DISCLAIMER: La franquicia de Naruto así como sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.

No pude resistirme a escribir sobre esta pareja de la que me he enamorado recientemente. En caso de leer en inglés, hay una versión en Ao3 en mi cuenta MonarchOfSHADOWS con el título No mistletoe (aunque a decir verdad, mi inglés no es muy bueno).

Sin más que decir, ¡disfruten!


Era una mañana fría como cualquier otra durante el invierno en la Aldea de la Niebla. La Quinta Mizukage ocupaba su oficina desde temprano donde se le podía encontrar trabajando en el eterno, insufrible papeleo que la aquejaba desde que tomara posesión del título. Aún así, pese al suplicio que significaba el trabajo de oficina para ella, una hermosa sonrisa adornaba sus labios.

No era difícil de notar que pese a la eficiencia con la que checaba los reportes pulcramente apilados en su escritorio -fruto del arduo trabajo por parte de su fiel consejero y mano derecha, Ao- había algo más ocupando su mente. Y es que en lo que respectaba al hombre que era conocido como su espada personal, siempre cerca, en sincronía y dispuesto a desviar cualquier ataque en su contra, Mei no podía ignorar la calidez que la invadía al pensar en el aroma de su cuello, la callosidad de sus dedos contra sus mejillas frías o su aliento rozándole la cara.

Aún en la privacidad de su oficina, Mei retuvo el suspiro que nació en su pecho para dejarlo salir a través de sus fosas nasales. Tan sólo recordar lo sucedido, o pensar en el hombre en cuestión provocaba una sensación de calidez que recorría su cuerpo hasta dejarla mareada, agitada. Ni siquiera el ponche de frutas caliente entre sus manos era capaz de disipar el bochorno.

Como consuelo no dejaba de pensar en que Ao debía estar en un estado de aturdimiento similar sino peor al suyo.

No tenía idea exactamente cómo fue que sucedió. La noche anterior no había sido diferente a cualquier otra, salvo por los regalos que Mei trajo consigo para sus dos confiables escoltas. Chojuro se mostró tan agradecido como ruborizado al recibir un obsequio. Tras colocarse la bufanda y con un beso en la frente por parte de Mei, ella decidió permitirle retirarse temprano para descansar.

Era obvio que Ao no aprobó dicha decisión más se mantuvo en silencio cuando el muchacho hizo su retirada. No pasó desapercibido para Mei que el marco de los lentes de Chojuro eran nuevos y que de paso agradeció a Ao antes de retirarse.

Cuando Mei giró su atención hacia Ao, encontrándose solos, el capitán cazador aclaró su garganta para disimular el nerviosismo de extender un paquete en su dirección. Mei ni siquiera se molestó en ocultar la sonrisa impresionada en su rostro.

"Ao, esto está exquisito," murmuró Mei al rociar un poco del perfume sobre una de sus muñecas. Inhaló por segunda vez. Fingiendo que no se percataba de la mirada de su consejero sobre ella, disfrutó del discreto aroma floral que emanaba de su piel. Lirios. "Quién diría que tienes tan buen gusto en perfumería."

"Mizukage-sama…"

Sin darle tiempo a responder, Mei se apresuró a entregar su regalo. "Aquí tienes. Espero sea de tu agrado."

Ao parpadeó al tomar el envoltorio suave que delataba una prenda de ropa. Cuando lo desenvolvió encontró un suéter de cuello de tortuga azul, diferente aunque similar en estilo al que usaba bajo su haori de siempre, Ao no escondió la sonrisa de gratitud en su rostro.

"Lo es. Se lo agradezco mucho, Mizukage-sama."

Tal vez fue la manera en que se sonrieron mutuamente por los regalos que, sin necesidad de ser demasiado íntimos, revelaban un poco de la amistad que compartían desde hacía años. No se trataba de un simple intercambio entre un jefe y su asistente, sino un gesto entre dos personas que habían peleado espalda a espalda contra incontables adversidades y que al fin, por un momento, podían darse un respiro.

Volvieron al trabajo. Y Ao trajo consigo un poco de ponche al que Mei, sin pizca de modestia, agregó unas gotas de alcohol. De ser cualquier otro momento él sin duda habría reprochado, pero era víspera de Navidad, estaban estancados en un mar de papeleo y entre ellos compartían una especie de familiaridad que eran incapaces de encontrar en compañía de otras personas.

"Los días pasan tan rápido. Ni siquiera tuve tiempo de decorar este lugar," Ao escuchó a la Mizukage quejarse mientras revolvía su propio ponche con una cuchara. Habían pasado ya quince minutos desde que Mei decidiera rendirse e ignorar el ineludible trabajo frente a sus ojos. Ao decidió continuar sin su ayuda pero era evidente que ahora ella intentaba influenciarlo lo suficiente para que siguiera su ejemplo.

Ao suspiró. No por nada tomó la mitad del trabajo para llevárselo consigo a la pequeña mesita de té en la oficina de la Mizukage, evitando en lo posible dejarse dominar por el aura de apatía que consumía a Mei desde que se sirviera su segunda taza de ponche.

"No tendría tiempo para quitar las decoraciones después, de todos modos'', comentó él. La Mizukage lo miró con irritación desde su sitio.

Mei se puso de pie, con la misma autoridad que usaba cada vez que presidía alguna asamblea importante frente a los líderes de clanes de la aldea. Pero estando solos, con el frío decembrino a su alrededor y la dulzura del ponche con alcohol rebajado en sus organismos, la situación resultaba cómica.

"Esa será tu misión principal el próximo año," aseguró ella entonces, caminando desde su escritorio en dirección al lugar de Ao donde lucía desproporcionado con lo alto que era él sentado en un mueble tan pequeño. Ao no se inmutó cuando Mei tomó asiento a su lado, su mirada fija sobre él. "No te encargaré ninguna misión durante diciembre hasta que la oficina esté decorada."

Una sonrisa discreta se formó en el rostro de Ao. De alguna manera Mei había logrado su cometido; hacer que dejara de concentrarse en el pergamino entre sus manos, pero aún así decidió apostar a su suerte un poco más y pretender que continuaba ocupado.

"¿No esperará a que desocupe mis tareas del día por traer un árbol de Navidad, Mizukage-sama?"

"Eso es exactamente lo que espero, Ao," respondió ella de brazos cruzados. Guardó silencio unos momentos, tomándose su tiempo para analizar su oficina como si estuviera decidiendo el tipo de decoraciones que deseaba. Ao encontraba cada vez más difícil aparentar que no le entretenía la situación. "No sé si quiero un árbol, pero sí quiero algo que adorne el lugar. Que deje de verse como si el tiempo no pasara, al menos."

"Un calendario no vendría mal-"

No se sorprendió cuando Mei le dio una palmada en el brazo para recriminar por su comentario. Ao dejó el pergamino de vuelta en la mesita, girándose hacia ella por fin.

"Entonces sin árbol."

"Eso aún no lo decido. Sólo no quisiera deshacerme de mi planta por poner un árbol de Navidad sólo unas semanas."

Cualquier ninja bajo sus órdenes encontraría la escena demasiado surrealista, pero para ambos se sentía perfectamente normal. Ao permanecía en silencio mientras Mei hablaba del tipo de decoraciones que le gustaría tener, rememorando que su familia siendo tradicional no permitía frivolidades tales. Cuando él tenía alguna sugerencia la hacía sin importunar el hilo de conversación, aunque era bastante obvio que el tema estaba fuera de su campo de experiencia. Conversaban con tal sincronía como aquellos días en los que planeaban sabotajes y ataques sorpresa para debilitar la fuerza de Yagura sobre la aldea.

Tal vez sí era culpa del ponche.

En algún punto de su conversación, que Ao tomaba con tanta seriedad como lo requería la expresión determinada de la Mizukage, ella apoyó su hombro contra el suyo y la postura de él estaba relajada lo suficiente para no encontrar extraño el contacto.

"¿No querrá muérdagos también…?"

"¿En una oficina? ¡Por supuesto que no!" Mei frunció los labios, mirándolo con un deje de crítica en su cara. "Este sería el lugar más anticlimático para un beso."

"Sin contar que debería besar a cada persona que ingrese a su oficina."

"Sólo besaría al que se encuentre bajo el muérdago conmigo. Y si es que me apetece."

Ao soltó un resoplido, sin ocultar su sonrisa esta vez. De alguna manera había bajado la guardia lo suficiente para apoyarse en el respaldo del sillón, dándole oportunidad a la Mizukage de acercarse más. Sin mucho espacio que los separara en ese momento, ella continuaba divagando en decoraciones y besos.

Mei debió ponerse el perfume cuando aún se rehusaba a trabajar porque Ao era capaz de oler el aroma a lirios, estando tan cerca de ella. Embriagado por el calor compartían, ladeó la cabeza lo suficiente para corroborar que la fragancia en su cuello era su regalo. Ella debió sentirlo porque se sobresaltó, volviendo su atención hacia él.

"Espero que no olvides ningún detalle."

Con el rostro de Mei tan cerca del suyo, notando sus mejillas teñidas en rubor y lo demandante de su expresión, Ao sólo atinó a asentir. "No será así. Sin muérdagos."

Entonces Mei fue consciente de la proximidad entre ambos. Al escuchar la palabra muérdago sus ojos viajaron a la boca de Ao y entonces el ambiente que los rodeaba se volvió tan absorbente que se vio obligada a dejar de respirar. Cuando hizo contacto visual de nuevo, fue turno de Ao en enfocarse en sus labios. Sintió la boca seca al instante.

"Sin muérdago," afirmó Mei, sus ojos atraídos nuevamente por la boca de su consejero, su escolta. El compañero contra el que estaba descansando su cuerpo, lo que le daba la ventaja perfecta para inclinarse hacia él.

El compañero, consejero y escolta llevó una de sus manos hacia su mejilla expuesta para detenerla un momento. Pero no había rechazo en sus facciones, tan sólo un poco de incertidumbre. Pasó una eternidad antes de que Mei decidiera continuar con su iniciativa, deslizando sus manos a través de los hombros de Ao y la mano la acercó en lugar de detenerla.

El roce inicial fue dulce. El pulgar de Ao acariciaba su mejilla suave con suavidad, mientras sus labios se atrevían a besar los de ella con mucho recato. Como si temiera romper el encanto en el que se encontraban atrapados si osaba hacer más. Fue Mei quien se presionó más contra su cuerpo y aprovechó para deslizar su lengua entre los labios de Ao para demandar más de sus atenciones.

El sabor a ponche invadía los sentidos de ambos, pero Mei estaba segura que incluso sin el sabor dulce de la bebida bien podría volverse adicta a la boca de Ao. Sin mencionar la manera con la que Ao acariciaba su rostro y cabello, muy atento y cuidadoso.

"Mei…" murmuró cuando sus bocas se separaron un momento. Mei jadeaba, y él se tomó un momento para retirar unos mechones de cabello de su rostro antes de atraerla de nuevo hacia su boca, su mano aún sosteniendo la fina quijada de la Mizukage.

Habría durado horas sino días perdida en esa burbuja en que se encontraban, disfrutando las atenciones de su leal compañero mientras dejaban pasar lo comprometedora de la situación. No obstante se separó de sus labios, rompiendo el beso cuando sabía que era momento de, consciente de que dejarse llevar de más no era idóneo en ese preciso instante.

Ao parecía compartir su hilo de pensamiento, aunque el brillo en su único ojo visible delatara lo mucho que deseaba volver a sentir su boca contra la suya. Mei resistió la urgencia de ceder.

"Sin muérdagos," repitió Ao, sus brazos aún alrededor de ella. Parecía no darle importancia a lo incómoda que era su posición, su mano apartó el cabello del rostro de la Mizukage de nuevo.

Mei asintió.

"Sería poco romántico," añadió ella, como si fuera obvio. Ao no refutó sus palabras, jamás se atrevería y menos en su posición actual.

"Entendido," respondió sin más, recibiendo un beso en su mejilla esta vez. No hubo palabras entre ellos mientras Mei se acomodaba sobre su pecho, escondiendo la cara en el cuello de Ao y disfrutando el aroma de su piel, los brazos firmes de su escolta manteniéndola cómoda en lo que Ao intentaba encontrar una posición menos comprometedora para su propia espalda.

Se quedaron dormidos de esa manera. Cuando despertó, Mei aún podía sentir el calor de Ao rodeándola y fusionándose con el de su perfume. Descubrió su haori alrededor de sus hombros, y pese a no haberlo sentido apartarse durante su sueño, estaba segura de que no había pasado demasiado tiempo durmiendo sola sobre el pequeño sillón. Se atrevía a concluir que Ao se retiró tan sólo minutos antes de que ella despertara.

A tiempo récord Mei se dirigió a su residencia Mizukage y regresó a la oficina a la hora usual, aseada y lista para continuar como si no estuviera divagando sobre lo sucedido. Notó una nueva taza de ponche caliente sobre su escritorio que no estaba cuando se había retirado tan sólo media hora antes.

Ocupada en sus memorias y el papeleo al que no podía ignorar por segunda -¿o era tercera?- vez, Ao hizo acto de presencia en su oficina.

"Mizukage-sama."

No fue difícil notar que, igual a ella, la retirada de Ao se debía a la rutina. Al verlo, Mei concluyó que Ao recurrió a su cubículo en los cuarteles ANBU para alistarse e iniciar el día como si no hubiera pasado la noche en el incómodo y pequeño sofá de la oficina Mizukage con Mei usándolo como almohada.

Tampoco pudo ignorar que usaba un suéter azul de mangas largas bajo el haori. Mei sonrió, sin hacer comentarios al respecto.

"Feliz Navidad, Ao."

Ao correspondió sus palabras, y pese a la formalidad de su rostro, su voz permitía establecer una familiaridad única entre ellos que para los demás pasaría desapercibida. "Feliz Navidad, Mizukage-sama."