Buenas! como prometí la semana pasada acá está el primer capítulo de esta historia. Espero que les guste.

Recuerden dar favoritos y dejar un review si tienen algo que comentar y nada, nos leemos la semana que viene.

Disclaimer: Mundo, personajes y todo lo reconocible se encuentran bajo la propiedad de J.K Rowling.


El primero de septiembre siempre era un día ajetreado en el andén 9 3/4. Capas ondeando detrás de padres con mirada nostálgica al tener que despedir a sus hijos, niños arrastrando pesadas maletas de aquí para allá, gente como Harry Potter y Ron Weasley que les entusiasmaba mas bien poco tener que volver a estudiar, y gente como Hermione Granger ansiosa de descubrir que nuevos desafíos le supondría su penúltimo año en Hogwarts.

Hermione se mostró emocionada al volver a ver a sus dos mejores amigos luego de pasar todo el verano separados. Harry y Ron habían pasado las vacaciones en la madriguera junto a la familia del pelirrojo, a Hermione le hubiera encantado sumarse al plan de no ser porque sus padres tenían planeado un viaje a Francia que quisieron que se hiciera en familia, así que la comunicación con sus amigos no había pasado de mas de un par de cartas esporádicas.

—Es hora de que se vayan niños, corran que llegan tarde — La señora Weasley se despidió de todos con un abrazo y los instó a que se apresuraran a alcanzar el tren.

Los tres amigos se aproximaban a una de las puertas cuando Hermione habló.

—Oigan ¿Dónde esta Ginny?— Preguntó luego de haber notado la ausencia de su amiga.

Ron se encogió de hombro —Ya subió al tren, dijo que tenía que alcanzar a alguien. Solo espero que no sea ningún chico— La última frase pretendía ser un susurro pero Hermione la oyó perfectamente.

Harry se tensó a su otro lado.

—Ronald, Ginny ya es bastante mayorcita y no puedes sobreprotegerla por siempre — Dijo Hermione dándole al pelirrojo una mirada de reprimenda.

Ron la miró de repente con las mejillas encendidas.

—¡Yo no la sobreprotejo! Sólo no quiero que cualquier idiota le haga daño —Dijo enfurruñado.

—Ya Ron, pero...

—Oigan—La interrumpió Harry que se había quedado quieto unos pasos atrás mientras ellos avanzaban.

—¿Que pasa Harry?— Ambos volvieron sobre sus pasos y se colocaron junto al castaño.

—¿Ese no es Malfoy y...la madre de Tonks?—Cuestionó Harry con el ceño fruncido en confusión.

Hermione siguió con la mirada al lugar casi al fondo de la estación al que su amigo miraba fijamente, y donde un Draco Malfoy vestido con su usual traje negro elegante conversaba tranquilamente con nada menos que Andrómeda Tonks. Era de público conocimiento que los Malfoy no tenían contacto con familias a las que consideraban "traidores a la sangre" por lo que la visión era toda una sorpresa.

—¿Andrómeda?—Preguntó Hermione como para asegurarse de lo que veía. —¿Que hará ella con él? No veo a sus padres por ningún lado.

—¿No te enteraste? Ese mortífago de Lucius Malfoy está muerto—Expresó Ron a su lado con un tono que demostraba que claramente no sentía lástima por aquel hombre.

Hermione se giró a él de repente, la sorpresa tiñendo sus facciones.

—¿Me lo estas diciendo en serio? No tenía idea, debe haber sido cuando estuve de viaje.

—Y nadie sabe nada de Narcissa, es como si hubiera desaparecido—Agregó Harry.

Hermione no sentía lastima por Lucius Malfoy, pero le sorprendió la punzada de pena que sintió por Draco al pensar en lo solo que debía estar.

Al verle la cara, Ron pareció haberle leído el pensamiento.

—¿No sentirás lástima por el idiota ese verdad?

Los tres retomaron su camino hacia el tren y se encaminaron en la búsqueda de un compartimento vacío.

—Siento lo mismo que sentiría por cualquiera que perdiera a sus padres Ron, aunque estos fueran Lucius y Narcissa Malfoy—Dijo Hermione con algo de molestia.

—Ese hurón no merece la lástima de nadie Hermione, si Quien-tu-sabes siguiera aquí él terminaría siendo un asqueroso mortífago igual que su padre, que bien muerto está después de todo lo que ha hecho.

Hermione se giró hacia su amigo, impactada por sus palabras.

—¿Hablando de mi Weasley? Te diría que me halagas, pero primero será mejor advertirte que antes de hablar de mi familia mejor te muerdas la lengua— Dijo una arrastrada y casi siseante voz que provenía de detrás de ellos.

Cuando los tres voltearon, Draco Malfoy se hallaba allí parado a unos metros con su pose altiva y su porte aristocrático, dirigiendole una mirada gélida a Ron desde sus pálidos ojos.

¿Habría escuchado toda la conversación? ¿Y cuando había aparecido tan cerca de ellos si estaba casi hasta el fondo de la estación? Hermione nunca había notado que el rubio parecía moverse silenciosamente rápido, casi como el arrastre de una serpiente.

—Pierdete Malfoy—Dijo Harry en un intento de dar por terminada la conversación, sabía que darle lugar a réplica a Ron podía delegar en un conflicto que era mejor evitar.

Sin embargo, Malfoy no apartó la mirada venenosa de Ron antes de hablar.

—No Potter, que Weasel me repita a la cara lo que estaba diciendo—Dijo esbozando una sonrisa que no anunciaba buenas noticias.

Hermione no pudo evitar pensar en que Malfoy tenía algo de razón en todo aquello, Ron no debió decir esas cosas, sobre todo en público donde corría riesgo de ser escuchado.

Ron por lo visto no tenía intención de irse de allí sin pelear.

—Lo que oiste hurón, el mortífago de...

—Suficiente—Lo cortó Hermione, lanzandole una mirada cargada de reproche a su amigo.

Ron lució momentáneamente afectado por la interrupción.

—Hermione no me digas que estás de su parte—Escupió las palabras

—No estoy de parte de nadie, solo no quiero que inicies una estúpida pelea el primer día cuando ni siquiera hemos llegado al castillo. Además, lo que dijiste no estuvo bien y lo sabes— Murmuró entre dientes con intención de que solo él escuchara, pero al parecer había calculado mal el volumen de su voz.

—Gracias...Granger—Pareció dudar al decir su apellido, como si hubiera estado a punto de decir otra cosa— Pero no necesito que me defiendas— Concluyó Draco lanzándole una sonrisa irónica a Hermione, que, para sorpresa de ésta, no estaba cargada del asco usual que tenía al mirarla, era simplemente burlona.

—Ahora si me disculpan, tengo cosas mas importantes que hacer—Dijo Malfoy volviendo a su tono arrogante y abriéndose paso entre ellos hasta desaparecer en el mar de estudiantes.

—No me lo puedo creer—Dijo Ron, para luego darle una enojada mirada de reojo a su amiga, con las mejillas sonrojadas por la rabia para luego alejarse sin mirar atrás.

Hermione sabía que no debería haber avergonzado a su amigo frente a su *peor enemigo* de esa forma ¡Pero no era su intención! Malfoy debía tener oído supersónico.

También es bien sabido que un Ron avergonzado es peor que un Ron simplemente enojado, no se la dejará pasar tan fácilmente y deberá hacer méritos. Genial.

Hermione le lanzó una mirada desesperada a su amigo de anteojos pero éste solo se encogió de hombros.

—Ya se le pasará, pero no debiste avergonzarlo así. Sabes que odia a Malfoy mas que cualquiera de nosotros.

—Pero no pretendía...Ugh, olvídalo— Quejarse no iba a servirle de nada.

Algunos minutos después se hallaban los tres en un compartimento rodeados de un silencio cargado de tensión.

Harry se veía visiblemente incómodo y Ron estaba sentado junto a la ventana frente a Hermione totalmente enfurruñado y cruzado de brazos. No la había mirado ni una sola vez.

—Ron ¿Piensas ignorarme todo el viaje?

Al no obtener respuesta la castaña bufó, no pensaba seguir allí aguantando su berrinche de niño pequeño.

Se levantó y tomó un pequeño bolso con su uniforme dentro.

—Iré a cambiarme —Informó a Harry antes de abrir la puerta del compartimento y salir al pasillo.

Era temprano aún para cambiarse pero fue la primera excusa que se le vino a la mente para salir de allí lo mas rápido posible.

Con paso lento, Hermione emprendió camino por el largo pasillo del tren con el fin de dirigirse a los baños que se encontraban al final, pero los sonidos de una acalorada conversación la hicieron detenerse. Provenían de un compartimento de la fila que tenía a su izquierda.

Ella no era para nada chismosa, pero no había mucho que hacer y necesitaba una distracción para no pensar en Ron.

Primero revisó que todos estén en sus compartimentos para que nadie la viera en esa situación tan comprometida, y luego, acercándose a las puertas corredizas que apenas dejaba ver dos figuras borrosas, paró la oreja.

—No puedes estar haciéndome ésto—Escupió con enojo una voz femenina.

—Astoria maldita sea, escúchame bien porque no lo volveré a repetir: Lo nuestro nunca fue real... y no te atrevas a poner esa maldita cara de sorpresa porque tú lo sabías muy bien.

Eran Draco Malfoy y Astoria Greengrass, reconoció Hermione con asombro, y parecía ser una discusión de pareja que no le incumbía en lo mas mínimo. Pero por alguna razón no pudo obligarse a si misma a dejar de escuchar.

—Bien— Bufó Astoria —Pero eso no significa que no pueda serlo— Dijo con una voz mas suave mientras su figura se acercaba significativamente a la de Malfoy, pero éste inmediatamente dió dos pasos atrás alejándose de ella.

—La única razón que tenía para estar contigo era que mis padres lo habían puesto de condición para darme la herencia— Dijo con voz fría, carente de emoción— Ahora mi padre está muerto y mi madre se ha ido. La herencia será mía te tenga en mi vida o no, y yo no te quiero en ella ¿Es eso lo suficientemente claro para ti?

Hermione soltó el aire que no sabía que estaba conteniendo, lo que acababa de oir era tan cruel y carente de tacto que no pudo evitar sentir pena por una muchacha que, si bien no era santa de su devoción, no merecía oir semejantes palabras, sean verdad o no. Nadie lo hacía.

—Draco...—La palabra salió temblorosa de los labios de Astoria.

—¿A quien espiamos?—Susurró una voz en su oído

Hermione gritó.

Pegada a ella se hallaba Ginny Weasley que en ese momento se destornillaba de risa a su costa.

—¡Tu cara!— Dijo casi sin aliento.

—¡Por las barbas de Merlín, Ginevra Weasley! — Exclamó con el corazón a mil por hora mientras le daba un golpe con el bolso a la pelirroja de su amiga.

Cuando fulminaba a la menor de los Weasley con la mirada, la puerta del compartimento se abrió de par en par y se dió cuenta, para su horror, que habían hecho demasiado ruido y el par que había estado discutiendo minutos antes las habían escuchado y ahora las observaban, Astoria con furia surcando su fino rostro y Malfoy con un deje de aburrimiento.

—¿Y ustedes dos que hacen ahí par de estúpidas? ¿Estaban espiandonos? —Demandó saber la Slytherin con el ceño fruncido.

—¿A quien llamas estúpida serpiente rastrera?—Espetó Ginny, el enfado visible en su rostro mientras hacía el amago de llevarse la mano a la varita. Hermione decidió intervenir.

—Déjala Ginny, no lo vale—Dijo sujetando a su amiga del brazo.

Ginny la miró y asintió dándole la razón.

Que ironía que haya tenido que calmar a dos Weasleys en lo que va del día y todavía no hayan ni llegado al colegio. Esa familia sin duda tenía un gran temperamento.

—Mas que tú y toda tu asquerosa familia llena de traidores a la sangre si que valgo, Weasley— Dijo Astoria dándose aires de superioridad.

Y pensar que había sentido lástima por ella. Ni Malfoy podría tolerar tenerla cerca y eso ya era mucho decir.

Mientras tanto, dicho rubio platinado ahora observaba el intercambio entre las chicas con ligera diversión, como si fuera un espectáculo para su entretenimiento.

Advirtiendo que esta vez su amiga no dudaría en atacarla con un Mocomurciélago, se colocó frente a ella y se enfrentó a la menor de los Greengrass.

—Cuida tus palabras Greengrass, no estaremos en el castillo pero siendo prefecta legalmente puedo quitarte puntos, no creo que tu casa esté muy contenta de empezar el curso con números en negativo. —Esa actitud no era muy digna de una Gryffindor, pero personas como ella la sacaban de sus casillas.

Astoria no pareció amedrentarse y la observaba como quién miraría a una mosca en la sopa.

—A mi no me amenaces, sangresucia.

Después de tantos años, esa palabra había dejado de provocarle el mismo impacto que cuando era una niña, pero igual la detestaba y no debería ser pronunciada nunca por nadie.

Sintió a Ginny temblar de rabia a su espalda.

Cuando la castaña se preparó para responderle que se fuera al infierno, alguien se le adelantó.

—Suficiente con el circo Astoria ¿No tienes otra parte en la que estar?—A simple vista Draco Malfoy se veía simplemente desligado de la situación, recostado contra el marco de la puerta. Pero su voz tomó un matiz completamente serio.

Astoria lo observó con sorpresa.

—Pero...—Suspiró con hastío—Bien, pero tenemos una conversación pendiente —Dijo antes de darse la vuelta y alejarse sin darle al rubio oportunidad de replicar.

Malfoy rodó los ojos con fastidio y sin darle una sola mirada extra a una sorprendida Hermione, volvió a encerrarse en el compartimento.

El resto del viaje siguió con relativa normalidad, a excepción del silencio de Ron que al parecer seguiría aplicándole la ley del hielo por tiempo indefinido. También se encontraron con Luna en el pasillo de vuelta y las dos chicas la invitaron a que se sentara con ellos, a lo que la rubia aceptó gustosamente mientras les hablaba de una nueva criatura que ella y su padre habían encontrado en su jardín durante el verano. Hermione y Ginny se lanzaron una mirada mutua de conocimiento. Su amiga no será la mas cuerda pero le tenían aprecio.

Por otro lado, para alivio de Hermione, tampoco hubo ningún encuentro acidental con algún otro Slytherin en lo que quedó de recorrido, lidiar con Malfoy y su peculiar comportamiento había sido suficiente por lo que resta del día.

Una vez sentados todos en sus respectivos asientos, algo que Hermione no pudo evitar notar es lo tensas que estaban las cosas entre Harry y Ginny. Ron no lo había notado porque estaba muy ocupado estando enojado y Luna leía su número del Quisquilloso, por lo que Hermione había sido la única en percatarse de que el aire entre ellos era tan denso que era palpable. No se habían dirigido la palabra desde que las chicas entraron al compartimento y observó como Harry le lanzaba rápidas miradas a Ginny cuando pensaba que nadie lo estaba viendo. Hizo una nota mental de preguntarle a alguno de sus amigos mas tarde, seguramente había ocurrido algo ese verano del cual ella parecía haberse perdido demasiadas cosas.

*

Cuando el tren hubo finalmente arribado a la estación de Hogsmeade, los alumnos procedieron a emprender sus respectivos caminos hacia Hogwarts.

Mientras tanto una ligera brisa nocturna hacía ondear las túnicas de Hermione Granger y Ginny Weasley, que se encontraban rezagadas a un par de metros de sus amigos de camino a los carruajes que los llevarían al castillo.

A todo esto Ron seguía sin dirigirle la palabra después de horas de viaje. Hermione bufó internamente.

—Oye Hermione ¿A que crees que ha venido la...intervención de Malfoy hace un rato?—Preguntó Ginny con apariencia de haberle estado dando vueltas a la misma pregunta.

Hermione le frunció el ceño.

—¿A que te refieres?

—Oh vamos, ¿No me dirás que no te parece curioso que haya decidido mandar a Astoria Greengrass a freir espárragos justo después de que te llamara sangresucia?

Hermione se detuvo. Una idea que no se había colado en su cerebro por lo descabellado que sonaba de repente le daba que pensar, aunque se negaba a aceptarla siquiera como posibilidad.

—¿Estas insinuando que Malfoy, el Draco Malfoy que todos conocemos...me defendió?—Hermione elevó las cejas en incredulidad. La risa histérica estaba a un paso. —Es absurdo Ginny.

—Como quieras— Dijo retomando el paso pero todavía observándola —Pero yo mantendría un ojo en él este año, digamos que tengo un presentimiento— Finalizó para luego alejarse dejando a Hermione con la cabeza a punto de explotar.