Nota inicial: otro fanfic experimental. Antes de que se acabe el año, para acabarlo bien, como es debido. Ya saben, inspirado en otra canción de los Caifanes pues porque la carne es débil y mi pobre alma necesitaba curarse a través de una canción y un fanfic, y yo como la auto indulgente que soy, me lo hice de mí para mí. Btw, es complementario y final para "Nunca me voy a transformar en ti" y a "Clávame mejor los dientes".

Tags: no sé qué es esto, ayuda, planeaba algo medio erótico, pero me salió esto, esta vez no me metí nada lo juro, oigan enserio no sé qué escribí. SI, ESTOS SON LOS TAGS. Mentira, son estos: intento de estudio de personaje, ¿romance metafísico?, probable ooc, drama familiar, angst con final feliz.

ADVERTENCIA: lo puse en rating M, pero no hay nada explícito, creo.


Es casi media noche, para ellos la noche todavía es joven. Nie MingJue y Jin GuangYao llevan haciendo el papel de amantes durante poco más de un año. Esta vez lo han hecho bien. Sus vidas ya no son un escenario donde ambos son títeres de otros. No hay máscaras, no hay telones ni bambalinas para esconder sus esencias. Son dueños de sus propios destinos y han construido un presente juntos.

Jin GuangYao, luego de que el Nie se le confesara, decidió abandonar a su familia —lo cual fue un escándalo—, para irse a vivir con Nie MingJue. No todos lo tomaron bien, en especial HuaiSang. El menor de los Nie se puso histérico cuando lo vio llegar con las maletas al departamento y Lan XiChen tuvo que intervenir para separar a HuaiSang de GuangYao, pues loco de rabia, lo lanzó por una escalera. Al enterarse del acontecimiento, Nie MingJue dejó también a su hermano. No voy a tolerar que trates así a mi pareja, y no fue una amenaza, lo cumplió. HuaiSang pidió disculpas, pero MingJue sigue disgustado.

No era así como planeaban iniciar una vida juntos, con Jin GuangYao con un pie dislocado, Nie MingJue desempleado y sin techo donde dormir. Lan XiChen se compadeció de ellos y los alojó hasta que el primero se curó y el otro consiguió empleo. Cuando estuvieron listos, se fueron. El joven Jin quiso dejar de ser un Jin, no quería escuchar que su padre le restregara en la cara que según todos sus logros fueron solo por llevar su apellido. El no necesitaba oír esa mierda. Por su suerte su hermano no está tan ciego como lo estuvo su madrastra. Vete, vete lejos, haz tu vida, aconsejó a la par que ofreció dinero. Jin GuangYao le hizo caso y aprovechó bien cada centavo.

Esa noche, un ángel los rapta. Los abandona en medio del dolor y frustración que buscan contener cada día de la semana. Llegar al viernes es un alivio. Convertir todo ese huracán de emociones en goce es una tarea sencilla. Basta con pedirlo.

Hagamos un silencio, pide Jin GuangYao. Nie MingJue asiente. Dejan de hablar. Lo levanta en vilo y se hace paso hacia la habitación a zancadas. El Nie abre la puerta de una patada, el Jin se aferra a sus brazos. A oscuras, buscan el maldito interruptor. Algo se cayó al suelo; se rompió. Los dos siguen ocupados besándose como para preocuparse que tiraron. Sus bocas pelean, las lenguas se entrelazan más allá de lo físico. Hay que cerrar las ventanas dice el mayor, que nos vean, que nos escuchen responde el otro jalándolo de la camisa para tirarlo a la cama. Dan vueltas.

De repente MingJue interrumpe diciendo que puede llegar su hermano, lo invitaron a pasar el fin de semana. A Jin GuangYao no le importa y lo calla con un beso. Que nos vea, que vea lo feliz que somos, objeta. El Nie deja de quejarse, tira de las prendas como niño desesperado queriendo abrir un regalo. Conoce el cuerpo que va a profanar, pero cada vez que descobija a Jin GuangYao, encuentra otra cosa en él que lo hace desearlo más. Jamás se va a cansar de recorrerle el cuerpo con los labios. Vamos a ver lo que eres, susurra en los labios de su amante, que sonríe. A ver si te gusto, le responde el Jin con una risa suave. Sus narices se juntan. Jin GuangYao deposita besos cálidos en la mejilla del otro. A tientas intentan desnudarse.

Exponer la desnudez no es más que un acto de mutua sinceridad, ¿Qué puede ser más real y tangible que darle el cuerpo al otro buscando lograr que los pedazos de sus maltrechos corazones encajen uno con el otro? ¿Acaso no se nace desnudo, sin nada que cubra o proteja a uno de los peligros de la vida? Solo en la desnudez, encuentran aquello que les falta para seguir sobreviviendo: amor, coraje, confianza. Y son tan disparejos. Jin GuangYao es pequeño, delgado, pero no débil. Nie MingJue es altísimo, una mole hecho hombre, pero eso no le exime de ser sensible en ningún sentido. El cuerpo de Jin GuangYao pareció ser diseñado para ser un muñeco que se estira y jamás se rompe, el del Nie, para saquear, destruir y conquistar.

Jin GuangYao ama ese cuerpo, el de Nie MingJue, y se deleita saboreando cada rincón del esculpido pecho, mientras sus dedos se divierten con la hombría ajena. De repente, siente escalofríos, se retuerce, las piernas le tiemblan. Las manos de su amado, tan grandes que podrían romperlo, recorren las llanuras de su vientre, llegan a su sexo. Luego amasan sus glúteos. El se entrega sin miedos al placer que le brindan los dedos ajenos. Desea ser conquistado, o tal vez conquistar el salvajismo del otro.

Entonces Nie MingJue se detiene, le pregunta con la mirada si puede seguir. El joven Jin se muerde el labio. Me gusta tu cuerpo, por eso lo junto con el mío, para que seamos uno; responde Jin GuangYao. Vuelve a besarlo, y Nie MingJue irrumpe en su recoveco más privado. Se abre paso para habitar el cuerpo ajeno, hundirse en el Jin hasta tocar su alma. Jin GuangYao araña, observa, gime, su cuerpo se sacude pidiendo más. Siente, existe. Nadie habla. Los ojos de Jin GuangYao se humedecen, Nie MingJue bebe de su dolor; se alimenta de su violencia, de su oscuridad. Las suaves mordidas en su cuello acallan el ruido de su mente. Hay silencio.

Nunca en la vida se han amado tanto. Juntan los pedazos de sus almas, se amalgaman en uno solo. Pueden sobrevivir cada uno separado, pero juntos son mas fuertes. Hacen un silencio. Hacen sangrar al cielo. Hacen lo suyo enserio. ¿No a eso han estado jugando el último año luego de haberse ido a vivir juntos? Ahora ya no es un juego. O si lo es, uno donde ambos ganan, y uno donde las lágrimas y el dolor solo se permiten cuando están en la cama para dar paso a un placer inconmensurable.

Hay silencio. Se entregan a sus instintos más primitivos, porque, ¿qué otra cosa había en el mundo, cuando la nada existía, que no fuese silencio? Entre el silencio, aprendieron a leerse mutuamente. A interpretar cada latido, cada suspiro, cada grito ahogado, para que cuando el éxtasis los alcanzara, fueran capaces de liberarse en un gruñido gutural proveniente de lo más profundo de su existencia, o en un jadeo tan elocuente como salvaje.

No necesitan decirse que se aman, pero a veces es necesario romper el silencio, necesitan escuchar de sus propias voces pronunciar esa frase que en algún momento los dejó resquebrajados. Hacer un silencio, les permitió apreciar mejor la fuerza de aquellas palabras más allá de sus acciones. Hacer un silencio, no es para ellos olvidar, callar, no es omisión ni reprimenda; sus cuerpos llevan tatuados en el otro los dientes y las uñas pues solo en el silencio son capaces de dibujarse el amor que se tienen a través de caricias. En el dibujo no hay espacio para la mentira.

Han terminado. Se siente toda una eternidad. Tarde o temprano repetirán el ciclo y volverán al silencio.


BONUS

Amanece. Jin GuangYao es el primero en despertar, su casi esposo lo tiene todavía abrazado. Despacio se levanta, tiene el cuerpo entumecido. La habitación es un desastre, siempre que lo hacen, hacen un desastre. Suspira. Toca su cuello, sus labios hinchados, ahí donde Nie MingJue se dio lujo de comérselo; se sonroja. Lo mira dormir. No vislumbra en su frente un ceño fruncido, luce tan apacible. Y solo él tiene el privilegio de verlo así.

Se pone una bata. Necesita un café. Una taza estaría bien, o dos, o tres. Y cuando sale al pasillo, el olor de esa bebida le llega a la nariz.

Su cuñado está en casa. Se vuelve a sonrojar, ahora de vergüenza.

—Buenos días. —HuaiSang saluda con todo el decoro posible. —Preparé café, espero no te moleste.

Jin GuangYao sacude la cabeza, le devuelve el saludo.

—¿Llegaste…?

—De madrugada. No quise despertarlos. —objeta, aunque quiso decir "interrumpirlos".

—Ya veo. —el Jin desvía la mirada. Rara vez se queda con su cuñado a solas, no le tiene miedo, solo prefiere evitar que vuelvan a existir malentendidos entre ellos—. Tu hermano todavía está durmiendo, si quieres voy a despertarlo.

—No. De hecho, me gustaría hablar contigo, A-Yao.

—Claro. —el aludido se sienta, hace tiempo que HuaiSang no lo llama de ese modo. Años.

—Quiero pedirte disculpas otra vez.

—Ya.

—Enserio. —insiste HuaiSang.

—Te creo.

No es que Jin GuangYao no le crea. A pesar de que la víctima fue él, el que necesita superar aquel infortunado evento, es Nie MingJue.

—¿Por qué no perdonas a tu hermano? —preguntó una vez. Que Jin GuangYao haya formulado esa pregunta es tan impropio de su comportamiento, que el Nie se sorprende.

—Te hizo daño. —refutó Nie MingJue.

—Sí, sé que él estaba enojado conmigo por todo lo que te hice. Pero era entre tu y yo.

—Por eso mismo no debió haberte lastimado.

—No seas necio, A—Jue. —tiró de su brazo como queriendo recibir más de su atención—. Estuvo mal, ¿de acuerdo? Todos nos equivocamos.

—No justifiques a HuaiSang.

—Tienes razón, no voy a hacerlo. Pero ¿haberlo abandonado no es castigo suficiente?

Nie MingJue se encoge de hombros.

—El tiempo dirá.

Y el tiempo lo dijo. HuaiSang buscó reconciliarse con su hermano. Jin GuangYao lo perdonó a favor de que ambos Nie hicieran las pases. Cedió su orgullo solo para que Nie MingJue dejara de sufrir y culparse.

—Te creo. —reanudó Jin GuangYao—. Ninguno está libre de culpas. Pero, ya es pasado. Tu hermano y yo estamos bien.

—Lo sé.

—Y no tengo nada contra ti. Te perdono, HuaiSang.

Nie MingJue irrumpe en la sala. Esta más o menos vestido. O al menos más vestido que su pareja.

—Creí que llegabas hoy a medio día. —dirige una mirada a su hermano una mirada de reproche.

—Perdón. —susurra HuaiSang, vuelve a sentirse un niño de diez años.

—No lo regañes así, A-Jue. —interviene, el Jin. —Vino a visitarnos.

El mayor de los Nie resopla.

—Ve a cambiarte, A-Yao. Hablaré con mi hermano.

Jin GuangYao asiente, antes de retirarse se lleva una taza de café.

—Vengo a disculparme.

—Ya dijiste eso, HuaiSang.

No intercambian más palabras. Nie MingJue medita lo que Jin GuangYao dijo a su hermano, lo ha perdonado. ¿De verdad lo hizo? Rememora el tono con que lo dijo. Sí, si lo hizo. El sabe cuándo Jin GuangYao miente y desde que vive con él, no ha escuchado ese horrible tono falso en su voz. Esta vez dijo la verdad.

—Quédate el fin de semana, hace tiempo que no hablamos. —ofrece el mayor.

—¿Enserio? —los ojos de HuaiSang se iluminan—. Planeaba estar solo unas horas, además, tú y A-Yao necesitan pasar tiempo juntos…

—Como una familia. —tercia Jin GuangYao con una sonrisa—. Somos una familia.

Una familia. Nie MingJue, Jin GuangYao, Nie HuaiSang, son una familia.


Notas finales: escribí y escribí esto como tres veces hasta que me gustara el resultado, y sigo sin saber que carajo escribí. Ya sé que soy bien engañosa con los títulos, con los tags, con todo. Perdón. Quería probar varios estilos narrativos y ver que efecto conseguía, y no sé si lo logré, pero pues echando a perder se aprende. El bonus es como que la parte más normalita. Esto ya es "el final" de los shots que escribí. Los publiqué separados porque, aunque están conectados, según yo cada uno explora temas diferentes. Desvaríos míos. Dejo los huecos en cada one shot a su imaginación. Todavía hay otro tema -más personal, el de la farmacodependencia-, que voy abordar en un fanfic (en uno ya está como mencionado), y espero poder hacerlo antes de que termine el año. En fin, gracias por la lectura. Gracias por leerme, enserio gracias, gracias.