Buenas! El capítulo de ésta semana es algo mas corto que de costumbre porque anduve con falta de tiempo PERO tiene un pequeño momento entre nuestros protagonistas que espero que les guste tanto como a mi :)
Este era, sin lugar a dudas, el grupo mas extraño jamas visto.
Dos Gryffindors, Tres Slytherins y una Ravenclaw, suena a una perfecta receta para el desastre, y eso sin mencionar que dos de ellos estaban magullados y llenos de rasguños.
El variopinto grupo se dirigía al castillo con la intención de volver a la cama sin causar mas alboroto. Hermione por su lado y a esta altura ya no pensaba en las consecuencias que podría acarrear esta aventura nocturna si es que alguien los descubría, ya que su cabeza estaba ocupada con celestiales imágenes de su cama calentita, y sobre todo, en tierra firme. "No volveré a subirme a una estúpida escoba en mi vida"
A pesar de que el grupo estaba técnicamente junto, se había subdividido en dos grupos; los Slytherin por un lado y Ron, Luna y ella por otro.
Y hablando de eso, su amigo pelirrojo no había parado de interrogarla desde que entraron al castillo, y si bien Hermione lo quería mucho y sabia que solo estaba preocupado, en momentos como ése simplemente tenía ganas de decirle que se callara.
Mas que nada no dejaba de hacerle preguntas sobre Malfoy, preguntas que estaba segura que el susodicho podía escuchar ya que estaban a un paso de él. Es más, en un momento Ron le preguntó si él "rubio mal teñido" le había hecho algo y que podía decírselo para ir a darle lo que se merece, a lo que Malfoy, alejandose de la conversación que mantenían Daphne y Theo respondió:
—¿Sabes que puedo oirte verdad, comadreja? Y es natural, ya que estas tan interesado en mi cuidado capilar.
Luna soltó una risita y Hermione tuvo que apretar los labios para no hacer lo mismo, sin embargo fingió demencia cuando Ron la miró ceñudo.
Parecía que iban a salirse con la suya una vez que se acercaban a las escaleras que los llevarían a tomar caminos separados, pero sus sueños y esperanzas de una cama caliente se esfumaron cuando ante ellos aparecieron las últimas dos personas que querían ver.
Minerva McGonagall y Severus Snape en batas de dormir y muy muy muy cabreados.
Hermione tragó saliva.
—Vaya, pero miren que tenemos aquí —Pronunció Snape con una voz profunda que parecía anticipar una sentencia de muerte.
—Se nos ha sido informado que varios de nuestros estudiantes se hallaban fuera de la cama a altas horas de la noche y fuera del castillo, entre ellos usted, señorita Granger —Dijo McGonagall. Hermione bajó la mirada— Y estoy muy decepcionada de descubrir que no se equivocaba.
—¿Quien fue el chismoso?— Escuchó susurrar a Ron.
El profesor Snape centró la fría mirada en él. —¿Algo que quiera compartir, señor Weasley?
Ron negó energéticamente.
—Señorita Lovegood, le haré llegar lo acontecido al profesor Flitwick para que le aplique el castigo que crea correspondiente—Dijo McGonagall—Mientras tanto, cincuenta puntos menos para cada uno.
Las quejas no se hicieron esperar, sobre todo de los Slytherin que al ser tres el castigo les afectaría mucho más. Hermione fue la única que permaneció en silencio, no le gustaba que su profesora favorita esté decepcionada de ella e incluso ella misma no podía creer todas las reglas que había roto.
—¿Me está escuchando señorita Granger?
Hermione sacudió la cabeza para volver a la realidad y se percató de que no había estado prestando atención.
—Si profesora, disculpe.
—Como iba diciendo —Continuó tras lanzarle una mirada cargada de reproche.— Tu y el señor Malfoy vayan a la enfermería y luego a sus salas comunes inmediatamente, esos cortes no se ven nada bien y lo último que queremos es que se infecten. Por la mañana cada uno de ustedes será llamado por su jefe de casa respectivo para hablar sobre su castigo.
Hermione se quejó interiormente ante la idea de pasar mas tiempo con Malfoy, comenzaba a molestarle que últimamente todo parecía empujarla a pasar mas tiempo con él.
Ésta noche comenzaba a hacérsele eterna.
—¿Que están esperando? Andando.
Ante la voz de Snape todos comenzaron a dispersarse.
—Te veré en la sala común —Le dijo Ron con una mueca. —Aunque no me agrada la idea que pases mas tiempo con *ese, si creo que deberías ir a la enfermería, esos cortes no se ven nada bien.
Hermione suspiró y luego de tranquilizar a su amigo se apresuró a alcanzar a Malfoy que ya se alejaba por el pasillo.
—¿Podrías esperarme sabes?
—Dudo que vayas a perderte, Granger.
Hermione bufó pero no le siguió la conversación.
Cuando la puerta de la enfermería se materializó frente a ellos Hermione realizó dos toques sobre la madera.
—¿Quien es? ¿Saben que hora es niños? —Preguntó la enfermera a través de una rendija en la puerta y con los ojos todavía medio cerrados por el sueño.
—Lamentamos despertarla señora Pomfrey pero nos manda-
—¡Por Merlín, miren esos cortes!— Exclamó ahora mas despierta— Pasen, pasen.
Les abrió la puerta y ambos se adentraron en la estancia. Una vez dentro les ordenó que se sentaran cada uno en una camilla, separadas por un mesa auxiliar ubicada en medio de ambas.
La enfermera se acercó al rostro de cada uno y evaluó los daños.
—No voy a preguntar como terminaron así pero me alegra que vinieran a verme, los cortes parecen a punto de infectarse y algunas podrían haber dejado cicatrices. Un ungüento reparador bastará y con un poco de suerte les dejará la piel como nueva. Ya regreso.
Malfoy frunció el ceño.
—¿Que quiso decir con "con suerte"?
—¿Que ocurre, Malfoy? ¿Temes que tu bello rostro quede irreconocible?
Para su desgracia el comentario no le salió tan sarcástico como esperaba y se dió cuenta de su error demasiado tarde. A Malfoy ya se le estaba dibujando una sonrisa burlona.
—¿Admites que mi rostro es bello, Granger? ¿Hay algo que quieras decirme?
Hermione maldijo para sus adentros. No terminaba de comprender la existencia de éste Malfoy que bromeaba con la idea de ella sintiendo algo por él cuando hace nada de tiempo habría despreciado la mera idea. A lo mejor estaba pensando demasiado.
En ese momento regresó la señora Pomfrey y se ahorró la contestación.
—Es bastante sencillo de utilizar, solo apliquen sin demasiada fuerza y deberán sanar luego de una noche de sueño —Explicó la enfermera luego de tenderles un pequeño frasquito a cada uno.
—¿Por qué nos explica ésto? ¿no va a hacerlo usted? —Questionó Malfoy elevando ambas cejas.
—Lo siento joven Malfoy pero estoy agotada, y como ya expliqué, su uso es sencillo y sus cortes no son graves. Se las arreglarán. Cierren al salir.
Y sin mas la señora Pomfrey desapareció tras una puerta al fondo de la enfermería.
—El servicio aqui es cada día mas decadente— Murmuró el rubio mientras abría su frasco de mala gana.
Hermione por su parte abrió el suyo y se fue colocando la mezcla verdosa con delicadeza sobre los cortes del rostro. Le ardió solo un momento para luego aplacarse significativamente, como si una manta de menta y tranquilidad la envolviera. Cerró los ojos ante el placer momentaneo.
—¡Auch! Esta mierda no sirve, no pienso ponerme esto.
Abrió los ojos para ver al Slytherin con ungüento desparramado por todo el rostro, con trazos que demostraban que claramente se lo había pasado con todo menos con delicadeza. Hermione suspiró.
—Lo estás haciendo mal —Dijo mientras dejaba su frasco a un lado y se bajaba de la camilla, acercandose a la de él y sentándose a su lado en una respetable distancia. Draco la observó con el entrecejo fruncido—Dame eso.
—¿Que pretendes, Granger?
Tomó el frasco de las manos del Slytherin y rozó sus dedos accidentalmente. Ignorando la chispa que pareció saltar entre los dos, tomó un poco de ungüento y acercó los dedos al rostro del chico. Él se echó hacia atrás al ver sus intenciones.
—Aleja esa cosa de mi, no soy muy aficionado al dolor sabes.
—No seas cobarde Malfoy, además no se supone que duela. Ven.
Aún con la duda reflejada, Draco acercó el rostro otra vez a su posición inicial.
—Como sea, acabemos con esto que me gustaría dormir algo esta noche —Dijo volviendo a su usual expresión de desinterés.
La castaña acercó los dedos a los cortes en el rostro del chico, los pasó suavemente primero por su frente, luego la barbilla para finalizar el recorrido en sus mejillas.
Hermione observó como los ojos del chico se cerraban en calma y un suspiro se escapaba de sus labios, completamente relajado. Nunca creyó llegar a ver a Draco Malfoy de esta manera. Estaba embelesada ante la visión, y la calma del ungüento mágico ahogaba cualquier intento de pensamiento racional.
Cuando creyó que ya era momento de retirar la mano, Draco la sorprendió acercando su rostro a la misma provocando que ahora ella estuviera ahuecando su mejilla. Contuvo la respiración.
No podía creer la situación y al mismo tiempo se encontró a si misma deseando que este momento, de ellos dos con la sensación de estar en su propia burbuja donde nada más existía salvo esta embriagadora calma, no terminase nunca.
Pero cuando Draco abrió la boca para susurrar, la burbuja se pinchó.
—Hermione...
