Buenas! Estamos de vuelta en otra semana y se me hace gracioso como al principio dije que iba a intentar subir todos los sábados y terminé subiendo todos los domingos jaja en fin, me alegra leer sus comentarios y saber que la historia les está gustando. Disfruten el capítulo.
La mañana siguiente para Hermione tuvo su lado bueno y su lado malo. El bueno es que los cortes están totalmente curados y no hay cicatrices a la vista, el malo es que la voz de Malfoy llamándola por su nombre la noche anterior no deja de repetirse una y otra vez en su cabeza cual disco rayado muggle. Hermione, Hermione, Hermione, Hermione.
En los seis años que llevan conociéndose, él no la había llamado por su nombre de pila ni una sola vez. Jamás. Siempre fue "Granger", "ratón de biblioteca" o el típico "sangresucia", aunque éste último no se lo oía decir desde hace un tiempo. De todas formas no es como si ella lo llamara por su nombre tampoco, es solo que se le hacía algo fuera de lugar, como si tuvieran confianza. "La cual no tenemos y probablemente nunca tengamos, gracias."
El otro lado negativo de la dichosa mañana también recaía en que debía presentarse en el despacho de McGonagall y enfrentar las consecuencias por sus acciones de la noche pasada, y es lo que se encontraba haciendo en ese momento con Ron parado a su lado.
—El señor Filch nos comunicó al profesor Snape, Flitwick y a mi los actos que atestiguó, y si no lo hice lo suficientemente claro anoche, señorita Granger, le repito que me encuentro altamente sorprendida ante su falta de buen juicio.
Hermione no respondió. Confesar que en su momento todo pareció una buena idea no ayudaría a su caso en absoluto.
—Y usted señor Weasley, entiendo que tuvo buenas intenciones al preocuparse en ir a socorrer a su amiga —Una luz de interés ante la idea de evitar el castigo asomó en los ojos de Ron— Sin embargo, de igual forma se hallaba fuera de la cama pasado su horario de vigilancia como prefecto, y no sería una buena educadora y jefa de casa si le doy un pase libre después de quebrantar las reglas del colegio. Por esto mismo pasará toda la tarde de hoy ayudándome con el papeleo aquí en mi despacho.
—Pero —increpó Ron— Las pruebas de quidditch son hoy y pensaba...
—Estoy segura—intervino McGonagall sin sobresaltarse y manteniendo su seria fachada— Que podrá arreglar eso con el señor Potter.
Ron se mordió la lengua e hizo un esfuerzo para no discutir.
—En cuanto a usted, señorita Granger. El profesor Snape y yo hemos decidido que tanto usted como el señor Malfoy, estarán a disposición del señor Filch para realizar cualquier tipo de tarea que él les solicite durante los próximos tres días, dadas las molestias que le ocasionaron la pasada noche.
Hermione la observó espantada.
—Pero-
—Nada de peros. No disfruto castigando a una de mis mejores estudiantes señorita Granger, pero no me queda mas remedio.
Hermione se mordió el labio inferior y apartó la mirada con evidente molestia.
—Entiendo.
Pero en realidad no lo hacía, nada ese año tenía sentido para ella. ¿Ella castigada? Además estaba el detalle de que había pasado mas tiempo con Malfoy los últimos días que en los últimos seis años ¿Por qué le estaban pasado todas estas cosas?
Draco no estaba muy acostumbrado a tener amigos. Incluso de pequeño, cuando su padre lo obligaba a pasar tiempo con algún otro niño sangre pura, hijo de algún compañero de negocios. Si, eso no resultaba. Las relaciones comerciales de su padre eran muchas veces...inestables, el estigma que traía consigo el haber sido un mortífago resultaba en que estas personas no se quedaran alrededor por mucho tiempo, y por ende sus hijos tampoco.
Él conservaba la esperanza de que eso cambiara con su llegada a Hogwarts, y al principio no lo fue, hasta que en segundo año un chico moreno comenzaría a hablarle de la absoluta nada en medio de clase de herbología, pronto ambos terminarían conversando de lo patética que era la clase y de lo feo que era el sombrero de la profesora Sprout. Lo siguiente que supo es que Blaise Zabini se había convertido en su mejor amigo, y por ende Theodore Nott también, porque ambos eran un "paquete" como les gustaba llamarse. Draco creía que era estúpido, pero sospecha que a Blaise le gusta decirlo solo por la broma de doble sentido.
Las chicas llegarían unos años mas tarde, para cuarto Blaise tendría su mas larga y única relación con Daphne Greengrass, que duró un total de tres semanas. El chico no era mucho de relaciones. Por su lado, Draco comenzaría a tontear y experimentar con Pansy Parkinson hasta que ambos se cansaron de ello y lo dejaron en buenos términos. Al final todos quedaron como amigos y ahora eran un gran grupo que a algunos les gustaba llamar "El escuadrón de plata", para fastidiar.
Draco creía que la mayor parte del tiempo eran idiotas sin remedio, pero al final del día les tenía algo de cariño.
—Oye, Draco ¿A ti que te dijo Snape?— Preguntó Pansy desde su posición sentada frente a la chimenea de la sala común.
Blaise río y espantó a un niño de primero para recostarse en uno de los amplios sofás.
—Tiene que ser el esclavo del squib durante tres días, y no solo eso—Los observó a ambos con una sonrisa burlona que a Draco le hubiera gustado borrarle a golpes— está atascado con Granger.
Pansy inclinó la cabeza hacia atrás y río para luego acordarse el flequillo con una mano. Le dió a Draco una mirada conocedora sin perder la sonrisa. Draco la odiaba en ese momento.
—¿Ah si? Debe ser una gran tortura para ti ¿no Draco?
Draco apretó los dientes. Ella era la única que sabía de ese desliz que tuvo en el baile del torneo de los tres magos de cuarto año y desde entonces no paraba de fastidiarlo con el tema, para entonces ellos ya mantenían una relación puramente amistosa pero igualmente decidieron ir juntos.
—¿Te acabas de quedar tonto mirando a Hermione Granger?— Le había dicho Pansy esa noche, seguido de una risa incrédula— Oh, esto vale oro.
Draco había apartado la mirada rápidamente de Granger y su estúpido vestido rosa que para nada le sentaba estupendamente y observó a su amiga con ojos entrecerrados.
—No vale nada porque tú no sabes nada ¿de acuerdo?
Pansy simplemente lo besó en la mejilla.
—Lo que digas querido, no voy a contarle a nadie que te gusta una sangresucia. Pero la información ya es mía.
Volviendo al presente, Draco enfocó la mirada en su amiga y le espetó:
—Cállate ya Pansy.
Blaise se había enfrascado en una conversación con Theo, que se hallaba en uno de los sillones individuales con un libro sobre su regazo, y no se había enterado de nada. Bien. No quería dramas por esa estupidez de hace unos años, había sido cosa de una vez y no es como si albergara sentimientos por Granger o algo por el estilo. "Si claro, Granger me pareció atractiva una vez ¿Que con eso?" bufó para si mismo. Tampoco le apetecía recordar su patético comportamiento de anoche con la comelibros "¿Llamarla por su nombre? eres imbécil Draco, ese estúpido ungüento debía tener algún tipo de droga". Si alguien de su casa se enteraba de eso estaría oficialmente muerto.
Daphne bajó en ese momento la escalera de los dormitorios y se dejó caer en el gran sofá junto a Draco.
—¿De que hablamos?— Preguntó.
—Castigos—Respondió Theo guardando en su mochila el libro que estaba sosteniendo previamente.
Daphne puso los ojos en blanco y lanzó un suspiro exagerado.
—Ni me lo recuerdes, pensar en limpiar el despacho de Snape, que debe tener mugre acumulada allí desde el siglo pasado, me dan ganas de tirarme de la torre de astronomía.
—Como sea, deberíamos ir yendo a clase, si llego tarde a transformaciones otra vez McGonagall me cortará la cabeza—dijo Pansy parándose del suelo y acomodándose la falda. Todos estuvieron de acuerdo y comenzaron a desfilar fuera de la sala común, a excepción de Draco que se quedó en su lugar.
—¿Vienes, amigo?—Cuestionó Blaise colgándose el bolso de un hombro.
—Los alcanzo luego, tengo algo que hacer— dijo sin apartar la vista de un punto en el fondo de la estancia. Una vez que Blaise se fue, Draco se levantó lentamente sin apartar la mirada de la única otra persona que quedaba en la sala común además de él.
—Creí que nunca se irían—Dijo sonriéndole a Draco irónicamente.
—Llevas toda la mañana sentado ahí mirandome como el raro que eres ¿Es por alguna razón en particular?
El muchacho se levantó de la silla y se apoyó en la mesa con actitud condescendiente. Draco endureció la mandíbula.
—Quería comprobar si nuestro encuentro de anoche te había dejado alguna cicatriz—chasqueó la lengua—Lástima.
Draco lo observó con furia. Le hacía rabiar que este intento de mago había tenido la suerte de vencerlo en un duelo. A él. A un Malfoy.
Draco sintió su mano cosquillear ante la necesidad de tomar la varita de su bolsillo.
—¿Cual es tu puto problema conmigo, Flint?—Murmuró entre dientes y se acercó hasta quedar a poca distancia de su adversario.
Marcus Flint endureció la mirada y se enderezó, apartándose de la mesa.
—No me agradas Malfoy, y vas a pagar por haberle hecho derramar una sola lágrima por tu patético trasero.
Y sin mas, Draco se quedó solo en la habitación con la única compañía de su rabia contenida.
Hermione, Ron y Harry habían hecho su camino temprano a clase de transformaciones y ya se encontraban en sus respectivos asientos, después de lo de anoche ni a Hermione ni a Ron les apetecía hacer enfadar a McGonagall todavía mas.
Harry, por su parte, recién ahora se estaba enterando de todo lo que había pasado y estaba completamente pasmado.
—Voy a obviar el hecho de que lo hiciste con Malfoy, pero me estas diciendo que tú ¿volaste en escoba?— dijo aguantando la risa.
—¡Harry! ¿Te estoy contando que casi muero y eso es lo único que te importa?
Harry descartó sus palabras con un gesto.
—Oye, estás aquí ¿no? además debes admitir que tú volando es algo impactante.
—Harry tiene razón Hermione— Intervino Ron desde su lado derecho— A lo mejor ahora nos permitas enseñarte a volar.
—Ah no, ni hablar. Yo no tengo la habilidad y ustedes no tienen la paciencia. Dejémoslo así mejor, estoy muy bien en tierra, sana y salva.
Ambos estuvieron de acuerdo en que era un caso perdido.
A continuación se oyeron las campanas que daban inicio a las clases y los alumnos que aún no habían entrado hicieron su ingreso al aula, entre ellos un destacado trio de Slytherins encabezado por Blaise Zabini y seguido de cerca por Daphne Greengrass y Pansy Parkinson. A Hermione se le hizo raro no ver a Malfoy ni a Nott entre ellos, normalmente lo hacían casi todo juntos. Habrán escogido clases separadas este año.
—Miren a esos tres—Les susurró Ron— Actuando como si el mundo les perteneciera, patético.
—¿Cómo estás Weasley?— A Harry y a Hermione casi se les cae la mandibula al suelo al ver a Daphne Greengrass sonreirle a Ron como si fueran amigos de toda la vida, para después irse como si nada ganándose un ceño fruncido de Zabini, a lo que ella se encogió de hombros con una sonrisa y tomó asiento junto a Parkinson.
Harry se inclinó sobre el escritorio de Hermione para hablarle a Ron en su otro lado.
—Amigo ¿A que demonios vino eso?
Ron se veía fastidiado.
—Nada, ¿recuerdas que me la encontré anoche y me ayudó a buscar a Hermione? No para de hablar ni de fingir ser amigable, no la soporto.
—A lo mejor es amigable, Ron— Trató Hermione. Ella no le tenía ningún tipo de rencor a la rubia de Slytherin, era de las pocas que nunca le había hecho nada en absoluto.
Ron desprestigió sus palabras con una mueca de disgusto.
—No hay forma, los Slytherin son expertos en hacerte creer que son cosas que no son. No hay que fiarse.
Cuando Ron estaba terminando su frase McGonagall ingresó al aula y cesó toda conversación. De todas formas era mejor no discutir con Ron en ese aspecto.
La clase continuó de forma normal al igual que las otras dos clases que tenía ese día. Lo que le extrañó es que no se había encontrado a Malfoy en ninguna de ellas ni tampoco por los pasillos. De pronto se sonrojó contra su voluntad ante el recuerdo del momento que compartieron en la enfermería. Hermione culpaba al ungüento mágico de la señora Pomfrey, pero a lo mejor Malfoy se hallaba muy avergonzado para cruzarse en su camino. Ella concluyó en que hubiera hecho lo mismo.
De todas formas, las clases habían terminado por el día y se encontraba en camino a cumplir su castigo, debía verlo tarde o temprano. "No es como si yo quisiera verlo, son solo los hechos" Se dijo a si misma.
Cuando el señor Filch le abrió la puerta de su oficina Malfoy ya se hallaba dentro, y ni siquiera volteó a verla. Ignorando la sonrisa maliciosa del celador y verdaderamente intentando ignorar las cadenas colgando de las paredes de la lúgubre estancia, Hermione entró y se posicionó junto a Malfoy frente al escritorio. Viéndolo de lado parecía enfadado, con mandibula apretada y las facciones endurecidas.
—Como resultaron las cosas ¿verdad niños?— Filch estaba regocijándose en su victoria y se notaba. Después de todo el alboroto de anoche había sido para nada.
—Díganos el castigo de una vez— exigió Malfoy.
Filch borró la sonrisa y apuntó con un dedo al pecho del rubio.
—Cuida ese tono muchacho, una sola palabra mía al profesor Snape y estarás acabado.
Malfoy gruñó pero no discutió.
—Ahora síganme, vamos a ver su castigo—Filch recuperó esa sonrisa que a Hermione le ponía los pelos de punta y los guío fuera del despacho y todo el camino al patio. Hermione frunció el ceño al ver que se acercaban al estadio de quidditch.
Filch se desvió cerca de la entrada al estadio y se acercó a los vestidores. A Hermione no le gustaron ninguna de sus hipótesis.
—Hoy comenzaron las pruebas de ese odioso deporte y algunos estudiantes decidieron que sería divertido lanzarse hechizos de barro en los vestidores para que yo tuviera que limpiarlo—comenzó con rabia— Su jefe de casa quiso ponerlos a limpiar como castigo, pero les aseguré que tenía a alguien mejor para el trabajo.
Hermione vió a Malfoy empalidecer mas si eso era posible y al volver la cabeza al frente se encontró con el mayor desastre que había visto en su vida.
Filch volteó a mirarlos.
—Ahora entréguenme sus varitas.
Hermione creyó que Malfoy iba a desmayarse.
