¡Hola mis queridas lectoras y queridos lectores! Una vez más estoy de vuelta… Les prometí que para estas fechas tendrían conti y acá estoy para cumplir con mi palabra.
Aunque no me lo crean hoy estamos celebrando el tercer aniversario de este fic. ¡Ya son tres años que llevan acompañándome en esta travesía! Gracias de todo corazón por la paciencia, por el apoyo y por no dejarme botada a pesar de que he sido una escritora muy irresponsable en este último año y medio.
Como estamos de aniversario les traigo un capítulo muy especial… Prometí más escenas románticas y acá habrá varias para su deleite personal.
Le quiero dedicar este capítulo con mucho cariño a todas aquellas personas que me han acompañado desde que publiqué el primer capítulo en el 2008. Ustedes saben quienes son…
¡Espero haya valido la pena la espera y que les guste esta actualización!
Disclaimer
Los personajes no me pertenecen, son de la maravillosa, pero cruel, de Rumiko Takahashi; la cual, debido al trauma que me dejó, me obligó al vicio de leer y escribir fanfics.
La Historia de Nuestro Amor
Capítulo XXIV Enfermera
Los vientos fríos del invierno surcaban la ciudad de Nerima. Atrás habían quedado las tardes cálidas de verano y las noches ventosas de otoño. Los meses se habían encargado de ir dejando atrás aquel momento vivido en Okinawa. Hubiera deseado que las cosas tomaran otro rumbo, pero aquello no había sido posible. Mis deseos de estar cerca de Akane no habían disminuido, por el contrario, aumentaban conforme pasaban los días.
La situación entre nosotros se iba normalizando poco a poco. Todo regresó a como era antes, al menos en apariencia. Volvimos a hablar como siempre, a caminar a la escuela, a compartir ratos juntos, a discutir; sin embargo, el tema del contacto físico seguía siendo tabú. Procurábamos tener la menor proximidad posible. Quizás por timidez, quizás por miedo, no sabía con exactitud la razón. Nuestra relación mejoraba, pero no había acercamientos de otro tipo.
En las últimas semanas Akane se estaba comportando un poco extraña. Su actitud se estaba volviendo más amable. Se preocupaba por mí y por ayudarme con los deberes del colegio; quizás pensaba que no lograría graduarme. Notaba su interés por pasar más tiempo conmigo, e incluso comenzaba a creer que se controlaba para reñir menos. Siempre nos seguíamos gritando ocasionalmente y me mandaba a volar cuando su aura combativa estallaba, pero de ser de otro modo no seríamos Ranma y Akane. En nuestra "relación" no podía existir calma, nuestros temperamentos explosivos nos llevaban constantemente a un tira y encoje; a ratos estábamos bien y en otros peleábamos.
Esa tarde caminaba por las calles de Nerima buscando materiales para realizar algunas reparaciones en el dojo. Ya había comprado clavos, pegamento, y otras cosas en la ferretería. El pobre lugar siempre sufría daños debido a todos los locos y locas que no hacían más que causarnos problemas: prometidas, admiradores, viejos libidinosos, y por supuesto los acostumbrados enfrentamientos entre Akane y yo.
Seguía a paso lento por la ciudad cuando me percaté de algo que no había notado antes. Muchas tiendas estaban decoradas con adornos navideños. ¡Santo cielo estábamos en diciembre! ¡Pronto sería Navidad y yo ni siquiera había pensando qué regalarle a Akane! Sabía que para ella era una época importante del año y que los regalos tenían un fuerte significado. Odiaba las compras y detestaba aún más pensar en qué debía regalarle.
Otra idea atravesó mi cabeza: ¡no tenía dinero ahorrado para comprar algo! Eso sería un grave problema. Era un idiota… ¿Acaso no había aprendido la lección luego de mis experiencias en años anteriores? Mi única opción era pedirle prestado a Nabiki de nuevo. Un fuerte escalofrío me recorrió con sólo pensarlo. ¿Quién sabe qué cosas horribles me obligaría a hacer para pagar mi deuda si le pedía dinero? Sacudí mi cabeza con horror. Tenía que encontrar otra solución, cada vez que le solicitaba favores cosas malas sucedían.
Me alejé del centro de la ciudad para caminar junto al río de regreso a casa. Seguía perdido en mis cavilaciones; maquinando qué comprarle a Akane para Navidad y cómo conseguir el dinero. Iba bastante distraído, de pronto mi rango auditivo captó un sonido familiar y antes de que pudiera reaccionar una rueda de una bicicleta se estampó de lleno en mi cara.
-¡Nihao, Ranma!-
Con una mueca dolorosa y sobándome la nariz me dirigí hacia ella, -¿Cuándo vas a dejar de arrollarme con tu bicicleta?-
-Disculpa… ¿Te duele?- dijo acercándose peligrosamente a mí.
Retrocedí por inercia, su cercanía siempre lograba ponerme nervioso. Miré asustado hacia ambos lados, con la mala suerte que me tenía Akane podía aparecer de la nada y armarme una escena de celos. Shampoo intentó aferrarse a mi brazo, sin embargo, con un ágil movimiento logré evadir sus avances.
-Eh… este… ¿Qué es lo quieres Shampoo?-
Ella sonrió y puso en el suelo el objeto en el que llevaba su pedido. -Iba a pasar por tu casa cuando terminara de repartir esto, pero ahora que te encontré mejor…- Sacó algo de su bolso y lo sostuvo en su mano. -Conseguí unas entradas para asistir a un evento que se realizará en la ciudad. Me parece la oportunidad perfecta para que salgas conmigo y tengamos una cita romántica- susurró melosa pegando su cuerpo al mío.
-Yo… yo…- balbuceé nervioso. Siempre era lo mismo con esta chica, ¡qué cansado!
-¿Qué sucede?- preguntó con una mirada de cordero inocente.
-Verás… Sha… Shampoo… Gracias, pero en realidad no estoy interesado- pronuncié temeroso.
Frunció el ceño, eso era una mala señal. Sabía que estaba corriendo un riesgo al rechazarla, no obstante, estaba cansado de que siempre sucediera lo mismo. Tarde o temprano tenía que entender que no quería nada con ella.
-¿Qué es lo que no te interesa, ir al evento o asistir a una cita conmigo?-
Me rasqué la nuca. -En realidad ninguna de las dos cosas…-
-¡Cómo puedes ser tan cruel!- gritó separándose de mí.
-Lo lamento… es en serio Shampoo. Creo que ya es hora de que te quede claro que no estoy interesado en citas y esas cosas…- Estaba esperando su reacción; ella simplemente clavó sus ojos en el suelo. -Me agradas, pero sólo como una amiga. ¿No sería más fácil que dejaras de estar siempre acosándome?-
Cuando me miró lamenté lo que había dicho. Al fin había reunido el valor para decirle "a medias" que me dejara en paz, pero al ver sus ojos llorosos perdí el control. No entendía el porqué las lágrimas de las mujeres siempre lograban conmoverme y hacerme flaquear.
-No… no… llores. Olvida lo que dije- me disculpé mientras movía las manos de forma desesperada.
-¡Eres muy malo! ¡Te vas a arrepentir!- En su rostro habían lágrimas, aunque su mirada era intimidante.
Se montó de nuevo a la bicicleta. -¡Shampoo espera!- vociferé viendo como se alejaba. Por un momento pensé en perseguirla para ofrecerle una disculpa, no obstante, desistí.
-Maldición- mascullé mientras retomaba mi rumbo. Lo más probable era que la loca amazona buscara vengarse de mí. ¿Quién sabe qué plan oscuro idearía para hacerme pagar? ¿Tan difícil era que aceptara que no estaba interesado en ella? Yo sólo quería ir aclarando las cosas. Esas chicas no podían continuar arruinando mi vida.
Subí a la barda y continué perdido en mis pensamientos. Me encontraba tan desconcentrado que no noté que alguien me seguía. De la nada una cadena rodeó mi pie haciéndome perder el equilibrio. -¡Qué demonios!-
-¡Me la pagarás Saotome! ¡Cómo te atreviste a hacerla llorar!-
Muy tarde me di cuenta que Mousse había observado todo. Iba a defenderme, pero antes de pudiera hacerlo algo me golpeó fuertemente la cabeza. Mi cuerpo calló en el río y lo último que pude recordar fue la sombra de Mousse sobre la valla metálica.
-Ya nos veremos de nuevo…- habló mi rival antes de dar un salto y huir.
Quedé boca arriba y mis ojos se fueron cerrando hasta transportarme al abismo oscuro de la inconsciencia…
* / *
¿Cuánto tiempo había transcurrido: cinco minutos, una hora, medio día? No estaba seguro de nada, sólo podía sentir un frío tremendo. Lentamente comencé a recuperar mis sentidos y desperté. Al abrir los ojos el color grisáceo del cielo se hizo presente, parpadeé un par de veces, pero luego me moví bruscamente hundiéndome en el agua. Entré en pánico debido a la desubicación y al sentir que me estaba ahogando. Con dificultad logré nadar para llegar a la orilla; a rastras salí del agua tosiendo.
Todo resultó muy confuso, pasaron varios segundos hasta que logré recordar cómo había terminado flotando en medio del río. -Mousse… Eres un idiota, me las pagarás- mascullé con mi aguda voz femenina.
Caminé por inercia a través de las calles buscando la forma de volver a casa. El cuerpo me pesaba mucho, sentía un terrible frío que no desaparecía. Estaba muy cansado, los ojos se me cerraban involuntariamente. Un estornudo me estremeció… La cosa no pintaba nada bien. Continué avanzando, las ráfagas de viento me producían escalofríos. Quería llegar a casa cuanto antes y cambiarme la ropa mojada.
No supe cuánto exactamente tardé, ni tampoco el camino que había tomado, pero al fin estaba al frente del portón del dojo Tendo. Di gracias al cielo porque sentía que las fuerzas me fallaban y que ya no podía más. No lograba comprender como de un pronto a otro me sentía tan mal. Continué con paso lento hasta llegar al recibidor. Abrí la puerta y entré. Miré mis zapatos debatiendo si me quedaban fuerzas o no para quitármelos. Desistí, me los quitaría una vez que estuviera recostado. Levanté la mirada y los ojos avellana de Akane me miraron sorprendidos.
-Ranma… ¿Por qué tardaste tanto? ¿Dónde están las cosas para arreglar el dojo? ¿Qué te sucedió?-
-Dis… disculpa…- dije de forma apenas audible.
-¿Te sientes bien? ¿Te pasa algo?- preguntó preocupada.
Su voz se hizo lejana. Comencé a perder el dominio de mi cuerpo y la oscuridad se hizo presente. La noción del tiempo y el espacio desapareció…
El pequeño cuerpo femenino de Ranma se tambaleó, cayó sobre mí recostándome de golpe contra la pared. Mis brazos apenas tuvieron tiempo de sujetarlo para que no se hiciera daño y evitar que cayera al suelo. Me asusté terriblemente, por suerte mis reflejos me ayudaron a controlar la situación. Observé la cara pálida de la pelirroja que estaba inmóvil sobre mi pecho. Todo mi autocontrol se vino abajo cuando me vi invadida por un horrible sentimiento de desasosiego.
-¿Ranma?- pronuncié con suavidad sujetándolo. -¿Estás bien? ¿Por favor dime qué te tienes?-
No hubo respuesta, estaba claro que se había desvanecido. Entré en desesperación, miré hacia los lados y puse en alerta mi sentido auditivo. No lograba recordar quien estaba en casa, sólo se me ocurrió llamar a la persona que creí podría ayudarme en esos momentos.
-¡Kasumi!- vociferé a todo pulmón. -¡Por favor ven rápido!-
Unos segundos más tarde mi hermana llegó al recibidor con cara de espanto y limpiándose las manos mojadas en su delantal. Miró la escena y se cubrió la boca asustada.
-¡Santo cielo! ¿Qué ha ocurrido, Akane? ¿Qué le pasa a Ranma?-
-No lo sé- respondí preocupada mientras me hincaba en el suelo y acomodada mejor el cuerpo de la pelirroja entre mis brazos.
Kasumi se aproximó para evaluar el estado de Ranma. Tocó sus manos, su frente, su cuello y me miró. -Tiene la cara muy caliente, pero el resto de su cuerpo está muy frío. Creo que tiene fiebre… Además está todo mojado. Lo mejor será que lo cambiemos para ponerle ropa seca y llamemos al doctor.-
-¿Están papá o tío Genma para que nos ayuden?-
-No, los dos salieron a una misión especial de entrenamiento. Volverán hasta dentro de un par de días-.
-¿Y tía Nodoka?-
Mi hermana negó con la cabeza. -Creo que anda de visita en su ciudad natal. Tío Genma me dejó su mensaje, pero no fue muy claro-.
Exhalé aire fastidiada, -¿Eso quiere decir que estamos solas?-
-Sí… pero no te preocupes, ya verás que todo saldrá bien. Sólo necesitamos cuidar de él y asegurarnos de que el doctor lo vea- dijo de forma positiva con una leve sonrisa.
Le sonreí de vuelta. -Gracias, Kasumi...- Me quedé reflexionando un momento sobre cómo íbamos a proceder. Lo más importante era quitarle esa ropa mojada y ponerlo a descansar. Considerando que no lucía muy bien quizás lo mejor era llevarlo a una cama y no al futón donde dormía.
-Creo que deberíamos cambiarle la ropa ahora que está convertido en mujer. Si papá y tío Genma no están, no es buena idea que se transforme antes de hacerlo…- sugerí bastante sonrojada.
-Tienes razón. No sería propio que miraras a Ranma sin ropa aunque sea tu prometido-.
Mi rostro se encendió aún más debido a sus comentarios. La sola idea de lo que estaba sugiriendo hacía que me pusiera nerviosa y se me alterara el pulso. Lo peor era que todavía tenía que decirle mi segunda propuesta. Con toda la vergüenza del mundo iba a hablar, sin embargo, ella se me adelantó.
-Sabes… Ranma se ve muy mal. Quizás sea mejor que lo llevemos a tu habitación. El pobre de seguro estará más cómodo en una cama que en su futón-.
Vaya suerte la mía, parecía que mi hermana me leía el pensamiento. Al ser ella quien dio la idea me sentí más relajada. -Estoy de acuerdo, Kasumi. Lo mejor será que subamos cuanto antes…-
-¿Podrás subirlo tú sola?-
Sonreí orgullosa de mi autosuficiencia. -Claro que puedo. No es la primera vez que lo cargo cuando está convertido en mujer-.
Lo llevé hasta mi habitación mientras Kasumi fue por un pijama de color azul. Cambiamos a la pelirroja; una vez lista, vertimos un poco de agua caliente sobre su cabeza para que regresara a su estado natural. Mi hermana me ayudó a quitar el edredón y arreglar la cama para recostarlo. Lo acomodamos y arropamos con varias cobijas, aunque sabíamos que tenía fiebre, debíamos mantenerlo caliente ya que su cuerpo parecía estar muy frío. Me le quedé observando con preocupación.
-Será mejor que llame al doctor cuanto antes- dijo me hermana desviando mi atención.
La idea hizo eco en mi cabeza… Cuando el doctor estaba cerca o hablaba con Kasumi tendía a perder el control. -Eh… sabes… mejor yo lo llamó. Por qué no vas a preparar té en caso de Ranma despierte.
Ella sonrió, -Buena idea, Akane…-
Bajé rápidamente las escaleras y llamé al doctor. Kasumi permaneció en la cocina, mientras yo subí de nuevo para estar al lado de Ranma.
Al entrar en la habitación mi mirada se clavó en la figura masculina que descansaba sobre mi cama. Pocas veces podía observarlo con tanta libertad, sin que nadie notara como mis ojos procesaban cada de detalle de su rostro para guardarlo secretamente en mi memoria para el resto de la eternidad. Dormía, una expresión tranquila adornaba su faz. Analicé su perfil altivo, las oscuras pestañabas que cobijaban sus preciosos ojos azules. Recorrí las cejas negras y espesas que enarcaban su rostro. Luego miré sus pálidas mejillas, su mentón… Unas ganas tremendas de deslizar mis dedos sobre su piel se hicieron presentes.
Mi corazón comenzó a palpitar de forma descontrolada. El ver a "mi prometido" recostado sobre mi cama, dormido y luciendo tan indefenso provocó un cálido sentimiento que me recorrió de pies a cabeza. La idea de aprovechar su estado de inconsciencia para robarle una caricia resultaba muy tentadora. Despacio caminé hasta al borde de la cama y le miré con ternura. Me puse cuclillas para quedar más cerca de él.
-Ranma…- musité con voz dulce mientras el dorso de mi mano se dirigía hacia su mejilla. Antes de lograr el ansiado contacto unos golpes secos en la puerta me hicieron levantarme como un resorte.
-Pa… pase…- dije de forma nerviosa.
-Akane, el doctor está abajo-.
-Gracias... ¿Kasumi, me puedes traer algunos paños pequeños mientras el doctor lo revisa?- Necesitaba a mi hermana lejos del rango visual del doctor si quería que llevara a cabo una buena revisión. La idea era curar a Ranma, no que terminara peor.
Fui por el doctor, le conté los pormenores de la situación y volvimos a mi cuarto para que llevara a cabo la consulta. Decidí salir mientras hacía su labor. No quería estorbar y deseaba asegurarme de que Kasumi no entrara de forma repentina y arruinara todo. Mi presentimiento fue acertado porque pronto mi hermana apareció con lo que le había solicitado.
-¿Cómo está Ranma? ¿Ya el doctor terminó?-
Tomé los paños que ella me estaba ofreciendo y le contesté, -Aún está adentro… Oye, estaba pensando que sería bueno invitar al doctor a tomar té con algunos bocadillos como agradecimiento por su consulta a domicilio. ¿Qué te parece?-
-Es una idea excelente- respondió sonriente. -Ya tengo el té listo, iré a ver qué puedo preparar para acompañarlo. En cuanto termine el doctor envíalo al comedor y baja tú también para acompañarnos…-
-Claro, Kasumi…-
Al cabo de unos minutos el doctor Tofú salió. Yo lo esperaba con una expresión ansiosa en mi rostro. No pude contener mi desesperación y pregunté por el estado de Ranma.
-¿Cómo está?-
-Se encuentra bien, Ranma es un chico fuerte… Parece que sufrió un choque térmico que casi lo deja al borde de la hipotermia, el mismo frío le ha provocado una fiebre extraña-.
-¿Es grave?- dije entrando en pánico y colocando una mano sobre mi pecho.
Él esbozó una media sonrisa. -No te preocupes Akane, tu prometido estará bien, pero va a requerir de tus cuidados. Le di un medicamento especial, esto hará que su cuerpo expulsé la fiebre, sin embargo, tendrá mucha temperatura y podría delirar un poco. Es necesario que mantengas los ojos bien puestos en él, le coloques compresas de agua fría y te asegures que tome esta medicina cada cuatro horas- explicó poniendo en mis manos una pequeña bolsa de color café.
-Sí… sí… doctor… ha… haré lo que usted me indique- musité muy sonrojada.
-Ranma debe sentirse muy feliz de tener una enfermera tan linda y que se preocupa tanto por él…-
Sentí mi rostro arder aún más y el calor llegó hasta mis orejas. -Yo… yo…- balbuceé torpemente. Antes de que pudiera decir algo más él me interrumpió.
-Bueno, creo que es hora de irme. Cualquier cosa no dudes en llamarme-.
-Espere doctor- pronuncié cuando me dio la espalda. -Queremos agradecerle el que haya venido hasta acá para atender a Ranma. Kasumi está preparando té. Por favor acepte nuestra invitación. Mi hermana me pidió que le dijera que esperara en el comedor- finalicé con una ligera reverencia.
Una expresión bobalicona se formó en su rostro, luego se inclinó para agradecerme el gesto. Le miré bajar las escaleras con torpeza y sonreí. Deseaba que las cosas entre esos dos alguna vez se dieran. Decidí que no bajaría, así les daría la oportunidad de estar a solas. Fui en busca de un par de cosas antes de volver a la habitación y cuidar de "mi prometido".
Cerré la puerta tras de mí, me recosté a ella y suspiré. Pasar la noche cuidando a Ranma era algo que no estaba dentro de mis planes. Lo miré de reojo y opté por acomodar las cosas que ocuparía durante mi labor. Coloqué un tazón con agua fría, un par de paños, los medicamentos, una tetera llena de té verde, un par vasos; seleccioné además algunas revistas y libros para matar el tiempo. Jalé la silla que estaba en mi escritorio y me senté cerca de él.
Ranma permanecía dormido. No quise quedarme embobada mirándolo como la última vez así que opté por sacar una revista y leer. Transcurrió cerca de una hora cuando un leve quejido llamó mi atención. Dejé lo que estaba leyendo sobre la mesa de noche y volqué mi atención hacia él. Su ceño estaba fruncido, lucía incómodo. Acerqué mi mano a su frente para medir su temperatura.
-Vaya, estás muy caliente…- susurré preocupada.
Tomé un paño, lo sumergí en agua fría, lo retorcí para quitarle el exceso y con mucho cuidado lo coloqué sobre su frente. Repetí el proceso con otro paño y fui dándole leves toques por la cara y el cuello. Fui intercambiando las comprensas que se iban poniendo tibias por unas nuevas hasta que le fiebre cedió un poco.
-Espero que te recuperes pronto- dije dulcemente.
Como era bastante tardé apagué la luz y opté por encender la lámpara que estaba sobre la mesita. La oscuridad le ayudaría a descansar mejor. Me tomé al atrevimiento de sentarme en el borde de la cama para verlo dormir… Era increíble ver al invencible Ranma Saotome enfermo, a merced de mis cuidados. Mi eterno salvador necesitando de mí para recuperarse. Aquel pensamiento me hizo sonreír. Me gustaba sentir que era importante, que podía hacer algo por él…
Conforme lo observaba el embrujo de su rostro dormido me hizo caer de nuevo en su poder. Aquella necesidad incontrolable por aproximarme más se hacía presente. Respiré profundo, estúpidamente giré la cabeza en busca de alguien que pudiera ser testigo de mi resolución. ¡Qué tonta era! Sabía que no había nadie, pero no podía evitar sentirme observada. Sólo estábamos él y yo, Ranma dormía, nadie tenía que enterarse si aprovechaba el momento para darme un pequeño gusto.
Tragué saliva, me moví sobre la cama para aproximarme más. Estaba decidido: ¡lo iba a hacer! Miré con ternura cada facción y despacio llevé mis dedos hasta sus cabellos azabaches. Me di a la tarea de apartar un par de mechones de su frente, jugué con ellos para luego soltarlos. Suspiré emocionada; moví mi mano y con el dorso rocé su sien, me deslicé con lentitud por su mejilla, mi dedo pulgar siguió la ruta que el revés de mi mano iba trazando. Llegué hasta su mentón disfrutando la suavidad y el contraste de su piel contra la mía. Volví a subir con lentitud rozando con mi pulgar muy cerca de la comisura de sus labios. Mi pulso se aceleró drásticamente, estaba adentrándome en terreno peligroso…
Su dulce fragancia a lavanda invadió el ambiente. No podía verla, pero sabía que estaba ahí. Sentí sus dedos enredarse en mis cabellos y luego la suavidad de su mano deslizándose por mi rostro. Quería abrir los ojos, saber si aquello que percibía era ficción o realidad. Transcurrieron algunos minutos, luego algo frío tocó mi frente. ¿Qué demonios me estaba sucediendo? Finalmente logré despertar…
La luz era escasa, pero inmediatamente reconocí la habitación de Akane. Me asusté al darme cuenta que estaba ahí en su cama. Ladeé mi cabeza y la vi vestida de blanco, sumergiendo un trozo de tela en un recipiente con agua; parecía un espejismo, un ángel. Sonreí al darme cuenta de lo afortunado que era de tener una enfermera tan hermosa.
Retorció el paño, supuse que para colocarlo en mi frente, al terminar su labor y voltear hacia mí sus ojos se abrieron asustados. -¡Ranma!-
-Ho… hola…-
-¿Cómo te sientes?- preguntó preocupada.
-No muy bien… ¿Qué me sucedió? ¿Qué… qué estoy haciendo aquí?-
Ella se sonrojó; con suavidad colocó la compresa fría en mi frente y contestó: -Bueno tú… te desmayaste al llegar, tenías fiebre y decidimos que lo mejor era que yo te cuidara. ¿Es… espero que no te moleste?-
-No… cla… claro que no- musité también avergonzado. -Disculpa las molestias que te estoy dando…-
Akane negó con la cabeza, -No es ninguna molestia. Me… me gusta… cuidar de ti…-
Aquella confesión me tomó por sorpresa, nunca me hubiera esperado tanta sinceridad por parte de ella. No supe qué decir, solamente le sonreí de medio lado. Akane se puso en pie y me dio la espalda.
-Debes tomar esto- dijo extendiendo una pastilla en una mano y un vaso con agua en la otra.
-¿Qué es?-
-Es un medicamento para que se te baje la fiebre. Me aseguraré que lo tomes a tus horas para que te recuperes…-
Me sonrió y yo le devolví el gesto. Levanté ligeramente mi cuerpo; ella llevó la pastilla hasta mi boca y me ayudó con el agua para tragarla. Suspiré mientras me acomodaba de nuevo sobre la cama.
-Gracias…-
-No es nada. Verás que mañana amaneces como si nada hubiera pasado- espetó sonriente.
Cerré los ojos e inhalé el perfume que despedía su almohada. -No me importaría estar más tiempo enfermo si me dejas quedarme aquí y cuidas de mí- confesé sin saber de dónde había reunido el valor.
-Yo… yo estaría feliz de seguir cuidándote…- le escuché decir quedamente.
-Repite lo que hacías antes- solicité clavando mis ojos en ella.
Akane me miró atemorizada, -¿Qué cosa?-
-Acaricia mi rostro como lo hacías antes de que despertara…- finalicé volviendo a cerrar los ojos.
Hubo un profundo silencio. El ambiente se llenó del sonido de dos corazones que latían desbocados y respiraciones profundas. Al cabo de unos segundos sentí sus dedos cálidos y aterciopelados rozando mi mejilla. Creí estar en el cielo…
-Tengo suerte de tener una enfermera tan bonita- susurré con una sonrisa.
Su tacto cesó. Me preocupé, quizás se había enojado por mis recientes atrevimientos. Estaba dispuesto a disculparme, sin embargo, algo que no me esperaba me detuvo. Sus labios depositaron un suave beso en mi frente. A pesar de la fiebre podía percibir la perfección el calor que emanaba de ella… Si antes me sentía en el cielo ahora estaba cerca del nirvana. La sentí alejarse y le miré con mucha intensidad.
-Lo siento… yo no… no debí…- balbuceó apenada.
Iba a levantarse de la cama, pero yo se lo impedí tomándola por la muñeca. Permanecimos sin decir una palabra, perdidos en el oscuro color de nuestras pupilas apenas iluminadas por su lámpara de noche. Con suavidad tomé su mano entre la mía y la llevé hacia mis labios para depositar un beso sobre su dorso.
Me estaba quedando dormida sobre la silla cuando unos sonidos provenientes de Ranma me hicieron despertar. Sacudí mi cabeza desconcertada y me acerqué un poco a él.
-Hmm… Akane…- masculló de forma apenas audible.
-¿Ranma, te sientes bien?- cuestioné alarmada.
-A… Akane…- repitió con dulzura.
-¿Dime, estás despierto?-
No hubo respuesta de su parte. Frunció el ceño, pero luego lo relajó para sonreír de medio lado. Algo me decía que estaba soñado, o quizás delirando por la fiebre. Iba a colocar mi mano sobre su frente para medir su temperatura, sin embargo un suspiro de su parte y luego el sonido de su voz me detuvo a medio camino.
-Eres hermosa, Akane…- susurró con claridad.
Los colores inmediatamente se me subieron al rostro. Tragué saliva, iba a retroceder, pero Ranma me lo impidió. Sin saber cómo, aún con sus ojos cerrados capturó mi mano entre la suya. Mi pulso se aceleró y el nerviosismo dominó mi cuerpo. Permanecí inmóvil mientras dejaba que sus dedos acariciaran mi extremidad; lentamente la llevó hacia a él, con delicadeza posó un suave y prolongado beso sobre el dorso de mi mano. En ese instante mi mundo dio un vuelco y un mareo embriagador me recorrió de pies a cabeza.
Soltó mi mano y su semblante se relajó. Parecía haber caído en un sueño profundo… Me puse en pie para dirigirme hacia la ventana. Coloqué una mano sobre mi pecho, como si con aquella acción pudiera frenar la locomotora desenfrenada que era mi corazón. ¿Ranma soñaba conmigo? ¿En medio de su delirante fiebre había dicho que era bonita y además me había besado tiernamente la mano?... Todo aquello resultaba muy difícil de creer. La mezcla de emoción y el desconcierto era mucho para mí. Me esperaba aún una larga noche…
Escuchaba el leve trinar de las aves. A pesar de tener los ojos cerrados sabía que había mucha claridad en la habitación. Deseaba dormir sólo un poco más. Me acurruqué entre las mantas, abracé la almohada… Un relámpago atravesó mi cerebro y me di cuenta de varias cosas: no estaba durmiendo en mi futón, aquel no era mi cuarto y por último no tenía la menor idea de lo que había sucedido. Asustado me erguí golpe, me percaté de donde estaba: la habitación de Akane.
Comencé a buscarla, la encontré sentada en el suelo y con la cabeza apoyada sobre el borde de la cama durmiendo. Mis ojos de abrieron como platos cuando ciertas imágenes cruzaron por mi mente. ¿Acaso lo que estaba recordando era un sueño, o en realidad había sucedido? ¿Akane había cuidado de mí, me había acariciado y besado mi frente? Entré en pánico al no poder discernir si todo era una alucinación o correspondía a las acciones de la noche anterior.
Me encontraba en medio de un abismo de desesperación cuando unos irises avellana hicieron su aparición. Akane levantó su cabeza y se restregó los ojos.
-Buenos días- me saludó con las mejillas sonrojadas.
-Hola- respondí temeroso y también ruborizado.
-¿Cómo amaneciste? ¿Te sientes mejor?- preguntó poniéndose en pie.
-Sí, eso… creo. ¿Cómo llegué… Por… por qué estoy aquí?-
Ella agachó la cabeza avergonzada, -Yo… yo… te traje. Te desmayaste cuando volviste de comprar los utensilios para reparar el dojo. Llegaste empapado y con fiebre- hizo una pausa, -Kasumi y yo decidimos que estarías más cómodo aquí. El doctor Tofú vino a examinarte y yo me encargué de cuidarte durante la noche…-
-Mu… muchas gracias por preocuparte por mí, Akane-.
-Con gusto, no fue nada…-
Un silencio incómodo se interpuso entre los dos. La curiosidad me carcomía, quería preguntarle si mis recuerdos correspondían a algo que en verdad había ocurrido o si eran un simple sueño. No encontraba la forma de tocar el tema, ni tampoco tenía el valor.
-Iré a ver si el desayuno está listo. ¿Crees poder bajar, o prefieres que te lo traiga?-
-Eh… no… no… yo puedo bajar- le respondí con la cara roja.
-Bueno, te espero abajo- finalizó con una leve sonrisa. Cerró la puerta tras de sí dejándome solo.
Permanecí en la habitación navegando en mis pensamientos antes de bajar. Intenté analizar la actitud de Akane para encontrar algún indicio de lo ocurrido durante mi estado de inconsciencia parcial o total. Aunque, si ella no había mencionado nada, quizás era porque nada había pasado. Tal vez era mejor así… que la escena se quedara como un agradable momento que no sabía si era una fantasía o una realidad.
Descendí por las escaleras intentando controlar mi estado de ansiedad. Ranma no tenía porque saber lo que había ocurrido mientras la fiebre seguramente le provocaba alucinaciones. Por más ráfagas de adrenalina que el recuerdo de sus labios cálidos sobre mi piel me provocara, él no era consciente de los hechos. No tenía idea de que había pronunciado mi nombre entre sus sueños, que había dicho que era hermosa…
Me recosté sobre el barandal sintiendo como el aire me faltaba. Si tan sólo pudiera preguntarle si en verdad creía que era bonita, si sentía algo por mí, si ansiaba tener acercamientos como los que se suponía debía tener una pareja comprometida.
No tenía aún el valor de sincerarme con Ranma. Era imposible confesarle las emociones crecientes que provocaba en mí, las fantasías que se apoderaban de mis pensamientos luego de nuestro primero beso… Aún no era el momento. Una vez más me tocaba callar y esperar a ver qué cosas me deparaba el destino.
Continuará…
Notas:
Cof… cof… Creo que me puse un poco melosa esta vez. Sólo espero que no haya sido demasiado dulce para algunas. No podemos decir que hubo un avance trascendental, pero al menos el ambiente se va calentando de a pocos con nuestra parejita.
No recuerdo exactamente cómo surgió esta idea tan extraña en mi cabeza, pero estoy muy contenta con el resultado. Las personas que me conocen saben que adoro el romance y me encanta narrar escenas de este tipo.
Lo más genial es que Ranma fue atrevido, Akane fue atrevida, pero ninguno lo sabe, muajajajaja. Me encantó imaginar a Ranma indefenso y a Akane cuidándolo.
Bueno, yo soy feliz, pero falta saber qué opinan ustedes. Todos sus comentarios serán recibidos con muchísimo cariño. Como estamos de aniversario creo que me merezco más reviews de lo normal. XD
Muchas gracias por continuar leyendo, significa mucho para mí. Gracias por seguir agregándome a sus alertas, por marcar esta historia como favorita. Me encantaría saber más de todas estas personas que me honran de esta manera. Por favor nunca duden de hacerme llegar sus reviews o mensajes privados.
Agradecerle infinitamente a quienes comentaron el capítulo pasado: Mininahermosa29, Dika1990, karlaeves, Marce, MaRcekidnicky'sgirl, Josciel, galadrielcullen, kotoko, Dani-Chan, Minue, Elena, Marina, dita30, Sakudepp, kary14, MM4orange-star-destiny y KRISSIACRUZ.(Pronto estaré respondiendo reviews personalmente como siempre lo hago)
Me despido por ahora. Les prometo hacer todo lo posible por tener una nueva actualización durante el mes de diciembre. Tengo en mente un capítulo navideño. Así que si tienen sugerencias dense prisa con sus reviews. Podría tomar en cuenta algunas ideas ya que todavía no tengo clara la trama.
Una vez más, ¡gracias por leer! Nos vemos en el siguiente capi…
Un beso y un abrazo,
AkaneKagome
PS. Ya saben que soy torpe para actualizar. Cualquier dedazo o error por favor no duden en decirme para corregirlo.
*25 de Octubre del 2011*
