Estoy actualizando a las 2:30 am exactamente después de terminar de escribir este capítulo porque no pude terminarlo para el domingo y me sabía mal dejarlas esperando una semana mas, por lo que aquí está la parte ocho de esta historia que cada vez me da mas gusto escribir, espero que les guste.

La expresión de mórbida felicidad en el rostro de Filch al retirarse de los vestuarios con sus varitas en mano, llevándose así su único medio de ayuda, y con su gata pavoneandose detrás de él -Hermione tampoco sabía en que momento había aparecido o si había estado allí todo el tiempo- no le daba buena espina.

Volviendo su atención al lugar notó que había mas suciedad de la que había pensado originalmente, ésta ocupaba gran parte de las baldosas del suelo, arrastrandose por las paredes y llegando casi hasta el techo. También llamó su atención que pegados a la pared lateral izquierda, junto a un largo mueble de madera destinado para guardar escobas, se hallaban alrededor de tres baldes de plástico repletos de agua con sus respectivas esponjas, cepillos y liquidos para piso muggle que reconoció por ser los mismos que sus padres solían utilizar. "Genial" pensó con sarcasmo, si bien no le agradaba mucho la idea, por lo menos estaba acostumbrada a realizar tareas de limpieza de forma muggle en su casa, sin embargo no creía poder decir lo mismo de su compañero de castigo.

La idea de Malfoy ensuciandose las manos a la vieja usansa de pronto se le antojó muy divertida. Con una sonrisa volteó hacia un pálido Draco que observaba a su alrededor con evidente disgusto.

—¿Listo para un poco de limpieza, Malfoy?

Desvió la mirada hacia ella y le frunció el ceño.

—Yo no limpio, sabelotodo.

—Siempre hay una primera vez para todo ¿verdad?— Malfoy no cambió la expresión— Oh, vamos. Será divertido.

Bufó —Lo dudo ¿Y se puede saber por qué, en nombre de Merlín, no dejas de sonreir de esa manera? Me está dando escalofríos.

Hermione entonces se hizo a un lado para que al rubio le quedara una perfecta vista de las cubetas de agua de hace un momento. Su expresión quedó en blanco.

—¿Que demonios es eso?

—Honestamente Malfoy ¿Como pensabas que ibamos a limpiar este desastre sin nuestras varitas?

—No se tu pero yo no pensaba quedarme en primer lugar. Es mas, me largo ya mismo— Se encaminó a las puertas dobles por las que habían entrado y empujó. Nada. Intentó varias veces hasta que terminó aporreando la puerta.

Hermione de pronto cayó en cuenta de que Filch debía haberlos encerrado para asegurarse que cumplieran el castigo.

—Detente ya idiota, no van a abrirse— Hermione rodó los ojos y comenzó a quitarse la túnica. Limpiar con ella puesta no daría buen resultado.

—¿A quién le dices idiota san...—Comenzó pero maldijo entre dientes. La palabra *sangresucia* colgando en el aire entre ellos— sabelotodo?—dijo finalmente.

Hermione se sorprendió ante esta pequeña pelea que el rubio pareció tener consigo mismo pero decidió no comentar nada, presentía que no le haría gracia hablar del tema.

—No puedo creer que ese squib nos haya encerrado aquí—dijo aporreando la puerta una última vez antes de dejarla en paz— ¿Y por qué sigo quedándome atrapado en sitios contigo de todas las personas?

—Deja de llorar Malfoy, podría ser peor.

Bufó.

—Tienes razón—reconoció— Podría haberme quedado atrapado con la comadreja, eso si hubiera sido tortuoso. Tu presencia es casi soportable.

Hermione le arrojó una de las esponjas para que se callara y le dió de lleno en la cara. Malfoy pestañeó incrédulamente.

—¡¿Y a ti que diablos te pasa?!

—¿Quieres dejar de quejarte y ayudarme con esto?— Hermione tomó una cubeta por la manija y la levantó con algo de dificultad para luego arrastrarla cerca de una de las manchas mas grandes en el suelo.

Malfoy no le respondió, o al menos eso creyó ya que le estaba dando la espalda y no podía ver su expresión, y de haberla visto también podría haber visto venir el frío y la sorpresa que la sobrecogieron al sentir el torrente de agua estrellarse sobre su cabeza.

Malfoy le había vaciado encima una maldita cubeta de agua.

*

Frascos de diferentes formas y tamaños conteniendo cientos de pociones diferentes tintineaban entre si mientras Daphne pasaba distraídamente el plumero por las enormes estanterías cuya extensión ocupaba todo el largo y ancho del lúgubre despacho de Snape. Daphne sentía que iba a volverse loca.

El despacho era enorme, estaba cansada de estar parada y no había limpiado ni la mitad de los malditos frascos. La rubia suspiró hastiada. Para colmo el profesor Snape había confiscado su varita y la había encerrado diciendo que volvería en cualquier momento para evaluar su progreso.

Con el corazón en un puño sostuvo un frasco con una sustancia verdosa en el interior que estuvo a punto de caérsele y lo volvió a colocar en su lugar suspirando con alivio. Si faltaba una sola cosa estaba segura de que su jefe de casa la asesinaría.

Bajando el plumero concentró la mirada en la silla de caoba con un elegante diseño detrás del escritorio. "No debería... pero por otro lado Snape no estará aquí en un buen rato" pensó la muchacha con indecisión, al final eligiendo el descanso que sus piernas le estaban exigiendo y a continuación recostandose en la silla del profesor.

No había llegado relajarse completamente cuando el ruido de la puerta y un grito le hizo pegar tal salto que se hallaba de pie más rápido que el latido de un corazón.

—¡Greengrass!— Exclamó Snape cruzado de brazos bajo el marco de la puerta— No te dejo por tu cuenta ni una hora y ya andas holgazaneando en lugar de cumplir tu castigo, no se de que me sorprendo honestamente.

El rostro de Snape era inexpresivo, pero se podía ver el fastidio llameando en sus ojos negros. Daphne tragó saliva e intentó explicarse. El profesor la cortó de inmediato.

—Ahorratelo Greengrass, de todas formas necesito que me hagas un encargo.

Daphne se mostró recelosa. No iba a mentir y decir que Snape no la intimidaba un poco y no tenía idea de en que podían consistir los encargos de éste hombre.

—¿Un encargo de que tipo?

Ignorandola se adentró en la estancia y tomó un frasco rectangular de uno de los estantes que Daphne aún no había limpiado. "Diablos"

—Asqueroso—Snape hizo una mueca y limpió el polvo del frasco él mismo antes de extendérselo sin mirarla. Daphne apretó los labios y se apresuró a tomarlo.

—Necesito que le entregues esto a la profesora McGonagall, debería estar en su despacho en este momento.

Daphne inspeccionó el frasco mas de cerca, constaba de un sustancia rojiza que se arremolinaba en constantes espirales. No tenía idea de lo que era, no es que fuera una nerd de las pociones como Draco o algo parecido.

—¿Deberia darle algún mensaje?— preguntó dudosamente.

—No.

Tomando eso como una señal de que se largara de allí lo mas rápido posible, dió media vuelta y se apresuró fuera del despacho.

Camino a la oficina de McGonagall se preguntó como la estarían pasando Draco y Theo en sus respectivos castigos. Sonrió al imaginarse el fastidio de Draco al tener que pasar mas tiempo en presencia de Granger.

Le dió dos golpes de nudillos a la puerta una vez llegó a su destino. Al principio nadie vino a abrirle pero al cabo de unos momentos escuchó pasos dirigiéndose hacia la puerta.

Iba a soltar el discurso de que Snape la había mandado allí cuando se encontró cara a cara con nada menos que Ron Weasley.

Una sonrisa lenta se curvó en los labios de la Slytherin. "Vaya, vaya"

Ron Weasley le parecía un chico un tanto...interesante. Sabía que ella no le caía nada bien, además siempre lo oía despotricar contra los de su casa por los pasillos sin ningún reparo, pero por alguna razón los profundos prejuicios del pelirrojo le parecía extrañamente divertido. Y cuando se lo encontró anoche buscando a su amiga Gryffindor y pasó un buen rato con él cayó en cuenta que la despreciaba tanto como a cualquier otro Slytherin sin siquiera haberse molestado en conocerla.

—Weasley, volvemos a vernos.

El Gryffindor bufó al verla y volvió sobre sus pasos dejando la puerta abierta.

—¿Que quieres aquí Greengrass?

Daphne lo siguió dentro y cerró la puerta, notando que McGonagall no se hallaba en ningún lugar cerca para ser vista.

—¿Y McGonagall? Snape me dijo que le entregara esto— Alzó el frasco pero Ron no la estaba mirando, se hallaba sentado frente al escritorio con varios papeles desparramados frente a él.

—Genial—dijo, su voz carente de entusiasmo—Déjalo allí y vete.

Daphne reprimió una carcajada. Debía admitir que se esperaba esa reacción.

—¿Por qué tan grosero Ron? No te hice nada malo...que yo recuerde— decidió que bien podía empezar a divertirse un poco con él.

Se acercó al escritorio, dejó el frasco en una esquina libre de papeles y procedió a sentarse sobre éste, a una razonable distancia del brazo del pelirrojo, pero aún así cerca.

El Gryffindor se tensó y la observó con las cejas fruncidas.

—No, nada de "Ron", Greengrass. no me llames por mi nombre. No somos amigos, y no necesito que me hagas nada para saber la clase de persona que eres, tu casa y tus amigos dicen suficiente de ti—dijo apuntándola con la pluma que había estado utilizando para luego bajarla y seguir escribiendo.

Daphne parpadeó sorprendida y mas que un poco ofendida. No solía tomarse muy a pecho lo que otros dijeran de ella, pero por alguna razón quería que Ron Weasley, de entre todas las personas, supiera lo equivocado que estaba.

Y en ese momento, observando al pelirrojo con una sonrisa discreta y una mirada decidida, decidió que Ronald Weasley cambiaría de opinión costase lo que le costase.

*

Si hay algo que Hermione no imaginó jamás, es que terminaría involucrada en una guerra de agua con Draco Malfoy. Pero la vida da sorpresas, y después de que Malfoy empezara con ese baldazo de agua ella no pudo contener su vena vengativa y terminó empapandole todo el frente del uniforme y parte del rostro.

Hermione al ver la expresión que se le había quedado al rubio rompió a carcajada limpia, y en ese momento el muchacho aprovechó para intentar robarle la cubeta medio llena que aún estaba sosteniendo, pero la chica no lo permitió y terminaron jugando al tira y afloja salpicandose a si mismos en el proceso.

—¡Dame la maldita cubeta Granger, estas muerta!

—¡Ni lo sueñes, tu empezaste!

—¡No es cierto, tú comenzaste con la estúpida esponja!

—¡Eres un inmaduro!

—¡Ah si, porque tu eres muy madura!

Malfoy dió un fuerte tirón a la cubeta ocasionando que Hermione terminara demasiado cerca de él dado su negativa a soltarla, y gracias que el suelo se hallaba completamente lleno de agua a ese punto la castaña dió un paso en falso y cayó de lleno sobre Malfoy, la cara enterrada en su pecho.

La cubeta cayó al suelo por el impacto y lo único que se oyó en ese momento fue el repiquetear del plástico contra la cerámica, hasta que se detuvo completamente.

El tiempo pareció congelarse.

Hermione sintió la firmeza del torso de Malfoy bajo sus manos a través de la humeda camisa y no pudo evitar notar lo bien trabajado que tenía el cuerpo, a la vez que escuchaba su corazón latir bajo su oreja a un ritmo tan acelerado como el suyo propio, casi... imnotico.

"Oh por Merlín ¡¿Que es estoy haciendo?!"

Separándose lo mas rápido posible imaginó como debía lucir ahora, sonrojada hasta la médula y empapada de arriba a abajo. Un desastre.

Malfoy por su lado parecía que había visto un fantasma por la forma en que la obervaba, sus ojos fijos en su rostro para luego, notó Hermione con alarma, descender lentamente por su cuerpo hasta detenerse mas tiempo del necesario en su pecho. Y así es como Hermione se percató con horror que el agua había transparentado todo y ahora podía observarse en toda su gloria el brasier blanco con lunares rojos que había seleccionado esa mañana.

Mas sonrojada que antes, si cabe, se dió la vuelta y le dió la espalda, apenas observandolo por sobre su hombro.

—¡Oh dios mio Malfoy! ¡¿Que diablos estas mirando?!

Malfoy pareció salir del transe en el que había estado y se veía ligeramente incómodo, pero lo ocultó con arrogancia rápidamente.

—No sueñes Granger, como si fuera a querer verte justamente a ti— dijo cruzándose de brazos y desviando la mirada hacia otro lado.

Hermione se apresuró a tomar su túnica para cubrirse mientras intentaba no sentirse insultada por las palabras del Slytherin. Era Malfoy después de todo.

Después de ese peculiar momento ambos, y extrañamente sin mas quejas por parte de Malfoy, procedieron a limpiar el lugar tan bien como pudieron contando con la única cubeta de agua que logró sobrevivir a su jueguecito de hace unos momentos. Para el momento en el que llegó Filch los vestidores quedaros dentro de todo en condiciones por lo que el celador no tuvo mas opción que devolverles las varitas con mucha reticencia.

Los siguientes dos días de castigo con Malfoy pasaron, gracias a Merlin, sin ningún incidente similar al del primer día pero Filch se esforzó en hacerlos especialmente insufribles.

El segundo día les había tocado reunir y encerrar a un grupo de doxies descontrolados en una clase de defensa contra las artes oscuras, lo que terminó en ella siendo mordida en la nariz y Malfoy estallando en carcajadas a su costa.

El tercer día fue el turno de Hermione de reír cuando, ayudando a Hagrid con algunas criaturas para su clase de cuidado de criaturas mágicas, un escarbato había robado el anillo que Malfoy siempre llevaba en su mano derecha ocasionando que este lo persiguiera a tropezones por todo el terreno del colegio.

El viernes por la noche y después de su último día de castigo en lo único que pensaba era en llegar a su bella cama, dormir y no volver a ver a Malfoy en un largo tiempo, lo que parecía imposible en estos días.

Sin embargo, sus planes se vieron frustrados cuando su amiga Ginny le abordó apenas su espalda tocó el suave edredón. Hermione sintió que podría llorar.

—¡Hermione!

La aludida cubrió sus ojos con el antebrazo.

—¿Que ocurre Ginny? Estoy muerta del cansancio.

—Eso veo.

No podía verla, pero notaba la burla en su voz y apostaba que tenía una mueca divertida en su rostro pecoso.

—Ya me contarás que tal el castigo, pero venía a recordarte que mañana por la mañana tu y yo tenemos una cita para ir de compras señorita.

Levantó el brazo para observarla con los ojos entrecerrados.

—¿Disculpa?

—¿No me digas que te olvidaste que mañana es la fiesta de los Slytherins? Porque voy a arrastrarte a Hogsmeade de ser necesario y comprarás un lindo atuendo— decidió.

Y allí se iba su plan de no ver a Malfoy por un largo tiempo. Otra vez sintió que podría llorar.