Baia... Baia... ¿Adivinen quién está de vuelta, y en lo que yo considero tiempo record? No puedo creer que logré publicar este capi 2 meses después del anterior. ¿Quién es esta persona? Ya ni me reconozco.
Como les había prometido estos 2 capítulos iban a ser publicados con corta distancia entre sí. Muchas gracias a todas las maravillosas personas que me siguen leyendo a pesar de que soy la peor y más irresponsable escritora de todo el universo. Acá les dejo la continuación Nos leemos en las notas finales. Espero que les guste esta entrega.
Disclaimer
Los personajes no me pertenecen, son de la maravillosa, pero cruel, de Rumiko Takahashi; la cual debido al trauma que me dejó, me obligó al vicio de leer y escribir fanfics.
La Historia de Nuestro Amor
Capítulo XXVIII Cita
¿Hacerlo o no? No era tan difícil, solo tenía que decirle casual. ¿Oye, te apetece ir al festival? ¿Iré esta noche a dar una vuelta, quieres acompañarme? ¿Qué piensas del festival, has pensando en ir? Sacudí la cabeza contrariado. No importaba cómo lo dijera iba a parecer un completo imbécil. No sé ni porqué estaba dándole mente a la estúpida idea de mi mamá. No quería aceptar su chantaje, no podía casarme con Akane para obtener la cura de mi maldición. Sin embargo, las dudas asaltaban mi cabeza. Ella tenía razón, Akane había aceptado casarse conmigo antes. Si en realidad no le había molestado anteriormente, quizás podríamos intentarlo y yo me vería beneficiado.
Pasé varios días con miles de preguntas, escenarios posibles, conversaciones... Quizás solo debía contarle todo a Akane. Tal vez ella comprendería lo absurdo de esta situación. En un escenario poco posible tal vez me diría que todo este tiempo había querido casarse conmigo, pero que le daba miedo hablar al respecto. Me sonrojé ligeramente con ese último pensamiento.
-Maldita sea, por qué todo tiene que ser tan complicado- susurré para mí mismo enojado. Alcé la vista y me topé con la figura de Kasumi quien me sonreía cálidamente.
-Hola, Ranma...
-Hola.
-Luces algo estresado- me dijo preocupada.
-Creo que lo estoy.
Como en cámara lenta se sentó a mi lado y nos quedamos mirando hacia el estanque. Por un instante sentí que compartíamos una extraña complicidad. Si con alguien siempre me sentía en paz, era con Kasumi. Su aura siempre pura y estable canalizaba la energía a su alrededor con un extraño poder. Por un momento sentí un pinchazo de envidia, hubiera sido bonito tener una hermana como ella, alguien con quien compartir y contarle mis cosas.
-¿Quieres contarme?- expresó con dulzura.
Di un leve suspiro. No podía confiarle mis predicamentos. Nadie podía saber de la propuesta de mi madre, ni de que debía tomar pronto la decisión de si estaba dispuesto a formalizar mi compromiso con Akane. Quizás le podía contar que estaba considerando pedirle una cita... Opté mejor por no hablar más de la cuenta.
-Ni yo mismo lo sé...
-¿Tiene que ver con Akane?
Sentí el calor expandirse por mi rostro. Lo que me faltaba, sonrojarme como un completo imbécil. -No... no... bueno... quizás...
Ella me sonrió levemente. -He notado que últimamente se llevan mucho mejor. Hay menos pleitos.
-Sí, eso creo...
-Quizás sería conveniente que avancen en su relación.
Tragué en seco nervioso. -¿Qué quieres decir?
-Quizás deberían tener citas... ¿Por qué no le propones que sean novios formalmente?
¡Qué bicho le había picado! Kasumi no era de las que abordaba cosas tan íntimas así de repente. ¿Sería que mi madre había hablado con ella para confabular juntas?
-No... No es tan fácil.
-Vamos- dijo dándome un ligero toque en el hombro con voz animada. -Estoy segura que Akane le encantaría salir contigo. Ya sabes... como pareja.
-¿Ella te ha dicho algo?
-Oh Ranma, no hace falta. Siempre la veo suspirando por los rincones y últimamente te mira con un brillo especial.
¿Estaría hablando enserio? Yo no notaba nada diferente. Sí nos llevábamos mejor y quizás nos habíamos acercado más físicamente, pero yo no veía ningún cambio drástico. Quizás los demás podían ver cosas que yo no.
-Hay un festival en la ciudad. Me parece el lugar perfecto para que vayan juntos- finalizó con una sonrisa poniéndose en pie.
-Ya lo había pensado- murmuré no sé si para ella, o para mí mismo.
Con avidez devoraba las páginas de aquella novela romántica que había empezado a leer hacía una semana. Nunca había sido particularmente fanática de ese género, pero la tía Nodoka me había regalado el libro y no quise hacerle el desaire. Pasé varios días ojeándolo insegura, hasta que por fin una noche empecé a leer. De inmediato me vi atraída hacia la trama y mi corazón latía con fuerza con las escenas románticas, algunas un poco pasadas de tono para mi gusto. No quería que nadie se diera cuenta que ahora leía cosas de romance, ya podía escuchar las burlas, sobre todo de Ranma.
Estaba en medio de una escena de esas que me alteraban el pulso y me hacían tragar saliva nerviosa. Esas se habían vuelto mis favoritas, un placer culpable. Inmersa en mi lectura di un brinco al oír unos débiles golpes sobre mi puerta. Con rapidez guardé el libro bajo mi almohada y tomé en su lugar uno que había sobre mi escritorio.
-Adelante.
La puerta se abrió y tras de ella apareció Ranma con una expresión difícil de descifrar. Me sonrojé a más no poder, llegaba justo cuando estaba perturbada. Al ver que era él me moví rápidamente para quedar sentada al borde de la cama. El estar acostada de pronto me resultaba una posición demasiado "comprometedora".
-Hola- le saludé bajando la mirada.
-Hola- me respondió con una leve inclinación de cabeza. Entre nosotros se instauró un extraño silencio.
-¿Qué sucede?
Rascó su cabeza de forma nerviosa. Pareció dudar en si quedarse en el marco de la puerta o entrar del todo a mi habitación. Optó por lo primero. Enfocó sus irises en mí con mucha seriedad y carraspeó su garganta.
-Estaba pensando...- hizo una pausa.
-Aja- alcé una ceja interesada.
-¿Me acompañarías al festival esta noche?
Su petición me tomó por sorpresa, sentí que era un tema que ya habíamos definido antes. -Claro, ya habíamos quedado con la familia de asistir una de estas noches- contesté casual.
-No... me refiero a nosotros dos... solos- pronunció aquello con la voz un poco más ronca de lo normal.
Abrí los ojos un poco sorprendida. -¿Cómo en una... una... cita?- Me maldije a mí misma luego de hacer esa estúpida pregunta. Casi podía sentir la respuesta sarcástica que Ranma me iba a devolver.
-Sí, una cita- respondió sonrojado.
Me quedé de piedra, no lo podía creer, nada de burlas de su parte, sus intenciones eran reales. -Sí... me gustaría- contesté nerviosa.
-Nos vemos frente al dojo a las 7.
-Ahí estaré.
Cerró la puerta tras de sí y yo sentí el pulso fuera de control. ¿Qué estaba pasando? ¿Ranma enserio me había invitado a una cita? ¿Era un sueño todo aquello?
Luego de la propuesta de la tía Nodoka lo había estado evitando. La indecisión constante, aquel sentimiento de culpa, temía que Ranma se diera cuenta que algo me pasaba. Si me hacía preguntas no iba a poder mentirle. Había optado por poner entre los dos cierta distancia mientras pensaba las cosas. Ahora con su invitación descolocaba todo. Sin poder evitarlo di un respingo. ¡Debía buscar qué ponerme!
Casi nunca lo hacía, pero esa noche decidí vestirme con un hakama en diferentes tonos de azul. Normalmente prefería usar mis ropas chinas cómodas y frescas, pero sentí que la ocasión ameritaba algo más tradicional. Estaba casi seguro que Akane optaría por algo tradicional. Los festivales eran la oportunidad perfecta para usar aquellos trajes que rara vez podíamos.
No me equivoqué... La vi caminar hacia mí con un hermoso kimono azul oscuro con flores de sakura blancas en la parte de abajo y un obi rojo escarlata. Se había recogido la mitad del cabello con una prensa mostrando un peinado diferente. Su rostro como siempre impoluto, sin un rastro de maquillaje, Akane no lo necesitaba. Su belleza era natural y era justo por eso que me sentía atraído como polilla al fuego, sin necesidad de esforzarse como muchas intentaban, siempre resplandecía y se veía perfecta. Aquella luz que irradiaba era mi perdición. La vi analizarme y luego sonrojarse ligeramente.
-No pensé que te pusieras ropa tradicional- musitó con tímida sonrisa.
-Me pareció conveniente.
Hubo un instante de silencio entre los dos. No sé ni de dónde salieron mis agallas, pero me animé a decirle lo realmente pensaba. -Te ves... te ves... muy bonita.
Su rostro pareció desencajarse. -¿Lo dices enserio?
-Sí- respondí algo sorprendido.
-¿Ranma, te sientes mal?
-¿Por qué lo dices?
-Estoy acostumbrada a que me digas que soy fea y poco femenina. Un halago es algo es que no me esperaba.
Boba... ¿Qué acaso no podía tomar un cumplido y no hacer la situación más incómoda para mí? Si íbamos a tener una cita enserio, qué más daba si era sincero y le decía lo hermosa que se veía.
-Mejor vamos- sugerí para darle un giro al tema de conversación.
Ambos caminamos en silencio por las calles de la ciudad. Contrario a mi normal comportamiento, me quedé a su lado y nunca me subí a ninguna valla. Por extraño que pareciera no quería poner ninguna distancia entre nosotros. Quizás sería agradable tener una cita con todas las de la ley, intentando ser caballeroso, no discutir, llevarnos bien. La miré y ella sonrió radiante. Automáticamente mi pulso se aceleró... No estaba seguro si iba a sobrevivir esa noche.
Todo en el festival me parecía maravilloso. Quizás lo mejor de todo era que podíamos estar los dos solos, no había familiares con comentarios fuera de lugar, no prometidas odiosas, no acosadores... ¿Era mucho pedirle a la vida que no nos encontráramos a nadie conocido y que simplemente pudiéramos disfrutar de la velada en paz?
Pasamos a través de varios puestos. Admiramos los peces de colores, las artesanías, las diversas comidas, hasta que nos detuvimos a comer unos sabrosos takoyaki. Nos sentamos en una mesa sobre una colina a degustar lo que habíamos comprado. Desde arriba veíamos algunas de las presentaciones de danza que se llevaban abajo.
-Es una noche hermosa- dije mirando a mi alrededor.
-Lo es.
-La estoy pasando muy bien- confesé para luego seguir devorando mi platillo.
-Yo también. Todo está extrañamente calmado.
-Definitivamente- coincidí con su comentario. -¿Qué más quieres hacer?
Sus ojos se abrieron algo asustados y no pude descifrar la extraña expresión que me devolvió.
-¿Te gustaría algo de postre?- me preguntó.
-Siempre hay espacio para el postre. ¿Qué tienes en mente?
Pasó sus dedos por debajo de la barbilla. -¿Y si vamos por un helado?
Enarqué una ceja confundida. -¿Quieres decir... que irías por helado sin transformarte?
Mi pregunta pareció molestarle porque su ceño se arrugó con disgusto. Solo esperaba que mi comentario no arruinara la velada, de momento todo había salido muy bien.
-No veo por qué no- fue su seca respuesta.
-¡Vaya!- me sorprendió la decisión en su voz. Jamás me hubiera imaginado tal madurez por parte de mi "prometido". Le sonreí con dulzura intentando calmar las aguas. -Vamos Ranma, no pongas esa cara.
-No pongo ninguna cara- refutó molesto.
Solté una carcajada. -Anda, vayamos por ese helado- dije feliz. Decidí arriesgarme y entrelazar mi brazo con el suyo para caminar juntos. Aquella acción lo desconcertó por completo, lo sentí tensarse de pies a cabeza.
-Este... este... sí...
Despacio avanzamos de nuevo hacia el festival y los diferentes puestos. Por alguna extraña razón me sentía tranquila, contenta de disfrutar aquel momento juntos. Si Ranma esperaba una cita me iba a comportar como si fuera una de verdad. Qué más daba si me tomaba un poco más de confianza para sujetar su brazo. Quizás estaba siendo muy ingenua en ignorar otros temas más importantes que deberían estar pasando por mi mente, pero esa noche estaba dispuesta a borrarlo todo y simplemente pasarla bien.
Cuando al fin llegamos al puesto de helados yo me pedí un mantecado elaborado con varios sabores, pero Ranma optó por un simple cono de vainilla. No sentamos en una de mesas a las afueras del stand de helado para disfrutar de nuestro postre. Era tan extraño verlo disfrutar de helado en su "forma natural". Tal vez no estaba listo para comer algo exótico como lo que ordenaba cuando era una chica, pero era un comienzo.
-¿Quieres probar un poco del mío?- ofrecí con amabilidad.
-No...
-Anda vamos.
-Akane...
-Sé que quieres- le dije acercando la cuchara a su rostro.
-Está bien- respondió derrotado y tomando el utensilio para dar un bocado.
-¿Está bueno verdad?
-Sí- respondió desviando la mirada.
-Para la próxima deberías pedir lo mismo que yo- insinué para luego comer una cucharada con más helado de lo debido. Todo se salió ligeramente de control y me limpié con una servilleta el desastre alrededor de mi boca.
-Lo pensaré- sus ojos volvieron a posarse con atención sobre mí y se volvieron turbios. -Torpe... Aún te queda helado aquí...- dijo con voz suave a la vez que llevaba su pulgar hacia la comisura de mis labios en un pausado roce. Pareció detener su avance para luego dirigirse hacia mi labio inferior. El tiempo se detuvo a mi alrededor, una oleada de calor subió de golpe. Sentí una extraña opresión en el pecho y un remolino avanzar por mi estómago. Ranma pareció darse cuenta de mi turbación, limpió el área con delicadeza y se apartó de golpe. Me le quedé mirando sorprendida y sin poder pronunciar palabra.
Suavidad... Toda ella era tan suave. Fue un impulso que no pude controlar. No entendí de dónde saqué agallas para llevar acabo tal atrevimiento. Me vi empujado por mis deseos más oscuros, un simple movimiento... solo quería sentirla. Luego mi mente me traicionó de mi objetivo, en lugar de simplemente quitar la mancha de helado que había llamado mi atención me moví milímetros hacia su labio inferior. La idea de volverla a besar me atacaba constantemente. ¿Sería tan complicado tomar ese riesgo?
La realidad me pegó de golpe y por su expresión me di cuenta que había cruzado la raya. Sus ojos clavados en mí, aquel ardor que parecía apoderarse de todo, eran demasiadas sensaciones. Podía sentir mis mejillas encendidas. Respiré hondo en un vano intento de controlar mi pulso. Debía actuar normal si tenía intenciones de sobrevivir a nuestra cita. Giré el rostro y enfoqué mi atención en las luces que decoraban el ambiente. Dejamos que el silencio calmara las aguas.
-¿Quieres... quieres acercarte para ver los fuegos artificiales? Creo que ya casi comienzan.
-Sí- contestó débilmente.
Caminamos en silencio hacia el sitio del festival donde pronto empezaría el evento. Hermosas luces de colores luego empezarían a iluminar el cielo de verano. Volteé mi rostro para ponerle atención y la vi sonreír tímidamente.
Mi mente se devolvió en el tiempo y en alguna parte de mi memoria se revivió aquella ocasión en el Tanabata, cuando me arriesgué para recuperar el nombre de Akane, fui golpeado por los fuegos artificiales y quedé inconsciente por algunos minutos desvariando. Quizás la leyenda era cierta, quizás en aquel momento habíamos sellado nuestro destino y el haber luchado por esos ridículos papeles había ligado nuestro futuro para estar por siempre juntos como marido y mujer... Aquel pensamiento me hizo hervir por dentro. Nuevamente las palabras de mi madre volvían a mi cabeza. ¿Si me atrevía a besarla, era aquello buena idea? ¿Descubriría algo que hasta entonces no sabía? ¿Era Akane mi destino? Muy en el fondo quería que lo fuera, ¿pero pensaría ella igual?
Al terminar el espectáculo la muchedumbre empezó a aplaudir. Se hacía un poco tarde y quizás era hora de volver a casa. No quería ser yo quién hiciera la propuesta, así que mejor que Akane fuera quién decidiera.
-¿Qué deseas hacer ahora?
-Es un poco tarde, quizás sea mejor si volvemos a casa. ¿Te parece?
-Estoy de acuerdo.
Para salir tuvimos que volver atravesar los puestos. Akane parecía distraerse de nuevo con los colores, la gente jugando y los vendedores que le ofrecían cosas. A mí todo me parecía aburrido comparado a sus hermosos ojos llenos de expectativa y sus sonrisas furtivas.
La travesía a casa estuvo llena de comentarios banales y silencios algo incómodos. Conforme se acercaba el momento de llegar mi tiempo se acababa. Si quería lograr un avance tenía que hacerlo pronto. Una vez que estuviéramos afuera del portón no habría oportunidad. Lo último que necesitaba era algún miembro de la familia metiche arruinando mis intenciones. Mi cabeza era un mar de confusión entre qué hacer, cómo hacerlo y evitar quedar como un imbécil. De la parte más idiota de mi fuero interno me arriesgué. En una jugada sin planificar la tomé de la mano y la arrastré a un callejón poco iluminado que estaba cerca.
-¿Qué sucede?- preguntó con voz preocupada.
-Yo... yo necesito que hablemos a solas un momento- respondí sin soltar su mano.
-Me estás preocupando. ¿Pasa algo malo?
Permanecí mudo por un momento. No estaba seguro de qué decir. La luz era escasa, sin embargo, aún podía ver sus ojos avellana inmersos en los míos. No sabía si era miedo o expectativa lo que podía leer en su mirada.
-No estoy seguro de cómo decir esto... He estado pensando... ¿Te molestaría...?
Mi voz se cortó al sentir una extraña presión sobre mi hombro. En los ojos de Akane pude ver la preocupación. Al voltear divisé por el rabillo del ojo un bulto peludo. Temí lo peor. Era... era... un maullido. Todo se volvió negro por un momento mientras asimilaba el terror de sentir el peso sobre mi cuerpo de aquel ser maligno.
-¡Ga... ga... gato! ¡Quítalo, quítalo!- grité con desesperación. Comencé a mover los brazos como loco y correr de un lado para el otro, pero la bestia parecía aferrarse con más fuerza.
-¡Cálmate Ranma, todo va estar bien!- la escuché a lo lejos.
No podía controlar los alaridos sin sentido que salían de mi boca. Estaba entrando en pánico y sin importar cómo me moviera el animal no parecía separarse de mí. Solo avanzaba sin sentido por la ciudad, sacudiendo mi cuerpo y clamando por ayuda.
-¡Si no te detienes no puedo ayudarte!- Akane vociferaba intentando darme alcance.
-¡Akane haz algo por favor!-
El tiempo se detuvo y comencé a caer en el abismo. Ya no soportaba el miedo, la impotencia, tenía que dejarme llevar... ser uno... si era uno con el gato y se acabaría mi sufrimiento. Oscuridad, todo era oscuridad...
Intenté darles alcance, pero Ranma era rápido. Doblando por la esquina lo vi entrando por el portón de la casa. Por instinto había corrido hasta ahí. Ingresé casi sin aliento, con la esperanza de poder detener la transformación... era demasiado tarde. Al divisarlo vi en su rostro el inminente cambio. Con un sonoro maullido y dándole un golpe alejó al felino que había provocado el alboroto, el bulto blanco salió asustado brincando por encima del muro. Estaba enfadado, sin embargo, su atención de pronto se desvió hacia mí. Me acerqué despacio, siempre era precavida al enfrentarlo en su estado gatuno.
-¿Estás bien?- pregunté en un susurro.
Levantó sus preciosos ojos azules mirándome con emoción y maulló contento.
-Me asustaste bobo, casi te pierdo de vista. Menos mal que volviste a casa- le dije mientras acariciaba ligeramente su cabello. Cuando Ranma estaba en su forma felina era más fácil ser cariñosa con él.
De forma inesperada se acercó más de lo debido y empezó a restregar su cuerpo contra el mío. Me quedé de piedra con el corazón latiendo a mil por segundo. Despacio su mejilla acarició mis piernas sobre la tela del kimono. Él parecía estar feliz de sentirme cerca porque no dejaba de hacer sonidos tiernos. No obstante, el sentir su cara sobre mis extremidades me estaba poniendo muy nerviosa. Ranma tenía el control sobre la situación y yo debía recuperarlo.
-Hazte un poco para allá- le dije inquieta mientras empujaba ligeramente su cabeza de mis piernas. No pareció gustarle el intento de aplicar distancia porque empujo con fuerza su rostro contra mis rodillas. Perdí el equilibrio y caí sentada.
-Ranma, necesito que te comportes...
Un maullido fue su respuesta. Mi intento por alejarlo había sido en vano. De un pequeño salto cayó sobre mis muslos. Sus dedos doblados con suavidad masajearon mis piernas y aquel ronroneo sinónimo de tranquilidad hizo su aparición. Sonreí resignada, no había nada que hacer, lo mejor sería disfrutar de su cercanía e intentar calmarlo para que regresara de su trance.
-Eres un aprovechado- lo acusé acariciando de nuevo su melena azabache.
Él parecía estar tranquilo, feliz de sentir mi calor y mis caricias. Sin tan solo fuera igual de sencillo estar así de cerca en su estado "normal". Ahora era yo la aprovechada, le propinaba mimos consciente de que no se acordaría de nada luego. Por inercia dejé sus cabellos y con delicadeza rocé el contorno de su mandíbula. Su piel era tan suave y reconfortante. Mi atrevimiento pareció haberle alterado. Me miró ladeando el rostro y se acercó lentamente.
-¿Qué... qué sucede...?
En una fracción de segundo su nariz comenzó a moverse sobre mi mejilla en una íntima caricia. Cerré los ojos por inercia disfrutando de aquella inesperada cercanía. Reaccioné sacudiendo la cabeza preocupada. Tenía que detenerlo, Ranma no sabía que lo hacía.
-Por favor...- susurré para luego sentir su boca sobre mi piel.
Todo se detuvo a mi alrededor. Un fuego abrasador parecía brotar de mi interior. Me sentí demasiado abrumada, incapaz de moverme. Continuó tocando mi mejilla suavemente con sus labios de arriba hacia abajo. No podía negar que aquello se sentía muy bien. Lentamente cambió su accionar y pude percibir su lengua lamiendo con timidez. Mi cuerpo seguía quieto cual estatua de piedra.
Quise hacer algo, pero todo estaba sucediendo demasiado rápido y mi cuerpo no reaccionaba. Ranma se alejó unos milímetros de mi mejilla. No supe en qué instante cambió su trayectoria y de forma sorpresiva sentí sus labios sobre los míos, presionando con suavidad y calidez. Esta vez aquel contacto era muy diferente, parecía ser más efusivo. Movía ligeramente su cabeza abriéndose campo entre mi boca y pronto sentí una humedad desconocida. Su lengua me acariciaba despacio haciendo aquel beso más íntimo. Por inercia cerré los ojos y me dejé llevar por el mar de sensaciones. Ya nada importaba...
Estaba flotando en medio de un sueño maravilloso. Su olor invadió mi olfato con fuerza, aquel perfume embriagador de lavanda. Había algo nuevo, un calor diferente... Me sentí extrañamente cómodo en un mar de suavidad. La oscuridad se hacía lejana y podía percibir una luz que se aproximaba. Abrí los ojos y noté el rostro de Akane demasiado cerca. Me tomó unos segundos percatarme de lo que estaba pasando. ¿Acaso estaba besándola? ¿Seguía soñando?
Si era un sueño debía aprovecharlo antes de despertar. Ella estaba quieta, parecía disfrutar del roce de mis labios contra los suyos. Cerré los ojos para entregarme a aquel momento que llevaba meses esperando que ocurriera de nuevo. Despacio moví mi boca acariciando la suya, ella respondió haciendo lo mismo. Me animé a succionar su labio inferior. Mi corazón cabalgó desbocado y los nervios provocaron un cosquilleo por todo mi cuerpo. Todo se sentía tan maravillosamente real.
Acerqué mi mano lentamente y acaricié su mejilla. Quería profundizar más el beso, pero un sentimiento de vergüenza me frenó. Tal vez si ella me daba el visto bueno podía hacer el encuentro más intenso. Me alejé de sus labios y abrí los ojos para mirarla.
-Akane... Eso fue extraordinario- pronuncié aún extasiado.
Ella me devolvió una expresión de asombro. -Ranma... ¿Acaso regresaste?
Su tono de incertidumbre me hizo darme cuenta que algo no andaba bien. Al mirar a mi alrededor me percaté que estábamos en el patio de la casa y que me encontraba sobre sus piernas. ¿Qué era lo último que podía recordar antes de estar besándola? De pronto la realidad me dio una bofetada, no era un sueño, realmente estaba besando a Akane. ¿Cómo había sucedido todo sin que me diera cuenta? Comencé a atar cabos, todo había ocurrido porque estaba en estado de Nekoken.
Continuará...
Muchas gracias por haber leído hasta este punto. Originalmente esta idea no era parte del fic. Como decidí acortar la historia me pareció necesario que mi parejita favorita al menos tuviera una cita "normal".
¿Por qué hacer un beso impulsado por el Nekoken? Como ya en la serie había pasado, nunca consideré usar este escenario de nuevo, pero me di cuenta que era el impulso perfecto para un avance más íntimo, solo que esta vez Ranma despertó para vivir la experiencia y recordarla. La idea del beso fue impulsada por un capítulo de la fabulosa PenBagu. Les recomiendo ir a leer a esta chica, debe ser de las escritoras más talentosas que he descubierto desde que volví al fandom.
Aunque amo el arco del manga del Tanabata decidí no hacer ningún flashback formal en este capi, sino simplemente mencionarlo. Si no lo han leído se los recomiendo, es bello y muy divertido.
Confesaré que no he empezado el siguiente capítulo. Mi objetivo será publicar los 2 siguientes con una distancia parecida a estos, pero creo que me tomará un par de meses poder avanzar, sobre todo si consideramos que en 2 meses escribí 3 cuartas partes de éste, pero haré mi mejor esfuerzo. Trabajo al ritmo de la tortuga.
Quiero agradecer infinitamente a las personas maravillosas que aun sabiendo el riesgo pasaron el leer el capi 27. Mil gracias a: Lucitachan, Ranma84, Cyn (Akai27), camyg64, Btaisho, Kannaminomikoto, Guest, DolcePiano, Benani0125 y kotoko-98. Muchas gracias por responder a mi pregunta y dejarme sus sugerencias y bellas palabras. No merezco sus reviews. También gracias a Hector Vite que dejó su review en el capi 1.
Espero no haber olvidado algo que quería decir, sino vendré y editaré las notas.
Un abrazo,
AkaneKagome
7 de Marzo del 2020
