¡Hola chicas y chicos! Luego de mil siglos acá estoy nuevamente. No voy a pedir disculpas por mi demora, porque no merezco que me perdonen… En realidad luego de noviembre he entrado en una mala racha de inspiración, y de capacidad para concentrarme y ponerme a escribir. No pongo lo anterior como excusa, sólo quiero que estén informadas del porqué de mis largas ausencias. Espero pronto superar esta etapa y volver a la normalidad.

Por lo que sí les pido una enorme disculpa es por actualizar sin contestarles los reviews del capítulo pasado. El cargo de conciencia me tenía muy estresada, y como hoy concluí el capítulo no quería que pasara un día más sin subirlo. Durante lo que resta de la semana prometo responderles como siempre lo he hecho.

Quiero darle las gracias a mis chicas hermosas que siempre me están alentando a escribir, que continuamente me presionan y me dan ánimos para seguir. No digo nombres porque ustedes saben quiénes son. ¡Gracias de corazón!

Les advierto que este capítulo no es muy grandioso que digamos, así que no esperen mucho de él. En realidad no es una recompensa justa por todo lo que les hecho esperar. Sin más, espero que disfruten su lectura…

Disclaimer

Los personajes no me pertenecen, son de la maravillosa, pero cruel, de Rumiko Takahashi; la cual, debido al trauma que me dejó, me obligó al vicio de leer y escribir fanfics.

La Historia de Nuestro Amor

Capítulo XVII Encuentros Inesperados

El golpe de la puerta prácticamente encima de mi nariz me dejó perplejo. Mi reacción inicial debía ser ir tras a ella e intentar que me perdonara por siempre hablar de más; sin embargo, estaba estático con la mirada fija en la superficie que tenía frente a mí. Era un idiota… ¿Por qué demonios tenía que ofenderla cada vez que me veía intimidado por sus ojos brillantes, su dulce voz, o ante el peligro de una confesión que no estaba seguro de poder pronunciar? Mi defensa siempre era optar por la salida más fácil, y esa era mentirle o decirle alguna estupidez.

Sacudí mi cabeza de forma frenética, esperando que con ello las ideas se acomodaran. Finalmente reaccioné y salí del vagón. Al poner un pie afuera me percaté de un detalle importante: ¡había dejado mi equipaje adentro! Entré nuevamente a la velocidad de la luz y empecé a buscar mis pertenencias. Tenía que darme prisa antes de que el tren se pusiera en marcha.

Torpemente caminé a toda prisa en busca de mi equipaje, pero no recordaba el lugar exacto donde lo había dejado. Me maldije un par de veces mientras recorría los vagones. Finalmente divisé lo que buscaba y tomé rápidamente la mochila con mis cosas. Cuando estaba a punto de festejar mi hallazgo, el ligero movimiento del tren retomando su curso hizo que mi emoción se viniera abajo.

-Maldición- mascullé preocupado.

¡Sólo a mí me podía pasar algo semejante! Tenía que bajar del tren cuanto antes, o de lo contrario no podría abordar el transbordador en el cual el resto del mi clase iba a viajar hasta llegar a Okinawa. Comencé a correr, en el trayecto pude notar las miradas curiosas de los pasajeros y algunos susurros. Finalmente llegué al último vagón.

-¡Oiga! ¿Qué está haciendo? ¡No puede pasar!- me informó el guarda de seguridad.

-¡Necesito bajar, me están esperando!- le respondí algo fastidiado.

-Lo siento joven, la próxima parada es dentro de 45 minutos-. Desconfiado apoyó su cuerpo contra la puerta impidiéndome el paso.

Me quedé en silencio ingeniando alguna forma de salir de ahí cuanto antes. Pude haberlo golpeado en el acto, dejarlo inconsciente, pero mi intención tampoco era hacerle daño al pobre hombre; al fin de cuentas sólo estaba haciendo su trabajo y en realidad me daba pereza gastar energías.

-De acuerdo, esperaré a llegar a la siguiente estación- le dije mientras me giraba.

-Yo le avisaré cuando pueda bajar- contestó algo desconfiado.

-Creo que se le cayó ese billete de mil yens- afirmé señalando el piso.

-¿Dónde?- cuestionó el guarda quien miraba de un lado a otro, y despegó su cuerpo de la salida.

-Están ahí, cerca de ese asiento-.

-¿De cuál asiento?- El señor se puso de cuclillas para ver mejor.

-¡De ese!- Rápidamente salté por encima él, le di un pequeño golpe con el talón en parte trasera de la cabeza de forma que lo saqué de balance y el guarda cayó al suelo. Sabía que no lo había lastimado, sólo apliqué un mínimo de fuerza para aturdirlo.

-¡Lo siento, pero tuve que hacerlo!- le grité mientras abría la puerta del vagón y una fuerte brisa entraba al compartimiento.

-¡Eres un chico demasiado insolente! ¡Me la pagarás!- vociferó poniéndose en pie y corriendo para llegar hasta mí.

Salté sobre la barandilla de metal y le lancé una sonrisa de satisfacción, -¡Hasta luego!- pronuncié con tono de burla, posterior a eso me lancé del tren.

No miré hacia atrás, sin embargo, estaba seguro que ese guarda debió quedar con una cara de incredulidad muy graciosa. Corrí a toda prisa a lo largo de la línea del tren. No estaba seguro de cuánto habíamos avanzado desde que la máquina comenzó a moverse, pero debía darme prisa… si no llegaba a tiempo al transbordador estaba perdido.

Por suerte el trayecto no fue muy largo, luego de unos minutos pude divisar el mar y la embarcación. Apresuré mi paso hasta que finalmente pude distinguir la figura de Yuka, quien estaba cerca de la rampa por la cual de seguro todos habían abordado. Al percatarse de que yo iba en camino me ondeó su mano de forma amigable.

-¡Ranma!- le oí gritar conforme me aproximaba.

Lancé un suspiro de alivio, -Menos mal que aún no han partido-.

-Llegaste justo a tiempo, estábamos a punto de salir… ¿Dónde estabas?- me preguntó preocupaba.

-Eh… es que olvidé mi equipaje en el tren- confesé avergonzado.

-¡Vamos, entra ya!- ordenó mientras jalaba la manga de mi camisa roja. Mi primera reacción fue una mueca de sorpresa, sin embargo, luego me sentí un poco disgustado por ser llevado a rastras.

Una vez que abordé la embarcación Yuka desapareció. Eché un vistazo y todo lucía normal. Al paso de unos minutos el transbordador comenzó su marcha a través del océano. Tuve mucha suerte de llegar antes de partiera…

Me encontraba asimilando lo ocurrido cuando recordé que debía buscar a Akane para hablar con ella. No estaba seguro de qué le iba a decir, pero lo mejor era que lo hiciera antes de que se enfadara más conmigo. Nuestra situación era bastante tensa y lo que menos deseaba en aquel momento era que estuviera enojada o resentida por las groserías que siempre salían de mi bocota. ¿Cómo podía explicarle que lo que decía no era del todo verdad, que las palabras surgían por inercia y que no podía controlarme? Era poco probable que me comprendiera o me perdonara, sin embargo, tenía que hacer el esfuerzo… Sólo tenía que hallarla y encontrar una manera de decir las cosas bien.


El ligero movimiento de las ondas que se formaban en el mar estaba logrando calmar aquella mezcla de sensaciones que se apoderaban de mí: tristeza, decepción, nostalgia, enojo, y sin quererlo una pizca de ilusión. Era una idiota; seguía comportándome de aquella forma tan absurda frente él, siempre exponía mi lado sensible sin poder evitarlo. De nuevo le había demostrado que sus palabras me herían, y que lo que pensaba sobre mí me afectaba. Al menos me quedaba la satisfacción de haberme podido controlar y no estallar ahí mismo por culpa de la ira.

¿Cómo fui tan idiota para creer que soñaba conmigo… y lo peor en qué momento se me ocurrió poner ese detalle en evidencia? Tragué una profunda bocanada de aire, esperaba que con ello las ideas se aclararan dentro de mi cabeza. Me sentía como una tonta; aunque si lo pensaba detenidamente, él había pronunciado mi nombre mientras dormía, eso de seguro significaba algo. El punto era que si soñaba conmigo o no ya no era importante, ¡Ranma me había ofendido una vez más y estaba harta de tener que soportar sus insultos! ¡No quería volver a escuchar que era fea, poco femenina, gorda, torpe, o ningún otro de sus constantes calificativos!

-Akane…-

La voz que pronunciaba mi nombre me sacó de mis cavilaciones, sabía bien que se trataba de Yuka. Volteé la cabeza y ella estaba sonriente caminando hacia mí.

-¡Qué bueno que te encontré!- me habló de forma entusiasmada, -Por un momento llegué a pensar que por poco pierdes la embarcación como Ranma-.

Su afirmación me pareció un tanto extraña; yo misma había ido a avisarle a Ranma que bajara del tren, así en que no había motivo por el cual no lograra llegar al transbordador al tiempo. Creo que la expresión de mi ceja enarcada alertó a mi amiga de que no estaba comprendiendo del todo la situación.

-¿Acaso no te diste cuenta?- me preguntó curiosa.

-¿Qué cosa?- le repliqué sin poder disimular las ganas por enterarme de lo que le había sucedido con "mi prometido".

-Ranma dejó su equipaje en el tren y por poco no aborda con nosotros-.

¡Ese bobo… cómo fue a dejar sus cosas antes de bajar! pensé alarmada; aunque si analizaba la situación detenidamente se lo tenía merecido. Quizás ese era un pequeño castigo por haberme ofendido de la forma en que lo hizo. Yo que amablemente fui a buscarlo y el muy cretino se atrevía a insultarme. Estaba tan ensimismada en mis reflexiones que no estaba prestando atención a lo que Yuka me decía. Me di una bofetada mental y volví a enfocar mi atención en ella.

-Por suerte yo estaba controlando todo y me quedé esperando hasta que llegara. El pobre, menos mal que lo logró a tiempo…-

Fruncí ligeramente el ceño ante el comentario compasivo de mi amiga. -¡Se lo tenía merecido, eso le pasa por ser tan desconsiderado!-

Yuka me dio una mirada de desaprobación, -¿No me digas que te volviste a pelear con Ranma?-

Volteé mi rostro suavemente hacia otra dirección para esquivarla. -Por favor, no te disgustes por lo que voy a decir, pero no deseo hablar al respecto- pronuncié lo más calmada que pude.

Ella se quedó en silencio. No quería que se sintiera mal, así que decidí darle la cara nuevamente y regalarle una sonrisa. Yuka sonrió de vuelta y captó el mensaje. Me sentía muy afortunada de contar con amigas como ella que siempre estaban ahí preocupadas por mí, sin embargo, había ciertos temas sobre los cuales no podía, o no estaba preparada, para hablar abiertamente.

-¿Quieres venir a comer algo?-

-Gracias, pero quizás luego. En este momento no tengo hambre- la respondí cortésmente.

Yuka sonrió, -Bueno, te dejo sola, nos veremos luego-.

La miré marcharse y respiré hondo. No quería lucir como una chica débil que le daba demasiada importancia a las cosas que sucedían con su estúpido "prometido"; sin embargo, algo estaba mal conmigo últimamente. Tenía que admitir que por alguna razón estaba más sensible y las cosas que sucedían con Ranma me afectaban más de lo que yo quería reconocer. -No puedo dejar que esto me siga sucediendo…- musité mientras mi mirada se volvía a perder en el azul intenso del mar que era iluminado por el sol de la tarde. Sólo necesitaba un par de minutos más para relajarme y volver a mi estado de ánimo habitual.


Caminaba distraídamente por la embarcación; no quería lucir desesperado, ni tampoco que mis compañeros o compañeras se dieran cuenta que estaba buscando Akane. Si lograba dar con ella quería que las cosas se dieran de la forma más "natural" posible. La idea de disculparme se hacía cada vez menos atractiva. Quizás la suerte estaría de mi lado y para la hora en que la encontrara ella estaría calmada y comportándose como si nada hubiera pasado.

Una fría gota de sudor rodó por mi sien… ¿A quién quería engañar? Por lo forma en que estaban las cosas con ella era probable que se negara a hablar conmigo, o bien que tuviera uno de sus ataques de rabia y diera mi merecido. Lo que más me preocupaba era el hecho de que ni siquiera me hubiera golpeado por haberla ofendido, eso quería decir que estaba muy molesta. Aunque en realidad no tenía motivos para estarlo, ella fue quien insistió en molestarme con el tema del sueño; me vi obligado a defenderme.

Iba concentrando reflexionado sobre lo que era más conveniente para mí cuando escuché unas voces que me resultaron muy familiares. Llegué al borde de la pared que estaba paralela a las barandas que daban la terraza del transbordador. Afiné mi sentido de la audición, pero en realidad estaba casi seguro de que se trataba de Akane y de Yuka.

- Por suerte yo estaba controlando todo y me quedé esperando hasta que llegara. El pobre, menos mal que lo logró a tiempo…- Le escuché decir a Yuka.

Despacio pegué mi espalda a la superficie y asomé la cabeza por el borde para ver lo que sucedía. Ahí estaban las dos conversando tal y como me lo esperaba. Akane estaba con el entrecejo fruncido, "algo muy extraño en ella", pensé con ironía. Me escondí nuevamente para continuar escuchando. Sabía que no estaba bien, pero estaba hablando de mí; la curiosidad pudo más, así que me quedé en mi posición sin mover un dedo…

-¡Se lo tenía merecido, eso le pasa por ser tan desconsiderado!-

¿Con qué me tenía merecido lo que me pasó? -Niña boba…- mascullé por lo bajo.

-¿No me digas que te volviste a pelear con Ranma?- le preguntó Yuka con un tono de preocupación.

-¿Ranma?- Al escuchar mi nombre por poco me da un infarto. Me separé de la pared de golpe y miré asustado a Ukyo quien me veía con una expresión de desconcierto.

-¿Qué hacías recostado de esa forma? Parece como si estuvieras escondiéndote o espiando- afirmó mientras se acercaba al borde de la pared con intenciones de mirar lo que estaba al otro lado.

-Eh… yo…yo…- balbuceé nervioso.

¡Maldición! El pánico me invadió. No podía permitir que Ukyo se diera cuenta que espiaba la conversación que tenían Yuka y Akane. Lo único que se me ocurrió en ese momento fue desviar su atención… La rodeé a la altura de los hombros con mi brazo y la halé hacia mi costado.

-Yo estaba buscando un lugar en donde comer algo- le dije mientras la atraía un poco más. Esperaba que con mi acción ella olvidara por completo la forma en que me había encontrado.

-Creo…-

-Sabes, me encantaría comer uno de tus okonomiyakis- la interrumpí, -¡Tus platillos son mis favoritos y me muero de hambre!- finalicé con una risa nerviosa. Aproveché el momento para caminar y llevarla conmigo, al menos así lograría alejarla del lugar.

Noté que Ukyo estaba algo roja, -¿Enserio mis platillos son tus favoritos?- me preguntó con la cabeza baja y jugando con sus dedos.

Como ya estábamos bastante lejos fui quitando mi brazo pausadamente, la situación se estaba tornando algo tensa. No quería que malinterpretara mi gesto. -Eh… claro que lo son, sabes bien que tus panes japoneses son los mejores-.

-¡Ay, qué emoción!- gritó ella sujetándose de mi brazo, -¡Te prepararé unos okonomiyakis muy sabrosos! ¡Por suerte vengo preparada con todo!-

No pude evitar tensarme ante su repentina reacción. Me vi tentando a soltar el agarre que tenía mi amiga de la infancia, pero pronto me vi casi arrastrado por ella… era mejor no luchar contra lo inevitable.


Transcurrieron varias horas hasta llegar a Okinawa. Según la información que nos dio Yuka el hotel en donde nos hospedaríamos estaba a escasos minutos del lugar donde el transbordador desembarcaba. Arribamos a un poblado que debía ser "el centro de la ciudad", ya que se podía ver mucho comercio en zona, varios puestos de ventas de comida y los característicos sitios en donde los turistas podían adquirir recuerdos de su estadía.

No había visto a Ranma desde que bajamos del tren; no es que quisiera verlo ni nada parecido, pero me resultaba extraño no saber nada sobre él aparte de lo que Yuka me comentó. ¿Le había pasado algo malo otra vez? ¿Había logrado bajar a tiempo de la embarcación? Maldición… tenía que dejar de pensar en ese cretino. No se merecía ni una pizca de consideración, ni tampoco que estuviera preocupándome por él.

Necesitaba una distracción, y mirar tiendas parecía una idea perfecta. Sayuri había mencionado que tendríamos al menos una hora y media para conocer la ciudad antes de trasladarnos al hotel. Comencé a caminar entre los puestos coloridos llenos de artículos de la playa, trajes de baño, libros informativos de la ciudad y varios puestos de comida. Todos los locales parecían normales hasta que llegué a uno que emitía una energía muy particular; me quedé mirando el escaparate y divisé varios artículos: amuletos de la suerte, antigüedades, botellas de colores extraños que parecían contener pociones, sobres bordados y muchos objetos que a plena vista parecían estar relacionados con magia.

Pronto sentí la presencia de alguien que se paró a mi lado y comenzó a recorrer visualmente el aparador. Aquella persona tenía algo que me hizo sentir extraña, pero al mismo tiempo de un modo agradable. La curiosidad me dominó, alcé la mirada para poder detallar al extraño… Mis ojos se abrieron desmesuradamente, yo lo conocía… Era… era…

El impacto fue mayor cuando un par de hermosos irises de color azulado se posaron sobre los míos. Un fuerte escalofrío recorrió mi cuerpo, era una sensación agradable, pero que al mismo tiempo me llenaba de cierto temor...

-Shi… Shinnosuke…- pronuncié débilmente mientras emitía una sonrisa.

El chico no pareció reaccionar en primera instancia. Se quedó mirándome de una forma extraña, pestañeó un par de veces y habló, -¿Cómo sabes mi nombre?-

Por poco me caigo de espalda al oír su pregunta; olvidaba los serios problemas de memoria del muchacho castaño. -¿No me recuerdas?-

Shinnosuke se llevó el dedo índice a la barbilla y me observó con detenimiento. -Eh… yo… ¿cuál era su nombre?-

-Akane, Akane Tendo…- dije con decepción. Él no pareció reaccionar ante mi nombre así que me exasperé. -¡Akane Tendo, la chica que salvaste de uno de los monstruos del bosque de Ryugenzawa cuando era niña!- Su silencio era signo de que seguía sin reconocerme.

-Vamos, recuerda… Yo estuve cuando despertó el dragón de ocho cabezas y quien les ayudó a conseguir el musgo de la vida para curar tus heridas. Hace unos meses estuve hospedada en tu casa. Soy yo, Akane…-

Cuando mencioné el musgo de la vida una chispa de vida se activó en sus pupilas azules. Durante un par de segundos se quedó estático, pero luego me lanzó una mirada llena de emoción; envolvió mis manos con las suyas, las atrajo hacia su pecho y las oprimió con ternura.

-Akane- pronunció con seriedad, -Claro que te recuerdo, ¡qué gusto volver a verte!- confesó animado. Yo le sonreí con entusiasmo, me sentía feliz de saber que por fin me había reconocido.


Le di gracias al cielo que por fin acabara el tedioso viaje en el transbordador. Por culpa de mi indiscreción tuve que quedarme con Ukyo hasta arribar a Okinawa. En realidad no podía quejarme porque disfruté de sus ricos panes japoneses, pero por otro lado tuve que desistir de mi idea de buscar a Akane.

Convenientemente aproveché la confusión al desembarcar para quitarme a Ukyo de encima y retomar la labor de encontrar a mi "dulce prometida". Sentía una extraña necesidad de verla y comprobar que todo estaba bien. Estaba seguro que seguía algo resentida por lo que había pasado en el tren. Al bajar di un vistazo por la zona, sin embargo, no había señales de ella por ningún lado. ¿En dónde había podido meterse si recién llegábamos?

Sus amigas estaban tomando refrescos en uno de los tantos puestos de comida, pero Akane no estaba con ellas. Preguntarles directamente sobre el paradero de esa chica necia y temperamental no me pareció lo más discreto, así que preferí quedarme cerca y abordar a una de ellas de una forma casual. Cuando Sayuri se levantó para acercarse al mostrador aproveché y me dirigí al mismo lugar con la excusa de comprar algo de beber.

-¡Vaya, hace mucho calor!- espeté de forma casual.

-Sí, desde que llegamos no hemos dejado de tomar refrescos- respondió ella sonriente.

-Por cierto, ¿has visto a Akane?- cuestioné al entregarle el dinero a la dependiente.

-Cuando arribamos vi que iba rumbo a la zona donde están de tiendas- me respondió, -¿La buscabas para algo…?-

Su voz se perdió en la lejanía, ni siquiera esperé a que me diera más detalles. Si Akane no estaba con ellas lo más probable era continuara mirando los alrededores. Comencé a caminar entre la muchedumbre y los diferentes puestos. Admito que me sentí como un imbécil ante mi insistencia de buscarla, pero sencillamente no podía estar tranquilo, tenía el leve presentimiento de que debía hablarle o por lo menos estar cerca de ella.

Mis ojos recorrieron a toda prisa las diferentes tiendas y restaurantes, sin embargo no había rastros de "mi prometida". Algo ofuscado me recosté sobre un poste de alumbrado público y abrí el refresco que había comprado. Bebí despacio el líquido burbujeante que hizo cosquillas en mi garganta, el sabor refrescante era justo lo que necesitaba. Observé distraídamente a mis costados; al mirar hacia el frente noté que un numeroso grupo de turistas occidentales abordaban un autobús. La zona atraía a visitantes de todo el mundo, así que era común ver a muchos extranjeros.

El vehículo que había captado mi atención se puso en movimiento y develó una escena que jamás me habría imaginado. Al otro lado de la calle estaba Akane parada frente al aparador de una tienda que parecía de brujería. Mi sorpresa no era exactamente por haberla encontrado, sino por lo que mi cerebro estaba intentando procesar. Un infeliz estaba sujetando sus manos con mucho cariño y llevándolas hacia su pecho. Ella parecía de lo más cómoda con la situación y le regalaba una dulce sonrisa…

Mi sangre comenzó a hervir e inconscientemente comprimí con demasiada fuerza la lata que sujetaba, haciendo que un poco de líquido se desbordara. Fruncí el ceño, la mezcla de enojo y celos comenzó a hacer efecto… ¡Qué demonios significaba todo eso! ¿Cómo se atrevía ese infeliz a tocarla de esa forma tan afectuosa? ¿Y por qué rayos Akane permitía ese tipo de acercamiento por parte de un completo extraño?

-Un momento…- mascullé asustado cuando me percaté que la sabandija que estaba tan cerca de "mi prometida" no era ninguno desconocido. Al enfocar mejor su rostro me di cuenta que se trataba de… Shinnosuke…

Continuará…

Notas:

Finalmente el capítulo 17 está concluido y publicado… Uff… no tienen idea de cómo me costó terminarlo. Lo estoy escribiendo desde la primera semana de enero, pero he avanzado como una página por semana desde entonces. Lo sé, soy una completa decepción. T_T

Estoy segura que nadie se esperaba la aparición de Shinnosuke en escena… Muajajaja, les dije que tenía varias sorpresas y giros en la trama. ¿Por qué decidí incluirlo en esta historia? Primero, porque amo este personaje, quedé enamorada de él luego de ver la OVA. Digamos que es mi siguiente amor platónico después de Ranma. Segundo, porque amo ver a Ranma celoso. Y tercero, porque creo que su aparición marcó un punto importante en la relación de nuestra parejita preferida… Me resultó interesante plantear qué pasaría en el caso de un reencuentro y también me muero por hacer un flashback de lo que pasaba por la cabeza de Ranma cuando estuvieron en Ryugenzawa.

Como verán en esta ocasión no hubo ninguna regresión y el capítulo estuvo narrado por ambos personajes, es probable que esté manejando esta narración compartida más a menudo, dependiendo de la trama del capítulo.

Quiero darle gracias infinitas a las personas que sigan acá a mi lado, a pesar del tiempo que lleva este fic y las demores. ¡Gracias por leerme y no perder la fe en mí! Un agradecimiento muy especial a quienes me dejaron comentarios maravillosos en el capítulo pasado: AndreKimiko, Marce, Dika1990, Ishy, galadrielcullen, Adri, magdal, Tsukisaku, lerinne, Cris, Jenny y Marina. (Pronto pasaré a responderles, mis disculpas por no hacerlo antes).

Les agradezco muchísimo por haber leído hasta acá y por seguir al pendiente de este fic. Sus comentarios, sugerencias y palabras de aliento son bienvenidas. Me haría muchísimo bien leer sus reviews para motivarme y ver si la musa escurridiza vuelva a mí. Así que tomen cinco minutitos y escríbanme. ;D

Si ven alguna palabra mal puesta o error por ahí no duden en señalarlo… Últimamente ando medio bestia y no edito muy bien.

Pido disculpas a aquellas personas a quien las sigo como lectora, tengo tiempo de no dejar reviews y sé que tengo lectura de capítulos pendientes. Pronto volverán a saber de mí…

¡Nos leeremos en la siguiente entrega!

Un besote,

AkaneKagome