¡Hola! ¿Se acuerdan de mí? Yo soy la autora eternamente perdida que escribe esta historia. Sé que hemos llegado al punto donde algunas seguro piensan que dejé botado el fic, otras pensarán que me perdí y nunca volveré, mientras otras se habrán olvidado del fic. Aunque… sé que aún quedan personas maravillosas que me esperan a pesar de mi irresponsabilidad y me leerán aunque no me lo merezca.
Sé que no hay excusas para tardar tanto en publicar, no les dejaré una retahíla de los sucesos que me han demorado esta vez. Espero que puedan perdonarme y honrarme con su lectura.
Este capítulo no tiene nada fuera de ese mundo. Les recuerdo que mi idea desde el inicio ha sido llevar las cosas con calma entre nuestra parejita. Sin embargo, les adelanto que tengo varias ideas para avances en los siguientes dos capítulos.
En fin… ya hablaré más en notas finales. Espero que disfruten su lectura. (Comprendo si deben devolverse a leer un par de capis atrás porque no se acuerdan de nada; yo haría mismo si estuviera en su lugar XD).
Disclaimer
Los personajes no me pertenecen, son de la maravillosa, pero cruel, de Rumiko Takahashi; la cual, debido al trauma que me dejó, me obligó al vicio de leer y escribir fanfics.
La Historia de Nuestro Amor
Capítulo XXIII Tensión
Varios días habían transcurrido y las cosas entre Ranma y yo seguían siendo muy extrañas. Se suponía que íbamos a actuar como si "nuestro momento íntimo en Okinawa" nunca hubiera ocurrido, pero la realidad distaba mucho de aquel acuerdo hecho entre dientes. Tenía la impresión de que mis comentarios lo habían ofendido o enojado. Aunque en realidad no entendía el porqué. Seguro debía ser por su enorme ego. ¡Si tenía la impresión de que por un beso me iba a volver como sus prometidas arrastradas, estaba muy equivocado!
Aunque luego de reflexionar incluso llegué a pensar que quizás no era por su ego. Tal vez muy en el fondo había algo más... ¡No! Ni siquiera debía ilusionarme con esa posibilidad. Mi mente era una cruel traicionera que siempre buscaba engañarme con ideas que no eran más que un vil producto de mi imaginación.
Quizás esa aura de incomodidad entre nosotros era sólo algo pasajero. Igual no era sólo Ranma, yo también estaba diferente. Cada vez que estaba cerca de él las palabras se quedaban atoradas en mi garganta. Las pocas veces que lograba entablar un tema de conversación, sólo me limitaba a pronunciar un par de monosílabos y preguntas de rutina.
Lo que más me molestaba era su mirada fría y el resentimiento en su tono de voz. Estaba dudosa en si debía volver a hablar con él sobre el tema del beso o dejar que el tiempo se encargara de ir borrando esa atmósfera de tensión entre nosotros.
Con cientos de ideas revoloteando dentro de mi cabeza bajé las escaleras para dirigirme hacia el comedor. Al llegar todos estaban sentados y sirviéndose el desayuno. No pude evitar tragar en seco al ver que el único campo vacío era el que estaba a la par de Ranma. Bajé la mirada e intenté caminar con calma hacia él, sin embargo, mi corazón no parecía corresponder a mis deseos, su fuerte latido se hizo sentir incesante.
Me senté y acepté con manos temblorosas el tazón de arroz que Kasumi me tendió. -Acá tienes- me dijo con una sonrisa.
Le devolví el gesto y con mis palillos tomé un trozo de pescado. Debía agradecer que por mi fin mis extremidades dejaran de moverse como gelatina. Comí un par de bocados sin prestar atención a la conversación que sostenían papá y tío Genma.
Estiré mi mano para tomar la salsa de soya, pero mi objetivo fue interceptado por unos dedos que se toparon con los míos. El choque eléctrico fue inmediato. Un leve roce como aquel podía acabar conmigo en un segundo. ¿Desde cuándo algo tan simple lograba ponerme tan nerviosa? Cerré mi puño y alejé mi extremidad unos centímetros. Nos miramos a los ojos, ambos estábamos muy sonrojados. Bajamos la cabeza al mismo tiempo y nos quedamos mirando la mesa por algunos segundos.
-Disculpa- musité apenada. Le hice un gesto para indicarle que podía tomar la salsa primero. Ranma la tomó y vertió un poco sobre su arroz.
-Gracias... toma- me respondió poniendo el frasco a mi lado.
De pronto me percaté que había un silencio absoluto en el lugar. Varios pares de ojos nos observaron de forma extraña. Rápidamente usé la salsa y no despegué la vista del mi plato. A pesar de fingir interés en mi comida podía sentir las miradas fijas sobre mí.
-¿Qué les pasa a ustedes dos?- preguntó Nabiki.
Maldición, ¿por qué mi hermana no podía permanecer callada o hacerse de la vista gorda? Ella siempre tenía que meter sus narices y ponerme en evidencia.
-¿A… a… a qué te refieres?- respondí maldiciendo internamente el tartamudeo que reflejaba a la perfección mi nerviosismo.
Nabiki arqueó una ceja y me lanzó una mirada burlona. -¿Acaso crees que somos tontos, Akane? Todos acá nos damos cuenta que hay algo raro entre ustedes dos. Desde que llegaron de su viaje a Okinawa han estado muy extraños, no pelean, casi no se hablan… Luego se tratan de forma amable en la mesa, pasan con la mirada agachada y se ponen rojos sin razón…-
Mi cara ardía, estaba segura que estaba tornándose rojo carmesí. Observé de reojo a Ranma quien seguía comiendo, él hacía lo posible por evadir el tema.
-¡No sé de qué rayos hablas!- espeté clavándole una mirada de desaprobación.
Ella sólo rió, -¿Crees que puedes engañarnos… crees que estoy inventando todo? ¿Por qué no le preguntas a Kasumi lo que ella piensa?-
Volteé la cabeza hacia mi hermana mayor. Por un segundo pensé que ella me apoyaría, pero fue todo lo contrario.
-Bueno… yo sí he visto que están diferentes. Parece que están enojados por algo, pero no discuten como siempre- expresó mi hermana preocupada.
-Ves, no son alucinaciones mías- contraatacó Nabiki. Esbozó una sonrisa maliciosa y se echó un bocado de arroz a la boca. Hubo varios segundos de silencio, luego retomó sus intrigas. -¿Acaso están enojados por los rumores?-
Giré mi cabeza hacia ella con espanto, pude notar que Ranma también había cambiado su actitud indiferente para mirarla.
-¿Cuáles rumores?- preguntó "mi prometido" sin poder evitarlo.
-Todo Nerima rumora que un chico besó a Akane… Uno que conocía de Ryugenzawa…-
Mi padre se levantó de la mesa con los ojos desorbitados, -¿Es eso cierta hija? ¡Cómo pudiste!- gritó fuera de sí.
Kasumi se tapó la boca espantada. -Akane…-
-Debe ser mentira. Akane no es de ese tipo de chicas- habló tío Genma.
Me sentía abrumada, además humillada de que mi hermana se atreviera a mencionar el tema. Más recriminaciones se hicieron presentes, sin embargo, estaba tan enojada que no escuchaba con claridad lo que decían. Un aura de batalla comenzó cubrirme…
-¡Basta!- grité mientras golpeaba la mesa con la palma de mi mano. -¡No tengo porque soportar esto!- Me levanté y salí fuera del comedor.
Todas sus miradas estaban sobre mí. Estaban esperando un comentario de mi parte, quizás una explicación… Si eso era lo que querían se iban a quedar esperando. Fruncí el ceño y continué comiendo.
-¿No vas a decir nada, hijo?- preguntó mi padre.
-Tal vez tú puedes confirmarnos la información- intervino Nabiki.
Mis entrañas comenzaron a arder. Lo último de lo que me apetecía hablar era del beso entre el imbécil desmemoriado y Akane. Si estaban pensando que iba a decirles algo al respecto estaban muy equivocados. Tragué rápidamente lo que quedaba de mi comida y me puse en pie dispuesto a marcharme.
-No tengo nada que comentar al respecto- dije secamente. -Lo que haga o deje de hacer Akane no me interesa…-
Era mentira, claro que me interesaba, pero no les iba a dar el gusto de contarles detalles sobre nuestro viaje; menos aún mencionar algo sobre lo que pasó entre Akane y el idiota ese. Me sentía tan frustrado, tan enfadado, necesitaba alguna forma de sacar toda esa energía negativa que fluía dentro de mí. Sabía que lo único que lograría calmarme era entrenar.
Pasé más de una hora practicando en el dojo. Los minutos volaron, pero no sentí el tiempo fluir. Mi mente divagaba lejos del entrenamiento, aunque mi cuerpo se moviera por inercia, mis pensamientos estaban fijos en ella. ¿Qué demonios me había hecho para dejarme en ese estado? Me encontraba constantemente ausente, confundido… Sólo podía pensar en cosas relacionadas con Akane.
-Maldición- musité con resignación y cesé con mis ejercicios.
Salí de mi lugar de entrenamiento con la intención de tomar un baño, sin embargo, al llegar a la salida del dojo me topé con una visita inesperada. No pude evitar fruncir el ceño y tensar mis labios. Me coloqué la toalla alrededor del cuello y caminé hacia ella.
-Si vienes a usar el dojo ya terminé. Es todo tuyo- dije secamente.
Le di la espalda para evitar cualquier interacción adicional, pero desistí de marcharme cuando su voz pronunció mi nombre.
-Ranma…-
-¿Qué quieres?- Aunque no fuera mi intención mi tono siempre sonaba rudo y frío. Ella permaneció en silencio unos segundos.
-Sólo quiero hablar un poco- pronunció por lo bajo.
Noté algo de tristeza en su voz y mi pecho se contrajo al pensar que algo malo le sucedía. Tragué saliva y me di vuelta para enfrentarla. Quería comportarme de una forma neutral con ella, no obstante, me era imposible porque todavía sentía mucho resentimiento. Tenía que dejar que pasara más tiempo para intentar retomar una relación "normal" con Akane.
Esperé que comenzara a hablar, pero se quedó callada y recostó su espalda a la pared. ¡Quién lograba entender a las mujeres! Decía que quería hablar, sin embargo, se quedaba callada y con la vista calvada en el piso.
-Bueno si lo que quieres es hablar entonces empieza- dije algo molesto.
Mi tono no fue de su agrado porque de inmediato levantó sus pupilas llenas de aquel brillo característico que me indicaba que estaba enojada. -¿Quiero saber qué te sucede?-
-No sé de qué estás hablando…-
-Claro que lo sabes. ¿Por qué estás tan raro?-
-Estoy igual que siempre-.
-No es cierto, y lo sabes. No te hagas el idiota-.
-¡Tampoco tienes porque ofenderme!-
Akane bufó exasperada. -Sigo sin entender: ¿a qué estamos jugando?-
-¿Dímelo tú?- contraataqué con veneno en mis palabras.
-Vamos Ranma, reconoce que estás cada vez más raro conmigo. ¡No me hablas, me evitas, parece como si no soportaras mi presencia!-
No di respuesta a sus acusaciones, no tenía sentido defenderme porque ella tenía toda la razón. Simplemente apreté los labios. Mi silencio la estaba enfadando aún más.
-¡Al menos acepta que has cambiado después de lo del bes…!- Cortó la frase antes de poder pronunciar la palabra "beso".
-Te recuerdo, según convenimos, que entre nosotros no ha pasado nada…- pronuncié con resentimiento encarándola. Justo en ese instante me percaté que estábamos bastante cerca. En medio de la discusión me había aproximado a ella sin notarlo.
-Nada…- repetí con voz ronca y mis ojos bajaron para mirar sus labios. Me sentí hipnotizado por ella. Una fuerza superior me hizo moverme un poco más cerca. Noté su mirada desconcertada, sus mejillas se sonrojaron y me di cuenta que también observaba mis labios. Resultaba tan fácil moverme unos centímetros más y… Nuestras pupilas se encontraron, pero inmediatamente ambos desviamos la mirada.
-En… entonces… actúa como tal…- musitó ella con los pómulos teñidos de carmín.
-Eh…- titubeé saliendo de mi ensoñación.
-Por favor, Ranma- dijo suavemente, clavando sus tristes y bellos ojos avellana en mí. -No estés raro conmigo, no te enfades… quiero que las cosas vuelvan a la normalidad… que todo sea como antes…-
Con cada palabra que pronunciaba mis ojos se perdían más y más en su boca, detallando cada milímetro de ésta. ¿Qué tan tonta podía llegar a ser? ¿Cómo pretendía que todo fuera igual que antes? ¿Acaso no se daba cuenta de lo que sentía cuando la tenía a solas?
-Ranma…-
Su voz me volvió a la realidad. -Yo… estoy de acuerdo-.
Tomé distancia, mi proximidad estaba resultado comprometedora. Debía alejar aquellas cavilaciones estúpidas que rondaban mi cabeza y concentrarme. -Te lo repito- hablé recuperando mi voz y sonando frío, -Las cosas quedaron claras desde nuestra plática anterior. Entre nosotros no ha pasado nada, así que puedes estar tranquila-.
Giré para salir de ahí de una buena vez, sin embargo, antes de hacerlo quise decirle una cosa más. -Además, no veo de que te quejas, nuestra relación nunca ha sido muy "buena" que digamos… No te la creas tanto, lo que pasó no tiene nada que ver con que haya estado diferente, aunque en realidad yo sigo igual que siempre. Creo que todo es imaginación tuya…-
Mis palabras iban teñidas de resentimiento, pero no me importó. Cuando se trataba de Akane no podía darme el lujo de mostrar debilidad. No me iba a suavizar con ella. Me hubiera gustado ver la reacción de su rostro, pero como le hablé dándole la espalda nunca sabría cómo había tomado mis palabras.
-Cretino…- mascullé al verlo marcharse.
¿Por qué Ranma era tan extraño, tan impredecible? Podría mostrarse preocupado y amable en un segundo para luego cambiar al siguiente y convertirse en el idiota más grande del universo.
Podía jurar que por un segundo me miró de la misma forma en que lo hizo antes de besarnos en Okinawa. Lucía tan diferente, como si no fuera el mismo de siempre. No obstante, luego de estar pasivo volvía con su actitud hostil y presumida. ¡Uy, a veces lo odiaba demasiado!
Deseaba entenderlo, al menos por una vez en la vida. Si tan sólo pudiera tener poderes mágicos para leer su mente. Conocer lo que pasaba por su cabeza cuando me dedicaba aquella mirada… aquella expresión intensa en sus ojos azul-grisáceos. Un calor extraño me recorrió el cuerpo al pensar en aquella expresión.
Le di una última mirada al dojo. Se me antojó practicar un poco, pero desistí de la idea porque tenía otros compromisos para la tarde.
* / *
Un par de horas luego me encontraba caminando hacia la casa del doctor Tofú. Lucía molesta, tal vez la razón se debía a que Kasumi prácticamente había obligado a Ranma a acompañarme. Tal había sido su insistencia que al final él accedió a venir y yo no opuse resistencia. Mi hermana seguro creía que el estar un rato a solas y alejados de casa ayudaría a mejorar nuestra tensa relación.
Había tramado la mentira de que ocupaba enviarle unas cajas con libros y varias cosas de vuelta al doctor. Ella sugirió que Ranma me acompañara para que no tuviera que cargar todo el peso yo sola. Todos sabíamos que yo era perfectamente capaz de llevarlo todo, no era una chica debilucha y delicada como la mayoría de jóvenes de mi edad. A pesar de ello Kasumi reclamaba que yo era una señorita y que no sería bien visto que llevara tanta carga. Además, si Ranma era mi prometido lo más lógico era que colaborara con su "damisela en apuros".
Fruncí el ceño al pensar en ese calificativo. No necesitaba de la asistencia de Ranma o de ningún chico, si de algo me sentía orgullosa era de tener la fuerza necesaria para hacer ese tipo de cosas yo sola.
-Tu hermana es bien ilusa- pronunció Ranma rompiendo el silencio que llevábamos desde que salimos de casa.
-¿Por qué lo dices?-
-Creer que una chica tan poco femenina como tú necesita ayuda para cargar cajas…-
-Si quieres devolverte, adelante. No te necesito, si acepté que vinieras fue para no disgustarla- le contesté ligeramente enfadada.
-Es bueno saber que al menos tienes consideración con alguien-.
-¡Qué dijiste!- grité fuera de mis cabales.
-Lo peor es que la pobre Kasumi sigue queriendo que parezcas una señorita cuando todos sabemos que eso es imposible- se burló.
-¡Ranma!-
Iba a darle su merecido. Estaba a punto de tirar las cosas que llevaba al suelo para subir a la valla de metal, pero algo me detuvo. Sacudí mi cabeza de golpe al notar unas exuberantes rosas rojas frente a mi rostro. -Qué rayos…-
-Akane, me diosa… Tanto tiempo-. De inmediato reconocí la voz del pesado de Kuno. -Toma son para ti, rosas para la más bella flor- dijo quitándome de las manos las cajas y poniendo las flores entre mis brazos.
-Yo… no…- balbuceé sonrojada. Por alguna razón sus halagos me habían incomodado.
-No tienes que decir nada. Sé que hemos pasado mucho tiempo separados desde que salí de la escuela para entrar a la universidad. Te propongo que tengamos una cita. Sé que eres demasiado tímida para pedírmela, así que por eso he venido a buscarte...-
Sentí su brazo rodearme los hombros y continuó con su patético e inverosímil discurso. -Le daremos las cosas a Saotome para que termine con el pedido de tu hermana, mientras tú y yo podemos dar un paseo por el parque, comer algo y finalmente buscaremos un lugar alejado donde podamos besarnos y que me demuestres todo tu amor…-
Mi aura asesina estaba tomando fuerza. ¡Cómo se atrevía a decirme ese montón de boberías! No le iba a permitir semejante falta de respeto. Sin embargo, antes de que pudiera reaccionar Ranma estrelló su pie contra el rostro de mi eterno acosador.
-Idiota- gruñó con desprecio. -Si vuelves a tocarla te vas a arrepentir…-
Algo en la forma en que actuaba me pareció diferente. Notaba un matiz de odio en sus palabras. El abusivo de Kuno había quedado en el suelo inconsciente con una expresión maltrecha en su cara.
-Gra… gracias…- atiné al decir. -¿Por… por… qué lo hiciste?-
-Eh…- Su rostro pintó todo un poema y sus mejillas se comenzaron a sonrojar.
-¿Acaso… fue… por… ce… celos?- Me abofeteé mentalmente por haberle lanzando una interrogante tan estúpida.
Ranma se quedó en shock y las cajas que traía en sus manos fueron a dar al suelo. Su cara se puso aún más roja. Se agachó para recoger el desorden esquivándome.
-Te estás volviendo lenta…-
-¿Qué cosa?-
Mientras caminaba dándome la espalda prosiguió. -Recuerdo cuando lograbas derribarlo antes de que tocara un solo cabello, pero parece que te has suavizado y también vuelto más lenta-.
-¡Eso no cierto!- reclamé intentando darle alcance. -¡Ranma espera!-
Para mi suerte Akane no retomó el tema de Kuno y los celos el resto del camino. Por alguna razón me sentí menos tenso luego de la patada que le di al pervertido ese. No pude controlar mi ira al verlo abrazando a Akane y diciendo aquel montón de idioteces. Claro que lo había hecho por celos, sin embargo, eso era algo que no estaba dispuesto a admitir. Pude optar por ofenderla y negar cualquier relación entre mi reacción y los celos, pero ya tenía bastantes problemas con Akane. Quizás lo mejor era intentar llevar la fiesta en paz hasta donde fuera posible.
Evitamos hablar el resto del camino. Pronto nos encontrábamos frente a la puerta del consultorio del doctor quien nos recibió de muy buen humor.
-¡Ranma, Akane, qué gusto tenerlos por acá!-
-Hola doctor- dijo ella animada, -Venimos a dejarle un envío de parte de mi hermana-.
-Ranma, tenía tiempo de no verte muchacho. ¿Cómo has estado?-
-Bien. Todo bastante normal…-
-Me alegro- espetó con una gran sonrisa. -Oigan, el consultorio está cerrado y estaba a punto de hacer té con bocadillos. ¿Quieren acompañarme?-
Mi primer impulso era decir que no para poder volver a casa, pero Akane tenía otra en cosa en mente. Antes de que pudiera decir nada ella se me adelantó.
-¡Claro, nos encantaría! ¿Verdad Ranma?- le respondió muy animada y con una gran sonrisa.
De pronto sentí un pinchonazo en el pecho, conocía bien aquel sentimiento: celos. Ella siempre era igual, dulce, cariñosa, simpática, hasta recatada y tímida con el doctor, pero conmigo era todo lo contrario… Discutía, era grosera, poco femenina, fruncía el ceño, decía que me odiaba, me golpeaba a la primera oportunidad sin dejarme hablar. ¿Qué había hecho él para merecer que fuera diferente?
¿Acaso era porque Akane seguía sintiendo algo por él? Maldije el instante en que la idea cruzó por mi cabeza, sin embargo, no era descabellada. Si en algún momento había estado enamorada de él, aún existía la posibilidad de que permanecieran vestigios de ese antiguo amor. Un rayo atravesó mi cabeza e imágenes del pasado aparecieron frente a mis ojos.
Flash back
Estaba sentado en la sala de espera. Akane había entrado para que el doctor Tofú le revisara la lesión de su tobillo, la que se había hecho por ayudarme cuando yo peleaba con Ryoga. Aguardaba tranquilamente cuando un ruido me desconcertó… Eran sollozos, ella estaba llorando.
Preocupado caminé hasta el consultorio, la curiosidad me estaba matando. Me asomé por la puerta entreabierta y la vi… Akane lloraba recostada al pecho del doctor, sus manos se aferraban ligeramente a su camisa oscura. Lucía tan triste, tan desesperada. En el fondo lo sabía: lloraba por su amor imposible, no era por su cabello, ni por el dolor de su tobillo. Sus lágrimas eran fiel reflejo de todas esas cosas que sentía por él, por el sufrimiento de tener que olvidarlo ya que él estaba enamorado de otra.
Sentí una espina que punzó mi alma. ¿Acaso se traban de celos? Me sentía genuinamente mal por ella, no me gustaba verla así; sin embargo, algo dentro de mi pecho se estrujó al ver los sentimientos tan fuertes que tenía por ese hombre…
Fin Flash back
Me estaba volviendo loco, no había duda de ello. ¿Por qué demonios sentía esa repentina inseguridad con respecto al doctor? Llevaba años sin pensar con respecto al tema y justamente ese día me ponía a recordar y hacerme cuestionamientos.
-¿Ranma?-
Su voz me sacó de mi ensoñación. La miré asustado. -Ah…- fue la única expresión que pudo salir de mi boca.
-Estamos esperando tu respuesta, ¿quieres pasar a tomar té?- Enarcó una ceja, -¿Te sucede algo? Te quedaste parado como tonto y con la mirada perdida…-
-Yo… yo… claro que me gustaría-.
-Bueno, entonces vengan- dijo el doctor invitándonos a pasar.
Entramos al lugar y él nos fue guiando hasta llegar a una parte del consultorio en donde creo que nunca había estado. Era una agradable habitación con una mesa tradicional japonesa, un mueble lleno de libros y una salita de televisión con un sofá grande de color de crema.
-Si quieren tomen asiento mientras preparo todo- nos sugirió.
-Me parece bien- contestó Akane tomando asiento en el sillón. Yo emulé su comportamiento sentándome al extremo contrario.
-Mientras esperan pueden ver televisión. Justo están pasando una película que me encanta, estaba mirándola antes de que llegaran…-
La figura se perdió tras la puerta. Akane y yo quedamos solos en la habitación. Desde lo ocurrido en Okinawa el quedarnos a solas resultaba muy incómodo. Los dos permanecimos en completo silencio, sólo el eco del televisor de fondo llenaba el cuarto. Nos miramos de reojo, al darnos cuenta nos sonrojamos y desviamos la mirada hacia la pantalla.
¡Perfecto! Era la salida ideal para ese tipo de situación, si ambos mirábamos el aparato lograríamos al menos soportar hasta el doctor volviera. Había encontrado la excusa para evadir aquel aire cargado de tensión. Fingí tener toda mi atención puesta en la película, aunque en realidad no tenía la más mínima idea de lo que estaba pasando. Transcurrieron algunos minutos y la observé con disimulo, ella estaba completamente concentrada en la televisión. Volteé rápidamente para que no se diera cuenta que la veía. Al rato sentí un par irises avellana escrutando mi rostro, le miré con el rabillo del ojo y confirmé mis sospechas.
Los dos volvimos nuestra atención a la pantalla. Quizás lo mejor era efectivamente envolverme en la trama para poder evitar a "mi prometida". Comencé a ver los detalles de la historia, era una película occidental, probablemente ubicada en Europa. De pronto algo me desconcertó, los protagonistas estaba sentados debajo de un árbol, se miraban con mucha intensidad. Una musiquita cursi comenzó a sonar. El chico deslizó su mano por la mejilla de la muchacha mientras ella lo miraba con ternura. Luego su dedo pulgar rozó con lentitud el labio inferior de la joven y se acercó para besarla.
Tragué saliva al presenciar la escena. El beso era quieto, suave, pero de repente la situación cambió y los protagonistas comenzaron a besarse con más intensidad. Mi pulso empezó a alterarse y una onda expansiva de calor me subió de la cabeza a los pies. Miraba sus movimientos, sus labios, su pasión… Fue cuando lo sentí, el deseo se hizo presente: quería volver a besar a Akane.
Aunque intentara reprimirlo, el sentimiento estaba ahí, destilando por cada poro. Quería volver a sentir su calor, sus labios dóciles y suaves, quería sentir su respiración mezclándose con la mía…
¿Podía existir una situación más incómoda? Los dos solos en aquella habitación, mirando una película en la que se desarrollaba una escena bastante romántica. Puede sentir mis mejillas sonrojándose furiosamente. Casi me dio un infarto al ver aquel beso entre los protagonistas, tan tierno al inicio, pero luego cargado de tanta pasión. Por lo general intentaba no mirar películas cursis, aunque el fondo sabía que me gustaban. A pesar de fingir no estar interesada en el amor, me veía conquistada por las escenas románticas.
Idiotizada observaba cada detalle de la escena. Sentía el corazón palpitar con tal fuerza que parecía estar situado en mi garganta. ¿Cómo se sentiría ser besada de esa manera? Con tanta ansia, con ese vaivén de bocas y esos roces tan cargados de deseo. Un vacío se hizo presente mi estómago. Estaba tan avergonzada de tener esos pensamientos tan fuera de lugar.
Mis manos se aferraron a la tela de mi falda en un movimiento nervioso. No valía la pena intentar negarlo, al mirar la película había surgido un deseo en mi interior, una idea que me perturbaba, pero que crecía a cada segundo: deseaba volver a besar a Ranma.
Estaba ahí… cerca, pero a la vez tan lejos. Me pregunté si quizás el también anhelaba lo mismo. Si por su cabeza navegaba la idea de volver a repetir aquel íntimo contacto.
En un ataque de valor, o más bien de locura, giré mi cabeza para observarlo. Me sorprendí al toparme con su rostro. Nuestros ojos se encontraron; por un segundo pensé en esquivarlo, no obstante le sostuve la mirada. Sus pupilas tenían un fulgor muy particular y sus mejillas estaban teñidas de rojo como las mías. Deseaba que pudiera leer lo que pasaba por mi mente y al mismo tiempo quería saber lo que él pensaba en ese momento.
-Chicos, ya volví. Lamento haberlos hecho esperar-.
Al escuchar la voz del doctor ambos desviamos el rostro. Los nervios me habían atacado de tal forma que creí que el corazón se me saldría del pecho. Sonreí de forma fingida y comencé a jugar con mis manos.
-¿Les sucede algo?- preguntó el doctor arqueando una ceja.
-Eh… ¿Por qué lo dice?- respondí lo más natural que pude.
-Es que ambos tienen la cara muy roja-.
Ranma y yo nos miramos llenos de pánico. Yo tenía nada que decir en mi defensa, así que permanecí en silencio. Si mi rostro antes estaba rojo era posible que hubiera escalado un par más de tonalidades. Al menos me quedaba el consuelo de que "mi prometido" no se veía mejor que yo.
-¿En… en serio… estoy rojo?- balbuceó él torpemente.
El doctor lanzó una leve carcajada. Desvió su atención hacia la pantalla y pareció entender la razón de nuestro azoramiento. Le dedicó a Ranma una sonrisa cómplice y habló nuevamente.
-Bueno, vamos a tomar té. No queremos que se enfríe, ¿verdad?-
Procedimos a colocarnos alrededor de la mesa y degustar de lo que el doctor había preparado para nosotros. Todo estaba muy sabroso y por suerte la plática fue aligerando la tensión de los momentos transcurridos previamente. Cuando por fin terminamos fui yo quien sugirió que era hora de partir.
-Muchas gracias doctor Tofú, todo estaba delicioso- le dije con una sonrisa. -Creo que lo mejor es que volvamos a casa, hace rato que salimos y no quiero preocupar a Kasumi-.
Con sólo la mención del nombre de mi hermana sus gafas se empañaron y aquella expresión bobalicona se apoderó de su rostro. -Ah sí… Kasumi, je, je, je…-
-No tiene remedio- susurró Ranma cerca de mi oreja con disimulo.
-No- respondí entrecerrando los ojos, -Lo peor es que si sigue así nunca tendrá el valor para decirle a mi hermana lo que siente por ella…-
Suspiramos decepcionados al ver que el doctor empezaba a hacer tonterías. -Doctor, ya nos vamos. Muchas gracias por todo- espetó Ranma.
Él pobre ni se dio cuenta que habíamos partido. No quisimos insistir más en llamar su atención, cuando se ponía en su estado de transe no había forma de sacarlo de ahí. Salimos del consultorio en silencio, uno al lado del otro cabizbajos. Me pareció extraño que Ranma no caminara sobre la cerca, pero estábamos en punto en donde ya no estaba segura de qué era normal y qué no. Todo era muy raro, muy confuso…
Aunque había algo de lo que sí estaba segura, algo dentro mí había cambiado luego de aquel beso que nos dimos en Okinawa. Por más que quisiera olvidar, o ignorar lo sucedido, era imposible. En mi interior un sentimiento de anhelo comenzaba a crecer minuto a minuto. Quería estar cerca de él, deseaba poder repetir lo ocurrido. No obstante, yo había sido quien le había dicho que borráramos esa escena de nuestro pasado, que actuáramos como si nada hubiera acontecido. Esas palabras pesaban sobre mis hombros, estaba tan arrepentida de haberlas pronunciado.
Tendría que mantener todo aquello en secreto. Además corría el riesgo de que Ranma no sintiera lo mismo que yo. Tal vez ni siquiera le había gustado besarme. Sacudí mi cabeza, no era el momento de pensar en esas cosas. Debía esperar a estar solas para poder perderme en mis cavilaciones.
Le miré de soslayo… Si tan sólo supieras todo lo que estoy sintiendo…
Pude haberme subido sobre la malla, sin embargo, quería caminar a su lado. No me apeteció generar esa pequeña barrera entre ambos. Me gustaba estar con ella, aunque no nos habláramos, su sola presencia me era suficiente… Bueno, en realidad en ese momento no lo era. Algo dentro de mí me pedía a gritos acercarme más. Había una creciente necesidad en mí que no lograba saciar.
No entendía qué sucedía conmigo. ¿Por qué luego del beso sentía ese desosiego? ¿Cómo era posible que me afectara ver una simple película? Y lo más importante, ¿por qué no podía quitarme de la cabeza de besarla nuevamente? Sin embargo, debía hacerme a la idea de eso no volvería a ocurrir. Akane lo había dejado muy claro, teníamos que olvidar lo sucedido.
Observé con disimulo su mano… Por mi mente cruzó la idea de tomarla entre la mía. Quizás un contacto leve como ese me haría sentir menos ansioso. ¡No! Me recriminé internamente; debía controlar eso tan extraño deseo que se apoderaba de mí. No tenía claro cuáles eran sus sentimientos, pero si ella quería que dejáramos lo del beso atrás no era una buena señal. Debía cortar por lo sano esas ideas creativas de mi cabeza y concentrarme en actuar normal, que ella no sospechara nada. Actuar como siempre, ese era el plan de ahora en adelante.
Continuará…
Notas:
Este bueno… hasta acá me dio la inspiración esta vez. Lo sé, no pasó nada importante o trascendental. La idea de este capi era poder desarrollar las emociones y la tensión suscitada luego del beso. Ya verán que aunque los chicos luchen contra ello, las cosas no podrán ser normales del todo. Cada vez habrá más acercamientos, pero eso lo iremos viendo en los capítulos que vendrán.
Me agradó la idea de tocar el tema de los celos nuevamente. Creo que fue más que obvio que nuestro adorado oji-azul no soporta que Kuno toque a su chica jejejeje. No estoy segura si anteriormente abordé los celos de Ranma por el Doctor Tofú, así que quise resaltar el hecho de que a pesar del tiempo él se sigue sintiendo algo inseguro por el antiguo amor de Akane.
El episodio de donde tomé el flash back es el número 09, "Akane y Ryoga cambian de apariencia".
Aunque sé que no fue la gran cosa, sería genial si pudieran dejarme sus comentarios sobre el capítulo. Igual acepto reclamos por mi tardanza y amenazas para que publique pronto. XD Tengo toda la intención de darme prisa para sacar a finales de Octubre otro capítulo y luego uno más para cerrar el año.
Como es mi costumbre quiero agradecerles de todo corazón a las personas que me leen. Sé que detrás del monitor hay lectoras silentes, que no se pronuncian, pero igual leen actualización tras actualización.
Un agradecimiento triple a quienes me llenaron de emoción con sus bellos reviews en el capítulo anterior: Mininahermosa29, Nora, Belli, the mystic poetry ,MaRce kid nicky's girl, Sakudepp, Ishy-24, Amy, Dika1990, Minue, galadrielcullen, paogranger, lerinne, athena-kikyo, Erol, Pleasure Delayer, yurika12again, Bloody Shooter, AndreKimiko, Marleen, kary14, Magdal, vanessamcgregor, Josciel (un agradecimiento muy especial a vos por dejar reviews en todos los capis, un beso grande), Vejuno, celina, kotoko dita30 ykarla eves. Perdón que aún no paso a responder reviews. Las que tengan cuenta, o de las que ya tengo el correo pronto sabrán de mí.
Creo que mejor me voy despidiendo ya. Siempre termino alargando mucho mis notas. Como les dije antes haré lo posible por escribir dos capítulos más antes de que acabe el año. Quisiera recompensarles todo el tiempo que he estado estancada. Lamento mucho no avanzar con un ritmo de actualización decente.
Espero me den el privilegio de seguir leyendo sus opiniones sobre lo que escribo. Cualquier error me avisan para corregirlo. Tengo tanto sin editar que seguro el capítulo saldrá peor que los anteriores.
Recen por que Dios mande una musa que me inspire mucho. Necesito tiempo y energías divinas que me hagan escribir más rápido.
Nos seguiremos leyendo… ¡Mucha suerte con todo!
Un beso y un abrazo,
AkaneKagome
