Hermione comenzaba a creer que separarse de Ron no había sido tan buena idea. Descubrió que conversar con alguien en estas vigilancias interminables eran una gran manera de sobrellevar el tiempo, y no había notado lo terriblemente aburrida que era aquella actividad si se hacía en soledad.
En este rato que pasó había bajado del séptimo piso en el que se encontraba la torre de Gryffindor, pasando por el sexto donde no hubo mucho movimiento, al quinto donde se había encontrado con Peeves molestando a un par de chicos de segundo año de Ravenclaw que se habían escabullido de su sala común para hacer vete a saber que. Concluyó que aguantar las bromas pesadas del poltergeist había sido suficiente castigo para los muchachos, por lo que no les quitó puntos y los mandó a la cama no sin antes hacerles prometer que no volverían a salir a esas horas. También les recordó que tuvieron suerte que fuera ella quien los encontrara y no Filch. Sus caras de horror le dieron la razón.
En ese momento el cuarto piso se hallaba tranquilo e inmutable, como todos los anteriores. Vaya novedad Pensó. Como no había acordado nada con Ron antes de separarse, no sabía si él ya habría hecho ese recorrido, por lo que creyó que no haría daño vigilarlo ya que lo tenía de paso.
Doblando en una esquina se internó en un pasillo que, dadas las vitrinas con trofeos y los incontables cuadros de los equipos y jugadores destacados a lo largo de los años, parecía estar dedicado al quidditch. Movida por la curiosidad y el aburrimiento, se acercó a algunos retratos para ver que tal, a lo mejor hasta encontraba a Harry en alguno de ellos. Pero no fue Harry el que llamó su atención en el gran cuadro en movimiento dedicado al campeón de la copa de quidditch del año pasado, Slytherin. Hermione recordaba vagamente a sus amigos algo irritados por esto en su momento.
En la imagen se podía observar a todo el equipo en sus uniformes verde oscuro vitoreando mientras el capitán levantaba la gran copa de plata hacia el cielo en el centro del grupo. El que mas destacaba por su cabello rubio platinado era él, Malfoy. Odiaba que últimamente todo desembocara en él. Sin embargo, apartando ese sentimiento a un lado, se dio cuenta de que el rubio era el único en el equipo que no vitoreaba, simplemente sonreía, pero no su típica sonrisa de asco o de superioridad, era una sonrisa plena, de verdad, de felicidad. Hermione se sorprendió. Nunca pensó que Draco Malfoy fuera capaz de sonreír así, y creyó que debía haber pocas cosas que lo ocasionaran.
Acercó la varita para tener una visión mas clara cuando de repente un estruendo a su derecha la hizo bajarla y apartarse del cuadro de golpe. Inmediatamente alerta.
Escuchando mejor se dió cuenta de que los sonidos no estaban tan cerca como creyó en primera instancia, de la misma forma que tampoco parecían seguir ningún patrón en particular. A medida que daba pasos tentativos, su audición fue mejorando y se percató de que los ruidos venían previamente acompañados por gritos que, tan pronto reconoció que eran hechizos, apuró el paso al máximo. Aquello sonaba como un duelo mágico en toda regla.
Varita lista en caso de tener que intervenir, echó a correr.
¿Quién se estaría batiendo a duelo en los pasillos a esas horas? Era altamente peligroso, e irresponsable además de claramente atentar contra las reglas de la escuela. Podían ser niños ¡Por Merlín! Pensó alarmada Niños que estarían en muchos problemas.
Hermione divisó un último rayo de luz roja provenir de un pasillo a un par de metros de ella impactar finalmente contra la pared de enfrente antes de que todo quedara en completo silencio.
Saliendo del aturdimiento, Hermione se aproximó al origen del rayo esperando ver dos personas enfrascadas en algún tipo de discusión, pero mayor fue su sorpresa al ver que allí solo había una persona. Una persona que mas precisamente se hallaba tendida en el suelo, inconsciente.
Hermione empalideció y se acercó inmediatamente esperando que no esté muerto. No es que creyera que alguien dentro de la escuela fuera capaz de matar, pero había que estar seguros.
La Gryffindor se detuvo tan pronto la luz de su varita iluminó el muy conocido cabello rubio que había estado observando en aquella fotografía tan solo minutos atrás.
—¿Malfoy? Oh por Merlin, debo llevarte a la enfermería —Dijo mientras comprobaba que el chico efectivamente respiraba. Lo debían haber aturdido.
Hermione pensó en reanimarlo con un Enervate pero las reglas estipulaban claramente que solo la señora Pompfrey estaba capacitada para reanimar alumnos y que los demás no debían intentarlo bajo ninguna circunstancia ya que algo podría salir mal, sobre todo si se desconocía el origen del desmayo, como era en ese caso.
Decidida, se dispuso a realizar el encantamiento levitador en Malfoy para llevarlo a la enfermería, sin embargo cuando estaba a punto de liberar las palabras un fuerte maullido irritado la desconcertó.
Al voltear a su derecha, se encontró directamente con los ojos rojos de la Sra. Norris, la cual se hallaba siseandóles desde la entrada del pasillo. Siempre se preguntó como un gato podía exudar tanto mal, debía ser un gato con mezcla mágica al igual que su propio gato, Crookshanks.
Hermione de pronto se percató con horror de que si ese gato endemoniado estaba ahí, entonces él que debería estar cerca también era...
—¿Que encontraste mi querida Señora Norris? ¿Son esos mocosos desobedientes otra vez? —Preguntó Filch en una voz melosa que, para su suerte, aún se hallaba algo lejos y le dejaba tiempo de armar un plan.
Ella podía explicar fácilmente que hacía fuera de la cama porque era prefecta, pero explicar que hacía con un chico desmayado a sus pies hubiera sido mas complicado. Y mas a Filch, que toma cualquier excusa para castigar alumnos.
Miró a Malfoy en el suelo y de regreso a la mascota del celador, que parecía seguir inventando sonidos irritados que no le había oido a un gato jamás. Desesperada porque la voz de Filch ahora se distinguía mas cerca, observó su alrededor alumbrando con la varita y descubrió que justo detrás de ella había una puerta que no había notado cuando llegó. Se acercó y probó la perilla. Cerrada. Alejándose un poco, apuntó a la cerradura con su varita.
—Alohomora.
La puerta se abrió con un click y empujó la madera rápidamente. Podía sentir que se le agotaba el tiempo.
Regresando a donde estaba Malfoy, concluyó que la situación era muy a contrareloj como para levitarlo, ya que la tensión podía llevarla a perder el contro sobre el encantamiento y él podría estrellarse contra el suelo o golpearse la cabeza contra el marco de la puerta mientras intentaba hacerlo entrar. Por lo que se preparó, y a la vieja usansa muggle, lo tomó de las axilas y tiró con todas sus fuerzas del cuerpo del mago.
El chico era pesado pero no le costó demasiado hacerlo entrar a la habitación. Cuando lo hubo depositado en el suelo escuchó la voz de Filch alarmantemente cerca.
—¡Ajá! ¡Ya los tengo!
Los había visto.
Desesperada, Hermione ni siquiera amagó a correr cuando con un movimiento de varita cerró la puerta de golpe y con un *Fermaportus* la terminó de sellar. Por ahí no entraría nadie.
Hermione soltó una exhalación.
—Se que están allí mocosos revoltosos —Exclamó Filch aporreando la puerta. Lo dejó en cuento se dió cuenta de que no podría entrar.
—Pero yo se algo que ustedes no, listillos —Dijo con burla. Hermione se tensó. —Están encerrados en una habitación en un cuarto piso, y cuando intenten salir por la única vía de escape posible, la Sra. Norris y yo estaremos esperando encantados.
Hermione maldijo. El hombre tenía razón, sus opciones eran la puerta, donde lo esperaría Filch y un nada agradable castigo, o tirarse por la ventana y enfrentarse a una larga y probablemente dolorosa caída. No sonaba muy alentador.
No irá a esperar verdaderamente allí por siempre ¿O si? Se preguntó.
Hermione decidió entonces que esperaría al menos hasta que Malfoy despertara, no es que quisiera lidiar con él pero no quería pensar en seguir transportando su cuerpo inerte por todo el castillo. ¿Por qué éste chico había decidido justo meterse en una pelea? Bufó para si misma. Si fuera otro tipo de persona lo habría abandonado allí a su suerte.
Apartando a un lado sus pensamientos, la castaña notó entonces por primera vez el interior del cuarto en el que se encontraba, y como las paredes parecían abarrotadas hasta el techo de viejos objetos que ya no se utilizaban. Debía ser una especie de bodega.
Se dispuso a investigar y terminó desempolvando viejos libros que parecían ser versiones antiguas y desactualizadas de los mismos que ella utilizaba actualmente para las asignaturas. Sin embargo, se sorprendió al encontrar un ejemplar de Hogwarts: Una historia que no solo era antiguo, si no que tenía la portada mas hermosa que Hermione hubiera visto jamás. Decidió entonces que se lo llevaría con ella, no es como si alguien fuera a echarlo de menos, hasta se notaba descuidado por el desuso.
Olvidándose del resto de los objetos en la habitación, Hermione se sentó contra un armario gigante de roble que se ubicaba relativamente cerca del centro del lugar y se dedicó a ojear algunas páginas. Estuvo así una media hora hasta que los maullidos de aquella gata desde el otro lado de la puerta la distrajeron, y recordó que aún seguía encerrada en un cuartucho del cuarto piso con Draco Malfoy, el cual no parecía tener intención alguna de despertar. Lo observó desde su lugar en el suelo.
Hermione dudó ante la imágen del Slytherin tendido. empezaba a considerar la idea de reanimarlo ella misma, no era una bruja inexperta y ya había realizado el conjuro varias veces con buenos resultados. Suspiró. No esperaría allí sentada para siempre y necesitaba al muchacho para armar un plan de uida, así que ignorando la voz que le decía que siempre se aferrara a las reglas a toda costa, se arrodilló cerca del rubio y apuntó la varita a su pecho.
—Enervate.
Draco abrió los ojos de golpe.
*
Ron Weasley caminaba de un lado a otro nerviosamente frente al retrato de la Dama Gorda, la cual había comenzado a fruncirle el ceño por estar molestandola tan tarde. Y la razón para que se hallara de esa manera era que Hermione aún no había regresado de la ronda de vigilancia, ella le había dicho que en dos horas se encontrarían allí y la castaña ya iba con veinte minutos de retraso.
Ron conocía a su amiga y sabía que nunca llegaría tarde a algún lugar a propósito, por lo que ahora estaba mortalmente preocupado ¿Y si le pasó algo? ¿Y si tuvo un accidente? ¿Y si fue atacada por arañas gigantes? Bueno, puede que la última sea un poco absurda pero no hay que descartar nada Pensó. Pero su imaginación sólo logró preocuparlo más.
Pensó en entrar a la sala común y alertar a Harry, pero su amigo ya estaría dormido y que demonios, no lo necesitaba para todo, así que decidido volvió a internarse en los pasillos.
Al principio probó gritando el nombre de su amiga en caso de que anduviera cerca, pero olvidó que los cuadros se encontraban dormidos y se comió los insultos de su vida. Para no estar vivos conocen una variedad de insultos impresionante
Su espiral de pensamientos sobre Hermione lo tenían tan ensemismado, que al doblar una esquina no notó que alguien venía en la misma dirección hasta que sintió un cuerpo chocar contra el suyo. Pasó tan de golpe que su varita se cayó, por lo que no podía ver a quien tenía enfrente, pero al oír una exclamación femenina su cerebro sacó una rápida conclusión.
—¿Hermione? —Preguntó alterado.
—¿Tengo cara de Gryffindor sabelotodo? —Preguntó una voz irónicamente.
Ron se apresuró a recuperar su varita y frunció el ceño ante la visión de la prefecta de Slytherin, Daphne Greengrass, que en ese momento se hallaba recolocando su cabello rubio en el perfecto estado en el que seguramente estaba antes de chocar con él.
—Deberias tener mas cuidado por donde vas Weasley, podrías causar un accidente —Dijo, sus ojos azules fijos en él.
Ron nunca había cruzado mas de dos palabras con esta chica y no sabía que pensar de ella, viéndola ya le parecía sumamente superficial, casi a la par de su amiga Parkinson. Y además era una Slytherin, ¿Que puedes esperar de una serpiente mas que un mordisco? Ron no confiaba en ellos.
—Pírate Greengrass.
—Que grosero —Dijo, pretendiendo estar ofendida. Ron notó la burla en sus ojos. — ¿Has visto a Draco de casualidad? —Preguntó con lo que Ron creyó parecía desinterés, o a lo mejor era su tono de voz normal, no estaba seguro.
Alzó las cejas.
—¿Que te hace pensar que yo se donde podría estar Malfoy?
Sin esperar respuesta, el pelirrojo puso los ojos en blanco y se dispuso a esquivarla para seguir su camino. Dió un par de pasos hasta que la rubia habló nuevamente.
—¿Buscas a Granger verdad?
Ron volteó de mala gana.
—¿Que sabes, Greengrass?
—¿Yo? Nada. Pero estaba pensando que ya tu buscas a Granger y yo busco a Draco...
Suspiró hastiado. —Al punto por favor, estoy algo ocupado.
Daphne rodó los ojos pero se dejó de juegos.
—Escucha, solo digo que es demasiada coincidencia que nuestros respectivos amigos desaparecieran exactamente al mismo tiempo ¿Me sigues?
Ron la seguía, pero no le gustaba a donde se dirigía esa conversación.
—¿No estarás insinuando que Hermione y el hurón están...juntos, ahora? —Preguntó intentando evitar la ruta a la que lo dirigieron sus pensamientos, porque sabía que Hermione no desaparecería con Malfoy por voluntad propia. Entonces lo golpeó.
—Como la serpiente rastrera de tu amigo le haya hecho algo a Hermione...—Comenzó, pero la rubia lo cortó inmediatamente.
—¡He, he! te me calmas. —Exclamó, sus ojos chisporroteando. —Era solo una teoría, pero creo que tiene bastante sentido.
La teoría de que Malfoy pudiera haberle hecho algo a su amiga caló hondo. Debía hallarla cuanto antes. Volvió a girarse para irse y ésta vez no se detuvo cuando Daphne lo llamó.
—¡Oye! ¿A donde crees que vas? —Exclamó colocándose a su lado. Ron siguió caminando.
—A rescatar a Hermione ¿A donde más? —Dijo malhumorado. ¿Por qué seguía ella aquí?
—Bien, iré contigo entonces. Dónde este Granger estoy segura de que estará Draco.
Ron se detuvo para enfrentarla.
—No, ni hablar, no "vendrás conmigo" no somos un equipo.
—¿Siquiera sabes por donde comenzar a buscar Weasley? —Alzó una ceja —Draco no tenía exactamente el mismo recorrido que Granger, por lo que podrían estar en cualquier parte, así que a no ser que quieras dar un tour completo por el castillo, me necesitas —Finalizó con una sonrisa.
Ron murmuró algo bajo su aliento que sonó muy parecido a "Maldita serpiente calculadora", pero aceptó que desgraciadamente la rubia tenía razón, no podía empezar en cualquier parte y necesitaba saber el camino que había hecho Malfoy en caso de que el de Hermione no arrojara resultados.
—Bien, vamos —Aceptó de mala gana.
Alrededor de cuarenta minutos después, ambos seguían igual que al principio. Hermione y Malfoy parecían haberse desvanecido, lo cual no le hubiese importado si fuese solo Malfoy, así no tendría que ver su cara de presumido nunca más, pero su fantasía se cortaba cuando recordaba que probablemente su querida amiga había terminado con él de alguna forma desconocida y ahora quizás necesitara su ayuda.
Ron comenzaba a perder los nervios, y la presencia de aquella Slytherin no ayudaba en nada a pesar de que no habían conversado en todo ese tiempo mas que para darse indicaciones y alguna que otra observación.
En un punto pasaron junto a un ventanal que disponía de un gran alféizar para sentarse y estudiar allí entre clases. Daphne se dirigió allí sin dudarlo. Ron la observó confundido.
—¿Que haces? No hemos terminado de buscar.
Daphne lo observó con obvia molestia mientras se disponía a frotarse un pie aparentemente adolorido.
—Estoy muerta Weasley, hemos caminado sin parar durante casi una hora, dame un descanso. —Le dió una mirada a su rostro —Y tu también deberías tomarte uno, estás histérico.
—¡Yo no estoy histérico!
Daphne se le quedó mirando. Ron bufó y dirigió la mirada a la ventana. Lo que vió lo dejó petrificado.
—Me estas vacilando —Murmuró — debe ser producto del cansancio, si, debe ser...comencé a alucinar.
Daphne lo observó como si se hubiese vuelto loco.
—¿Que diablos te pasa ahora? —Preguntó pero igualmente se levantó y observó fuera de la ventana. Frunció el ceño. —¿Esos no son...?
—O a lo mejor ésto es un loco sueño...—Continuó Ron.
Daphne se volteó a él y rompió en una sonrisa.
—Creo que los encontramos.
