Buenas! solo quería dar las gracias a los que se tomaron la molestia de comentar y que se aprecia porque parezca o no motiva bastante a seguir jaja.

También me gustaría aclarar dos cosas para que no haya confusiones:

1) Hay otros ships que me encantan aparte de Dramione y que van a estar incluidos en la historia porque yo lo quiero así, además de que creo que vuelven la trama un poco mas interesante, así que si no te gustan o no es lo que buscas no estas obligada/o a seguir leyendo ni nada.2) El romance entre Draco y Hermione no va a surgir de la nada, quiero que el fic sea lo mas realista y fiel a sus personalidad y relación previa posible, por lo que no esperes que después de dos capítulos ya estén juntos.

Ahora sí los dejo con el capítulo :)


Draco abrió los ojos de golpe y emitió una profunda respiración, sus ojos enfocándose en la chica que se cernía casi sobre él con la varita aún apuntandole al pecho.

— ¿Que crees que haces Granger?

Hermione volvió a centrarse al oir la voz del rubio y guardó su varita rápidamente, ruborizandose por haber permanecido mas cerca de lo necesario.

—Tuve que despertarte —Explicó—Llevabas demasiado tiempo aturdido y estamos en algo así como en un aprieto.

Malfoy se levantó del suelo con cierta dificultad y se sacudió el polvo con una ligera mueca de desagrado.

—¿De que demonios hablas? —Pareció mirar a su alrededor por primera vez— ¿Y donde diablos estoy? ¿Decidiste secuestrarme para captar mi atención? Porque lamento decirte que no estoy interesado.

Hermione volvió a sonrojarse.

—¿Quieres callarte? A mi no me hace mucha gracia estar aquí contigo pero era eso o-

—¡Tengo toda la noche, mocosos insolentes! —Rezonó la voz de Filch.

Hermione le hizo un gesto a Draco como diciendo "Ahí lo tienes".

—¿Me estas diciendo que nos encerraste aquí por culpa del squib ese? Somos prefectos Granger, por si se te olvidaba.

Hermione levantó los brazos al cielo.

—¿Que querías que hiciera Malfoy? Te encontré desmayado en el suelo y la gata de Filch nos descubrió. No se como harías tu para explicarle a un hombre que tiene cadenas en su despacho que todo es una confusión sin que lo use de motivo para castigarnos.

Malfoy rodó los ojos y lo siguió de un "Lo que sea", es lo máximo que estaría de escuchar a Draco Malfoy dándole la razón.

—Bien Granger, veo el problema ¿Y ahora que hacemos?

—Odio admitirlo—Suspiró observando la puerta tras la que se hallaba Filch— pero no lo se.

Draco la miró con burla brillando en sus ojos.

—¿La sabelotodo no tiene una respuesta? Vaya sorpresa.

Hermione lo miró furibunda.

—¿Vas a ser de ayuda o no?

—Podriamos simplemente aturdirlo ¿Sabes? No sería rival contra alguien como yo— Hermione le dedicó una mirada mortal que le hizo rodar los ojos— Bien, puede que contra ti tampoco.

—No es eso Malfoy, no podemos simplemente atacar a un miembro del personal de la escuela, estaríamos expulsados en un instante.

Bufó. —Que santurrona.

Draco se acercó a la ventana ignorando que Hermione se contenía para no matarlo y observó el exterior.

—Estamos en un cuarto piso Malfoy, salir por la ventana es imposible.

—Cállate.

Hermione le frunció el ceño.

—No me calles.

—Que te calles Granger, estoy intentando pensar —Observó a su alrededor y cuando Hermione se disponía a decirle un par de cosas por hablarle en ese tono, continuó —¿Que es este lugar? ¿Una especie de bodega?

Hermione inhaló profundo para serenarse. Prioridades.

—Creo que si, revisé por encima y parece ser donde guardan material viejo que los profesores ya no necesitan.

Malfoy asintió ante sus palabras pero no le dirigió la mirada, mas bien parecía estar buscando algo.

Hermione por primera vez no tenía idea de que estaba pasando y no le gustaba ni un pelo. Y Malfoy tampoco era lo que se dice el rey de la comunicación.

Un segundo tenía al Slytherin en frente, y al siguiente había desaparecido tras uno de los grandes montículos de la habitación. Frunció el ceño.

Empezó a gritarle que demonios estaba haciendo cuando se le ocurrió que Filch podría estar tranquilamente escuchando lo que decían.

Apuntó hacia la puerta y murmuró un "Muffliato". Cuando volvía a guardarse la varita en la túnica, Malfoy volvió con lo que parecían dos escobas viejas de la escuela.

A Hermione le dió un vuelco el estómago, no le gustaba donde se dirigía ésto.

—¿Que haces con eso Malfoy? —Preguntó recelosa.

—¿Que crees que hago Granger? Nos saco de aquí. Toma— Le tendió una de las escobas.

Frunció el ceño al ver que ella no la tomaba. Bajó el brazo.

—¿Ahora que demonios te pasa? ¿No tendrás miedo a volar o si?

Hermione se ruborizó.

Maldijo por lo bajo—No me jodas Granger.

Hermione le habría gritado en otras circunstancias, pero hasta ella estaba frustrada consigo misma por arruinar su único plan de salida. Y es que su miedo a volar se remontaba a su primera infancia, desde la primera vez que quisieron subirla a un avión muggle. Gracias a Merlin ahora lo manejaba mucho mejor pero las escobas mágicas eran muy diferentes y no había montado una desde primer año, cuando la clase de vuelo le sacaba canas verdes.

—Lo siento ¿Vale? Vete tú si quieres. Ya pensaré en algo— Le dijo.

Draco rodó los ojos.

—Que noble— Dejó una de las escobas en el suelo y se acercó con la otra a la venta para luego empujar el cristal y abrirla completamente. Se volteó a observarla.

—¿Vienes o qué?

Al principio no lo comprendió, pero en cuanto lo hizo lo observó espantada.

—¿No estarás sugiriendo que me suba a esa escoba contigo? Absolutamente no.

Draco se veía al borde de perder la paciencia.

—Escucha Granger, puedes venir conmigo o quedarte aquí toda la noche a pensar en una buena excusa que darle a McGonagall. Tu decides. A lo mejor no tienes ese valor Gryffindor que tu casa tanto presume— Dijo como quien no quiere la cosa.

Meterse con su honor Gryffindor era un golpe bajo y él lo sabía, pero para la desgracia de Hermione, era uno muy efectivo. Ella no era ninguna cobarde y se lo probaría.

Con el rostro ruborizado por la rabia se acercó al rubio parado junto a la ventana y le espetó:

—¿Que esperas? ¿Nos vamos o que?

Draco no dijo nada, pero Hermione creyó ver un atisbo de sonrisa que amenazaba con tirar de sus labios. Fue tan rápido que creyó haberlo imaginado.

Luego de una grácil maniobra en la que tuvo que sentarse en el marco de la ventana y saltar hacia la escoba, Draco se hallaba oficialmente fuera. Ahora era su turno, y comenzaba a arrepentirse.

—Rápido Granger, no tengo toda la noche y me gustaría dormir un poco.

Hermione lo ignoró y se mentalizó. No mires abajo, no mires abajo, no mires abajo. Se acercó a la venta e imitó los movimientos del Slytherin, aunque a ella no le salieron con la gracia de un jugador de Quidditch. No mires abajo, no mires abajo .Tomó aire y apretó los ojos un momento, preparándose para el salto.

—Sujetate de mis hombros — La voz del rubio la obligó a abrir los ojos y se encontró con los suyos mucho mas cerca de lo que estaba antes. Se había acercado para que ella no diera un salto tan grande. ¿A que venía ésta repentina muestra de amabilidad?

Hermione asintió y le agradeció sinceramente con la mirada. Draco la apartó y miró al frente.

Temblando, acercó ambas manos a los hombros de Malfoy y sin pensarlo dos veces se impulsó. Y así como así se encontraba sentada a horcajadas sobre una escoba a muchos metros de distancia con nada menos que Draco Malfoy.

Theodore Nott era la clase de persona que pasaba desapercibida, era tranquilo y se centraba en sus propios asuntos, lo que también lo convertía en un buen observador y un buen oyente. Ésto él lo consideraba un don un tanto ambiguo, se convertía en algo malo cuando alguna de sus compañeras de casa lo utilizaban de pañuelo para contarle todos sus problemas amorosos, pensando y asumiendo erróneamente que le interesaba todo aquello solo porque era muy amable como para rechazarlas, al contrario de la mayoría de los otros chicos de Slytherin.

Pero por otro lado, su personalidad taciturna y alerta lo llevaba a reconocer gente...peculiar. Y Luna Lovegood era una de ellas.

Se había topado con la Ravenclaw por primera vez hacía un par de días, cuando el temperamento explosivo que cargaba Astoria Greengrass esa noche lo había llevó a abandonar la sala común como alma que se lleva el diablo, y a pesar de que en teoría no se podían abandonar las habitaciones a esas horas, le apetecía tomar aire y no le dió demasiada importancia. A fin de cuentas era tranquilo, no un santo.

Sus pies lo llevaron hacia el patio de la torre del reloj, donde se llevó la sorpresa de que sentada junto a la fuente del centro, se hallaba una muchacha de largo cabello rubio que parecía estar hablando consigo misma mientras hacía gestos a su alrededor, como si pequeñas criaturas estuvieran rodeandola. Theo no pudo evitar que una mueca divertida y extrañada tirara de sus labios.

Para el día siguiente ya había averiguado su nombre, admirado su capacidad para ignorar todo lo que los demás susurraran sobre ella en las clases, y dicho sea de paso, también había vuelto al patio aquél cada noche posible solo para observarla, era un poco extraño no lo iba a negar, pero no podía recordar la última vez que alguien le había despertado un interés tan genuino.

Sin embargo, ésta vez cuando llegó al patio se sorprendió de encontrar la fuente vacía.

—¿Esperándome Theodore Nott?

La voz a su espalda le había dado un susto de muerte.

—Luna...—Boqueó sin saber que decir. No es que hubiera sido demasiado bueno con las palabras para empezar.

Por Merlín esto no podía ser bueno, lo había descubierto espiandola, no creía poder explicar que no lo hacía en plan pervertido sin cagarla aún mas. No pudo evitar que algo de calor llegara a sus mejillas.

Para su desconcierto, Luna Lovegood le regaló una brillante sonrisa.

—Me alegra que llegaras antes que yo Theodore, siempre te veo allí pero nunca te acercas. Me haría feliz tener compañía en mi observación de Torposoplos.

—Torpo- ¿Que? ¿No...estás enojada por lo de espiarte y todo eso?

A lo mejor debería callarse, pero Theo estaba oficialmente perdido. No tenía la mas remota idea de lo que ella estaba hablando y tampoco entendía por que se había tomado tan bien que él la observara como un total *freak, como dirían los muggles. No es que se quejara demasiado tampoco.

—Ven, déjame mostrarte —Dijo, y entonces lo tomó de la mano y lo arrastró con ella al borde la fuente donde lo obligó a sentarse a su lado. Una vez sentados ambos se movieron para enfrentarse.

—Dime ¿Tu los ves verdad? —Le preguntó con una sonrisa ilusionada.

No supo que decir, la verdad es que no veía nada pero no le gustaba la idea de desilusionarla. Al final fue con la verdad.

—¿Qué es lo que debería ver? —Preguntó cautelosamente.

Vió la sonrisa de ella morir lentamente ante sus palabras y se sintió un imbécil.

—Creí que tu también los verías y por eso observabas desde lejos, para verlos también —Dijo con el ceño fruncido y la mirada fija en el agua de la fuente, que en ese momento reflejaba algo de luz de luna.

Ella creía que él había estado espiando para ver a esos Topo-loquesea en lugar de verla ella. Por Merlín, no supo si reir o sentir ternura de la ingenuidad de la chica.

Lo mínimo que podía hacer era intentar arreglarlo.

—¿Por qué no me cuentas qué son esas criaturas?

Sus ojos volvieron a él con algo de la chispa de antes.

—¿De veras te interesa? La gente piensa que estoy loca porque no pueden verlos y yo si pero la verdad es que son criaturas selectivas, debes tener tu mente abierta a ellas y si te consideran digno entonces solo así se revelarán.

—¿Que debo hacer para verlos? —No sabía de dónde provenía aquel súbito interés, pero la verdad es que no lo estaba fingiendo, y se hallaba, de hecho, bastante entretenido.

—Cierra los ojos.

Obedeció.

—¿Ahora qué?

—Vacía tu mente y mantenla abierta a las posibilidades, el único pensamiento que puede ocupar tu mente debe estar relacionado a...¿Draco Malfoy?

Abrió los ojos de golpe.

—¿Que has dicho?

—Aquél sujeto en escoba ¿No es Draco Malfoy?

Desviando la vista al cielo se encontró efectivamente con uno de sus mejores amigos sobre una escoba, pero no se hallaba solo. No alcanzaba a ver bien por la oscuridad pero creyó distinguir un destello de algo rojo y un cabello voluminoso. Y solo se le venía a la cabeza una sola persona con esa descripción...

—¿Esa no es...?

—¡Es Hermione! —Exclamó ella— Y...oh, por Merlín creo que van a estrellarse.

Se miraron rápidamente y de un salto se levantaron dispuestos a socorrer a sus respectivos amigos. Ésta me la pagas, Draco.

Hermione todavía mantenía los ojos firmemente apretados y aún no se había hecho a la idea de que ahora tendrían que moverse para volar, por lo que el rápido movimiento que hizo Malfoy con la escoba le arrancó un grito.

—¿Por que demonios gritas así? Vas a despertar a todo el castillo- ¿Que...? ¿Granger que haces? por Merlín ¡Suéltame!

El miedo y el brusco movimiento le habían hecho soltar los hombros de Malfoy y ahora sus manos se hallaban en un lugar mucho pero: alrededor de su torso, pero estaba demasiado asustada como para pensar en lo mal que eso estaba. Ya se reprendería a si misma mas tarde.

—¡Podrías haberme avisado que comenzaríamos a movernos!

—¿Podrías al menos no cortarme la respiración?

Hermione se sonrojó de la vergüenza y escondió la cabeza en la espalda de Malfoy, pero aflojó un poco su agarre.

Ésto está tan tan tan mal

—Gracias —Ironizó mientras comenzaba a mover la escoba mas lento de lo que seguro lo haría si no fuese por ella. Hermione comenzó a relajarse. —Ahora Granger por lo que mas quieras no mires abajo.

Demasiado tarde.

El sentirse mas relajada le había dado la confianza suficiente como para abrir los ojos y había sido un grave error. Lo primo que vió fue el suelo, que gracias a la oscuridad y al pánico parecía extenderse mucho mas de lo que era en realidad. Entonces comenzaron los gritos.

—¡Déjame bajar! ¡No puedo hacer esto! ¡Por favor, por favor, por favor! —Repetía mientras golpeaba la espalda del muchacho con sus puños.

—¡Granger para, no puedo controlar la escoba! ¡Si no te calmas nos vamos a estrellar!

Pero la chica no pareció escucharlo y siguió entregándose al pánico. Draco intentaba mantener el control sobre la escoba que ahora avanzaba mucho más deprisa, pero uno de los golpes de Hermione sobre su espalda lo desestabilizó y la escoba salió disparada hacia abajo. Sólo que la rapidez de la escoba los había llevado hasta los primeros árboles que formaban el comienzo del bosque prohibido y ahora se dirigían en picada hacia ellos.

Hermione se dió cuenta de lo que sucedía demasiado tarde, y ahora los gritos de Draco formaban un coro con los de ella.

Atravesaron las copas de los árboles entre quejas y rasguños y se habrían hecho papilla contra el suelo de no ser porque Draco gritó un *Arresto Momentum* en el último segundo.

Cuando todo terminó ambos quedaron boca abajo en el suelo de tierra. Hermione sentía que le ardía todo el cuerpo por los cortes de las ramas y no quería ni imaginarse lo que dolería al día siguiente. Pero sobre todo estaba avergonzada, casi habían muerto por su culpa y su estúpido ataque de pánico.

Cuando Hermione logro sentarse Malfoy ya se había parado y la observaba con furia, tenía el uniforme hecho jirones y la cara llena de rasguños sangrantes, pero ninguno parecía muy profundo. No quería ni imaginarse como se vería ella ahora.

—¿En que demonios estabas pensando? — Le preguntó con una voz glacial, como si se esforzara por contener el enojo.

A Hermione se le llenaron los ojos de lágrimas, se sentía muy culpable.

—No lo hacía, te dije que le tengo miedo a las alturas y cuando abrí los ojos... ¡No lo sé, entré en pánico!

Las lágrimas corrían libremente por sus mejillas y no quería pensar en lo humillante de la situación. Ni siquiera tenía fuerzas para pararse, lo le daba una clara desventaja en una posible discusión.

Pero Malfoy no parecía tener intensión de discutir porque cuando volvió a enfocar la llorosa mirada se encontró con la mano del rubio frente a ella. Lo observó unos instantes antes de tomarla y acceder a que la ayudase a levantarse.

—¿No estás enojado?

Soltó su mano pero no dejó de mirarla a los ojos.

—Oh no, estoy furioso. Pero estás tan afectada que hasta me da pena discutir contigo.

Hermione bufó. Clásico Malfoy, no se que esperaba ¿Un abrazo de consolación? La aterró que la idea de él consolándola no le disgustaba para nada.

—Venga, andando o te dejo aquí para que te encuentren las acromantulas —Dijo ya de espaldas mientras se alejaba. Hermione lo alcanzó rápidamente.

Anduvieron en silencio la mitad del recorrido al castillo hasta que a Hermione la asaltó una duda que hasta entonces no había pensado.

—¿Con quién te batiste a duelo mas temprano?

Él no volteó a mirarla.

—No es de tu incumbencia.

Hermione rodó los ojos. Era insufrible.

—No es que me interese —Lo cual era una mentira porque ahora le picaba horrores la curiosidad— Pero te dejaron desmayado, además de que está prohibido atacar a un prefecto, debes decirle al director.

Draco bufó y meneó la cabeza.

—Ya te dije que el asunto no es de tu incumbencia. Mis problemas son míos, Granger. No te metas donde no te llaman— Dijo deteniéndose y mirándola intensamente. Habían llegado a una de las entradas del castillo.

Se preparó para responder cuando una vocesita la interrumpió.

—¡Hermione!

—¿Luna? —Enfocó la vista detrás de Draco y vio aparecer corriendo a su amiga de Ravenclaw acompañada de ¿Theodore Nott?

—¿Están bien? —Preguntó apenas se detuvieron frente a ellos —Theodore y yo estábamos avistando torposoplos cuando los vimos estrellarse.

Vió a Malfoy arquear las cejas hacia su amigo por el rabillo del ojo.

—Estamos bien Luna, Gracias —Le sonrió cansadamente. No estaba de humor para pensar en que hacía su amiga con uno de los amigos de Malfoy.

—¿Qué pasó Draco? ¿Te liaste a golpes con un tigre? —Preguntó Nott aguantando la risa ante las pintas de su amigo.

—Hazme el favor de cerrar la boca, Theo.

—¡Hermione! —Escuchó otro grito provenir del castillo. Todos voltearon y se encontraron con Ron atravesando la entrada de piedra seguido de Daphne Greengrass. *Mira, al diablo, esta noche ya es lo suficientemente extraña*

Su pelirrojo amigo se tuvo frente a ella y la tomó por los brazos.

—¿Que ocurrió? ¿Por qué estás llena de cortes? ¿Y que hacías con él? —Preguntó ésto último dándole al rubio una mirada fulminante.

—Estoy bien Ron, te explicaré todo luego. Ahora estoy molida, literalmente. —Dijo alejándose del agarre de su amigo que comenzaba a hacerle daño por los cortes de sus brazos.

—¿Y a ti que te pasó, te liaste a golpes con un tigre? —Preguntó Daphne a Draco conteniendo la risa.

—Ugh ¿Saben qué? Pueden irse a la mierda.