más hablar, así que Myrtle se carcajea para animarle.

—¿Qué pasó después?

—Tom empezó a mirarme incluso peor que antes. Yo procuraba no cruzarme con él demasiado a menudo porque daba muchísimo miedo. Creo que quería matarme y al final lo hizo.

Draco parece sorprendido e interesado por esa parte.

—¿En serio?

—Usó a su serpiente gigante. Yo me había encerrado en este baño para llorar porque una chica horrible se metió conmigo y Tom apareció. Si hubiera sabido que era él, jamás hubiera salido para enfrentarle, pero me di cuenta demasiado tarde y me morí. Y aquí estoy.

—Eso no está bien.

—No, pero al menos puedo ver a los chicos en las duchas.

Myrtle le guiña un ojo y Draco se siente muy incómodo. Tanto que busca algo más que decir.

—¿Y el diario?

—¡Oh! Eso fue lo peor de todo. Tom le arrancó todas las hojas que yo había escrito, hizo aparecer su nombre en la cubierta y se lo quedó. ¡El muy ladrón!

Draco asiente y otra vez siente que el peso del presente le aplasta contra el suelo. Myrtle se acerca como si pretendiera consolarle y acariciarle, pero no puede tocarle. Es una fantasma.

—Todo saldrá bien.

—Ojalá sea verdad.

—Y si te mueres, no te preocupes. Yo estaré contigo por toda la eternidad.

A Draco no le hace mucha gracia la idea, pero Myrtle sonríe mientras se aleja flotando por el aire porque tener un amigo es bueno y la hace feliz. Es lo único que ella quiso cuando estuvo viva y es lo que tiene ahora que está muerta.


Hola, holita.

Me va a costar un poco calificar este fic como Humor o como Parodia. Creo que me decantaré por la segunda opción porque he metido cosas un poco absurdas. Para mí, lord Voldemort no pide otra cosa más que parodia, parodia y parodia. Algún día tendré que escribirle alguna más bestia y absurda que esta. Lo pensaré. La cuestión es que me he divertido mucho haciendo este reto. No pensé que la idea inicial fuera a inspirarme tanto.

Espero que os haya gustado. Besetes y hasta pronto.